I Denuncia del Dr. Carl Marx, de Londres, contra el redactor de la Nationalzeitung, Dr. Zabel, de esta ciudad, por difamación reiterada, pública y cometida por medio de la prensa.

Al fiscal del rey ante el Tribunal Municipal del Rey, el Sr. Conde zur Lippe, Ilustrísimo Señor, de esta ciudad.

Una vez concluido el conocido proceso por difamación del ex profesor

Carl Vogt, actualmente en Ginebra, contra el Augsburger Allgemeine Zeitung, apareció un

escrito del primero bajo el título «Mi proceso contra el Allgemeine Zeitung». A raíz de aquel proceso y de este escrito, el artículo de fondo del

número 37, que se adjunta, de la Nationalzeitung del 22 de enero del presente año toma como objeto de examen la actitud política

del «Allgemeine Zeitung», entregándose aquí sobre todo a un razonamiento contra la posición y el quehacer de varios corresponsales de dicho periódico. En el razonamiento se intercalan algunas afirmaciones fácticas tomadas del mencionado escrito de Vogt. En este artículo de fondo se dice, entre otras cosas, textualmente:

«Bajo el nombre de la Banda del Azufre, o también el de los Bürstenheimer, era conocido entre la emigración de 1849 un número de individuos que, dispersos al principio por Suiza, Francia e Inglaterra, se fueron reuniendo paulatinamente en Londres, donde veneraban al señor Marx como su visible jefe supremo. El principio político de estos camaradas era la dictadura del proletariado, y con este espejismo engañaron al principio no sólo a no pocos de los mejores entre los emigrados, sino también a los obreros de los cuerpos francos del regimiento de Willich. Entre la emigración continuaban la obra de la ‹Rheinische Zeitung›, que en 1849 desaconsejaba toda participación en el movimiento, del mismo modo que atacaba constantemente a todos los miembros del parlamento,

porque el movimiento sólo tenía por contenido la constitución del Reich y no la

dictadura del proletariado por principio. La Banda del Azufre ejercía un temible rigor sobre sus adeptos. Quien, entre éstos, procuraba de cualquier modo asegurarse un porvenir burgués, era ya por el mero hecho de esforzarse por hacerse independiente, de por sí, un traidor a la revolución, cuyo renovado estallido se esperaba en todo momento, la cual debía tener dispuestos a sus soldados para enviarlos al campo de batalla. La discordia, las palizas, los duelos, eran generados dentro de esta clase de vagos cuidadosamente conservada por

rumores sembrados, correspondencias, etc.: uno despertaba sospechas sobre el otro como espía y reaccionario; reinaba la desconfianza de todos contra todos. Una de las principales ocupaciones de la Banda del Azufre era comprometer a las personas en la patria de tal modo que tuvieran que pagar dinero para que la banda guardase el secreto sin comprometerlas. No una, sino cientos de cartas se escribían a Alemania, anunciando que se denunciaría la participación en este o aquel acto de la revolución si, antes de una fecha determinada, no llegaba una cierta suma a una dirección señalada. Según el principio de que "quien no está incondicionalmente con nosotros, está contra nosotros", quien se oponía a este quehacer era "arruinado", no sólo entre los emigrados, sino también mediante la prensa. Los ‹proletarios› llenaban las columnas de la prensa reaccionaria en Alemania con sus delaciones contra los demócratas que no les rendían pleitesía; se convertían en aliados de la policía secreta en Francia y Alemania.»

I Después de que el artículo menciona, como a un miembro tal de la Banda del Azufre, como a un «seductor revolucionario de los obreros y al mismo tiempo como aliado de la policía secreta, como instigador y traidor de la sociedad secreta», a un tal Cherval, condenado en el proceso comunista de París, afirma además que yo, en un escrito aparecido en 1853, habría cargado «toda la culpa del descubrimiento de la sociedad secreta sobre la estupidez del partido de Willich-Schapper, el cual habría estado en guerra abierta con mi propio partido». Acto seguido, el artículo designa a un «miembro notorio de mi partido y uno de mis más serviles seguidores», Liebknecht, como corresponsal del Allgemeine Zeitung, y por último vuelve al mencionado al principio proceso de Vogt contra este periódico. El motivo del proceso lo había dado, como aquí se anota históricamente, la impresión en el Allgemeine Zeitung de un panfleto anónimo «Zur Warnung», en el cual se acusaba a Vogt de favorecer intereses bonapartistas y de actuar en pro de los mismos de múltiples maneras, en particular también mediante intentos de soborno. Ahora bien, después de que Vogt —así lo cuenta el artículo— presentara querella contra el Allgemeine Zeitung, «otro compinche londinense» (naturalmente mío, o, respectivamente, de mi partido), de nombre Biscamp, habría escrito al Allgemeine || Zeitung que, puesto que este último había sido informado del panfleto incriminado primeramente a través del ‹Volk›, redactado por él, consideraba su deber hacer todo lo posible para proporcionar a la redacción pruebas de la verdad de los hechos afirmados; y ocho días más tarde yo mismo habría ofrecido al Allgemeine Zeitung un documento judicial como prueba contra Vogt.

De este documento «se hablaría —como el artículo promete explícitamente— en otra ocasión».

La Nationalzeitung no hizo esperar mucho a sus lectores por el cumplimiento de esta promesa. El examen aquí anunciado se encuentra en el artículo de fondo «Cómo

se fabrican panfletos radicales», del número 41, igualmente adjunto, del 25 de enero

del presente año, el cual, según lo dicho, se presenta como una aclaración y complemento del artículo del número 37, y también remite repetidamente a este último. Este artículo quiere, según su propia expresión, «recorrer la historia del panfleto ‹Zur Warnung› con ayuda de los documentos y aclaraciones comunicados por Vogt», después de haber observado que el conocido Carl Blind es «marcado a la fuerza y

pese a su enérgica y persistente contradicción como autor del mencionado panfleto»; se insinúa entonces por qué y por quién se imputó a Blind esta autoría injustamente, del modo siguiente: existiría entre los emigrados algunas personalidades que, para || aumentar su prestigio, se equipan con el nombre de una asociación, de una sociedad o de una liga. Esto valdría en particular para el partido de los «proletarios» bajo mi dirección. A esto se enlaza la táctica y el procedimiento de estas asociaciones, o, respectivamente, personas, y a continuación se dice textualmente: «De esta manera se urdió en 1852 una conspiración del género más infame, con fabricación en masa de papel moneda falso (véanse los pormenores en Vogt), contra las asociaciones obreras suizas, una conspiración que habría ocasionado los mayores disgustos a las autoridades suizas si no hubiera sido descubierta a tiempo. Estas maniobras recomenzaron con el año 1859, y habían llegado realmente tan lejos que, tras la paz de Villafranca, a raíz de un artículo del Allgemeine Zeitung, se produjo, ante el Consejo Federal, una pregunta confidencial de un enviado del sur de Alemania, en la cual se atribuía a la recién celebrada fiesta central de la Asociación Alemana de Formación Obrera ‹la significación que, según los designios frustrados de la Banda del Azufre, habría debido tener›.»

