Querido Mohr: Gracias por Klein Zaches, etc., que tomo como prueba de que has recibido las 10 libras esterlinas. Vengo justamente de casa de Gumpert, con quien, a causa de mi gripe y de no haberle encontrado repetidas veces, no he podido reunirme hasta esta noche. Él opina que has de empezar en el acto con el arsénico. Que no puede en ningún caso perjudicarte, sino sólo aprovecharte. Que lo de Allen de que no te conviene es un absoluto desatino. Tiene asimismo por un disparate la terapia de las cataplasmas; que no hace sino fomentar la inflamación cutánea que precisamente hay que reprimir, en tanto que no promueve la supuración. Que las compresas de hielo serían mucho mejores, pero que mientras estés en manos de Allen, éstas, naturalmente, sólo podrán aplicarse si él las prescribe. Pero ante todo, aires de mar, para que recuperes las fuerzas. Un punto en la costa sur sería desde luego preferible, ya que en esta estación hace allí mejor tiempo que aquí arriba; pero si prefieres estar cerca de Gumpert, hay de sobra lugares aquí en la costa, a una hora de camino de Manchester. Ya ves que he logrado darle la vuelta a G. hasta el punto de que ahora insiste en que tomes en seguida el arsénico, incluso mientras Allen te sigue tratando por fuera, cuando antes nada quería saber de ello, por miramientos de etiqueta. Pero ahora hazme el favor de tomar el arsénico, y ven para acá en cuanto tu estado de algún modo lo permita, para que al fin y al cabo mejores de una vez. Con estas vacilaciones y tardanzas eternas no haces sino arruinarte; nadie puede aguantar a la larga esta historia crónica de carbuncos, aparte de que al fin puede presentarse uno que adopte tal forma que gracias a él te vayas al diablo. ¿Y entonces dónde quedan tu libro y tu familia? Sabes que estoy dispuesto a hacer lo posible, y en un caso extremo así, incluso más de lo que me sería lícito arriesgar en otras circunstancias. Pero sé también razonable y hazme a mí y a tu familia el único favor de dejarte curar. ¿Qué será de todo el movimiento si algo te sucediera, y procediendo como procedes, tiene que acabar sucediendo? En verdad, no tengo sosiego ni de día ni de noche hasta que te haya sacado de esta historia, y cada día que no sé nada de ti me intranquilizo y pienso que has vuelto a empeorar. Nota bene. No debes consentir que vuelva a ocurrir que un carbunco que debería haber sido sajado, no lo sea. Eso es sumamente peligroso. Muchos saludos a las ladies. Tu F. E.