PRÓLOGO

Con fecha “Londres, 6 de febrero de 1860” publiqué en
el Volkszeitung de Berlin, en el Reform de Hamburgo, y otros
diarios de Alemania, una aclaración que comenzaba con las
siguientes palabras:

“Con esto denuncio haber dado los pasos preliminares pa-
ra llevar ante los tribunales una acusación de calumnia con-
tra el National Zeitung de Berlín, con motivo de la aparición
de los artículos de fondo N° 37 y 41, referentes al panfleto de
Vogt intitulado: Mi proceso contra el Allgemeine Zeitung.
Reservo para más adelante mi respuesta literaria a Vogt”.

La razón por la cual resolví responder literariamente a
Carlos Vogt y judicialmente al National Zeitung, quedará
demostrado en las páginas siguientes.

En el mes de febrero de 1860 llevé a los Tribunales mi
acusación por calumnia contra el National-Zeitung. Después
que el proceso pasó por cuatro instancias provisorias, se me
comunicó el 23 de octubre la resolución tomada por el Real
Tribunal Superior Prusiano, según la cual se me negaba el
derecho de recurrir a la última instancia, quedando por lo
tanto anulado el proceso aún antes de iniciarse el debate pú-
blico. Si, según me era dado esperar, hubiera llegado a es-
ta última instancia, yo me habría podido ahorrar el pri-
mer tercio de la presente obra. Hubiera bastado una simple

CARLOS MARX

copia del informe estenográfico referente a las vistas de las
causas, para librarme con ello del desagradabilísimo trabajo
que supone el contestar a acusaciones hechas a mi persona, o
sea, hablar de mí mismo. Siempre he puesto tanto cuidado en
eludir esto, que en efecto, Vogt podría tener motivos para
abrigar la esperanza de lograr algún éxito con sus mentiras.
Sin embargo sunt certi denique fines. La chapucería de Vogt,
resumida a su manera por el National Zeitung, me acusaba
de haber cometido una serie de acciones infamantes, las que
ahora, después de haberme sido interdicta definitivamente la
refutación pública y judicial, exigen una refutación literaria.
- Pero, aparte de este motivo que no me deja elección posible,
yo tenía también otros, ya que era preciso darme por aludido,
para tratar más detalladamente las historias cinegéticas de Vogt,
referentes a mí y a mis correligionarios. Por un lado el casi
unánime griterío triunfal con que la llamada “prensa liberal”
alemana recibió sus supuestas revelaciones, por el otro, la opor-
tunidad ofrecida por el análisis de aquella chapucería, para es-
tablecer las características de aquel individuo que representaba
toda una tendencia.

Mi respuesta a Vogt me obligó a revelar de cuando en
cuando alguna “partie honteuse’’ de la historia de la emigra-
ción. Con ello tan sólo hago uso del derecho de defensa propia.
Por lo demás, a excepción de algunas pocas personas, ünica-
mente puede reprochársele ilusiones a la emigración, ilusiones
éstas que, teniendo en cuenta las condiciones de la época, re-
sultaban más o menos justificadas y tonterías que necesaria-
mente tenían que surgir, debido a la situación a que la emi-
gración se veía abocada en forma inesperada. Al decir esto,
lógicamente me refiero solamente a los primeros años de la emi-
gración. De la comparación de la historia de los gobiernos y de
la sociedad burguesa que regía aproximadamente entre los

HERR VOGT

años de 1849 y 1859, con la historia contemporánea de la
emigración, resultaría la apología más brillante que podría
escribirse con respecto a esta última.

Sé de antemano que aquellos mismos sabihondos caballe-
ros que habían meneado gravemente sus cabezas ante la im-
portancia de las “revelaciones” aparecidas en el “bodrio” de
Vogt, no podrán comprender ahora cómo es posible que yo
malgaste mi tiempo en la refutación de semejantes niñerías,
mientras aquellos chupatintas “liberales”, que con maliciosa
alegría se apresuraron a transmitir las torpes infamias y ab-
surdas mentiras de Vogt a toda la prensa alemana, suiza,
francesa y americana, encontrarán sin duda reprochable y cho-
cante mi manera de pedirles cuentas a ellos y a su héroe.
¡But never mind!

Ni la parte política, como tampoco la parte jurídica de esta
obra, requieren un prólogo especial, Para evitar posibles mal-
entendidos, quiero anotar tan sólo esto: por parte de hombres
que ya antes del año 1848 estaban de acuerdo en reconocer én
la independencia de Polonia, Hungría e Italia, no sólo un de-
recho de estos países, sino también una ventaja para Alema-
nia y Europa, fueron expuestas opiniones muy dispares con
respecto a la táctica que Alemania habría de emplear en oca-
sión de producirse la guerra que Luis Bonaparte llevó a cabo
contra Italia en el año 1859. Este contraste de opiniones nacía
de juicios encontrados sobre las verdaderas suposiciones, a las
que recién habrían de juzgar los tiempos venideros. Yo, por
mi parte, me ocupo en esta obra únicamente de las opiniones de
Vogt y de su círculo. Hasta la opinión que pretendía defender
y a la que representaba en la imaginación de un grupo de
faltos de criterio, excede en efecto los límites de mi crítica.
Yo me ocupo de las opiniones que realmente representaba.

CARLOS MARX

Por último quiero expresar mi sincero agradecimiento por
la desinteresada ayuda que me fué brindada durante la redac-
ción de este escrito, no sólo por parte de todos los amigos y
correligionarios, sino por muchas personas anteriormente aje-
nas a mí y en parte también, por miembros de la emigración
residente en Suiza, Francia e Inglaterra, a los que hasta la
fecha no he tenido oportunidad de conocer.

Londres, 17 de noviembre de 1860.

Carlos Marx.

CAPÍTULO 1

LA BANDA DE AZUFRE

Clarin: Malas pastillas gasta;
hase untado ;
Con ungüento de azufre.

(CALDERÓN) 1,

La naturaleza redondeada, según denominara el abogado
Hermann con suma espiritualidad a su esférico cliente, el he-
redero Vogt de Nichilburg, delante del tribunal del partido
de Augsburgo, inicia su absurda falsificación histórica de la
siguiente manera:

“Con el nombre de la Banda de Azufre, o también bajo el
no menos característico de los Bürstenheimer, se conocía entre
los exilados de 1848 à cierto grupo de personas que, disemi-
nadas al principio en Suiza, Francia e Inglaterra, fueron reu-
niéndose paulatinamente en Londres, donde veneraban al señor
Marx en calidad de evidente caudillo. El principio político
de estos sujetos era la dictadura del proletariado, etc”, (Pág.
136, Carlos Vogt, Mi proceso contra el Allgemeine Zeitung.
Ginebra, Diciembre de 1859). El Hauptbuch [Libro Mayor]

en el que puede leerse este importante comunicado, apareció

1. En castellano en el texto alemán (N. del t.).

CARLOS MARX

en el mes de diciembre del año 1859, No obstante, en mayo
del mismo año, es decir ocho meses antes, “la naturaleza re-
dondeada” había publicado un artículo en el Handelscourier
— [El Correo Comercial] — de Biele, artículo éste que debe
considerarse como la base sobre la que se funda aquella amplia
falsificación histórica. Veamos el texto original:

“A partir de la derrota sufrida por la revolución de 1849
— [así exagera el Commis Voyaguer de Biele} — poco a poco
fué reuniéndose en Londres un grupo de exilados, a los que en
tiempos de.la emigración suiza se les conocía bajo el nombre
de Bürstenheimer o Schwefelbande o sea, Banda de Azufre.
(i 1). Su jefe es Marx, el ex-redactor de la “Rheinische Zeit-
ung”, [Gaceta Renana} de Colonia, su consigna: república so-
cial y dictadura obrera, y su ocupación: urdir combinaciones y
conspirar” (También esto fué copiado del Libro Mayor, ca-
pítulo tercero, documento N? 1, págs. 31 y 32).

El grupo de exilados “que en tiempos de la emigración
suiza” era conocido por el nombre de Banda de Azufre, se con-
vierte ocho meses más tarde en una “masa diseminada entre
Suiza, Francia e Inglaterra”, a la que “entre los exilados” ge-
.neralmente se conocía como Banda de Azufre. Es la vieja
historia de los “almidonados” de Kandal-Green, tan jocosa-
mente narrada por el arquetipo de Carlos Vogt, el inmortal
Sir John Falstaff, que por cierto, en ésta su reencarnación
zoológica, en modo alguno se ve privado de la materia, Del
texto original del Commis Voyageur de Biele se desprende que
tanto los Bürstenheimer como la Banda de Azufre eran en-
gendros locales suizos. Observemos un poco su historia natural.

Habiéndome confirmado algunos amigos que en Ginebra,
en efecto, floreció, entre los años 1849 y 1850, una agrupación
llamada Banda de Azufre, informándome al mismo tiempo
que un rico comerciante de la City de Londres, el señor S. L.

HERR VOGT

Borkheim, estaba en condiciones de proporcionar datos con-
cretos acerca del origen, desarrollo y decadencia de dicha so-
ciedad genial, me dirigí por carta en 1860 a dicho señor, en
aquella época desconocido para mi, recibiendo, después de un
encuentro personal, el siguiente bosquejo que copio literal-
mente:

Londres, febrero 12 de 1860.
18, Union Grove, Wanderworth Road.

Estimado señor;

Si bien, a pesar de permanecer durante nueve años en un
mismo país y generalmente también en una misma ciudad, no
llegamos a conocernos personalmente hasta hace tres días, no
se equivocaba usted al suponer qúe, en su condición de com-
pañero mío en el exilio, yo le negaría la información reque-
rida.

Pero hablemos de la Banda de Azufre.

En el año 1849, poco después de que nosotros, los rebel-
des, fuésemos expulsados de Baden, se reunieron en Ginebra
algunos hombres, jóvenes que en parte habían sido destinados
alli por las autoridades suizas y en parte habían acudido a
esa ciudad por propia elección. Estudiantes, soldados o co-
merciantes, todos ellos ya se conocian mutuamente desde Ale-
mania o, por lo menos, habían traba '> relaciones durante la
revolución de 1848,

El humor de los fugitivos no resultaba ser precisamente
de color de rosa. Los llamados dirigentes políticos se acusa-
ban mutuamente de ser culpables del fracaso, los dirigentes
militares se criticaban también mutuamente los pasados mo-
vimientos de ofensiva, las marchas de flanco y retiradas ofen-
sivas; la gente comenzaba a insultarse, llamándose mutua-
mente republicanos aburguesados, socialistas o comunistas,

CARLOS MARX

llovían volantes que en modo alguno ejercían una acción
tranquilizadora, por todas partes se sospechaba la presencia
de espías y, entretanto, las ropas de la mayoría iban con-
virtiéndose en andrajos y en muchos rostros comenzaban a
aparecer las huellas del hambre. En medio de toda esta miseria,
los jóvenes ya mencionados se mantenían estrechamente uni-
dos. Eran estos:

Eduardo Rosenblum, natural de Odessa e hijo de padres
alemanes; había estudiado medicina en Leipzig, Berlín y Pa-
rís.

Max Cohnheim, de Francfort, ex dependiente de comer-
cio que al estallar la revolución se había alistado como vo-
luntario en las filas de la guardia de artillería.

Korn, un químico y farmacéutico berlinés.

El ingeniero Becker, oriundo de la región renana. Y yo
mismo que, después de aprobar en 1844 mi examen de ba-
chiller en el Gimnasio de Werder de Berlín, pasé a Breslau,
Greifswalde y Berlín, sorprendiéndome finalmente la revolu-
ción del 48 en mi ciudad natal Glogau, donde me encontraba
cumpliendo el servicio militar en el cuerpo de artillería local.

