La infantería prusiana consta de 253 batallones de línea, 83 l/i batallones de reserva y 116 batallones de Landwehr (de la primera convocatoria, con edades que oscilan entre 27 y 32 años). Los batallones de reserva y el Landwehr constituyen las guarniciones de las fortalezas; además, se los destina a operaciones militares contra los pequeños Estados alemanes, mientras que las tropas de línea están concentradas en Sajonia y sus alrededores para luchar contra el ejército austríaco del norte. Si se descuentan unos 15 batallones que ocupan SchleswigHolstein, y otros 15 que constituyen las guarniciones de Rastatt, Maguncia y Francfort, en la actualidad concentradas en Wetzlar, quedan para el ejército principal unos 220 batallones. Con la artillería, la caballería y las fuerzas del Landwehr que pueden ser retiradas de las fortalezas vecinas, este ejército cuenta con unos 300.000 hombres, formados en nueve cuerpos de ejército. El ejército del norte de Austria está constituido por siete cuerpos de ejército, y, por lo demás, cada cuerpo austríaco es mucho más poderoso que uno prusiano. En la actualidad sabemos muy poco sobre la formación y organización de los primeros, pero tenemos todas las razones para suponer que constituyen un ejército de 320.000 a 350.000 hombres. Es evidente, pues, que los austríacos tienen superioridad numérica.

El comandante en jefe del ejército prusiano será el rey, o sea un héroe de desfiles, dotado, en el mejor de los casos, de mediocres aptitudes militares y de un carácter débil, aunque no exento de terquedad. Estará rodeado, en primer término, por el Estado Mayor general del ejército, a cuyo frente se encuentra el general Moltke, excelente, comandante; en segundo lugar, por el 'gabinete militar propio”, compuesto por sus favoritos y, en tercer término, por los oficiales superiores, incluidos a su antojo en su séquito, sin un destino definido. No se podría haber concebido con más éxito la derrota del ejército por la propia organización del Estado Mayor. Se entiende que desde el comienzo mismo surge una rivalidad entre el Estado Mayor del ejército y el gabinete real, en cuyo trascurso cada uno lucha por imponer su influencia, por elaborar y defender sus planes predilectos para el desarrollo de las operaciones. Esto ya es casi suficiente para eliminar toda posibilidad de que existan unidad de objetivos y coherencia en las acciones. Luego ^se comenzará a convocar interminables consejos militares, inevitables en tales circunstancias, y que en nueve casos de cada diez FEDERICO ENGELS / TEMAS MILITARES terminarán por adoptar medidas a medias, es decir, utilizarán el peor de los procedimientos durante una guerra. En tales casos, las órdenes de hoy contradicen por lo común a las del día anterior, y cuándo surgen complicaciones o la situación se torna amenazante, aquéllas se suprimen del todo, dejando que las cosas sigan su propio curso. “Orctre, contreordre, désordre” [orden, contraorden, desorden], decía Napoleón. Nadie es responsable, puesto que un rey irresponsable asume toda la responsabilidad, y por eso nadie hace nada sin recibir una orden directa. La campaña de 1808 fue conducida de manera análoga por el padre del rey actual, y sus resultados fueron las derrotas de Jena y Auerstadt y la de todo el ejército prusiano en el trascurso de tres semanas; no hay motivos para pensar que el rey actual sea más enérgico que su padre; y mientras en el conde Bismarck halló a un hombre en quien depositar su más absoluta confianza en cuanto a la dirección política, en el ejército no hay un hombre con suficiente autoridad como para tomar sobre sus hombros toda la responsabilidad de dirigir las operaciones militares.

El ejército austríaco se encuentra bajo el mando unipersonal del general Benedek, jefe experto, que por lo menos sabe lo que quiere. La superioridad del mando supremo está, sin lugar a dudas, de parte de los austríacos.

Las tropas prusianas se hallan divididas en dos “ejércitos”; el primero, al mando del príncipe Federico Carlos, está compuesto de los cuerpos, 1°, 2?, 3^, 4^, 7? y 8?; el segundo, comandado por el Kronprinz, por los cuerpos 5? y 6°. La guardia, que forma la reserva principal, será incorporada probablemente al primer ejército. Esta distribución no sólo quebranta la unidad del mando, sino que impulsa con mucha frecuencia a los dos ejércitos a moverse en distintas direcciones operativas, a coordinar sus movimientos, a establecer puntos de unión en la esfera de operaciones del enemigo; en otras palabras, favorece la dispersión de las tropas prusianas, cuando, en la medida de lo posible, deberían mantenerse juntas. Los prusianos en 1808 y los austríacos en 1859, en circunstancias muy similares, siguieron idéntica conducta y fueron derrotados. En cuanto a los dos comandantes, el Kronprinz, como militar es una incógnita, mientras que el príncipe Federico Carlos sin duda no reveló aptitudes de gran comandante durante la guerra de Dinamarca. El ejército austríaco no tiene tales subdivisiones: los comandantes de los cuerpos de ejército están subordinados directamente al general Benedek. Por consiguiente, también en lo que respecta a la organización del ejército, los austríacos superan a sus enemigos.

Los soldados prusianos, sobre todo los reservistas y el Landwehr, a quienes hubo que convocar para completar los efectivos (y su número fue bastante importante) van a la guerra contra su voluntad; los austríacos, por el contrario, deseaban desde hace tiempo la guerra contra Prusia y aguardan con impaciencia la orden de partir. En consecuencia, también tienen ventajas en cuanto al estado moral de las tropas.

En el trascurso de 50 años, Prusia no libró guerras de importancia; su ejército, en general, es un ejército de tiempo de paz, en el que imperan la pedantería y el formalismo, característicos de todos los ejércitos en esas condiciones. No hay duda de que en este último período, sobre todo desde 1859, se hizo mucho para dejar a un lado esas características; pero no es tan fácil desarraigar los hábitos adquiridos en cuarenta años, y aún pueden hallarse muchos pedantes incapaces, sobre todo en los puestos de mayor importancia, o sea, entre los comandantes del ejército en operaciones. Los austríacos, en cambio, están bien curados de esa enfermedad, gracias a la guerra de 1859, y han aprovechado de la mejor manera la experiencia comprada a tan alto precio. Es indudable que igualmente en cuanto a la organización de los detalles, destreza militar y experiencia, los austríacos superan a los prusianos.

