La Asociación Internacional de Trabajadores, 1864

Borrador para un discurso de Karl Marx sobre
la actitud histórica de Francia hacia Polonia
(Polémica contra Peter Fox)

El señor Fox ha urdido un cuadro bastante fantasioso de la política exterior del antiguo régimen francés. En su opinión, Francia se alió con Suecia, Polonia y Turquía para proteger a Europa de Rusia. La verdad es que Francia concertó esas alianzas en los siglos XVI y XVII, en una época en que Polonia era todavía un Estado poderoso y en que Rusia, en el sentido moderno de la palabra, aún no existía. Existía entonces un Gran Ducado de Moscovia, pero no existía todavía un Imperio ruso. No fue, por tanto, contra Rusia contra quien Francia concluyó esas alianzas con los turcos, los magiares, los polacos y los suecos. Las concluyó contra Austria y contra el Imperio alemán, como medio de extender el poder, la influencia y las posesiones territoriales de Francia sobre Alemania, Italia, España. No entraré en detalles. Para mi propósito bastará decir que Francia se sirvió de esas alianzas a mediados del siglo XVII para provocar el tratado de Westfalia, por el cual Alemania no sólo fue desmembrada (una parte entregada a Francia y la otra a Suecia), sino que cada pequeño príncipe y barón alemán obtuvo por el tratado el derecho de vender su país, y Francia obtuvo un protectorado sobre Alemania. Tras el tratado de Westfalia, en la segunda parte del siglo XVII, Luis XIV, el verdadero representante de la vieja política de los Borbones en la época de su pujanza, compró al rey de Inglaterra, Carlos II, para arruinar la república holandesa. El sistema de vandalismo y perfidia que aplicó luego contra Holanda, Bélgica, España, Alemania y el Piamonte —durante unos cuarenta años— no puede caracterizarse mejor que por el solo hecho de que, en un memorándum redactado en 1837 por la cancillería rusa para información del actual zar, el sistema de guerra y diplomacia de Luis XIV desde mediados hasta finales del siglo XVII se recomienda como el sistema modelo que Rusia debe seguir.

—La Rusia moderna data únicamente del siglo XVIII, y por consiguiente sólo a partir de entonces pudo la resistencia a Rusia haber entrado en la política de Francia o de cualquier otro Estado europeo.

Paso en seguida a la época de Luis XV, que el señor Fox ha señalado con razón como aquella en que la política exterior francesa fue más favorable a Polonia y más hostil a Rusia.

Ahora bien, bajo el régimen de Luis XV ocurrieron tres grandes acontecimientos —en lo que respecta a Rusia y Polonia—: 1) la llamada Guerra de Sucesión Polaca, 2) la Guerra de los Siete Años, y 3) la primera partición de Polonia. Examinaré la actitud adoptada por el gobierno francés respecto a estos acontecimientos.

1. La llamada Guerra de Sucesión Polaca

Tras la muerte de Augusto II (rey de Polonia y elector de Sajonia) en septiembre de 1733, un partido de la aristocracia polaca quería elegir rey a su hijo [1]. Éste era apoyado por Rusia y Austria, porque había prometido a la zarina [2] no reclamar Curlandia, antiguo feudo de Polonia, y porque había prometido al emperador [3] la garantía de la pragmática sanción. El otro partido, instigado por Francia, eligió a Estanislao Leszczynski, que había sido antes hecho rey de Polonia por Carlos XII de Suecia y que era entonces suegro de Luis XV. En consecuencia, estalló una guerra entre Francia, por un lado, y Rusia y Austria, por el otro. Ésta es la única guerra que Francia ha librado jamás abiertamente en favor de Polonia. Francia combatió en Alemania e Italia, pero en lo que respecta a su protegido polaco, se limitó a enviar 1.500 hombres a Dánzig, entonces ciudad polaca. La guerra duró dos años; ¿cuál fue su desenlace? Un tratado de paz (Paz de Viena, octubre de 1735) por el que el ducado de Lorena, feudo alemán, fue incorporado a Francia, y la dinastía de los Borbones se instaló en Nápoles y Sicilia, la misma dinastía de la que el rey Bomba [4] fue el último representante vivo. En todos los demás respectos, esta “guerra por el trono de Polonia” terminó reconociendo al candidato ruso, Augusto III, como rey de Polonia, pero asegurando al suegro de Luis XV la prerrogativa de ostentar el título de rey y una cuantiosa pensión anual a cargo de Polonia. Esta guerra, instigada y sostenida por Francia con falsos pretextos, terminó en la humillación de Polonia, la extensión del poder ruso y grandes desventajas para Turquía y Suecia, a las que Francia también había colocado en una falsa posición y luego dejado en la estacada. Pero no entraré en estos detalles.

La conducta del gobierno francés no puede excusarse con el pretexto de que el gobierno británico le impidió actuar en la dirección correcta durante esta llamada guerra de sucesión polaca. Al contrario. Cuando el emperador Carlos VI apeló a Inglaterra, ésta se aferró a la alianza anglo-francesa que se mantenía desde 1716 y que era totalmente estéril en buenos resultados. En todo caso, esta vez los buenos propósitos del gobierno francés para con Polonia no fueron desbaratados por Inglaterra.