Creo que ninguno de nosotros era mayor de 24 años.
Vivíamos muy cerca los unos de los otros y una temporada
hasta la pasamos au grand pré, habitando todos en una misma
casa. En ese pequeño país, que tan pocas oportunidades nos
ofrecía para ganarnos la vida, nuestra ocupación principal
consistía en no dejarnos vencer por la miseria y el malestar
político que predominaba entre los emigrantes. El clima y la
naturaleza resultaban estupendos. Nosotros no negábamos
nuestros antecedentes de habitantes de la Marca y, expresán-
donos en nuestro dialecto típico, encontrábamos que la región
era divina. Aquello que uno de nosotros poseía también lo po-
seían los demás y cuando ninguno de nosotros tenía nada,

HERR VOGT

siempre encontrábamos a algún fondero bondadoso u otras
personas de buen corazón que sentían placer en prestarnos algo
por nuestras caras jóvenes y llenas de vida. Por lo visto todos
teníamos aspecto de ser muy honrados y atrevidos... Deseo
recordar aquí con agradecimiento a Bertin, el dueño del Café
de l’Europe, el que no sólo a nosotros, sino también a muchos
otros exilados alemanes, les hacia préstamos verdaderamente
desinteresados. En 1856, tras una ausencia de seis años, estuve
en Ginebra de paso, durante mi viaje de regreso de Crimea, a
fin de pagar en cierto modo mis deudas, con la emoción pro-
pia de todo “trotamundos” bien intencionado. El bueno y
gordo de Bertin se mostró sorprendido, asegurándome que yo
era el primero que le proporcionaba esa alegría, pero que no
obstante ello, él en modo alguno lamentaba el hecho de tener
pendientes unos diez o veinte mil francos, remanentes de las
cuentas adeudadas por los exilados, los cuales hacía ya mucho
tiempo se habían dispersado por el mundo entero. Aparte de
las cuestiones referentes a sus cuentas pendientes, se informó
también con sumo interés sobre la vida de mis amigos más
íntimos. Desgraciadamente era muy poco lo que yo podía co-
municarle. ;

Dejando a un lado el inciso precedente, vuelvo a hablarle
del año 1849.

Bebíamos y cantábamos despreocupadamente. Recuerdo
haber visto junto a nuestra mesa a prófugos de todos los ma-
tices políticos, como también a muchos italianos y franceses.
Esas noches pasadas en semejante dulct júbilo eran para todos
una especie de oasis en medio del miserable desierto que re-
sultaba ser la vida'de los exilados. También algunos amigos,
que ya por aquel entonces desempeñaban cargos de consejeros
en Ginebra o que más tarde llegaron a ocupar dichos puestos,
solían buscar distracción y descanso en nuestras orgías.

CARLOS MARX

Liebknecht, que ahora reside aquí y al que durante los
últimos nueve años apenas si he podido ver en tres o cuatro
oportunidades gracias a encuentros casuales en la calle, solía
muy a menudo formar parte de nuestro círculo. Estudiantes,
doctores, antiguos amigos del gimnasio y de la Universidad
que se encontraban pasando sus vacaciones en Suiza, bebieron
muchos vasos de cerveza en nuestra compañía y también más
de una botella del barato y excelente vino Macon. À veces
pasábamos días y hasta semanas enteras bogando por el lago
de Ginebra, sin echar pie a tierra, cantando trovas y ‘“‘ha-
ciendo la corte”, guitarra en mano, frente a las ventanas de
los chalets situados sobre las márgenes saboyanas y suizas.

No me resisto a mencionar aquí el hecho de que nuestra
sangre estudiantil también solía, de cuando en cuando, buscar
expansión en transgresiones realmente intolerables. El muy
bondadoso y ya fallecido Alberto Galeer, el poderoso enemigo
político de Fazy en la burguesía de Ginebra, solía hacernos
objeto entonces de alguna amable prédica moralizadora.

—Sois unos muchachos alocados — decía —, si bien es cier-
to que para tener vuestro humor en medio de vuestra mísera
vida de exilados, es preciso no ser débil de cuerpo ni de alma. ..
Para eso hace falta poseer elasticidad ...

Aquel hombre bondadoso sufría cada vez que se veía
obligado a castigarnos duramente. Era consejero mayor. del
cantón de Ginebra.

En lo que a duelos se refiere, únicamente tengo cono-
cimiento de uno que se efectuó a pistola entre un señor R...n
y yo. Pero las razones del mismo no fueron políticas. Mi pa-
drino era un artillero ginebrino que únicamente hablaba fran- —
cés y el juez era Oscar Galeer, hermano del consejero mayor,
el mismo que, siendo estudiante en Munich, fué prematura-
mente arrebatado por la muerte a consecuencia de una violenta

HERR VOGT

fiebre nerviosa. Otro duelo, cuyo motivo tampoco era de ca-
rácter político, debía tener lugar entre Rosenblum y un te-
niente von F...g, prófugo de Baden, el que poco después
regresó a su patria y, según creo, volvió a incorporarse al
regenerado ejército badense. La disidencia fué amigablemente
solucionada en la mañana del mismo día en que debía tener
lugar el desafío, gracias a la intervención del señor Engels
que, de acuerdo a mis informes, es la misma persona de la que `
se dice que se encuentra ahora en Manchester y a la que no
he vuelto a ver desde entonces. Este señor Engels se hallaba
de paso en Ginebra y no fueron pocas las botellas de vino que
bebimos en su grata compañía. Si mal no recuerdo nuestro
encuentro con él nos resultaba siempre muy agradable, ya que
nos era dado permitir que su cartera ejerciera el comando.

. No nos uníamos a dirigentes de los llamados republicanos
rojos o azules, como tampoco a socialistas o comunistas. Nos
permitiamos juzgar libre e independientemente — no pretendo
afirmar que lo hacíamos siempre con acierto — las actividades
políticas de regentes imperiales, miembros del Parlamento de
Francfort y de otras entidades, generales, revolucionarios, ca-
porales o Dalai-Lamas del comunismo y hasta llegamos a fundar
con este y otros motivos que nos preocupaban, un semanario
intitulado:

RUMMELTIPUFF

Organo oficial de la Pillocracia [Lausbubokratie] ?

‘Este periódico tan sólo alcanzó a salir hasta el segundo
número. Cuando más adelante se me detuvo en Francia para

2. “Si mal no recuerdo, este título les fué adjudicado a todos los
partidos liberales en una de las cámaras bajas alemanas o en el Parlamento
de Francfort. Nosotros haremos todo lo posible por eternizarlo.” (Bork-
heim).

CARLOS MARX

enviarme a Inglaterra, la policía francesa se apoderó de mis
documentos y diarios y no puedo recordar claramente si dicho
periódico feneció debido a la prohibición decretada por las au-
toridades superiores o por falta de recursos.

Los “filisteos” — que militaban en las filas de los bur-
gueses republicanos y también en las de los obreros comunis-
tas — nos denominaban La Banda de Azufre. A veces se me
ocurre que fuimos nosotros mismos los que nos habíamos dado
ese nombre. Lo cierto es que el mismo se adaptaba exclusiva-
mente a la sociedad en el amable sentido alemán de la palabra.
De la manera más amigable mantengo relaciones con compa-
fieros en el exilio, amigos del señor Vogt, y con otros que lo
fueron y que probablemente continúan siéndolo aún. Pero me
place no haber encontrado nunca en ninguno de ambos bandos
a alguien que hable con desprecio, ya sea en sentido político o
privado, de los miembros que constituían La Banda de Azufre
por mí mencionada.

Esta Banda de Azufre es la única de cuya existencia tengo
noticias. Existió en Ginebra entre los años 1848 y 1850. A
mediados de 1850 los pocos miembros de esta peligrosa socie-
dad, con excepción de Korn, se vieron obligados a abandonar
Suiza por contarse entre las distintas categorías de exilados
que debían ser puestos en la frontera. Con ello, por lo tanto,
llegó a su fin la vida de dicha Banda de Azufre. Nada sé de
otras bandas de azufre, ni tampoco acerca de si las mismas
existieron en otras localidades y cuáles eran los fines que
perseguían. i

Creo que Korn se quedó en Suiza y, según se me ha infor-
mado, está radicado allí, ejerciendo la profesión de farmacéu-
tico. Cohnheim y Rosenblum fueron a Holstein, aún antes de
la batalla de Idstedt y creo que también ambos intervinieron
en la misma. Más adelante, en el año 1851, se trasladaron a

HERR VOGT

América. Rosenblum regresó a Inglaterra a fines de ese mismo
año, dirigiéndose luego, en 1852, a Australia, desde donde no
he vuelto a tener noticias suyas a partir del año 1855. Dícese
que Cohnheim hace ya algún tiempo que ejerce funciones de
redactor en el New York Humorist. Becker, por su parte, se
dirigió aún en el mismo año 1850 a América. Lamento no
poder darle informes concretos acerca de lo que ha sido de él.

En cuanto a mí, permanecí en París y Estrasburgo durante
el invierno de 1850 al 51, viéndome arrojado violentamente a
Inglaterra por la policía francesa, según ya lo manifesté más
arriba. Durante tres meses se me arrastró a través de 25 pri-
siones, debiendo afectuar a menudo penosas marchas llevando
pesadas cadenas. Aquí vivo, después de haber dedicado mi
primer año a la conquista del idioma, entregado a la vida
comercial, interesándome siempre vivamente por los aconteci-
mientos políticos que tienen lugar en mi patria, pero mante-
niéndome alejado por completo de toda actividad desarrollada
por los centros de expatriados políticos. Me va bastante bien
o como dirían los ingteses: Very well, sir, thank you. Es por
su propia culpa que ahora se ve precisado a vadear esta larga
y poco importante historia.

Con todo respeto soy seguro servidor de usted,

Sigismundo L. Borkhetm.”

Hasta aquí la carta del señor Borkheim. Intuyendo su
significado histórico, la Banda de Azufre decidió tomar me-
didas de precaución, grabando su propio registro de estado
civil en el libro de la historia e ilustrándola con xilografías.
El primer número del Rummeltipuff ha sido ilustrado con los
retratos de sus fundadores.

CARLOS MARX

Los geniales caballeros que componían la Banda de Azufre
habían intervenido en el golpe de Estado republicano de Stru-
ve, llevado a cabo en 1848, permaneciendo luego hasta mayo
de 1849 en la cárcel de Bruchsal, luchando después en calidad
de soldados en la campaña por la constitución alemana del
Reich, campaña ésta que finalmente acabó por hacerle tras-
poner la frontera suiza. Durante el año de 1850 llegaron a
Londres dos “primeras espadas” 3 de la misma, Cohnheim y
Rosenblum, donde se “agruparon” alrededor del señor Gus-
tavo Struve. Yo no tuve el honor de conocerlos personalmen-
te. En sentido político tomaron contacto conmigo al intentar
formar, bajo la dirección del mencionado Struve, un comité
contrario al de los exilados fundado en Londres por mí, En-
gels, Willich y otros, cuyo “pronunciamiento” hostil a nos-
otros firmado por Struve, Rosenblum, Cohnheim, Bobzien,
Griinich y Oswald, fué publicado también, entre otros lugares,
en el Berliner Abendpost [El Correo de la Tarde de Berlín].