Aparte de las tropas rusas, sólo las prusianas adoptan como formación de combate normal la columna profunda y cerrada. Imaginemos las ocho compañías del batallón inglés en columna a distancias acortadas, y el frente formado no con una compañía, sino con dos, de modo que cada cuatro hileras de dos compañías formen una columna, y tendremos la “columna de asalto prusiana”. No se puede concebir mejor blanco para el fuego de los cañones rayados, y puesto que éstos disparan desde una distancia de 2.000 yardas, con tal disposición resultará casi imposible que la columna pueda aproximarse al enemigo. El gran problema es saber si no bastará que irrumpa un solo proyectil en esa masa para que este batallón pierda su capacidad de combatir. Los austríacos adoptaron en su ejército la columna francesa muy dispersa, a la que inclusive resulta difícil llamar columna, porque más bien se trata de dos o tres filas, dispuestas sucesiva152 FEDERICO ENGELS / TEMAS MILITARES mente, a una distancia de 20 a 30 yardas, 'es dudoso que tal columna sufra pérdidás piayores que la columna desplegada ante la acción del fuego de la artillería. Las ventajas de la formación táctica también están de parte de lós austríacos.

Los prusianos sólo pueden oponer dos elementos a todas estas ventajas. Su intendencia es mejor, sin duda, por lo que también será mejor la alimentación de sus tropas. La intendencia austríaca —a semejanza de toda su administración—es una guarida de soborno y dilapidación, y difícilmente mejor que la rusa. Ya tenemos noticias de que las tropas se alimentan mal y de modo irregular; en el campo de batalla y en las fortalezas la situación será aún peor, y, por consiguiente, la administración austríaca puede resultar un enemigo más peligroso que la artillería italiana para las fortalezas del rectángulo.

Otra ventaja de los prusianos es su mejor armamento. Aunque su artillería rayada es mucho mejor que la austríaca, esto no tendrá gran importancia en campo abierto. El alcance, trayectoria y precisión de las armas prusianas y austríacas es más o menos igual, pero los prusianos cargan sus fusiles por la culata, por lo que pueden lanzar desde sus filas un fuego ininterrumpido y preciso, tirando no menos de cuatro veces por minuto. La gran superioridad de este arma quedo demostrada en la guerra dinamarquesa47, y es seguro que los austríacos experimentarán en carne propia sus efectos en grado mucho mayor. Si, como se afirma, según las indicaciones de Benedek, pasan en seguida a la carga a la bayoneta, sin perder mucho tiempo en mantener el fuego, sufrirán grandes pérdidas. En la guerra danesa, las bajas de los prusianos jamás pasaron de la cuarta parte, y a veces sólo alcanzaron a un décimo de las sufridas por los dinamarqueses; y, tal como señaló hace poco tiempo y con toda justicia uno de los corresponsales militares del Times, en casi todas partes los daneses experimentaron la derrota ante tropas mucho menores del enemigo.

Sin embargo, a pesar del fusil de aguja, la superioridad no está de parte de los prusianos; y si éstos no llegan a ser derrotados en la primera batalla de importancia debido a la superioridad del comando, la organización, la formación de combate y el estado moral de los austríacos y, por fin, lo cual es no menos importante, debido a sus propios comandantes, deberán poseer ciertamente un valor muy diferente del que 154 FEDERICO ENGELS / TEMAS MILITARES puede esperarse de un ejercito cuya existencia trascurrió en condiciones de paz durante* cincuenta años. II El publico comienza a mostrar impaciencia ante la evidente inacción de los dos grandes ejércitos en el límite de Bohemia. Pero esta tardanza se explica por muchos motivos. Los austríacos^y los prusianos conocen a la perfección la importancia del próximo encuentro: puede decidir el desenlace de toda la campaña. Unos y otros envían hacia el frente a toda prisa a cuantos pueden movilizar; los austríacos lanzan una parte de las nuevas clases (los cuartos y quintos batallones de los regimientos de infantería); los prusianos, las unidades del Landwe’hr, al principio destinadas sólo al servicio de las guarniciones. Al mismo tiempo, uno y otro bando maniobran, al parecer, para colocarse en la situación más ventajosa respecto' del enemigo, con el fin de comenzar la campaña en las condiciones estratégicas más propicias. Para comprender este punto debemos echar una ojeada al mapa y estudiar la zona en que están distribuidos ambos ejércitos.

Supongamos que Berlín y Viena son los puntos naturales para la retirada de los dos ejércitos, y que por eso los austríacos intentarán apoderarse de Berlín, y los prusianos de Viena: en tal caso existen tres caminos para las operaciones de unos y otros. Un gran ejército necesita un extenso territorio, cuyos recursos le permitan subsistir durante la campaña; al mismo tiempo, la necesidad de un rápido desplazamiento lo obliga a realizar la marcha en varias columnas, por caminos paralelos, según $1 número de sus efectivos; por eso la línea de su frente se extenderá y puede fluctuar entre 16 y 60 millas, por ejemplo, de acuerdo con la proximidad del enemigo y la distancia existente entre los caminos. El primer camino puede ser el que se extiende por la margen izquierda del Elba y el Moldava, a través de Leipzig y Praga. Es evidente que en él cada uno de los bandos en pugna deberá atravesar dos veces el río, la segunda a la vista del enemigo. Si se supone que uno y otro ejército, cuando avancen por este camino, intentarán bordear el flanco del enemigo, éste, si marcha por un camino más directo, y, por consiguiente, NOTAS.SOBRE LA GUERRA EN ALEMANIA más corto, podría adelantarse al otro aun antes del cauce del río, y si lograra rechazarlo, podría avanzar directamente hacia la capital del adversario. Dicho camino es igualmente inconve-, niente para ambos ejércitos, y por eso no es necesario tomarlo en consideración.

El segundo pasa por la margen derecha del Elba, entre este río y la cadena montañosa de los Sudetes, que separa Silesia de Bohemia y Moravia. Casi coincide con la línea recta de Berlín a Viena; por la parte de la misma que separa ahora a los dos ejércitos pasa la línea férrea de Lobau a Pardubice. Esta vía férrea corta la zona de Bohemia limitada al sur y al oeste por el Elba, y al nordeste por las montañas. Hay allí muchos caminos excelentes, y si ambos ejércitos fueran al encuentro, el choque se produciría precisamente en ese lugar. El tercero pasa por Breslau, y luego por la cadena de los Sudetes, de escasa altura en el límite de Moravia, donde la atraviesan varios caminos excelentes, y más elevada y abrupta en los montes de los Gigantes, que constituyen el límite de Bohemia. Por ahí pasan muy pocos caminos; en el trayecto de 40 millas que separa a Trautenau de Reichenberg, toda la parte noreste de la cordillera no tiene un solo camino militar. El único camino allí existente, que se extiende de Hirschberg al valle de Isère, se interrumpe en el límite austríaco. De ello se deduce que todo ese obstáculo de una longitud de 40 millas no puede ser atravesado al menos por un gran ejército, con sus innumerables convoyes, y que en un avance sobre Breslau, o a través de Breslau, es necesario cruzar las montañas hacia' el sudoeste desde los montes de los Gigantes. ¿En qué situación se encontrarán ambos ejércitos con respecto a sus comunicaciones al chocar en este camino? Si los prusianos avanzaran desde Breslau hacia el sur, desguarecerían sus comunicaciones con Berlín. Si los austríacos tuvieran la seguridad absoluta de la victoria, podrían permitir a los prusianos que avanzaran hasta el campo fortificado de Olmütz, que contendría su movimiento, mientras que ellos mismos podrían marchar hacia Berlín, contando con restablecer, mediante una victoria decisiva, las comunicaciones transitoriamente interrumpidas; o podrían enfrentar a las columnas prusianas dispersas, cuando éstas descendieran de las montañas, y, en el caso de obtener éxito, rechazarlas hacia Glogau y Poznan, con lo cual se apoderarían de Berlín y de la mayor parte de las provincias prusianas. Por eso, la ofensiva por Breslau sólo sería conveniente para los prusianos si contaran con una importante superioridad numérica.