Antes de abandonar el tema, debo mencionar que la paz entre Turquía y Rusia, lograda por mediación francesa (Villeneuve, embajador francés) en 1739, fue un gran golpe para Polonia. Cito a Rulhière; dice:

«anuló el tratado del Prut, el único escudo que les quedaba a los polacos» («cet unique bouclier qui restait à la Pologne»), y el nuevo tratado, firmado en Belgrado en 1739, declaró en su último artículo «que todas las convenciones anteriores no tendrían ya fuerza alguna». [5]

2. La Guerra de los Siete Años (1756-1763)

Paso ahora a la Guerra de los Siete Años.

El señor Fox os ha dicho que esa guerra fue muy desdichada para Francia, porque la despojó, en beneficio de Inglaterra, de la mayoría de sus colonias. Pero ésta no es la cuestión que nos ocupa. Lo que hemos de investigar es qué papel desempeñó Francia durante esa guerra en relación con Polonia y Rusia.

Debéis saber que de 1740 a 1748, durante la llamada guerra de sucesión austriaca, Francia se había aliado con Federico II de Prusia contra Rusia, Austria e Inglaterra. Durante la Guerra de los Siete Años se alió con Austria y Rusia contra Prusia e Inglaterra, de modo que, en todo caso, durante esta guerra Inglaterra era el enemigo oficial y Francia la aliada declarada de Rusia.

Fue primero en 1756, bajo el abate Bernis, y luego de nuevo en 1758, bajo el duque de Choiseul, cuando Francia concluyó su tratado con Austria (y Rusia) contra Prusia.

Oigamos a Rulhière. (Histoire de l’Anarchie de Pologne etc., París, 1819, 2.ª ed.)

«Cuando el conde de Broglie llegó en 1752 como embajador a Varsovia, Francia no tenía ningún partido en Polonia. Se pensaba en las promesas que Francia ya había incumplido tan a menudo (auxquelles la France avait déjà si souvent manqué). No se había olvidado que tres veces en el transcurso de un siglo Francia había agrupado en torno suyo a poderosas facciones polacas..., pero que, tras formarlas con ardor (ardeur), siempre las había abandonado con ligereza (elle les avait chaque fois abandonnées avec légèreté). Había dejado en la miseria a la mayoría de quienes se habían entregado a la seducción de sus pretendidos proyectos por la salvación de la república» (t. I, p. 213). («Elle avait laissé dans l’infortune la plupart de ceux qui s’étaient livrés à la séduction de ces prétendus projets pour le salut de la république.»)

«El duque de Broglie, tras tres años de actividad, había formado un contra-partido contra los Czartoryski, [6] ganado a la corte polaca, puesto en movimiento a los suecos, los tártaros, los turcos, y abierto una conexión con los cosacos de Ucrania», etc. «Federico II contribuyó a dar vida a esta formidable coalición contra los rusos, de la que esperaba su propia seguridad. El ministro ruso [7] había perdido toda influencia en Varsovia. En una palabra, en los primeros meses de 1756, en el momento en que las hostilidades entre Inglaterra y Francia, iniciadas primero en América, estaban a punto de extenderse a toda Europa, el conde de Broglie tenía en su mano formar en Polonia una confederación que, apoyada por los subsidios de Francia, provista por ella de armas y municiones y protegida por tantas naciones fronterizas, habría arrancado enteramente a Polonia del yugo de Rusia y devuelto a aquella república leyes, gobierno y poder. Pero Francia suspendió toda la ayuda (secours) que había prometido y desbarató todas las medidas de su embajador.» (Rulhière, t. I, p. 225.)

La ligereza con que Francia abusó de su influencia puede verse —de pasada— por la manera en que trató a Suecia. Primero la incitó a una guerra con Prusia contra Rusia (en la guerra de sucesión austriaca), y luego a una guerra con Rusia contra Prusia, siendo Suecia ambas veces víctima de esas intrigas francesas, y ganando Rusia ambas veces en ese flanco.

Bien. ¿Cuáles fueron las consecuencias de la Guerra de los Siete Años, que Francia libró como aliada de Rusia (y Austria) contra Prusia (e Inglaterra)?

Que los recursos materiales de Polonia quedaron agotados, que Rusia fundó su supremacía en Alemania, que Prusia se convirtió en su esclava, que Catalina II se convirtió en la soberana más poderosa de Europa y que tuvo lugar la primera partición de Polonia. Tales fueron las consecuencias inmediatas de la política francesa durante la Guerra de los Siete Años.

1) Durante la Guerra de los Siete Años, los ejércitos rusos trataron a Polonia como propiedad suya, tomaron allí sus cuarteles de invierno, etc. Cito a Favier:

«El peligro consistía en que Rusia, mejorando el pretexto de la guerra contra el rey de Prusia, impuso, en el territorio de Polonia, el paso de sus tropas, se apropió los medios de subsistencia e incluso estableció sus cuarteles de invierno en Polonia. Al permitirle emplear de nuevo esos medios arbitrarios, aquel vasto país quedó entregado a la codicia de los generales rusos, al despotismo de su corte y a todos los proyectos de usurpaciones futuras que Rusia se vería tentada a formar, dada la facilidad de ejercer todo tipo de vejaciones contra una nación dividida, aislada y abandonada.» (Politique de tous les cabinets de l’Europe, etc., 2.ª ed., por L. P. Ségur, ex embajador, París, 1801, t. 1, p. 300.)

Francia se desacreditó al dar a los rusos esa libertad de acción.

