inofensivo que tenía profunda aversión por el olor a pólvora. Cuando Plon-Plon volvió a Francia sin otros laureles que los que ya había recogido en Crimea y en Italia, los príncipes de Orleáns atravesaron el Atlántico para engancharse en cl ejército nacional *%”, Esto produjo una gran excitación en el campo bonapartista, Ahora bien, los bonapartistas no pucden dar libre curso a su cólera en la prensa venal de París sin divulgar sus aprensiones, volver a recordar el escándalo del panfleto y suscitar detestables comparaciones entre los príncipes de Orleáns en el exilio que combaten bajo la bandera republicana contra los que mantienen en la esclavitud a millones de hombres trabajadores, y otro príncipe exiliado que como policía de las fuerzas especiales, tomó parte gloriosamente en el aplastamiento del movimiento obrero inglés *, ¿Quién podía ayudar al hombre del Dos de Diciembre a salir de este dilema? ¿Quién, sino el Times de Londres? ¿Si después de haber suscitado el 6, 7, 8 y 9 de octubre de 1861 la cólera de Pays, journal de Empire, por sus cínicas observaciones sobre la visita de Compiégne, ese mismo Times publicaba el 12 de octubre un artículo atacando a los príncipes de Orleáns por estar en el ejército nacional de los Estados Unidos, no probaba entonces que Luis Bonaparte tenía razón frente a los príncipes de Orleáns? ¿Y no traducirían enseguida el artículo del Times al francés con los comentarios de los diarios parisinos y el señor jefe de policía no lo enviaría a la prensa de todos los departamentos para que circulara en toda Francia a título de juicio imparcial del Times de Londres, enemigo personal de Luis Bonaparte, sobre el comportamiento de los príncipes- de Orleáns? Por lo tanto el Times publicó hoy un ataque rastreramente injurioso sobre los príncipes de Orleáns. Luis Bonaparte tiene, naturalmente, demasiado de hombre de negocios como para compartir la ceguera de los oficiales fabricantes de la opinión pública en lo que concierne a la guerra americana. Sabe que el verdadero pueblo de Inglaterra, Francia, Alemania y Europa considera la causa de los Estados Unidos como propia, como la de la libertad, y que a pesar de todos los sofismas de la prensa venal, las masas consideran el suelo de los Estados Unidos como el suclo libre de millones de los sin tierra de Europa, como la tierra prometida que ahora hay que defender con el arma en la mano contra la sórdida usurpación de los esclavistas. Luis Napo- . r león sabe muy bien que las masas francesas establecen una ligazón entre la lucha por el mantenimiento de la Unión y la de sus antepasados por la independencia americana; por eso, todo DEN que saca la espada por el gobierno nacional, aparece como cl ejecu OY testamentario de La Fayette. En consecuencia, Bonaparte sabe que si hay algo que impresiona favorablemente al pueblo francés es € enrolamiento de los principes de Orleáns en las filas del ejército nacional de los Estados Unidos. Ante este pensamiento, tiembla, y en consecuencia el Times de Londres, su _Sicofante puntilloso, informa hoy a los príncipes de Orleáns que “si se rebaja a co prometerse cn ese combate innoble, su popularidad en el pueblo francés no se reforzará”.

Luis Napolcón sabe que todas las guerras entre naciones adversas en Europa, después de su golpe de Estado, no han sido verdaderas guerras sino que fueron hechas sin bases reales, deliberadamente. con falsos pretextos. La guerra de Crimea y la guerra italiana, sin hablar de las expediciones de pillaje contra China, Cochinchina », etc, jamás suscitaron simpatía en cl pucblo francés, que instintivamente se da cuenta que esas guerras solo se emprendieron con la intención de reforzar sus cadenas, ercadas por cl golpe de Estado *. De hecho, la primera guerra importante de la historia contemporánea se desarrolla en América. des Los pueblos de Europa saben que los esclavistas del Sur desencadenaron esta guerra, cuando declararon que el régimen esclavista no era compatible demasiado tiempo con el mantenimiento de la Unión. En consecuencia, los pueblos de Europa saben que la lucha por el mantenimiento de la Unión cs contra la dominación esclavista, v que la forma más alta de autogobierno realizada hasta hoy libra batalla contra la forma más baja y más desvergonzada de esclavitud bumana conocida en los anales. )

