Karl Marx

La intervención en México

["Die Presse" nº 311 del 12 de noviembre de 1861]

Londres, 7 de noviembre de 1861

El "Times" publica hoy, en su conocida manera abigarradamente caleidoscópica y afectadamente humorística, un artículo de fondo sobre la incursión del gobierno francés en el Valle de los Dappes y sobre la protesta de Suiza contra esa violación de su territorio. El oráculo de Printing House Square recuerda cómo, en la época de la lucha más enconada entre los fabricantes ingleses y los terratenientes, se adiestraba a niñitos empleados en las fábricas para que arrojaran agujas a las partes más delicadas de la maquinaria, perturbando así el movimiento de todo el enorme autómata. La maquinaria es Europa, el niñito es Suiza, y la aguja que ésta arroja al autómata que funcionaba plácidamente es la incursión de Luis Bonaparte en su territorio o, más bien, su vocerío acerca de esa incursión. De este modo, la aguja se transmuta súbitamente en el grito por el pinchazo de la aguja, y el símil, en una bufonada contra el lector que espera un símil. El "Times" se regocija además con su propio descubrimiento de que el Valle de los Dappes consta de una sola aldea llamada Cressonières. Termina su corto artículo en plena contradicción con su comienzo. ¿Por qué —exclama— hacer tanto aspaviento por esta infinitamente pequeña bagatela suiza, cuando en la próxima primavera Europa estará en llamas por todos lados? No se olvide que, poco antes, Europa era un autómata en regla. Todo el artículo parece un puro despropósito, y sin embargo tiene su sentido. Es una declaración de que Palmerston ha dado carta blanca a su aliado del otro lado del Canal en el asunto suizo. La explicación

de esta declaración se encuentra en la seca noticia del "Moniteur" de que Inglaterra, Francia y España firmaron el 31 de octubre una convención para una
intervención en México
conjunta. Por muy lejos que esté el cantón de Vaud de Veracruz, tan cerca están el artículo del "Times" sobre el Valle de los Dappes y la noticia del "Moniteur" sobre México.

Es creíble que Luis Bonaparte contaba con una intervención en México entre las muchas posibilidades que mantiene siempre a mano para distraer al pueblo francés. Es seguro que España, a quien sus baratos éxitos en Marruecos y Santo Domingo se le han subido a la cabeza, sueña con una restauración en México. Pero es cierto que el proyecto de Francia no estaba aún maduro, y que ambas, Francia y España, se resistían a una cruzada contra México bajo el mando supremo
inglés
.

El 24 de septiembre, el "Moniteur" privado de Palmerston, el "Morning Post", comunicó los detalles de un tratado que Inglaterra, Francia y España habrían acordado para una intervención conjunta en México. Un día después, la "Patrie" negaba la existencia de todo tratado semejante. El 27 de septiembre, el "Times" refutaba a la "Patrie", sin nombrarla. Según el artículo del "Times", Lord Russell había
comunicado
al gobierno francés la decisión inglesa de intervenir, a lo que el señor Thouvenel respondió que el Emperador de los franceses había llegado a una resolución similar. Ahora le tocaba el turno a España. El gobierno español declaró en un órgano semioficial que se proponía una intervención en México, pero de ningún modo una intervención al lado de Inglaterra. Llovieron los desmentidos. El "Times" había anunciado categóricamente que "el presidente de la Unión americana había dado su pleno consentimiento a la expedición proyectada". Apenas llegó esta noticia al otro lado del Océano Atlántico, todos los órganos del gobierno americano la estigmatizaron como mentira, señalando que el presidente Lincoln iba con México, no contra México. De todo ello se desprende que el plan de intervención, en su forma actual, surgió en el gabinete de St. James.

No menos enigmáticas y contradictorias que las declaraciones sobre el origen de la convención fueron las declaraciones sobre sus fines. El órgano de Palmerston, el "Morning Post", proclamaba que México no era un Estado organizado con un gobierno existente, sino un mero nido de rapiña. Como tal había que tratarlo. La expedición sólo persigue un fin: la satisfacción de los acreedores del Estado mexicano en Inglaterra, Francia y España. A tal efecto, las fuerzas coaligadas ocuparán los puertos principales de México, recaudarán los derechos de importación y exportación

en su costa, y retendrán esta "garantía material" hasta que todas las reclamaciones de deuda estén satisfechas.

El otro órgano de Palmerston, el "Times", declaraba en cambio que, por larga experiencia, Inglaterra está "curtida contra las depredaciones del insolvente México". No se trata de los intereses privados de los acreedores, sino que "esperan que la mera presencia de una escuadra unida en el Golfo de México y la ocupación de algunos puertos basten para incitar al gobierno mexicano a
nuevos
esfuerzos para mantener la paz interior y para obligar a los descontentos a una oposición más constitucional que la del bandidaje".