«Esa debilidad por su parte parecía tanto menos excusable cuanto que ... se hallaba entonces en condiciones de imponer la ley a Rusia y Austria, y en modo alguno de recibirla de ellas.»

El conde de Broglie había hecho en vano propuestas en ese sentido... Francia permitió que Rusia tratara a Polonia como propiedad suya... La nación polaca, desde aquel momento, consideró a Francia como un mero instrumento en manos de las cortes de Viena y Petersburgo.

«Éste fue el origen de nuestro descrédito, de nuestra nulidad en el momento de la elección del conde Poniatowski y del mal éxito de todo cuanto intentamos o favorecimos desde aquella época.» (303, 304, loc. cit. Ségur.) («la nation polonaise ne vit plus dés lors la France que comme un instrument des cours de Vienne et de Pétersbourg. [...] Voilà l’origine de notre discrédit, de notre nullité etc.»)

Francia estaba obligada, por el Tratado de Oliva (1660), a proteger a la República de Polonia.

2) Durante la Guerra de los Siete Años los rusos utilizaron Polonia,
aunque esta era ostensiblemente neutral, como base de operaciones contra
Prusia. Los polacos lo consintieron bajo la presión diplomática
de Francia. Así, los rusos pudieron durante siete años
devastar Prusia propiamente dicha, Silesia, Pomerania, Brandeburgo, e incluso
saquear Berlín. De hecho, asolaron la monarquía prusiana como bestias salvajes,
mientras los franceses actuaban del mismo modo en Hannover, Westfalia, Sajonia,
Turingia, etc. Ahora bien, Polonia estaba obligada por el tratado de Wehlau (hacia 1660)
a defender a Prusia contra Rusia. Federico II insistió en
el cumplimiento de dicho tratado. Que tenía razón al pedir a los polacos que
observaran al menos una completa neutralidad y que no permitieran a los rusos
utilizar su país, etc., lo demuestra el hecho de que en todas las dietas
celebradas en Polonia desde el inicio de la Guerra de los Siete Años fue imposible
adoptar resolución alguna, porque el partido patriótico declaraba
que los polacos no podían deliberar mientras los ejércitos rusos ocuparan el suelo
polaco y actuaran contra Prusia. En el último año de la guerra (1762), la
nobleza de Posen (Gran Polonia) llegó incluso a formar una confederación contra
los rusos.

Si, por ejemplo, Bélgica permitiese a Prusia utilizarla durante siete años, pese
a su neutralidad, como base de operaciones bélicas contra Francia,
¿no tendría Francia derecho a tratar a Bélgica como enemiga y, si pudiera,
a incorporarse Bélgica o destruir su independencia?

3) El resultado inmediato de la Guerra de los Siete Años fue un tratado
entre Prusia y Rusia, por el cual el rey de Prusia se proclamó
vasallo de Rusia, y Poniatowski rey de Polonia, pero se le permitió a aquél,
como compensación, participar en el reparto de Polonia. Que esto último
ya estaba convenido en el tratado de 1764 entre Rusia y
Federico II lo muestra el hecho de que en ese mismo año los embajadores de Federico II
y Catalina II en Varsovia [8] protestaran solemnemente contra aquella
«calumnia», y que pocos años después el residente inglés en Berlín [9]
escribiera a su corte que Austria, aunque al principio protestase, se vería obligada por
sus propios intereses a participar en el reparto de Polonia.

El señor Favier dice:

«Nuestra alianza exclusiva con la corte de Viena privó a Federico II
de toda esperanza y lo redujo a la necesidad de unirse a esa misma corte
que había lanzado a Francia contra él para destruirlo» [10].

El mismo Favier afirma que el secreto de todos los futuros
éxitos de Catalina II y del primer reparto de Polonia ha de buscarse
en la infeudación a ella de Prusia (Federico II).

Tal fue el resultado de la política francesa durante la Guerra de los Siete Años.
No puede decirse que Inglaterra impidiera esta vez sus buenos designios para
Polonia, porque Francia era entonces aliada de Rusia, mientras que Inglaterra estaba
en el bando opuesto.

[3.] Primer reparto de Polonia

Ahora debo decir que incluso si Francia hubiese actuado con más energía durante
la guerra polaca que concluyó en el primer reparto de Polonia de lo que realmente lo hizo,
ello no habría compensado los inmensos servicios que había prestado a Rusia
durante la Guerra de los Siete Años. El envío de algunos oficiales franceses
y subsidios a Polonia durante la guerra de la Confederación de Bar
sólo pudo, en el mejor de los casos, prolongar una resistencia inútil. Es cierto que
Francia incitó (1768) a Turquía a una guerra contra Rusia, pero sólo para traicionarla
como de costumbre y prepararle el «tratado de Kuchuk-Kainardji»
(1774), a partir del cual debe fecharse realmente la supremacía de Rusia sobre Turquía.

1770. Expedición rusa al Mediterráneo. La entonces
casi moribunda república de Venecia mostró mucho más valor que Francia. En
ese año, Choiseul era todavía ministro de Asuntos Exteriores francés. Sólo a fines
de 1770 (principios de 1771) fue sustituido por el duque
d'Aiguillon.

«¿Cómo —dice Favier— es posible que, estando Francia en paz
con Inglaterra, no se diera ningún paso para una convención de neutralidad del
Mediterráneo? ¿O por qué Francia sola no se opuso a esta empresa rusa
en una región tan importante para sus intereses?»

