Friedrich Engels

The Manchester Guardian.
N.° 6194, 25 de junio de 1866

N.° II

La gente empieza a impacientarse ante la aparente inactividad de los dos grandes ejércitos en la frontera de Bohemia. Pero hay razones de sobra para esta dilación. Tanto los austríacos como los prusianos son perfectamente conscientes de la importancia del inminente choque, que puede decidir el resultado de toda la campaña. Ambos se apresuran a llevar al frente a todos los hombres de que pueden echar mano; los austríacos, de sus nuevas formaciones (los cuartos y quintos batallones de los regimientos de infantería); los prusianos, de la Landwehr, que en un principio estaba destinada únicamente al servicio de guarnición.

Al mismo tiempo, parece que por ambas partes se intenta superar en maniobras al ejército contrario y emprender la campaña bajo las condiciones estratégicas más favorables. Para comprenderlo, tendremos que mirar el mapa y examinar el terreno en que estos ejércitos se hallan situados.

Dando por sentado que Berlín y Viena son los puntos normales de retirada de los dos ejércitos, y que, por consiguiente, los austríacos apuntarán a la conquista de Berlín y los prusianos a la de Viena, hay tres rutas por las que podrían operar. Un gran ejército necesita una cierta extensión de territorio de cuyos recursos ha de vivir durante la marcha, y se ve obligado, para moverse con rapidez, a marchar en varias columnas por otras tantas carreteras paralelas; su frente se extenderá, por tanto, en una línea que puede variar entre, digamos, sesenta y dieciséis millas, según la proximidad del enemigo y la distancia de las carreteras entre sí. Esto habrá de tenerse presente.

La primera ruta sería por la margen izquierda del Elba y del Moldava, vía Leipzig y Praga. Es evidente que en esta ruta cada uno de los beligerantes tendría que cruzar el río dos veces, la segunda frente al enemigo. Suponiendo que uno de los ejércitos intentara, por esta ruta, flanquear al adversario, éste, al disponer de la carretera más corta por ser más recta, podría anticiparse a la fuerza flanqueante en la línea del río y, si lograba rechazarla, marchar directamente sobre la capital enemiga. Por consiguiente, esta ruta, igualmente desventajosa para ambas partes, puede descartarse.

La segunda ruta está en la margen derecha del Elba, entre éste y la cadena montañosa de los Sudetes que separa Silesia de Bohemia y Moravia. Se halla casi sobre la línea recta de Berlín a Viena; el tramo que ahora queda entre los dos ejércitos está señalado por el ferrocarril de Lobau a Pardubitz. Este ferrocarril atraviesa la parte de Bohemia limitada por el Elba al sur y al oeste, y por las montañas al nordeste. Cuenta con abundancia de buenas carreteras, y si los dos ejércitos marcharan directamente el uno contra el otro, aquí se produciría el choque.

La tercera ruta es la de Breslau, y desde allí a través de la cadena de los Sudetes. Esta cadena, de escasa elevación en la frontera morava, donde la cruzan varias buenas carreteras, se eleva con mayor altitud y brusquedad en el Riesengebirge, que forma la frontera de Bohemia. Aquí hay pocas carreteras transversales; de hecho, entre Trautenau y Reichenberg, una distancia de cuarenta millas, toda la porción nororiental de la cordillera no está atravesada por una sola carretera militar. La única carretera que existe allí, la de Hirschberg al valle del Iser, se interrumpe en la frontera austríaca. De ello se sigue que toda esta barrera de cuarenta millas de largo es infranqueable, al menos para un gran ejército con sus innumerables impedimenta, y que un avance sobre o por Breslau ha de cruzar las montañas al sudoeste del Riesengebirge.

Ahora bien, ¿cuáles son las posiciones relativas de los dos ejércitos con respecto a sus comunicaciones, si operan en esta ruta?

Los prusianos, al avanzar directamente hacia el sur desde Breslau, dejan al descubierto sus comunicaciones con Berlín. Los austríacos, si fueran lo bastante fuertes como para contar con la certeza casi absoluta de la victoria, podrían dejarlos avanzar hasta el campamento atrincherado de Olmütz, que los detendría, mientras ellos mismos marchaban sobre Berlín, confiando en restablecer las comunicaciones temporalmente interrumpidas mediante una victoria decisiva; o bien podrían hacer frente a las columnas prusianas una a una a medida que salieran de las montañas y, si tenían éxito, rechazarlas hacia Glogau y Posen, con lo cual Berlín y la mayor parte de los Estados prusianos quedarían a su merced. Así pues, un avance por Breslau sólo sería aconsejable para los prusianos en caso de una gran superioridad numérica.

Los austríacos se hallan en una posición muy diferente. Tienen la ventaja de que el grueso de la monarquía se encuentra al sudeste de Breslau, es decir, en la prolongación directa de una línea trazada de Berlín a Breslau. Habiendo fortificado la orilla norte del Danubio cerca de Viena, para proteger la capital de una sorpresa, pueden, temporalmente e incluso durante largo tiempo, sacrificar su comunicación directa con Viena y obtener sus suministros de hombres y pertrechos de Hungría. Por consiguiente, pueden operar con igual seguridad por la vía de Lobau y por la de Breslau, al norte o al sur de las colinas; tienen una libertad de maniobra mucho mayor que sus adversarios.

