mónica. Sus bandas de aventureros invadieron Missouri y Tennessee, mientras que sus fuerzas más regulares atacaron Virginia oriental y prepararon un coup de main contra Washington, Desde el punto de vista militar, el fracaso de este golpe significaba la pérdida de la campaña para los sudistas. El Norte llegó al teatro de la guerra sin entusiasmo, con hastío, tal como era de esperarse por sus más elevado desarrollo industrial y comercial. La maquinaria social es allí mucho más complicada que en el Sur y hacía falta más tiempo para imprimir a su movimiento esa dirección desacostumbrada. El alistamiento de los voluntarios por un plazo de tres meses fue un error grande, “pero quizás inevitable. La política del Norte consistía al comienzo en mantenerse a la defensiva en todos los puntos decisivos; organizar sus fuerzas, adiestrarlas en operaciones en pequeña escala, sin incorporarlas a batallas decisivas y, en cuanto la organización fuese suficientemente afianzada y los elementos traidores más o menos removidos del ejército, pasar, por fin, a una enérgica e infatigable ofensiva y reconquistar en primer término Kentucky, Tennessee, Virginia y Carolina del Norte. La trasformación de los civiles en soldados requeriría más tiempo en el Norte que en el Sur. Una vez lograda, se podía contar con la superioridad individual de los hombres del Norte.

En definitiva, y descontando los errores surgidos más por motivos políticos que militares, el Norte actuó de acuerdo con esos principios. La pequeña guerra en Missouri y Virginia occidental, a la par que protegió a la población unionista, acostumbró a las tropas a los servicios en el campo de batalla y a entrar en fuego, sin exponerlas a derrotas decisivas. El oprobio de Bull Run42 fue, en cierta medida, el resultado del primer error de alistar voluntarios por tres meses. Carecía de sentido permitir que se lanzase a reclutas sin adiestramiento al ataque frontal de una sólida posición, en terreno difícil y frente a un enemigo apenas inferior en número. El pánico que se posesionó del ejército unionista en un momento decisivo, por motivos aún no establecidos, no podía sorprender a quien conociera en alguna medida la historia de las guerras populares. Cosas similares ocurrieron con frecuencia a las tropas francesas entre 1792 y 1795; sin embargo, ello no impidió que esas mismas tropas ganaran las batallas de Jemmapes y Fleuyus, Montenotte, Castiglione y Rívoli.43 Las bromas de mal FEDERICO ENGELS / TEMAS MILITARES gusto gastadas por la prensa europea sobre el pánico de Bull Run sólo, tenían una excusa: la anterior jactancia de un sector del periodismo norteamericano.

