Los estudios de Haxthausen sobre Rusia los he empaquetado hoy y le llegarán probablemente a más tardar el lunes. Usted verá por esta recopilación, ciertamente burocrático-pedante y católico-reaccionaria, pero laboriosa, de las relaciones campesinas rusas – de las que los rusos distinguidos nunca se han preocupado, pues sacaban toda su sabiduría de Francia y Alemania –, que el señor Herzen descubrió el comunismo natural ruso por primera vez aquí en Haxthausen; dónde Haxthausen se dejó encajar algo por parte de los чиновники (funcionarios) rusos, lo descubrirá usted en seguida igualmente. Tome usted bien a este Herzen en la mira; él es, como todos los medio rusos, peor que los rusos completos. De éstos, su amigo Katkoff es en verdad el único digno de consideración, y me alegra que usted le esté tan recio encima en el Hermann. Las lucubraciones de estos rabiosos aguafiestas eslavos sólo necesitan ser traducidas a un idioma civilizado para aparecer en toda su ridiculez en cuanto al contenido de pensamiento; pero como detrás de estas canallas está la gran masa de los rusos que leen, tienen sin embargo mucha importancia. Y hasta la masa de los rusos que no leen está en cierto modo detrás, porque este partido apela más que ninguna otra tendencia a las pasiones tradicionales y a los afanes de conquista, a la tradición del destino manifiesto de Rusia como vencedora en Constantinopla, y por eso su política concuerda mejor con las tradiciones del мужик (campesino). De todos los eslavos, considero a los serbios – después de los polacos – como los únicos ya civilizables ahora, y también los únicos que, tan pronto como sean independientes de los turcos o, respectivamente, de los austriacos, o estén seguros frente a ellos, se presentarán directamente antirrusos. Precisamente porque se han batido debidamente por su independencia. ¡Con los flojos y filisteos búlgaros no es ni con mucho así! –