Se relata más adelante que en mayo del año pasado fue fundado en Londres por Biscamp el periódico «Das Volk», el cual entró de inmediato en arnes con las conocidas mofas y denuncias contra los «demócratas de parlamento», y se observa al respecto:

«De dónde provenía el dinero para el periódico, profusamente repartido, lo saben los dioses; que Marx y Biscamp no disponen de dinero sobrante, lo saben los hombres.» |

IEn este periódico se reimprimió el panfleto anónimo «Zur Warnung» y se envió acto seguido al Allgemeine Zeitung. De tres a cuatro semanas después de la aparición del panfleto, Blind había negado ser autor del mismo en una carta dirigida a Julius Froebel; se le designa descaradamente como autor, como si se tratase de cosa juzgada, por primera vez en la carta de Biscamp al

Allg. Zeitung del 20 de octubre. Después se dice textualmente:

«Para seguir abogando por la autoría de Blind, escribe Marx el 29 de octubre al Allgemeine Zeitung: ‹Me he procurado el documento adjunto porque Blind se negaba a responder por las declaraciones que había hecho ante mí y ante otros.› Por dicho documento entiende Marx un testimonio del tipógrafo Voegele, cuya firma es, de modo prodigioso, ‹certificada› por Marx y Liebknecht, y al cual añade Liebknecht de manera igualmente prodigiosa: ‹Quisimos hacer legalizar nuestra firma por el magistrado (?), pero se nos contestó que era completamente superfluo.› El tipógrafo Voegele declara en él: que conoce la letra de Blind por manuscritos anteriores; que él mismo compuso la primera parte del panfleto en la imprenta de Hollinger, y que este compuso él mismo la otra. Hollinger declara a continuación, el 2 de noviembre: que afirmar que el panfleto fue impreso en su imprenta, o que Blind sea el autor del mismo, es una invención maliciosa, y su tipógrafo Wiehe, que trabaja para él desde hace 11 meses, se adhiere a esta declaración. Marx, siempre pronto para la réplica, responde en el Allgemeine Zeitung el 15 de noviembre: ‹La declaración de Hollinger es simplemente ridícula. Hollinger sabe que violó formalmente la ley

inglesa al publicar el panfleto sin indicar el lugar de impresión.› Además, Marx se remite en varias ocasiones a que Blind le comunicó oralmente el contenido del panfleto antes de la aparición del mismo, y a que Blind había escrito, en un artículo del Free Press del 27 de mayo, lo mismo que luego apareció en el panfleto; por tanto, Blind, debido a la coincidencia en contenido y forma, fue tenido de prime abord por el autor.

¿Dónde está ahora la verdad? Blind ha declarado dos veces, de manera redonda, en el Allgemeine Zeitung, que él no es el autor; dice esto no para excusar a Vogt, con quien no coincide, sino sólo en dirección hacia la parte de Marx-Liebknecht-Biscamp. Declara, al mismo tiempo, no haber visto en su vida a Biscamp; manifiestamente no es miembro del partido restringido de Marx. Nos parece que para éste no fue demasiado fácil convertirlo en chivo expiatorio, y, si las acusaciones contra Vogt debían tener peso, tenían que ser reconducidas necesariamente a una persona determinada que tuviera que responder por ellas. El partido de Marx podía, pues, endosar muy fácilmente la autoría del panfleto a Blind, precisamente porque y después de que éste se había expresado en sentido similar en conversación con Marx y en el artículo del ‹Free Press›; utilizando estas declaraciones y giros de Blind pudo forjarse el panfleto, de manera que parecía un producto suyo.»

Mediante estos dos artículos, la Nationalzeitung se ha hecho culpable de múltiples difamaciones contra mí, en el sentido del artículo 156 del Código Penal. Prescindiendo del carácter general de malevolencia que se manifiesta en ambos artículos, y del afán claramente patente de poner en entredicho mi moralidad, mis actos y mis omisiones, y de rebajar así mi honor ante la opinión pública, se me reprochan en ellos los siguientes hechos determinados:

1) Que yo no sólo adquiero o he adquirido dinero de manera deshonrosa, sino incluso de manera criminal.

Según el contenido del artículo del número 37, el partido que supuestamente estaba bajo mi dirección (Banda del Azufre, Bürstenheimer, Proletarios, partido de Marx, secta de Marx-Liebknecht-Biscamp, como se la denomina con variaciones en ambos artículos) se ocupaba principalmente || de comprometer a personas en la patria de tal modo que tuvieran que pagar dinero para que los individuos guardasen el secreto sin comprometerlas.

«Cientos de cartas —dice el artículo— fueron escritas a Alemania, denunciando que se delataría la participación en tal o cual acto de la revolución si no llegaba a una dirección designada, antes de determinada fecha, cierta suma de dinero.» Mientras aquí se imputan, pues, a los miembros de ese partido actos que, cuando no constituyeran el delito de extorsión, habrían de aparecer como sumamente reprobables, el artículo del n.º 41 va todavía más lejos, pues respecto de ese partido mío —al que poco antes se ha nombrado expresamente como aquel que habría observado en especial la «táctica» allí descrita— afirma sin más que en 1852 urdió una conspiración de la especie más infame, con fabricación en masa de papel moneda falso. Se le imputa, pues, directamente el crimen de falsificación de moneda. «Estas maniobras —continúa el artículo— recomenzaron desde 1859.» Entre las «maniobras» narradas anteriormente figuraba también la fabricación en masa de papel moneda falso; por tanto, también en 1859 se habrían cometido falsificaciones de moneda y, como se desprende del final de esta frase, que habla «de las intenciones frustradas de la banda del azufre», cometidas nuevamente por mi partido.

