Karl Marx

El caso del "Trent"

["Die Presse", núm. 331, del 2 de diciembre de 1861]

Londres, 28 de noviembre de 1861

El conflicto del vapor correo inglés "Trent" con el buque de guerra norteamericano "San Jacinto" en el angosto paso del Canal de Old Bahama es el león de los acontecimientos del día. En la tarde del 27 de noviembre, el vapor correo "La Plata" trajo la noticia del incidente a Southampton, desde donde el telégrafo eléctrico la difundió al instante a todos los rincones de Gran Bretaña. Esa misma noche, la Bolsa de Londres fue escenario de escenas tempestuosas semejantes a las de la época del anuncio de la guerra de Italia. Las cotizaciones de los fondos públicos bajaron entre 3/4 y 1 por ciento. Los rumores más descabellados recorrieron Londres. Se decía que el enviado norteamericano Adams había recibido sus pasaportes, que todos los buques norteamericanos en el Támesis estaban embargados, etc. Al mismo tiempo, se celebró en la Bolsa de Liverpool un meeting de indignación mercantil para instar al gobierno inglés a tomar medidas de reparación por la ofensa al honor de la bandera británica. Todo inglés normal se fue a la cama con el convencimiento de que se dormiría en paz y despertaría en guerra.

A pesar de todo, es casi seguro que el conflicto entre el "Trent" y el "San Jacinto" no encierra ninguna guerra en sus pliegues. La prensa semioficial, como el "Times" y el "Morning Post", apacigua los ánimos y vierte sobre las llamas de la pasión frías deducciones jurídicas. Periódicos como el "Daily Telegraph", que rugen a la más leve consigna para el león británico, son verdaderos modelos de moderación. Sólo la prensa tory de oposición, el "Morning Herald" y el "Standard", se desencadena. Estos hechos obligan a cualquier experto a concluir que el ministerio ya ha tomado la decisión de no hacer del "untoward event" (incidente desagradable) un casus belli.

A esto se añade que el acontecimiento, aunque no los detalles de su ejecución, había sido anticipado. El 12 de octubre, los señores Slidell, embajador de la Confederación en Francia, y Mason, embajador de la Confederación en Inglaterra, junto con sus secretarios Eustis y Mac-Farland, habían forzado el bloqueo de Charleston a bordo del vapor "Theodora" y habían navegado hacia La Habana para buscar allí ocasión de trasladarse a Europa bajo bandera inglesa. Su llegada era esperada diariamente en Inglaterra. Buques de guerra norteamericanos habían zarpado de Liverpool para interceptar a los señores, junto con sus despachos, en este lado del océano Atlántico. El ministerio inglés ya había sometido a sus asesores jurídicos oficiales la cuestión de si los norteamericanos estaban facultados para semejante paso, para que dictaminaran. Se dice que la respuesta de dichos asesores fue afirmativa.

La cuestión jurídica se mueve en un círculo estrecho. Desde la fundación de los Estados Unidos, Norteamérica ha adoptado el derecho marítimo inglés en todo su rigor. Uno de los principios cardinales de este derecho marítimo es que todos los buques mercantes neutrales están sometidos al registro por las partes beligerantes.

"Este derecho —dijo Lord Stowell en una sentencia que se ha hecho célebre— ofrece la única garantía de que no se transporte contrabando en los buques neutrales."

La mayor autoridad americana, Kent, declara en el mismo sentido:

"El derecho de autoconservación otorga a la nación beligerante este derecho. La doctrina de los tribunales de almirantazgo ingleses sobre el derecho de visita y registro ha sido reconocida en toda su extensión por los tribunales de nuestro país."

No fue, como a veces se supone erróneamente, la oposición al derecho de registro lo que provocó la guerra anglo-norteamericana de 1812 a 1814. Estados Unidos declaró la guerra, más bien, porque Inglaterra, ilegalmente, se arrogaba incluso el registro de buques de guerra norteamericanos, so pretexto de apresar a marineros ingleses desertores.

Por consiguiente, el "San Jacinto" tenía derecho a registrar el "Trent" y a confiscar el contrabando que pudiera hallarse a bordo. Que los despachos en posesión de Mason, Slidell y Cía. caen bajo la categoría de contrabando, lo admiten incluso el "Times", el "Morning Post", etc. Queda la cuestión de si los señores Mason, Slidell y Cía. eran ellos mismos contrabando y, por tanto, podían ser confiscados. El punto es delicado y existe divergencia de opiniones entre los doctores en derecho. Pratt, la más importante autoridad inglesa en materia de "contrabando", menciona en el capítulo: "Cuasi-contrabando: despachos, pasajeros", concretamente, "la transmisión de informaciones y órdenes de un gobierno beligerante a sus agentes en el extranjero, o el transporte de pasajeros militares". Los señores Mason y Slidell, si bien no eran oficiales, tampoco eran enviados, puesto que sus gobiernos no están reconocidos ni por Inglaterra ni por Francia. ¿Qué son, pues? Ya Jefferson, en sus Memorias, para justificar el concepto muy amplio de contrabando sostenido por Inglaterra durante las guerras anglo-francesas, observa que el contrabando, por la naturaleza de la cosa, excluye toda definición concluyente y deja necesariamente un gran margen a la arbitrariedad. En todo caso, se ve que la cuestión jurídica, desde el terreno del derecho inglés, se encoge hasta convertirse en una controversia propia de Duns Escoto, cuya fuerza explosiva no irá más allá del intercambio de notas diplomáticas.

El aspecto político del proceder norteamericano es juzgado por el "Times" con toda exactitud en los siguientes términos:

"Hasta el Sr. Seward debe comprender que las voces de los comisionados del Sur, resonando desde el cautiverio, son mil veces más elocuentes en Londres y París que si se hubiesen dejado oír en St. James y en las Tullerías."

¿Y no está ya representada la Confederación en Londres por los Sres. Yancey y Mann?

Consideramos esta última operación del señor Seward como una de las características faltas de tacto de una debilidad consciente de sí misma, que finge fuerza. Si la aventura marítima acelera la salida de Seward del gabinete de Washington, los Estados Unidos no tendrán motivo para inscribirla como un "untoward event" en los anales de su guerra civil.