Carlos Marx LA CRISIS EN INGLATERRA Die Presse 6 de noviembre de 1861 Londres, lo. de noviembre de 1861 Igual que hace quince años, Inglaterra está ahora enfrentada a una crisis económica que amenaza atacar de raíz todo su sistema económico. Como -.

se sabe, la patata representaba la alimentación exclusiva de Irlanda y de una parte considerable de la clase obrera inglesa, cuando la enfermedad de la patata de 1845 y 1846 golpeó de muerte la fuente de la vida irlandesa. Los resultados de esta catástrofe son conocidos. La población ir a dis nuyó en dos millones, de los cuales la mitad pereció de hambre y la otra hu Ó lado del Océano Atlántico. mismo tiempo, esta horrosa desgracia contribuyó a la victoria del partido librecambista inglés; la aristocracia terrateniente fue obligada a ceder uno de sus monopolios más lucrativos, y la abolición de las leyes cerealistas aseguró una base más amplia y más sana para la reproducción y la vida de millones de trabajadores. El algodón es para la rama dominante de la industria de la Gran Bretaña lo que la patata era para la agricultura irlandesa. La subsistencia de una masa de población superior a la de Escocia entera, o igual a dos tercios de la actual población de Irlanda, depende del trabajo de transformación del algodón. En efecto, según el empadroLa guerra.—5 66 "LA GUERRA CIVIL EN LOS ESTADOS UNIDOS - namiento de 1861, la población de Escocia se eleva a 3.061.117 habitantes y la de Irlanda a 5.764.543, er tanto que más de cuatro millones de personas viven directa o indirectamente de la industria algodonera en Inglaterra y Escocia. Esta vez, ciertamente, no es la planta del algodón la que está enferma. Su producción no es un monopolio de ciertas regiones del mundo. Al contrario, no existe una sola planta proveedora de fibras para el vestido que germine en tan variados lugares de América, Asia y Africa. ] El monopolio algodonero de los Estados esclavistas de la Unión Americana no es un producto de la naturaleza, sino de la historia. Nació y se desarrolló paralelamente al monopolio de la industria . algodonera inglesa sobre el mercado mundial. En 1793 —hacia la época en que se. hicieron los grandes descubrimientos mecánicos en Inglaterra— un cuáquero de Connecticut, Ely Whitney, inventó el cotton gin, una máquina para separar la fibra de la semilla de algodón. Antes de este invento, toda: una jornada del más intenso trabajo de un negro no bastaba para despepitar un libra de borra. Despubs. del invento de la máquina despepitadora del algodón, una vieja mujer negra puede fácilmente : producir cincuenta libras de borra de algodón al día, y mejoras progresivas pronto harían que se .