La tregua de seis meses que siguió a la derrota de Manassas, fue mejor empleada por el Norte que por el Sur. Las tropas de aquél no sólo recibieron un refuerzo mayor que las de éste, sino que se dio a sus oficiales instrucciones más correctas; la disciplina y el adiestramiento de las tropas no enfrentaron los mismos obstáculos que en el Sur. Los traidores incompetentes fueron removidos cada vez en mayor número y el período del pánico de Bull Run quedó en el pasado. Los ejércitos de ambos bandos no pueden medirse, naturalmente, con el criterio de los grandes ejércitos europeos, ni siquiera con el antiguo ejército regular de Estados Unidos. En su época, Napoleón pudo adiestrar en campamentos batallones de nuevos reclutas durante el primer mes; ponerlos en marcha durante el segundo, y en el tercero lanzarlos al combate; pero entonces cada batallón incluía un número suficiente de oficiales y suboficiales expertos, cada compañía, algunos soldados veteranos y el día de la batalla las nuevas tropas estaban constituidas en brigadas, junto con los veteranos y, por así decirlo, se veían enmarcadas por ellas. En Estados Unidos no existían tales condiciones. Sin la considerable experiencia militar llegada a la Unión como consecuencia de las conmociones revolucionarias europeas de 1848-1849, la organización del ejército unionista habría requerido un plazo aun mayor.44 El escaso número de muertos y heridos, con respecto al total de las fuerzas comprometidas (comúnmente uno por cada veinte), demuestra que las batallas, inclusive los últimos combates de Kentucky y Tennessee, fueron libradas principalmente con armas de fuego, a una distancia bastante grande, y que las incidentales cargas a la bayoneta se detenían pronto ante el fuego del enemigo, o lo ponían en fuga antes de convertirse en encuentros cuerpo a cuerpo. Entretanto, la nueva campaña ha sido iniciada bajo los auspicios más favorables, con el avance de Buell y Halleck a través de Kentucky y Tennessee. Reconquistadas Missouri y Virginia oriental, la Unión inició la campaña con el avance hacia Kentucky. Los secesionistas tenían allí tres vigorosas posiciones: Columbus, en el Mississippi, en su flanco izquierdo; Bowling Creen, en el centro; Mili Spring, en el río Cumberland, a la derecha. Su frente abarcaba trescientas millas, de oeste a este. La extensión de esta línea impedía a los tres cuerpos brindarse mutuo apoyo y daba a las tropas unionistas la oportunidad de atacarlos por separado con fuerzas superiores. El gran error de los secesionistas surgía del intento de ocupar todas las posiciones. Un solo campamento central sólido y fortificado, elegido como campo de batalla para un encuentro decisivo, y ocupado por el grueso del ejército, habría defendido a Kentucky con mucho mayor eficacia. Esto hubiese atraído al grueso de las fuerzas unionistas o las hubiese colocado en una situación peligrosa en caso de que intentaran avanzar sin prestar atención a tan vigorosa concentración de tropas. En las circunstancias expuestas, los unionistas resolvieron atacar a esos tres campamentos uno tras otro, expulsar de ellos al enemigo, y obligarlo a aceptar una batalla en campo abierto. Este plan, acorde con todas las reglas del arte militar, fue llevado a cabo con energía y rapidez. Al promediar enero, un cuerpo de casi quince mil unionistas marchó hacia Mili Spring, donde acampaban veinte mil secesionistas. Aquéllos maniobraron como para hacer creer al adversario que tenía ante sí un débil destacamento de reconocimiento. El general Zoillcofer cayó en la trampa; salió de su campamento fortificado y atacó a los unionistas. Pero bien pronto se convenció de que tenía que vérselas con una fuerza superior; murió en la lucha y sus fuerzas sufrieron una completa derrota, como los unionistas en Bull Run. Esta vez, empero, la victoria fue aprovechada en forma muy diferente.

Los vencedores persiguieron con crueldad al ejército batido, hasta que éste llegó, agotado, desmoralizado, sin artillería de campaña ni convoyes a su campamento en Mili.Spring. Éste había sido levantado en la ribera norte del río Cumberland, de manera tal que, en caso de que ocurriera otra derrota, a las tropas no les quedaba más vía de repliegue que cruzar el río en algunos barcos y lanchas. En general, encontramos que los secesionistas ubicaban todos sus campamentos en la orilla enemiga del río. Tal posición no sólo está de acuerdo con las reglas, sino que también es muy práctica cuando en la retaguardia hay un puente. En tal caso, el campamento sirve como cabeza de puente y permite a -sus ocupantes, si es necesario, lanzar sus fuerzas a ambas riberas del río, manteniendo, en tal forma, el dominio absoluto del mismo. Sin un puente en la retaguardia, por el contrario, un campamento en la parte 136 FEDERICO ENGELS / TEMAS MILITARES enemiga del río corta la retirada después de un combate infructuoso y obliga a las tropas a capitular, a exponerse a la matanza o ahogarse, como ocurrió con los unionistas en BalFs Bluff, en la orilla enemiga del Potomac, adonde los había llevado la traición del general Stone.