En la época de su florecimiento la Santa Alianza de la
Kohlenbande [Carbonari], constituyó una generosa mina para
las actividades policiales y la fantasía aristocrática. ¿Acaso
nuestro “Gorgellantua”” Imperial pensaba aprovechar la banda
de azufre en provecho de la burguesía teutónica? La Salpeter-
bande — [banda del ácido nítrico] — habría de completar
la trinidad policial. Acaso Carlos Vogt deteste también el azu-
fre debido a que no puede oler la pólvora. ¿O acaso, al igual
de otros pacientes, odia también 'su remedio específico? El mé-
dico privado Rademacher, como es sabido, clasifica las enfer-
medades de acuerdo a sus remedios. Por lo tanto pertenecería
a las enfermedades del azufre, aquello que el abogado Her-

3. MATADORES en el texto alemán, refiriéndose sin duda a las cua-
drillas de toros (N. del t.),

HERR VOG’T

mann denominó en el juzgado del distrito de Augsburgo “la
naturaleza redondeada” de su cliente, o sea lo que Rademacher
denomina “peritoneo tenso como el parche de un tambor”, y
que el aún más grande doctor Fischert ha dado en llamar “la
ondulada panza de Francia”. Por consiguiente todas las na-
turalezas falstafianas padecían en más de un sentido la enfer-
medad del azufre. ¿O es que la conciencia zoológica de Vogt
le hizo recordar que el azufre significa la muerte para los
sarnosos, vale decir que está completamente en desacuerdo con
los sarnosos, que han cambiado la piel varias veces? Pues las
investigaciones más recientes han demostrado que únicamente
el sarnoso despellejado es capaz de procrear; por lo tanto es
compelido al conocimiento de sí mismo. ¡Vaya contraste!
¡Por un lado el azufre y por el otro el sarnoso autoconsciente!
De todas maneras Vogt les debía, a su “Emperador” y al li-
beral burgués teutón, la prueba de que toda la desgracia ‘‘pro-
viene del revés sufrido por la revolución de 1849”, de la
Banda de Azufre, de Ginebra, y no de la Banda de Diciem-
bre, de París. En lo que a mi persona se refiere, fué preciso
que me elevara al cargo de jefe de la Banda de Azufre por él
difamada y desconocida para mí hasta la aparición del Libro
Mayor, castigando con ello mis pecados cometidos durante
años enteros contra el cabecilla y los miembros de la Banda
del 10 de Diciembre. Para facilitar la comprensión del justi-
ficado rencor de “aquel conversador ameno”, citaré aquí algu-
nos fragmentos referentes a “la banda de diciembre” perte-
neciente a mi obra: El diez y ocho Brumario de Luis Bonaparte.
(New York, 1852; págs. 31-32, 61-62).

“Esta sociedad data del año 1849. Bajo el pretexto de
crear una sociedad de beneficencia, se organizó al lumpenpro-
letariado de París en secciones secretas, cada una de ellas diri-
gida por agentes bonapartistas y un general bonapartista a la

CARLOS MARX

cabeza de todas. Junto a “roués” arruinados, con equívocos
medios de vida y de equívoca procedencia, junto a vástagos
degenerados y aventureros de la burguesía, vagabundos licen-
ciados de tropas, licenciados de presidio, esclavos huídos de
galeras, timadores, saltimbanquis, “‘lazzaroni’’ carteristas y
rateros, jugadores, ““maquereaus””, dueños de burdeles, mozos
de cuerda, hombres de letras, organilleros, traperos, afiladores,
caldereros, mendigos, en una palabra, toda esa masa informe,
difusa, que los franceses llaman la “bohème”; con estos ele-
mentos, tan afines a él, formó Bonaparte la solera de la Socie-
dad del 10 de Diciembre. “Sociedad de beneficencia” en cuanto
que todos sus componentes sentían, al igual que Bonaparte, la
necesidad de beneficiarse a costa de la nación trabajadora. Este
Bonaparte, que se erige en jefe del lumpenproletariado, en el
que encuentra reproducidos, si bien en masa, los intereses que él
personalmente persigue, que reconoce en esta hez, desecho y
escoria de todas las clases, la única clase en la que puede apo-
yarse sin reservas, es el auténtico Bonaparte, el Bonaparte “sans
phrase”. Viejo “roué” ladino, concibe la vida histórica de los
pueblos y los grandes actos del gobierno y del Estado como
una comedia, en el sentido más vulgar de la palabra, como una
mascarada, en que los grandes disfraces y las frases y gestos no
son más que la careta para ocultar lo más mezquino y mise-
rable. Así, en una gira a Estrasburgo, donde un buitre svizo
amaestrado desempeñó cl papel del águila napoleónica, para
su incursión en Boulogne, embute a unos cuantos lacayos de
Londres en uniformes franceses. Ellos representan cl ejército.
En su Sociedad del 10 de Diciembre, reunió a 10.000 misera-
bles del lumpen, que habían de representar el pueblo, como
Claus Zettel representaba cl león. En un momento en que la
misma burguesía representaba la comedia más completa, pero
con la mayor seriedad del mundo, sin faltar a ninguna de las

HERR VOGT

pedantescas condiciones de la etiqueta dramática francesa, y ella
misma obraba a medias engañada y a medias convencida de
la solemnidad de sus grandes hechos de gobernación y actos
de Estado, tenía que vencer por fuerza el aventurero que to-
mase lisa y llanamente la comedia como tal. Sólo después
de eliminar a su solemne adversario, cuando él mismo to-
me en serio su papel imperial y crea representar, con su careta
napoleónica, al auténtico Napoleón, sólo entonces será víctima
de su propia concepción del mundo, el payaso serio que ya no
toma a la historia universal por una comedia, sino su co-
media por la historia universal. Lo que para los obreros so-
cialistas habían sido los talleres nacionales y para los republi-
canos burgueses los ‘‘gardes mobiles” era para Bonaparte la
Sociedad del 10 de Diciembre: la fuerza de combate de un
partido que estaba a su completa disposición. Las secciones de
esa sociedad empaquetadas en el tren debían improvisarle en
sus viajes un público, representar el entusiasmo popular, gri-
tar “Vive L'Empereur!” insultar y apalear a los republicanos,
naturalmente bajo la protección de la policía. En sus viajes de
regreso a Paris, debian formar la vanguardia, adelantarse a las
contramanifestaciones o dispersarlas. La Sociedad del 10 de
Diciembre le pertenecía a él, era su obra, su idea más privativa.
“Todo lo demás de que se apropia se lo da la fuerza de las
circunstancias, en todos sus actos actúan por él las circunstan-
cias O se limita a copiarlo de los hechos de otros; pero el
Bonaparte que se presenta en público, ante los ciudadanos, con
las frases oficiales del orden, la religión, la familia, la propie-
dad, y detrás de él la sociedad secreta de los Schufterles y los
Spiegelberg *, la sociedad del desorden, la prostitución y el

4. Schufterles y Spiegelberg: Nombres de los dos tipos más repelentes
del drama de Schiller: Los Bandidos (N. del t).

CARLOS MARX

robo, es el propio Bonaparte como autor original y la historia

m

de la Sociedad del 10 de Diciembre es su propia historia” *,

. Bonaparte quisiera aparecer como el bienhechor pa-
triarcal de todas las clases. Pero no puede dar nada a una
sin quitárselo a otra. Y así como en los tiempos de la Fronda
se decía del duque de Guisa que era el hombre más “obligeant”
de Francia, porque había convertido todas sus fincas en obli-
gaciones a favor de sus guerrilleros, a cargo de sí mismo, Bona-
parte quería ser también el hombre más “obligeant”” de Fran-
cia y convertir toda la propiedad y todo el trabajo de Francia
en una obligación personal contra él mismo. Quería robar a
Francia entera para regalársela a Francia, o mejor dicho, para
comprar de nuevo a Francia con dinero francés, pues como
jefe de la Sociedad del 10 de Diciembre tiene necesariamente
que comprar lo que quiere que le pertenezca. Y en institución
venal se convierten todas las instituciones del Estado: el Sena-
do, el Consejo de Estado, el Cuerpo Legislativo, la Legión de
Honor, la medalla del soldado, los lavaderos, los edificios
públicos, los ferrocarriles, el Estado Mayor de la Guardia Na-
cional sin soldados rasos, los bienes confiscados de la casa de
Orléans. En medio venal se convierten todos los puestos del
ejército y de la máquina de gobierno. Pero lo más importante
en este proceso en que se gana a Francia para entregársela, son
los tantos por ciento que durante la operación de cambio
ganan el jefe y los individuos de la Sociedad del 10 de
Diciembre. El chiste con el que la condesa L., la amante
del señor Morny caracterizaba la confiscación de los bienes
orleanistas: “C'est le premier vol de l'aigle” ©, puede aplicarse
a todos los vueltos de este dguila, que más que águila es cuervo.

5. El texto castellano de esta cita corresponde a las págs. 52-53 de
las “Ediciones en Lenguas Extranjeras” Moscú 1941 (N. del t.).
6. La palabra vol significa vuelo y robo (Nota de Marx).

HERR VOGT

Tanto él como sus adeptos se gritan diariamente, como aquel
cartujo italiano al avaro, que contaba jactanciosamente sus
bienes, cuando sólo le restaban pocos años de disfrutarlos:
Tu fai conto sopra i beni bisogna prima far il conto sopra gli
ann. [Calcular los bienes. Antes es preciso calcular los años].
Para no equivocarse en los años, echán las cuentas por minutos.
En la corte, en los ministerios, en la cumbre de la administra-
ción y del ejército, se amontona un tropel de bribones, del
mejor de los cuales puede decirse que no se sabe de dónde viene,
una “bohème” estrepitosa, sospechosa y ávida de saqueo, que
se arrastra en sus casacas galoneadas con la misma grotesca
dignidad que los grandes dignatarios de Soulouque. Si que-
remos representarnos plásticamente esta capa superior de la
Sociedad del 10 de Diciembre nos basta con saber que Véron-
Crevel 7 es su predicador de moral y Granier de Cassaganac su
pensador. Cuando Guizot, durante su ministerio, utilizó a
este Granier en un periodicucho contra la oposición dinástica,
solía ensalzarlo con esta frase: “C'est le roi des drôles”. Sería
injusto recordar a propósito de la corte y del linaje de Luis
Bonaparte a la Regencia o a Luis XV. Pues “Francia ha pasa-
do ya con frecuencia por un gobierno de favoritas pero nunca
todavía por un gobierno de “hommes entretenus” 8.
“Acosado por las exigencias contradictorias de su situación
y al mismo tiempo obligado como un prestigitador a atraer
hacia sí, mediante sorpresas constantes, las miradas del pú-
blico, como hacía el sustituto de Napoleón, y por tanto a
ejecutar todos los días un golpe de estado en miniatura, Bo-
naparte lleva el caos a toda la economía burguesa, toca todo

7. En su obra La Cousine Bette, Balzac presenta en Crevel, personaje
inspirado en el Dr. Véron, propietario del periódico Constitutionel al tipo
del filisteo más libertino de París (Nota de Marx).

8. Palabras de Madame Girardin (Nota de Marx).

CARLOS MARX

lo que a la revolución de 1848 había parecido intangible, hace
a unos pacientes para la revolución y a otros ansiosos de ella, y
engendra él mismo la anarquía en nombre del orden, despojan-
do al mismo tiempo a toda la máquina del Estado del halo de

santidad, profanándola, haciéndola a la par asquerosa y ri-

dícula. «Copia en París, bajo la forma de culto del manto
imperial de Napoleón, el culto a la sagrada túnica de Tré-
veris?. Pero si por último el manto imperial cae sobre los
hombros de Luis Bonaparte, la estatua de bronce de Napoleón
se vendrá a tierra desde lo alto de la Columna de Vendóme”.

9. Una de las “santas” reliquias (“la túnica santa de Tréveus'') que
en 1844 se adoraba en la catedral de Tréveris (N. del t.).

CAPÍTULO II

LOS BURSTENHEIMER

“But, sirrah there's no room for faith,
truth nor honesty, in this bosom of thine,
it is all filled up with guts and midriff”.

(SHAKESPEARE).

“Búrstenheimer” o Banda de Azufre, así reza el evangelio
original de Biele (pág. 31 del Libro Mayor. Documentos).
Banda de Azufre, o también Bürstenheimer, reza el Libro Ma-
yor (pág. 37).

