Como ya sabemos, los Estados Unidos eran la única gran potencia que se negó a adherir a la Declaración de París de 1856. En efecto, si renunciaban a la campaña en el mar se veían obligados a crear una gigantesca marina del Estado. Ahora bien, todo debilitamiento de sus medios de guerra en el mar los amenazaba al mismo tiempo con el peso de un ejército permanente en tierra según los criterios europeos. Sin embargo, el presidente Buchanan se mostró dispuesto a ratificar la Declaración de París siempre que —con excepción del contrabando de guerra— se asegurara la misma inviolabilidad a toda propiedad enemiga o neutral que estuviera en los barcos. Su proposición fue rechazada. Del libro azul de Seward surge que Lincoln apenas entró en funciones, ofreció a Inglaterra y Francia la adhesión de los Estados Unidos a la Declaración de París, a condición de que la prohibición de campaña en el mar se extendiera a la fracción rebelde de los Estados Unidos, es decir la Confederación del Sur. De hecho la respuesta que recibió fue el reconocimiento de los derechos beligerantes de la Confederación del Sur +9, “La humanidad, el progreso y la civilización” sugirieron a los gabinetes de Saint-James y' de las Tullerías que la prohibición de la campaña marítima reduciría considerablemente las posibilidades de la secesión, y por lo tanto la disolución de los Estados Unidos. La Confederación fue reconocida apresuradamente como parte beligerante, para que se pudiera contestar enseguida al gabinete de Washington que Inglaterra y Francia no podían, era evidente, reconocer la proposición de una de las partes beligerantes como ley, obligando a la otra parte beligerante. Desde cl comienzo de la guerra civil, la misma “noble honestidad” inspira todas las negociaciones diplomáticas de Inglaterra y de Francia con el gobierno de la Unión, y si la San-Jacinto no hubiera requisado al Trent en la ruta a Bahama, hubiera bastado cualquier otro incidente para servir de pretexto al conflicto que lord Palmerston reclama. CarLos Marx A PROPÓSITO DE LA CRISIS DEL ALGODÓN Die Presse, 8/8/1862 La asamblea anual de la Cámara de comercio se realizó cn Manchester hace algunos dias. Representa a Lancashire, el distrito industrial más importante del Reino Unido y el centro principal de la manufactura de algodón británica. El presidente de la asamblea —E. Potter— y los principales oradores —Bazley y Turner— representan a Manchester y a una parte de Lancashire en los Comunes. Las deliberaciones de esta asamblea nos muestran oficialmente cual será la actitud del gran centro de la industria algodonera inglesa en el “senado de la nación”, en lo que concierne a la crisis americana, : En la asamblea, realizada el año precedente por la Cámara de comercio, Ashworth, uno de los más importantes barones del algodón de Inglaterra celebró con términos ditirámbicos la expansión inaudita de la industria algodonera inglesa en el curso de la última década. Señaló en especial, que las crisis comerciales de 1847 a 1857 no habían provocado ninguna caida de las exportaciones inglesas de hilos y tejidos de algodón. Explicó este fenómeno por las virtudes maravillosas del sistema de libre cambio introducido en 1846. Ya en esa época ese lenguaje sonaba a hueco: ¿cómo un sistema incapaz de evitarlc a Inglaterra las crisis de 1847 y 1857 podía sustraer a una rama de la industria inglesa en particular —la del algodón— de la influencia de la crisis general? ¿Y hoy qué escuchamos? Todos los oradores, incluido Ashworth, reconocen que desde 1858 hubo un ahogo en los mercados asiáticos sin precedentes, y que como consecuencia de una superproducción masiva y continuamente sostenida, había que esperar la actual saturación aunque no hubiera habido guerra civil americana, tarifa Morrill ** y bloqueo. Sigue abierto el interrogante de saber si la caída de las exportaciones del año último hubiera alcanzado los seis millones de libras esterlinas sin esas circunstancias