10 de febrero de 1866.

Querido Fritz,

Esta vez me jugué el pellejo. Mi familia no sabía cuán serio era el caso. Si esa porquería se repite tres o cuatro veces más en la misma forma, soy hombre muerto.

He enflaquecido maravillosamente y aún estoy condenadamente débil, no de la cabeza, sino de los riñones y las piernas. Los médicos tienen toda la razón en que el trabajo nocturno excesivo es la causa principal de esta recaída. Pero no puedo comunicar a los señores las causas —lo que además sería completamente inútil— que me obligan a esta extravagancia. En este momento aún tengo toda clase de pequeños retoños en el cuerpo, dolorosos, pero en modo alguno ya peligrosos. Lo más repugnante fue la interrupción de mi trabajo, que desde el 1 de enero, cuando desapareció mi afección hepática, avanzaba estupendamente. De «estar sentado» no podía hablarse, naturalmente. Aún ahora me incomoda. Pero, acostado, seguí bregando, aunque sólo durante cortos intervalos del día. Con la parte propiamente teórica no pude avanzar. Para ello el cerebro estaba demasiado débil. Por eso he extendido históricamente la sección sobre la «jornada de trabajo», cosa que iba más allá de mi plan originario. Lo que he «intercalado» ahora constituye el complemento (de manera esquemática) de tu libro hasta 1865 (cosa que digo también en nota) y la plena justificación de la diferencia entre tu apreciación del futuro y su realidad. Por tanto, tan pronto como aparezca mi libro, la segunda edición del tuyo será necesaria y al mismo tiempo fácil. Lo teóricamente necesario lo doy yo. En lo que atañe al ulterior suplemento histórico que has de dar como apéndice de tu libro, todo el material es pura bazofia e inaplicable científicamente, excepto los Factory Reports, los Children’s Employment Commission Reports y los Board of Health Reports. El dominio de este material lo liquidas cómodamente en 3 meses con tu fuerza de trabajo no carbunculosa pero carbunculada. En lo que respecta a los rusos, no tengo material. Tan pronto como mi estado lo permita, iré por eso al Museo y me informaré entre los polacos.

Ha habido una gran crisis en el Workman’s Advocate, que mañana aparece como Commonwealth, una transformación impuesta por el elemento burgués y debida a mi ausencia del Consejo. No obstante, hasta el punto de que, desde el lecho de enfermo, mediante amenazas por escrito, he desbaratado la intriga de modo que Eccarius fuese nombrado redactor en lugar de un señor del Nonconformist, y se nombró un comité editorial de supervisión que se reúne semanalmente. Está compuesto por mí, Fox, Howell, Weston y Miall (el editor publicista del Nonconformist y ahora editor nuestro), 4 ateos contra un solo «protestante». Tu artículo es ahora urgentemente necesario para el pobre Eccarius (pues las intrigas son numerosísimas y yo no puedo apoyarlo; mi tiempo de escribir pertenece por entero a mi obra). Tu vino ahora obra maravillas en mí. Durante la floración de la enfermedad tuve que comprar mal oporto, ya que, en definitiva, este vino es el único adecuado para el estado agudo carbunculoso. A propósito. John Watts, según veo en uno de los últimos Factory Reports, ha publicado un panfleto On Machinery. Ruégale en mi nombre que me envíe ese trasto.

A Wilhelm le escribiré unas líneas tonantes acerca de su debilidad corporal. Lo que nosotros queremos es justamente el hundimiento del Soc. Democ. y de toda la mierda lassalleana. Lyon (los obreros de allí) han enviado 8 libras al Consejo Internacional.

Salud.
Tu Moro.