A la tarde del mismo día el Star desmintió completamente a la Post y afirmó que su “rectificación” sólo cra un miserable subterfugio. En realidad el despacho no había sido “comunicado” sino leído por Adams a lord Palmerston y lord Russell.

Al día siguiente, sábado 11 de enero, el Daily News entró en la lidia y demostró a partir del artículo de la Morning Post del 21 de diciembre que esta última y el gobierno estaban perfectamente al corriente desde esa época, del despacho de Seward, que falsificaron deliberadamente. El gobierno preparaba ahora su retirada. En la tarde del 11 de enero, la semioficial Globe anunció que Adams habia comunicado al gobierno cl despacho de Seward el 19 de diciembre, pero que este, sin embargo, no contenía ofrecimientos por parte del gabinete de Washington” ni “ninguna excusa por el ultraje hecho a nuestra bandera por el capitán Wilkes” “3, Esta vergonzosa confesión de haber abusado deliberadamente del pueblo inglés durante tres semanas, cn lugar de apagar el fuego, lo avivó. Un grito de cólera resonó cn todos los diarios de los distritos industriales de Gran Bretaña y ayer por fin encontró eco en la prensa conservadora. Señalemos que todo el problema ha sido planteado no por los políticos sino por el público de los negocios. El Murning Star de hoy señala al respecto: “Lord John Russell es indudablemente uno de los responsables del escamoteo de la verdad; él es, también, cl que dejó circular las mentiras de la Morning Post sin desmentirlas, pero es incapaz de haber dictado el artículo irresponsable, nefasto y mentiroso que publicó el 21 de diciembre... Solo un hombre como el ministro que fabricó la guerra afgana puede haber sido capaz de escamotear el despacho de paz de Seward. La tonta indulgencia de los Comunes le perdonó esta ofensa: ¿el Parlamento y el pueblo no van a unirse para castigar esta nueva falta?” e ió CARLOS MARX UN GOLPE DE ESTADO DE LORD JOHN RUSSELL Die Presse, 21/1/1862 Londres, 17 de enero de 1862 La actitud de lord Jolin Russell durante la última crisis ha sido muy enojosa, aun para un hombre que cn toda su carrera parlamentaria demostró que raramente duda en sacrificar una fuerza rcal a una posición oficial. Nadie ha olvidado que lord John Russell perdió su puesto de primer ministro cn beneficio de Palmerston, pero nadie parece acordarse que mantiene, con Palmerston, el ministerio de Asuntos Exteriores. Todo el mundo considera como un axioma evidente que Palmerston dirige cl gabinete cn su nombre, y la política extranjera en nombre de Russell. A la llegada de la primera noticia de paz desde Nueva York, liberales y conservadores tocaron, a quien mejor, las trompetas del renombre para alabar la sabiduría de Estado de Palmerston, mientras que cl ministro de Exterior lord Jolin Russell no recibía ni un accésit para su papel de asistente. Fuc completamente ignorado, Pero apenas estalló el escándalo del escamoteo del despacho americano del 30 de noviembre el nombre de Russell resucitó de entre los muertos.

El ataque y la defensa descubricron entonces que cl ministro responsable de Asuntos exteriores se llamaba lord John Russell, Pero entonces Russell perdió la paciencia. Sin esperar la apertura del Parlamento y contrariamente a todas las costumbres ministe- -riales, publicó cn seguida cn la Gazette oficial del 12 de encro, su propia correspondencia con lord Lyons. Esta demuestra que Adams le leyó el 19 de diciembre a lord Jolin Russell el despacho de Seward del 30 de noviembre; que Russell reconoció expresamente que ese despacho contenía excusas por cl gesto del capitán Wilkes y que Adams —scgún esas revelaciones de Russell— estaba seguro de la solución pacífica del diferendo. Según cesta revelación oficial, ¿qué queda de la Morning Post del 21 de diciembre que había negado la llegada de algún despacho de Seward sobre el incidente del Trent? ¿Qué queda de la Morning Post del 10 de enero que acusaba a Adams de haber suprimido el despacho? ¿Qué queda de todos los rumores de guerra difundidos por la preusa de Palmerston desde el 19 de diciembre de 1861 al 8 de enero de 1862? ¡Peor todavía! El despacho de lord John Russell a lord Lyons del 19 de diciembre de 1861 demuestra que el gabinete inglés nunca presentó un ultimátum de guerra a los Estados Unidos, que lord Lyons nunca recibió instrucciones de dejar Wasliington siete horas después del envío del “ultimátum”; que Russell ordenó al embajador evitar toda apariencia de amenaza, y que el gabinete estaba determinado a no tomar una decisión definitiva sino después de la recepción de la respuesta americana. Toda la política estruendosa de la prensa palmerstoniana, que encuentra un eco tan servil en el continente, es pues, una simple quimera. En realidad jamás fue practicada. Prueba simplemente —como hoy lo declara un diario londinense— que Palmerston “buscaba contrarrestar la política proclamada por el Consejo responsable de la Corona y que tenía fuerza de ley”.