En cuanto los derrotados secesionistas llegaron a su campamento en Mili Spring, comprendieron que debían contestar el ataque del enemigo a sus fortificaciones o se verían obligados a capitular en breve plazo. Después de la experiencia de la mañana habían perdido la confianza en sus fuerzas y, cuando al día siguiente los unionistas avanzaron para atacar el campamento, se encontraron con que el enemigo había aprovechado la noche para cruzar el río, abandonando el campamento, los convoyes, la artillería y todas las provisiones. En esta forma, el flanco de la extrema derecha de la línea de los secesionistas fue rechazado hasta Tennessee, y el este de Kentucky —donde la masa de la población es hostil al partido de los propietarios de esclavos— fue reconquistada por los unionistas. Hacia mediados de enero, comenzaron los preparativos para desalojar a los secesionistas de Columbus y Bowling Creen. Se difundió la noticia de que se había preparado, una poderosa flotilla de barcas con morteros y cañoneras acorazadas para servir de convoy a un gran ejército que marchaba a lo largo del Mississippi, de Cairo y a Memphis y Nueva Orleans. Empero todas las maniobras en el Mississippi, eran sólo un engaño. En el momento decisivo, las cañoneras acorazadas fueron llevadas al Ohio y de allí al Tennessee, viajando luego hasta el fuerte Henry. Este punto, junto con el fuerte Donnelson, en el río Cumberland, constituía la segunda línea de defensa de los secesionistas en Tennessee. La posición fue bien elegida, ya que, en caso de una retirada al otro lado del Cumberland, éste cubriría su frente, cuyo flanco izquierdo es el Tennessee, mientras que la angosta franja de tierra que se extiende entre los dos ríos estaría suficientemente defendida por los mencionados fuertes. Sin embargo, una acción rápida de los unionistas rompió la segunda línea, antes de que el flanco izquierdo y el centro de la primera línea fuesen atacados.

En la primera semana del mes de febrero, las cañoneras acorazadas de los unionistas hicieron su aparición ante el fuerte Henry, que se rindió luego de un breve bombardeo. La guarnición huyó al fuerte Donnelson, puesto que las fuerzas terrestres de la expedición eran insuficientes para cercar a los rendidos. Las cañoneras siguieron río abajo por el Tennessee, remontaron el Ohio, y de allí, por el Cumberland, llegaron al fuerte Donnelson. Una sola de las cañoneras navegó intrépidamente por el Tennessee arriba, a través del propio corazón del Estado del mismo nombre, dejó atrás el Mississippi, y avanzó hasta Florence, en el norte de Alabancia, donde una serie de pantanos y bancos (conocidos como Mussle Shoals) impiden seguir la navegación. El hecho de que una sola cañonera haya podido efectuar ese largo trayecto de más de ciento cincuenta millas, no menos, y luego haya regresado, sin haber sufrido ataque alguno, demuestra que a lo largo del río prevalece el sentimiento unionista y que será muy útil para sus tropas si realizan un avance tan profundo.

La expedición fluvial del Cumberland combinó sus movimientos con los de las fuerzas de tierra, a las órdenes de los generales Halleck y Grant. Los secesionistas fueron engañados en Bowling Groen en cuanto a los movimientos de los unionistas. Por consiguiente, permanecieron tranquilos en el campamento, mientras que una semana después de la caída del fuerte Henry una unidad de cuarenta mil unionistas ya asediaba el Donnelson por tierra y una poderosa flotilla de cañoneras lo amenazaba por agua. Como el campamento de Mili Spring y el fuerte Henry, el Donnelson tenía en su retaguardia el río, pero no un puente para el caso de retirada. Era la posición más fuerte que los unionistas habían atacado hasta ese momento. Allí los trabajos de fortificación se habían llevado a cabo con el mayor cuidado; y tenía capacidad para alojar a los veinte mil hombres de su guarnición. El primer día del ataque, las cañoneras silenciaron el fuego de las baterías que apuntaban hacia el río y bombardearon el interior de las fortificaciones, mientras que las tropas de tierra rechazaban a las avanzadas del enemigo y obligaban al grueso de los secesionistas a buscar abrigo junto a su propia artillería de fortificación. Al segundo día, las cañoneras, que habían sufrido serias averías la víspera, actuaron al parecer débilmente. Las tropas de tierra, por el contrario, tuvieron que mantener largos y, en algunos sitios, violentos encuentros con el destacamento de la guarnición, que trataba de destruir el flanco derecho del enemigo, con el objeto de asegurar su línea de retirada hacia Nashville. Sin embargo, un ataque enérgico del flanco derecho 138 FEDERICO ENGELS / TEMAS MILITARES de los unionistas contra el izquierdo de los secesionistas, y los considerables refuerzos que recibió el flanco izquierdo de aquéllos, decidió la victoria en favor de los atacantes. Diversas fortificaciones exteriores fueron .tomadas por asalto. La guarnición, rechazada hasta la línea interna del fuerte, sin probabilidad alguna de retirarse, y evidentemente incapaz de ofrecer resistencia al ataque de la mañana siguiente, se rindió en forma incondicional al otro día.

