castigar al capitán del Trent que violó la neutralidad inglesa, proclamada por la reina. En circunstancias habituales se hubieran podido atribuir los sentimientos de los obreros ingleses a la simpatía normal que experimentan las masas populares del mundo entero por el único gobierno del pueblo que existe en el mundo. Pero hay más. En las actuales circunstancias, una gran parte de la clase obrera inglesa sufre directa *!% y severamente las consecuencias del bloqueo del Sur, mientras otra parte se siente alcanzada indirectamente por las restricciones del comercio americano debidas —según lo que dicen— a la egoísta política proteccionista de los republicanos. Y además, el único hebdomadario democrático que sigue existiendo —el Reynolds Weekly Newspaper— se ha vendido a Yancey y Mann y semana tras semana, se desgañita en llamados a la clase obrera, para que esta en su propio interés, impulse al gobierno a la guerra contra la Unión. En tales condiciones, la simple justicia exige que se considere con respeto la firme actitud de la clase obrera inglesa, y por lo tanto no se le puede oponer el comportamiento hipócrita, fanfarrón, débil y tonto del oficial y bienpensante John Bull.

¡Qué diferencia con la actitud del pueblo cuando el conflicto ruso de 1853-1856! En esa época el Times, la Post y otros órganos serviles de Londres lloriqueaban por la paz, y en todos lados les respondieron gigantescos mítines en favor de la guerra. Hoy esta prensa aulla por la guerra, mientras le responden mítines por la paz que denuncian los proyectos fratricidas oficiales así como las simpatías proesclavistas del gobierno. Realmente era un gusto ver la contrariedad de los augures de la opinión pública cuando llegó la noticia del arreglo pacífico del asunto del Trent. En principio hay que felicitarse por la dignidad, el buen sentido, la buena voluntad y la moderación de las que dieron prueba las masas, día tras día, a lo largo de este mes. En los dos dias siguientes a la llegada de la Plata estaban moderadas, mientras Palmerston dudaba y buscaba a ver si podía encontrar algún pretexto legal para el conflicto. Apenas los consejeros jurídicos de la Corona encontraron un pretexto legal, se desencadenaron alaridos “ como no se escuchaban desde la guerra antijacobina *”. Desde comienzos de diciembre partieron los despachos del gobierno inglés desde Queenstown. No se podía esperar uma respuesta de Washington antes de comienzos de enero. Los acontecimientos que se produjeron en el intervalo hablaban, todos, en favor de los americanos. El tono de la prensa del otro lado del Atlántico era calmo, aunque el asunto de Nashville ** había despertado las pasiones. Todos los hechos averiguados muestran que el capitán Wilkes actuó por propia decisión.

La situación del gobierno de Washington era delicada. Si se oponía a las exigencias inglesas, se arriesgaba a complicar la guerra civil con una guerra exterior. Si cedía, perjudicaba su autoridad interna, y parecía retroceder ante una presión extranjera. Y en esa situación, el gobierno sostenía, al mismo tiempo, una guerra que gozaba de las más cálidas simpatías de cualquier hombre que no fuera un rufián.

La prudencia y la decencia más elementales en consecuencia debieron dictarles a la prensa inglesa —al menos durante el tiempo que se esperaba la respuesta americana al pedido inglés— la abstención de toda palabra susceptible de contribuir a enardecer los espíritus, suscitar animosidad y complicar las dificultades ya existentes. ¡Pero no! Esta prensa “que no puede renrimir su bajeza y su servilismo” según la opinión de William Cobbett —una autoridad en la materia— durante medio siglo reptó humildemente ante la arrogancia creciente y los insultos de los gobiernos proesclavistas porque temía que los Estados Unidos se unieran finalmente en una sola fuerza. Y ahora se alegra ruidosamente, como los cobardes, de poder vengarse del gobierno republicano que está absorbido por las pesadas tareas de la guerra civil interna. La historia de la humanidad no conoce un ejemplo más infame de confesión de la propia bajeza.