Los austríacos se encuentran en situación muy distinta. Tienen la ventaja de que la mayor parte de su monarquía se encuentra situada al sudeste de Breslau, o sea en la prolongación directa de la línea que va de Berlín a Breslau. Después de haber fortificado la margen septentrional del Danubio cerca de Viena lo suficiente como para que la ciudad se encuentre defendida en el caso de un ataque repentino, pueden sacrificar transitoriamente, e inclusive durante un lapso más o menos prolongado, las comunicaciones directas con Viena, y traer hombres y municiones desde Hungría. Por consiguiente, pueden actuar con igual seguridad en dirección a Lobau y a Breslau, hacia el norte o hacia el sur de las montañas; tienen mucha más libertad de maniobra que su adversario.

Pero todavía hay otra causa que obliga a los prusianos a obrar con cautela. La distancia desde el límite septentrional de Bohemia hasta Berlín es más o menos la mitad de la existente hasta Viena; por lo tanto, la posición de Berlín es mucho más peligrosa. Viena está defendida por el Danubio, tras el cual puede guarecerse un ejército derrotado, como también por las fortificaciones levantadas hacia el norte de ese río, y por el campamento fortificado de Olmütz, junto al cual los prusianos no podrían pasar impunemente, sin ser advertidos, si las fuerzas principales del ejército austríaco ocuparan, después de la derrota, posiciones en ese punto. Berlín no tiene defensas como esas, fuera del ejército de campaña. En tales circunstancias, e inclusive si se dieran las condiciones que expusimos con todo detalle en nuestro primer artículo, es evidente que sólo quedaría a los prusianos la alternativa de defenderse.

Estas mismas circunstancias, como también la apremiante situación política, casi obligan a que Austria emprenda la ofensiva. Una sola victoria puede asegurarle un gran éxito, mientras que una derrota no quebrantará la fuerza de su resistencia. El plan estratégico de la campaña es por fuerza de una extremada simplicidad. Quienquiera sea el primero en emprender la ofensiva, se hallará ante una alternativa: amagar en dirección hacia el noroeste de los montes de los Gigantes, 156 FEDERICO ENGELS / TEMAS MILITARES lanzando la verdadera ofensiva hacia el sudeste de los mismos o a la inversa. El obstáculo de 40 millas tiene una importancia decisiva en el teatro de las operaciones militares, y los ejércitos deben tender hacia él. Aún tendremos noticias sobre batallas en los dos puntos extremos de esta barrera, y pocos días después de esto se hará evidente la dirección de la verdadera ofensiva, y también, quizás, la suerte de la primera campaña. Sin embargo, nos inclinamos a pensar que para dos ejércitos de tan escasa movilidad, colocados frente a frente, el camino más directo es al mismo tiempo el más seguro, y que las dificultades y peligros del avance de tropas tan numerosas en columnas separadas por diversos caminos, a través de una región montañosa de difícil acceso, casi con seguridad hará emprender a los dos ejércitos el camino que conduce de Lobau a Pardubice.

Hasta ahora se han producido los siguientes desplazamientos: durante la primera semana de junio los prusianos concentraron su ejército sajón a lo largo del límite de Sajonia, desde Zeitz hasta Görlitz, y su ejército silesiano desde Hirschberg hasta el Neisse. Hacia el 10 de junio se acercaron uno al otro, teniendo el ala derecha sobre el Elba, cerca de Torgau, y la izquierda cerca de Waldenburg. Luego, del 12 al 16, el ejército silesiano, compuesto ahora por los cuerpos primero, quinto y sexto, y la guardia, se extendió de nuevo hacia el este, esta vez hasta Ratibor, o sea, hasta el ángulo extremo del sudeste de Silesia. Esto aparenta ser una demostración, en particular por el hecho de que la guardia, que por lo común opera con las fuerzas principales,, haya marchado al frente. Pero si es algo más que una demostración, y si no se han adoptado las medidas para enviar de regreso hacia Görlitz a estos cuatro cuerpos en el primer momento en que fuese necesario, y en el lapso más breve, este agrupamiento de 120.000 hombres en un rincón alejado es un error evidente; puede ocurrir que pierdan toda posibilidad de retroceder y todo contacto con el resto del ejército. Con respecto a los austríacos, poco sabemos, excepto que fueron concentrados en torno de Olmütz. El corresponsal del periódico Times, que se encuentra en su campamento, comunica que el sexto cuerpo, cuyos efectivos alcanzan a 40.000 hombres, llegó el día 19 de Weiskirchen a Olmütz, lo cual es una prueba de su marcha hacia el oeste. Agrega que el día 21, el cuartel general debe ser trasladado a Traban, sobre el límite entre Moravia y Bohemia. Este desplazamiento indicaría un avance en aquella dirección, si la noticia no tuviera la apariencia de una falsa información enviada a Londres, con el fin de que luego se trasmita por telégrafo al cuartel general prusiano, para inducirlo en error. Un general como Benedek, que guarda con tanto celo el secreto militar, y manifiesta tanta antipatía hacia los corresponsales de los periódicos, difícilmente comunicará el día 19 dónde se encontrará su cuartel general el 21, si no tiene motivos particulares para hacerlo. Antes de concluir, resumiremos las operaciones que tuvieron lugar en el noroeste de Alemania. Los prusianos contaban allí con más tropas de las que se sabía al principio. Tenían 15 batallones en Holstein, 12 en Mindeñ y 18 en Wetzlar. Con rápidos desplazamientos concéntricos, durante los cuales las tropas pusieron de manifiesto una aptitud absolutamente inesperada para las marchas forzadas, ocuparon en dos días toda la parte del país situada al norte de la línea que se extiende de Coblenza a Eisenach, y todas las vías de comunicación existentes entre las regiones orientales y occidentales del reino. Las tropas de Hessen, unos 7.000 hombres, se las ingeniaron para escabullirse, pero para los 10.000 ó 12.000 de Hannover quedó cortado el camino de retirada en línea recta hacia Francfort, y ya el día 17 las tropas restantes del séptimo cuerpo de ejército prusiano, formado por 12 batallones, conjuntamente con los dos batallones de Coburgo, llegaron a Eisenach, desde el Elba. Por lo tanto, los de Hannover parecen estar rodeados por todos lados, y sólo pueden salvarse en el caso de que los prusianos revelen una increíble estupidez. En cuanto su suerte quede sellada, el ejército, compuesto por 50 batallones prusianos, quedará liberado y podrá avanzar contra el ejército aliado que el príncipe Alejandro de Darmstadt está formando en Francfort, y que constará aproximadamente de 23.000 hombres de Wurtemburgo, 10.000 de Darmstadt, 6.000 de Nassau, 13.000 de Badén (que se están movilizando ahora), 7.000 de Hessen y 12.000 austríacos que ya se encuentran en camino desde Salzburgo; en total, unos 65.000 hombres, que quizás aun sean reforzados con diez o veinte mil bávaros. Se informa que unos 60.000 hombres de estas tropas ya han sido concentrados en Francfort, y que el príncipe Alejandro resolvió pasar a la ofensiva, volviendo a ocupar Hessen el día 22. 158 FEDERICO ENGELS / TEMAS MILITARES NOTAS SOBES LA GUERRA EN. ALEMANIA 159 Pero esto no tiene la menor importancia. Los prusianos no lo atacarán mientras no concentren sus fuerzas como es debido, y luego, cuando cuenten con 70.000 hombres de todas las armas, y con equipos superiores, podrán derrotar rápidamente a este abigarrado ejército.

