8 de Nov. de 1866. Querido Engels, mi silencio te habrá extrañado. Creí que se te habría notificado la recepción de las 5 £, pues Laura se había encargado de ello, pero, como luego resultó, se olvidó de hacerlo. Por lo demás, fueron circunstancias desesperadas las que me impidieron escribir. Sabes que las 10 £ que me enviaste antes de tu partida eran sólo para el pago de impuestos; las 50 £ posteriores, para el alquiler de la casa. Así, pues, me encuentro sin blanca desde hace meses. La supuesta herencia resultó estar repartida entre por lo menos 20 personas, y a mí me correspondió por mi parte a comienzos del verano —¡80 táleros!—. Todos mis intentos de procurarme dinero en Alemania o en Holanda han fracasado. La casa de empeños (y mi mujer ha empeñado tanto de todo, que ella misma apenas puede salir) sólo se acuerda de nosotros por los intereses que reclama. Me he visto, por tanto, como en los peores tiempos de la emigración, obligado a pedir prestadas pequeñas sumas aquí y allá en Londres —y ello en un círculo reducido y a su vez sin recursos— tan sólo para hacer los gastos en metálico más indispensables. Por otra parte, los proveedores de la casa se muestran amenazantes, y una parte ha retirado el crédito y amenazado con los tribunales. Estas circunstancias son tanto más funestas cuanto que Lafargue (hasta hace unos días, antes de su partida a Burdeos) estaba continuamente en casa y había que ocultarle angustiosamente el verdadero estado de las cosas. Todo esto no sólo me ha interrumpido mucho en el trabajo, sino que, por querer recuperar de noche el tiempo perdido de día, me ha salido de nuevo un hermoso carbunclo no lejos del pene. Ya sé que tú has hecho cuanto estaba en tus fuerzas, y más. Pero hay que encontrar algún remedio. ¿No es posible obtener un préstamo o realizar alguna transacción por el estilo? Salut, tu K. M.