agravantes; de cualquier manera hay que admitir que los principales mercados de Asia y Australia tienen una provisión de artículos algodoneros ingleses suficiente para doce meses. La actual crisis de la industria del algodón inglés no resulta simplemente del bloqueo americano sino de la superproducción inglesa, como ahora lo confiesa la autoridad competente en la materia, la Cámara de comercio de Manchester. Pero, ¿cuáles scrían las consecuencias de la continuación de la guerra civil americana? Ante esta pregunta obtenemos de nuevo una respuesta unánime: sufrimientos infinitos para las clases laboriosas y ruina de los pequeños fabricantes. Cheatham señala: “En Londres pretenden que todavía tememos suficiente algodón para seguir dando trabajo. Pero no se trata solo de algodón. Se trata antes que nada, de precio. Con los precios actuales, los fabricantes se comerían el capital.” En estas condiciones, la Cámara de comercio se declaró en neta oposición a toda intervención de cualquier tipo a los Estados Unidos, aunque la mayoría de sus miembros estén suficientemente influenciados por el Times como para considerar inevitable la disolución de la Unión. Potter afirma: “La intervención es lo último que podemos aconsejar. El último lugar de donde partiría tal proposición sería de Manchester. Nada nos determinará a aconsejar algo moralmente malo.” Bazley: “El diferendo americano debe continuar sometido al principio más estricto de la no intervención. El pueblo de cada país debe ordenar sus propios asuntos sín confusión exterior.” Cheatham: “En este distrito, la opinión dominante se rebela con fuerza contra toda intervención en el litigio americano. Hay que expresarlo claramente, ya que en caso de duda podría ejercerse una presión extraordinaria sobre el gobierno de la otra parte.” ¿Por lo tanto qué aconseja la Cámara de comercio? El gobierno inglés debe eliminar todos los obstáculos que siguen frenando, por fallas administrativas, el cultivo de algodón en la India. Sobre todo debe abolir la tasa del diez por ciento sobre las importaciones que grava en la India los hilos y tejidos ingleses. Apenas se eliminó el régimen de la compañía de Indias orientales *”, apenas se incorporaron al Imperio británico las Indias orientales, Palmerston a través de Wilson introdujo en la India esta tasa de importación sobre los productos manufacturados ingleses, y esto ca el mismo momento en que vendía Saboya y el condado de Iza a cambio del acuerdo comercial anglo-francés 108 A propósito Bazley señala que desde la introducción de esta tasa se exportaron hacia Bombay y Calcuta grandes cantidades de máquinas y que en el lugar se edificaron fábricas de estilo inglés Estas se aprestan a apoderarse de los mejores algodones hindúes. Si al diez por ciento de la tasa de importación se le agrega el Quince por ciento de gastos de transporte, los rivales artificialmente suscitados por la iniciativa del gobierno inglés, gozan de una t if protectora del veinticinco por ciento. a _ En general, la asamblea de los altos dignatarios de la industria inglesa expresa su amargo resentimiento frente a las tendencias proteccionistas, que sc desarrollan cada vez más en las colonias sobre todo en Australia, Estos señores olvidan que durante más de un siglo y medio estas colonias protestaron en vano contra el sistema colonial” de la metrópoli. En ese momento las colon; reclamaban el librecambio, mientras Inglaterra se mantenía en la prohibición. Hoy, Inglaterra pregona el librecambio y las colonias consideran que el proteccionismo con respecto a Inglaterra está más de acuerdo con sus intereses, Carnos Marx EL HUMANITARISMO BRITÁNICO Y AMERICA Die Presse, 20/6/1862 Londres, 14 de junio de 1862 _Como en Francia la libertad, ahora en Inglaterra el humanitarismo se ha convertido en un artículo de exportación para los negociantes de la política. Nos acordamos del tiempo en ue el zar Nicolás hizo azotar por sus soldados a las damas polacas 100