Que todo lo que se reprocha a la banda del azufre, o como quiera que se llame a ese partido, se afirma también en relación directa conmigo mismo, es decir, de mi persona, no puede negarlo ningún espíritu imparcial. Pues de antemano se me presenta como la «cabeza visible» de aquella banda, que «blande entre ellos el sable con napoleónica soberbia sobre su superioridad espiritual», y se comprende de suyo que todo cuanto emana de la banda o de sus miembros ocurre bajo la égida y la sanción de la cabeza, tanto más si es tan temida y superior; yo estoy en absoluto plenamente identificado con la banda del azufre y demás, hasta el punto de que aquí y allá figura sin más como «partido Marx».

El enriquecimiento que, según esto, se me imputa mediante extorsión y falsificación de moneda viene por último a recordársele al lector, en el artículo MA, una vez más con un giro punzante. En efecto, de golpe se me pone en relación con el «Volk» redactado por Biscamp, con estas palabras:

De dónde venía el dinero para el periódico tan generosamente distribuido, los dioses lo saben; los hombres saben que Marx y Biscamp no tenían dinero superfluo.

Supuesta la exactitud de este último hecho, al lector no le queda más opinión que la de que el capital necesario para el periódico fue procurado por mí y por Biscamp —de quien ya en el primer artículo se habla como de mi compinche— de la misma manera, o parecida, que ya conoció anteriormente.

2. Se me acusa a mí, y a los «proletarios» que presuntamente estaban bajo mi dirección, de haber denunciado en la prensa reaccionaria a los demócratas que no nos hubieran rendido pleitesía, y de habernos convertido en aliados de la policía secreta en Francia y en Alemania.

Finalmente, en el artículo n.º 41 se me reprocha que mi partido o, lo que es lo mismo, yo forjamos el volante anónimo «Zur Warnung», pero que, poco después, frente a la Allgemeine Zeitung, contra todo mejor saber, no sólo señalé a Blind como autor, sino que intenté probarlo mediante un documento de cuyo contenido incorrecto yo, por tanto, tendría que estar convencido.

Ésta es la opinión explícita del artículo, el cual ya por su encabezamiento irónico delata la intención de infamarme de la manera indicada. Apenas requiere comentario que todos esos hechos, si fueran ciertos, me expondrían al odio y al desprecio de la opinión pública. Pues los mencionados en el punto 1 son, al menos en parte, actos punibles, amenazados con la pérdida de los derechos civiles honoríficos. Un policía secreto, un aliado de la policía secreta, es sin discusión objeto de odio y de desprecio para quienquiera que sea, cualquiera que sea el partido político a que pertenezca; mayormente si, como se pretende que vale en el presente caso para mí, el conocimiento casualmente adquirido de las convicciones y de los actos democráticos de otros se aprovecha, mediante alianza con la policía secreta, para cometer extorsiones.

Por lo que atañe a las afirmaciones del punto 2, aquel que se alza con imputaciones infundadas contra un tercero (Vogt) se atraería el odio de sus conciudadanos, así como su desprecio le sería seguro, si no tuviera el valor de responder de dichas imputaciones, sino que pretendiera cargar la responsabilidad sobre otro.

Ahora bien, tales hechos son, como declaro por la presente, falsos.

A esta declaración podría limitarme, y esperar del denunciante la prueba de la verdad de las afirmaciones lanzadas contra mí. Pero por penosa que sea, por la naturaleza de la cosa, la prueba de lo negativo, intentaré sin embargo presentar al Real Ministerio Fiscal y al juez que haya de resolver, en lo que sigue, un material que no sólo será adecuado para procurarles el convencimiento de que todas las citas que me conciernen en los artículos incriminados son contrarias a la verdad, sino que también puede servir para poner en la luz debida el carácter de intencionada tergiversación que ellas delatan.

I. Llegué a Londres en el año 1849. Londres era la sede de la autoridad central de la sociedad comunista alemana que entonces existía bajo el nombre de «Liga de los Comunistas». Ya en septiembre de 1850 me separé, junto con mis amigos, de aquella autoridad central, dirigida por Willich y Schapper, porque ésta se entregaba prácticamente a fabricar revoluciones y conspiraciones, mientras que yo y mis amigos sólo queríamos difundir las ideas políticas y sociales que, según nuestra convicción, eran las correctas. Trasladamos la sede de la autoridad central a Colonia y no mantuvimos más correspondencia con parte alguna del continente, salvo con Colonia. En el proceso de los comunistas de Colonia se ha demostrado que esa correspondencia no contenía nada punible. En la primavera de 1851 comenzó la detención de algunos miembros de la sociedad de Colonia, e inmediatamente rompimos toda conexión, absolutamente toda, con el continente. Sólo seguí carteándome, a causa de la defensa, con un amigo de los detenidos, Bermbach, diputado de la Asamblea Nacional de Francfort, al que no conocía personalmente. A mediados de noviembre de 1852, concluido el proceso de Colonia, declaré, con la aprobación de mis amigos, disuelta la «Liga de los Comunistas».

Como prueba presento una carta mía dirigida entonces a mi amigo Engels, del 19 de noviembre de 1852, con los matasellos de Londres y Manchester, que Engels ha vuelto a encontrar entre sus viejos papeles.

Desde esa época no he pertenecido a ninguna sociedad, ni secreta ni pública, y me he mantenido en absoluto apartado de toda agitación.

Los medios para mi existencia hasta la fecha me los ha suministrado mi actividad literaria, que en parte es de naturaleza científica y en parte publicística. En lo que concierne particularmente a esta última, desde 1851 soy colaborador permanente del primer periódico angloamericano, la New‑York Tribune, a la que proporciono tanto correspondencias como artículos de fondo. Cuenta con unos 200.000 suscriptores y paga en consonancia. Soy además, desde hace varios años, colaborador de la Cyclopaedia Americana, editada por el señor Dana, uno de los redactores de la New‑York Tribune.

Como prueba presento una carta a mí dirigida por el redactor Dana, de Nueva York, fechada el 8 de marzo de 1860 (junto con su traducción), de la cual se desprende al mismo tiempo la seriedad y la veracidad de mi actividad en este terreno.