III La primera gran batalla de importancia no se libró en Bohemia-, sino en Italia, y el rectángulo volvió a servir de lección de estrategia para los italianos. La capacidad de resistencia de esta famosa posición, como de todas las posiciones fortificadas que tienen alguna importancia, consiste no tanto en las elevadas condiciones defensivas de sus cuatro fortalezas, como en el hecho de que éstas están dispuestas en un lugar de gran superioridad militar, de tal manera que el bando atacante casi siempre se encuentra en la necesidad, y muchas veces en la obligación, de dividir sus fuerzas y atacar en dos direcciones diferentes, mientras que el ejército defensivo puede concentrar todas las suyas contra uno de los grupos que avanzan y derrotarlo merced a la superioridad numérica, para lanzarse luego contra el otro. Este fue el error que también cometió el ejército italiano. Mientras el rey permanecía con once divisiones junto al Mincio, Cialdini se encontraba con cinco divisiones en la parte inferior del Po, cerca de Ponte Lagoscuro y Polessela. La división italiana está formada por 17 batallones, con 700 hombres cada uno. Por consiguiente, incluyendo la caballería y la artillería, Víctor Manuel tenía por lo menos de 120.000 a 125.000 hombres. Cialdini, en cambio, más o menos la mitad de esa cifra. Mientras el día 23 el rey cruzaba el Mincio, Cialdini debía atravesar el curso inferior del Po y actuar en la retaguardia de los austríacos. Pero sobre este movimiento no hemos recibido aún noticia fidedigna alguna. En todo caso, los 60.000 hombres de Cialdini que quizá podrían haber cambiado, y probablemente así lo hicieron, el curso de la batalla de Custozza durante el domingo pasado, no han logrado hasta ahora una posición tan ventajosa como para compensar la pérdida de una importante batalla. El lago Garda está situado entre dos contrafuertes de los Alpes, que forman al sur de aquél dos grupos de colinas, entre las cuales el Mincio se abre paso hacia las lagunas de Mantua. Ambos grupos constituyen fuertes posiciones militares; desde sus declives meridionales se observan el valle de Lombardía, que puede ser atacado desde allí con fuego de artillería. Dichas colinas son muy conocidas en la historia militar. El. grupo del oeste, situado entre Peschiera y Lonato, fue el campo de las batallas libradas junto a Castiglione y Lonato en 1797, y de Solferino en 1859. En 1848 se combatió durante tres días por la conquista del grupo oriental, situado entre Peschiera y Verona; la lucha del domingo pasado también fue por la conquista de esa posición. En su declive hacia el Mincio, el grupo oriental de colinas se transforma por un lado en un valle, junto a Valleggio, y por el otro —en forma de un largo arco orientado hacia el sudeste—baja hasta el Adigio y se extiende hasta Bussolengo. En la dirección norte-sur, el conjunto de colinas está dividido en dos partes casi iguales por un desfiladero por el cual fluye el riacho de Tione. Por consiguiente, las tropas que avanzan desde el Mincio deben vadear al principio el río, para volver a tropezar en seguida con un nuevo obstáculo: el desfiladero. En la base de la pendiente, junto al valle, hacia el este del desfiladero, se encuentran las siguientes aldeas: en el extremo meridional, Custozza; más al norte siguen Somma Campagnia, Saona y Santa Giustina. La vía férrea que une a Peschiera con Verona corta las colinas en Somma Campagnia y la carretera las atraviesa en Saona.