El hecho siguiente demuestra que el golpe de mano de lord Russell ha sacudido a la prensa palmerstoniana como un rayo en un ciclo sereno. El Times de ayer esquivó la dificultad silenciando pura y simplemente la correspondencia de Russell. Recién hoy reproduce en sus columnas el artículo de la Gazette londinensc, introducido y comentado por un editorial que evita temerosamente el punto central, es decir el conflicto que opone al pueblo inglés con el gobierno inglés y solo lo roza con cesta frase que expresa su mal humor: *Lord John Russell se ha preocupado mucho por encontrar la mención de una excusa en el despacho de Seward.” La cólera de Júpiter tonante de Printing Square House se evapora, por el contrario, como humo, en un segundo editorial donde declara que Gilpin, que es ministro de Comercio y partidario de la escuela de Manchester, es indigno de tener una banca en el gobierno. Sin embargo, a estc antiguo librero, a este demagogo y apóstol del justo medio que es Gilpin nadie lo considera un héroc. Pero el martes último, en una reunión pública en Northampton que él representa en el Parlamento, cometió este crimen: exhortó al pueblo inglés a impedir con manifestaciones públicas un reconocimiento intempestivo de la Confederación del Sur que estigmatizó, sin consideraciones, como fruto del esclavismo. ¡Como si —rugió indignado el Times— Palmerston y Russell —y cl Times se acuerda de pronto de la existencia de lord John Russell-- no hubicran consagrado toda su vida a combatir la esclavitud! Con seguridad que era una indiscreción cuidadosamente calculada la de Gilpin, al invitar al pueblo inglés a entrar en la lucha contra los ardores proesclavistas del ministerio al que él mismo pertenecía. Pero, como ya lo hemos dicho, Gilpin no es un héroe. Toda su carrera testimonia débiles disposiciones para el papel de mártir. Su indiscreción tuvo lugar el mismo día que lord John Russell dio su golpe de mano. De todo csto podemos sacar como conclusión que cl gabinete no forma “una familia unida y feliz” y que algunos de sus miembros ya se ha hecho a la idea de un “divorcio”, El epílogo ruso del drama del Trent no es menos notable que su sacudida ministerial inglesa. Durante todo este alboroto Rusia había guardado silencio y se había quedado con los brazos cruzados en segundo plano. Ahora se precipita sobre el proscenio, le golpea el hombro a Seward y declara que ha llegado cel momento de arreglar definitivamente el problema de los derechos marítimos ' de los Estados neutrales. Como ya sabemos, Rusia cree que su misión es poner los problemas urgentes de la civilización a la orden del día de la historia mundial cn el momento y lugar adecuados. Rusia está al abrigo del ataque de cualquier potencia marítima apenas esta, renunciando a sus derechos de beligerancia con respecto a los Estados neutrales, pierde la manera de dominar el comercio exterior ruso, La declaración de París del 16 de abril de 1856 10», que copia literalmente algunas partes del tratado de neutralidad “armada” de 1780 contra Inglaterra, todavía no es ley en Inglaterra. ¡Qué ironía del destino si el diferendo anglo-americano terminara con la ratificación por el Parlamento y la corona ingleses de una concesión que dos ministros ingleses hicieron a Rusia, por propia iniciativa, a fines de la guerra anglo-rusa de 18531