El único periódico alemán para el que escribí durante mi exilio fue la Neue Oderzeitung; la colaboración duró aproximadamente de enero a julio de 1855.

Pero ni yo, ni persona alguna que haya estado en relación más estrecha conmigo, ha escrito jamás una línea, ni privada ni en la prensa, hacia Alemania ni a ninguna otra parte, que contuviera una extorsión, una amenaza, una delación; y aunque la emigración democrática llenó durante años y sistemáticamente la prensa alemana con necias maledicencias contra mí, nunca tuve a bien responder. Que en particular la Neue Oderzeitung no contenía amenazas ni delaciones de mi parte, más aún, que en ella jamás se mencionó a la emigración democrática, lo probarán los números de la misma del período arriba indicado, y lo atestiguarán también los entonces redactores de ella, los señores Dr. Eisner y Dr. Stein, de Breslau.

Por consiguiente, el denunciante no podrá probar las pretendidas extorsiones que se dice partieron de mí y de mi «partido», como tampoco mis conexiones y las de mi partido con la policía secreta.

La Sociedad alemana de educación obrera, que existe todavía en Londres, con motivo de la celebración de su fiesta de fundación el 6 de febrero de 1860, ha declarado por unanimidad que la explotación de los obreros alemanes, y en particular de esta asociación, que me imputaba Vogt (y reproducía la Nat. Zeit.), es una mentira infundada.

Prueba: la adjunta declaración jurada (affidávit, prestada ante el juez de paz) del presidente de la sociedad, Georg Müller.

A este propósito observo que esta sociedad es la única a la que, aparte de la «Liga de los Comunistas», he pertenecido desde mi llegada a Londres, y que a mediados de septiembre de 1850 me retiré de ella, anunciando públicamente mi salida también en varios periódicos alemanes.

II. Mucho menos he estado jamás, ni estoy, en relación con alguna asociación, ni siquiera con una sola persona, en Suiza. No obstante, la Nat. Zeit. me convierte en la «cabeza visible» de la banda del azufre de Ginebra, o de los Bürstenheimer, y me identifica completamente con sus miembros y su ajetreo. Qué calumnia tan grosera encierra esto se desprenderá de lo siguiente:

«Banda del azufre» era el nombre de una sociedad de jóvenes refugiados alemanes que, tras terminar los movimientos revolucionarios de la Alemania meridional en los años 1848 y 1849, se encontraron casualmente en Ginebra. Se componía originalmente de las siguientes personas: Eduard Rosenblum, estudiante de medicina; Max Cohnheim, dependiente de comercio; Korn, químico y farmacéutico; Becker, ingeniero; Borkheim, estudiante. No tenía fines políticos, ni sociales, ni en general serios; era en el sentido propio de la palabra una sociedad de alegres camaradas, que moraba en el Café de l’Europe de Ginebra, pasaba el tiempo exclusivamente en francachelas y, con todo género de locas y petulantes travesuras, procuraba olvidar las inusuales penalidades del destierro. A mediados de 1850, los miembros de esta sociedad, con excepción de Korn, fueron expulsados de Ginebra y se dispersaron a los cuatro vientos.

Yo jamás he sido ni cabecilla ni miembro de esa banda; es más, salvo a Becker, a quien había visto una vez en el Congreso Democrático de Colonia en 1848, no conocía a uno solo de sus miembros, y hasta los tiempos más recientes no tuve conocimiento en absoluto de la existencia de esa sociedad. Las noticias precedentes las debo únicamente al arriba mencionado Borkheim, actualmente director de un gran negocio en la City de Londres (44, Mark‑Lane), cuyo conocimiento hice tan sólo hace poco tiempo.

Acerca de los «Bürstenheimer» [cepilleros] tiene la siguiente historia. Por la misma época en que florecía en Ginebra la «banda del azufre», existía allí una asociación de cultura obrera, a la que pertenecían también varios refugiados. Particularmente con uno de ellos, el Dr. Dronke —hoy comerciante en Liverpool—, trabó disputas privadas un tal Abt, que actualmente es secretario del obispo de Friburgo. Abt fue citado ante la asociación y allí fue violentamente atacado sobre todo por un fabricante de cepillos, Kamm, y su obrero Sauernheimer. Abt se vengó con un libelo en el que dio a la asociación el apodo burlesco de «Bürstenheimer», combinando las primeras sílabas del oficio de su enemigo Kamm [Bürstenmacher] y las últimas del nombre de Sauernheimer.

Ni conmigo ni con la sociedad comunista londinense ha mantenido jamás esta asociación relación alguna, y de sus antiguos miembros, la única persona a la que traté de cerca desde mi expulsión de Prusia (1849) es el ya arriba mencionado Dr. Dronke.

I De lo cual se desprende que es falso:

1. que la «banda del azufre» y los «Bürstenheimer» sean idénticos entre sí;

2. que estas sociedades sean idénticas a los partidos comunistas que existían en Londres, o que hayan tenido con ellos siquiera la más remota relación;

3. que estas sociedades hayan estado bajo mi dirección o que yo haya pertenecido a ellas en absoluto, así como que yo, en calidad de jefe de las mismas, haya participado en los fines criminales señalados en la Nationalzeitung —fines que, por lo demás, según las comunicaciones anteriores, las mencionadas asociaciones ginebrinas no perseguían—.

III. El artículo en el número 37 de la Nat. Zeit. menciona a Cherval, condenado en el proceso de los comunistas, de una manera que deja entrever claramente que este individuo había sido aliado mío y de «mi partido».