-Uno de los lacayos, el Moniteur privado de Palmerston —la Morning Post— revela que algunos diarios americanos lo acusan de un acto ignominioso: John Bull jamás fue informado —porque sus dueños y oligarcas le ocultaron cuidadosamente la noticia— que Seward, sin esperar el despacho de Russell, desmintió toda participación del gabinete de Washington en cl gesto del capitán Wilkes. El despacho de Seward llegó a Londres el 19 de diciembre. El 20 de diciembre, el rumor de ese “secreto” se difundió por la Bolsa. El 21, los criados de la Morning Post-intervinieron para anunciar seriamente que “el despacho en cuestión no tenía ningu- . . . . r ” na relación con los incidentes ocurridos en el navío postal”. El lector pensará que tal vez tratamos demasiado duramente a esta prensa servil. Pero en el Daily News, el Morning Star y otros diarios londinenses, la experiencia nos ha enseñado desde hace bastante que el lector no sabrá jamás qué pasa con los demás en el exterior. En efecto Morning Post, el Times, y hasta la Patrie y el Pays, se ingenian para engañar al público no sólo para extraviarlo en materia política sino también para despojarlo financieramente en beneficio de sus dueños, en el dominio de la bolsa. El cínico Times se da perfectamente cuenta que en el curso de toda la crisis, sólo se comprometió a sí mismo y más aún él mismo ha aportado la prueba de la vacuidad de la afirmación según la cual ejercería alguna influencia verdadera en el pueblo de Inglaterra. Utiliza una argucia que hoy, en Londres, sólo actúa sobre los músculos de la risa, pero que, sin embargo, puede ser mal comprendida del otro lado del Atlántico. Las “clases populares” de Londres, el “mob” —como las llaman los lacayos de la prensa— han manifestado claramente —hasta se hizo un problema en los diarios con esto— que considerarían extremadamente conveniente, recibir a los esclavistas Mason (que dicho sea de paso, es un pariente lejano de Palmerston, ya que su bisabuelo se casó con una hija de sir W. Temples)'**, Slidell « Co. de la misma manera como recibieron a Haynau cuando visitó la cervecería de Barcaly (IV). El Times ya está espantado ante la idea de un incidente tan chocante. Pero, ¿cómo pararlo? Exhorta al pueblo inglés a no recibir con una ovación a Mason, Slidell € Co. El Times sabe muy bien que su artículo de hoy hizo reír en todos los bistrots de Londres. ¡Pero poco importa! Del otro lado del Atlántico algunos pensarán tal vez que el magnánimo Times ha salvado a América del insulto de las ovaciones entusiastas a Mason, Slidell € Co. cuando en realidad trató de proteger a esos señores de graves molestias.

Mientras el asunto del Trent no estuvo arreglado, Times, Morning Herald, Economist y Saturday Review— en el fondo toda la prensa convencional y venal de Londres— intentaron todo para convencer a John Bull de que el gobierno de Washington aunque lo quisiera sería incapaz de salvaguardar la paz, porque el populacho no se lo permitiría y el mismo gobierno federal era el gobierno del populacho. Los acontecimientos demostraron que esto era una mentira. ¿Esta prensa trata ahora de reparar sus malvados insultos al pueblo americano? ¿Al menos aprendió la lección, es decir, que los lacayos no pueden pretender juzgar las acciones de los pueblos libres? Nada de eso. Hoy es unánime en descubrir que el gobierno americano, al no prevenir el pedido de "nglaterra y no darles la extradicción a los traidores sudistas apenas fueron capturados, dejó pasar la ocasión y quitó todo mérito a su presente concesión. ¡Verdaderos lacayos!

