los Estados esclavistas del Sur. De hecho escriben dos tipos de artículos: uno para atacar al norte, otro. para excusar sus ataq contra el Norte. Qui sSexcusse Saccuse. ( Sus argumentos son, en esencia, lenitivos: la guerra ne > Norte y el Sur es un simple conflicto tarifario. E roblema SO 1 ue ver con los principios, ni dd de hecho se trata de la sed de poder que pimenta el Norté. Además, si el derecho está de lado de los nordistas, ñ en vano que se intentara poner bajo el yugo, por la vio e Is E ocho millones de anglosajones. En fin, dla separación o » NA no libera al Norte de todas o e none avi Ny a negros y no le aseguraría — ado sus Mi o ue al tes y su inmenso territorio— un desarro o sup moría saludar S a la amplitud? En consccuencia, cl Norte debería o ción como un acontecimiento feliz, en lugar de cea de liquidarla por medio de una guerra civil sangrienta > mel a Vamos a considerar punto por punto el alegato de p inglesa.

El conflicto entre el Norte y el Sur —tal es la primera MI no es sino una simple guerra tarifaria, una guerra entre Ne mas proteccionistas O librecambistas en el que Inglaterra está, o o ne mente del lado de la libertad comercial. ¿El propictario LO sa vos puede gozar libremente del fruto del trabajo e sas se e o debe ser frustrado parcialmente por los proteccioni: Norte? Este es el problema que se plantea cn esta guerra, ba Le estaba reservado al Times el hacer este brillante descu E miento; el Economist, cl Examiner, la Saturday peo y att quanti se dedican a exponer este tema cn detallo a a pena señalar que este descubrimiento no fue hecho en aros 1 en Londres. Naturalmente, Cn América cada uno sabe O sistema de libre cambio prevaleció de 1846 a LS6L. Y que nudo que esperar a 1861 para que el representante Morri hiciera ar por el Congreso, su sistema de protección tarifaria, espa e estalló la rebelión. Por lo tanto, no hubo secesión porque : Cor greso haya votado el sistema tarifario de Morrill sino en e cios de los casos, ese sistema fuc adoptado en el Congreso porq había estallado la secesión.

* En francés en el original.

Cuando Carolina del Sur tuvo su primera crisis de secesión en 1831, las leyes proteccionistas de 1828 le sirvieron, es verdad, de pretexto, pero solo de pretexto, como se supo por la declaración del general Jackson *!, Esta vez no se retomó este viejo pretexto. En el Congreso de la secesión de Montgomery se evitó toda alusión a la cuestión tarifaria, porque los cultivos azucareros de Lousiana —uno de los estados más influyentes del sur— dependen totalmente de la protección tarifaria.

Además, la prensa londinense sostiene en su alegato que la guerra de los Estados Unidos tiende únicamente al mantenimiento de la Unión por la fuerza. Los nordistas no se resuelven a borrar quince estrellas de su bandera. Los yanquis quieren hacerse un lugar enorme cn la escena mundial. ¡Es verdad, todo hubiera sido de otra manera si esta guerra se hiciera por la abolición de la csclavitud! Pero como lo declara categóricamente la Saturday Review, esta guerra no tiene nada que ver con el problema de la esclavitud. Ántes que nada hay que recordar que la guerra no fuc provoca: da por el Norte sino por el Sur. El Norte está a la defensiva. Durante meses miró sin moverse, cómo los secesionistas se apoderaban de fuertes, arsenales militares, instalaciones portuarias, construcciones de aduana, oficinas de pago, navíos y depósitos de la Unión, insultaban su bandera y hacían prisioneros a cuerpos de tropa enteros. Finalmente Jos secesionistas decidicron obligar al gobierno de la Unión a salir de su pasividad a través de un acto de guerra resonante, y 'es por esta única razón que bombardearon Fort Sumter cerca de Charleston. El 11 de abril de 1861, el general Beauregard le dijo al mayor Anderson, después de un encuentro con el comandante del Fort Suniter, que la plaza disponía solo de tres días de víveres y por lo tanto debía rendirse pasado ese lapso. Para apresurar la rendición, los secesionistas abrieron el bombardeo en las primeras horas del día siguiente (12 de abril); éste debía provocar la caída de la plaza en algunas horas. Apenas llegó esta noticia, por telégrafo, a Montgomery, asiento del Congreso de la seccsión, el ministro de guerra Walker declaró públicamente en nombre de la nueva Confederación: “Nadie puede decir dónde terminará la guerra empezada hoy*?” Al mismo tiempo profetizó que “antes del 1? de mayo la bandera de la Confederación del Sur flotará en la cúpula del viejo Capitolio de Washington y en poco, sin duda, también en el Faneuil Hall de Boston”.** Esto recién después de la proclama en la que Lincoln llamó a setenta y cinco mil hombres para proteger a la Unión. El bombardeo de Fort Sumter cortó la única vía constitucional posible, a saber: la convocatoria de una asamblea general del pueblo americano, como lo había propuesto Lincoln en su mensaje inaugural **, A Lincoln no le quedaba, pues, otra elección que la de huir de Washington, evacuar Maryland y Delaware, abandonar Misurí y Virginia, o responder a la guerra con la guerra.