En 1848, los piamonteses, después de tomar Peschiera, bloquearon Mantua y, ocupando con sus tropas centrales las colinas orientales, extendieron sus líneas desde Mantua hasta Rívoli, sobre el lago Garda. El 23 de julio, Radetzky avanzó desde Verona con siete brigadas y, después de quebrar en el centro las líneas demasiado extendidas del enemigo, se apoderó de esas colinas. Los días 24 y 25 los piamonteses volvieron a intentar la conquista de esta posición, pero el 25 sufrieron uña aplastante derrota y en seguida retrocedieron, a través de Milán, hasta la otra margen del Ticino. Esta primera batalla junto a Custozza decidió la suerte de la campaña de 1848. Sobre la batalla del domingo pasado hay telegramas bastante contradictorios del cuartel general italiano; sin embargo, por los despachos telegráficos del otro bando, podemos formarnos 160 FEDERICO ENGELS / TEMAS MILITARES una idea más o menos clara de los sucesos. Víctor Manuel destinó su primer cuerpo (general Durando, cuatro divisiones, o sea, 68 batallones) a ocupar posiciones entre Peschiera y Verona, a fin de tener la posibilidad de proteger el asedio de Peschiera. Estas posiciones, sin duda, debían ser Saona y Somma Campagnia. El segundo cuerpo (del general Cucciari, formado por tres divisiones, o sea, 51 batallones) y el tercer cuerpo (del general Della Rocca, con iguales fuerzas) debían vadear simultáneamente el Mincio para proteger las operaciones del primer cuerpo. Éste, después de haber cruzado, probablemente en las cercanías de Saliongo o más al sur, avanzó en seguida hacia las colinas. El segundo cuerpo, que vadeó el río en VaIleggio, y el tercero, que lo hizo en Coito, avanzaron por el valle. Todo esto ocurrió el sábado 23. La brigada austríaca de Pulz, que se encontraba de guardia junto al Mincio, retrocedió con lentitud hacia Verona. El domingo, en el aniversario de Solferino, todo el ejército austríaco salió de Verona al encuentro del enemigo. Según parece, alcanzó a ocupar las alturas de Saona y Somrna Campagnia, y también el extremo oriental del desfiladero de Tiona, antes de que llegaran los italianos. Después de esto la lucha debía librarse principalmente por la conquista del paso a través del desfiladero. Los dos cuerpos que avanzaron sobre el valle desde el límite meridional actuaron evidentemente en forma conjunta con el primer cuerpo italiano que había ocupado las colinas, por lo cual Custozza pasó a sus manos. Los italianos que operaban en el valle fueron avanzando en forma gradual en dirección a Verona, con el fin de atacar el flanco y la retaguardia de los austríacos; éstos, en cambio, probablemente lanzaron sus tropas para rechazar ese ataque. Por consiguiente, la línea del frente de ambos ejércitos, de las cuales una debía ser desplegada al principio hacia el este, y la otra hacia el oeste, giraron un cuarto de circunferencia, con lo cual los austríacos se situaron de frente al sur, y los italianos al norte. Pero como las colinas están orientadas desde Custozza en dirección al nordeste, el movimiento de flanco de los cuerpos italianos segundo y tercero no podía ejercer una influencia inmediata sobre la situación del primer cuerpo, que ocupaban estas colinas, porque no podían avanzar lo suficiente, sin poner en peligro a las tropas que realizaban el flanqueo. Por consiguiente, los austríacos, al parecer, opusieron a los cuerpos segundo y tercero las tropas necesarias para rechazar la primera embestida, lanzando al mismo tiempo todas las fuerzas disponibles contra el primer cuerpo, al que derrotaron gracias a su superioridad numérica. El éxito fue completo. El primer cuerpo, después de un combate encarnizado, fue rechazado, y los austríacos tomaron por asalto a Custozza. Por tal causa el ala derecha italiana, que avanzó hacia el este y el nordeste, del otro lado de Custozza, se vio sometida al parecer a un serio peligro, por lo que tuvo lugar una nueva batalla por esa misma aldea, durante la cual, evidentemente, se restableció la comunicación interrumpida y se contuvo la ofensiva de los austríacos desde Custozza. Sin embargo, la aldea quedó en sus manos, y aquella misma noche los italianos debieron atravesar el Mincio en sentido inverso.

Damos este rápido resumen, no en carácter de investigación histórica, ya que para eso faltan aún numerosos detalles, sino sólo como una tentativa de establecer —con el mapa en las manos—una coherencia desde el punto de vista militar, entre los distintos partes sobre estos acontecimientos, y estamos convencidos de que si los despachos han sido exactos y completos, aunque sólo fuese hasta cierto punto, nuestra exposición no habrá diferido del cuadro general de la batalla.

Los austríacos perdieron unos 600 soldados, que fueron tomados prisioneros; los italianos aproximadamente 2.000 hombres y algunos cañones. Esto indica que para los italianos la batalla no fue una catástrofe, sino sólo una derrota. Las fuerzas de ambos bandos fueron probablemente más o menos iguales, aunque es muy posible que los austríacos tuvieran bajo el fuego menos tropas que su adversario. Los italianos tienen todos los motivos para estar satisfechos de que los austríacos no los arrojaran al Mincio; el primer cuerpo, situado entre este río y la garganta, en una franja de tierra de dos a cuatro millas, se encontró en situación muy difícil al enfrentar a las fuerzas superiores del enemigo. Se cometió un error indudable al enviar' las fuerzas principales al valle, desdeñando las alturas dominantes, cuya importancia es decisiva. Pero el error más grave, como ya lo señalamos, fue el hecho de dividir el ejército, dejando a Cialdini con 60.000 hombres en el curso inferior del Po, para emprender la ofensiva únicamente con el resto de las fuerzas. Cialdini podía ayudar a obtener la victoria en Verona, para luego volver hacia la desembocadura del Po y cruzar el río con mucho mayor facilidad, en el caso de que tal maniobra com162 FEDERICO ENGELS / TEMAS MILITARES binada debiera cumplirse a toda costa. Pero por ahora esta en el mismo lugar que el primer día, y es posible que deba hacer frente a enemigos aun más fuertes. Es probable que los italiános ya no se hayan convencido de que tienen que habérselas con un enemigo en extremo inflexible. En la batalla de Solferino, Benedek, al frente de 26.000 austríacos, rechazó durante un día entero al ejército piamontés, que lo doblaba en número, hasta que recibió la orden de retirarse, porque los franceses habían derrotado a otro cuerpo. El ejército piamontés era entonces superior al actual ejército italiano; estaba mejor instruido, era más homogéneo y tenía mejores mandos. El actual ejército italiano se formó hace poco tiempo, y por eso tiene todas las deficiencias propias de esta clase de ejércitos, mientras que el austríaco es, en la actualidad, muy superior al del año 1859. El entusiasmo nacional tiene gran importancia para la lucha, pero sin disciplina y organización, sólo con entusiasmo, nadie puede ganar una batalla. Incluso los “mil” de Garibaldi no eran simplemente una multitud de entusiastas; eran hombres que habían pasado por un adiestramiento militar, que en 1859 habían aprendido a obedecer las órdenes y a soportar el fuego. Cabe esperar que el Estado Mayor del ejército italiano, por su propio interés, se abstenga de emprender acciones precipitadas contra un ejército que, aunque numéricamente más débil, es por su esencia más fuerte, y que además ocupa una de las posiciones más fuertes de Europa.