La opinión de Favier es que

«la destrucción de la flota rusa en el Mediterráneo por los franceses,
que se hubiera podido realizar fácilmente, habría cambiado probablemente todo
el curso de los acontecimientos, tanto en Turquía como en Polonia, y habría
enseñado además a Austria a respetar la alianza francesa» (Ségur
etc., Politique de tous les cabinets etc., v. II, p. 174).

Pero Francia, que había azuzado a Turquía a la guerra contra Rusia, no movió
un solo dedo contra la expedición rusa de 1770, la única que tuvo
alguna importancia. (La flota turca fue destruida en la estrecha bahía de
Tschesmé.) El mismo Choiseul no había permitido que las bravatas inglesas (del propio
Chatham) le impidieran comprar Córcega a los genoveses el año anterior.
No hay que olvidar que en aquella época North era primer ministro
y sólo podía mantenerse en el cargo conservando la paz a cualquier precio.
Era uno de los ministros más impopulares. Por entonces había en Inglaterra un movimiento
revolucionario y antidinástico. Es cierto que en 1773 (los rusos emprendieron entonces
una nueva expedición naval que, sin embargo, no tuvo influencia alguna sobre
la guerra con Turquía) el duque d'Aiguillon se dejó disuadir
por el embajador inglés en París, lord Stormont, de atacar a la flota rusa
en el Báltico (y en el Mediterráneo). Para entonces, el primer reparto de Polonia
ya se había consumado. El verdadero objetivo de la demostración francesa
no era Polonia, sino Suecia, y Francia tuvo éxito hasta el punto de que
Gustavo III no fue obligado por Rusia a revocar su golpe de Estado (1772).

Es más, ¿qué clase de tipo era este d'Aiguillon?

Ségur dice en sus notas a Favier:

«Cuando empezó a correr el rumor sobre el reparto que iba a otorgar
a Prusia un aumento de territorio que Austria temía, la
corte de Viena advirtió a Francia y le dio a entender que ella
se opondría si la corte de Versalles la apoyaba. Ocupado entonces Luis XV
únicamente por sus placeres, y el señor d'Aiguillon por sus
intrigas, el gabinete austriaco no recibió respuesta tranquilizadora alguna
y prefirió sumarse al reparto de Polonia antes que mantener por sí sola una guerra
contra los prusianos y los rusos combinados.» ([t. I], 147 n.) «El conde
Mercy —embajador austriaco— ha hecho correr públicamente
(répandu dans le public) que el rey de Prusia había comunicado al ministro
austriaco [11] las respuestas del duque d'Aiguillon,
por las cuales ese ministro aseguraba a Su Majestad Prusiana que Francia era indiferente
a todo cuanto pudiera hacerse en Polonia y que no consideraría casus
foederis (caso de guerra) nada de lo que se acordara, en relación
con ese asunto, por las cortes de Berlín y Viena» (245, n.).

Ahora bien, aunque no deposito ninguna confianza en las garantías de
la corte austriaca, que entonces actuaba con la mayor perfidia, el
mero hecho de que un embajador francés de Luis XVI (Ségur)
publicara esto en París muestra la estimación de que disfrutaban Luis XV y su d'Aiguillon
—y que bien merecían—.

[4.] República Francesa

Desde el 21 de septiembre de 1792 hasta el 11 de noviembre de 1799 (el día siguiente al 19
de Brumario, cuando fue derrocado el Directorio Ejecutivo). [12]

El segundo tratado de reparto entre Rusia y Prusia,
del 4 de enero de 1793. [13]

La primera cruzada contra Francia, la de 1792, había tomado
un cariz tan desfavorable que ya a principios de invierno los Países Bajos
austríacos (Bélgica) estaban ocupados por los franceses. Prusia retiró
sus tropas del campo de acción; la condición que puso
en el Congreso de Verdún para continuar su participación en la
guerra antijacobina era que se le permitiera hacer con Rusia un
segundo reparto de Polonia. Austria debía ser compensada con indemnidades
en la Alsacia.

A fines de 1793 (septiembre), Prusia retiró de nuevo sus
tropas para hacerlas marchar, bajo el mando del rey, [14] hacia la
frontera polaca (para «asegurar» su posesión polaca), porque habían surgido
diferencias en cuanto a algunas estipulaciones definitivas entre
Prusia y Rusia, y esta última parecía volver contra Prusia su influencia
sobre la dieta moribunda de los traidores de Targowica. El resultado de esta segunda
retirada de Prusia, para tomar posesión real de sus provincias polacas,
obligó a los austriacos a retirarse de la Alsacia.

En la primavera de 1794, el levantamiento revolucionario de Kosciuszko.
Prusia hizo marchar inmediatamente sus tropas contra Polonia. Derrotada.
En septiembre de 1794, obligada a retirarse de Varsovia, al mismo tiempo
estallaba un levantamiento en Posen. Entonces el rey de Prusia declaró
su intención de retirarse de la lucha contra Francia. También Austria,
en el otoño de 1794, destacó un cuerpo de tropas hacia Polonia,
circunstancia que aseguró el éxito de las armas francesas en el Rin, etc.
Ya hacia fines de 1794, Prusia inició negociaciones con Francia. Se retiró.
Consecuencia: Holanda sucumbió ante los franceses (conquista de Holanda
por Pichegru).

