ficación, este sistema de guerra sin resultados podría prolongarse meses enteros.

¿Como debemos calificar esta situación?

. *m£¡' Partc como de la otra, los norteamericanos cuentan casi exclusivamente con voluntarios. El pequeño núcleo del anterior ejército regular de Estados Unidos se dispersó, o es demasiado débil para absorber la enorme masa de reclutas sin instrucción, reunidos en el proceso de las operaciones militares. Ni siquiera existe el número suficiente de suboficiales para imponer a estos hombres el aspecto de soldados. En consecuencia, la instrucción tendrá que ser muy lenta, y en realidad ni siquiera se puede predecir cuánto tiempo demorará hasta que el material humano de muy alta calidad reunido en ambas orillas del Potomac se convierta en material útil, para hacerlo avanzar en masas poderosas y desatar o encarar una batalla con las fuerzas unidas.

Pero aun si los soldados pudieran hacer la instrucción en un plazo relativamente breve, no existen suficientes oficiales para dirigirlos. Sin hablar ya de los oficiales de compañía, que por fuerza no pueden ser reclutados entre la población civil, faltarían oficiales para mandar los batallones, inclusive si cada teniente y alférez del ejército regular fueran destinados para ese cargo. Por eso se hace inevitable contar con un considerable número de coroneles civiles; y nadie que conozca a nuestros propios voluntarios considerará que McClellan o Beauregard son excesivamente tímidos si evitan comenzar operaciones decisivas o maniobras estratégicas complejas con esos coroneles civiles preparados en seis meses para cumplir sus ordenes. ¡ v í¡ ¡ ^ \^ Supongamos, no obstante, que estas dificultades se hayan superado en términos generales, que los coroneles civiles hayan adquirido, junto con sus uniformes, conocimientos, experiencia y. tacto que se requiere en el cumplimiento de sus obligaciones, por lo menos en lo que se refiere a la infantería. ¿Pero como se presentarán las cosas con la caballería? Instruir a un regimiento de caballería exige más tiempo y experiencia por parte de los oficiales que lo instruyen, que comunicarle formas precisas a un regimiento de infantería. Supongamos que todos los hombres llegaran a sus unidades con los conocimientos suficientes del arte de montar a caballo, o sea, que pueden montar con firmeza sobre el animal, dirigirlo, saber FEDERICO ENGELS / TEMAS MILITARES cómo cuidarlo y alimentarlo; aun en este caso es poco probable que pueda reducirse el plazo de la instrucción. La equitación militar, el manejo del caballo, merced al cual se lo obliga a realizar todos los movimientos necesarios para los cambios de formación de la caballería, son muy distintos a la equitación practicada por los civiles. La caballería napoleónica, que sir William Napier (History of the Peninsular War) [Historia de la guerra peninsular] consideraba mejor, comparándola con la inglesa de aquellos tiempos, estaba compuesta, como es notorio, por los peores jinetes que hayan jamás adornado una montura, y muchos de los que consideramos los mejores, al incorporarse a las unidades de caballería comprobaban que les quedaba mucho por aprender. No debemos, pues, asombrarnos al verificar que los norteamericanos experimentan una aguda falta en la caballería, y que lo poco que tienen consiste en algo semejante a los cosacos o a las unidades de caballería irregular india (rangers), incapaces de atacar en una formación cerrada. En cuanto a la artillería, las cosas deben estar peor aun; lo mismo ocurre con las tropas de ingeniería. Ambas son armas altamente técnicas y requieren una instrucción prolongada y esmerada, tanto de los oficiales como de los suboficiales, y, por supuesto, un mayor adiestramiento de los soldados que en la infantería. Además, la artillería es un arma más compleja aun que la caballería; se necesitan cañones, caballos adiestrados para ese tipo de desplazamiento, y dos categorías de soldados instruidos: cañoneros y jinetes (gunners and drivers); son necesarios, además, gran cantidad de convoyes con municiones, y talleres para los artefactos bélicos, establecimientos de fundición, de reparaciones, etc.; y todo ello debe ser montado con máquinas complicadas. Afirman que los federales * tienen en el frente 600 cañones, pero nos podemos dar fácilmente una idea de cómo serán servidos, cuando sabemos que es de todo punto de vista imposible formar en seis meses 100 baterías completas bien pertrechadas y atendidas.

