Carlos Marx A ABRAHAM LINCOLN, PRESIDENTE DE LOS ESTADOS UNIDOS DE AMERICA La guerra.—10 Der Social-Demokrat, 30 de diciembre de 1864 Señor: Cumplimentamos al pueblo americano con ocasión de vuestra reelección, por una fuerte mayoría.!

Si la moderada consigna de vuestra primera elección ha sido la resistencia al poder de los esclavistas, el grito de guerra triunfal de vuestra reelección es: ¡muerte a la esclavitud!

Desde el principio de la lucha titánica que lleva América, los obreros de Europa sienten instintivamente que la suerte de su clase depende de la bandera estrellada. La lucha por los territorios que inaugura la terrible epopeya, ¿no debía decidir si la tierra virgen de zonas inmensas debía ser fecundada por el trabajo del emigrante, o manchada por el látigo del guardián de esclavos?

Cuando la oligarquía de los trescientos mil esclavistas osa, por primera vez en los anales del mundo, inscribir la palabra esclavitud en la bandera de la rebelión armada; cuando en el lugar mismo en que, un siglo antes, la idea de una gran república de- ' mocrática nació al mismo tiempo que la primera 1 Sería evidentemente abusivo extender este elogio de Marx a todos los presidentes de los Estados Unidos. Marx | trata, en efecto, de felicitar a Lincoln por su acción antiesclavista, que permite pasar de la primera parte de la guerra civil (plan constitucional de la salvaguarda de la Unión) al plan revolucionario para la abolición de la esclavitud de los negros. nd declaración de los derechos humanos? que juntos dieron el primer impulso a la revolución europea del siglo xviii —cuando en este lugar la contrarrevolución se gloria, con una violencia sistemática, de invertir las “ideas dominantes de la época de la formación de la vieja Constitución” y presenta “la esclavitud como una institución benéfica, hasta como la única solución al gran problema de las relaciones entre trabajo y capital”, proclamando cínicamente que el derecho de propiedad sobre el hombre representa la piedra angular del nuevo edificio— entonces las clases obreras de Europa comprendieron en seguida, antes incluso de que la adhesión fanática de las clases superiores a la causa de los | confederados no las haya prevenido, que la rebelión de los esclavistas sonaba la alarma para una 148 LA GUERRA CIVIL EN LOs ESTADOS UNIDOS ip cruzada general de la propiedad contra el trabajo y | que, para los hombres de trabajo, el combate de a gigante librado al otro lado del Atlántico no ponía z solamente en juego sus esperanzas en el futuro, sino : | ?

| _ 2 El 4 de julio de 1776, los delegados de las 13 colonias 1 3 ingleñas. de Norte ¡América, que estaban en guerra contra , E Laso, Eesclamaron su independencia en el Congreso de ; rearon una república independiente con el nombre de Estados Unidos de América. La declaración de inde- 3 pendeneia, fundamentalmente obra de Jefferson —pro- 7 pietario, abogado y hombre político de sentimientos $ democráticos— constituye la primera declaración formal de El los derechos del hombre y condensa las aspiraciones que la burguesía ascendente fue ideológicamente elaborando desde el Renacimiento hasta la Ilustración. Pero si la proclamación de estos derechos del hombre y del ciudadano representa un gran paso adelante en la historia liberadora de la humanidad —con respecto al régimen anterior a la revolución burguesa— no es, con todo, una conquista definitiva y general, ni incluso una verdadera liberación. Se ve esto con el simple hecho de que esta proclamación dejaba subsistir la esclavitud de una parte considerable de la población de los Estados Unidos. Marx ha hecho la crítica de este hecho en La Cuestión Judía, en 1844, desde el punto de vista de la total emancipación de la revolución socialista.