Luis Bonaparte es evidente, está muy molesto de que los príncipes de Orleáns participen precisamente en esta guerra, que se distingue por su gigantesca amplitud y la grandeza de su fin, Je todas las guerras sin motivo, futiles y bajas, que Europa ha sufrido desde 1849. Por eso cl Times acaba de declarar: “No hacer diferencia entre una guerra que se hacen naciones enemigas y esta guerra civil, la más inútil y deprovista de fundamentos que jamás hava conocido la historia, es, en alguna manera, ofender la moral pública.” Es natural que el Times deba ir hasta el final en su ataque contra los principes de Orleáns, que se han rebajado a “prestar servicio en este combate innoble”, Al inclinarse profundamente ante los vencedores de Sebastopol y Solferino, el Times de Londres agrega: “No cs inteligente querer comparar acciones como las de Springfield y Manassas * con la epopeya de Sebastopol y Solferino.” * El próximo correo nos informará cómo han explotado los órganos imperiales el artículo del Times. Como dice el proverbio, un amigo en la necesidad es más valioso que mil amigos en la prosperidad, y el aliado secreto del Times de Londres está, precisamente, en este momento, en una postura muy molesta.

Una escasez de algodón multiplicada por una escasez de trigo, una Crisis comercial multiplicada por una escasez agrícola, y todo esto agravado por una baja de ingresos aduaneros y dificultades monetarias, obligaron al Banco de Francia a elevar su tasa de descuento al seis por ciento, a hacer una transacción con los Rothschild y Baring con miras a obtener un préstamo de dos millones de libras inglesas en el mercado de Londres, a asegurar los valores del Gobierno francés en el extranjero. Además, el Bauco solo dispone de una reserva de doce millones en relación a una deuda de más de cuarenta millones.

Tal situación económica da, evidentemente, a los diversos pretendientes, la ocasión de jugar el todo por el todo. En el barrio Saint-Antoine ya hubo barricadas por las penurias de los víveres: por lo tanto, es el momento menos apropiado para permitirles a los príncipes de Orleáns hacerse populares. Por eso el ataque rabioso del Times de Londres. CarLos MARX LAS ULTIMAS INFORMACIONES Y SU EFECTO EN LONDRES New York Daily Tribune, 19/12/1861 Londres, 30 de noviembre de 1861 Después de la declaración de guerra contra Rusia en 1853 nunca observé, en todas las capas de la sociedad, una excitación parecida a la que suscitaron las informaciones relativas al asunto del Iron que llegaron a Southampton el 27 del corriente, en la Plata. Alrededor de las dos de la tarde, el telégrafo anunció públicamente ese “acontecimiento desagradable” cn la sala de informaciones. de las bosas británicas. Todas las acciones comerciales bajaron, mientras que el precio del salitre subió. El curso de los títulos consolidados del Estado inglés disminuyó un setenta y cinco por ciento, y en Lloyd se pidió un suplemento de cinco guineas para cubrir los riesgos que se desprendían de la guerra, para los navíos de Nueva York. Al final de la tarde circularon por Londres los Tumores más pesimistas. El embajador americano habría recibido inmediatamente su pasaporte, se habría dado orden para requisar enseguida los navíos norteamericanos que se encontraban en los puertos del Reino Unido, etcétera.

Los negociantes de algodón de Liverpool —amigos de la secesión— utilizaron la ocasión para convocar en unos diez minutos, en los locales del comercio algodonero de la bolsa, a un mitin de protesta con la presidencia de Spence, autor de un oscuro panficto en favor de la Confederación sudista *. El comandante Williams, agente del Almirantazgo a bordo del Trent, que arribó con la Plata, fuc enviado enseguida a Londres.

