Querido Mohr:

No te imaginas hasta qué punto me veo ahora asediado por toda clase de gente. Jóvenes recomendados por clientes que buscan colocación aquí; agentes o quienes aspiran a serlo; a lo que se suma esta semana mi encantador sobrino Blank, que se ha instalado en Londres…, así sigue la cosa sin cesar, y comprenderás lo difícil que resulta entonces ponerse a escribir. De paso se presenta alguna vez también un individuo como el autor de la carta adjunta y me pone la pistola al pecho. En cuanto leí la carta supe al punto quién me había echado encima a ese buen hombre: el bravo Dr. Rhode, y el buen hombre me lo confirmó cuando se me plantó en el despacho. Este insolente Rhode se permite unos procedimientos de lo más extraños contra mí. Primero me arma, con Klings, el altercado más ridículo // más insulso, después de que éste hubiera estado aquí, y luego llega incluso a mandarme a semejante gente y a remitírsela a mí como si yo fuera el cajero de toda la emigración. Si vuelve a pasarme algo por el estilo con ese tipo, puede estar seguro de que va a llevarse una alegría conmigo. ¿Por qué no me deja en paz? ¡Si ni siquiera le conozco!

Los puercos prusianos, desde luego, están operando de manera absolutamente excelente. Tan estúpidos no me los había imaginado; pero en realidad nunca se los puede uno imaginar lo bastante estúpidos. Tanto mejor. La cosa está en marcha de una vez, y tanto más pronto habrá revolución, y esta vez seguro que no sin cortar cabezas, como tú dices.

Van a cerrar el despacho y yo también tengo que terminar. Adjunto dos billetes de cinco libras, I/S 38969. } Manchester, 26 de enero de 1866, I/S 62239. Es todo lo que puedo arriesgarme a enviar antes de saber cómo estoy de cuentas, cosa que no puedo comprobar hasta que los libros estén puestos al día. – Saludos cordiales a tu mujer e hijos. Tuyo,

F. E.