Estas diversiones facilitaron por turnos la conquista de Bélgica,
los éxitos en los Alpes, los Pirineos, la orilla izquierda del Rin y,
en 1795, la conquista de Holanda por Pichegru. Precisamente en los meses
de octubre y noviembre (1794), mientras en todas partes se producían los éxitos franceses
cuando Kosciuszko sucumbió, Praga fue tomada por Suvórov, etc.,
matanzas inmensas, etc.

Tercer reparto de Polonia, firmado el 24 de octubre de 1795.

Con el estallido de la Revolución Francesa, Catalina tuvo la oportunidad
de proseguir tranquilamente primero su guerra con Turquía, mientras toda Europa
volvía la vista hacia Occidente.

Así como el Papa había emitido bulas para las cruzadas contra los infieles,
Catalina II lo hizo contra los jacobinos. Incluso mientras Leopoldo II expulsaba
a los emigrados franceses de sus estados y les prohibía concentrarse
en las fronteras de Francia, Catalina, a través de su agente Rumjántsev,
les proporcionaba dinero y los acantonaba en las provincias fronterizas
con Francia, gobernadas por príncipes eclesiásticos.

Después de la conclusión de su guerra con Turquía, Catalina II no inició
sus hostilidades contra Polonia hasta que tuvo noticia de que
la Asamblea Nacional había declarado la guerra a Austria. Esta noticia
llegó a Viena el 30 de abril de 1792, y el 18 de mayo el
embajador ruso Bulgakov presentó una declaración de guerra al rey polaco
Estanislao. [15] La primera en inculcar a Inglaterra, Austria y Prusia
los peligros de los principios revolucionarios, Catalina persiguió con firmeza
sus propios intereses particulares (en Turquía y Polonia)
sin suministrar un solo cosaco ni suscribir un solo rublo para la
«causa común».

Polonia fue borrada del mapa al amparo de la Revolución Francesa
y de la guerra antijacobina.

El reverendo L. K. Pitt (sobrino o primo del ministro inglés),
capellán de la factoría británica en San Petersburgo, escribe en un documento
secreto: «Relato de Rusia durante el comienzo del reinado del
emperador Pablo»:

«Ella (la zarina) quizá no se desagradaba al ver a todas las potencias europeas
agotarse en una lucha que elevaba su propia importancia en proporción
a su violencia ... el estado de las provincias recién adquiridas en Polonia
era también un punto que tenía una influencia considerable sobre la
conducta política de la zarina. Los fatales efectos resultantes del temor
a una revuelta en el recién conquistado territorio, parecen haberse sentido
en un grado muy alto por las potencias coligadas que, en el período temprano
de la revolución, estuvieron tan cerca de restablecer el gobierno regular en Francia.
El mismo temor a la revuelta disuadió igualmente a la difunta emperatriz de Rusia
de entrar en el gran teatro de la guerra.»

La cuestión es ahora: ¿Cómo se comportó la Francia revolucionaria hacia esta útil aliada?

Escuchemos primero a un historiador francés, Lacretelle (t. XII,
p. 261 y ss.).

« La República —dice— se había mostrado muy indiferente a los disturbios y desgracias de Polonia. Constituía, al contrario, un gran motivo de seguridad para ella ver a la emperatriz de Rusia ocupar todas las fuerzas de su poderoso imperio en la conquista y el desmembramiento de aquel infortunado país. Muy pronto la República Francesa se dio cuenta de que Polonia la libraba de su enemigo más ardiente, el rey de Prusia, etc. » [16]

Pero la Francia republicana traicionó realmente a Polonia.

« El agente polaco Bars, en París, presentó al gobierno —dice Oginski, testigo presencial— el plan de la revolución que se preparaba en Polonia, y que fue acogido con entusiasmo y aprobación generales. Enumeró la ayuda de toda clase que sería necesaria para aquella empresa importante y audaz. El Comité de Salut Public encontró muy justa su demanda y prometió hacer todo lo posible; pero toda la negociación se limitó a promesas. » (Michel Oginski: Mémoires sur la Pologne etc., de 1788 a fin de 1815. París, 1826, t. I, p. 358.)

« El comité de salud pública había prometido al general Kosciuszko una suma de 3 millones de libras y algunos oficiales de artillería; pero no recibimos ni un solo sou ni un solo oficial »,

nos dice un edecán de Kosciuszko, J. Niemcewicz: Notes sur ma captivité à St. Pétersbourg, en 1794-1796. París, 1843. (V. p. 90.) [17]

El 5 de abril de 1795, el Directorio (que había sustituido entonces al comité de salut public) concluyó con Prusia la Paz de Basilea. Por esta paz, Holanda y la margen izquierda del Rin fueron entregadas a Francia. La parte septentrional de Alemania, designada por una línea de demarcación, fue neutralizada, y Prusia debía ser indemnizada mediante la secularización de varios obispados alemanes. Aquel tratado de Basilea

« al garantizar las posesiones respectivas de las dos potencias contratantes y no incluir cláusula alguna respecto a las provincias de Polonia recién invadidas, otorgaba su posesión al rey de Prusia ». [18]

Oginski nos cuenta que, cuando los polacos fueron informados de las negociaciones de paz, su agente Bars se dirigió a los miembros del Directorio particularmente amigos de Polonia y pidió una cláusula que obligara al rey de Prusia a renunciar, etc.