doblase el rendimiento de esta máquina. Desde en- ' - tonces, ya no hubo trabas para el cultivo del algodón en los Estados Unidos.:! Este medró rápidamente, mano a mano con la industria algodonera inglesa, que se convirtió en una gran potencia comercial. 1 En menos de 20 años después del invento de Eli Whitney, el cultivo algodonero se expandió tan enormemente que pasó de una producción de 140 mil libras a so millones y de 138 mil libras de exportación, a 17 miones. En el curso de esta evolución, hubo momentos en que Inglaterra pareció asustarse del peligro que pudiera representar este monopolio americano del algodón. Tal fue el caso, por ejemplo, cuando se compró la emancipación de los negros de las colonias británicas por veinte millones de libras inglesas. Se cobró conciencia de que la industria de Lancashire y Yorkshire reposaban en la soberanía del látigo esclavista en Georgia y Alabama, en el momento mismo en que el pueblo inglés se imponía grandes sacrificios para abolir la esclavitud en sus propias colonias. Sin embargo, la filantropía no hace la historia, y m menos aún la historia comercial. Tales dudas surgían cada vez que había penuria de algodón en los Estados Unidos, tanto más cuanto que esta calamidad natural era explotada por los esclavistas para elevar al máximo el precio del algodón valiéndose de toda clase de artificios. Los hiladores de algodón y los tejedores ingleses amenazaban entonces con la revuelta al “rey del algodón”. Se barajaron distintos proyectos para proveerse de algodón en los países de - Asia y Africa, por ejemplo, en 1850. Sin embargo, bastaba siempre que una escasez fuese seguida de una buena cosecha en los Estados Unidos para hacer añicos esas veleidades de emancipación. Es más, el monopolio algodonero de América alcanzó en el curso de estos últimos años una amplitud hasta entonces insospechada, en parte a causa de la legislación librecambista, que abolió el derecho complementario de aduana que gravaba el algodón cultivado por esclavos, y en parte a causa de los gigantescos progresos efectuados simultáneamente por la industria algodonera inglesa y por el cultivo del algodón de América en el curso del último decenio. Ya en 1857, el consumo de algodón se había elevado -en Inglaterra a cerca de mil quinientos millones de libras, Y he aquí que, en el presente, la guerra civil * americana amenaza de pronto a este gran pilar de la industria inglesa. La Unión bloquea los puertos de los Estados sudistas, a fin de cortar la principal fuente de ingresos de la secesión, impidiendo la exportación de su última cosecha de algodón; pero la Confederación ha imprimido a este bloqueo su verdadera fuerza coactiva cuando decidió no ex-. portar ni una bala de algodón, a fin de obligar a Inglaterra a ir directamente en busca de su algodón a los puertos del Sur. Se trataba de impulsar a Inglaterra a romper el bloqueo por la fuerza y a declarar después la guerra a la Unión, arrojando su espada en la balanza a favor de los Estados esclavistas, Desde el comienzo de la guerra civil americana, el precio del algodón no ha cesado de subir en Inglaterra, aunque durante mucho tiempo en grado menor al que se esperaba. En su conjunto, el mundo inglés de los negocios parecía considerar con: mucha flema la crisis americana. La razón de esta - attitud de sangre fría es evidente. Hace ya tiempo qe se encuentra en Europa la última cosecha ameficana, El producto de la nueva cosecha nunca se embarca antes de finales de noviembre, y es sólo a fines de diciembre cuando las expediciones adquieren realmente amplitud. Hasta entonces, es relativamente indiferente que las balas de algodón sigan en las plantaciones o que se expidan hacia los puertos del Sur inmediatamente después de que el algodón se embale. De esta suerte, si en cualquier momento antes de fin de año se levanta el bloqueo, Inglaterra puede estar segura de que recibirá en marzo o abril su provisión normal de algodón como si jamás hubiese habido bloqueo.

El mundo inglés de los negocios, engañado en gran medida por la prensa inglesa, se mecía en la loca ilusión de que el espectáculo de una guerra de seis meses acabaría con el reconocimiento de la Confederación por parte de los Estados Unidos.

Hacia finales del mes de agosto, sin embargo, vieron aparecer americanos en el mercado de Liverpool a fin de comprar allí algodón, ya sea con vistas a la especulación en Europa, ya con vistas a reexpedirlo para América del Norte. Este hecho extraordinario abrió los ojos a los ingleses. Comenzaron a comprender la seriedad de la situación, Después, el mercado de Liverpool entró en un estado de excitación febril. Bien pronto el precio del algodón subió en un ciento por ciento sobre su nivel medio. La especulación algodonera adquirió el mismo carácter frenético de la especulación ferroviaria de 1845. Las fábricas de hilaturas y tejidos de Lancashire y de otros centros de la industria británica del algodón redujeron su horario de trabajo a tres jornadas por semana, una parte paró por completo sus máquinas y la inevitable reacción de otras ramas de la industria no se hizo esperar. Toda Inglaterra tiembla en estos momentos ante la proximidad de la mayor catástrofe económica que la haya amenazado hasta este día. El consumo del algodón indio se halla, naturalmente, en vías de aumentar, y los altos precios aún aseguran un crecimiento ulterior de las importaciones desde la patria original del algodón. No obstante, es imposible revolucionar las condiciones de producción y el curso de los intercambios en unos cuantos meses, por así decirlo. Inglaterra paga ahora su larga y catastrófica administración en la India. Sus tentativas desordenadas de reem- . plazar el algodón americano por el algodón indio | tropiezan con grandes obstáculos: la falta de medios de comunicación y de transporte en la India y la mísera condición del campesino indio, que le impide aprovechar con ventaja las circunstancias “favorable del momento. Además, sería preciso que el cultivo del algodón indio pasara por todo un proceso de mejoras para ocupar el puesto del algodón americano. Incluso en las condiciones más favorables, se necesitarían años para que la India pudiese producir algodón en la cantidad requerida para la exportación. Pues bien, se ha establecido estadísticamente que el stock de algodón de Liverpool se habrá agotado de aquí a cuatro meses. Y durará hasta entonces sólo si se siguen aplicando las limitaciones del tiempo de trabajo a tres días por semana y la detención total de una parte aún más importante de las máquinas. Ahora bien, los distritos manufactureros sufren ya los peores males sociales. Y si el bloqueo americano prosigue después de enero, ¿qué ocurrirá entonces?