II Con el fuerte Donnelson cayeron en poder de los unionistas la artillería, los convoyes y las provisiones militares del enemigo; trece mil secesionistas se rindieron el día en que se tomó el fuerte; otros mil al día siguiente, y tan pronto como las avanzadas de los vencedores aparecieron ante Clarkville, ciudad ubicada al norte del río Cumberland, ésta abrió sus puertas. También allí se habían almacenado abastecimientos para los secesionistas en cantidades considerables.

La captura del fuerte Donnelson presenta un solo enigma: la huida del general Floyd con cinco mil hombres durante el segundo día del bombardeo. Estos fugitivos eran demasiado numerosos para poder ser trasportados subrepticiamente en barcos, durante la noche. Si los atacantes hubiesen tomado algunas medidas de precaución no habrían podido huir.

Siete días después de la capitulación del fuerte Donnelson, Nashville fue ocupada por los federales. La distancia entre ambos puntos es de cerca de cien millas inglesas, y la marcha a razón de 15 millas por día, por caminos pésimos, hacen honor a las tropas unionistas. Al enterarse de la caída del fuerte Donnelson, los secesionistas evacuaron Bowling Green; una semana más tarde abandonaban Columbus y se retiraban a una isla del Mississippi, situada a cuarenta y cinco millas al sur. Así pues, el Estado de Kentucky fue completamente reconquistado por los unionistas. Sin embargo, los secesionistas sólo pueden conservar a Tennessee, si emprenden una gran batalla y la ganan. Se dice que, con ese propósito, han concentrado ya sesenta y cinco mil hombres. Mientras tanto, nada impide a los unionistas oponerles una fuerza superior.

La dirección de la campaña de Kentucky, desde Somerset hasta Nashville, merece el mayor elogio. La reconquista de tan vasto territorio, la marcha desde el Ohio hasta el Cumberland, durante un mes, evidencia una energía, resolución y rapidez que raras veces han logrado ejércitos regulares de Europa. Se puede comparar, como ejemplo, el lento avance de los aliados en 1859 de Magenta a Solferino, sin perseguir al enemigo en retirada, sin el menor esfuerzo para cortar el camino a sus rezagados o envolver y cercar a cuerpos enteros de ejércitos adversarios.

Halleck y Grant, en particular, son excelentes modelos de mando militar decidido. Sin tener en cuenta para nada a Columbus o a Bowling Green, concentran sus fuerzas frente a los puntos decisivos, los fuertes Henry y Donnelson; se apoderan de ellos con un ataque rápido y enérgico, y de ese modo ponen a Columbus y Bowling Green en una situación sin salida. Luego marchan sin pérdida de tiempo a Clarkville y Nashville, sin dar lugar a que los secesionistas en retirada tomen nuevas posiciones en el norte de Tennessee. Durante esta rápida persecución, el cuerpo de tropas secesionistas en Columbus permaneció completamente separado del centro y del flanco derecho de su ejercito. Los diarios ingleses han criticado de manera injusta esta operación. Aunque el ataque al fuerte Donnelson hubiera fracasado, los secesionistas de Bowling Green, amenazados por el general Buell, no podrían haber destacado un número tal de hombres que permitiera a la guarnición perseguir a los rechazados unionistas o hacer peligrar su retirada. En cuanto a Columbus, estaba tan lejos, que no podía interferir en los movimientos de Grant. En realidad, después de que los unionistas hubieron limpiado a Missouri de secesionistas, Columbus había perdido para ellos toda importancia. Las tropas que formaban su guarnición tenían que apresurar muchísimo su retirada a Memphis o a Arkansas, para escapar al peligro de tener que deponer ignominiosamente las armas.