« Se le respondió que la condición no era aceptable porque retardaría las negociaciones con Prusia, que Francia quería restaurar sus fuerzas, que la paz con Prusia no duraría mucho, que los polacos debían mantenerse dispuestos para los nuevos esfuerzos que se les pedirían en la causa de la libertad y de su patria, etc. »

El mismo Oginski, t. II, p. 133 y 223, nos dice:

« El tratado concluido entre la República Francesa y el rey de Prusia había producido muy mala impresión sobre el Diván, el cual pretendía que, si Francia no había podido obtener nada para Polonia en sus negociaciones con la corte de Berlín, era imposible que los turcos solos pudieran actuar en favor de Polonia ».

Después del tercer reparto, Rusia se vio obligada a estarse quieta unos años. Los polacos participaron entonces en todas las campañas de la República Francesa, principalmente en Italia. (Véase: Chodzko: Histoire des Légions Polonaises en Italie, de 1795 à 1802. París, 1829.)

Antes de la conclusión de la Paz de Campo-Formio (17 de octubre de 1797), según un plan mutuamente acordado y con el consentimiento de Bonaparte, el general Dombrowski debía marchar a través de Croacia y Hungría hacia Galitzia, y así hacer una diversión en favor de Bonaparte, que habría marchado sobre Viena. Charles de la Croix, ministro de asuntos exteriores (véase Oginski, t. II, p. 272-278), propuso a Oginski « sublevar Galitzia ». Oginski temía que se tratara a los polacos como meras herramientas que se desechan una vez usadas. Exigió, por tanto, una garantía positiva de que aquellos sacrificios les ganarían la ayuda francesa para la recuperación de su país. Lacroix se hizo entonces el matón irritado. El gobierno francés no los quería; si no tenían confianza, podían buscar fortuna en otra parte, etc. Dio a Oginski tres días para reflexionar, después de los cuales debían aceptar o rehusar, pero sin poner condición alguna. Los pobres polacos se declararon dispuestos a todo lo que el gobierno francés quisiera. Pero aquel gobierno solo quería su aceptación formal para intimidar a Austria con ella y acelerar así la conclusión de la paz. Armisticio de Leoben, 18 de abril de 1797.

Tratado de Campo-Formio, en el cual los polacos fueron sacrificados de nuevo del mismo modo que lo habían sido en el tratado de Basilea.

En 1799, por fin, el efecto de la desaparición de Polonia se hizo sentir para la república francesa. Ejércitos rusos aparecieron en Holanda y en Italia. Suvorov penetra hasta las mismas fronteras de Francia.

Cuando el 27 de julio de 1799 [19] los franceses entregaron Mantua al general ruso Vielhorski, había un artículo secreto en la capitulación por el cual los austriacos recuperaban sus desertores, a saber, los polacos austriacos que habían ingresado en las legiones. Tras la entrega de Mantua, la 2ª legión cayó en manos del enemigo; la primera legión, al mando de Dombrowski, se unió al Gran Ejército y fue casi totalmente aniquilada en las grandes batallas contra los ejércitos ruso-austriacos.

[5.] Consulado

9 de noviembre de 1799 (18 de Brumario). Consulado. Bonaparte autoriza la formación de nuevas legiones polacas, una en Marsella al mando de Dombrowski, otra en el Danubio al mando del general Kniaziewicz. Estas legiones asisten en Marengo y Hohenlinden. Véase la orden del día del general Moreau, en la que rinde justicia

« a la severa constancia del general Kniaziewicz y de sus soldados polacos ». [20]

Tratado de Lunéville con Austria, 9 de febrero de 1801. [21] Ningún artículo relativo a Polonia.

Tratado de París, octubre de 1801, con Pablo I de Rusia. En este tratado, Pablo I y Bonaparte se prometieron mutuamente

« no permitir que ninguno de sus súbditos mantuviera correspondencia alguna, directa o indirecta, con los enemigos internos de los gobiernos efectivos de los dos estados, para propagar allí principios contrarios a sus respectivas constituciones o para fomentar disturbios ». [22]

Este artículo se refería a los polacos por una parte, y a los Borbones y sus partidarios por la otra.

En 1801 apareció en el Moniteur una serie de artículos escritos por el propio Bonaparte y que justificaban la ambición de Francia, porque sus conquistas apenas eran un equivalente de las adquisiciones que Rusia, Austria y Prusia habían hecho con el reparto de Polonia. (Thiers, Histoire du Consulat et de l'Empire, t. III, p. 153.)

Durante la paz, las legiones polacas fueron tratadas como un estorbo. Parte de ellas fueron, como mamelucos, regaladas por Bonaparte a la reina de Etruria. [23]

Tratado de Amiens. 27 de marzo de 1802. El primer cónsul hizo embarcar a la fuerza, para Santo Domingo, a parte de las legiones polacas y regaló la otra parte al nuevo rey de Nápoles. [24] Amenazados por el fuego de artillería, fueron embarcados en Génova y Livorno para encontrar sus tumbas en Santo Domingo.

[6.] Imperio

Mayo de 1804 (coronado el 2 de diciembre de 1804) hasta 1815.

1806-1807. Durante su guerra con Prusia, apoyada por Rusia, Napoleón envió los restos de las legiones polacas al mando de Dombrowski a la Polonia prusiana, donde conquistaron Dantzig para él y sublevaron el país.