Según esto, la expedición se llevaría a cabo para apoyar al gobierno oficial de México. Pero al mismo tiempo, el "Times" insinúa que "la capital de México es suficientemente sana, en caso de que fuese necesario un avance tan profundo".

El medio más original para consolidar un gobierno consiste sin duda en el secuestro violento de sus ingresos y de sus territorios. La mera ocupación de los puertos y la recaudación de los aranceles en ellos, por otra parte, sólo llevaría al gobierno mexicano a establecer una línea aduanera más tierra adentro. Los derechos de importación sobre las mercancías extranjeras y los de exportación sobre las americanas se duplicarían así, y la intervención satisfaría de hecho las demandas de los acreedores europeos mediante el saqueo del comercio europeo-mexicano. Solvente puede volverse el gobierno mexicano sólo mediante la consolidación en el interior, y sólo puede consolidarse en el interior mientras se respete su independencia en el exterior.

Así como se contradicen los supuestos fines de la expedición, se contradicen aún más los supuestos medios para esos supuestos fines. Los propios órganos del gobierno inglés confiesan que, si una u otra cosa fuese alcanzable mediante una intervención unilateral de Francia o de Inglaterra o de España, todo se vuelve inalcanzable con la intervención
conjunta
de estos Estados.

Recuérdese que el partido liberal en México, bajo Juárez, el presidente oficial de la República, tiene ahora el predominio en casi todos los puntos; que el partido católico, bajo el general Márquez, ha sufrido derrota tras derrota, y que la chusma de bandidos organizada por él ha sido rechazada hacia las sierras de Querétaro y depende de la alianza con el cacique indio Mejía de aquella zona. La última esperanza del partido católico era la intervención
española
.

"El único punto", dice el "Times", "sobre el que posiblemente puede surgir discordia entre nosotros y nuestros aliados concierne al
gobierno de la República
. Inglaterra desea dejarlo en manos del partido liberal, en tanto que Francia y España son sospechosas de parcialidad hacia la dominación eclesiástica recientemente derrocada. Sería singular que Francia se erigiera a la vez en el nuevo y el viejo mundo en protectora de curas y bandidos. Así como en Italia los partidarios de Francisco II son equipados en Roma para su obra de hacer ingobernable Nápoles, así también en México los caminos reales, e incluso las calles de la capital, son infestados por bandidos a los que el partido clerical declara abiertamente sus amigos."

Y precisamente por eso, ¡Inglaterra consolida el gobierno liberal; al emprender con Francia y España una cruzada contra él, busca sofocar la anarquía suministrando al partido clerical, en sus últimas boqueadas, nuevas tropas de la Confederación desde Europa!

Las costas de México, pestilenciales como son, salvo durante los cortos meses de invierno, sólo pueden mantenerse mediante la conquista del país mismo. Pero un tercer órgano del gobierno inglés, el "Economist", declara imposible la conquista de México.

"Si se le quiere imponer", dice este periódico, "un príncipe británico con un ejército inglés, se provoca la más salvaje furia de los Estados Unidos. Los celos de Francia harían imposible tal conquista, y la propuesta sería rechazada casi unánimemente por un parlamento inglés tan pronto como se le presentara. Inglaterra, por su parte, no puede confiar a Francia el gobierno de México. De España no puede hablarse en absoluto."

Toda la expedición es, pues, una mistificación, cuya clave da la "Patrie" con estas palabras:

"La convención reconoce la necesidad de establecer en México un gobierno fuerte, que pueda mantener allí la tranquilidad y el orden."

Se trata sencillamente de aplicar a los Estados de América, mediante una nueva Santa Alianza, el principio en virtud del cual la Santa Alianza se consideró llamada a inmiscuirse en las relaciones interiores de gobierno de los países de Europa. El primer plan de este tipo fue esbozado para los Borbones de España y Francia en la época de la Restauración por Chateaubriand. Fracasó por
Canning
y por
Monroe
, el presidente de los Estados Unidos, que declaró proscrita toda injerencia europea en los asuntos internos de los Estados americanos. Desde entonces, la Unión americana sostuvo siempre la Doctrina Monroe como ley internacional. Sin embargo, la presente guerra civil creó la

situación propicia para asegurar, por parte de las monarquías europeas, un precedente de intervención sobre el cual se pueda seguir edificando más tarde. Éste es el verdadero fin de la intervención anglo-franco-española. Su resultado inmediato sólo puede y debe ser la
restauración
de la anarquía que precisamente se extingue ahora en México.

Dejando a un lado todos los puntos de vista generales del derecho internacional, el acontecimiento tiene para Europa la gran significación de que Inglaterra, mediante concesiones en el terreno de la política continental, ha comprado el seguidismo de Luis Bonaparte en la expedición mexicana.