Karl Marx

Crisis en la cuestión de los esclavos

["Die Presse" Nº 343, del 14 de diciembre de 1861]

Londres, 10 de diciembre de 1861

En los Estados Unidos se ha llegado manifiestamente a un punto de crisis con respecto a la cuestión que constituye la base de toda la guerra civil: la cuestión de los esclavos. El general Frémont es destituido por haber declarado libres a los esclavos de los rebeldes. Poco después, el gobierno de Washington publica una instrucción al general Sherman, comandante de la expedición a Carolina del Sur, que va más allá que Frémont, al ordenar que se reciba a los esclavos fugitivos, incluso de los propietarios de esclavos leales, como trabajadores asalariados y, en determinadas circunstancias, se los arme, consolando a los propietarios «leales» con la perspectiva de una indemnización ulterior. El coronel Cochrane va más lejos que Frémont y exige el armamento general de los esclavos como medida de guerra. El secretario de Guerra Cameron aprueba públicamente las «opiniones» de Cochrane. El secretario del Interior desautoriza entonces al secretario de Guerra en nombre del gobierno. El secretario de Guerra repite su «opinión» con redoblada energía en una reunión pública y declara que la hará valer en su informe al Congreso. El general Halleck, sucesor de Frémont en Missouri, al igual que el general Dix en Virginia Oriental, expulsa a los negros fugitivos de los campamentos de guerra y les prohíbe presentarse en adelante en los alrededores de las posiciones ocupadas por su ejército. El general Wool, al mismo tiempo, recibe con los brazos abiertos al «contrabando» negro en la fortaleza Monroe; los viejos jefes del Partido Demócrata, el senador Dickinson y Croswell (antiguo miembro de la llamada regencia demócrata), declaran en cartas públicas su coincidencia con Cochrane y Cameron, y el coronel Jennison, en Kansas, sobrepasa a todos sus predecesores militares con una arenga a sus tropas, en la que, entre otras cosas, dice:

«Nada de contemporizaciones con los rebeldes ni con quienes simpatizan con ellos... He declarado al general Frémont que no habría desenvainado la espada si hubiera creído que la esclavitud sobreviviría a esta lucha. Los esclavos de los rebeldes hallarán siempre protección en este campamento y serán defendidos con el último hombre y la última bala. No quiero entre mis tropas a nadie que no sea abolicionista (I want no men who are not Abolitionists); no tengo lugar para ellos, y espero que no haya semejantes personas entre nosotros, pues todos saben que la esclavitud es el fundamento, el centro y la cúspide de esta guerra infernal... Si el gobierno desaprueba mi modo de proceder, puede recuperar mi patente; pero, en ese caso, actuaré por mi propia cuenta (on my own hook), así al comienzo no pueda contar más que con 6 hombres.»

En los estados esclavistas fronterizos, particularmente en Missouri, y en menor grado en Kentucky, etc., la cuestión de los esclavos se resuelve ya prácticamente. Se está produciendo, en efecto, una enorme barrida del elemento esclavo. Así, de Missouri han desaparecido unos 50.000 esclavos, de los cuales una parte ha huido y la otra ha sido deportada por los propios esclavistas a los estados más meridionales.

Un hecho sumamente importante y característico no es mencionado, curiosamente, en ningún periódico inglés. El 18 de noviembre se reunieron, en efecto, los delegados de 45 condados de Carolina del Norte en la isla Hatteras, nombraron un gobierno provisional, revocaron los actos de secesión y proclamaron el retorno de Carolina del Norte al seno de la Unión. Las zonas de Carolina del Norte representadas en esa convención han sido convocadas para elegir representantes al Congreso en Washington.