Ante el problema de saber cuál es el principio de la guerra civil americana el mismo Sur le contesta con el grito de guerra lanzado en el momento de la ruptura de la paz. Stephens, el vicepresidente de la Confederación del Sur, declara en el Congreso de la secesión que lo que distinguía esencialmente a la Constitución recién tramada en Montgomery de la de Washington y Jefferson, era, que de ahora en adelante y por primera vez, la esclavitud era reconocida como una institución buena en sí y como el fundamento de todo el edificio del Estado. Mientras que los padres de la revolución trabados en los prejuicios del siglo xvmr, habían tratado la esclavitud como un mal importado de Inglaterra que debía ser eliminado progresivamente. Otro fanfarrón del Sur, Speeds, exclama: “Para nosotros se trata de fundar una gran república esclavista (a great slave republic)” Como vemos, el Norte ha sacado la espada simplemente para defender a la Unión. ¿Y el Sur ya no declaró que el mantenimiento de la esclavitud no era compatible por mucho tiempo con la existencia de la Unión? Así como cl bombardeo de Fort Sumter dio la señal de apertura de las hostilidades, la victoria electoral del Partido republicano del Norte —la elección de Lincoln a la presidencia— dio la señal de la secesión. Lincoln fue elegido el 6 de noviembre de 1860. Del 8 de noviembre de 1860 es el telegrama de Carolina del Sur: “La secesión es considerada aquí eomo un hecho realizado”. El 10 de noviembre la Asamblea legislativa de Georgia puso en marcha su plan de secesión, y el 13 de noviembre fue convocada una sesión especial de la Asamblea legislativa de Misisipi para debatir la seccsión. A decir verdad, la victoria de Lincoln en sí no era sino cl resultado de una escisión en el campo demócrata. Durante la batalla electoral los demócratas del Norte habían concentrado sus votos en Douglas, y los del Sur en Breckinridge y este desmenuzamiento de los votos demócratas permitió la victoria del Partido republicano. ¿De dónde proviene por una parte, la superioridad del Partido republicano en el Norte* y por la otra, la división en el seno del Partido demócrata, cuyos miembros, en cl Norte y en el Sur, operaban de acuerdo desde hacía más de medio siglo? La presidencia de Buchanan representó el punto culminante de la dominación sobre la Unión que el Sur había terminado por usurpar gracias a su alianza con los demócratas del Norte. El último Congreso continental de 1787 y el primer Congreso constitucional de 1789-1790 habían desterrado la esclavitud legalmente de todos los territorios de la República al noroeste de Ohío. (Como ya sabemos, los territorios son los nombres dados a las colonias situadas dentro de los Estados Unidos, inientras no han alcanzado el nivel de población constitucionalmente prescripto para la formación de Estados autónomos.) - El llamado compromiso de Misurí (1820)* a consecuencia del cual Misuri entró en las filas de los Estados Unidos cn tanto Estado esclavista, excluyó la esclavitud de todo el territorio más allá de los 36” 30” de latitud norte y al oeste del Misurí. Este compromiso hizo avanzar la zona de la esclavitud varios grados de longitud, mientras por otra parte se asignaban límites geográficos muy precisos a su propagación futura. Esta barrera geográfica fue trastocada a su vez en 1854 por lo que se llama el KansasNebraska bill”, cuyo promotor fue Stephen A. Douglas, entonces líder de la democracia del Norte. El bill adoptado por las dos cámaras del Congreso abolió el compromiso de Misurí, puso cn pie