Mánchester, 10 de abril de 1866.

Querido Mohr:

Según parece, los rusos quieren la guerra; el fin parece ser la restauración de Polonia bajo soberanía rusa y, a ser posible, la anexión de Moldavia. La *Kölnische Zeitung*, que naturalmente tiene un miedo cerval a la guerra, ha enviado a Bohemia a su J. von Wickede, su perito militar, para inspeccionar los supuestos preparativos austríacos. El tipo va para allá —el 3 de abril, o sea, catorce días después de la nota de Bismarck— y encuentra por doquier el más profundo pie de paz, salvo que un par de regimientos bohemios han sido trasladados a sus distritos de reclutamiento para poder ponerse más rápidamente en pie de guerra. Ningún licenciado llamado a filas, ninguna plaza fuerte artillada, nada. Así pues, todo el escándalo ha sido provocado deliberadamente por Bismarck. Sigue. Los rusos concentran tropas en la frontera austríaca y en la prusiana de Polonia, y los soldados cuentan con toda franqueza que los apostados en la frontera prusiana ocuparán en breve Posnania, tan pronto las tropas prusianas marchen contra las austríacas. Prescindiendo de que los rusos se aseguran así de inmediato el resto de la Polonia prusiana, también tendrán la misión de sofocar eventuales movimientos revolucionarios en Berlín. Esto sería, con todo, con la mayor probabilidad un cálculo falso, y en todo caso imposibilitaría a los Hohenzollern para el futuro.

Por fin, el artículo de fondo del *Times* de hoy, que es estúpido, mendaz, acartonado, pero que vira decididamente hacia el lado prusiano y presenta a Austria como la parte atacante. Está escrito por orden.

La guerra, según esto, me parece segura, y, por la nueva nota austríaca, que apela a la Confederación, así como por la propuesta del señor Bismarck acerca de un Parlamento alemán —¡vaya una bestia debe de ser este tipo para creer que eso le ayudaría siquiera un átomo!— también inevitable a partir de causas alemanas internas. La nota austríaca parece presuponer esta consciencia de que la cosa va a estallar. De lo contrario, se habrían dejado al menos una puerta de escape abierta para facilitar a los prusianos la retirada mediante la dimisión de Bismarck. Pero tan pronto como apelan a la Confederación, esto se acaba, pues a una mayoría de la Confederación tampoco se sometería otro ministerio prusiano. Bonaparte probablemente se estará quieto, al menos por el momento, pues Bismarck ya le ha ofrecido Sarrebruck, etc., y en caso de necesidad le regala también el Palatinado bávaro. Si ve a los rusos comprometidos en el bando prusiano, no se embarcará en nada arriesgado. Si la cosa llega a estallar realmente, por vez primera en la historia el desarrollo depende de la actitud de Berlín. Si los berlineses entraran en acción en el momento oportuno, la cosa podría salir bien... pero ¿quién puede fiarse de ellos?

En lo que se refiere al Congreso de la Internacional, no acabo de ver cómo pretendéis eludirlo. Tampoco veo claro que un nuevo aplazamiento mejorase mucho la cosa. *Après tout*, cualquier manifestación de este género será siempre, en cierto sentido —al menos frente a nosotros mismos—, un papelón. Pero ¿ante Europa? Creo que eso aún se podría evitar también ahora. Los alemanes, por sus capacidades políglotas, tendrían de todos modos todo el asunto en la mano, y los alemanes son precisamente los nuestros. Que el Congreso tome buenos acuerdos es cosa secundaria, con tal de que se pueda evitar todo escándalo; y tal será ahora probablemente el caso. Resoluciones generales de índole teórica, o referentes al apoyo internacional en caso de huelga, etc., podrán ser tomadas sin peligro. Tú, sin embargo, debes saberlo mejor que yo; desde aquí no puedo juzgarlo tan bien. Con todo, yo en ningún caso iría por eso a París. No estás protegido por nadie, y la policía te echará mano sin reparos —emisario de una sociedad obrera pública, de tendencia abiertamente revolucionaria, tras lo cual fácilmente se puede endilgar otras cosas secretas— *cela suffit*. Todo el asunto no merece la pena el riesgo. Mejor quédate en Margate hasta que la última zona curada esté completamente libre de irritación, y pasea enérgicamente al aire libre. Quién sabe cuándo volverás a necesitar un corpachón fuerte. La atmósfera está muy eléctrica y quizá volvamos a estar pronto en medio de la tormenta; eso probablemente también ayude a superar la dificultad del Congreso. Te procuraré algún dinero en lo antes posible. También procuraré ver a Gumpert y preguntarle acerca de la finalización de la cura de mar, y de cómo has de comportarte luego con el arsénico.

Tuyo,
F. E.