18 de diciembre de 1806. El propio Napoleón en Varsovia, entonces prusiana. Gran entusiasmo de los polacos. En su autobiografía, Thomas Ostrowski (París, 1836), presidente del Senado, narra que Napoleón, en la primera audiencia que concedió a los miembros de la administración, los recibió con las palabras:

« Caballeros, necesito hoy 200.000 botellas de vino, y otras tantas porciones de arroz, carne y verduras. Nada de excusas; si no, os entrego al knut ruso... Quiero pruebas de vuestra devoción; necesito vuestra sangre » (« j’ai besoin de votre sang »). [25]

Alistó un ejército polaco. La campaña duró hasta el 6 de mayo de 1807.

25 y 26 de junio de 1807. Confraternización entre Napoleón y Alejandro en el Niemen.

Tratado de Tilsit, firmado el 7 de julio de 1807 (el 9 de julio con Prusia).

El art. V de aquel tratado proclamaba la fundación del ducado de Varsovia, que Napoleón cede

« en toda propiedad y soberanía al rey de Sajonia, [26] para ser regido por constituciones que, asegurando las libertades y los privilegios del ducado, fueran compatibles con la tranquilidad de los estados vecinos ».

Este ducado fue recortado de la Polonia prusiana.

El art. IX cede a Rusia una parte de Polonia, el círculo de Bialystok, recién conquistado a Prusia, y que

« será unido a perpetuidad al imperio ruso, a fin de establecer los límites naturales entre Rusia y el ducado de Varsovia ». [27]

Dantzig, bajo el pretexto de convertirse en ciudad libre, fue convertida en fortaleza marítima francesa.

Muchas grandes haciendas del nuevo ducado fueron regaladas por Napoleón a los generales franceses.

Lelewel llama a esto, con razón, la Cuarta Partición de Polonia. [28]

Tras haber batido a los prusianos y a los rusos con la ayuda de los polacos, Napoleón dispuso de Polonia como si fuera un país conquistado y su propiedad privada, y dispuso de ella en ventaja de Rusia.

El ducado de Varsovia era pequeño, sin posición en Europa. Una gran lista civil; gobierno civil por Sajonia, militar por Napoleón. Davout gobernaba como un pachá en Varsovia. Hizo de hecho del ducado un lugar de reclutamiento para Francia, un depósito militar.

(Sawaszkiewicz, Tableau de l’influence de la Pologne sur les destinées de la Révolution française. París, 1848, 3ème édit.)

El ducado de Varsovia no era para Napoleón solo un puesto avanzado contra Rusia. Napoleón se había apoderado de aquellos mismos puntos que le servirían de base de operaciones ofensivas contra Prusia y Austria. Nicolás actuó en su espíritu cuando fortificó aquellos puntos mediante un cinturón de fortalezas.

(Al insertar en la cabeza del tratado de Tilsit la declaración de que solo por cortesía hacia Alejandro devolvía al rey de Prusia [29] la mitad de sus viejos territorios, Napoleón proclamaba a aquel rey, y a Prusia, un mero apéndice de Rusia.)

Por los artículos secretos del tratado de Tilsit, los públicos quedaban en parte revocados. Así, por ejemplo, solo para engañar a Austria, el tratado público contenía artículos a favor de la integridad de Turquía. Por los artículos secretos, Napoleón sacrificaba Turquía y Suecia al zar, quien le entregaba Portugal, España, Malta y la costa norteafricana; prometía su adhesión al sistema continental y la entrega de las islas Jónicas a Francia. El reparto de Turquía solo fue impedido por la oposición de Austria. Todos los arreglos para un reparto de Turquía comenzaron después de la conclusión del tratado de Tilsit. En agosto de 1808, Alejandro entregó a Napoleón las plazas fuertes de Dalmacia, así como el protectorado sobre las islas Jónicas; mientras los principados danubianos eran ocupados por sus tropas, Napoleón ordenó a Marmont, el comandante francés en Dalmacia, que preparara la marcha sobre Albania y Macedonia. Las negociaciones sobre el reparto de Turquía continuaron en Petersburgo, adonde Napoleón había enviado a Savary, el jefe de sus gendarmes y soplones. El Informe sobre sus negociaciones con Rumjantsev, el ministro ruso de asuntos exteriores, ha sido publicado recientemente. Incluso Thibaudeau, uno de los senadores y admiradores de Napoleón, dice acerca de las negociaciones de Savary con Alejandro I y Rumjanzov:

« Dejando a un lado toda forma diplomática, despachaban sus asuntos del modo insolente y temerario de los jefes de bandoleros que se reparten el botín ». [30]

Según las negociaciones entre Napoleón y Alejandro en Tilsit, Suecia y Dinamarca debían ser forzadas a adherirse al sistema continental. Napoleón cedió a Alejandro Finlandia (que los rusos ocuparon en 1808 y han conservado desde entonces), y además Dinamarca fue interesada en el despojo de Suecia mediante la entrega de Noruega. De este modo logró Napoleón quebrantar por completo a este viejo antagonista de Rusia.

27 de septiembre de 1808. Napoleón y Alejandro en el Congreso de Erfurt.

Nunca antes había hecho nadie tanto por exaltar el poderío ruso como Napoleón entre 1807 y 1812. De 1808 a 1811, los polacos fueron consumidos por Napoleón en España. Por primera vez en su historia fueron prostituidos como mercenarios del despotismo. Del ejército de 90.000 hombres formado en el ducado, tantos fueron enviados a España que el ducado quedó desguarnecido de tropas cuando el archiduque austríaco Fernando lo invadió en 1809.