de igualdad la esclavitud y la libertad, ordenó al gobierno de la Unión tratarlos con la misma indiferencia, y dejó a la soberanía popular cl cuidado de decidir si era necesario o no introducir la esclavitud en un territorio, Así, por primera vez en la historia de los Estados Unidos, se abolía toda limitación geográfica y legal para la extensión de la esclavitud en los territorios. Por esta nueva legislación todo el territorio, hasta entonces libre, de Nuevo Méjico y cinco veces más grande que el Estado de Nueva York, fue transformado cn un país de esclavitud y la zona esclavista fue prolongada, desde la frontera de la República mejicana, hasta los 38” de latitud norte. En 1859 Nuevo Méjico fue dotado de un e y código de esclavitud que rivalizaba en barbarie con las legislaciones de Tejas y Alabama. Sin cmbargo, como lo indica el censo de 1860, Nuevo Méjico cuenta apenas con una cincuentena de esclavos sobre cerca de cien mil habitantes. Al Sur le ha bastado con enviar más allá de la frontera a un puñado de aventureros con algunos esclavos para dar, con la ayuda del gobierno central de Washington, a sus funcionarios y proveedores de Nuevo Méjico, una apariencia de representación popular con miras a otorgar la esclavitud a csc territorio e imponer en todos lados la dominación de los esclavistas. Sin embargo, este método cómodo no será eficaz en otros territorios. Por eso el Sur dio un paso de más y el Congreso apeló a la Corte suprema de los Estados Unidos. Esta corte, compuesta de nueve jueces, de los cuales cinco pertenecen al Sur, era desde hacía mucho tiempo, el instrumento más dócil de los esclavistas. En 1857, en el memorable caso Dred Scott? decidió que cada ciudadano americano tenía el derecho de llevar con él a cualquier territorio toda propiedad reconocida por la Constitución. Ahora bien, la Constitución reconocía la propiedad de los esclavos; de esta manera se obligó al gobierno de la Unión a proteger esa propiedad. En consecuencia, con una base constitucional, los esclavos podian ser obligados por sus dueños a trabajar en todos los territorios, y a cada esclavista le cstaba permitido introducir la esclavitud —aun contra la voluntad de los colonos— en todos los territorios libres hasta entonces. De esta manera se denegó a las asambleas legislativas locales el derecho a prohibir la esclavitud, y se impuso al Congreso y al gobierno de la Unión cl derecho a favorecer a los promotores de la esclavitud. Si el compromiso de Misuri de 1820 había extendido el límite geográfico del esclavismo a los territorios, si el Kansas-Nebraska bill de 1854 borró toda frontera geográfica y la reemplazó por una barrera política —la voluntad de la mayoría de los colonos— la Corte suprema de los Estados Unidos, por su decisión de 1857, eliminó toda traba política y transformó todos los territorios de la República, presentes y futuros, de Estados libres en cálidos invernaderos del esclavismo. Al mismo tiempo, bajo el gobierno de Buchanan, en 1850 se gravó la legislación sobre la extradicción de esclavos fugados y se la aplicó implacablemente en los Estados del Norte **. Se mostró que la vocación constitucional del Norte era volver a atrapar a los esclavos para sus dueños del Sur. Por otra parte, con miras a frenar todo lo posible la colonización de los territorios por colonos libres, el partido esclavista hizo fracasar toda la legislación sobre la libertad del suclo, es decir los weglamentos que aseguraban a los colonos una cantidad determinada de ticrras del Estado libres de cargas”.

