24 de marzo de 1866. 5, Lansell’s Place, Margate.

Querido Fred:

Por el retraso con que esta carta llega a tus manos puedes ver cuán «profesionalmente» empleo aquí mi tiempo. No leo nada, no escribo nada. Ya con el triple envenenamiento de las comidas diarias y los paseos a lo largo del mar y por las colinas vecinas hay que arreglar los tiempos de modo que uno «no encuentra tiempo» para otras cosas. Y por la noche se está demasiado cansado para hacer otra cosa que dormir. En general, el tiempo es algo crudo y sobre todo sopla a menudo un viento del este algo cortante, pero a eso también se acostumbra uno pronto. Hasta qué punto me he repuesto puedes verlo en que el domingo pasado marché per pedes a Canterbury (a 17 millas de aquí) en menos de 4 horas.

En cuanto al trato social, aquí no existe, naturalmente. Puedo cantar con el molinero del Dee: «I care for nobody and nobody cares for me».

Anteayer por la noche tuve que ir a Londres para asistir a una «velada» en casa de mis hijas. Mi tío les había enviado por Navidad 5 libras, que, sin embargo, les fueron «sustraídas» para general purposes y que no recuperaron hasta que llegó tu dinero. Con ese dinero organizaron su «party» anual y me bombardearon de tal modo con cartas que «me hice» para Londres, como solía decir el señor Nothjung. Pero ya a la mañana siguiente (es decir, ayer) regresé aquí a mi ermita.

Antes de partir para acá (lo que sucedió el miércoles 14 de marzo), tuve que asistir, aunque todavía en un estado muy lamentable, a las sesiones nocturnas del 12 y del 13, primero a la de los accionistas del Commonwealth, y, segundo, a la del Consejo Central, el día 13. En la primera ocasión, el señor Cremer lo había arreglado todo para poner a Eccarius de patitas en la calle, lo que sin mi comparecencia probablemente habría ocurrido. Así pues, la sesión solo tuvo por resultado que el señor Cremer se retirara «voluntariamente» de la redacción. Cómo ha seguido el asunto, no lo sé, pues todo quedó «provisionalmente» settled por una semana y la junta general de accionistas fue aplazada hasta el 19 de marzo. Pero también aquí se dirá seguramente: Beati possidentes, y de momento Eccarius era, a consecuencia de aquella sesión, el possidens.

La intriga en el Consejo Central estaba estrechamente ligada a las rivalries y jealousies con respecto al periódico (el señor Howell deseaba convertirse en editor in chief, y el señor Cremer idem). El señor Le Lubez había aprovechado esto para sembrar cizaña contra la German influence, y en la sesión del 6 de marzo tuvo lugar una escena bonitamente y en silencio preparada. Apareció, en efecto, de repente el mayor Wolf y pronunció un solemne discurso en su nombre y en el de Mazzini y de la Italian Branch society contra la respuesta al ataque de Vésinier que Jung, en nombre del Consejo Central, había enviado al «Echo de Verviers». Atacó a Jung y (implícitamente) a mí con mucha violencia. El viejo mazzinismo de Odgers, Howell, Cremer, etc., se desahogó. Le Lubez atizó el fuego y, at all events, se aprobó una resolución que entrañaba una amende honorable para Mazzini, Wolf, etc. Ya ves que la cosa era seria. (De los foreigners solo unos pocos estaban presentes y ninguno votó.) Sería una jugada bastante hábil de Mazzini, después de haberme dejado llevar la sociedad tan lejos, apoderarse luego de ella. Al siguiente día, exigió de los ingleses ser reconocido como chef de la democracia continental, ¡cómo si los señores ingleses tuvieran que nombrarnos chefs!

El sábado (10 de marzo) se reunieron en mi casa los secretarios para el exterior de la Sociedad con objeto de celebrar un consejo de guerra (Dupont, Jung, Longuet, Lafargue, Bobzinscki). Se acordó que yo compareciera en todo caso el martes (13) ante el Consejo y protestara contra los procedimientos en nombre de todos los secretarios para el exterior. Los procedimientos eran, en efecto, irregulares, porque Wolf ha dejado de ser miembro del Consejo y, por tanto, en su presencia no debía aprobarse resolución alguna sobre un asunto en el que se hallaba personalmente implicado. Debía además exponer las relaciones de Mazzini, por una parte con nuestra Sociedad, por otra con los partidos obreros continentales en el continente, etc. Por último, los franceses debían llevar a César Orsini, y él (por cierto, amigo personal (?) de Mazzini) dar testimonio sobre Mazzini, Wolf y el estado del «socialismo» en Italia.

La cosa salió más allá de lo que cabía esperar; solo que, por desgracia (a causa de la puñetera Reform League), el elemento inglés no estuvo fuertemente representado. A Le Lubez le lavé la cabeza. En cualquier caso, a los ingleses (en realidad se trata aquí también solo de una minoría) les ha quedado claro que todo el elemento continental está ligado conmigo como un solo hombre, y que no se trata en modo alguno, como el señor Le Lubez había insinuado, de influencia «alemana». Le Lubez había tratado de hacerles creer que yo, como leader del elemento inglés del Consejo, mantenía a raya a los demás elementos continentales; los señores ingleses se han convencido ahora, al contrario, de que los tengo completamente en la mano a través del elemento continental, tan pronto como dan saltos de asno.

Más sobre esto la próxima vez.

Antes de venir aquí, he pagado en casa, naturalmente, las deudas más clamorosas, pues de lo contrario no habría tenido una hora de sosiego. Si a fin de este mes puedes enviarme todavía una pequeñez, me será grata. Entretanto, la procuración del Cabo llegará por fin y así, aunque nada considerable, entrará siempre algo en caja.

Mis recuerdos a Mrs. Lizzy.

Tuyo

K. M.