Reconocimiento del bloqueo americano

["Die Presse" nº 70 del 12 de marzo de 1862]

Londres, 8 de marzo de 1862

¡Parturiunt montes! |¡Los montes están de parto!| Los amigos ingleses de Secesia habían amenazado, desde la apertura del Parlamento, con una "moción" sobre el bloqueo americano. La moción ha sido finalmente presentada en la Cámara de los Comunes en la muy modesta forma de una moción por la que se insta al gobierno a "presentar más documentos sobre el estado del bloqueo" - e incluso esta insignificante moción fue rechazada sin la formalidad de un llamamiento nominal.

El señor
Gregory
, autor de la moción, miembro por Galway, ya había presentado en la sesión parlamentaria del año anterior, poco después del estallido de la guerra civil, una moción para el reconocimiento de la Confederación del Sur. A su discurso de este año no puede negársele una cierta habilidad sofística. Sólo que el discurso adolece de la grave circunstancia de que se divide en dos partes, una de las cuales anula a la otra. Una parte describe los efectos desastrosos del bloqueo sobre la industria algodonera inglesa y exige
por tanto
la supresión del bloqueo. La otra parte demuestra, a partir de los documentos presentados por el ministerio, entre ellos dos escritos de los señores Yancey y Mann y del señor Mason, que el bloqueo no
existe
en absoluto, salvo sobre el papel,
por lo que
no debe ser reconocido por más tiempo. El señor Gregory aderezó su argumentación con continuas citas del "Times". El "Times", al que en este momento le resulta del todo inoportuno un recordatorio de sus oráculos,
le da las gracias al señor Gregory mediante un leader |artículo de fondo|, en el que lo expone a la burla pública.

La moción del señor Gregory fue apoyada por el señor
Bentinck
, un ultra-tory, que desde hace dos años se ha esforzado en vano por provocar en el campo conservador una secesión del señor Disraeli.

Era de por sí un espectáculo ridículo ver los supuestos intereses de la industria inglesa representados por Gregory, el representante de Galway, un insignificante puerto del oeste de Irlanda, y por Bentinck, el representante de Norfolk, un distrito puramente agrícola.

Contra ambos se alzó el señor
Forster
, representante de Bradford, un centro de la industria inglesa. El discurso de Forster merece un examen más detenido, pues demuestra de manera contundente la nulidad de las frases hechas puestas en circulación por los amigos de la Secesión en Europa sobre el carácter del bloqueo americano. En primer lugar, dijo, los Estados Unidos han cumplido todas las formalidades exigidas por el derecho internacional. No han declarado ningún puerto en estado de bloqueo sin proclamación previa, sin notificación especial sobre el momento de su inicio y sin fijar los 15 días tras cuyo transcurso se prohibiría la entrada y salida a los buques neutrales extranjeros.

La habladuría sobre la "ineficacia" legal del bloqueo se basa, pues, únicamente en los casos supuestamente frecuentes en que ha sido burlado. Antes de la apertura del Parlamento se decía que 600 barcos lo habían burlado. El señor Gregory reduce ahora la cifra a 400. Su material probatorio se basa en dos listas, una entregada al gobierno el 30 de noviembre por los comisionados del Sur
Yancey
y
Mann
, y la otra, una lista suplementaria, por
Mason
. Según Yancey y Mann, desde la proclamación del bloqueo hasta el 20 de agosto más de 400 barcos, ya fuera entrando o saliendo, burlaron el cerco. Pero, según los informes oficiales de aduanas, el número total de barcos entrados y salidos es sólo de 322. De esta cifra, 119 zarparon
antes
de la declaración del bloqueo, 56
antes
de expirar el plazo permitido de 15 días. Quedan 147 barcos. De estos 147 barcos, 25 eran barcos fluviales que navegaron hacia Nueva Orleans, donde yacen inactivos; 106 eran barcos de cabotaje, todos, con excepción de 3 barcos, según expresión del propio señor Mason, barcos "cuasi-interiores". De estos 106, 66 navegaban entre Mobile y Nueva Orleans. Cualquiera que conozca esta costa sabe lo absurdo