Tanto la política interior como exterior de los Estados Unidos se puso al servicio de los esclavistas. De hecho, Buchanan accedió a la dignidad presidencial gracias al manifiesto de Ostende, donde proclamó que la adquisición de Cuba, fuera a título oneroso O por la fuerza de las armas, era la gran tarea de la política nacional *. Bajo su gobierno, el norte de Méjico fue distribuido a los especuladores de bienes raíces americanos, que esperaban con impaciencia la señal para invadir Chihuahua, Coahuila y Sonora ?%, Las continuas expediciones de los piratas y filibusteros contra los Estados de América central *% estaban dirigidas, si les parece, desde La Casa Blanca de Washington. En íntima ligazón con esta política exterior, que se proponía abiertamente conquistar territorios nuevos para introducir la esclavitud y la dominación de los esclavistas, se situaba la reapertura del comercio de esclavos secretamente apoyada por el gobierno de la Unión *, El mismo Stephen A. Douglas declaró en el Senado americano el 20 de agosto de 1859: “El último año importamos negros de África como nunca en el curso de un año, aún en la época en que el comercio de esclavos todavía er ámne j Se t cra legal. El número de esclavos importados el ultimo año se habría elevado a quince mil” Propagación por la fuerza armada de la esclavitud al exterior tal el fin confesado de la política nacional. De hecho, la Unión se había convertido en la esclava de trescientos mil esclavistas ue dominaban el Sur. Este resultado se desprendía de una serie de compromusos que el Sur debía a su alianza con los demócratas del Norte. Todas las tentativas renovadas periódicamente desde 1817, para resistir a las Usurpaciones crecientes de los esclavistas fracasaron frente a esta alianza. En fin, así fue hecho. Desde que se votó el Kansas-Nebraska bill que borró la línea fronteriza de la esclavitud y sometió su aplicación a la voluntad de los colonos en los territorios nuevos, los emisarios armados de los esclavistas —espías de las regiones fronterizas de Misuri y Arkansas— se precipitaron sobre Kansas con el cuchillo de caza en la mano y el revólver en la otra, para echar de allí a los colonos y tratarlos con una crueldad sin nombre. Estos raids de pillaje encontrabau apoyo frente al gobierno central de Washington. De ahí la inmensa reacción. En todo el norte y sobre todo en el noroeste, se formó una organización auxiliar para aportar a Kansas un apoyo en liombres, armas y dinero *. De csta organización auxiliar, nació el Partido republicano que debe su existencia, pues, a la lucha para defender Kansas. Después del fracaso de la tentativa para transformar por la fuerza a Kansas en un territorio con esclavos, cl Sur se esforzó por llegar al mismo resultado en medio de intrigas políticas. El gobierno de Buchanan en particular, puso todo en marcha para relegar a Kansas entre los Estados esclavistas de los Estados Unidos, imponiéndoles una constitución proesclavista. De esto surge una nueva lucha conducida esta vez, cn lo esencial, en el Congreso de Wasbington. Hasta Stephen A. Douglas, el jefe de los demócratas del norte intervino entonces (18571858) coutra el gobierno y sus aliados del Sur, porque la concesión de una constitución esclavista contradecía el principio de la soberanía de los colonos garantizada por el Nebraska bill de 1854. Douglas, senador de Illinois, un Estado del noroeste, naturalmente hubiera perdido toda su influencia si lubiera querido conceder al Sur el derecho a despojar, por la fuerza de las armas o por actos del Congreso, a los territorios colonizados por el Norte *. Después de haber creado el Partido republicano, la lucha por Kansas provocaba ahora la primera escisión en el mismo seno del Partido demócrata. El Partido republicano se dio una primera plataforma, en ocasión de las elecciones presidenciales de 1856. Aunque su candidato —Johm Frémont— no triunfara, el número considerable de votos que tuvo, prueba, en todo caso, que el partido crecía rápidamente, sobre todo en el noroeste?! Cuando la segunda Convención nacional para las elecciones presidenciales (17 de mayo de 1860), los republicanos enriquecieron su programa de 1856 sulo con algunas adiciones. Contenía esencialmente los puntos siguientes: no hay que ceder más ni la mínima pulgada de terreno a los esclavistas; es necesario que cese la política de pillaje con respecto al a e exterior; hay que estigmatizar la reapertura del comercio de esclavos; en fin, se necesita un edicto de las leyes sobre la libertad de la tierra, para promover la libre colonización.

