Querido Mohr:

He escrito por lo de tu Historia a Gumpert, que está en Gales; como no sé su dirección, la carta tiene que ir primero aquí a su casa, de modo que habrá alguna demora. Tan pronto como tenga respuesta te escribiré, pero entretanto yo, dejando de lado todo lo demás, tomaría inmediatamente arsénico para que se detenga ese maldito carbunclo. Por lo que más quieras, pon fin a esa porquería.

Los planecitos de Bonaparte y su intervención son en parte, sin duda, consecuencia de un acuerdo previo con Bismarck, pero también, con seguridad –la nueva Confederación del Rin, etc.–, amenazas dirigidas a este. Pero que ese tipo pueda ser tan estúpido como para publicar ese plan, eso escapa a mi comprensión: como con Schapper… de puro estúpido, etc. ¡Eso lleva a toda Alemania del Sur a arrojarse en brazos de los prusianos, y aquí ha puesto locos incluso a los viejos filisteos de la bolsa! Un viejo francfortiano me dijo: eso vale para los prusianos más que 100.000 hombres de refuerzo. Ya ves, los estúpidos alemanes del sur se dejan destrozar uno a uno sin tomarse siquiera la molestia de unirse. ¡Pronto volverá a decirse que estamos traicionados, que quieren llevarnos al matadero!, como en el 49. Lástima de muchachos, son buenos soldados.

Ahora se comprende por primera vez cómo los franceses pudieron obtener tales éxitos contra el “Reich” y, en cambio, no se comprende cómo el Reich pudo resistir tanto tiempo frente a una monarquía centralizada como Francia.

La historia de la industria de las matanzas trataré de hacértela. Muchos saludos.

Tuyo,

F. E.