[Londres,] 21 de febrero de 1863

Querido Engels:

En el apogeo de mi propia crisis escribí a Dronke. Unos cuatro meses después, recibí una carta suya diciéndome que había estado ausente. Ayer se presentó aquí inesperadamente y se marchó hoy tras una nueva conversación.

Me dijo (la iniciativa fue suya) que quería ayudar a reunir una suma considerable para que yo pudiera trabajar en paz durante un año. Luego te mencionó a ti. Le dije (no me pareció necesario entrar en detalles en esta ocasión) que tú habías hecho ya muchísimo y que no te sobraría ni un penique en muchos meses. Su réplica: «No es cuestión de meses, sino de uno a dos años». Él mismo piensa discutir el asunto contigo personalmente.

Hasta qué punto haya que tomar esto en serio o sea simple fanfarronería, tú mismo podrás juzgarlo mejor.

A propósito. Tengo el «hígado» muy hinchado, a lo que se añaden punzadas de dolor al toser y cierta molestia al aplicar presión. ¿Quieres preguntar a Gumpert por algún remedio casero? Si acudo a Allen, el resultado será una cura completa, y para eso, prescindiendo por completo de otras muchas consideraciones, no tengo tiempo ahora mismo.

Mi principal preocupación en el asunto polaco es que ese bestial de Bonaparte encuentre un pretexto para avanzar hacia el Rin y vuelva a salir de una situación desagradable.

Envíame (ya que tú tienes más material a mano sobre el tema) unas cuantas notas (detalladas) acerca de la conducta de Federico Guillermo el Justo en el año 1813, tras el fracaso de Napoleón en Rusia. Esta vez tenemos que arremeter contra la lúgubre Casa de Hohenzollern.

Dejé a Dronke en la duda de si el segundo volumen se estaba ya imprimiendo o no.

Salud.

Tuyo,
K. Marx

Acabo de ver en la edición vespertina de The Times que la Segunda Cámara prusiana ha hecho por fin algo que vale la pena. Pronto tendremos la revolución.