Pero el denunciante podía y debía saber precisamente por mi escrito por él citado «Revelaciones sobre el proceso de los comunistas en Colonia», así como por los detallados informes que los periódicos alemanes más importantes publicaron entonces sobre este proceso, exactamente lo contrario, a saber: que fui yo quien, durante el proceso, por mediación de los abogados defensores actuantes, denunció a Cherval como aliado de la policía; que como tal fue también desenmascarado en el proceso, y que, según la declaración del director de policía Stieber, Cherval ya en 1851 pertenecía a una sociedad hostil hacia mí. Los hechos son los siguientes:

El verdadero nombre de Cherval es Kraemer. En el año 1847 fue introducido por un obrero en la sociedad obrera alemana «Bund» [Liga] en Londres. De ahí provenía su conocimiento con Carl Schapper. Luego se fue a Alemania, donde, sin que Schapper o la asociación lo supieran, actuó como agente de la policía secreta prusiana. En 1851 se encuentra en París, seguía manteniendo correspondencia con la «Liga» en Londres, pero a la vez estaba al servicio de la policía secreta francesa. En aquel entonces fue condenado en el proceso de los comunistas de París. Sin embargo, escapó muy pronto de la prisión, en otoño de 1852 regresó a Londres, visitó la «Asociación de cultura obrera» que allí existía bajo Willich y Schapper, pero fue públicamente expulsado de la misma. De allí se dirigió a Ginebra, y allí se hizo pasar por inglés bajo el nombre, nuevamente falso, de «Nugent». Allí intentó fundar una liga secreta con el declarado propósito de: aniquilar el crédito de los Estados mediante la reproducción de papeles del Estado, y poner en marcha una revolución europea con el dinero así obtenido. Sin embargo, fue descubierto y desapareció antes de que la policía de Ginebra pudiera echarle mano.

Con este miserable sujeto, como apenas necesito asegurar, nunca he tenido relación alguna, ni ha pertenecido él jamás a un partido al que yo me contara. Pero sí me corresponde el mérito de haber sido el primero en reconocerlo y desenmascararlo. Su doble carácter como espía de la policía prusiana y bonapartista ha quedado plenamente demostrado en las actas del proceso de los comunistas de Colonia. Esto se logró en particular gracias a las comunicaciones que yo hice llegar a los abogados de allí, especialmente al abogado Schneider II. Este último podrá atestiguar que, en una carta que escribí ya el 28 de octubre de 1852 a Friedrich Engels en Manchester, calificaba a Cherval de espía de la policía. Esta convicción mía se apoyaba en su prodigiosa huida de la prisión de París inmediatamente después de su condena, en su estancia sin perturbaciones en Londres, a pesar de ser un criminal común, y en una noticia que me comunicó el señor de Remusat, antiguo ministro o diputado bajo Luis Felipe, de que Cherval se le había ofrecido como agente para los príncipes de Orléans.

En mis «Revelaciones sobre el proceso de los comunistas» he valorado también a Cherval según sus merecimientos.

Mis indicaciones respecto a su relación con la asociación obrera y mi conocimiento con él encuentran su confirmación en el affidavit adjunto de Carl Schapper. Sobre sus manejos en Ginebra como el inglés Nugent podría dar suficiente información el comerciante Johann Philipp Becker en París, 22 rue Tessaint à la Chapelle.

Así, pues, la insinuación de la Nationalzeitung respecto a mi conexión con Cherval, con la fabricación masiva de papel moneda falso en Suiza y con la policía secreta se caracteriza como una calumnia consciente, o cuando menos como una difamación extremadamente negligente.

Lo mismo vale empero

Demanda contra el redactor de la «National-Zeitung»

IV. De mis presuntas relaciones con Biscamp y con «Das Volk» [El Pueblo] por él dirigido. En el año 1859 cobraron auge entre los refugiados las intrigas bonapartistas, particularmente también contra Alemania. Yo y muchos otros, que por lo demás no coincidían con mis puntos de vista, consideramos oportuno contrarrestar estas intrigas. Con este fin fundó Biscamp en la primavera de 1859 «Das Volk» —un periódico del que yo, por lo demás, estaba originariamente tan alejado como del propio empresario. El mismo Vogt cita en su libro (página 41 de los documentos que forman el apéndice) la siguiente nota editorial de «Das Volk» del 11 de junio de 1859: «Tenemos la satisfacción de poder comunicar a nuestros lectores que K. Marx, Fr. Engels, Ferd. Freiligrath, W. Wolff, H. Heise están decididos a prestar su apoyo a Das Volk».

Hasta mediados de junio, pues, yo no había prestado apoyo alguno al periódico, y sus circunstancias hasta ese momento no me conciernen. El propio Biscamp ha declarado en el suplemento al número 46 de la Allg. Zeit. del 15 de febrero de 1860:

«Toda mi relación política con el señor Marx se limita a unas pocas contribuciones periodísticas que él entregó para Das Volk, fundado por mí».

En lo que respecta particularmente al aspecto financiero de la empresa, hay que señalar lo siguiente: Biscamp, que vivía entonces de dar clases en Londres, dirigía el periódico siempre gratis. Igualmente, todos los colaboradores, desde la primera aparición del periódico hasta su desaparición, entregaban gratis sus contribuciones. Los únicos costos eran los de impresión y expedición —los cuales, ciertamente, excedían siempre con mucho el producto del periódico. Antes de que yo colaborara en él, los desfases se cubrían mediante colectas públicas entre los alemanes en Londres. Posteriormente, yo conseguí 25 libras esterlinas, reunidas exclusivamente, en parte de mis propios medios, en parte de contribuciones de los médicos prácticos Dr. Borchardt, Dr. Gumpert, Dr. Heckscher, del maestro Wilhelm Wolff y del comerciante Friedrich Engels, todos ellos en Manchester.

He corroborado la exactitud de estas indicaciones en mi affidavit adjunto, fechado en Manchester, 29 de febrero de 1860.

Al desaparecer el periódico existía una deuda de, según creo, unas 8 libras esterlinas, de la que Biscamp es responsable y por la cual extendió un pagaré al impresor Hollinger.

Así, pues, «Das Volk» queda fuera de toda conexión con la policía secreta y con las extorsiones y falsificaciones de moneda «mías y de mi partido», y no solo los dioses, sino también los hombres saben de dónde salió el dinero para el periódico, una vez que se han enterado de que yo y otras personas teníamos ciertamente algún dinero «superfluo» e incluso «honradamente adquirido», que sacrificábamos gustosos al propósito antibonapartista del periódico.

Por último, en lo que concierne a

V. La hoja volante «Zur Warnung» [Para advertencia] y mi correspondencia con la Allg. Zeit. en este asunto, hagan aquí su lugar las siguientes observaciones:

El 9 de mayo de 1859, con ocasión de un meeting público convocado por David Urquhart, Carl Blind me refirió todas las acusaciones contra Vogt, más tarde repetidas en la hoja volante «Zur Warnung» (—la cual no apareció hasta el siguiente junio—), y me aseguró que las pruebas de ello obraban en su poder.