Como consecuencia de la limpieza del Missouri y de la reconquista de Kentucky, el teatro de operaciones se ha estrechado tanto, que los diferentes ejércitos pueden colaborar, hasta cierto punto, a lo largo de la línea de operaciones y lograr determinados resultados. En otras palabras, la guerra adquiere ahora, por primera vez, un carácter estratégico, y la configuración geográfica del país cobra nuevo interés. La tarea de los 140 FEDERICO ENGELS / TEMAS MILITARES generales del Norte consiste ahora en hallar el talón de Aquiles de los Estados algodoneros. Hasta la toma de Nashville no había sido posible contar con una estrategia concertada entre los ejércitos de Kentucky y el Potomac, pues estaban uno muy lejos del otro. Se hallaban en el mismo frente, pero sus líneas de operación eran completamente diferentes. Sólo con el victorioso avance hacia Tennessee, los movimientos del ejército de Kentucky se tornaron importantes para todo el teatro de la contienda.

Los diarios estadounidenses, influidos por McClellan, hacen mucho alboroto acerca de la teoría "anaconda” del envolvimiento. De acuerdo con ella, una inmensa línea de ejércitos rodeará a los insurrectos, apretará gradualmente su cerco y terminará por estrangularlos. Eso es pura niñería. Es la rehabilitación del llamado ""sistema de cordón”, inventado en Austria hacia 1770 y utilizado contra los franceses de 1792 a 1797 con' tanta obstinación como ineficacia. En Jemmapes, Fleurus y, más especialmente, en Montenotte, Millesimo, Dego, Castiglione y Rívoli, se puso fin a este sistema. Los franceses cortaban en dos a la ""anaconda”, mediante ataques en un punto donde habían concentrado fuerzas superiores. Entonces los anillos de la ""anaconda” eran cercenados en pedazos, uno por uno. En los Estados muy poblados y más o menos centralizados, siempre existe un centro, cuya ocupación por el enemigo debe quebrantar las posibilidades de resistencia de la nación. París es un brillante ejemplo. Pero los Estados esclavistas no poseen tal centro. Están escasamente poblados, las ciudades grandes son pocas y las que hay se hallan en la costa marítima. Cabe preguntarse: ¿existe, no obstante, en ellos un centro de gravedad militar, con cuya ruptura se quebraría la espina dorsal de su resistencia, o como Rusia en 1812, no serán conquistados sin ocupar cada aldea, cada localidad, en una palabra, sin ocupar toda la periferia? Echemos un vistazo a la conformación geográfica del territorio de la secesión, con sus largas extensiones de costas sobre el océano Atlántico y el golfo de México. En tanto los confederados retuvieron Kentucky y Tennessee, el territorio ocupado por ellos constituía una gran masa compacta. La pérdida de estos dos Estados introduce en él una inmensa cuña, ya que separa los Estados situados al norte del océano Atlántico de los del golfo de México. La ruta directa de Virginia y las dos Carolinas a Texas, Luisiana, Mississippi y aun, en parte, a Alabama, atraviesa Tennessee ocupada ahora por los unionistas. Después de la conquista completa de este Estado por los unionistas la única ruta, que vinculará los dos grupos de Estados esclavistas, pasa por Georgia. Esto demuestra que Georgia es la Uaoe hacia el territorio de secesión. Si la Confederación lo perdiese quedaría cortada en dos partes, sin posibilidad alguna de contacto entre sí. Además, casi sería imposible pensar en que los secesionistas pudiesen reconquistar Georgia, pues las fuerzas combatientes unionistas se concentrarían en una posición central, mientras que sus adversarios, divididos en dos campos, difícilmente tendrían fuerzas suficientes para reunirías en una ofensiva común.

¿Sería el requisito para tal operación la conquista de toda Georgia, con la costa de Florida? En modo alguno. En un país donde las comunicaciones, particularmente entre puntos distantes, dependen más del ferrocarril que de las carreteras, basta con capturar aquél. La línea ferroviaria más meridional que corre entre los Estados del golfo de México y la costa del Atlántico, atraviesa Macón y Gordon, cerca de Milledgeville. Por consiguiente, la ocupación de estos dos puntos cortaría a la Secessia en dos partes y permitiría a los unionistas derrotar una tras otra. Al mismo tiempo,’ de lo anterior se deduce que ninguna república del Sur puede vivir sin Tennessee. Sin este Estado, el nervio vital de Georgia se sitúa a sólo ocho o diez días de marcha desde la frontera; el puño del Norte estaría siempre suspendido sobre la cabeza del Sur y, a la menor presión, los confederados tendrían qué rendirse o luchar de nuevo por su existencia, en tales circunstancias que una sola derrota eliminaría toda perspectiva de éxito.