De acuerdo con ambas versiones la Banda de Azufre y los
Bürstenheimer resultaban ser una misma entidad. Según lo que
hemos podido ver a mediados de 1850 hacía ya mucho tiempo
que la Banda de Azufre estaba muerta y putrefacta. ¿Por lo
tanto, lo estaban también los Bürstenhetmer? La “Naturaleza
redondeada” es el civilizador agregado a la banda de diciembre
y, de acuerdo a lo que dice Fourrier, la civilización se diferencia
‘de la barbarie en que substituye la mentira simple con la men-
tira compuesta.

El “compuesto” Falstaff Imperial nos cuenta — página 198
del Libro Mayor — que un tal Abt es el vil de los viles. Admi-
rable modestia por cierto, con la que Vogt se coloca a sí mismo
en lo positivo, colocando en cambio a su Abt en lo superlativo

CARLOS MARX

y nombrándolo, en cierto modo, de esta manera, su mariscal
Ney. Cuando el evangelio original de Vogt fué publicado por
el Commis Voyageur de Biele, yo pedí a la redacción del Volk
[Pueblo], que copiara ese indecoroso documento sin agregarle
comentario alguno. Sin embargo la redacción agregó a la
copia la siguiente observación: “El bodrio insertado mas arriba
pertenece a un sujeto sin fe ni ley llamado Abt, que hace ocho
años fué unánimemente juzgado indigno por un tribunal de
exilados alemanes, declarándosele al mismo tiempo culpable de
varias acciones infamantes. (N° 6 del Volk del 11 de junio
de 1859).

La redacción del Volk creyó que Abt era el autor del bodrio
original de Vogt; olvidaba que Suiza tenía a dos Richmond
a su frente: Junto a un Abt, un Vogt. (Junto a un Abate,
un Gobernador).

En la primavera de 1851 el más vil de los viles inventó
por lo tanto a los Bürstenheimer, los que en el otoño de 1859
son escamoteados por Vogt a su propio mariscal. La dulce
costumbre del plagio le persigue instintivamente, acompañán-
dolo de sus obras de historia natural a sus trabajos policiales.
La asociación obrera de Ginebra presidida durante una
temporada por el fabricante de cepillos [Burstenmacher]
Sauerheimer. Abt divide la profesión y el apellido de este Bürs-
tenmacher y Sauerheimer — y tomando la primera mitad del
primero y la segunda mitad del segundo, compone ingenio-
samente el nombre de Bürstenheimer. Con este título deno-
mina originalmente — exceptuando al mismo Sauerheimer— al
círculo más íntimo que rodeaba a éste: Kamm, natural de
Bonn, de profesión fabricante de cepillos y Ranickel de Bin-
gen, aprendiz de encuadernador. A. Sauerheimer lo nombra
general, a Kanickel, asistente y a Kamm, el Bürstenheimer sans
phrase. Más adelante, cuando dos exilados pertenecientes a

HERR VOGT

la asociación obrera de Ginebra, Imandt — actualmente pro-
fesor del seminario de Dundee — y Schily — anteriormente
abogado de Trier y ahora radicado en Paris — solicitan la for-
mación de un tribunal de honor para resolver la expulsión de
Abt de la asociación; éste publica un panfleto insultante, en el
que eleva a toda la asociación obrera de Ginebra a la cate-
goría de los Bürstenheimer. Por lo tanto, puede verse que hay
Bürstenheimer en general y Bürstenheimer en especial. Los
Bürstenheimer en general comprendían a la asociación obrera
de Ginebra, la misma de la que Vogt, viéndose acosado por
todos, logró obtener un testimonium paupertatis publicado
en el Allgemeine Zeitung de Berlín, y frente al cual no vaciló
en arrastrarse en cuatro patas durante la celebración del home-
naje a Schiller y a Roberto Blum (1859). Los Bürstenheimer
en particular eran, tal como ya lo he manifestado anterior-
mente, Sauerheimer, persona completamente desconocida para
mí y que nunca vino a Londres; Kamm, quien, viéndose ex-
pulsado de Ginebra, emigró a los Estados Unidos, pasando
previamente por Londres, donde no me visitó a mí, sino a
Kinkel; finalmente el o lo Ranickel, que en su condición de
asistente de los Búrstenheimer permaneció en Ginebra, en donde
acabó por “agruparse” alrededor de “la naturaleza redondeada”.
En realidad representa personalmente al proletariado de Vogt.
Como es peciso que más delante vuelva a hablar de Ranickel,
me conformaré por ahora con apuntar tan sólo algunas palabras
previas referentes a este monstruo.

Ranickel pertenecía al cuartel de fugitivos de Besancon,
dirigido por Willich después de la malograda campaña de
Hecker. Bajo el comando de éste intervino en la campaña por
la constitución del Reich, refugiándose luego con él en Suiza.
Willich era su Mahoma comunista, el que contra viento y
marea habría de fundar el reino milenario. Melodramaturgo

CARLOS MARX

engreído, charlatán y fatuo, Ranickel logró tiranizar al tirano.
En Ginebra desencadenaba su roja furia sobre los ‘‘parlamen-
tarios” en general y convertido en un nuevo Guillermo Tell,
amenazaba con “estrangular al gobernador”. Pero cuando, por
intermedio de Wallot, prófugo del año 30 y amigo de la in-
fancia de Vogt, se vió introducido en el círculo de este último,
el sanguinario modo de pensar de Ranickel se diluyó en “the
milk of human kindness” y, como dice Schiller, “el pillo se
hizo partidario del gobernador” 1, |

El “asistente” de los Burstenheimer se convirtió en asistente
del general Vogt, cuya gloria guerrera quedó relegada a se-
gundo término debido únicamente a que Plon Plon le con-
sideró suficientemente malo para la misión que su “Corps des
Touristes’’ debía cumplir en la campaña de Italia, al napoli-
tano, capitán Ulloa — también General by Courtesy —,man-
teniendo sin embargo en reserva sus consignas para la gran
aventura del “tambor perdido” que habría de desarrollarse a
orillas del Rhin. En el año 1859 Vogt hizo que su Ranickel
pasara de la clase proletaria a la burguesa, proporcionándole
un negocio — objetos de arte, encuadernación, artículos para
escritorio — y facilitándole además la clientela del gobierno
ginebrino. El ayudante Bürstenheimiense era para Vogt Maid
of all work, Cicabeo, amigo de la casa, Leporello, confidente,
corresponsal, portavoz, fiscal y, sobre todo después del pecado
original del obeso Jack, también su espía y explotador bona-
partista entre los obreros.

Hace algún tiempo un periódico suizo anunció el descu-
brimiento de una tercera especie de erizo, el erizo Ran o Re-
nano que reune en sí la naturaleza del erizo canino con la
del porcino y el que había sido encontrado en un lugar a

ý

1. El verso corresponde a Guillermo Tell (N. del t.).

HERR VOGT

orillas del Arve, perteneciente a las tierras y campos de Hum-
bold-Vogt. ¿Acaso eso del Ran-erizo — Ran-Igel en alemán —
se refería a nuestro Ranickel?

Lo cierto es que el único fugitivo radicado en Ginebra con
que yo mantenía relaciones, el doctor Ernesto Dronke, ante-
riormente co-redactor del Neue Reinische Zeitung y en la ac-
tualidad comerciante en Liverpool, sostenía una postura de
franca oposición a los Bürstenheimer.

Unicamente quiero anteponer aún a las cartas de Imandt y
Schily que siguen a continuación, que al estallar la revolu-
ción, Imandt abandonó la Universidad para tomar parte en
calidad de guerrillero en la guerra de Schleswig-Holstein. En
1849, Imand y Schily dirigieron el asalto al arsenal de Prün,
desde donde y llevando consigo el botín de armas, la tropa se
abrió camino hacia el Palatinado para alistarse en las filas del
ejército partidario de la constitución del Reich. Al ser expul-
sados de Suiza a principios del verano de 1852, resolvieron
pasar a Londres.

Dundec. 5 de febrero de 1860.
Querido Marx,

...No comprendo cómo Vogt puede complicarte en los
asuntos ginebrinos. Entre la emigración de aquél entonces
se sabía que de entre todos nosotros, únicamente Dronke estaba
en contacto contigo. La Banda de Azufre existía aún antes de
mi tiempo y el único nombre que recuerdo de los que pertene-
cian a ella, es cl de Borkheim.

Los Bürstenheimer constituían la Asociación Obrera de
Ginebra. Este nombre debe su origen a Abt. Dicha asociación
era por aquellos tiempos un semillero de la Liga secreta de

CARLOS MARX

Willich, en la que yo hacía las veces de presidente. Cuando,
accediendo a mi pedido, la Asociación Obrera, a la que perte-
necían muchos exilados, declaró que Abt era un sujeto infame
e indigno de mantener relaciones con los obreros y fugitivos,
éste, pasado algún tiempo, publicó un pasquin, en el que nos
acusaba a Schily y a mí de haber cometido los crímenes más
absurdos. À consecuencia de ello volvimos a ventilar todo
este asunta en un local distinto y delante de otras personas. Al
ser invitado a probar la exactitud de las difamaciones por él
publicadas, se negó a nuestro requerimiento y sin que Schily
o yo tuviéramos necesidad de decir algo en nuestra defensa,
Dentzer propuso declarar que Abt era un vulgar difamador.
Por segundo vez esta proposición fué aceptada por unanimidad
en tina reunión de fugitivos, compuesta casi exclusivamente por
parlamentarios. Lamento que mi información resulte tan poco
extensa, pero es esta la primera vez que, dentro de ocho años,
vuelvo a pensar en semejante porquería No quisiera verme
condenado a tener que escribir sobre ella y grande será mi
asombro si te es posible meter tu mano en una salsa seme-
jante.
Adiés.
Tuyo, Imandt.

Un conocido escritor ruso, muy amigo de Vogt durante
su estada en Ginebra, me escribié una carta de la que se des-
prendía la misma intención contenida en las últimas líneas
que transcribo más arriba:

HERR VOGT

: Paris, 10 de mayo de 1860.
Mon cher Marx!

J'ai appris avec la plus vive indignation les calomnies
que onte éte rependus sur votre compte et donc j'ai eu connai-
ssance par un article de la Revue Contemporaine, signé par
Edouard Simon. Ce qui m'a particulierment etonné c'est que
Vogt, que je croyais ni béte, ni méchant, ait pu tomber dans
l’abaissement moral que sa brochure révèle. Je n'avais besoin
d'aucun temoignage pour être assuré, que vous étiez incapable
de basses et sales intrigues, et il m'a été d'autant plus pénible
de lire ces diffamations, que dans le moment même ou ont
les imprimait, vous donniez au monde savant la premiére partie
du beau travail que doit renouveler la science economique et
la fonder sur des nouvelles et plus solides bases... Mon cher
Marx, ne vous occupéz plus de toutes ces miséres: tous les
hommes serieux, tous les hommes consciencieux sont pour
vous, mais ils attendent de vous autre chose que des polémiques
stériles; ils voudrait pouvois étudier le plus tôt possible
la continuation de votre belle oeuvre. Votre succés est inmen-
se parmi les hommes pensants et s'il vous peut être agréable
d'apprendre le retentissement que vos doctrines trouve en
Russie, je vous dirait qu'au commencement de cette année le
professeur a fait a Moscovie un cours public d'économie poli-
tique dont la premiere leçon n’a pas été autre chose que la
paraphrase de votre récente publication. Je vous adresse un
numéro de la Gazette du Nord, ou vous verez combien votre
nom est estimé dans mon pays. Adieu mon chér Marx, con-
servez-vous en bonne santé et travaillez comme par le passé, a

CARLOS MARX

eclairer le monde, sans vous préocuper des petites betises et des
petites láchetés. Croyez a l’amitié de votre devoué. ..” 2.

También Szémère, el ex ministro húngaro, me escribió:
“Vaut-il la peine que vous vous occupiez de toutes ces ba-
vardises?’’ 3

El por qué a pesar de éstos y similares consejos de no
hacerlo metí — para expresarme con el rudo lenguaje de
Imandt — mi mano en la salsa de Vogt, queda brevemente
aclarado en el prólogo.

