Karl Marx
Un golpe de Estado de Lord John Russell

["Die Presse", núm. 20, del 21 de enero de 1862]
Londres, 17 de enero de 1862

La posición de Lord John Russell durante la última crisis fue de lo más enojosa, incluso para un hombre cuya entera vida parlamentaria demuestra que rara vez ha vacilado en sacrificar el poder efectivo por una posición oficial de poder. Nadie olvidaba que Lord John Russell había perdido la jefatura del gobierno en favor de Palmerston, pero nadie parecía recordar que había obtenido de Palmerston el Ministerio de Asuntos Exteriores. Todo el mundo considera como axioma evidente que Palmerston dirige el gabinete en su propio nombre y la política exterior bajo el nombre de Russell. Al llegar la primera noticia de paz desde Nueva York, whigs y tories rivalizaron a son de trompetas en glorificar la sabiduría de Estado de Palmerston, mientras el ministro de Asuntos Exteriores, Lord John Russell, no recibía siquiera un accésit de elogio como auxiliar. Se le ignoró por completo. Mas apenas estalló el escándalo a propósito del
despacho norteamericano suprimido
del 30 de noviembre, cuando el nombre de Russell fue resucitado de entre los muertos.

Tanto el ataque como la defensa hicieron entonces el descubrimiento de que ¡el
responsable
ministro de Asuntos Exteriores se llamaba Lord John Russell! Pero ahora también se colmó la paciencia de Russell. Sin esperar la apertura del Parlamento, contra todo precedente ministerial, publicó inmediatamente en la oficial "Gazette" del 12 de enero su propia correspondencia con Lord Lyons. Esta correspondencia prueba que el señor Adams leyó a Lord John Russell, el 19 de diciembre, el despacho de Seward del 30 de noviembre, que Russell reconoció expresamente este despacho como una
apología
del acto del capitán Wilkes, y que el señor Adams, después de las explicaciones de Russell, consideró seguro un desenlace pacífico de la disputa. ¿Qué queda, después de esta revelación
oficial
, de la "Morning Post" del 21 de diciembre, que negaba la llegada de todo despacho de Seward relativo al caso "Trent", qué de la "Morning Post" del 9 de enero, que acusaba al señor Adams de suprimir aquel despacho, qué de todo el estrépito guerrero de la prensa palmerstoniana desde el 19 de diciembre de 1861 hasta el 8 de enero de 1862? ¡Más aún! El despacho de Lord John Russell a Lord Lyons del 19 de diciembre de 1861 prueba que el gabinete inglés
no
planteó
ningún ultimátum de guerra
; que Lord Lyons
no
recibió la orden de abandonar Washington siete días después de presentar "ese ultimátum"; que Russell ordenó al enviado evitar toda apariencia de amenaza; por último, que el gabinete inglés había decidido adoptar una
resolución definitiva
sólo después de
recibir
la respuesta norteamericana. Toda la política pregonada a bombo y platillo por la prensa palmerstoniana, que encontró tantos ecos serviles en el continente, es, pues, una mera quimera. Jamás se llevó a la práctica. Sólo demuestra, como declara un periódico londinense de hoy, que Palmerston "trataba de frustrar la política declarada y vinculante de los
consejeros responsables
de la Corona".

El que el coup de main |golpe de mano| de Lord John Russell cayese sobre la prensa palmerstoniana como un rayo en cielo despejado lo prueba un hecho del modo más concluyente. El "Times" de ayer suprimió la correspondencia de Russell y no la mencionó en absoluto. Sólo hoy aparece en sus columnas una reproducción de la "Londoner Gazette", introducida y prologada por un artículo de fondo que evita con ansiedad la verdadera cuestión en disputa, la
cuestión litigiosa entre el pueblo inglés y el gabinete inglés
, y la roza únicamente con la frase malhumorada de que "Lord John Russell se ha esforzado en exceso por leer en el despacho de Seward del 30 de noviembre una
apología
". La ira del Júpiter tonans |dios del trueno| de Printing House Square se evapora, en cambio, en un segundo artículo editorial, en el cual se declara indigno de su puesto en el ministerio al señor Gilpin, miembro del gabinete, presidente del Board of Trade |Ministerio de Comercio y Transportes| y partidario de la escuela de Manchester. En efecto, Gilpin, antiguo librero, demagogo, apóstol de la templanza, a quien nadie tendrá por un héroe, el pasado martes, en un mitin público en Northampton, del que es representante parlamentario, ha exhortado criminalmente al pueblo inglés a impedir mediante manifestaciones públicas un reconocimiento prematuro de la Confederación sureña, a la que estigmatizó sin miramientos como un engendro de la esclavitud. ¡Como si —exclama indignado el "Times"—, como si Palmerston y Russell —el "Times" se acuerda ahora otra vez de la existencia de Lord John Russell— no hubieran combatido la esclavitud toda su vida! Fue, ciertamente, una indiscreción, una indiscreción
calculada
del señor Gilpin, hacer comparecer al pueblo inglés frente a las apetencias proesclavistas de un ministerio del que él mismo forma parte. Pero el señor Gilpin, como queda dicho, no es ningún héroe. Toda su carrera muestra poca predisposición al martirio. Su indiscreción se produjo el
mismo día
en que Lord John Russell ejecutó su coup de main |golpe de mano|. De ahí que quepa concluir que el gabinete no es una "happy family" y que sus distintos miembros ya se han familiarizado con la idea del "divorcio".

No menos notable que el epílogo ministerial inglés del drama del "Trent" es su
éxito ruso
. Rusia, que durante todo el alboroto permaneció en segundo plano con los brazos cruzados en silencio, salta ahora al proscenio, da palmaditas en los hombros al señor Seward y declara que por fin ha llegado el momento de la reglamentación definitiva de los derechos marítimos de los neutrales. Rusia, como se sabe, se considera llamada a poner en el orden del día de la historia universal las cuestiones urgentes de la civilización en el momento oportuno y en el lugar adecuado. Rusia se vuelve inatacable para las potencias navales tan pronto como éstas, con sus derechos de beligerantes frente a los neutrales, renuncien a su poder sobre el comercio de exportación de Rusia. La Convención de París del 16 de abril de 1856, que en parte copia
literalmente
el tratado
ruso
de neutralidad armada contra Inglaterra de 1780, no es todavía
ley
en Inglaterra por el momento. ¡Qué juego del destino si el conflicto
anglo-norteamericano
terminase con la sanción, por el Parlamento inglés y la Corona inglesa, de una concesión que dos ministros ingleses hicieron a Rusia por su propia autoridad al final de la guerra
anglo-rusa
!