Mornington St., 25 de junio de 1866. Querido Mohr:  
El pánico ha llegado en todo caso demasiado pronto y puede echarnos a perder una buena y sólida crisis que, de otro modo, habría llegado en el 67 o el 68. Si no hubiera coincidido al mismo tiempo la fuerte caída del algodón, aquí apenas nos habría rozado. Este derrumbe de las estafas de sociedades de responsabilidad limitada y de financiación se veía venir desde hace mucho y casi no afectó a nuestro comercio. Pero las pérdidas colosales en algodón que se han producido simultáneamente amenazan con hacer que la cosa se ponga seria aquí; son tantas las casas de aquí y de Liverpool que están implicadas a través de sus sucursales en Bombay, etc., y como esto ocurre al mismo tiempo que el pánico monetario y el 10% de descuento, la situación puede ponerse muy grave para quienes poseen mucho algodón. Aquí, en todo caso, el asunto está lejos de haber terminado.

Si los austriacos son lo bastante sensatos para no atacar, seguro que estalla el baile en el ejército prusiano. Nunca han estado esos tipos tan rebeldes como ahora con esta movilización. Por desgracia, sólo se llega a saber una parte insignificante de lo que ocurre, pero ya es bastante para demostrar que con este ejército una guerra ofensiva es imposible. Cuando esos muchachos estén concentrados en masa y empiecen a contarse y a descubrir que ¾ del ejército piensan lo mismo, y luego tengan que permanecer inactivos bajo las armas durante 3 o 4 semanas durante el congreso, eso no podrá menos de desembocar en una crisis, y una buena mañana se negarán a obedecer. Ya se encontrará un pretexto; y en un ejército así, cuando un batallón empieza, eso prende como un reguero de pólvora. Pero aunque se evitara un estallido abierto, es seguro que este ejército, con esa moral y mandado por el viejo Guillermo, con el príncipe Federico Carlos y el príncipe heredero como comandantes de ala bajo sus órdenes, sería derrotado sin remedio inmediatamente por los furiosos austriacos al mando de Benedek, que ha rechazado a todos los archiduques y toda injerencia en la designación de su estado mayor y tiene a sus órdenes de 300.000 a 360.000 hombres. Eso lo sabe también el viejo burro, y estoy convencido de que se retirará si puede, precisamente por ese estado de ánimo de los ejércitos. Lo que dije en mi folleto del año pasado sobre el carácter del ejército prusiano movilizado se ha confirmado plenamente.

Es deliciosa la perplejidad de los del Nationalverein desde que Bismarck les ha plagiado su programa; esos tipos tienen que salir ahora contra sus propias frases de la gran Prusia, exactamente igual que la Kreuzzeitung contra sus propias frases feudales. El corresponsal londinense del Manchester Guardian cuenta que Luis Bonaparte se ha asegurado en esta acción capital y de Estado, como precio de su consentimiento: de Italia, Cerdeña; de Prusia, Luxemburgo, Saarlouis y Saarbrücken (sólo se olvida de Landau) — como mínimo.

Ya veré si consigo terminar mañana un artículo sobre Polonia. Francamente, para mí es un sacrificio escribir debajo de la raya del asno de Miall, viendo a cada paso cómo se hace constar expresamente que la redacción no es responsable de la correspondencia que va debajo de la raya, pero sí de las sandeces que van encima. Si desde el principio hubiera sabido de qué manera se trata lo nuestro en un periódico que se supone que es el nuestro propio —al menos el del partido obrero—, y que allí apenas se nos tolera y encima se espera que estemos agradecidos, por así decirlo, no habría escrito ni una línea. Pero tú estabas enfermo entonces y yo no quería hacer nada que pudiera perturbar tu tratamiento. Sin embargo, me ha fastidiado. Pero, en fin, quien dice A tiene que ver cómo dice también B.

Los mejores saludos.  
Tuyo, F. E.