Querido Mohr:

Precisamente me disponía a escribirte una carta de felicitación por tu escrupulosa conciencia en el no trabajar, deducida de tu silencio, cuando llegó tu carta.

Me tranquilizó no poco, pues empezaba a sospechar que posiblemente un nuevo carbunco en lugar del antiguo pudiera ser la causa de tan obstinado silencio.

No dejes de ponerte bien en movimiento y sigue visitando per pedes al arzobispo de Canterbury; eso acabará por extirparlo.

Lo principal en este asunto, como en los demás, es soportar el aburrimiento de la ciudad costera, de la costa marina, el tiempo suficiente; a ser posible, deberías quedarte allí todo abril para que ese mal se cure de raíz.

En esto llega el viejo Hill & me interrumpe. Así que tengo que dejarlo por hoy.

Adjunto las £ 10.– E/T 96 963. Manchester, 20 de enero de 1865.

Tuyo,
F. Engels