Pero volvamos a suponer que todas estas dificultades han sido allanadas y que la parte militar de ambas agrupaciones ENSEÑANZAS DE LA GUERRA NORTEAMERICANA 129 * Federales o unionistas (adeptos a la Unión), se denominaban durante la guerra civil los partidarios de los Estados norteños, en oposición a los confederados o secesionistas (escisionistas), partidarios de la confederación de los Estados esclavistas del sur. (Ed.)

hostiles norteamericanas se encuentra en perfectas condiciones para cumplir su misión. ¿Podrían moverse de su lugar, aun en ese caso? Por supuesto que no. El ejército debe alimentarse, y un ejército poderoso en una región relativamente poco habitada como Virginia, Kentucky y Missouri debe alimentarse en lo fundamental de sus depósitos. Debe también reforzarse el suministro de armamentos, que irá acompañado por armeros, guarnicioneros,' carpinteros y otros especialistas para mantenerlos en el correspondiente orden combativo. En Norteamérica no existen todas estas condiciones imprescindibles; deben organizarse casi de la nada, y no contamos con dato alguno para afirmar que ni siquiera en la actualidad la intendencia y el trasporte de los dos ejércitos hayan pasado de la minoría de edad.

Norteamérica, tanto el norte como el sur, la federal y la confederal, no contaba en general con una organización militar. El ejército de línea no servía en absoluto, por su composición numérica, para luchar contra un enemigo serio; casi no existía el ejército de milicias. Las antiguas guerras de la Unión jamás habían puesto a prueba el poder militar del país; entre 1812 y 1814 Inglaterra no pudo destacar muchas tropas, y México se defendía fundamentalmente con una simple muchedumbre.41 Gracias a su situación geográfica, Norteamérica no tuvo en realidad enemigos que pudieran atacarla en algún lugar, en el peor de los casos, con fuerzas superiores a los 30 ó 40.000 soldados de un ejército regular, y las enormes extensiones del país se habrían convertido al poco tiempo, para un ejército tan numeroso, en un obstáculo más terrible que cualquier tropa que pudiera destacar Norteamérica para enfrentarlo; sin embargo, su ejército era suficiente para formar un núcleo para 100.000 voluntarios, e instruirlos a su debido tiempo. Pero cuando la guerra civil demandó más de un millón de hombres, todo el sistema se derrumbó, y hubo que empezar de nuevo. Los resultados están a la vista. Dos enormes y voluminosas masas humanas, que se temen mutuamente, que temen la victoria casi tanto como la derrota, están una frente a la otra procurando crear, a costa de enormes gastos, algo que se asemeje a un ejército regular. Una colosal inversión de dinero, por muy terrible que sea, es en todo sentido inevitable, debido a la absoluta carencia de esa base de organización sobre la que se podría edificar un nuevo edificio. Con el desconocimiento y la inexperiencia que reina en cada departamento, ¿podría ser de otro 130 FEDERICO ENGELS / TEMAS MILITARES modo? Por otra parte, la utilidad de esos gastos, en cuanto a sus resultados y organización, es ínfima; pero en este sentido, ¿podría ser de otro modo?