NOTAS SOBRE LA GUERRA EN ALEMANIA IV Supongamos que se pregunta a un joven alférez o cadete prusiano, en su examen para obtener el grado de teniente, cuál sería el plan más seguro para que el ejército prusiano invadiera a Bohemia. Imaginemos que ei joven oficial responde: “El mejor procedimiento sería dividir las tropas en dos partes más o menos iguales, enviando una de éstas a dar un rodeo por el este de los montes de los Gigantes y la otra por el este, de modo que ambas se unieran en Hulcin”. ¿Qué diría el oficiál examinador? Le respondería que este plan atenta contra dos leyes básicas dé la estrategia; en primer lugar, nunca se debe dividir las tropas propias de modo que las partes no estén en condiciones de ayudarse entre sí, sino que, por el contrario, es preciso conservarlas muy próximas; en segundo termino, en el caso de avanzar por caminos diferentes, las diversas columnas deben unirse en un punto situado fuera del alcance del enemigo; que por eso el plan propuesto es el peor entre todos los posibles; que sólo se lo podría tener en cuenta si Bohemia estuviese absolutamente libre de tropas enemigas, y que, por consiguiente, un oficial que presenta semejante plan ni siquiera es digno del grado de teniente. Sin embargo, tal es el plan adoptado por el sabio y prudente Estado Mayor prusiano. Resulta casi increíble, pero es asi. El error que debieron pagar los italianos en Custozza fue repetido de nuevo por los prusianos, y en condiciones que lo tornaban diez veces más desastroso. Los italianos sabían por lo menos, que con sus diez divisiones superaban numéricamente al enemigo. Los prusianos debían saber que sus nueve cuerpos en conjunto apenas equivalían en número, en el mejor de los casos, a los ocho cuerpos de Benedek, y que, al dividir sus fuerzas, condenaban a ambos ejércitos, casi con seguridad, a sufrir sucesivas derrotas frente a fuerzas adversarias superiores. Si no fuera que el comandante en jefe es el rey Guillermo, resultaría incomprensible que tal plan haya podido ser considerado, y más aún adoptado, por un grupo de oficiales que, como los que forman el Estado Mayor prusiano, tanto conocen su oficio. Sin embargo, nadie podía esperar que las funestas consecuencias de que el comando superior estuviese en manos de emperadores y príncipes se pusieran de manifiesto con tanta fuerza y rapidez. Los prusianos están librando actualmente en Bohemia una lucha de vida o muerte. Si los austríacos logran impedir que ambos ejércitos se unan en Hulein o en sus cercanías; si cada uno de éstos, después de ser derrotado, se ve obligado a retirarse de Bohemia, con lo que se aleja más aún del otro ejército, podrá afirmarse que la campaña en esencia ha terminado. Entonces Benedek podrá despreocuparse totalmente del ejército del Kronprinz, mientras éste se retira hacia Breslau, para perseguir con todas sus fuerzas al del príncipe Federico Carlos, .que difícilmente podría evitar su completa destrucción. El problema es si se logrará impedir esa unión. Hasta ahora no tenemos noticias sobre los sucesos ocurridos después de la noche del viernes 29. Los prusianos, expulsados el día 28 por el general Edelsheim de Hulein (este punto se denomina en 164 FEDERICO ENGELS / TEMAS MILITARES Bohemia Hultschin), afirman que el día 29 atacaron de nuevo la ciudad; tal es la última información de que disponemos. Al mismo tiempo, la unión aún no se produjo; por lo menos cuatro cuerpos austríacos, y también las tropas del cuerpo de ejército sajón, combatieron entonces contra cinco o seis cuerpos prusianos.

Cuando las diversas columnas del ejército del Kronprinz descendían por las colinas de Bohemia hacia la llanura, les salieron al encuentro los austríacos, que ocupaban puntos favorables, en los sitios donde el valle se ensancha; esto les permitía oponer a las columnas prusianas un frente más amplio y realizar intentos para impedir su despliegue; los prusianos, en tanto, podían enviar sus destacamentos adonde fuese posible, a través de los valles laterales, para atacar al enemigo por el flanco y la retaguardia. Esto es lo que ocurre siempre en una guerra de montaña, y así se explica el gran número de prisioneros que se toman siempre en tales circunstancias. Por otro lado, los ejércitos del príncipe Federico Carlos y Herbart von Bittenfeld, al parecer, pasaron por los desfiladeros sin encontrar casi ninguna resistencia; los primeros choques se produjeron en el cauce del Isère, o sea casi a mitad de camino de los puntos de partida de ambos ejércitos. Sería inútil tratar de desenmarañar y hacer concordar los telegramas recibidos durante los últimos dos o tres días, que son en extremo contradictorios y que a menudo no contienen el menor atisbo de veracidad. Los resultados de la batalla inevitablemente debían ser muy variables; a medida que llegaban fuerzas de refresco, la victoria se iba inclinando hacia uno u otro lado. Sin embargo, hasta el viernes, los resultados parecían favorecer a los prusianos. Si éstos se sostuvieron en Hulcin no hay duda de que la unión se establecería el sábado o domingo, y entonces habría pasado para ellos el peligro principal. El combate decisivo por la posibilidad de la reunión trascurriría, muy probablemente, desde ambos bandos con masas concentradas de tropas y, por lo menos, debería resolver la suerte de la campaña durante cierto tiempo. Si los prusianos resultaran vencedores, se librarían en seguida de todas las dificultades que ellos mismos se crearon, aunque podrían lograr estas ventajas, e inclusive otras más importantes, sin exponerse a tales peligros innecesarios.

El combate, al parecer, fue muy intenso. La primera brigada austríaca que entró en contacto con los prusianos fue la 'negro-amarilla5 ' que en Schleswig atacó Königsberg cerca de Oberselk, un día antes de la evacuación de Dannewirck. Se la llama negro-amarilla por el color de las presillas, cuellos y puños de los dos regimientos que la integran y siempre fue considerada como una de las mejores brigadas. Sin embargo, resultó derrotada a causa del fusil de aguja, y más de 500 hombres de uno de sus regimientos (de Martini) fueron hechos prisioneros, después de que dicha brigada atacó inútilmente cinco veces consecutivas las líneas prusianas. En el combate siguiente fueron tomadas las banderas del tercer batallón, del regimiento de Deutschmester. Este regimiento, reclutado exclusivamente en Viena, se considera el mejor de todo el ejército. Por consiguiente, las mejores tropas ya fueron lanzadas al combate. Los prusianos, que desde mucho tiempo atrás no veían batallas, combatieron, por lo visto, de manera brillante. Cuando la guerra se declaró de verdad, el estado moral del ejército cambió de raíz, sobre todo por la expulsión de toda una jauría de monarcas del noroeste de Alemania. Dejando a un lado que esto en realidad fuera así —aquí nos limitamos a dejar constancia de un hecho— , todo ello inspiró a las tropas la idea de que esta vez estaban llamadas a luchar por la unificación de Alemania, y los hombres de la reserva, que hasta entonces se habían mostrado descontentos y taciturnos, como también los del Landwehr, cruzaron la frontera austríaca con estridentes y jubilosos gritos. Esta fue la causa principal de que combatieran tan bien; pero a la vez debemos atribuir gran parte de sus éxitos a sus fusiles de retrocarga; y si llegan a salir de las dificultades que les crearon de modo tan precipitado sus generales, deberán dar las gracias al fusil de aguja. También ahora son unánimes las noticias sobre sus ventajas respecto del fusil que se carga por el cañón. Un suboficial del regimiento de Martini que fue hecho prisionero, declaró al corresponsal del Kölnische Zeitung: "En realidad, hicimos todo lo que puede esperarse de soldados valientes, pero nadie es capaz de resistir un fuego tan nutrido55. Si los austríacos resultan derrotados, no será tanto por culpa del general Benedek o del general Hamming, como del general "baqueta5 5 (General Ramrod).

