integrar el cuerpo, fue detenido por un agente de la Confederación, J. P. Bruce. Levingood apeló al tribunal supremo de Elbert County (Georgia) que ordenó su liberación inmediata. En la larga exposición de los motivos, los jueces declaran entre otras: “En el parágrafo del preámbulo de la constitución de la Confederación, está cuidadosa y expresamente subrayado que los diferentes Estados son independientes y soberanos. ¿En qué sentido se puede decir todavía, en el caso de Georgia, si cada miliciano puede ser sustraído por la fuerza al control del comando supremo de ese Estado? ¿Si el Congreso de Richmond aprueba una ley admitiendo excepciones a la conscripción, qué le impide hacer leyes que no las admitan de manera de comprometer la responsabilidad del gobernador, de la asamblea legislativa y del personal judicial, poniendo fin a la autonomía de todos los órganos gubernamentales del Estado particular?...

” Por estas razones, entre otras, juzgamos y ordenamos por la presente sentencia que la ley de conscripción del Congreso es nula, sin ningún valor, y no tiene ningún valor legal...” De esta manera prohibió la conscripción dentro de sus fronteras el Estado de Georgia, y el gobierno de la Confederación no se animó a oponerse.

En Virginia encontramos las mismas fricciones entre el “Estado particular” y la “Confederación particular de los Estados”. La razón del conflicto es que el gobierno del Estado niega a los agentes de Jefferson Davis el derecho de reclutar milicianos en Virginia y de incorporarlos al ejército confederado. En esa ocasión se abrió una viva polémica entre el ministro de guerra y el sinicstro general J. B. Floyd que, bajo la presidencia de Buchanan y a título de ministro de guerra de la Unión, preparó la secesión y además, hizo “secesión” cn su cofre privado a una parte apreciable del tesoro público. Este famoso ¡efe secesionista llamado en el Norte Floud the Thief (Floyd el Ladrón) ahora posa como campeón de los derechos dc Virginia contra la Confederación. A propósito de la correspondencia entre Floyd y el ministro de guerra, el Richmond Examiner señala: “Toda cesta correspondencia ilustra muy bien la resistencia y la animosidad que muestro Estado (Virginia) sufre por parte de los que abusan del poder de la Confederación en Richmond. Virginia está aplastada por cargas intolerables. Pero todo tiene sus límites; por paciente que sea el Estado no soportará más la repetición de los abusos legislativos... Virginia, practicamente proveyó todas las armas, municiones y provisiones militares que permitieron sostener las batallas de Bethel y de Manassas. Pava ponerlos al servicio de los Confederados sacó de sus propios arsenales y depósitos setenta y tres mil fusiles y mosquetes, doscientas treinta y tres” piczas de artillería y un magnifico armamento. Puso al servicio de la Confederación hasta el último hombre cn estado de combatir; ahora bien, se vio obligada a cchar al cnemigo de su frontera occidental por sus propios medios: ¿no rebela el comprobar que la gente del gobierno de la Confederación hoy, se anima a burlarse de ella?” También en Texas el envío repetido de sus hombres hacia cl este levantó la oposición a la Confederación. El 30 de septiembre, Oldham, el representante de Tejas, protestó en cl Congreso de Richmond: “Cuando Ja expedición Wildgans de Subley, tres mil quinientos soldados elegidos de Tejas fueron enviados a la muerte en las planicies áridas de Nuevo Méjico. El resultado fue atraer al enemigo a mnestras fronteras. que cruzará este invierno. Mandaron las mejores tronas de Tejas al este del Misisipí, las arrastraron a Virginia, las utilizaron en lose puntos más peligrosos, donde fucron diezmadas. Las tres cuartas partes de cada regimiento tejano duerme en la tumba, o han sido devueltos a sus hogares por enfermedad. Si este eobierno continúa sacando las disponibilidades combatientes de Tejas para mantener cada regimiento con su efeetivo normal, Tejas será arruinada, irremediablemente arruinada, Es injusto y poco nolítico. Estos hombres quieren defender su familia, su propiedad y su patria. En su nombre protesto contra el hecho de mandar a estos hombres del oeste del Misisipí al este desguarneciendo su propia región mientras el norte, cl este, el oeste y cl sur de miestro Estado están amenazados por el enemigo.” De los datos aportados por los mismos periodistas sudistas surgen dos conclusiones. Los esfuerzos exigidos por cl gobierno confederado para cubrir los vacios del ejército superan el límite de lo tolerable. Los recursos militares se agotan. Pero cn segundo lugar, y este punto es decisivo, la doctrina de los state rights (de la soberanía de los Estados particulares) gracias a la cual los usurpadores dieron un barniz constitucional a la seccsión, en el presente amenaza con volverse en su contra. Jefferson Davis no logró “hacer del Sur una nación”, contrariamente a lo que proclama su admirador inglés Gladstone **, CarLos Marx LOS RESULTADOS ELECTORALES EN LOS ESTADOS DEL NORTE Die Presse, 23/11/1862 Londres, 18 de noviembre de 1862.

