Karl Marx

Declaración  
[sobre las causas de la ruptura  
con el «Social-Demokrat»]

[«Berliner Reform» n.º 67 del 19 de marzo de 1865]

En el epílogo que agrega a la declaración de retirada de los señores Rüstow y Herwegh (n.º 31 del «Social-Demokrat»), el señor v. Schweitzer incorpora un artículo despachado de Londres a la «N. Frankf. Ztg.» como prueba de «cuán inconsecuente e íntimamente inconsistente es el proceder de los señores Marx y Engels». Intenta falsear los hechos. De ahí que a continuación exponga lo realmente sucedido.

El 11 de noviembre de 1864, el señor v. Schweitzer me anunció por escrito la fundación del «Social-Demokrat», órgano de la Asociación General de Trabajadores Alemanes, y en esa ocasión me dijo, entre otras cosas:

«Nos hemos dirigido a unos 6 u 8 miembros probados del partido o, al menos, a hombres cercanos a él para ganarlos como colaboradores, y apenas cabe duda de que esos señores aceptarán. Pero consideramos incomparablemente más importante que usted, el fundador del partido obrero alemán (estas palabras están subrayadas por el propio señor v. Schweitzer) y su primer paladín, nos preste su cooperación. Abrigamos la esperanza de que usted esté dispuesto a asistir a una asociación que, aunque solo sea indirectamente, se remonta a su propia actividad, en la dura lucha que libra tras la gran pérdida que la ha golpeado.»

A esta carta de invitación se adjuntaba un prospecto, «impreso como manuscrito». En lugar de que en este prospecto, como ahora el señor v. Schweitzer miente a la «N. Frankf. Ztg.», «las palabras de Lassalle figuraran como las decisivas» o «el nombre de Lassalle estuviera escrito en la bandera», Lassalle no aparecía aquí ni con palabra ni con nombre. El prospecto contenía solo tres puntos: «Solidaridad de los intereses de los pueblos», «toda la poderosa Alemania, un Estado popular libre», «abolición del dominio del capital». Apelando expresamente a este prospecto, Engels y yo aceptamos colaborar.

El 19 de noviembre de 1864 me escribió el señor v. Schweitzer:

«Si tuviera usted aún algo que observar en lo tocante a la publicación del prospecto, debería hacerlo de inmediato.»

No observé nada. El señor v. Schweitzer preguntó además si «nosotros» (la redacción) «podemos esperar aquí y allá algún artículo suyo y si al mismo tiempo se nos permite anunciarlo a nuestros lectores».

Engels y yo exigimos conocer de antemano la sociedad en la que habríamos de figurar públicamente. El señor v. Schweitzer la enumeró entonces, añadiendo: «Si usted encontrara reparo en alguno u otro de estos señores, esperamos que ello se resuelva con la consideración de que entre los colaboradores de un periódico no existe ninguna solidaridad demasiado estricta.»

El 28 de noviembre escribió el señor v. Schweitzer:

«Su aceptación y la de Engels han causado en el partido, en la medida en que este se ha enterado, la más alegre sensación.»

Los dos primeros números de muestra ya contenían no pocas cosas preocupantes. Protesté. Y, entre otras cosas, expresé mi indignación porque de una carta privada que escribí a la condesa Hatzfeldt al recibir la noticia de la muerte de Lassalle se habían arrancado unas cuantas palabras de consuelo, publicadas con mi firma y vergonzosamente utilizadas para «anunciar y despedir» un servil encomio de Lassalle. Él respondió el 30 de diciembre:

«¡Muy estimado señor! Tenga paciencia con nosotros. La cosa ya irá poco a poco mejor; nuestra posición es muy difícil. Las cosas buenas necesitan tiempo, y por eso espero que usted se tranquilice y lo contemple por un tiempo.»

¡Esto ya el 30 de diciembre de 1864, cuando solo tenía en mis manos los primeros números de muestra!

A principios de enero de 1865, tras la confiscación de uno de los primeros números del «Social-Demokrat», felicité al señor v. Schweitzer por este acontecimiento, añadiendo que debía romper abiertamente con el ministerio.

Al recibir la noticia de la muerte de Proudhon, me pidió un artículo sobre Proudhon. Accedí a su deseo a vuelta de correo, pero aproveché la ocasión para caracterizar en su propio periódico «todo aparente compromiso con el poder existente» como violación «del simple tacto moral» y la coquetería de Proudhon con Luis Bonaparte tras el golpe de Estado como una «bajeza». Al mismo tiempo, Engels le envió la traducción de una antigua canción campesina danesa, para poner con una nota al margen la necesidad de la lucha contra el junkerismo rústico en el corazón de los lectores del «Social-Demokrat».

Sin embargo, durante ese mismo mes de enero tuve que protestar nuevamente contra la «táctica» del señor v. Schweitzer. Me respondió el 4 de febrero:

«En lo que respecta a nuestra táctica, le ruego que considere lo difícil que es nuestra posición. Tenemos ante todo que tratar de fortalecernos, etc.»

A fines de enero, una insinuación de la corresponsalía parisina del «Social-Demokrat» llevó a Engels y a mí a hacer una declaración, en la que se decía, entre otras cosas, que nos alegraba ver confirmada nuestra opinión de que «el proletariado parisino se mantiene irreconciliable frente al bonapartismo en sus dos formas —la de las Tullerías y la del Palais-Royal— y ni por un momento ha pensado en malvender su derecho histórico de primogenitura como paladín de la revolución por un plato de lentejas». La declaración terminaba con las palabras: «Recomendamos a los obreros alemanes este modelo.»

El corresponsal parisino, entretanto, había rectificado en el n.º 21 del «Social-Demokrat» su afirmación anterior, retirando así a nuestra declaración el pretexto inmediato. Aceptamos, pues, la negativa del señor v. Schweitzer a publicarla. Pero al mismo tiempo le escribí: «en otro lugar expondremos detalladamente nuestra opinión sobre la relación de los obreros con el gobierno prusiano». Por último, hice un último intento de mostrarle con un ejemplo práctico, el de la cuestión de las coaliciones, la lamentable índole de su «táctica», si es que la entendía de buena fe. Me contestó el 15 de febrero:

«Si usted, como en su última carta, quiere darme aclaraciones sobre cuestiones teóricas (!), aceptaría con agradecimiento tal enseñanza de su parte. Pero en lo que respecta a las cuestiones prácticas de táctica momentánea, le ruego que considere que, para juzgar estos asuntos, hay que estar en el centro del movimiento.

Por tanto, nos hace usted injusticia si en algún lugar y de algún modo expresa su descontento con nuestra táctica. Solo podría hacerlo si conociera exactamente las circunstancias. No olvide tampoco que la Asociación General de Trabajadores Alemanes es un cuerpo consolidado y, hasta cierto punto, permanece atada a sus tradiciones. Las cosas en concreto arrastran siempre consigo algún lastre.»

A este ultimátum schweitzeriano respondimos con la declaración pública de retirada de Engels y mía.

Londres, 15 de marzo de 1865

Karl Marx