Al día siguiente, el 28 de noviembre, la prensa londinense hizo gala, en general, de un espíritu de moderación que contrastaba extrañamente con la formidable agitación política y comercial de la víspera. Los diarios de Palmerston —el Times, Morning Post, Daily Telegraph, Morning Advertiser y Sun— recibieron instrucciones de suavizar más que de arrojar leña al fuego. En sus notas sobre la actitud de San-Jacinto, el Daily News tenía, evidentemente, menos la intención de atacar al gobierno de la Unión que de alejar de sí la sospecha de “prejuicio yanqui”, mientras el Morning Star —órgano de John Bright— sin pronunciarse sobre la oportunidad y el interés de la “acción”, defendió su carácter legal. Sólo hubo dos excepciones dentro de los habituales tenores de la prensa inglesa. Los primitivos conservadores del Morning Herald y del Standard —en realidad un mismo periódico con dos nombres diferentes— dieron libre curso a su inmensa satisfacción y escribieron que los “republicanos” habían caído cn la trampa, y que se había encontrado un casus belli ya cocinado. Solo otro diario los sostuvo —el Morning Chronicle— que se esfuerza desde hace años por prolongar su miserable existencia vendiéndose por turno al envenenador Palmer y a las Tullerías.

La excitación de la bolsa se calmó en gran parte en razón del tomo conciliatorio de los diarios notables de Londres. Ese mismo 28 de noviembre, el comandante Williams declaró ante el Almirantazgo y expuso las circunstancias del incidente producido en el canal de Old Bahama. Su informe, como la deposición escrita de los oficiales del Trent, se sometieron enseguida a los consejeros jurídicos de la Corona, y la opinión de los mismos se comunicó a la noche tarde a lord Palmerston, lord Russell y otros miembros del gobierno, de manera oficial, El 29 de noviembre se podía notar un ligero cambio de tono cn la prensa gubernamental. Se supo que los consejeros jurídicos de la Corona, colocándose en el plano técnico, habían declarado que la acción de la fragata San-Jacinto era ilegal, y que el gabinete reunido ese mismo día en consejo plenario había decidido enviar instrucciones a lord Lyons con el próximo vapor, para que actuara conforme a la decisión de los consejeros jurídicos de la Corona. Se redobló la agitación en todos los centros de negocios importantes, como la Bolsa, los Lloyd's, la oficina Jerusalem, Báltica, etc.; alcanzó su punto más alto con la noticia de que en la víspera se habían interrumpido las entregas de salitre previstas para América y que el 29 las autoridades aduancras habían recibido orden de interdicción general para exportar ese artículo a cualquier país, salvo excepciones muy estrictas. El curso de los papeles de Estado ingleses siguió bajando del setenta y cinco por ciento y cn un momento dado, se produjo el pánico en todas las bolsas, ya que se había hecho imposible efectuar la mínima transacción con alguna seguridad porque el valor de todos los papeles sufrió una severa depresión, como lo testimonian todos los informes. En la tarde hubo una ligera suba en la Bolsa, luego de diversos rumores y sobre todo como consecuencia de la información según la cual Adams habría expresado el parecer de que el gabinete de Washington desaprobaría los procedimientos empleados a bordo de la SanJacinto. El 30 de noviembre (hoy) todos los diarios londinenses —con excepción del Morning Star— plantearon la alternativa siguiente: reparación por parte del gabinete de Washington o guerra. Después de este breve relato de los acontecimientos ocurridos desde la llegada de la Plata quisiera exponer las opiniones relativas a este asunto. Hay que considerar la detención de dos emisarios del Sur a bordo de un vapor postal bajo dos aspectos, uno jurídico y otro político.

En lo que se refiere al aspecto legal del asunto, la primera dificultad manejada por la prensa conservadora y el Morning Chronicle es que los Estados Unidos nunca reconocieron a las secesionistas del Sur como potencia beligerante, de manera que no pueden reivindicar derechos de guerra. Estos sofismar fueron rápidamente refutados por la misma prensa gubernamental. El Times escribe: “Ya hemos reconocido a esos Estados confederados como potencia beligerante, y —llegado el caso— reconoceremos su gobierno, Por eso nos hemos impuesto a nosotros mismos todos los deberes y todas las incomodidades de una potencia neutral frente a dos beligerantes.” De esta manera, los Estados Unidos —hayan reconocido o no a la Confederación la calidad de beligerante— tienen derecho a pedirle a Inglaterra que se someta a todos los deberes e incomodidades de una potencia neutral en guerra marítima. En consecuencia, toda la prensa londinense —con excepción de los diarios citados— reconoce a la San-Jacinto el derecho de registrar e informarse sobre el Trent, para asegurarse si las personas O las mercaderías de a bordo entran en la categoría de “contrabando