Las elecciones constituyen de hecho, un fracaso para el gobierno de Washington . Los viejos jefes del Partido demócrata explotaron hábilmente el malhumor debido a las inhabilidades financieras y a los imperativos militares, y no caben dudas de que el Estado de Nueva York, en manos de los Seymour, Wood y Bennett, puede convertirse cn el centro de peligrosas intrigas. Sin embargo, no hay que exagerar la importancia práctica de esta reacción. La actual Cámara de representantes republicana conti- -núa sancionando, y los parlamentarios que acaban de ser elegidos recién entrarán en función en diciembre de 1863.

En lo que concierne al Congreso de Washington las elecciones . - por ahora, son una simple demostración En ningún Estado, excepto el de Nueva York, hubo elecciones de gobernador. El Partido republicano sigue, por lo tanto, como antes, al frente de los diferentes Estados. Las victorias electorales de los republicanos en Massachusetts, lowa, Michigan e Illinois contrabalancean en cierta medida sus pérdidas en Nueva York, Pensilvania, Ohío e Indiana.

Un análisis un poco detallado de las ganancias “demócratas” lleva a un resultado muy diferente del proclamado por los diarios ingleses, La ciudad de Nueva York, fuertemente disgregada por el populacho irlandés, tomó en este último tiempo una parte activa en la trata de esclavos y constituye el asiento del mercado financiero americano, al mismo tiempo que representa el crédito hipotecario de todas las plantaciones del Sur. Siempre fue netamente “demócrata” como Liverpool todavía hoy es conservadora. Como desde 1856, los distritos rurales del Estado de Nueva York volvieron a votar esta vez por los republicanos, aunque con menos celo que en 1860. Además, una gran parte de los hombres cn edad de votar está en campaña. Si se suman los distritos rurales y urbanos, la mayoría demócrata solo es de ocho a diez mil votos en el Estado de Nueva York.

En Pensilvania, que en principio oscilaba entre los whigs y los demócratas, después entre los demócratas y los republicanos, la mayoría es solo de tres mil quinientos votos, en Indiana es todavia más débil, y en Ohío, donde tiene ocho mil votos de ventaja, los líderes demócratas señalables por sus simpatías por el Sur —como el odiado Vallandigham— han perdido sus bancos en el Congreso.

El irlandés ve en el negro un peligro competitivo, El campesino laborioso de Indiana y de Ohío odian al negro en segundo lugar después de la esclavitud. Para cllos, es el símbolo de la esclavitud y del envilecimiento de las clases laboriosas, y la premsa demócrata agita todos los dias la amenaza de que sus territorios se vean sumergidos por los “negros”, Además, los Estados que han dado los mayores contingentes de voluntarios, son los más descontentos por la miserable manera de conducir la guerra en Virginia. Pero esto, sin embargo, no es lo esencial. En el momento en que fue elegido Lincoln (1860) la guerra civil todavía no había estallado, y el problema de la emancipación de los negros no estaba todavía a la orden del día. Aunque enteramente separado del Partido abolicionista, el Partido republicano quería simplemente, en 1860, protestar contra la extensión de la esclavitud en los territorios y proclamaba al misino tiempo que consideraba que no debía mezclarse esta institución en los Estados donde ya existía legalmente, Si hubiera lanzado el grito de guerra de la emancipación de los esclavos, seguramente Lincoln hubiera perdido las elecciones, ya que la mayoría no quería tal cosa.

