en Londres

Manchester, 11 de junio de 1866

Querido Mohr,

La caja de Burdeos sale esta noche para ti. Es muy buen vino de Borkheim. Te lo habría enviado antes, pero los muchachos de aquí lo han ido postergando en parte por exceso de trabajo. Hace tiempo que tienen en su poder la dirección que yo mismo escribí en mano. Espero que el vino y el movimiento regular te hagan bien. ¿Qué te parecería venir aquí unos ocho días, digamos a fines de este mes, y luego, con el dinero, volver a casa en los primeros días de julio? Así podrías consultar a Gumpert a fondo.

Nosotros aquí hemos esquivado, por ahora y sin daño, la oleada de quiebras bancarias. D[ronke] me ha dicho que él mismo tiene algo metido en lo de Barnett, pero que le afecta más por la necesidad de cambiar de banquero, pues allí tenía un crédito de £ 3000; sin embargo, también era accionista y pierde en ello. Eichhoff también ha tenido el honor de que su banquero quebrara y él se ha visto en aprietos con £ 16. No le da mayor importancia; si no puede pagar un vencimiento, pues sencillamente lo deja estar.

El señor G. Kinkel ya lleva años poniendo en circulación, cada año, el rumor de su llamada a Zúrich. ¿Acabarán los zuriqueses por creérselo de una vez?

En Alemania, el cariz es cada día más revolucionario. En Berlín y en Barmen, los obreros que han quedado sin trabajo recorren las calles en grupos amenazantes. G. Ermen, que regresó el viernes, me contó que en el puente del Rin en Coblenza se enzarzó en una conversación sobre la guerra con un teniente prusiano cualquiera; el hombre se mostraba muy dubitativo sobre el desenlace del asunto, reconocía que tanto los hombres como la dirección de los austríacos eran mejores que los prusianos, y a la pregunta de G. E[rmen] sobre qué pasaría si los prusianos recibían una paliza, respondió: «Entonces tendremos revolución». Otro filisteo me contó haber oído de buena fuente en Colonia que la Landwehr iba a ser distribuida por compañías entre las tropas de línea y que los regimientos de la Landwehr serían rellenados de nuevo con tropa de línea; se decía que la orden ya había salido. En cualquier caso, el ejército debe de encontrarse en un estado tal que solo permite esperar un éxito si los austríacos cruzan primero la frontera, y eso es lo que, al parecer, esta vez no quieren hacer de ningún modo. Mas precisamente por eso, los prusianos tampoco quieren romper las hostilidades. De manera que la situación puede prolongarse todavía una semana más, hasta que la tensión sea tal que se rompa.

La ironía histórica que se despliega en torno a Bismarck es magnífica. En el mismo momento en que suelta frases liberales, tiene que cometer actos absolutistas. De un solo golpe proclamará la constitución imperial alemana y suspenderá la constitución prusiana (las ordenanzas ya están listas). ¡Buena idea, la de hacerse el Bonaparte frente a los burgueses teniendo a los junkers a sus espaldas en lugar de a los campesinos!

En esta guerra, la Landwehr será para los prusianos tan peligrosa como en 1806 los polacos, que también constituían más de la mitad del ejército y desorganizaron todo el tinglado antes incluso de la batalla. Solo que la Landwehr, en vez de desertar, se rebelará después de la derrota.

Toda la orilla izquierda del Rin está desguarnecida de tropas; en Luxemburgo solo hay dos regimientos de la Landwehr, y al parecer la fortaleza ya está siendo evacuada en secreto; en Saarlouis solo hay un batallón de la Landwehr que aún no está completo. Se dice que Von der Heydt está a punto de cerrar, por mediación de Oppenheim, el negocio de las minas de carbón de Saarbrücker y del ferrocarril estatal, para conseguir dinero, y que también el ferrocarril estatal de Westfalia va a ser vendido al de Bergisch-Märkisch. Los billetes de la caja de préstamos han sido adelantados por el Banco Prusiano al Estado sobre sus acciones del ferrocarril Colonia-Minden; la cosa, por lo demás, no tenía otro objeto. En todo esto, los banqueros berlineses andan todos confabulados con el gobierno.

Creo que en catorce días la cosa estalla en Prusia. Si esta ocasión se pasa sin ser aprovechada y si la gente se lo aguanta todo, entonces podremos liar tranquilamente nuestros bártulos revolucionarios y entregarnos a la teoría superior.

Stieber es el jefe de la policía de campaña, organiza el «complot Blind» y, con ese fin, ha vuelto a enviar a Londres a nuestro amigo Greif. ¿No habrá manera de hacerle dar una paliza?

Mis mejores saludos.

Tuyo,
F.E.

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1 dispersarse