La Asociación Internacional de los Trabajadores, 1865

Mensaje de la Asociación Internacional de los Trabajadores al presidente Johnson

A Andrew Johnson, Presidente de los Estados Unidos

Señor:

El demonio de la «institución peculiar», por cuya supremacía se alzó en armas el Sur, no permitiría que sus adoradores sucumbieran honorablemente en campo abierto. Lo que él había comenzado con traición, forzosamente tenía que consumarlo con infamia. Así como la guerra de Felipe II en pro de la Inquisición engendró a un Gerard, la guerra esclavista de Jefferson Davis engendró a un Booth.

No es nuestro papel pronunciar palabras de dolor y horror, cuando el corazón de dos mundos se estremece de emoción. Incluso los sicofantes que, año tras año y día tras día, persisten en su trabajo de Sísifo de asesinar moralmente a Abraham Lincoln y a la gran República que él encabezaba, se quedan ahora pasmados ante esta explosión universal del sentimiento popular, y rivalizan unos con otros en esparcir flores retóricas sobre su tumba abierta. Han acabado por descubrir que era un hombre a quien ni la adversidad lograba amedrentar, ni el éxito embriagar, que avanzaba inflexible hacia su gran meta, sin jamás comprometerla con una precipitación ciega, madurando lentamente sus pasos, sin volver nunca sobre ellos, sin dejarse arrastrar por oleada alguna del favor popular, sin desalentarse ante ninguna flaqueza del pulso popular, templando los actos severos con los destellos de un corazón bondadoso, iluminando escenas sombrías por la pasión con la sonrisa del humor, realizando su obra titánica con tanta humildad y sencillez como los gobernantes de derecho divino hacen las cosas pequeñas con la grandilocuencia de la pompa y el Estado; en una palabra, uno de esos raros hombres que logran hacerse grandes sin dejar de ser buenos. Tal era, en efecto, la modestia de este hombre grande y bueno, que el mundo solo descubrió que era un héroe después de que hubiera caído como mártir.

Ser señalado junto a semejante jefe, como segunda víctima ofrecida a los dioses infernales de la esclavitud, era un honor que correspondía al señor Seward. ¿Acaso no tuvo, en un momento de vacilación general, la sagacidad de prever y la virilidad de predecir «el conflicto irreprimible»? ¿Acaso no demostró, en las horas más sombrías de ese conflicto, ser fiel al deber romano de no desesperar jamás de la República y de sus estrellas? Esperamos fervientemente que él y su hijo recobren la salud, la actividad pública y los bien merecidos honores en mucho menos de «90 días».

Después de una tremenda guerra civil, pero que, si consideramos sus vastas dimensiones y su amplio alcance, y la comparamos con las guerras de Cien Años, de Treinta Años y de Veintitrés Años del Viejo Mundo, difícilmente puede decirse que haya durado 90 días. A usted, señor, le ha correspondido la tarea de arrancar por la ley lo que ha sido abatido por la espada, de presidir la ardua labor de reconstrucción política y regeneración social. Un profundo sentido de vuestra gran misión os preservará de toda componenda con deberes severos. Nunca olvidaréis que, para iniciar la nueva era de la emancipación del trabajo, el pueblo americano delegó las responsabilidades de la dirección en dos hombres del trabajo: el uno, Abraham Lincoln; el otro, Andrew Johnson.

Firmado, en nombre de la Asociación Internacional de los Trabajadores, Londres, 13 de mayo de 1865, por el Consejo Central--

Charles Kaub, Edward Coulson, F. Lessner, Carl Pfander, N. P. Hansen, Karl Schapper, William Dell, George Lochner, George Eccarius, John Osborne, P. Petersen, A. Janks, H. Klimosch, John Weston, H. Bolleter, B. Lucraft, J. Buckley, Peter Fox, N. Salvatella, George Howell, Bordage, A. Valltier, Robert Shaw, J. H. Longmaid, W. Morgan, G. W. Wheeler, J. D. Nieass, W. C. Worley, D. Stainsby, F. de Lassassie, J. Carter, Emile Holtorp, secretario para Polonia; Carl Marx, secretario para Alemania; H. Jung, secretario para Suiza; E. Dupont, secretario para Francia; J. Whitlock, secretario de finanzas; G. Odger, presidente; W. R. Cremer, secretario general honorario.