Manchester, 2 de abril de 1866.

Querido Mohr:

Espero que hayas recibido las 10 libras esterlinas que te envié a Margate. He pasado estos días festivos en Gales y por fin hoy encuentro un momento para escribirte.

Orsini estuvo en mi casa; desgraciadamente no pude hacer nada por él; en Nueva York ya no tengo ningún tipo de vinculaciones, y encontrar aquí a alguien que haga con él el negocio del guano y anticipe los fondos para ello está fuera de toda cuestión. Es un tipo muy majo. El artículo sobre Polonia, nº 3, lo haré mañana por la tarde, si nada se interpone. Se lo envío directamente a Eccarius, al cuidado del editor del Commonwealth. Lamentablemente, la corrección es pésima, y ya sería hora de que se pusiera fin a la reimpresión semanal de un editorial del Nonconformist. Es demasiado descarado por parte de Miall presentar la cosa tan abiertamente como un mero apéndice del Nonconformist.

¿Qué dices de Bismarck? Ahora tiene casi toda la pinta de estar empujando hacia la guerra y, con ello, de ofrecer a Luis Bonaparte la más hermosa ocasión de apoderarse sin esfuerzo de un pedazo de la orilla izquierda del Rin y de afianzarse con ello de por vida. Y aunque todo aquel que tenga culpa en esta guerra —si es que llega a estallar— merezca ser colgado, y yo, con idéntica imparcialidad, desearía hacer extensivo este deseo a los austriacos, mi principal anhelo es que los prusianos reciban una paliza espantosa. Entonces hay dos posibilidades: 1) Los austriacos dictan la paz en Berlín en 14 días; con ello se evita la injerencia directa del extranjero, pero al mismo tiempo se hace imposible el actual régimen en Berlín y sobreviene otro movimiento que, desde el arranque mismo, reniega del específico prusianismo; o 2) se produce un vuelco en Berlín antes de que lleguen los austriacos, y entonces el movimiento también cobra impulso. En lo militar, soy de la opinión de que ambos ejércitos se hallan más o menos a la par, y que las batallas resultarán muy sangrientas. Benedek es, en todo caso, mejor general que el príncipe Federico Carlos, y si Francisco José no ayuda a B. o Federico Carlos no cuenta con oficiales de Estado Mayor muy buenos e influyentes, creo que los prusianos se llevarán una buena tunda. Ya las fanfarronadas a raíz de Düppel apuntan a un Jena. Si la primera batalla cae de manera decisiva contra los prusianos, nada se interpone en el camino de los austriacos para avanzar sobre Berlín. Si Prusia vence, no tiene la fuerza sostenida para emprender una ofensiva más allá del Danubio hacia Viena, y mucho menos más allá de Pest. Austria puede, por sí sola, obligar a Prusia a la paz, pero Prusia no puede obligar a Austria. Todo éxito prusiano sería, pues, un aliciente para que Bonaparte se entrometiese. Por lo demás, ambos cerdos alemanes ya estarán ahora esforzándose por superarse mutuamente en ofertas de territorio alemán al tercer cerdo francés.

Tuyo,

F. E.