86 Mornington St, 11 de nov. de 66. Querido Mohr: Muchísimas gracias por la «Free Press». ¿Puedes enviarme los números de agosto y septiembre? No los he recibido. Adjuntas, las segundas mitades de las 30 libras. Te enviaría más con gusto, pero de verdad no puedo. Veré lo que puedo hacer el mes que viene, y el 31 de diciembre haremos balance otra vez; si sale bien, quizá se pueda hacer algo más.
La noticia de que el manuscrito ha salido me quita un peso de encima. Por fin, pues, un comienzo de ejecución, como dice el Code pénal. Por ello, bebo una copa especial a tu particular salud. El libro ha contribuido en mucho a dejarte hecho polvo; en cuanto te lo hayas sacudido, volverás a ser un hombre completamente distinto.
Espero que Birch haya enviado ayer el oporto, pero no estoy muy seguro; en todo caso, llegará sin falta el lunes por la noche o el martes por la mañana.
Los prusianos siguen siendo prusianos. Por haber votado Twesten y Frenzel a favor de la indemnización, se les procesa por sus discursos en la Cámara. Uno no comprende semejante estupidez, pero es precisamente una cuestión de principio. La furia de los burgueses de Frankfurt continúa sin cesar; ahora se hacen los polacos, van de luto y llevan corbatas con los colores de Frankfurt. Un teniente prusiano entró en una taberna de Sachsenhausen donde todo estaba ocupado. En una esquina, alguien se levantó y se fue, y su vecino mostró al teniente la silla vacía; pero él dio las gracias: no le gustaba sentarse en una silla caliente. —¡Oh! —dijo el otro—, no tiene por qué preocuparse: desde que los prusianos están aquí, a todos nosotros se nos hiela el culo.
Sobre la dirección de la guerra del Reich he oído aquí las historias más asombrosas de testigos presenciales. Cosas así no se han visto jamás. Por ejemplo, en Höchst, los nassauenses debían tender un puente sobre el Main. Después de que un primer intento fracasara a causa de una tormenta (¡una tormenta en el Main!), en el segundo intento se encontraron con que tenían muy pocos pontones y solo pudieron tender el puente hasta la mitad del Main. Entonces escribieron a Darmstadt para que les prestaran algunos pontones, que por fin llegaron, y así se terminó el puente sobre el formidable río. Inmediatamente después, los nassauenses recibieron la orden de marchar hacia el sur. Dejaron el puente allí, totalmente desguarnecido, y lo encomendaron al cuidado de un viejo barquero, que debía procurar que no se lo llevara la corriente del Main. A los pocos días llegaron los prusianos, tomaron posesión del puente ya construido, lo fortificaron y ¡pasaron por él!
Tu F. E.