que es llamar violación del bloqueo al hecho de que un barco navegue detrás de lagunas, de modo que apenas toque el mar abierto y sólo se deslice pegado a la costa. Lo mismo vale para los barcos entre Savannah y Charleston, donde se deslizan entre islas en estrechas lenguas de tierra. Según el testimonio del cónsul inglés Bunch, estos barcos planos sólo aparecían en mar abierto durante unos pocos días. Descontados los 106 barcos de cabotaje, quedan 16 salidas hacia puertos extranjeros, de ellas 15 hacia puertos americanos, principalmente Cuba, y 1 hacia Liverpool. El "barco" que atracó en Liverpool era una goleta, y lo mismo eran todos los demás "barcos", con excepción de una balandra. ¡Se ha hablado mucho -exclamó el señor Forster- de bloqueos de papel! ¿No es esta lista de los señores Yancey y Mann una lista de papel? Sometió a un análisis similar la lista suplementaria del señor Mason y mostró además cómo el número de cruceros escapados ascendía sólo a 3 o 4, mientras que en la última guerra anglo-americana nada menos que 516 cruceros americanos burlaron el bloqueo inglés e inquietaron la costa marítima inglesa. "El bloqueo ha sido, por el contrario, maravillosamente efectivo desde su apertura."

Otra prueba la proporcionan los informes de los cónsules ingleses, pero sobre todo los precios corrientes del Sur. El 11 de enero, el precio del algodón en Nueva Orleans ofrecía una prima del 100 por ciento para la exportación a Inglaterra; el beneficio por la importación de sal ascendía al 1.500 por ciento, y el beneficio por el contrabando de guerra era aún incomparablemente mayor. A pesar de esta tentadora perspectiva de ganancia, era tan imposible embarcar algodón hacia Inglaterra como sal hacia Nueva Orleans o Charleston. De hecho, el señor Gregory no se queja de que el bloqueo sea ineficaz, sino de que es demasiado eficaz. Él nos exhorta a ponerle fin, y con ello a la paralización de la industria y del comercio. Una respuesta dice:

"¿Quién insta a esta Cámara a romper el bloqueo? ¿Los representantes de los distritos que sufren? ¿Resuena este grito desde Manchester, donde hay que cerrar las fábricas, o desde Liverpool, donde los barcos yacen inactivos en los muelles por falta de carga? Al contrario. Resuena desde Galway y es apoyado por Norfolk."

Del lado amigo de la Secesión se hizo notar también el señor
Lindsay
, gran constructor naval en North Shields. Lindsay había ofrecido sus astilleros a la Unión y, con este fin, había viajado a Washington, donde experimentó el disgusto de ver rechazadas sus ofertas comerciales. Desde entonces ha dirigido sus simpatías hacia el país de Secesia.

El debate fue cerrado por un detallado discurso de Sir
R. Palmer
, el Solicitor General, que habló en nombre del gobierno. Demostró de manera jurídicamente sólida la fuerza y suficiencia del bloqueo según el derecho internacional. En esta ocasión hizo trizas en efecto, como le reprochó Lord Cecil, los "nuevos principios" proclamados en la Convención de París de 1856. Entre otras cosas, expresó su asombro de que Gregory y sus consortes osaran apelar en un Parlamento británico a la autoridad de Monsieur
de Hautefeuille
. Se trata ciertamente de una "autoridad" recién inventada en el campo bonapartista. Los artículos de Hautefeuille en la "Revue contemporaine" sobre los derechos marítimos de los neutrales demuestran la más completa ignorancia o mauvaise foi |deshonestidad| por orden superior.

Con el fiasco completo de los amigos parlamentarios de la Secesión en la cuestión del bloqueo, queda eliminada toda perspectiva de una ruptura entre Inglaterra y los Estados Unidos.