Seward condenó el gesto de Wilkes aún antes de recibir el pedido de explicación inglés y declaró en seguida que quería intentar el camino de la conciliación. ¿Qué se hace en semejantes circunstancias? ¿Qué lizo el gobierno inglés cuando con el pretexto de enrolar por la fuerza a marinos capturados a bordo de navíos americanos —un pretexto que no tiene nada que ver con los reglamentos de la marina sino que por el contrario es una enorme usurpación para cualquier noción de derecho internacional —el Leopard hizo una descarga sobre el Chesapeake y mató a seis marineros e hirió a otros ventiuno, antes de hacer prisioneros a bordo del Chesapeake a pretendidos ciudadanos ingleses? Esta exacción se produjo el 10 de junio de 1807. Verdadera satisfacción —devolución de marinos, etc.— recién se ofreció cinco años después, el 8 de noviembre de 1812. Es verdad que el gobierno inglés desautorizó en seguida el gesto del almirante Berkeley, como Seward lo hizo con el capitán Wilkes; sin embargo, a manera de castigo, el almirante fue promovido a un grado superior. Al proclamar las ordenanzas del Consejo **”, Inglaterra reconoció abiertamente que había violado los derechos de los Estados neutrales en general y de los Estados Unidos en particular; que esto le era impuesto por la fuerza como las medidas de represalias contra Napoleón, que se sentiría feliz al dejar de actuar así con la condición de que Napoleón tampoco violara los derechos de los Estados neutrales. En lo que concierne a los Estados Unidos, Napoleón cesó sus usurpaciones en la primavera de 1810, pero Inglaterra persistió en violar los derechos marítimos de América. Su resistencia duró desde 1806 hasta el 23 de junio de 1812, después que los Estados Unidos declararon la guerra a Inglaterra el 18 de junio de 1812. En este caso, Inglaterra se negó durante seis años a cesar sus usurpaciones —abiertamente reconocidas— aunque cada vez, las reparaba. ¡Y hay gente que se permite decir que el gobierno americano ha dejado pasar una brillante ocasión! Que su queja fuera justa o falsa, es una villanía por parte del gobierno británico apoyarse en esa queja que se refiere a un simple error técnico o falta de procedimiento, por medio de un ultimátum que exige la devolución de los prisioneros. El gobierno americano podía tener razones en ceder a este ultimátum, pero no podía tenerlas para tomar la iniciativa de arreglo de este conflicto por medio de una concesión unilateral, Al calmar el actual eonflicto del Trent no se ha arreglado, en absoluto, el problema que provocó toda la disputa y que probablemente resurgirá; es decir los derechos de una potencia marítima frente a los Estados neutrales. s Con el permiso de ustedes, intentaré tratar todo este problema en un próximo artículo. Por el momento permítanme decir que, a mi parecer, Mason y Slidell le han hecho un gran servicio al gobierno federal. En Inglaterra existía un influyente partido a favor' de la guerra, que ya sea por razones comerciales o por razones políticas, aspiraba a un conflicto con los Estados Unidos. El asunto del Trent puso a prueba a este partido y este fracasó. El furor de la guerra se calmó con un asunto menor que sirvió de válvula: el entusiasmo delirante de la oligarquía le hizo sombra a la democracia inglesa, chocó a los diversos intereses británicos ligados a los Estados Unidos y dio conciencia a los obreros sobre la verdadera naturaleza de la guerra civil. Todo esto va a poner un límite al peligroso período en el que Palmerston reinaba como autócrata, sin- que lo molestara el Parlamento. Fue el único momento en que pudo aventurarse a una guerra de Inglaterra al lado de los esclavistas. Ahora ese momento ya ha pasado. £ Canos MARX UN MITIN PROAMERICANO Die Presse, 5/1/1862 Londres, 1 de enero de 1862 Día a día, el movimiento de oposición a la guerra toma más energía y amplitud en cl seno del pueblo inglés. Durante las reuniones públicas organizadas un poco en todos los lugares del país, se pide el arbitraje del conflicto entre Inglaterra y América. Sobre el ¡jefe del gabinete llueven memorándums redactados en este sentido. y la prensa independiente de provincia es, por asf decirlo, unánime en su oposición a los llamados belicistas de la prensa londinense.