Pero volvamos a los Bürstenheimer. Copio textualmente
la siguiente carta de Schily, y también aquello que no se
refiere al “carnero”. Sin embargo he abreviado las partes re-

2. ¡Mi querido Marx!

Con la más viva indignación me he enterado de las calumnias que le
son dirigidas y que tuve oportunidad de conocer a través de un ar-
tículo* publicado en la Revue Contemporaine, firmado por Edouard Simon.
Lo que ante todo me ha sorprendido particularmente es que Vogt, al que
yo no creía tonto ni malvado, haya podido caer en la bajeza moral que
revela su folleto. Yo no necesitaba de pruebas para estar seguro de que us-
ted es incapaz de intrigas bajas y sucias, resultándome tanto más penosa la
lectura de dichas difamaciones. En el momento mismo de ser impresas,
usted daba al mundo intelectual la primera parte de su hermoso trabajo des-
tinado a renovar la ciencia económica, fundändola sobre nuevas bases más
sólidas. .. Mi querido Marx, no siga ocupándose usted de esas miscrias;
todos los hombres serios, todos los hembres conscientes están con usted,
pero esperan de usted otra cosa que polémicas estériles; quisieran poder
estudiar lo antes posible la continuación de su hermosa obra. Su éxito de
usted es inmenso entre los hombres sabios y si, como supongo, puede re-
sultarle agradable enterarse del eco despertado en Rusia por sus doctrinas,
le diré que al principio de este año el profesor dició en Moscú un curso
público de economía política, cuya primera lección no era Otra cosa que
la paráfrasis de su reciente publicación. Le remito un número de la Gazette
du Nord, en el que usted podrá ver hasta qué punto su nombre es estima-
do en mi país. Adiós, mi querido Marx, consérvese usted sano y continúe
trabajando como hasta ahora, empeñado en proporcionar cultura al mundo,
sin preocuparse de pequeñas tonterías y pequeñas bajezas. Confíe en la
amistad de su devoto...”

3. “¿Vale la pena que usted se ocupe de todas esas tonterías?”

HERR VOGT

a darnos la carta de Borkheim, reservándome además también
algunos otros fragmentos para su aplicación posterior, ya que
es preciso que trate en cierto modo de exponer “artísticamente”
a mi “simpático sujeto”, no pudiendo revelar por lo tanto
todos los secretos de una sola vez.

París, 8 de febrero de 1860.
45, Rue Lafayette.

“¡Querido Marx!

Fué muy agradable para mi recibir noticias tuyas a través
de tu carta del 31 del mes pasado, encontrándome ahora tanto |
más dispuesto a proporcionarte informaciones sobre los du-
dosos asuntos ginebrinos, por cuanto ya era mi intención es-
cribirte de motu propia sobre ellos, El que Vogt, según me
escribes, te complique con personas que te son completamente
desconocidas, no fué la causa de mi asombro personal, sino
también del de todos los amigos radicados aquí, en Ginebra,
cuando ocasionalmente conversé con ellos al respecto, y es
así como en aras de la verdad me dispongo a comunicarte ahora
todo lo referente a los Bürstenheimer y a la Banda de Azufre,
Por lo tanto comprenderás que tus dos preguntas:

1°) ¿Quiénes eran los Bürstenheimer y qué hacían?

29) ¿Qué era la Banda de Azufre, de qué elementos se
componía y de qué se ocupababa? —, fueron muy oportunas
para mi. Pero es preciso que anteponga un reproche a tu
contravención cronológica, pues de acuerdo a ésta la prioridad
correspondería a la Banda de Azufre. Si la intención de Vogt
era la de amedrentar con el diablo al filisteo alemán o a
marcar su frente con azufre, proporcionándose simultánea-

CARLOS MARX

mente “una diversión” con ello, habría sido preciso que en
efecto tomara por modelos a personajes más diabólicos de lo
que lo eran aquellos inofensivos y alegres genios de la borra-
chera, a los que nosotros, los padres de la emigración gine-
brina, dimos en llamar cariñosamente y sin intención maliciosa
alguna, La Banda de Azufre, denominación ésta que fué acep-
tada por ellos con idéntica ingenuidad. Se trataba de alegres
hijos de las musas que habían aprobado sus exámenes y prác-
ticas en los distintos golpes de Estado llevados a cabo en el
Sud de Alemania, quedando reprobados finalmente en la
campaña del Reich, procurando ahora, en vista del fracaso su-
frido, recobrar fuerzas para la reanudación del negocio en el
Rothen de Ginebra, en compañía de sus examinadores y maes-
tros instructores... Queda lógicamente excluído de la Banda,
todo aquel que se encontró en Ginebra o que recién llegó a
dicha ciudad después de la disolución de la misma. Es que
ésta era un producto puramente local y del momento — por
lo que resultaría más acertada que a ese sublimado se le
denominara “producto de azufre” —el que probablemente
debido a su Rummeltipuff impregnado de olor a revolución,
resultó excesivamente maloliente para los nervios de la con-
federación Suiza; pues Druey soplá y los pétalos de la flor
volaron en todas direcciones. Recién mucho tiempo después
vino Abt y pasados algunos años, llegó Cherval. Ambos ex-
pandieron su aroma, “cada cual a su manera”, pero en modo
alguno, como afirma Vogt, entré las flores de aquel ramo ha
tiempo marchito, destrozado y olvidado.

“Las actividades de la banda quedan resumidas, más o
menos, con las palabras: Trabajaban en la viña del Señor.
Aparte de esto se ocupaban de la redacción del Rummeltipuff,
empleando el siguiente lema: “Quédate en el país y aliméntate

HERR VOGT

rojamente *, con lo que se burlaban espiritual y humorística-
mente de Dios y del mundo, denunciando a los falsos profe-
tas, fustigando a los parlamentaristas — Inde trae! — no ex-
cluyéndose de ello a sí, ni a nosotros mismos, los forasteros, y
caricaturizando a todos, ya fueran amigos o enemigos, con
una minuciosidad y conciencia realmente digna de ser tomada
en cuenta.

“No necesito decirte que en modo alguno estaban en con-
tacto contigo y que tampoco calzaban los puntos de tu Liga.
Pero no me es posible ocultarte el que semejante calzado tam-
poco habría sido del agrado de ellos. Actualmente vagan por
el mundo muchos soldados de la revolución, calzando la
zapatilla del armisticio, hasta que aquélla vuelva a reactivarlos,
reequipándolos con su propio coturno — la bota de siete leguas
del evidente progreso — y no cabe duda que habría sido mal
recibido por ellos aquél que hubiese querido frustrarles su.
siesta con los problemas de la economía estatal marxista, dic-
tadura obrera, etc, ¡Dios nos libre! El trabajo que realizaban
apenas si requería a un presidente que rigiera sus borracheras,
y sus estudios económicos giraban tan solo alrededor del pote y
su rojo contenido. “El derecho al trabajo” — así manifestó
cierta vez Backfisch, un honrado obrero natural del Odenwald
que solía asistir a estas sesiones —, no está mal, pero que se
me deje en paz con eso del deber de trabajar”.

Dejemos por lo tanto que la lápida tan alevosamente vio-
lada vuelva a cubrir la tumba de la Banda de Azufre. En rea-
lidad sería preciso que un Hafiz entonara el requiescat in pace
para conjurar nuevas violaciones de la lápida de la banda. A

4. En el original... “nabre dich róthlich'. Juego de palabras en el
que la palabra ‘“‘radlich’’ —— honradamente — ha quedado convertida en
“rötlich” — rojizo —, con lo que sin duda se ha querido aludir al color
del vino (N. del t.).

CARLOS MARX

falta del mismo reciba ella pro viatico et epitafio el siguiente
artículo necrológico: ‘Todos ellos olieron la pólvora” mientras
su sacrilego historiador únicamente llegó a oler el azufre.

Los Bürstenheimer surgieron cuando el recuerdo de los ban-
didos de azufre ya sólo perduraba en la leyenda, en los registros
de los filisteos ginebrinos y también, en los corazones de las
beldades ginebrinas. Los cepilleros y encuadernadores Sauer-
heimer, Kamm, Ranickel, etc., se pelearon con Abt; debido
a que los defendiamos vivamente; también Imand, yo y otros
fuimos atacados por él, Por lo tanto se decidió hacer comparecer
a Abt en una sesión general, a la que la asociación obrera y
los exilados concurrieron en calidad de ‘‘cour des pairs” o sea,
como “Haute cour de justice”, en la que en efecto se hizo pre-
sente, no limitándose tan solo a no sostener sus acusaciones
lanzadas contra éste y aquél, y declarando en cambio con todo
descaro, haber sido el autor de las mismas para servirse de ellas
en calidad de represalias contra las acusaciones de que le hicieron
objeto sus adversarios. “Todas ellas constaban de estos mismos
elementos: “Chorizos con chorizos, las represalias mantienen
la unión del mundo”, — fué lo que dijo. Después de que
hubo defendido valientemente este método carnicero, conven-
ciendo de su valor práctico a altos dignatarios y presentando
además pruebas referentes a las denuncias efectuadas contra su
persona, acabó por confesar sus malvadas maquinaciones, de-
clarandosele culpable de las demas malas acciones que le ha-
brían sido imputadas, expulsándosele y proscribiéndosele fi-
nalmente. Por lo tanto optó por vengarse y denominar Búrsten-
hetmer a los altos dignatarios que originalmente no eran otra
cosa que afiliados gremiales, título que como puedes ver resulta
una feliz combinación formada por el nombre y la profesión del
que de ellos fué nombrado en primer término y al que por con-
siguiente tendrás que venerar en su condición de antepasado de

HERR VOGT

los Bürstenheimer, sin que, no obstante, te sea permitido unirte
o alistarte en las filas de esta casta, pertenezca o no la misma
a la patria o al gremio. Pues es preciso que sepas que los que de
entre ellos se ocupaban de la “organización de la revolución”,
no lo hacían en calidad de adictos a ti, sino como enemigos tu-
yos; veneraban a Willich como a su Dios-Padre, o por lo
menos, como a su Papa, calumniándote en cambio como su
Anticristo o Papa contrario, hasta el punto que Dronke, que
era considerado tu único adicto y legatus ad latere en la diócesis
de Ginebra, fué alejado de todos los conciliábulos — con ex-
cepción de los vinicolos — entre los que era primas inter pares.
Pero también la Bürstenheimeria resultó ser, como la Banda
de Azufre, pura efemérides, dispersándose luego bajo el vigo-
roso aliento de Druey.

El que un'discípulo de Agassiz haya podido filtrarse entre
estos fósiles de la emigración ginebrina, logrando confeccionar
tan extraordinarias historietas naturales como las presentadas
en su folleto, debe sorprendernos tanto más al relacionarlas
con la Species Bürstenheimeriana, por cuanto precisamente pa-
ra esto cuenta en su gabinete zoológico con un extraordinario
ejemplar de mastodonte, perteneciente a la especie de los ru-
miantes, encarnado en la persona del Bürstenheimer tipo Ra-
nickel. Por lo tanto, la ruminación no parece haber sido efec-
tuada o estudiada con acierto por dicho discípulo. ..

