en Manchester

[Londres] 5 de enero de 1866

Querido Fred:

A toda prisa.

Muchísimas gracias por las £10.

El pagaré vence el 18 de febrero y asciende a £48. Quería que el casero lo girara solo por los dos vencimientos, pero no también por el tercer trimestre, que no vencería hasta fines de enero. Pero él insistió.

Se ha formado una intriga contra la Asociación Internacional, para la cual necesito tu colaboración. Más tarde te daré detalles. Por ahora solo esto: El señor Le Lubez y Vesinier (este último, consciente de que se está realizando una investigación sobre su pasado; se encuentra de nuevo en Bruselas) han organizado aquí una sección francesa (¡de hecho, una sección de oposición!), en la que también participa Longuet, redactor de la «Rive Gauche», y con la que está vinculada toda la banda proudhoniana de Bruselas. Primero, Vesinier publica en el «Echo de Verviers» un largo panfleto contra nosotros, naturalmente, en forma anónima. Luego, la sección de Londres publica en el mismo periódico, que difunde las calumnias contra nuestra Asociación (entre otras cosas, calumnia también a Tolain y a Fribourg, tildándolos de bonapartistas), un programa, proyecto de futuros estatutos, que ellos, los verdaderos, presentarán al Congreso.

El nervio propiamente dicho de la polémica es la cuestión de Polonia. Estos sujetos se han aferrado todos al moscovitismo proudhoniano-herzeniano. Por eso te enviaré los artículos anteriores de los oráculos en la «Tribune du Peuple» contra Polonia, y tú debes redactar un artículo de réplica, ya sea para nuestro periódico ginebrino (el «Deutsche») o para el «Workman’s Advocate». Los señores rusos han encontrado en la parte proudhonizada, la «Jeune France», a los más novísimos aliados.

Tuyo
K. M.

Marx a Engels

en Manchester

[Londres] 15 de enero de 1866

Querido Fred:

Laura había olvidado por completo enviarte los «Tribunes», que desde hace una semana tenía yo preparados. Hoy repara la omisión. Ítem, un ejemplar del «Workman’s Advocate».

Incluyo en esta carta:
1. Escrito de Viena, del librero. (Debes devolvérmelo.)
2. Dr. Kugelmann.
3. ¿Meyer? de Berlín. (No he contestado a este último hasta hoy. La falta de tiempo es considerable.)

Mientras tanto, hemos aplastado la intriga local de Vesinier en Bélgica y de Le Lubez en Londres. El redactor de la «Rive Gauche» y amigo de Rogeard —Longuet—, así como el señor Crespelle —los dos miembros más inteligentes de la sección fundada por él—, han ingresado en nuestro Comité Central. Su sección se ha declarado contra él, a favor nuestro. El Comité Central ha instado a Vesinier a «fundamentar sus acusaciones, o ser excluido». El sujeto nos echa en cara, entre otras cosas, en el «Echo de Verviers»:

«A él» (al comité) «le fue confiado uno de los más grandes intereses de la humanidad, y abandona con alegría de corazón la meta sublime para degenerar en un comité de nacionalidades a remolque del bonapartismo.»

Y, concretamente, esa degeneración tuvo lugar entre nosotros por nuestra declaración a favor de Polonia, contra Rusia.

«Cediendo a influencias funestas» (el burro se figura que el párrafo polaco del programa ha partido de los delegados de París, mientras que