En el noroeste los de Hannover se rindieron después de considerar con sensatez la situación creada por la resuelta ofensiva lanzada contra ellos por las tropas al mando del general 166 FEDERICO ENGELS / TEMAS MILITARES Fliess, vanguardia de las tropas del general Manteuffel Gracias a ello, se liberan 59 batallones prusianos para las operaciones contra las tropas aliadas. En realidad, ha llegado el momento de hacer esto, antes de que Baviera se pertreche totalmente, porque, en caso contrario, se necesitaría una cantidad mucho mayor de tropas para someter al sudoeste de Alemania. Como se sabe, Baviera siempre actúa con lentitud y se retrasa en sus preparativos bélicos, pero cuando los termina puede presentar de 60.000 a 80.000 excelentes soldados. Es posible que pronto tengamos noticias sobre una rápida concentración de prusianos en el Meno y sobre operaciones activas contra el príncipe Alejandro de Hessen-Darmstadt y su ejército. V La campaña que los prusianos iniciaron por un error estratégico excepcional fue proseguida con tal energía táctica, que en el curso de ocho días fue conducida hacia un final victorioso para ellos. .

En el artículo anterior dijimos que el plan prusiano de invadir Bohemia con dos ejércitos, separados por los montes de los Gigantes sólo- podía ser aprobado en el caso de que en Bohemia no hubiera tropas enemigas. Es evidente que el plan secreto del general Benedek consiste, sobre todo, en crear esa situación. Al parecer, en la parte noroeste de Bohemia, donde, desde el comienzo mismo, calculábamos que se debían desarrollar los combates decisivos, había en total dos cuerpos de ejército austríacos: el primero (de Clam-Gallas) y el sexto (de Hamming). Si esto se hizo para atraer a los prusianos a una trampa, concluyó en que el propio Benedek cayó en ella. De todos modos, el avance de los prusianos por dos direcciones — separadas por 40 a 50 millas, en una comarca inaccesible— hacia el punto de unión, situado a una distancia de dos jornadas completas del punto de partida, y además dentro del frente enemigo, es en cualesquiera circunstancias una maniobra muy peligrosa que podría significar la derrota completa, sino fuera por la extraña lentitud de Benedek, la inesperada presión de las tropas prusianas y su fusil de retrocarga, La ofensiva del príncipe Federico Carlos con tres cuerpos (el tercero, el cuarto y el segundo, este último como reserva) 168 FEDERICO ENGELS / TEMAS MILITARES se llevó a cabo a través de Reichenberg, hacia el norte de montañas que resultaba difícil cruzar, y desde cuyo lado meridional avanzó el general Herbart con un cuerpo y medio (el octavo y una división del séptimo). Al mismo tiempo, el Kronprinz, con los cuerpos primero, quinto y séptimo y la guardia, se encontraba en las montañas, junto a Glatz. De tal modo, el ejército fue dividido en tres columnas: una, con 45.000 hombres, a la derecha; otra, con 90.000, en el centro, y la tercera, con 120.000 hombres, a la izquierda; y ninguna de ellas podía prestar ayuda a la otra, por lo menos durante varios días. Un general que estuviese al frente de tal cantidad de hombres tenía allí una ocasión inmejorable para derrotar a su enemigo por partes. Pero, al parecer, nada se hizo en ese sentido. El 26, el príncipe Federico Carlos tuvo en Turnau el primer encuentro de importancia con la brigada del primer cuerpo, con lo que estableció contacto con Herbart; el 27, este último ocupó Münchengrátz, mientras que la primera columna del ejército del Kronprinz —el quinto cuerpo— avanzaba hacia el otro lado de Nachod y derrotaba al sexto cuerpo austríaco (de Ramming); el 28, que fue el único día algo afortunado para los prusianos, la vanguardia tomó Hulcin, pero fue expulsada de allí por la caballería del general Edelsheim; al mismo tiempo, el primer cuerpo del ejército del Kronprinz, después de sufrir algunas bajas, fue contenido en Trautenau por el décimo cuerpo de Gablenz; recobró la libertad de movimientos sólo merced al avance de la guardia hacia el Ipel por el camino que pasaba entre los cuerpos primero y quinto de los prusianos. El día 29, el príncipe Federico Carlos atacó Hulcin y el ejército del Kronprinz derrotó por completo a los cuerpos austríacos sexto, octavo y décimo. El día 30 fue magníficamente rechazada la tentativa del general Benedek de apoderarse de Hulcin con las fuerzas del primer cuerpo y el ejército sajón; después de ello se produjo la unión de los dos ejércitos prusianos. Las pérdidas de los austríacos fueron, por lo menos, de un cuerpo y medio, mientras que las de los prusianos no pasaron de la cuarta parte de esa cantidad. Por consiguiente, vemos que el día 27 los austríacos sólo contaban con dos cuerpos de ejército, de 33.000 hombres cada uno; el 28 disponían de tres, y el 29 de cuatro; y, si los telegramas prusianos informaban la verdad, de parte del quinto (el cuarto cuerpo); el cuerpo de ejército sajón sólo podía acudir a prestar socorro el día 30. De modo que, durante todo este período faltaron dos cuerpos, y quizá tres, en el teatro de las operaciones, mientras que los prusianos concentraron todas sus fuerzas en Bohemia. Hasta la noche del 29, los efectivos austríacos en el teatro de las acciones militares difícilmente sobrepasaran los de cada uno de los dos ejércitos prusianos, y puesto que las tropas austríacas se incorporaban a la lucha en forma gradual y los refuerzos sólo llegaban cuando, después de lanzadas al combate, sufrían una derrota, el resultado fue desastroso. Se informa que el tercer cuerpo de ejército (del archiduque Ernest), que había combatido en Custozza, en cuanto terminó el combate fue enviado por ferrocarril hacia el norte; en algunas comunicaciones se menciona que se incorporó a las fuerzas de Benedek. Este cuerpo, con cuya incorporación todo el ejército constaría de nueve cuerpos, incluidos los sajones, no pudo llegar a tiempo para tomar parte en los combates que tuvieron lugar durante los últimos días de junio.