“Ahi tienes ya todo lo que me has pedido y au delá. Pero
ahora yo también quiero pedirte algo a tí o sea, tu opinión
con respecto a la implantación de una cuota hereditaria pro
patria, vulgo Estado, como principal fuente financiera, tras
la eliminación de los impuestos que resultan gravosos para
las clases no pudientes y, que como es natural, es dirigida úni-
camente contra sucesiones importantes... Aparte de esta cuota
hereditaria me preocupan también otras dos instituciones ale-

CARLOS MARX

manas: la “Fusión de las propiedades” y “El Seguro Hipote-
cario”, las que quisiera hacer llegar à un acuerdo en este pais,
Al acuerdo del que carece en absoluto hasta el punto, que por lo
general los franceses, con muy escasas excepciones, no ven en
la orilla opuesta del Rhin otra cosa que no sean nebulosas o
chucrut. Hace algún tiempo l Univers hizo una excepción, la-
mentándose exageradamente por la división de la propiedad,
agregando con razón: “Il serait desirable qu’on appliquat in-
mediatament les remèdes energiques dont une partie de 1'Alle-
magne s'est servie avec avantage; le remaniement obligatoire
des*proprietés, partout ou les 7/10 des proprietaires d'une
commune reclame cette mesure. La nouvelle repartition facili-
terait le drainage, l'irrigation, la culture rationelle et la voirie
des proprietés” 5, A esto responde el Siècle, ya generalmente de
por sí algo miope en lo que a la observación de situaciones
alemanes se refiere, pero en especial totalmente obcecado en su
chauvinismo llevado jactanciosamente ‘‘a ‘la Diógenes”, el
del traje agujereado, papilla ésta que recalienta día tras dia,
ofreciéndosela a sus abonados con visos de patriotismo. Este
“Chauvin” afirma por consiguiente, después de haber presen-
tado a l'Univers, su carnero negro, el obligado saludo ma-

tutino:

“Proprietaires ruraux, suivez ce conseil! Empressez vous de
| declamer le remaiement obligatoire des proprietés; depouillez *
les petits au profit des grands. O fortunatus nimium agricolas
| — trop heureux habitants des campagnes — sua si bona norint
| | — s'ils connaissaient l'avantage a remanier obligatoirement la

5. Seria deseable que se aplicasen inmediatamente las enérgicas medi-
das de que se sirvió con provecho una parte de Alemania: la revisión obli-
gatoria de las propiedades en todas las partes en que 7/10 de los propieta-
rios de una comuna reclama esa medida. La nueva repartición los facili-

| tara el drenage, la irrigación, el cultivo racional y la administración de
i las propiedades.

HERR VOGT

proprieté!” $ Como si en una votación por cabezas de los
propietarios, pudieran prevalecer los grandes sobre los pequeños.

Por lo demás, dejo que las aguas de Dios corran por la
tierra de Dios, dando al César lo que es del César y a Dios
lo que es de Dios respectivamente y hasta al mismo diablo, “la
parte del diablo”, y continúo siendo con ello tu viejo amigo

SCcHILY”.

De las informaciones publicadas hasta aquí se desprende
' que, si bien entre los años 1849 y 1852 existían en Ginebra
una Banda de Azufre y otra llamada Bürstenheimer, dos so-
ciedades que nada tenían en común ni qué ver la una con
la otra, resultando en cambio la existencia de la Banda de
Azufre o de los Bürstenheimer, revelada por nuestro bufón
“parlamentario, materia de su propia materia, una mentira de
cuarta potencia “tan descomunalmente gorda como el padre
que le dió vida”. Imagínese a un historiador que tuviera el
descaro de afirmar que en la época de la primera revolución
francesa se conocía a cierto número de personas bajo el nombre
de “cercle social” o también con el no menos característico de
los ‘‘Jacobinos’’. En lo que respecta a la vida y las acciones
de la Banda de Azufre o Bürstenheimer por él compuesta,
nuestro bromista elude todo gasto de producción. Quiero citar
aquí un único ejemplo:

6. ¡Propietarios rurales, seguid este consejo! Apuraos a reclamar la
revisión obligatoria de las propiedades; desplumad a los pequeños en pro-
vecho de los grandes. O fortunatos nimium agricolas -- demasiado felices
habitantes del campo — sua si bona norint —, si ellos reconocieran la ven-
taja de revisar obligatoriamente la propiedad!

| | CARLOS MARX

“Una de las ocupaciones principales de la Banda de Azu-
fre — [así cuenta el “redondeado” a su asombrado público de
filisteos] — consistía en comprometer hasta tal punto a algu-
nas personas que permanecían en la patria de tal modo qué
ya no les fuera posible resistirse a los intentos de extorsión,
acabando por desembolsar dinero — [resulta también un bo-

nito pasaje: ¡ya no podían resistirse a los intentos de extor-
sión. ..!] —para que la banda guardara el secreto de sus
compromisos. No una sino muchas cartas fueron enviadas por
centenares de personas — [por los homun culis de Vogt] —
a Alemania, cartas éstas que contenían abiertamente la con-
signa, según la cual se afirmaba que se denunciaría ésta o
aquella participación en ésta o aquella acción revolucionaria,
siempre que hasta una fecha determinada no llegara una cierta
suma de dinero a una dirección señalada” (pág. 139 del Libro
Mayor).

¿Por qué Vogt no mandó imprimir una sola de esas cartas?
Sencillamente porque la Banda de Azufre “escribía centenares
de ellas”. Si las cartas amenazadoras fuesen tan baratas como
las grosellas, Vogt juraria que nosotros no habremos de poseer
una sola carta intimidatoria. Si mañana le citase a comparecer
ante un tribunal de honor del Grütli-Verein — [ Asociación
Grútli] —, obligándosele a rendir cuentas sobre estos centenares
de cartas amenazadoras, estoy seguro de que en lugar de una
carta, sacaría de su cinturón una botella de vino y, haciendo
chasquear su lengua, haría una pequeña mueca para remedar
a su amigo Abt y exclamar entre convulsas carcajadas dignas
de un Sileno:

“¡Chorizos contra chorizos; las represalias mantienen la '
unión del mundo!”

CAPÍTULO III

ASUNTOS POLICIALES

Welches Neues Unerhórtes hat der
Vogt sich ausgesonnen!

[¡Qué nuevo absurdo ha concebido el
gobernador! }

SCHILLER.

“Lo digo sin ambages — [manifiesta Vogt asumiendo la
actitud más grave que un bufo como él es capaz de adoptar] —,
lo digo sin ambages: Todo aquel que se aviene a tratar con
Marx y sus secuaces e intervenir en quién sabe qué clase de acti-
vidades políticas, caerá tarde o temprano en manos de la policía.
Estas actividades, desde un principio reveladas a la policía
secreta, son conocidas y convenientemente empolladas por
ésta — [según parece las tales actividades son meros huevos y
la policía es la gallina clueca que los empolla] —, cuando estima
que ha llegado el momento propicio para ello — como es de
suponer los provocadores Marx y Co., se mantienen a buen
recaudo en Londres. [ (¿Mientras la gallina empolla los hue-
vos?) }. No me hallaria en apuros para proporcionar pruebas que
atestigúen la veracidad en esta afirmación mía”. (Págs. 166,
167 del Libro Mayor). Vogt “no se halla en aprietos” —
verlegen; mentir — verlogen — miente todo lo que queráis,

CARLOS MARX

pero, ¿hallarse en aprietos?... Bueno, veamos tus testimonios,
Jack, ¡tus testimonios!... ;

1) AUTOCONFESIÓN

“Ei mismo Marx afirma lo siguiente en su folleto, pu-
blicado en el año 1853, Revelaciones sobre el proceso de los
comunistas de Colonia, página 77: “Ante el partido prole-
tario se abría, tanto después de 1849 como antes de 1848, tan
solo un único camino: el de las relaciones secretas. Descubierta
por la policía en el continente, una numerosa serie de estas
relaciones fueron proscriptas por la justicia a partir del año
‘1849, violadas por los regímenes carcelarios y siempre vueltas
a ser restablecidas por las circunstancias. Marx afirma aquí
— [así dice Vogt] — que en ello se denomina de eufemística a
cierta situación” (pág. 167 del Libro Mayor).

Por lo tanto Marx dice que “a partir de 1849 la policía
había descubierto una serie de relaciones secretas”, relaciones
éstas que las circunstancias se encargaron de volver a restable-
cer. Vogt dice que era Marx y no “las circunstancias” las que
volvían a restablecer las relaciones secretas. Por consiguiente,
Vogt acaba de atestiguarnos con esto, que todas las veces que
la policía de Badinguet descubría a la “Marianne”, Márx, de
acuerdo con Pietri, volvía a restablecerla.

“¡El mismo Marx lo dice!” Ahora citaré en relación con
todo esto, qué es lo que el mismo Marx dice en realidad.

“Después de la derrota de la revolución de 1848-1849, el
partido proletario continental perdió lo que poseía durante
ese breve período: imprenta, libertad de palabra, derecho de
asociación, vale decir, los medios legales para la organización
del partido. Los liberales burgueses y los democráticos peque-

HERR VOGT

ño-burgueses encontraron la forma, no obstante la reacción,
y a causa de la posición ocupada por las clases que esos partidos
representaban, de reunirse en una u otra forma, para defender
más o menos vigorosamente sus intereses comunes. Al partido
proletario, después de 1848, no le quedó libre más que un
solo camino: el de la asociación secreta. Después de 1849 sur-
gieron pues en el continente toda una serie de uniones prole-
tarias secretas, descubiertas por la policía, condenadas por los
jueces, destrozadas por las cárceles, y por la necesidad de las
cosas continuamente reconstituídas.

Una parte de estas sociedades secretas apuntaba directa-
mente a la ruina del Estado existente. Esto era lógico en Fran-
cia... Otra parte de las sociedades secretas apuntaba a la
formación en partido del proletariado, sin ocuparse, ni poco
ni mucho, de los gobiernos existentes. Cosa que era necesaria
en Alemania... No hay dudas de que también en Alemania
los componentes de los partidos proletarios habrían de nuevo
tomado parte en una revolución contra el statu quo existente;
pero no era su misión histórica preparar esta revolución, agi-
tarse por ella, conspirar e intrigar... La Liga de los Comu-
nistas no era, por consiguiente, una sociedad conspiradora,...1

Pero el cruel Vogt señala también como criminal a la
“propaganda” simple, exceptuando lógicamente tan sólo la
propaganda dirigida por Pietri y Laith. “Agitar, conspirar,
complotar”, hasta ésto es permitido por el Landvogt — por
el gobernador — ,pero únicamente cuando su domicilio central
se encuentra en el Palais Royal, en la casa del Enriquito de

1. Revelaciones, etc., pig. 62 y 63, ed. de Boston [las palabras en
cursiva han sido subrayadas por Marx para la ed. de Herr Vogt]. La ver-
sión castellana corresponde a la ed. “Lautaro” Bs. As., 1946, págs. 161-
162 (N. del t.).

CARLOS MARX

su corazón, Heliogabalo? Plon-Plon... ¡Pero propaganda en-
tre los proletarios!... ¡Qué asco!...

Después del fragmento citado más arriba y tan ingeniosa-
mente descompuesto por nuestro juez de instrucción Vogt,
continuaré de la siguiente manera con “las revelaciones”:

“Se comprende que una sociedad secreta de esta índole, que
miraba, no a la formación del gobierno del futuro, sino, en
cambio, a la del partido de oposición del futuro, no podía
ofrecer una gran atracción, para individuos que, por un lado,
procuraban exaltar la propia nulidad bajo el mando teatral
de la conspiración, y por el otro, querían satisfacer el propio
orgullo limitado en el día de la próxima revolución, pero que
por el momento parecían atareados en tomar parte en el botín
de la demagogia y en ser bien considerados por los chillones
de la democracia.

“Se separó, en consecuencia, de la Liga de los comunistas,
o fué separada, una fracción que, si no tendía a verdaderas y
propias conspiraciones, tendía sin embargo a la apariencia de
la conspiración y deseaba entonces una alianza directa con
los héroes democráticos del día: la fracción Willich-Schapper.
Es algo característico de esta fracción, que Willich figure junto
a Kinkel como entrepreneur del empréstito revolucionario ale-
mán-americano” 3.