El punto decisivo y vital de este programa era el de no ceder una pulgada de nuevas ticrras a la esclavitud; por el contrario, se la debía tener acantonada en los límites de los Estados donde subsistía legalmente *. Así la esclavitud estaría formalmente confinada. Pero la extensión progresiva del territorio y del dominio de la esclavitud más allá de sus antiguos límites es una ley vital para los Estados esclavistas de. la Unión.

El cultivo de los artículos de exportación del Sur —algodón, tabaco, azúcar, etc.— practicado por los esclavos, es remunerador sólo durante el tiempo que se efectúe con amplios aportes de esclavos, en vasta escala y con inmensos espacios de tierra naturalmente fértiles, que no exigen sino un trabajo simple. El cultivo intensivo que no depende tanto de la fertilidad del suclo sino de la inversión de capitales, de la inteligencia y de la energía del trabajador, es contrario a la naturaleza de la esclavitud. Asistimos a una rápida transformación de Estados, como Maryland y Virginia, que antes utilizaban esclavos para producir artículos de exportación, en Estados que crían esclavos para exportarlos luego hacia los Estados situados más al sur. Aun en Carolina del Sur, donde los esclavos representan los cuatro séptimos de la población, la producción de algodón se ha mantenido estacionaria desde hace años, por el agotamiento del suelo. En efecto, por la sola fuerza de las cosas Carolina del Sur ya se ha transformado parcialmente en un Estado de crianza de esclavos, porque cada año vende esclavos, por cuatro millones de dólares, a los estados del extremo sur y suroeste. Apenas se alcanza ese punto, se hace indispensable adquirir territorios nuevos para que una parte de los dueños de esclavos ocupen nuevas bandas de tierras fértiles, transformándose la parte abandonada detrás de ellos en territorio de cría de esclavos destinados a la venta en el mercado. No cabe ninguna duda que sin la adquisición de Lousiana, Misuri, y Arkansas por parte de los Estados Unidos, la esclavitud se liabría apagado, desde hace tiempo, en Virginia y en Maryland. En el Congreso secesionista de Montgomery, uno de los voceros del Sur —el senador Toombs— formuló, de manera conmovedora la ley económica que dirige la expansión continua del territorio de la esclavitud: “Si de aquí a quince años no nos beneficiamos con un inmenso acrecentamiento de ticrras para esclavos, deberemos permitirles a los esclavos huir hacia los blancos a menos que los blancos no huyan delante de los esclavos.” Como sabemos, los mandatos de los diferentes Estados en la Cámara de representantes del Congreso dependen del número de habitantes de sus respectivas poblaciones. Como la población de los Estados libres crece infinitamente más rápido que la de los Estados esclavistas, el número de los representantes del Nortec muy pronto va a superar de lejos al de los representantes del Sur. La verdadera base de la potencia del Sur se desplaza siempre hacia el Senado americano, donde cada Estado —aunque su población sea fuerte o débil- dispone de dos bancas de senador. Para mantener su influencia en el Senado y, a través de cstos intérpretes, su hegemonía sobre los Estados Unidos, el Sur tiene necesidad de cercar sin cesar nuevos Estados esclavistas. Esto solo es posible si se ganan paises extranjeros —Tejas por ejemplo— o si se transforman los territorios con esclavos, luego en Estados esclavistas, como el caso de Misurí, Arkansas, etc. John Calhoun —adulado por los esclavistas y considerado como su hombre de Estado por excelencia— ya el 19 de febrero de 1847 declaraba en el Senado que sólo esa Cámara ponía la balanza del poder en manos del Sur, que la extensión del territorio esclavista era indispensable para preservar este equilibrio entre el Sur y el Norte en el Senado, y que por lo tanto las tentativas de creación por la fuerza de nuevos Estados esclavistas por parte del Sur, estaban justificadas. : En fin, el número de los actuales esclavistas en el Sur de la Unión alcanza apenas a trescientos mil, o sca una oligarquía muy reducida a la que enfrentan millones de “pobres Blancos” (poor Whites), cuya masa crece sin cesar cn razón de la concentración de la propiedad terrateniente y cuyas condiciones sólo son comparables a las de los plebeyos romanos en la época de la decadencia extrema de Roma. Solo por la adquisición —o por la perspectiva de adquisición— de territorios nuevos, O por expediciones de filibustería, es posible adecuar los intereses de esos “pobres Blancos” con los de los esclavistas, y dar a su turbulenta necesidad de actividad una dirección que no sea peligrosa, ya que refleja a sus ojos la esperanza de que un día ellos mismos puedan convertirse en propietarios de esclavos.