Observo aquí que yo y mis amigos estábamos ciertamente penetrados de la necesidad de una Italia libre e independiente —por la que yo ya había combatido en la «Neue Rheinische Zeitung», dirigida por mí en 1848—. En cambio, considerábamos la guerra italiana iniciada entonces por Napoleón, en secreto entendimiento con Rusia, como un pretexto para arruinar a Alemania. Ya se ha dicho arriba que éste era precisamente el propósito principal que dio vida a «Das Volk», fundado por Biscamp.

Yo no atribuí entonces mucha importancia a las comunicaciones de Blind, porque ya llevaba tiempo convencido, por otros motivos, de que Vogt era un agente bonapartista.

Algunos días después, Biscamp, con quien hasta entonces yo no había tenido ninguna relación personal ni política, me fue presentado por Liebknecht. Me pidió apoyo literario y pecuniario para «Das Volk». Yo lo rechacé por el momento. Durante la conversación conté a Liebknecht, en presencia de Biscamp, las comunicaciones de Blind sobre Vogt —por lo demás, sin intención alguna. Biscamp aprovechó estas comunicaciones para un artículo, aparecido en el número 2 de su «Volk» del 14 de mayo de 1859 y provisto de añadidos de su exclusiva pertenencia, bajo el título «El regente del Imperio (Vogt) como traidor».

Más tarde, aproximadamente a mediados de junio, en una época en que yo me encontraba en Manchester, Liebknecht recibió del propio Hollinger, en su imprenta, la prueba de imprenta de la hoja volante «Zur Warnung», cuyo manuscrito, según supo por el cajista Vögele, Blind había entregado a Hollinger para su impresión. Liebknecht la reconoció al instante como reproducción de las comunicaciones que Blind me había hecho verbalmente sobre Vogt. En estas circunstancias, él, como cualquier otro hombre imparcial, estaba plenamente autorizado a tener a Blind por el autor de la misma. Liebknecht, que desde hacía tiempo era corresponsal de la Allg. Zeit., envió por ello la hoja de prueba a esta última; la Allg. Zeit. la imprimió y se atrajo con ello la querella por calumnia de Vogt.

De este paso (del que, por lo demás, yo no supe, por ocurrir en mi ausencia de Londres

(Lo que ocurría, él nada sabía) tanto más justificado estaba Liebknecht cuanto que sabía que Blind, el acusador de Vogt, había sido requerido por el propio Vogt para que participara en la proyectada propaganda bonapartista, y consideró su deber inexcusable prevenir en periódicos públicos, y de tanta difusión como la Allgemeine Zeitung, contra un hombre que se había encargado de pagar una prima por todos los artículos favorables a los planes bonapartistas en la prensa alemana. Que estas acusaciones contra || Vogt eran fundadas lo prueba su propia confesión en su libro («Carta al Dr. Löning, Documentos, pág. 36») y el hecho de que también la Nationalzeitung, en el artículo incriminado del n.° 41, lo admite en lo esencial, aunque de modo muy tortuoso. Asimismo, las propias declaraciones de Blind, reproducidas en el mismo artículo, por mucho que estén puestas con salvedades, así como el razonamiento que la misma Nationalzeitung enlaza con la conducta de Blind, muestran claramente que Blind realmente no había hecho otras comunicaciones sobre Vogt que las que reproduce el panfleto «Zur Warnung».

Una vez que Vogt hubo entablado su demanda contra la Allgemeine Zeitung, la redacción de ésta se dirigió a Liebknecht pidiéndole pruebas. Liebknecht se dirigió naturalmente a mí, y yo le remití a Blind, y a petición suya le acompañé a casa de éste. No le encontramos allí, y dos cartas que Liebknecht le dirigió las dejó semanas enteras sin contestar. Por fin contestó, en la carta adjunta del 8 de septiembre, que no quería inmiscuirse en este «asunto completamente ajeno a él, en el que absolutamente no tomaba parte», y que «hablaría más tarde, de palabra y con ocasión, acerca de las observaciones hechas en una conversación privada».

Liebknecht, a base de mis comunicaciones, había promovido la reproducción del panfleto «Zur Warnung» en la Allgemeine Zeitung; yo estaba, por tanto, moralmente obligado a proporcionarle las pruebas de la exactitud de su contenido. || La prueba residía en el testimonio de Blind; pero Blind no quería hablar. Entonces recordé haber leído en el periódico londinense «Free Press» del 27 de mayo un artículo anónimo titulado «The Grand Duke Constantine to be King of Hungary», el cual contenía el contenido esencial del panfleto «Zur Warnung» y de las manifestaciones que Blind me había hecho verbalmente, y que ya entonces había yo reconocido, por el estilo y el contenido, como procedente de Blind. Por eso acompañé a Liebknecht al editor responsable de la «Free Press», el señor Collet, quien señaló también a Blind como autor de aquel artículo.

Además, el cajista Voegele, empleado en la imprenta de Hollinger, me extendió la certificación que luego se publicó en la Allgemeine Zeitung, que dice: «El que suscribe declara, en presencia del Dr. Carl Marx y de Wilhelm Liebknecht, que el panfleto titulado ‘Zur Warnung’, publicado anónimamente y sin indicación de lugar de impresión, reproducido en el n.° 7 del ‘Volk’: 1) fue compuesto e impreso en la imprenta de Fidelio Hollinger, pues yo mismo compuse una parte del manuscrito y Hollinger la otra; 2) que estaba escrito de puño y letra de Carl Blind, letra que conozco por los manuscritos de Carl Blind para el ‘Hermann’ y por panfletos anónimos escritos por Carl Blind, que se supone impresos en Francfort del Meno, pero que en realidad han sido compuestos e impresos por F. Hollinger; 3) que el propio F. Hollinger me señaló a Carl Blind como autor del panfleto ‘Zur Warnung’, dirigido contra el profesor Vogt. August Voegele, cajista.»

Liebknecht notificó entonces a Blind || que poseía estas pruebas, y le exhortó a que diera las explicaciones que estuvieran a su alcance. Pero ni antes ni durante las vistas del juicio en Augsburgo rompió Blind su silencio, evidentemente sistemático.

