Una crítica militar de la revista de Newton

Escrito a principios de agosto de 1861.

Del inglés.

["The Volunteer Journal, for Lancashire and Cheshire" nº 49, del 10 de agosto de 1861]

La revista de Newton del año pasado fue un gran éxito, tanto mayor cuanto que se vio afectada por dificultades de todo tipo. Fue el primer intento de reunir a los voluntarios de Lancashire en un cuerpo de tropas. Las disposiciones del ferrocarril distaron mucho de ser lo que deberían haber sido; el terreno se hallaba en un estado deplorable; el tiempo era muy malo. A pesar de todo, la cosa transcurrió con una normalidad notable, y nuestros voluntarios regresaron a casa mojados, hambrientos y sedientos, pero con la orgullosa conciencia de haber sorprendido a todo el mundo por la manera sensata, firme y soldadesca con que habían llevado a cabo su tarea.

¿Puede decirse lo mismo de la revista de este año? Tememos que no. Las disposiciones del ferrocarril fueron excelentes, el terreno se hallaba en magnífico estado, el tiempo era bueno; los voluntarios habían recibido un año más de instrucción en ejercicios; y, sin embargo, estamos convencidos de que la mayoría de ellos regresó a casa con menos satisfacción acerca de su jornada y del éxito del día que el año anterior. ¿De quién fue la culpa?

Cuando las tropas llegaron al terreno, las banderas que señalaban el lugar de las distintas brigadas estaban en su sitio y, en general, los ayudantes de los batallones fueron colocados de inmediato. Pero a toda una serie de batallones, especialmente a los que llegaron primero, se les hizo marchar de un lado a otro, hacer alto, marchar de nuevo y volver a hacer alto durante largo tiempo, antes de ser conducidos a los lugares que les estaban destinados. La consecuencia fue que cuerpos que se hallaban en el terreno desde media hora o una hora antes del comienzo de la revista, no encontraron tiempo para poner los fusiles en pabellón y dar licencia a sus hombres, siquiera por unos minutos, para que se refrescaran. Esto no fue ciertamente culpa de los jefes de batallón.

Después del saludo general empezaron las evoluciones. Pero apenas hubo evoluciones. La primera brigada desplegó y efectuó una serie de disparos, una descarga de compañía del centro al flanco, una descarga de batallón, tres descargas de fuego por filas. Entretanto, la segunda brigada desplegó y, una vez terminados los disparos, relevó a la primera línea. Esto se efectuó formándose ambas líneas en columnas de a cuatro y marchando la segunda línea de a cuatro a través de los intervalos de la primera. El propio reglamento caracteriza este movimiento como adecuado únicamente para fines de parada, que nunca debe emplearse en combate (pág. 113). Acto seguido, la segunda brigada realizó los mismos ejercicios de tiro, mientras la tercera brigada desplegaba para formar una segunda línea y la primera brigada se retiraba en columnas hacia atrás. Observamos que la primera brigada necesitó un buen rato para ello y no se puso en marcha hasta que el tiroteo de la segunda brigada estuvo casi terminado. Luego avanzaron la tercera y, después, la cuarta brigada, y les tocó el turno de disparar, tras lo cual todo el cuerpo de tropas formó columnas en masa y desfiló.

De modo que, en lugar de evoluciones, sólo hubo, y es evidente, dos puntos en los que los voluntarios presentes pudieron dar pruebas de su eficiencia: en el tiro y en la marcha. Ahora bien, nos oponemos enérgicamente a que el tiro con cartuchos de fogueo se convierta en criterio para juzgar a un cuerpo de voluntarios como el que se reunió en Newton. Hubo regimientos que consumieron cantidades ingentes de cartuchos de fogueo y, en consecuencia, han logrado desde hace tiempo éxitos notables en el tiro de salvas cortas y nutridas. Hubo otros que eran igual de buenos, acaso mejores, y que en los ejercicios de compañía y de batallón, así como en el tiro al blanco, cumplen con su cometido, pero que hasta ahora apenas habían tirado con cartuchos de fogueo. Y hubo un gran número de los pequeños cuerpos de la campiña, formados en batallones con motivo de esta ocasión, que jamás habían tenido oportunidad de efectuar una descarga de batallón por la sencilla razón de que hasta el momento no había sido posible realizar con ellos ejercicios de batallón. El tiro de salvas, cuando se juzga únicamente por el sonido y no por el efecto, es, con mucho, la más fácil de todas las tareas del soldado; un batallón seguro en todos los demás aspectos lo aprenderá en brevísimo tiempo, y si la gran mayoría de los batallones presentes

efectuó salvas muy deficientes, hemos de decir francamente que ello hasta nos complace; pues demuestra que no han malgastado el tiempo en practicar un arte que pueden aprender en cualquier momento en el lapso de una semana y que es muy propenso a degenerar en juego y exhibición.

La única ventaja del programa fue que toda la infantería presente tuvo algo que hacer. En todos los demás aspectos fue realmente muy pobre. No hubo combate de tiradores, apenas evoluciones, y la prueba de rendimiento propuesta no sólo fue un engaño, sino absolutamente injusta para la masa de los cuerpos presentes. En cuanto al magnífico ataque de caballería con que concluyó la maniobra, preferimos no decir nada. El público lo tomó como una gran broma.

En el desfile volvimos a comprobar la constante debilidad de los voluntarios: el magnífico desprecio de la distancia. Sólo un regimiento desfiló manteniendo más o menos la distancia correcta; pero
no
era el mismo regimiento que se había distinguido de modo especial por sus salvas. Creemos que, en el estado actual de la instrucción, el mantenimiento correcto de la distancia es a la vez más difícil y más importante que la precisión de las salvas. En conjunto, el desfile mostró menos progresos desde el año pasado de lo que cabía esperar, pero tenemos que consignar que, en este aspecto, los pequeños cuerpos de la campiña fueron los que más progresaron. Esto merece tanto mayor reconocimiento público cuanto que estos pequeños cuerpos tienen que luchar contra las mayores dificultades, carecen en su mayoría del apoyo de un instructor y no cuentan con más autoridad militar superior que su suboficial de instrucción.

Observamos con pesar entre los voluntarios de Lancashire la difusión de la casaca escarlata e incluso del gorro de piel de oso; parece indicar una tendencia al boato que no puede ser provechosa para el movimiento. Mas éste es un tema que nos alejaría mucho de Newton, y por lo tanto volveremos sobre él en otra ocasión.

F. E.