Un estricto confinamiento de la esclavitud a su antiguo dominio conduciría; pues, por las leyes económicas del esclavismo a su extinción progresiva y —desde el punto de vista político— arsuinaría la hegemonía ejercida por los Estados esclavistas del Sur gracias al Senado y finalmente, expondría a la oligarquía esclavista dentro de sus estados, a peligros por parte de los “pobres Blancos” mucho más amenazadores. En una palabra, los republicanos atacaban de raíz la dominación de los esclavistas, proclamando que se opondrían por la ley a toda extensión futura de los territorios con esclavos. La victoria electoral de los republicanos, por lo tanto, impulsaría a la lucha abierta entre el Norte y el Sur. Sin embargo, esta misma victoria estaba condicionada por la escisión cn el campo deniócrata, como ya lo hemos mencionado. La lucha por Kansas provocó un corte entre el partido esclavista y sus aliados demócratas del Norte. Cuando la elección presidencial de 1860, el mismo conflicto estalló bajo una forma aún más general. Los demócratas del Norte, con su candidato Douglas, hicieron depender la introducción de la esclavitud en los territorios, de la voluntad de la mayoría de los colonos. El partido esclavista —con su candidato Breckinridge— sostiene que la Constitución de los Estados Unidos (como ya lo había declarado la Corte Suprema) contiene legalmente la esclavitud; en sí y para sí, la esclavitud ya cra legal en todo el territorio y no necesitaba ninguna naturalización particular. Así cs que mientras los republicanos probibían toda prolongación de los territorios esclavistas, el partido sudista pretendia que todos los territorios de la república eran dominios reservados para ellos. Y cn Kansas, por ejemplo, de hecho intentó imponer la esclavitud a un territorio por la fuerza, gracias al gobierno central, contra la voluntad de los colonos. En una palabra, haría de la esclavitud la ley de todos los territorios de la Unión. Sin embargo, hacer esta conscción no estaba dentro del poder de los jefes demócratas: simplemente hubiera hecho que su ejército desertara al campo republicano. Por otra parte la “soberanía de los colonos” a lo Douglas, no podía satisfacer al partido de los esclavistas, Lo que querían realizar debía scr hecho en los cuatro años siguientes bajo el nuevo presidente y por el gobierno central: no podía permitirse ninguna demora.

