Londres, 1, Modena Villas, Maitland Park, Haverstock Hill. N.W. Querido, inmejorable Becker, con «razón» me guardarás rencor, pero al mismo tiempo «sin razón». (Sabes por Heinzen que soy un «sofista».) Aparte de que tengo que pasar a limpio 1200 páginas de manuscrito y mi editor ya me guarda rencor desde hace tiempo, y aparte de la espantosa pérdida de tiempo que en esta Babilonia me ocasionan el Comité Central, el Comité Permanente y el Comité Directivo del «Workman’s Advocate», he tenido las «coyunturas privadas» más fastidiosas y difíciles, que me obligaron a ausentarme de Londres por un tiempo y que aún no están en orden, etc., etc. 

Por la nota adjunta, que he recibido hoy (o más bien mi mujer), verás que un paquete que te envié hace unos 14 días ha sido confiscado por la loable policía francesa. Contenía principalmente «Manifiestos del Partido Comunista». También una nota en la que te respondía brevemente a tus preguntas, te comunicaba que Bender está dispuesto, que yo hice aparecer tu llamamiento en inglés en el «Workman’s Advocate», y asimismo un informe sobre la actividad suiza, etc. 

La razón por la que decidimos no publicar un informe oficial sobre las conferencias fue —aparte de la falta de dinero y de la circunstancia de que los estatutos nos obligan a presentar un informe general al congreso, evitando así un doble empleo—, esencialmente, que el poner al público al corriente del estado de cosas, especialmente del carácter muy «fragmentario» de la conferencia, nos perjudicaría más que beneficiarnos y ofrecería a nuestros adversarios un asidero útil. Sabíamos que dos miembros del Comité Central, Le Lubez y Vésinier, no esperaban más que asir esta ocasión por los pelos. Los acontecimientos lo han confirmado. Primero, la denuncia de Vésinier contra el Comité Central y la conferencia en «L’Écho de Verviers». Acto seguido, en el mismo periódico, Le Lubez esbozó una declaración de principios y un proyecto de estatutos que, en nombre de la sección francesa de Londres fundada por él como contrapeso contra nosotros, pensaba imponer a la Asociación. Entretanto, esta intriga ha sido desbaratada. La sección se ha separado de su fundador. Sus dos mejores hombres, Longuet (redactor de «Rive Gauche») y Crespel, han ingresado en el Comité Central. Este último ha resuelto que Vésinier debe probar sus calumnias o será expulsado.

Por ahora no puedo enviarte ningún artículo. No tengo una hora libre. En cambio, Engels lo hará tan pronto como haya visto el primer número y sepa dónde y cómo. También Liebknecht desde Leipzig. Asimismo escribiré por ello al Dr. Kugelmann a Hannover. Y también a Stumpf en Maguncia. El periódico de Dupleix, núm. 1, es flojo. Jung le ha escrito por ese motivo. Liebknecht vive (dirección: J. Miller) 2, Gerichtsweg, Leipzig.

Aquí el movimiento ha avanzado bien por un lado, mal por otro. La Liga de la Reforma que fundamos ha celebrado un mitin multitudinario por el sufragio universal, más grande de cuantos he visto en Londres. Sólo tomaron la palabra obreros. El propio Times se asustó y publicó 2 artículos editoriales sobre el «espinoso» caso. Por otro lado, este movimiento absorbe demasiado nuestras mejores fuerzas obreras. El «Workman’s Advocate» está flojo. Ahora, bajo la redacción de Eccarius, mejorará. Pero las dificultades para allegar fondos son enormes.

De Berlín he recibido una carta, firmada por Wolff, Metzner y otros obreros, en la que juzgan con comprensión y crítica el estado actual del movimiento obrero alemán. Lo único acrítico es su exigencia de que vaya yo a Berlín y tome el asunto en mis manos. Bien deben saber que el gobierno prusiano ha «prohibido» mi residencia en Prusia.

Antes de saber por ti cómo puedo hacerte llegar los «Manifiestos», enviaré un ejemplar a modo de prueba vía Maguncia. Tal vez puedas aprovechar algo de su contenido para tu periódico. Las secciones alemanas harán bien en dejarse afiliar por ahora en Ginebra y entrar en comunicación continua contigo. Tan pronto como ocurra algo semejante, comunícamelo, para que por fin pueda yo anunciar aquí algún progreso en Alemania.

Envío esta carta a la dirección de Dupleix, a causa de la «confiscación francesa». Me parece que el Imperio se tambalea. De entrada, los asuntos de México y los Estados Unidos. Luego, el motín de 3 regimientos franceses. Después, la revuelta estudiantil. La desorientación de Bonaparte, tal como se muestra en su disputa con Inglaterra sobre la renovación del «tratado de extradición» —y en la prohibición del servil «Indép. Belge». Finalmente, la crisis comercial, que se verá muy acelerada a consecuencia de la actual importación excesiva inglesa, y europea en general, hacia los Estados Unidos. Muchos saludos de esposa e hija. Tuyo, K. Marx