Los prusianos, además, tienen motivos adicionales para ser cautos. Desde la frontera septentrional de Bohemia, la distancia a Berlín no es mucho mayor que la mitad de la que hay a Viena; Berlín está mucho más expuesto. Viena está protegida por el Danubio, tras el cual un ejército derrotado puede encontrar amparo; por las fortificaciones erigidas al norte de ese río; y por el campamento atrincherado de Olmütz, que los prusianos no podrían pasar por alto impunemente si el grueso del ejército austríaco, después de una derrota, tomara posiciones allí. Berlín no tiene protección alguna, excepto el ejército en campaña. En estas circunstancias, y en las detalladas en nuestro primer número, el papel destinado a los prusianos parece estar claramente señalado como defensivo.

La misma serie de circunstancias, y una fuerte necesidad política además, casi obligan a Austria a actuar a la ofensiva. Una sola victoria puede asegurarle grandes resultados, mientras que su derrota no quebrantaría su poder de resistencia.

El plan estratégico de la campaña en sus rasgos fundamentales es necesariamente muy sencillo. Sea quien sea el que ataque primero, sólo tiene esta alternativa: o bien un ataque falso al noroeste del Riesengebirge, y el verdadero al sudeste del mismo, o viceversa. La barrera de cuarenta millas es el rasgo decisivo del teatro de guerra, y en torno a ella deben gravitar los ejércitos. Oiremos hablar de combates en ambos extremos de la misma, y muy pocos días después se aclarará la dirección del ataque verdadero, y probablemente la suerte de la primera campaña. Sin embargo, con dos ejércitos tan difíciles de manejar enfrentados, nos inclinamos a pensar que la ruta más directa es la más segura, y que la dificultad y el peligro de mover masas tan grandes de tropas en columnas separadas por distintas carreteras a través de un difícil país montañoso, atraerá casi de forma natural a ambos ejércitos contendientes hacia la ruta Lobau-Pardubitz.

Los movimientos reales que han tenido lugar son los siguientes:—Los prusianos, en la primera semana de junio, concentraron su ejército de Sajonia a lo largo de la frontera sajona, desde Zeitz hasta Görlitz, y su ejército de Silesia desde Hirschberg hasta Neisse. Hacia el 10 de junio se aproximaron entre sí, con el ala derecha sobre el Elba cerca de Torgau, y su izquierda extrema cerca de Waldenburg. Del 12 al 16, el ejército de Silesia, compuesto ahora por los cuerpos 1.º, 5.º y 6.º y los de la Guardia, volvió a extenderse hacia el este, esta vez hasta Ratibor, es decir, hasta el extremo rincón sudoriental de Silesia. Esto parece una finta, en especial el alarde de la Guardia, que se supone que siempre está con el ejército principal. Si es más que una finta, o si no se han tomado medidas para devolver estos cuatro cuerpos hacia Görlitz con el menor aviso y en el menor tiempo posible, entonces esta concentración de más de 120.000 hombres en un rincón apartado es un error palmar; pueden quedar aislados de toda posibilidad de retirada y, desde luego, de toda conexión con el resto del ejército.

De los austríacos sabemos poco más que se hallaban concentrados en torno a Olmütz. El corresponsal del Times en su campamento afirma que su 6.º cuerpo, de 40.000 hombres, llegó el día 19 desde Weisskirchen a Olmütz, indicando un movimiento hacia el oeste. Añade que el 21 el cuartel general iba a ser trasladado a Trubau, en la frontera entre Moravia y Bohemia. Este movimiento apuntaría en la misma dirección, si no pareciera extraordinariamente un bulo enviado a Londres con la intención de que desde allí fuera telegrafiado al cuartel general prusiano para despistarlos. Un general que actúa con tanto secreto como Benedek, y que tiene tales objeciones a los corresponsales de prensa, no es probable que les informe el 19 de dónde estará su cuartel general el 21, a menos que tenga sus razones para ello.

Antes de concluir, se nos permitirá echar un vistazo a las operaciones en el noroeste de Alemania. Los prusianos tenían aquí más tropas de las que se supo al principio. Disponían de 15 batallones en Holstein, 12 en Minden y 18 en Wetzlar. Mediante rápidos movimientos concéntricos, durante los cuales la tropa mostró una capacidad muy inesperada para soportar marchas forzadas, se apoderaron en dos días de todo el país al norte de una línea de Coblenza a Eisenach, y de todas las vías de comunicación entre las provincias orientales y occidentales del reino. Las tropas de Hesse, unos 7.000 hombres, lograron escapar, pero los hannoverianos, de 10.000 a 12.000, vieron cortada su línea de retirada directa hacia Fráncfort, y ya el día 17 el resto del 7.º cuerpo de ejército prusiano, 12 batallones, junto con los dos batallones de Coburgo, llegaron a Eisenach desde el Elba. Así, los hannoverianos parecen cercados por todas partes, y sólo podrían escapar por un milagro de estupidez por parte de los prusianos. Tan pronto como se decida su suerte, se dispondrá de una fuerza de 50 batallones prusianos para hacer frente al ejército federal que el príncipe Alejandro de Darmstadt está formando en Fráncfort, y que constará de unos 23.000 wurtembergueses, 10.000 darmstadtianos, 6.000 nassauenses, 13.000 badenses (que se están movilizando ahora), 7.000 hessianos y 12.000 austríacos, en camino desde Salzburgo; en total unos 65.000 hombres, que posiblemente puedan ser reforzados por entre 10.000 y 20.000 bávaros. Se informa que unos 60.000 hombres de éstos se hallan ya concentrados en Fráncfort, y el príncipe Alejandro se ha aventurado a un movimiento hacia adelante reocupando Giessen el 22. Sin embargo, esto carece de consecuencias. Los prusianos no avanzarán contra él hasta que estén bien concentrados, y entonces, con 70.000 hombres de todas las armas, y su superior armamento, deberían despachar con rapidez a este abigarrado ejército.