A los esclavistas no se les escapaba que había nacido una nueva potencia, el Noroeste, cuya población casi se habia duplicado de 1850 a 1860 y que ahora era sensiblemente igual a la población blanca de los Estados esclavistas **. Pero esta potencia no se inclinaba por sus tradiciones, su temperamento y su modo de vida, a dejarse arrastrar de compromiso en compromiso, como lo habían hecho los viejos Estados del norestc. La Unión solo tenía interés en el Sur si éste le daba el poder federal para realizar su política esclavista. Si éste ya no era el caso, cra mejor romper ahora antes que asistir durante todavía cuatro años al desarrollo del Partido republicano y al impulso del Noroeste, para emprender la lucha bajo auspicios más desfavorables. El partido esclavista se jugó pues, entero, Cuando los demócratas del Norte rechazaron jugar por más tiempo el papel de “pobres Blancos” del Sur, el Sur le dio la victoria a Lincoln con la división de sus votos; en seguida sacó la espada, tomando esta victoria como pretexto.

Como vemos, todo el movimiento reposaba —y reposa todavía— en el problema de los esclavos. Es verdad, no se trata directamente de emancipar, o no, a los esclavos, en el seno de los Estados esclavistas existentes; sc trata más bien de saber si veinte millones de hombres libres del Norte quieren dejarse dominar durante más tiempo por una oligarquía de trescientos mil esclavistas. Si los inmensos territorios de la República servirán de cálidos viveros para el desarrollo de Estados libres o Estados esclavistas. Si, finalmente, la política nacional de la Unión tendrá como divisa la propagación armada de la csclavitud a Méjico y América central y meridional.

En otro artículo examinamos qué significa la afirmación de la prensa londinense según la cual, cl Norte debería aprobar la secesión como la solución más favorable y en resumidas cuentas, la única posible para el conflicto en curso (II).

CarLos MARX EL COMERCIO BRITÁNICO DEL ALGODON New York Daily Tribune, 14/10/1861 Londres, 21 de setiembre de 1861 La continua alza de los precios del algodón en bruto va a tener efectos serios sobre la industria algodonera, cuyo consumo ha disminuido ahora en un veinticinco por ciento en relación a la normal. Este resultado significa que la tasa de producción disminuye cotidianamente, que las fábricas no trabajan sino tres, cuatro. días por semana y que una parte de las máquinas está parada, ya sea en las empresas que practican la jornada de trabajo limitada o en las que hasta ahora trabajaban toda la jornda, pero que están cerradas temporariamente. En algunas localidades, por ejemplo en Blackburn, la jornada de trabajo limitada está acompañada por una reducción de salarios. De cualquier manera la tendencia a disminuir la jornada de trabajo recién está en sus comienzos, y podemos predecir con certeza que de aquí a algunas semanas se pasará, en toda esta rama de la producción, a los tres días de trabajo por semana, al mismo tiempo que se detendrán una gran parte de las máquinas en la mayoría de las empresas. En general, los fabricantes y negociantes ingleses han tomado conocimiento muy lentamente y con reticencia del estado precario de su aprovisionamiento de algodón. Decían: “Toda la última cosecha americana ya está en camino hacia Europa desde hace tiempo. El trabajo para la nueva cosecha justo acaba de empezar. No hubiéramos podido obtener un fardo más de algodón, aunque no hubiéramos oído hablar de la guerra y del bloqueo. La estación de navegación no empieza antes de fines de noviembre, y generalmente hay que esperar a fines de diciembre para que se hagan amplias exportaciones. Hasta aquí no tiene gran importancia que el algodón continúe en las plantaciones o vaya al puerto, apenas esté enfardado. Si el bloqueo termina en cualquier momento antes de fin de año, por cierto nos proveerán normalmente de algodón en marzo o abril, como si el bloqueo no hubiera existido.” En el fondo de sus almas de tenderos, los fabricantes alimentan la esperanza de que antes de fin de año toda la crisis americana estará terminada y con ella el bloqueo, o bien que lord Palmerston forzará el bloqueo por la violencia. Sin embargo, han abandonado más o menor esta última idea cuando se dieron cuenta en Manchester, entre otras cirennstancias, que si el gobierno británico tomaba la ofensiva sin haber sido provocado, chocaría con la fuerza unida de dos gigantescos grupos de intereses, a saber: los capitalistas- de las finanzas que tienen un enorme capital invertido en América del Norte, y los negociantes de cereales que encuentran en“América del Norte -su principal fuente de- aprovisionamiento. La esperanza «de-que el bloqueo se levante a tiempo para satisfa- ¿er las exigencias dé Liverpool y Manchester, o que la guerra americana- termine con un compromiso con los sccesionistas, ha dado lugar a un fenómeno desconocido hasta ahora dentro del mercado algodonero inglés: las operaciones «algodoncras norteamericanas en Liverpool, “que se manifiestan ya sea por especulaciones O por reexpediciones a América. En consecuencia, el mercado algodonero-de Liverpool conoció una agitación febril en el curso de las dos últimas semanas, la: colocación especulativa de los capitales de los fabricantes de Liverpool están sostenidas por lás colocaciones especulativas “de'“los capitales de los fabricantes de Manchester que, por -otra parte, “trataban de proveerse de reservas de materias primas “para el invierno. Comprobamos en grandes rasgos cuál es “el alcance de: estas transacciones en el hecho -que, una parte considerable de los hangares de almacenamiento de Manchester ya- está colmada por esas reservas y que cn el curso de la semana del 15 al 22 de setiembre la variedad de algodón de calidad media subió -tres octayos de. dólar por libra: y la mejor variedad cinco octavos' de- dólar. y no.