Es totalmente distinto cn las elecciones que acaban de terminar. Los republicanos hicieron causa común con los abolicionistas. Con énfasis se declararon por la emancipación inmediata o bien como fin en sí, o bien como medio de poner término a la rebelión, Si se tiene cn cuenta este dato, la mayoría gubernamental en Michigan, Illinois, Massachusetts, lowa y Delaware, y la minoría muy fuerte en los Estados de Nucva York, Ohío y Pensilvania, parecen tan sorprendentes una como la otra. Tal resultado era inconcebible antes de la guerra, aun en Massachusetts. Bastó que el Gobierno y el Congreso (convocado para el mes próximo) dieran prueba de alguna encrgía para que los abolicionistas, que cu adelante se identifican con los republicanos, tomaran cu todos lados la delantera moral y numérica. Las veleidades de intervención de Luis Bonaparte les dan un apoyo “exterior”. El único peligro consiste en el mantenimiento de generales como McClellan, que son partidarios declarados de la esclavitud.

CarLos Marx LA DESTITUCIÓN DE McCLELLAN Die Presse, 29/11/1862 Londres, 24 de noviembre de 1862, “McClellan destituido” tal fue la respuesta de Lincoln a la victoria clectoral demócrata. Los diarios demócratas habían proclamado con la mayor seguridad que la elección de Seymour para el puesto de gobernador del Estado de Nueva York traería la revocación inmediata de la proclama de Lincoln sobre la abolición de la esclavitud en Secessia a partir del 19 de enero de 1863 *1, Los diarios que publicaban esta profecía apenas habían salido de las prensas, cuando su general favorito —favorito, porque temía tanto una gran derrota como una victoria decisiva— era privado de su comandancia. Todos recordamos que como respuesta a la proclama de Lincoln, McClellan había lanzado una contra proclama, una orden del día a su ejército. En esta prohibía toda manifestación contra la medida presidencial, pero deslizaba palabras tan funestas como. estas: “Es deber de los ciudadanos rectificar los errores políticos, si los hay, por las urnas,” McClellan, al frente del principal ejército de los Estados Unidos, apelaba al presidente ante las elecciones cercanas. Arrojaba en la balanza el peso de su autoridad. Salvo un pronunciamiento a la mancra española no podía expresar con mayor claridad su hostilidad a la política del presidente. Después de la victoria electoral de los demócratas, Lincoln no le quedaba otra elección: debía rebajarse hasta ser el instrumento del partido del compromiso proesclavista, o privar a ese partido del apoyo con el que lo beneficiaba en el ejército de la persona de McClellan. Por eso, la destitución de McClellan en ese momento preciso es una demostración política. Pero, de todas maneras, se ha vuelto ineluctable. En un informe al ministro de Guerra, el comandante cn jefe, Halleck, acusó a McClellan de insubordinación pura y simple. Poco después de la derrota de los Confederados en Maryland, el 6 de octubre, Halleck había dado la orden de atravesar el Potomac, aprovechando que el poco nivel de agua del río y sus afluentes favorecía las operaciones militares. Desafiando esa orden McClellan no se movió una pulgada, con el pretexto que su ejército era incapaz de caminar por falta de aprovisionamiento. En su informe, Halleck demuestra que esto fue un simple subterfugio, que el cjército del Este gozaba de grandes privilegios, en relación con el ejército del Oeste, en lo que concernía a intendencia. De cualquier manera el aprovisionamiento necesario podía ser recibido tanto en el sur como en el norte del Potomac. Un segundo informe completa cl de Halleck. El comité encargado de investigar sobre la caída de Harper's Ferry '* en manos de los Confederados, acusa a McClellan de haber concentrado tropas de la Unión, estacionadas cerca de cse arsenal, con una lentitud incomprensible —y solo las hizo avanzar seis millas inglesas (alrededor de una y media alemana) por día— para alinearlas. Estos