Carlos Marx EL COMERCIO BRITANICO New York Daily Tribune 23 de noviembre de 1861 Londres, 2 de noviembre de 1861 A la hora actual, Inglaterra no sigue una línea política general. Todo el mundo, hasta el último ciudadano, está enteramente absorbido «por sus asuntos y por la crisis americana. En un artículo precedente, llamaba su atención sobre el estado febril del mercado algodonero de Liverpool. En el curso de las dos últimas semanas, ha: manifestado todos los síntomas de la moda de los caminos de hierro de 1845. Médicos, dentistas, abogados, cocineros, obreros, empleados, lords, comediantes, clérigos, soldados, marinos, periodistas, institutrices, hombres y mujeres, todos especulan con el algodón. A menudo, las operaciones de compra y venta, y de recompra y reventa, se hacen exclusivamente sobre una, dos, tres o cuatro balas de algodón. Las cantidades más considerables permanecen en el propio almacén, pero en ocasiones cambian veinte veces de propietario. Se puede comprar el algodón a las diez, revenderlo a las once y obtener un beneficio de medio penique por libra. Las mismas balas pasan así por varias manos en el espacio de doce horas.

Sin embargo, se ha producido esta semana una especie de reacción. Hay que atribuirla al hecho exclusivo de que el chelín constituye una cifra redonda, ya que se compone de doce peniques, y a que la mayoría de los especuladores han decidido vender tan pronto como el precio de la bala de algodón llegue al chelín. En consecuencia, ha habido un aumento súbito de las ofertas de algodón y, por lo tanto, una reacción sobre su precio. Pero esto sólo puede ser un fenómeno pasajero.

Cuando los británicos se hayan hecho a la idea de que una libra de algodón puede costar quince peniques, este límite pasajero a la especulación habrá desaparecido y la fiebre especulativa redoblará su violencia. Esta evolución contiene un momento javorable para los Estados Unidos y desfavorable para aquellos que quisieran romper el bloqueo.* * En el artículo titulado “Notas económicas” (Die Presse. 3.11.1861), en el que Marx vuelve a manejar para el periódico vienés ciertos argumentos desarrollados en el New York Daily Tribune, llega también a la conclusión de que la evolución económica juega a favor de los Estados Unidos y reduce, en consecuencia, los medios de presión del imperialismo de la Inglaterra de Palmerston: “De las últimas estadísticas del comercio exterior inglés se deriva un hecho importante. Mientras que en el curso de los nueve primeros meses de este año las exportaciones inglesas hacia los Estados Unidos han descendido en más del 25 por ciento, el puerto de Nueva York 1 ha aumentado por sí solo en más de 6 millones de libras sus exportaciones a Inglaterra en el curso de los ocho primeros meses de este año. Durante el mismo periodo, la exportación de oro americano a Inglaterra se ha detenido prácticamente, mientras que, a la inversa, el oro inglés afluye a Nueva York. De hecho, el déficit americano se cubre con las compras de Inglaterra y de Francia, después de una mala cosecha en estos países. Por otro lado, la tarifa Morrill y las economías inseparables de una guerra civil han arruinado al mismo tiempo el consumo de productos ingleses y franceses en América del Norte. ¡Contrastan estos hechos estadísticos con las jeremiadas del Times acerca de la ruina financiera de América del Norte!”.

1 Nueva York constituye la encrucijada de compromiso entre el Sur y el Norte, por dos razones: es el centro de la trata de esclavos, del mercado de la moneda, de los capitales y los acreedores hipotecarios de las plantaciones p EL COMERCIO BRITANICO 73 | Ya los especuladores han publicado protestas, diciendo, no sin fundamento, que todo acto belicoso del gobierno británico sería un acto de injusticia hacia los hombres de negocios que, habiendo puesto su confianza en que será respetado el principio de no intervención, proclamado y reivindicado por el gobierno británico, han hecho sus cálculos sobre esta base, han especulado en el interior, abandonando sus pedidos en el exterior y comprando el algodón en base a la estimación de un precio que cuentan obtener en la evolución de procesos naturales, probables y previsibles. El Economist de hoy publica un artículo insensato en el que las estadísticas sobre la población y la extensión geográfica de los Estados Unidos le llevan a la conclusión de que existe bastante espacio para fundar al menos siete imperios gigantescos y que, en consecuencia, los unionistas deberían alejar de su corazón “el sueño de un dominio en el | que reinaran sin límites”. La sola conclusión racional que el Economist habría podido extraer de sus propios datos estadísticos, a saber: que los partidarios del Norte, aunque quisieran, no podrían abandonar sus reivindicaciones sin entregar al esclavismo Estados y territorios gigantescos, “donde la esclavitud sobreviviría artificialmente y no podría afirmarse como institución permanente”, esta conclusión, la única racional, es incapaz de extraerla este periódico. del Sur, plaza fuerte de los demócratas ligados al Sur. “El lord-alcalde de Londres no es un hombre de Estado más que en la imaginación de los escritores de vodevil p y los gacetilleros de noticias parisienses. En cambio, el alcalde de Nueva York es una verdadera potencia. Al principio de la secesión, el siniestro Fernando Wood ha levantado un plan para proclamar la: independencia de Nueva York como república urbana, de acuerdo seguramente con Jefferson Davis. Su plan fracasa debido a la oposición enérgica del Partido Republicano del Empire , City” (Marx).

a O O. aa a II. FASE MILITAR