En estas circunstancias, declaré a Liebknecht que estaba dispuesto, si la Allgemeine Zeitung me lo solicitaba por escrito, a remitirle la declaración del cajista Voegele, que obraba en mi poder. La petición escrita se me formuló en las dos cartas adjuntas del redactor Orges, y la cumplí mediante la siguiente carta, asimismo publicada por la Allgemeine Zeitung — con la que, por lo demás, nunca he tenido el menor trato — :

«Muy señor mío: Mientras he tenido alguna intervención en la prensa alemana, he atacado a la Allgemeine Zeitung, y la Allgemeine Zeitung me ha atacado a mí. Esto, naturalmente, no me impide en modo alguno ayudar a la Allgemeine Zeitung, en cuanto pueda, en un caso en que, según mi convicción, ha cumplido el primer deber de la prensa: la denuncia de las imposturas. El documento adjunto sería un documento judicial aquí en Londres. No sé si lo sería también en Augsburgo. Me he procurado dicho documento porque Blind se negaba a responder de las manifestaciones que había hecho ante mí y ante otros, que yo transmití a Liebknecht, y que no le permitían abrigar duda alguna sobre la denuncia contenida en el panfleto anónimo.»

Las razones de mi conducta se desprenden de lo dicho, y espero que a nadie parecerá otra cosa que honrosa y ajustada al deber. Pero lo principal para mí era poner frente a frente a Vogt y a sus acusadores en un terreno en que el asunto tuviera que decidirse, y para ello era indispensable sacar de su escondite al verdadero autor y al editor del panfleto.

Esto se logró por completo, como demuestra la historia ulterior de esta disputa.

Pues, en respuesta a la declaración antes citada, formulada por el cajista Voegele, apareció en el n.° 313 de la Allgemeine Zeitung y en la Kölnische Zeitung la siguiente carta de Blind, del 3 de noviembre de 1859:

«Para rechazar la afirmación de que soy el autor del panfleto ‘Zur Warnung’, publico los siguientes documentos. Esto, sólo como defensa, no como justificación de Vogt, cuyo modo de proceder mis amigos y yo, del partido republicano, tenemos que condenar incondicionalmente, por todo lo que desde hace medio año hemos sabido. Puedo dar fe de la veracidad de la comunicación hecha por el Sr. Julius Fröbel, de que, en efecto, por parte de Vogt llegaron aquí ofrecimientos de dinero, a fin de inducir a los alemanes residentes en esta ciudad a influir en el sentido conocido sobre la prensa patria.»

Los documentos adjuntos a esta carta decían:

a) «Por la presente declaro que la afirmación contenida en el n.° 300 de la Allgemeine Zeitung, hecha por el cajista Voegele, de que el panfleto allí mencionado, ‘Zur Warnung’, había sido impreso en mi imprenta, o de que el Sr. Carl Blind es el autor del mismo, es una invención maliciosa. Fidelio Hollinger, 3 Litchfield Street, Soho, Londres, 2 de noviembre de 1859.»

b) «El infrascrito, que desde hace 11 meses vive y trabaja en el n.° 3 de Litchfield Street, || da fe por su parte de la veracidad de la declaración del Sr. Hollinger. Londres, 2 de noviembre de 1859. J. F. Wiehe, cajista.»

Contra esto, publiqué en la Allgemeine Zeitung la declaración que se reproduce en el anexo (recorte del suplemento de la Allgemeine Zeitung del 21 de noviembre de 1859).

Contra esta declaración mía, Blind dio una réplica en la Allgemeine Zeitung del 11 de diciembre de 1859, que la redacción resumió en lo esencial como sigue: «Remitiéndome repetidamente a los documentos firmados por el propietario de la imprenta, el Sr. Hollinger, y por el cajista Wiehe, declaro por última vez que la suposición, que ahora sólo aparece ya como insinuación, de que soy el autor del tantas veces mencionado panfleto, es una burda falsedad. En las más recientes afirmaciones sobre mí se encuentran las más groseras tergiversaciones. Una vez más: esto, sólo como defensa frente al lado Marx-Biscamp-Liebknecht, no como justificación de Vogt, contra quien ya anteriormente me he pronunciado.»

Al mismo tiempo, la redacción declaró cerrado este asunto en sus columnas.

Poco después apareció el libro de Vogt y, haciéndole eco, la Nationalzeitung, en los cuales se me atribuía, o se atribuía a mi partido, la autoría del panfleto.

A consecuencia de ello, publiqué la circular inglesa adjunta, acompañada de su traducción, dirigida al redactor de la «Free Press». Mi objeto era inducir a Blind a presentar contra mí una querella por injurias, y procurarme así la ocasión de aportar en Londres las pruebas judiciales acerca de la impresión y la autoría del panfleto, y de obligar a su verdadero autor a presentar ante un tribunal inglés || las piezas de convicción contra Vogt.

Esto, ciertamente, no ocurrió; más bien, Blind reiteró, en una declaración inserta en el suplemento al n.° 44 de la Allgemeine Zeitung del 13 de febrero de 1860, que no era el autor del panfleto. Pero en esa misma declaración sacó a relucir algunos argumentos en favor de que Vogt es un agente de la propaganda bonapartista en Londres.

Entretanto, me había procurado las dos declaraciones juradas (affidavits) de Voegele y de Wiehe, adjuntas en original (con traducción). Mediante estas declaraciones juradas se ha probado:

1. que era verdad mi afirmación de que el panfleto había sido impreso en la imprenta de Hollinger y que estaba escrito de puño y letra de Blind;

2. que los testimonios aportados por Blind, de Hollinger y de Wiehe, eran falsos;

3. que Blind y Hollinger habían entablado una conspiración, criminalmente punible con arreglo al derecho inglés, para obtener falsos testimonios contra mí y desacreditarme en la opinión pública como mentiroso y calumniador.

Por consideración a la familia de Blind, tuve miramientos con ambos. No obstante, envié copia de estas dos declaraciones juradas a algunos emigrados que trataban con Blind. La consecuencia inmediata fue la declaración publicada en el recorte adjunto del «Daily Telegraph» del 15 de febrero de 1860, bajo el título «The Vogt Pamphlet», de un Dr. med. Charles Schaible, de Londres, en la cual éste se confiesa autor del panfleto y asume la responsabilidad de las acusaciones que en él se contienen contra Vogt.