1809, abril. Mientras Napoleón marchaba sobre Viena, el archiduque Fernando lo hacía sobre Varsovia. Los polacos invaden Galitzia y obligan al archiduque a retirarse de Varsovia (1 de junio); los rusos, aliados de Napoleón, entran en Galitzia para ayudar de hecho a los austríacos contra los polacos.

14 de octubre de 1809: Las provincias polacas llamadas por los austríacos «Nueva Galitzia», junto con el distrito de Zamojsk, fueron reunidas al ducado de Varsovia. Napoleón dejó a Austria la antigua Galitzia, tras haber separado de ella, para cedérselo a Rusia, el distrito de Tarnopol, parte de la antigua Podolia. Lo que hemos de pensar de este Quinto Reparto (Lelewel) puede verse en una carta satírica del zar Alejandro I al príncipe Kurakin, publicada por entonces en las gacetas de Petersburgo y Moscú [31], fechada en Petersburgo el 1/13 de noviembre de 1809. El zar escribe:

«El tratado entre Francia y Austria está siendo ratificado y, en consecuencia, nuestros movimientos hostiles contra esta última cesan simultáneamente. Según los principios de esa paz, Austria sigue siendo, como antes, vecina nuestra por su posesión de Galitzia, y las provincias polacas, en lugar de unirse en un solo cuerpo, quedan divididas para siempre entre las tres coronas. Así se han desvanecido los sueños de una revolución política en Polonia. El orden actual de las cosas fija los límites entre Polonia y Rusia, la cual no solo no ha sufrido pérdida alguna en este asunto, sino que, por el contrario, extiende su dominio (au sein de la Pologne) en el corazón mismo de Polonia.» [32]

Los polacos exigieron entonces la restauración del nombre de Polonia para el ducado. El zar se opuso. El 20 de octubre de 1809, Champagny, ministro de Asuntos Exteriores, dirigió una nota, por orden de Napoleón, al gobierno ruso, en la que se afirmaba que él aprobaba el borrar el nombre de polaco y Polonia, no solo de todo acto público, sino incluso de la historia. Esto era para preparar su propuesta —tras su divorcio de Josefina— de la mano de la hermana del zar. [33]

4 de enero de 1810: Convención secreta entre el embajador de Napoleón, Caulaincourt, y el conde Rumjantsev, en este sentido:

«Art. 1. El reino de Polonia no será jamás restablecido.
Art. 2. El nombre de Polonia y de polaco no será jamás aplicado a ninguna de las partes que anteriormente constituían ese reino, y desaparecerán de todo acto público u oficial.» Además, «el Gran Ducado no será jamás engrandecido por la anexión de ninguna de las antiguas provincias polacas; las órdenes de caballería polacas serán abolidas y, finalmente, todos estos compromisos serán vinculantes tanto para el rey de Sajonia, Gran Duque de Varsovia, como para el propio Napoleón.» (Thiers, Consulat et l'Empire, XI, [357, 358].)

Fue después de las negociaciones de esa convención cuando Napoleón propuso la mano de la hermana de Alejandro. La irritación de Napoleón y su amor propio herido por la vacilación del zar (quien retrasó el declararse desde mediados de diciembre hasta mediados de enero, bajo varios pretextos), y la repugnancia de la madre del zar [34], hicieron que Napoleón buscase esposa en otra parte y rompiese las negociaciones.

«El Emperador Napoleón —dice Crétineau-Joly: Histoire de l'église Romaine en face de la Révolution— no permitió que su política se perdiese en una fraseología sentimentalmente revolucionaria. De un plumazo su ministro borró, incluso de la historia, el nombre de Polonia, y un tratado, que los acontecimientos posteriores anularon, tachó ese nombre como si fuese una superfetación geográfica.»

Después de su matrimonio con la hija del Emperador de Austria [35], Napoleón tuvo una nueva oportunidad para la restauración de Polonia. Cito a un autor francés, cuya historia es una apoteosis de Napoleón. Norvins dice:

«Napoleón estuvo en condiciones, en 1810, de realizar, al fin, ese noble proyecto», a saber, la restauración de Polonia, «porque Austria le ofreció ambas Galitzias, pero rehusó, para no tener una guerra con Rusia, que se preparaba para la guerra contra él desde el mismo día siguiente a la conclusión del tratado de Tilsit.» [36]

Después de lo que antecede, es casi superfluo decir que Napoleón hizo su guerra de 1812 contra Rusia no por consideración alguna hacia Polonia. Fue forzado a ella por Rusia, que el 19/31 de diciembre de 1810 permitió la importación de mercancías coloniales en barcos neutrales, prohibió algunas mercancías francesas, gravó duramente otras y no hizo la menor concesión pese a todos los esfuerzos diplomáticos de Napoleón para evitar la guerra. Tenía que renunciar a su sistema continental o hacer la guerra a Rusia.

28 de junio de 1812. Día de la entrada de Napoleón en Vilna. Ese día, la existencia de la Polonia confederada (es decir, Polonia unida a Lituania) fue proclamada en la dieta de Varsovia, así como una guerra nacional. Napoleón dijo a los diputados de Varsovia que él no quería una guerra nacional. (Charras nos cuenta [37] que por su odio a tal guerra, etc. 100 días.)