De las consideraciones anteriores, se deduce: El Potomac no es la posición más importante del teatro de operaciones. La captura de Richmond y el avance del ejército del Potomac hacia el Sur —dificultado por los muchos ríos que cruzan el camino—podría surtir un efecto moral tremendo. Desde el punto de vista puramente militar, nada decidiría. El resultado definitivo de la campaña está en manos del ejército de Kentucky, que ahora se halla en Tennessee. Por un lado, está más próximo a los puntos decisivos; por el otro, ocupa un territorio sin el cual la Secesión no puede vivir. Este ejército, por consiguiente, tendría que ser fortalecido a expensas de todos los demás y del sacrificio de todas las operaciones menores. 142 FEDERICO ENGELS / TEMAS MILITARES Sus próximos objetivos de operaciones serían Chattanooga y Dalton, en el alto Tennessee, los centros ferroviarios más importantes de todo el Sur. Una vez ocupados, la vinculación entre los Estados orientales y occidentales de la Secessia quedará limitada a las líneas de comunicación de Georgia. El problema siguiente sería, después de apoderarse de Atlanta y Georgia, cortar la otra línea ferroviaria y destruir, por fin, el último nexo entre las dos secciones, mediante la captura de Macón y Gordon. Por el contrario, si se sigue el plan "anaconda”, a pesar de todos los éxitos locales que se obtuvieran, aun en el Potomac, la contienda podría prolongarse en forma indefinida, en tanto que las dificultades financieras, junto con las intrigas diplomáticas, ensancharían su campo de acción. LA GUERRA CIVIL EN NORTEAMERICA Escrito por C. Marx y F. Engels en alemán, en marzo de 1862.

Publicado por. primera vez en el periódico Die Presse el 26 y 27 de marzo de 1862.

C. Marx y F. Engels, Obras, t. XII, p. II.

LA SITUACIÓN EN EL TEATRO DE LA GUERRA NORTEAMERICANA La captura de Nueva Orleans, como esclarecen los detallados informes que acaban de llegar, es una hazaña sin precedentes, brillante, de la flota. La flotá de los unionistas consistía sólo de barcos de madera: alrededor de seis buques de guerra armados con catorce a veinticinco cañones cada uno, con una numerosa flotilla auxiliar de cañoneras y lanchas portadoras de morteros. Esta flota tenía ante sí dos fuertes que bloqueaban el curso del Mississippi. Dentro del alcance de los cien cañones de estos fuertes, las aguas estaban obstruidas por una poderosa cadena, detrás de la cual se hallaba una serie de torpedos, balsas incendiarias y otras armas de destrucción. Para pasar entre los fuertes había que superar estos primeros obstáculos. Pero detrás de aquéllos se hallaba una amenazante línea de defensa formada por cañoneras blindadas, entre ellas la “Manassas”, ariete de hierro, y la “Luisiana”, poderosa batería flotante. Después de que los unionistas hubieron bombardeado durante los primeros seis días, y sin resultado alguno, los dos fuertes que dominaban completamente el río, resolvieron atravesar ese fuego, forzar la barrera de hierro con tres divisiones, remontar el río y arriesgar una batalla con los ironsides. * El audaz intento tuvo éxito. Y tan pronto como la flotilla apareció frente a Nueva Orleáns la victoria, naturalmente, quedó decidida. A Beauregard ya no le quedaba qué defender en Corinto. Su posición allí tenía algún sentido en tanto protegía a Mississippi y Luisiana, y en particular a Nueva Orleáns. Ahora se encuentra en una situación estratégica en que la pérdida de la batalla no le deja otra salida que dividir a su ejército en pequeños destacamentos de guerrilleros; porque si en la retaguardia de su * Flancos de hierro, literalmente. Acorazados. (Ed.)