Los voluntarios británicos deben agradecer a su suerte por haber encontrado desde el principio a un ejército numeroso, bien disciplinado y experto, que los amparó. Tomando en consideración los prejuicios propios de todas las profesiones, este ejército los recibió y los trató bien. Es de esperar que, tanto los voluntarios com el público, jamás pensarán que el nuevo servicio sustituirá en alguna medida al antiguo. Si hay hombres que así lo piensan, basta echar un vistazo furtivo al estado de los dos ejércitos voluntarios norteamericanos, para que comprendan su propia ignorancia y estupidez. Ningún ejército recién organizado con civiles podrá jamás existir en estado activo hasta que sea instruido y apoyado por los enormes recursos intelectuales y materiales de un poderoso ejército regular, y fundamentalmente, por la organización que constituye la fuerza esencial de ese ejército. Supóngase que a Inglaterra la amenaza una invasión, y compárese lo que podría ocurrir en ese caso con lo que no podía dejar de suceder en Norteamérica. En el primer país, el ministerio de Guerra, con el concurso de unos pocos funcionarios sobrantes, que se podrían encontrar fácilmente entre los militares con experiencia, se encargaría de realizar todo ese trabajo auxiliar que requeriría un ejército de 3Ó0.000 voluntarios; basta con destacar a los oficiales de la reserva, encomendar tres o cuatro batallones de voluntarios a su observación especial, y cqú algún esfuerzo cada batallón tendría asegurado un oficial de línea como ayudante y otro como coronel. Por supuesto que la caballería no podría crearse con el método de la improvisación, pero con la reorganización decisiva de la artillería voluntaria, con oficiales y jinetes de la artillería real, se podrían completar muchas baterías de campaña. Los ingenieros civiles del país están esperando el momento propicio para aprender el aspecto militar de su profesión, lo cual los convertiría en seguida en oficiales de tropas de ingeniería de primera clase. La intendencia y el trasporte están organizados, y en poco tiempo se encontrarían en condiciones de satisfacer las necesidades de 400.000 hombres con la misma facilidad que las de 100.000. No se desorganizaría nada; nada se alteraría; por doquier se contaría con el apoyo y el concurso de los voluntarios, y éstos no tendrían que andar en ninguna parte tentando a ENSEÑANZAS DE LA GUERRA NORTEAMERICANA 131 p 132 FEDERICO ENGELS / TEMAS MILITARES ciegas; y, exceptuando algunos errores de los cuales Inglaterra no puede prescindir al entrar por primera vez en guerra, no advertimos motivo alguno para que a los seis meses todo esto no marche a pedir de boca.

Ahora fíjense en Norteamérica y comprenderán el valor que representa un ejército en lo referente a la creación de un ejército de voluntarios.


Publicado por primera vez en Volunteer Journal for Lancashire and Cheshire, el 6 de diciembre de 1*861. C. Marx y F. Engels, Obras, t. XII, p. II.

LA GUERRA CIVIL EN NORTEAMÉRICA I Desde cualquier punto de vista que se la observe, la guerra civil estadounidense ofrece un espectáculo sin paralelo en los anales de la historia militar. La vasta extensión del territorio en disputa; lo dilatado de las líneas de operaciones; la fuerza numérica de los ejércitos hostiles, cuya creación tenía escasamente el apoyo de una base de organización anterior; el costo fabuloso del mantenimiento de estos ejércitos; la manera de dirigirlos y los principios tácticos y estratégicos generales, de acuerdo con los cuales se libra la guerra, son todos nuevos a los ojos de los observadores europeos.

La conspiración secesionista, organizada mucho antes del estallido, patrocinada y apoyada por la administración Buchanan, dio al Sur una ventaja, que significaba para él la única esperanza para lograr su objetivo. Puesto en peligro por su población esclava y por fuertes elementos unionistas entre los blancos, con un número de hombres libres dos tercios menor que el del Norte, pero más preparado para el ataque gracias a la multitud de holgazanes aventureros que lo habitan, para el Sur todo dependía de una ofensiva rápida, audaz, casi temeraria. Si los sudistas tuvieran éxito en copar a Saint Louis, Cincinnati, Washington, Baltimore y quizá Filadelfia, podrían entonces contar con el pánico, en tanto la diplomacia y el cohecho asegurarían la independencia de todos los Estados esclavistas. Si fracasaba esa primera arremetida, por lo menos en los puntos decisivos, su posición empeoraría constantemente, a la par con el fortalecimiento del Norte. Esto fue comprendido perfectamente por los hombres que, con auténtico espíritu bonapartista, habían organizado la conspiración secesionista. Con esa premisa, iniciaron la campaña en forma ar-