“Mientras ambos — [los partidos] — actuaban todavía
unidos, trabajaban, de acuerdo con lo dicho por el mismo
Marx, en la fundación de asociaciones secretas y en compro-
meter a sociedades e individuos que habitaban el continente”

(pág. 171).

2. Emperador romano (reinó 218 a 222 después de J. C.) (N.
del t.).

3. Revelaciones, etc., pigs. 67 y 68, ed. Boston. La versión castella-
na corresponde a las págs. 162-163 de la ed. “Lautaro”, [Los subrayados
corresponden a la edición original de las Revelaciones, etc.].

HERR VOGT

Pero el pícaro gordo olvida citar la página de las Re-
velaciones, en la que “el mismo Marx” manifiesta: “Egli è
bugiardo, e padre di menzogna”.

2) EL DfA DE LA REVOLUCIÓN DE MURTEN

“Carlos el temerario”, el “temerario Carlos”, vulgarmente
Carlos Vogt, nos presenta ahora la derrota de Murten.

“Gran número de obreros y fugitivos fueron convencidos y
embaucados ——[es decir, ¡por Liebknecht!] — hasta que final.
mente se fijó una fecha para la revolución de Murten. Los
delegados de las asociaciones secundarias habrían de trasladarse
en secreto a dicha localidad, en la que se discutirían los últimos
detalles referentes a la organización de la Liga y la fecha
definitiva en que la revolución habría de llevarse a cabo. Los
preparativos habian sido realizados con un secreto absoluto y
las reuniones únicamente eran convocadas por personas de con-
fianza o corresponsales del señor Liebknecht. De todas partes
llegaban a Murten delegados que venían a pie, en barco o en co.
che, siendo recibidos inmediatamente por gendarmes enterados
de antemano del “qué, cómo y de qué manera”. Todos los
participantes de aquella reunión así frustrada, fueron ence-
rrados por una temporada en el convento de los Agustinos, de
Friburgo, expulsándoseles luego del país con rumbo a In-
glaterra y América. Al señor Liebknecht se le trató con especial
consideración” (pág. 108, Libro Mayor).

“El señor Liebknecht” acababa de participar en el golpe
de Estado llevado a cabo por Struve en septiembre de 1848,
permaneciendo luego hasta mediados de mayo de 1849, en-
carcelado en las cárceles badenses, saliendo en libertad a con-
secuencia de la insurrección militar ocurrida en Baden, alis-

CARLOS MARX

tándose más tarde como soldado en la artillería popular
badense. Viéndose arrojado nuevamente por rebelión, a las
casamatas de Rastatt por Brentano, el amigo de Vogt, volvió
a unirse después de su nueva liberación, a la división de tropas
mandada por Juan Felipe Becker durante la campaña por la
constitución del Reich, trasponiendo por último la frontera
francesa en compañía de Struve, Cohnheim, Korn y Rosen-
blum, con los que también fué a Suiza.

Por aquel entonces “el señor Liebknecht” y sus “días de
revolución” en Suiza me resultaban más desconocidos aún que
los días de borrachera en la casa del hostelero Benz de la Kess-
lerstrasse de Berna, en donde la rueda de comensales formada
por los parlamentaristas, se dedicaba a recitar y escuchar muy
complacida sus propios discursos pronunciados en la Paulskir-
Che — Iglesia de San Pablo —, repartiéndose los cargos im-
periales convenientemente numerados y procurando abreviar
en lo posible la implacable noche del exilio, escuchando las
mentiras, bromas, los cuentos y exageraciones de Carlos, el
temerario, que, no exento de humor y aludiendo a una antigua
leyenda alemana, optó por adjudicarse él mismo la patente
de Reichs-Wein-Schwelg, [Imperial bebedor de vino].

La leyenda comienza con estas estrofas:

Swaz ich trinken's hán geséhen,
daz ist gar von kinden geschéhen ;
ich hân einen swélch geséhen,
dem will ich metsterschefte jéhen

Den dúhten becher gar entwiht
ër wolde ndpf noch kophe niht.
ër tranc Gz grózen kannen.

HERR VOGT

ér ist vor allen mannen
ein vorlauf allen swélben

von úren und von élhen
watt solcher slúnd nie niht getán.

{Lo que yo ut beber,

bebido fué por criaturas.

ví beber a un bebedor

al que quiero consagrar maestro.

Para él los vasos no servían,
no quería tazas ni fuentes,
pues bebía en grandes jarros.
es para todos los hombres
ejemplo de bebedor.

Jamás vi a bisontes ni alces
tomar tragos semejantes] +

Pero volvamos al “día de la revolución de Murten”. “¡El
día de la revolución!” “¡Los últimos detalles de la organización
de la Liga!” “¡La fecha para iniciar la revolución!” “¡Los
preparativos mantenidos en estricto secreto!” “¡Una reunión
celebrada en estrictisimo secreto!” a la que los participantes
“acuden de todas partes, ya sea a pie, en barco o en coche!”
Está visto que el “temerario Carlos” no estudió en vano el
método Stiberiano que descubrió en mis Revelaciones.

4. De acuerdo a un experto germanista, éste sería aproximadamente
el sentido de esas estrofas escritas en alto alemán medio (N. del t.).

CARLOS MARX

Sencillamente el estado de cosas es el siguiente: a prin-
cipios de 1850 Liebknecht era el presidente de la asociación
obrera de Ginebra. Propuso una conexión entre las entonces
disgregadas asociaciones obreras alemanas de Suiza. Esta pro-
posición fué aceptada. En vista de ello se resolvió enviar un
mensaje a veinticuatro distintas asociaciones obreras, en el cual
se les invitaba a concurrir a Murten para conversar allí acerca
de la organización y fundación de un periódico común. Los
debates en el local de la asociación obrera ginebrina, el mensa-
je, las discusiones referentes a ello en las demás veinticuatro
asociaciones Obreras, todo fué discutido públicamente y tam-
bién se fijó públicamente la fecha del congreso de Murten. De
haber querido prohibirlo, las autoridades suizas habrían podido
hacerlo un mes antes de su celebración. Pero en los planes del
liberal señor Druey entraba la realización de un golpe de
teatro policial, buscando apaciguar con ello a la entonces ame-
nazadora Santa Alianza. Liebknecht, que en su condición de
presidente de la asociación obrera había firmado la convoca-
toria para asistir al congreso en cuestión, disfrutó de los honores
destinados a un capitán de banda superior. Separado de los
otros delegados, se le hospedó gratuitamente en el mirador más
alto de la torre de Friburgo, desde la cual pudo gozar de una
amplísima vista y hasta del privilegio de pasearse una hora
diaria por la azotea de la torre. Lo único original en el trato
que se le prodigaba, era su aislamiento. Sus reiterados pedidos
de ser encarcelado con sus compañeros, fueron rechazados re-
petidas veces. Sin embargo, Vogt afirma que la policía no
aisla a “ses moutons” — a sus carneros —, mezclandolos por
el contrario con el mayor número de presos para que hagan
las veces de “compañeros agradables”.

Dos meses más tarde, el director policial de Friburgo envió
a Licbknecht y a un tal Gebert a Besançon en donde, lo mismo

HERR VOGT

que a sus demás correligionarios, las autoridades francesas
les entregaron un pasaporte para ir a Londres, advirtiéndoles
que en caso de apartarse de la ruta prefijada, se les conduciría
a Argelia. À consecuencia de este viaje imprevisto, Liebknecht
perdió la mayor parte de sus efectos dejados en Ginebra. Por
cierto que debemos a los señores Castella, Schaller y demás
miembros del entonces gobierno de Friburgo, el que tanto
Liebknecht como todos los demás correligionarios apresados
en Murten, gozaran de un trato humanitario por cierto. Aque-
llos caballeros no habían olvidado que hacían apenas unos
pocos años, también ellos estuvieron presos o prófugos, decla-
rando abiertamente su repudio a los servicios de verdugo de
que les había hecho objeto el Gran Kophta, Druey. Los pró-
fugos detenidos no eran tratados tal como lo esperaban los
“parlamentaristas”” fugitivos. Un mozo, residente aún ahora
en Suiza, un tal H..., compañero de los parlamentaristas, se
consideró por lo tanto en el deber de publicar un panfleto, en
el que denunciaba a todos los detenidos en general y en parti-
cular al detenido Liebknecht, por cultivar “ideas revoluciona-
rias” que exceden todos los límites de la cordura parlamenta-
ria. Y “Carlos, el temerario” parece no haberse conformado
aún por “las consideraciones especiales” de que se hacía objeto

a Liebknecht.

El plagio caracteriza a nuestro “temerario” en toda su
quirografia. También ahora: los suizos acostumbraban a
“liberalizar” irremisiblemente los puntapiés confinatorios que
asestaban a sus víctimas a través de las calumnias de la Mou-
charderie. Fazy, después de expulsar a Struve del país, le acusó
públicamente de ser un “espía ruso”. Así declaró también el
boycot a Druey como mouchard francés. Similar procedimiento
empleó Tourte contra Schily, después de haber hecho detener
a este último sorpresivamente en una calle de Ginebra para

CARLOS MARX

mandarlo a la Tour des Prisons de Berna. “Le commisaire
Maire féderal Monsieur Kern, exige votre expulsion’’ — [el co-
misario y burgomaestre federal, señor Kern, exige vuestra ex-
pulsión] — fué la respuesta del omnipotente Tourte a la pre-
gunta con que Schily inquiría acerca de la causa que había
originado el brutal atropello cometido con él.

Schily: “Alors mettez moi en presence de Monsieur Kern
— [entonces llevadme a presencia del señor Kern}”’.

Tourte: “Non, nous ne voulons pas que M. le commisaire

féderal fasse la police a Genève” — [no; no queremos
que el señor comisario federal haga de policía en
Ginebra].

La lógica de esta respuesta resultaba en un todo digna de
la perspicacia con que, precisamente ese mismo tal Tourte, es-
cribió a su presidente federal, siendo éste embajador suizo en
Turin y en la época en que la entrega de Niza y Saboya ya
era considerada un fait accompli, diciéndole que Cavour se
oponía y hacía todo lo posible para que dicha entrega quedara
sin efecto. Pero acaso ciertas circunstancias diplomáticas de
carácter ferroviario fueron las que por aquel entonces redujeron
la capacidad normal de la perspicacia de Tourte. Apenas Schily
se encontró confinado en Berna al más severo secret, cuando ya
Tourte comenzó a “liberalizar”? su brutalidad policial, susu-
rrando al oído de fugitivos alemanes, tales como el doctor
Fink, que “Schily habría mantenido relaciones secretas con
Kern, denunciandolo a fugitivos radicados en Ginebra”, etc. El
Independant de Ginebra, incluía por aquel entonces entre los
pecados más notorios del gobierno ginebrino: “la sistemática
difamación de los fugitivos, elevada a una máxima estatal”.

(Ver Anexo N° 1).