Damos a continuación un resumen detallado del mitin del lunes* último realizado en Brighton, porque emana de la clase obrera y porque los dos oradores principales —Conningham y White— son miembros influyentes del Parlamento, que se sientan del lado ministerial de la Cámara. Wood (un obrero) propuso la primera moción al afirmar que “el conflicto entre Inglaterra y América surge de una mala interpretación del derecho internacional, y no de un insulto deliberado a la bandera inglesa: que Ja presente asamblea considera, por lo tanto, que todo el litigio debería ser planteado ante una potencia neutral para que esta arbitrara; que en esas condiciones una guerra con América no sólo no se justificaría sino que por el contrario, debería ser condenada por el pueblo inglés”. Para apoyar su moción, Wood señaló: “Pretenden que este nuevo insulto no es sino el último anillo de una cadena de insultos que América le habría hecho a Inglaterra. ¿Pero suponiendo que esto sea verdad, qué probaría con respecto a los que proclaman la guerra actualmente? Nada más que esto: mientras América estaba unida y fuerte, aceptamos sus ultrajes sin movernos, pero ahora que está en peligro, explotamos una posición favorable para venEn. el insulto, ¿Esta manera de proceder no nos estigmatiza como cobardes a los ojos del mundo civilizado?” Conningham: “En este momento, la Unión practica una franca política de emancipación (aplausos), y yo formulo la seria es eranza de que no se permita ninguna intervención por parte del gobierno inglés, (Aplausos.) ¿Quieren ustedes, libres ingleses, admitir que los impliquen en una guerra antirrepublicana? Tal es la intención del Times y del partido que está detrás de él... Llamo a los obreros de Inglaterra que tienen el mayor interés en mantener la paz, para que cleven la voz y, llegado el caso, el puño, para impedir la perpetración de tal crimen. (Aplausos Sonoros. ) El "Times ha aplicado todos los medios para excitar las tendencias belicistas del país y para suscitar la hostilidad entre los americanos agravando los rencores y las discordias... Yo no pertenezco a lo ue llaman el partido pacifista. En 1853, el Times favoreció la política de Rusia y juntó todas sus fuerzas para invitar a nuestro país a asistir, sin moverse, a todas las usurpaciones militares de la barbarie rusa en el Este. Yo entonces evar su voz contra esa falsa política cuando el debate sobre la ley de conspiración que tenía por objeto facilitar la ició o) qu extra j refugiados políticos. E Ao esta ley en los Comun en el terreno jurídico, podían ser detenidos sin el navío que los trasportaba. En consecuencia, se pediría como conditio si . sine qua non la de <s Slidell y Mason. q devolución de « .

Admitamos que el pueblo del otro lado del Atlántico no permite que su gobierno nos devuelva a esas dos personas. ¿Quieren ir a la guerra para recuperar los cuerpos de esos dos embajadores de los esclavistas?... Existe en ese país un partido belicista antirrepublicano. Acuérdense de la última guerra rusa. Luego de que Petersburgo publicó los despachos secretos, no quedaron dudas de que los artículos publicados por el Times en 1855 habían sido redactados por una persona que tenía acceso a los archivos y documentos secretos del Estado ruso. En esa época Layard leyó en los Comunes los pasajes notorios, y el Times, confundido, modificó en seguida su tono; desde el día siguiente empezó a hacer sonar la trompeta de la guerra... El Times se enfrentó varias veces con el emperador Napoleón y apoyó al gobierno cuando pidió créditos para fortificar las costas e instalar baterías flotantes. Después de actuar así y dar la voz de alarma contra Francia, el Times quiere ahora dejar nuestras costas al descubierto frente al emperador francés, en el momento en que implica a nuestro país en una guerra del otro lado del Atlántico... Es de temer que los grandes preparativos armados, en gran escala, no tiendan solo al caso del Trent sino también a la eventualidad de un reconocimiento por nuestro gobierno de los Estados esclavistas. Si Inglaterra se presta a esta maniobra, se cubrirá de vergienza eterna.” White: “Hay que reconocer que la clase obrera es el origen de esta reunión y que todos los gastos de organización ham sido soportados por su comité... El actual gobierno jamás tuvo el tacto de actuar honesta y francamente con el pueblo... En ningún momento creí en alguna posibilidad de guerra por el asunto del Trent. Les dije en la cara, a varios miembros del gobierno, que ningún ministro pensaba en la posibilidad de una guerra por el incidente del Tren. ¿Entonces por qué todos estos gigantescos preparativos? Creo que Inglaterra y Francia se han puesto de acuerdo para reconocer la independencia de los Estados sudistas en la próxima primavera. Hasta entonces, Gran Bretaña mantendría su flota en las aguas americanas, flota de una superioridad aplastante. Se terminaría además el sistema de defensa cn Canadá. Si los Estados del Norte entonces, están decididos a hacer del reconocimiento de los Estados sudistas un casus belli, Gran Bretaña estaría lista...” El orador siguió exponiendo los peligros de una guerra con los Estados Unidos, hizo revivir en las memorias las manifestaciones de simpatía de América cuando la muerte del general Havelock, la ayuda de los marinos norteamericanos a los barcos ingleses cuando