-'Desde el comienzo de la guerra americana el precio del algodón io '-dejó: de -subir, a pesar de que el desequilibrio fatal entre el precio delas materias primas y el del hilo y el tejido no se manifestó sino en cl curso de las: últimas semanas de agosto. - Hasta entonces 'cada alza sería del precio del algodón manufacturado que "resultaba de la disminución considerable de la oferta amecricana, estaba compensada por un aumento de las reservas de primera mano almacenadas “y «por consignaciones especulativas hacia China e India.

ed Pero esos mercados asiáticos sc saturaron muy pronto, El Calcutta Price Current del 7 de agosto escribe: “Las reservas en stock se acumulan; desde nuestro primer acuerdo las llegadas no bajan de veinticuatro millones de yardas de algodón liso. Los informes que provienen de la metrópoli nos dicen que los aprovisionamientos por barco van a continuar más allá de nuestras necesidades. Mientras dure esto no podemos. esperar mejora... El mercado de Bombay, también, está ampliamente saturado,” o Otras circunstancias también contribuyeron a la contracción del mercado hindú. A la última hambruna en las provincias del noroeste le siguieron los estragos del cólera, mientras que en todo Bengala inferior las lluvias ininterrumpidas dañaron gravemente la cosecha de arroz. Cartas de Calcuta que llegaron esta semana a Inglaterra, nos informan que las ventas dieron el precio “neto de nueve dólares y cuarto por libra de hilo n? 40, mientras que en Manchester no se lo encuentra a menos de once dólares” trés octavos. Lo mismo la venta de telas de cuarenta pulgadas que por pieza dieron pérdidas de siete dólares y medio, nueve dólares y doce dólares, en relación a los precios de Manchester. + .c Aun en el mercado chino asistimos a una depresión «de los precios debida a la acumulación de los stocks de mercaderías importadas. En estas condiciones y con la demanda de algodón manufacturado británico en disminución, los precios, por cierto. no pueden ir a la par con el anmento creciente de los precios del algodón en bruto; por el contrario, en muchos :casos, el hilado, tejido e impresión del algodón no pagan los gastos de producción. Tomemos, por ciemplo, el caso siguiente que nos comunica “uno de los más grandes fabricantes de Manchester, en lo que concierne al hilado en bruto: o o Costo del “Margen de' hilado por Por libra -. Venta libra - ' 17 de setiembre de 1860: ] o - . Ñ ' Costos “del algodón 6 1 d. 4d. 3d o.

Trama 16 vendida por 101; d. o no!

E)

Beneficio: 1 d. por libra: * o