De la precedente exposición de los hechos, ajustada a la verdad, y de las pruebas aportadas || se desprende:

1. que ni yo ni mi partido ni ninguna otra persona que estuviera en relación conmigo fue el autor del panfleto;

2. que, por consiguiente, no lo he «fabricado» según las indicaciones de Blind, ni lo he hecho pasar, contra mi propio saber, como producto suyo;

3. que el contenido del documento que envié a la Allgemeine Zeitung — según el cual el panfleto había sido impreso en la imprenta de Hollinger a instancias de Blind, y cuyo manuscrito era de puño y letra de Blind — es absolutamente verdadero, mientras que los documentos contrarios de Blind son absolutamente falsos.

La verdad de estos hechos no puede verse alterada, naturalmente, por la circunstancia de que el verdadero autor sea una tercera persona.

Por tanto, en este punto queda plenamente probado objetivamente el cuerpo del delito de difamación contra la Nationalzeitung.

Y cuán directa era su intención de difamarme se desprende de que, de mi réplica a la primera declaración de Blind en la Allgemeine Zeitung, sólo recoge estas palabras: «La declaración de Hollinger es sencillamente ridícula; Hollinger sabe que violó formalmente la ley inglesa al publicar el panfleto sin indicación del lugar de impresión.»

En cambio, omite por completo el siguiente párrafo, que contiene un hecho contundente, a saber:

«Casualmente, la reimpresión en el ‘Volk’ fue tirada a partir de la composición del panfleto, || que todavía se encontraba en la imprenta de Hollinger. De este modo, incluso sin testimonio de testigos, por simple comparación entre el panfleto y su reimpresión en el ‘Volk’ podría aportarse judicialmente la prueba de que el primero procedía de la imprenta de F. Hollinger.»

Después de haber demostrado, a mi juicio, en lo que antecede las premisas de las calumnias cometidas contra mí por la Nat. Zeit., no puedo por menos de llamar la atención sobre el motivo especial que tengo para formular querella contra dicho periódico.

En el diario londinense “Daily Telegraph” del 6 de febrero de 1860 apareció un artículo de dos columnas de extensión bajo el título: “The Journalistic Auxiliaries of Austria” (“Los auxiliares periodísticos de Austria”). Adjunto el número en cuestión.

Dicho artículo se fecha formalmente en Fráncfort del Meno, pero, como muestra la más superficial comparación, es en parte mera paráfrasis, en parte traducción literal

de los dos artículos incriminados de la Nat. Zeit. Hace de mí y de mis amigos, exactamente igual que la Nat. Zeit., “aliados de la policía secreta”; y todo el pasaje sobre la banda del azufre, las cartas de amenaza y chantaje, mi relación con la falsificación de moneda de Cherval en Suiza, etc., está traducido literalmente de la Nat. Zeit.

Escribí de inmediato al director del “Daily Telegraph” y exigí, bajo amenaza de una action for libel (querella por difamación), la retractación y una reparación del honor. Me respondió que había enviado mi carta a su corresponsal en Alemania || y que esperaría su respuesta. Dicha respuesta apareció en el número adjunto del “Daily Telegraph” del 13 de febrero de 1860 (bajo la rúbrica Germany), y dice, en traducción literal, como sigue:

“Fráncfort del Meno, 8 de febr.

Seré breve en mi despacho de las observaciones que el Dr. Marx le ha dirigido a usted en respuesta a uno de mis informes. Sencillamente ha dirigido mal su carta. Si el docto señor hubiera dirigido sus observaciones al Dr. Vogt mismo, o a uno de los cientos de redactores alemanes que citaron el libro del Dr. Vogt, su conducta habría correspondido a lo que el asunto parece exigir. Pero, en cambio, el Dr. Marx deja sin refutar las numerosas acusaciones formuladas contra él en su propia patria y prefiere desahogar su enojo mediante un ataque al único periódico inglés que acogió en sus columnas una información que ha sido impresa y

reimpresa en casi todas las ciudades alemanas de alguna importancia. El docto señor parece olvidar por completo el hecho de que no tiene el mínimo derecho a quejarse de la publicación de un fragmento de noticia desagradable en un periódico inglés, mientras no considere oportuno pedir cuentas a los autores y propagadores del daño en su patria. Cierro estas líneas con la declaración de mi disposición a admitir la falsedad de las afirmaciones contenidas en la susodicha comunicación tan pronto como el Dr. Marx haya convencido al mundo de su falsedad. Si está en posesión de las pruebas necesarias para tal fin, nada puede resultarle más || fácil que alcanzar cosa tan deseable. Tiene a su disposición por lo menos 50 ciudades donde entablar procesos y hacer que los redactores reciban el debido castigo. Si no tiene a bien seguir este camino, no es deber de un corresponsal inglés retractar lo que él no ha afirmado, sino que se ha limitado a repetir basándose en la incontrovertida autoridad de las fuentes más respetables.”

Esta carta no necesita comentario alguno. Es la respuesta terminante del “Daily Telegraph”, que me niega toda satisfacción hasta que haya llevado ante la justicia a la fuente de su corresponsal, su fuente “respetable”, su — como según los datos arriba expuestos no puede dudarse — única fuente, la Nat. Zeitung.

El artículo del “Daily Telegraph” ha causado un escándalo enorme en Londres; se lo debo a la Nat. Zeit. Debo a mi honor, a mi existencia burguesa, a mi familia, quitarme de encima la carga y la infamia de inmoralidad que, de manera falsa y maliciosa, se han arrojado sobre mí, mediante el castigo judicial de mis calumniadores; y por ello solicito, con fundamento en los artículos 156, 163 del Código Penal y 537 de la Ley de Prensa del 22 de 1851:

Que el denunciado Dr. Zabel, en su calidad de redactor responsable de la Nat. Zeit., sea sometido a investigación y castigo por las calumnias repetidamente cometidas contra mí en los dos artículos de fondo del n.º 37 del 22 y del n.º 41 del 25 de enero de 1860; que se me reconozca asimismo el derecho a publicar la sentencia que recaiga en la Nat. Zeit. y en el “Daily Telegraph” que aparece en Londres, a costa del denunciado. Al abogado que suscribe conmigo lo he facultado mediante el poder adjunto para presentar la denuncia y formular la querella, y estará asimismo dispuesto a proporcionar cualquier información adicional que se requiera sobre la base de los datos que le he suministrado.

Berlín], 15 de abril de 1860. Dr. Carl Marx.