Cualesquiera fueran los errores del plan operativo de los prusianos, éstos los corrigieron con su rapidez y con la energía de sus acciones. Las operaciones de cada uno de los dos ejércitos estuvieron exentas de errores. Sus golpes fueron breves, fuertes y decisivos, y les aseguraron la victoria completa. Después de la unión de ambos ejércitos, su energía no se debilitó; siguieron avanzando, y ya el día 3 el ejército prusiano en su conjunto se encontró con las fuerzas unidas de Benedek, a las que asestó un golpe aplastante y definitivo.48 Resulta difícil suponer que Benedek aceptara por propia voluntad este combate. No hay duda de que la rápida persecución de los prusianos lo obligó a detenerse con todos sus efectivos en una posición sólida, para reagrupar sus fuerzas y enviar un día antes los convoyes del ejército en retirada; no esperaba un ataque diurno con fuerzas importantes, y confiaba en que se podría partir por la noche. Ningún hombre en su posición, con los cuatro cuerpos absolutamente derrotados y después de tan graves pérdidas, podía aspirar a una batalla inmediata y decisiva, cuando existía la posibilidad de una retirada segura. Pero es evidente que los prusianos lo obligaron a entablar combate, y de ello resultó la derrota completa de los austríacos; y si no se firma el armisticio, éstos intentarán llegar a Olmütz o a Viena, en las condiciones menos propicias, puesto que el menor movimiento de los prusianos para rodearlos por el flanco derecho cortaría el camino directo a la mayor parte de las tropas y las rechazaría hacia las colinas de^Glatz, donde serían reducidas a prisión. Hace diez días que el Ejercito del norte” — uno de los mejores de Europa— dejó de existir.

No cabe duda de que el fusil de aguja de fuego rápido desempeño un importante papel en esta acción. Es improbable que sin este arma se lograra la unión de los dos ejércitos prusianos, y se puede afirmar con seguridad que ese enorme y rápido éxito no habría sido posible sin tal superioridad de fuego, ya que el ejército austríaco es, en general, menos propenso a dejarse llevar por el pánico que la mayor parte de los ejércitos europeos. Pero hubo también otras circunstancias que contribuyeron al éxito. Ya señalamos la excelente posición y las acciones decididas de ambos ejércitos prusianos durante su entrada en Bohemia. Podemos agregar que en esta campaña los prusianos abandonaron el sistema de columnas y formaron sus fuerzas preferentemente en líneas desplegadas, de modo que se pudiera utilizar cada fusil y se preservara a los hombres de los efectos del fuego de artillería. Debemos reconocer que los movimientos, tanto durante la marcha como en la aproximación al enemigo, fueron realizados con un orden y precisión que nadie habría podido esperar de un ejército y de un mando cubiertos por la herrumbre de una paz de cincuenta años. Y, por último, el mundo entero debe asombrarse por el ímpetu demostrado por estas fuerzas jóvenes en todos los combates, sin excepción. Es fácil decir que todo fue obra de los nuevos fusiles; pero éstos no obraron por sí solos; hacían falta corazones valientes y brazos fuertes para combatir con ellos. Con frecuencia, las tropas prusianas combatieron contra fuerzas enemigas superiores, y casi siempre tomaron la ofensiva; por eso los austríacos podían elegir la posición. Sin embargo, en el ataque a posiciones fuertes y a ciudades con las calles obstruidas por barricadas, las ventajas de los nuevos fusiles desaparecen casi por completo; entonces comienzan a actuar las bayonetas, y en éstas recayó una ingente labor. Además, la caballería operaba con igual ímpetu; las únicas armas de los ataques de caballería eran el arma blanca y la rapidez de los caballos. Las falsas informaciones de los franceses respecto de la caballería prusiana, en el sentido de que ésta comenzaba por cubrir al enemigo con una granizada de balas de las carabinas (cargadas por la culata o de otra manera), para lanzarse luego sobre él con sus sables, sólo 170 FEDERICO ENGELS / TEMAS MILITARES pudieron ser inventadas por aquellos cuya caballería recurría siempre a ese artificio, para recibir por ello el castigo de ser derrotada en todos los casos por las fuerzas superiores de un enemigo que ataca con ímpetu. No hay duda de que el ejército prusiano pasó en una semana a un lugar tan encumbrado como nunca había ocupado; y ahora se puede tener la seguridad de' que está en condiciones de combatir con cualquier enemigo. No conocemos campaña alguna en que se haya logrado un éxito tan brillante en tan corto tiempo, sin sufrir algunas derrotas de importancia, exceptuando la batalla de Jena, en la que fue aniquilado todo el ejército prusiano de aquella época, y la de Waterloo, para no mencionar la derrota de Ligny.49 NOTAS SOBRE LA GUERRA EN ALEMANIA Escrito por F. Engels en inglés, entre el 19 de junio y el 5 de julio de 1866.

Publicado por primera vez en el Manchester Guardian, el 20, 25 y 28 de junio, y el 3 y 6 de julio de 1866.

C. Marx y F. Engels, Obras, t. XIII, p. I.

LA GUERRA FRANCO-PRUSIANA DE 1870-1871 NOTAS SOBRE LA GUERRA - I No terminaron de oírse los disparos, y ya concluía la primera etapa de la guerra, con un fracaso para el emperador francés. Para que ello se haga evidente basta hacer un rápido resumen de ld>situación política y militar.

En la actualidad todos comprenden que Luis Napoleón confiaba en aislar a la Confederación del Norte de Alemania50 de los Estados del Sur y en aprovechar el descontento reinante en las regiones anexionadas recientemente a Prusia. La impetuosa ofensiva hacia el Rin con todas las fuerzas que se pudieron reunir, el cruce de este río en algún lugar entre Germerscheim y Maguncia, y la ofensiva en dirección a Francfort y Würzburg permitían alcanzar ese objetivo. Los franceses hubieran podido entonces apoderarse de las comunicaciones entre el norte y el sur, y obligar a Prusia a reunir a toda prisa, junto al Meno, todas las fuerzas disponibles, cualquiera fuera el grado de su preparación militar. Se habría alterado la marcha de la movilización en Prusia, y todas las probabilidades de éxito hubiesen estado de parte de los franceses invasores, que derrotarían a los prusianos, por unidades, a medida que éstas llegaran de los distintos lugares del país. El éxito de semejante operación estaba asegurado, no sólo por consideraciones políticas, sino también militares. El sistema francés de cuadros militares permite una concentración de un ejército de 120.000 a 150.000 hombres mucho más rápida que el sistema prusiano de Landwehr. Los efectivos del ejército francés en tiempos de paz se diferencian de los de tiempo de guerra sólo por el húmero de hombres que están francos, y por la ausencia de un dépôt [de unidades de reserva], que se forma en vísperas de comenzar