27 de agosto de 1866. Querido Fred: Muchas gracias por las £ 10. Llegaron justo a tiempo. A Stumpf no le escribí, precisamente porque él quería «consignas de conducta», y mi opinión era que lo mejor que podía hacer era no «comportarse» en absoluto, hasta que los acontecimientos estuvieran decididos. Consideré que era esta una opinión que más valía no darle por escrito. Ahora Maguncia, según sé, sigue cercada, así que probablemente también esté interrumpida la comunicación postal. ¿Has escrito tú a St[umpf]?

La comedia de Fráncfort ofrece alguna compensación por el tufo de los vencedores. ¡«Au wai!» gritaron, ¡25 millones! ¡Y el señor burgomaestre se ahorca! Y los prusianos declaran por su parte oficialmente que Fráncfort tiene que pagar, porque sus periódicos han «ofendido» a Su Maj. Guillermo el Conquistador. Stieber, como su puesto de gobernador en Brünn es solo interino, acabará quizá de burgomaestre de los francfurtenses del Meno, quienes, por lo demás, siempre me resultaron una canalla insoportable. Y Edgar Bauer les será octroyé como censor supremo. En cuanto a la Eschenheimer Gaß, el consejero secreto Duncker... pero ése gobierna en Kassel.

Soy por completo de tu opinión, de que hay que tomar la mierda tal como es. Sin embargo, es agradable estar lejos durante este joven tiempo del primer amor. La arrogancia de los prusianos, la necedad del hermoso Guillermo, que cree que desde el sueño de la victoria nada ha cambiado, salvo que él se ha vuelto grandioso y poderoso, etc., ya surtirán efecto. Los austriacos se encuentran ahora allí donde los pusieron los fanáticos eslavos de Praga en 1848. Pero, de momento, su pérdida de Venecia, su concentración de fuerzas forzada por la necesidad, no es en modo alguno favorable a los rusos. Incluso como imperio panslavista, serán tanto más antagónicos a los moscovitas. Dada la extraordinaria podredumbre de los Habsburgo, es de temer que, poco a poco, se dejen arrastrar por los rusos a un ataque conjunto a Turquía. Para los obreros es naturalmente favorable todo lo que centralice a la burguesía. En todo caso, la paz, aunque se firme mañana, será aún más provisional que la de Villafranca y Zúrich. Tan pronto como las diversas partes hayan llevado a cabo la «reforma del armamento», volverán a la «tunda», como dice Schapper.

De todos modos, también Bonaparte ha sufrido un revés, aunque la formación de reinos militares a diestro y siniestro encaje en el plan plonplonista «de la démocratie générale». Aquí el gobierno ha estado a punto de provocar un motín. El inglés necesita, naturalmente, una educación revolucionaria, para la cual bastarían dos semanas, si Sir Richard Mayne tuviera el mando absoluto. En realidad, la cosa pendía de un punto. Si las verjas —y se estuvo a punto de ello— se hubieran utilizado para el ataque y la defensa contra la policía, y si se hubiera matado a golpes a unas veinte de estas últimas, el ejército habría tenido que «intervenir», y no sólo desfilar. Y entonces la cosa se habría puesto divertida. Lo que es seguro es que estos testarudos John Bulls, cuyos cráneos parecen fabricados ex profeso para las porras de los constables, no conseguirán nada sin un encuentro realmente sangriento con las clases dominantes.

La escena lacrimógena entre el viejo asno de Beales y el no menos asno viejo de Walpole, y entre medias el entrometido, de vocecita aflautada y dándose importancia Holyoake, que por «amor a la verdad» siempre encuentra el camino hacia el Times, ... nada más que paz y vida disoluta. Mientras esta canalla se hace cumplidos y se agita el rabo, refunfuña el perro Knox, magistrado de policía de Marylebone, de una manera sumaria que muestra lo que ocurriría si Londres fuera Jamaica.

Disraeli se ha puesto en gran ridículo, primero con su elegíaca declaración en los Comunes de que «no sabía si aún tenía una casa», y después con la fuerte ocupación militar de susodicha casa, aunque, en tercer lugar, la chusma (previamente instruida por la gente de la Reform League) dejó intencionadamente intacta la casa del señor «Vivian Grey». Ni un pelo le arrancaron a esa casa. En cambio, los cristales de las ventanas de Elcho tuvieron que pagarlo tanto más.

Yo había dejado caer ante Crämer y otros managers la indirecta de si no sería oportuno hacer una visita al periódico Times. Como la indirecta no fue «comprendida» de inmediato, o no quiso serlo, no volví sobre el asunto.

El cólera nos ha hecho su visita (me refiero a los londinenses) con toda seriedad, y el informe del Dr. Hunter, aparecido la semana pasada en el VIII Informe de la Junta de Sanidad, sobre el «Housing of the Poor», le servirá probablemente a Madame Cólera de guía de direcciones sobre dónde hacer sus visitas preferentes.

Mis mejores recuerdos a la señora Lizzy.

Tuyo,
KM