The Morning Herald y The Standard24, esos“lobos hambrientos que aúllan ante la perspectiva de las migajas, hace tiempo no saboreadas, del limosnero público.

Los designios de Palmerston pueden .quedar a la luz si rememoramos algunos hechos. Fue él quien, la mañana del 14 de mayo, después que se le informara telegráficamente desde Liverpool que Mr. Adams2'5 llegaría a Londres el 13 de mayo por la noche, insistió en la proclama que reconocía como beligerantes a los secesionistas. Él quien, después de una dura lucha con sus colegas, envió 3.000 soldados a Canadá, un ejército ridículo si se trataba de guardar una frontera de 1.500 millas20, pero un astuto juego de manos si lo que se quería era dar ánimos a los rebeldes e irritar a la Unión. El quien, hace varias semanas, incitó a Bonaparte a proponer una intervención armada conjunta “en la sanguinaria lucha”, quien apoyó ese proyecto en el consejo de ministros y sólo por la resistencia de sus colegas no lo pudo poner en ejecución. El y Bonaparte recurrieron entonces a la intervención mexicana como pis aller0-. Esta operación perseguía dos objetivos: el de despertar el justificado resentimiento norteamericano y, simultáneamente, el de proporcionar un pretexto para el envío de una escuadra que, tal como lo consigna el Morning■Post, está lista, “para cumplir con cualquier cometido que la conducta hostil dei gobierno de Washington pueda exigir de nosotros en las aguas del Atlántico Norte”. En el momento en que se puso en marcha esa expedición, el Morning Post, junto con el Times y la ralea menor de paniaguados periodísticos de Palmerston, afirmó qué se trataba cíe una cosa magnífica, y por añadidura filantrópica, ya que pondría a la Confederación esclavista entre dos fuegos: el Norte antiesclavista y la fuerza antiesclavista de Inglaterra y Francia. ¿Y qué nos dice en su edición de la fecha él mismísimo Morning Post, esa singular mixtura de Jenkins y Rodomonte27, de lacayo y matachín, con motivo del mensaje de Jefferson Davis al congreso25? Oigamos con atención al orácul-o palmerstoniano: a Mal menor.

'‘Debemos contemplar ésta como una intervención que durante un período considerable puede ser inefectiva; y mientras que el gobierno del Norte está demasiado lejos como para suponerse que su actitud pueda influir materialmente en el caso, la Confederación del Sur, por el contrario, se extiende por un gran trecho a lo largo de la frontera de México, de tai modo que su actitud frente a los actores de la intervención3 puede tener consecuencias no desdeñables. Los gobernantes del Norte han zaherido invariablemente nuestra neutralidad; los del Sur, empero, con mentalidad de estadistas y moderación, han reconocido que ella era todo lo que podíamos hacer por uno y otro bando, y sea con respecto a nuestras operaciones en México o a nuestras relaciones con el gabinete de Washington, la amistosa mesura de la Confederación sudista constituye un importante punto a nuestro favor.” Me permito observar que el Nord del 3 de diciembre —un periódico ruso29, y consiguientemente un periódico iniciado en las miras que animan a Palmerston— insinúa que la expedición mexicana apuntó desde un principio no a su propósito ostensible, sino a una guerra con los Estados Unidos. [ ] [Del artículo “Progress of Feeling in England”, fechado .en Londres el 7 de diciembre de 1861 y publicado el 25 de ese mes en The New-York Daily Tribüne. Traducido del original inglés, según la recopilación: Marx/Engels, The Civil War in the United States, ed. cit., p. 45-47.]

a En Civil War p. 46, “ insurection” ; en MEW, t. XV, p. 148, “ Intervention” .

KARL MARX [ ] En una carta particular3°, procedente de México, se dice, entre otras cosas: “El ministro inglésrepresenta e.l papel de amigo entrañable del gobierno del presidente Juárez. Con respecto a las intrigas españolas, personas bien conocidas aseguran que el general Márquez ha recibido de España la misión de reunir las dispersas fuerzas del partido clerical, incluyendo a los elementos mexicanos y a los españoles. Este partido debe entonces aprovechar la oportunidad, que se presentará pronto, de impetrar a Su Majestad Católica un rey para el trono .de México. Para este cargo se habría escogido ya un tío de la reina. Siendo entrado en años el hombre, conforme al curso natural de las cosas pronto se retiraría de la escena, y como debe eludirse toda cláusula que regule el nombramiento de un sucesor, México recaería en las 'manos de España, o sea triunfaría en México la misma política aplicada en Haití52.” [ ]

[Del artícu lo Amerikanisches, publicado el 17 de diciembre de 1861 en Die Presse. MEW, t. XV, p. 422,]

KARL MARX EL DEBATE PARLAMENTARIO SOBRE LA REPLICA AL DISCURSO DE LA CORONA.

Londres, 7 de febrero de 1862.

( } La parte “sustanciosa” del debate giró en torno a los Estados Unidos, México y Marruecos.

Respecto a los Estados Unidos, los Outs (los que no están en el gobierno) elogiaron la política de los Insa (ios beati possidentes&). D erby33, el jefe conservador de la Cámara de los Lores, y Disraeli, el jefe conservador de la Cámara Baja, no se opusieron al gabinete, sino entre sí. Derby en primer lugar se desahogó por la falta de una “pressure from whithout^4”, “Admira”, dijo, la actitud digna y estoica de los obreros fabriles. En lo que se refiere a los fabricantes, tiene que excluirlos de su elogio. A éstos la convulsión norteamericana les ha venido de perlas, ya que la superproducción y la saturación de todos los mercados les habrían impuesto, en cualquier caso, una restricción del comercio. Más adelante Derby atacó violentamente al gobierno de la Unión, “que se ha expuesto a sí mismo y ha expuesto a su pueblo a la humillación más indigna” —en vez de actuar como “gentlemen”— al no tomar la iniciativa y entregar voluntariamente a Masón, Slidell y compañía y dar cumplidas satisfacciones 33. Su secundante en -la Cámara Baja, Mr. Disraeli, comprendió de inmediato en qué grado la embestida de Derby podía dañar las esperanzas ministeriales de los conservadores. Por. ello declaró, a lá inversa: “Cuando tengo en cuenta las grandes dificultades con a De los que están en el gobierno: Ins son los que están in office; Outs, quienes se hallan out o f office.- b Los felices poseedores.