Querido Moro:

Esta mañana me han asediado de tal modo los filisteos que no he podido enviar la segunda media nota por el primer correo; aquí te la mando. Meißner se habrá plegado sin duda a tu parecer. En todo caso, está claro que después del primer tomo necesitas seis semanas de descanso y también ver qué puedes hacer en el continente en cuestión de moneda. Creo que si le llevas personalmente el resto del manuscrito, la cosa se arreglará.

Con los obreros y los fabricantes la situación es la siguiente: India y China, el Levante, etc., están fuertemente sobreabastecidos; por eso las calicós llevan seis meses casi sin poderse vender. Siguen débiles intentos de los fabricantes de algunos distritos para organizar la jornada reducida. Permanecen aislados y por eso fracasan una y otra vez. Entretanto, los fabricantes consignan la mercancía a la India, a China, etc., que aquí nadie quiere comprarles, y con ello aumentan la sobreabundancia. Al fin esto se les hace también demasiado grave, y terminan proponiendo a los obreros una reducción de salarios del 5%. Contrapropuesta de los obreros: trabajar sólo cuatro días a la semana. Rechazo de los patronos. Agitación. Finalmente, desde hace catorce días, de manera paulatina al principio, y ahora por último de modo general, se ha llegado al punto de que la jornada reducida ha sido puesta en vigor en todas partes entre los fabricantes de tejidos y los hilanderos que hilan para ellos, con cuatro días de trabajo por semana, y ello en parte con reducción del salario en un 5%, en parte sin ella. Los obreros tenían, pues, razón en la teoría y también la han tenido en la práctica.

El canalla de Bismarck ha estafado con primor al canalla de Bonaparte en la Paz de Praga, exactamente igual que Bonaparte estafó a los austríacos en Villafranca en lo que respecta a los príncipes italianos expulsados *qui rentreront dans leurs états* —pero sin tropas extranjeras. Así dice Bismarck: los Estados del sur de Alemania *auront une existence internationale indépendante*, pero sólo mientras ellos mismos quieran; desde el momento en que quieran unirse a nosotros, eso les está enteramente libre, ¡pues de lo contrario no serían *indépendants*! Pobre Bonap., no ha sido ningún *Corpsbursche* en las universidades alemanas, y jamás ha hecho estudios de interpretación a la vera del código de la cerveza; ahí le gana por mucho el honorable Bismarck.

En Hannover reina una furia terrible contra los prusianos, y no sólo en la ciudad misma, sino todavía más entre los campesinos, que acuden en masa a la reina y ponen a su disposición toda su fortuna. Hay en ello mucha sentimentalidad ridícula, mezclada con odio contra los tenientes y los gendarmes; las mismas gentes dicen, por ejemplo, ellos mismos, que la administración ha mejorado mucho, etc., pero el talento de los prusianos para hacerse odiar lo han vuelto a demostrar aquí. Esto lo sé por dos personas que estuvieron allí hace poco y que son ellas mismas anexionistas y hannoverianas.

Si me es posible, iré a verte a fines de esta semana o principios de la próxima por un par de días, es decir, de viernes a domingo por la noche. Sólo que no vuelva a helar. Mis mejores saludos a las *ladies*.

Tuyo  
F.E.