Manchester, 13 de marzo de 1867.

Querido Mohr: No te he escrito, en parte por toda clase de impedimentos, pero en parte también, a medias, adrede, pues quería dejar pasar la fecha en que “el libro” debía estar terminado, y espero ahora que efectivamente lo esté. ¿Cuándo irás, pues, a ver al señor Meißner? Te daré entonces también un giro para cobrar los honorarios de mi anterior folleto. A propósito del mismo, los señores lassealleanos habrán podido convencerse ahora de cuánta razón tenía yo en lo que dije acerca del efecto del sufragio universal y sobre el poder que daría a la nobleza en el campo. A los señores lassealleanos no les ha entrado ni dos hombres; los dos candidatos obreros sajones que salieron son muy dudosos y parecen más bien de la calaña de Wuttke. En conjunto, por lo demás, las elecciones han demostrado que en Alemania aún está lejos de poder hacerse lo que con ellas puede hacerse en Francia, y eso siempre es bueno. Estoy convencido también de que cada nueva elección en Alemania resultará tanto más hostil al gobierno cuanto más se entrometa la burocracia, y de que 15 años de elecciones gubernamentales como en Francia no son posibles entre nosotros. El noble parlamento es, desde luego, una hermosa calaña. Sin mucho refunfuñar, con gesto agridulce, malbaratarán las pocas y miserables garantías que aún contenía la constitución prusiana a cambio de la anexión indirecta de 6 millones de habitantes de pequeños estados que, de facto, ya están anexionados y mediatizados sin constitución alguna. En el fondo carece por completo de importancia lo que los tipos embadurnan juntos; en el actual humor bismarcolátrico del filisteo, ellos representan de todos modos la opinión pública burguesa y no hacen sino ejecutar su voluntad. El buen burgués parece decidido a no querer tener más “conflictos”. El movimiento —tanto el interior, que también volverá, como el europeo— pasará muy pronto al orden del día por encima de toda esta bazofia. En las elecciones, el canalla de Schweizer se presentó también como candidato en X sitios, pero fracasó en todas partes. De Barmen me enviaron dos impresos sobre él, de los cuales uno va adjunto, el otro, más pequeño, lo seguirá, pues no los tengo a mano. El adjunto procede manifiestamente de la calaña de Hatzfeld. Stieber vuelve a darse importancia en el Volks-Zeitung a propósito de los asuntos de Eichhoff en el Hermann ; el Koller aparece también ahí. Véase el Hermann. El moderado resultado del sufragio universal en Alemania ha contribuido en todo caso a que aquí el household suffrage se torne de repente tan popular entre los elementos oficiales. Sería bonito que así se aprobara el household suffrage, pues eso cambiaría rápidamente muchas cosas aquí y el movimiento cobraría impulso. El trade aquí sigue en la más extrema estagnación. La India y China están abarrotadas por las consignaciones de los fabricantes, en Stockport hay una huelga de 20.000 personas, el short time gana terreno, y si esto no cambia pronto, en mayo tendremos la más hermosa crisis de superproducción. Eso sólo puede ayudar al movimiento reformista radical. La Diplomatic Review está esta vez muy buena. En cuanto el viejo D. Urquhart vuelve a tener hechos, está en lo justo; las singulares maniobras de Beust ya me habían alertado, sin embargo. A pesar de que los sajones (vide señor v. Seebach en la guerra de Crimea) siempre trapichearon con los rusos, a pesar de que Beust escribió durante la guerra danesa aquel despacho tan ostentosamente grosero a los rusos, me sigue resultando difícil decidir si los rusos han comprado realmente a ese tipo o si lo han obtenido gratis e inconscientemente. Casi me parece que la ilimitada vanidad del pequeño cagón sajón basta para explicar toda la historieta; naturalmente, los rusos sabrán how to improve the occasion. Para ejercitarme en la democracia vulgar me [he suscrito a esta Hoja…]