HERR VOGT

Accediendo inmediatamente a las primeras reclamaciones
de la policía alemana, el liberalismo suizo violó el derecho de
asilo — y eso que había concebido el derecho de asilo a con-
dición de que el resto del ejército revolucionario no intentara
librar una última batalla en territorio badense —, expulsando
a los llamados ‘‘dirigentes’. Más adelante les tocó el turno a
los “engañados”. Miles de soldados badenses fueron víctimas
de falsos espejismos, obteniendo las visaciones necesarias para
poder regresar a su patria, donde fueron recibidos con los brazos
abiertos por los gendarmes enterados de antemano del “qué,
cómo y de qué manera”. Luego vinieron las amenazas profe-
ridas por la Santa Alianza y con ellas la farsa policial llevada
a cabo en Murten. Sin embargo, el “liberal” consejo federal
no osó ir tan lejos como “Carlos, el temerario”. Nada de
“Días revolucionarios”, ni “organización final de la Liga”, ni
“fecha definitiva para el estallido de la revolución”. La inves-
tigación que, por decencia, fué preciso iniciar, quedó total-
mente desbaratada. |

“Amenazas de guerra” provenientes del extranjero y ten-
dencias hacia la “propaganda política”, eso fué todo lo que
el “turbado”” consejero federal pudo tartamudear a través de
un expediente oficial en propio descargo (Ver Anexo N? 2).
Las grandes hazañas policiales del “liberalismo suizo” en modo
alguno terminaron con “el día de la revolución de Murten”.
El 25 de febrero de 1851 mi amigo Guillermo Wolff — el
“Parlamentswolf”” o sea lobo * parlamentario como lo bauti-
zaron los borregos del parlamento — me escribía desde Zu-
rich: “Gracias a los procedimientos empleados hasta ahora, el
Consejo Federal ha logrado reducir a 500 el número de los
11.000 refugiados y no descansará hasta que no haya expul-

5. Juego de palabras: wolf significa lobo (N. del t.).

CARLOS MARX

sado a todos aquellos que no posean una fortuna verdadera-
mente considerable o relaciones extraordinarias”. Los refu-
giados que habían actuado a favor de la revolución, se
encontraban en la más lógica de las desavenencias con los
señores de la Iglesia de San Pablo, que se sentían aniquilados
por su charla, por lo que estos últimos no tuvieron reparos
en entregarlos a manos de la policía suiza.

Hasta el mismo partidario de Vogt, el monstruoso Rani-
ckel, le escribía a Schily al poco tiempo de su llegada a Lon-
dres: “Trate usted de obtener unas cuantas columnas en alguno
de los diarios belgas para la publicación de aclaraciones y no
olvide amargarles la estada en América a aquellos malditos
perros alemanes — los parlamentarios — que se vendieron a
aquel bien cebado diplomático — Druey — para convertirse
en instrumentos suyos”.

Ahora se comprende lo que “Carlos, el temerario” quiere
decir con la frase: “Trabajé con todas mis fuerzas para limitar
la vagancia revolucionaria y poder proporcionar asilo a los
exilados, ya fuera en el mismo continente o del otro lado del
Océano”. Ya en el número 297 del Neuen Rheinischen Zei-
tung — [Nuevo Diario Renano] — puede leerse con la fecha
siguiente:

“Heidelberg, 13 de marzo de 1849: ¿Nuestro amigo
Vogt, defensor de izquierdas, humorista Imperial de Barrot, el
actual imperialista del futuro y leal monitor de la revolución,
se reunía acaso con... algunos correligionarios amigos? ¡Oh,
no!... Algunos eran reaccionarios de primera agua. ¿Y con
qué objeto? Para expedir a América, o sea, deportar a las
“figuras”” que se encuentran en Estrasburgo, Bensancon y de-
más localidades de la frontera alemana. Aquello que el régimen
de bayonetas de Cavaignac impartía como castigo, pretenden
imponér ahora esos señores en nombre del amor cristiano. ..

HERR VOGT

¡La amnistía ha muerto! ¡Viva la deportación! Naturalmente
no podía faltar en esto la pia fraus, como si los mismos fugiti-
vos hubieran manifestado su deseo de ser deportados, etc., y
por lo tanto se les comunica a las Seeblátter — [Páginas Ma-
rítimas] — de Estrasburgo, que estas veleidades deportables
desencadenaron entre todos los fugitivos una verdadera tor-
menta de protestas, etc. “Todos ellos esperan poder regresar
pronto a Alemania, aun cuando esto implicara el peligro de
verse obligados a “plegarse a una empresa arriesgadísima”,
según lo apuntado por el señor Vogt de manera profunda-
mente conmovedora”.

Pero ya hemos hablado bastante sobre el día de la revo-
lución de Murten, de “Carlos, el temerario”.

3) CHERVAL

“The virtus of this jest will be the
incomprehensible lies that this same
fat rogie will tell us”.

[Lo mejor de esta farsa serán las exa-
geradas mentiras que el susodicho y
gordo canalla nos habrá de contar].

En mis Revelaciones sobre el Proceso de los Comunistas de
Colonía figura un capítulo entero dedicado al complot Cher-
val. En el mismo denuncio la forma como Stieber y Cherval
— seudónimo de Kremer — en calidad de instrumentos y
con la asistencia de Carlier, Greif y Fleury, dieron a luz en
París el complot franco-alemán, llamado también de septiem-
bref, puntualizando de este modo la falta sumario objetivo

6. Recién a consecuencia del revuelo ocasionado por la aparición de
mis Revelaciones, llegué a enterarme de que también habían colaborado en
ello De la Hodde, oculto bajo el seudónimo de Duprez, y los agentes de la
policía prusiana, Beckmann. por aquel entonces corresponsal del Kölnische
Zeitung [Diario de Colonia] y Sommer.

CARLOS MARX

señalada por los “tribunales de Colonia”, en la acusación de
los detenidos en dicha ciudad.

Las pruebas que proporcioné a la defensa durante el des-
arrollo del proceso de Colonia, resultaron tan contundentes
con respecto a la absoluta falta de contacto entre Cherval, yo
y los acusados, que hasta el mismo Stieber, que el 18 de octubre
nos había jurado aún su lealtad a Cherval ya volvía a abjurar
del mismo el 23 de octubre de 1852 —- ver página 29 de las
Revelaciones [corresponde esta cita a la pág. 123 y sgts. de
la edición Lautaro]. Viéndose acorralado prefirió renunciar
a su empeño por identificarnos a nosotros con Cherval y el
complot urdido por éste. Stieber era Stieber, pero aún faltaba
mucho para que Stieber fuera Vogt.

Considero absolutamente inútil transcribir aquí las expli-
caciones dadas por mí en mis Revelaciones con respecto al
llamado “complot de septiembre”. A principios de mayo de
1852 Cherval regresaba a Londres, desde donde se había tras-
ladado a París en el verano del año 1850, por razones de
indole comercial. Pocos meses después de su condena, dictada
en febrero de 1852, la policía parisiense le dejó escapar. En
Londres fué recibido como un mártir político por la asociación
cultural obrera alemana, de la que tanto yo como también
mis amigos nos manteníamos apartados desde mediados de
septiembre de 1850. Sus hazañas parisienses no tardaron en
ser reveladas y aún durante el transcurso de ese mismo mes
de mayo de 1852, se le expulsó de la asociación por infamia,
resolución ésta que fué tomada en una asamblea pública. Entre-
tanto los acusados de Colonia, encarcelados desde principios
de mayo de 1851, continuaban aún bajo prisión preventiva.
A través de una nota enviada desde París por el espía Beck-
man al Kölnische Zeitung — [Diario de Colonia] — órgano
a cuyo servicio estaba, me enteré de que la policía prusiana

HERR VOGT
intentaba fabricar, aún posteriormente, una relación entre Cher-
val, el complot urdido por éste y los acusados de Colonia. Por
lo tanto me dediqué a hacer anotaciones referentes a Cherval.
Dábase el caso que éste se había ofrecido en julio de 1852 a
un tal señor R... antiguo ministro de Luis Felipe y conocido
filósofo ecléctico, para cumplir funciones como agente de los
orleanistas. Las relaciones mantenidas por el señor R... con
la prefectura de la policía parisiense, le autorizaban a extractar
fragmentos del dossier Cherval. En el informe de la policía
francesa, Cherval figuraba como Cherval, nommé Frank, dont
le veritable nom est Kremer, o sea: Cherval, llamado Frank
y cuyo verdadero nombre es Kremer. Dicho extracto afirmaba
que durante una temporada más o menos larga éste había
actuado como agente del principe Hatzfeld, por aquel entonces
embajador prusiano en París; que fué él quien hizo las veces
de traidor en el complot franco-alemán y que en la actualidad
era espía francés, etc. Durante las vistas del proceso de Colonia
entregué estas notas a uno de los defensores, el abogado Schnei-
der II, autorizándole para que en caso de necesidad hiciera
uso de la fuente que con ellas le proporcionaba. Cuando en la
sesión del 18 de octubre Stieber prestó declaración jurada,
afirmando que el irlandés Cherval, del que por lo demás no
vaciló en revelar que en 1845 había cumplido una condena en
Aquisgran por falsificación de pagarés, en la actualidad se en-
contraba preso en París, comuniqué de inmediato al señor
Schneider II, que el ciudadano Kremer, oriundo de la Prusia
renana, continuaba actuando permanentemente en Londres ba-
jo el seudónimo de Cherval y manteniendo trato diario con el
teniente de la policía prusiana Greif. En su condición de crimi-
nal prusiano condenado por los tribunales prusianos, Inglaterra
no vacilaría en entregarlo, apenas recibiera la menor reclama-

CARLOS MARX

ción del gobierno de Prusia. Con su traslado a Colonia todo
el sistema de Stieber habría quedado desbaratado.

Viéndose duramente increpado por Schneider II, Stieber
acabó por creer finalmente, haber oído decir el 23 de octubre
que Cherval había huído de París, jurando ignorar, sin em-
bargo, tener conocimiento del paradero del irlandés y de su
alianza con la policía prusiana. En efecto, por aquel entonces
Cherval estaba en Londres al servicio de Greif, quien sema-
nalmente le abonaba una determinada suma por sus servicios.
Los debates originados por mis notas en el tribunal laico de
Colonia, sobre el ““misterio de Cherval”, acabaron por ahuyen-
tar a éste de la capital de Inglaterra. Me enteré de que había
iniciado un viaje a Jersey para cumplir una misión policial.
Hacía ya algún tiempo que lo había perdido de vista, cuando
quiso la casualidad que leyera una noticia de Ginebra publi-
cada en el Republik der Arbeiter — [República Obrera] —
aparecido en Nueva York y según la cual Cherval había llegado
a Ginebra en marzo de 1853 bajo el nombre de Nugent, vol-
viendo a fugarse de allí durante el verano de 1854. Por lo
tanto Cherval se presentó a Vogt en Ginebra pocas semanas
después de aparecer mis Revelaciones, tan comprometedoras
para él, en el diario de Schabelitz de Basilea.

Pero volvamos a la falstafiana falsificación histórica.

Tras la supuesta fuga de París, Vogt deja que su Cherval
llegue inmediatamente a Ginebra, después de hacer que la liga
secreta comunista — 1. c. pág. 172 — lo enviara desde Lon-
dres a París, pocos meses antes del descubrimiento del complot
de septiembre. Tal como el espacio de tiempo que media entre
el mes de mayo de 1852 y el de marzo de 1853 desaparece
de manera tan completa, así también el intervalo entre junio
de 1850 y septiembre de 1851 habrá de quedar reducido a
“unos pocos meses” para él. ¡Qué no habría dado Stieber por

HERR VOGT

un Vogt que, frente a los tribunales de Colonia, jurara que
la “Liga Secreta Comunista” de Londres lo había mandado a
París en junio de 1850, y qué no habría dado también por
ver a Vogt sudando la gota gorda, sentado junto a su Stieber
‘en el banco destinado a los testigos! Una reunión, por cierto
muy simpática: Stieber que jura por su pajarraco, el grifo
— Greif —, por su Wermuth, su duendecillo de oro —
Goldheimchen— y su gobernador mendigo — Bettelvogt. El
Cherval de Vogt lleva a Ginebra “cartas de presentación diri-
gidas a todos los amigos de Marx 8 Co. de los cuales no
tardará en convertirse en compañero inseparable” (pág. 173).
“Se instala en el domicilio de un corresponsal del Allgemeine
Zeitung, franqueándose, probablemente gracias a las cartas
de recomendación que yo le había dado — de las Revelaciones
— la entrada a la casa de Vogt, quien lo emplea como litógrafo
y se dedica a cultivar con él una especie de “relación científica”,
como la que años atrás había mantenido con el archiduque
Juan y habría de sostener más adelante con Plon-Plon. Cierto
día, en que Nugent se encuentra trabajando en el cabinete
de la regencia Imperial, un ““conocido”” reconoce en él a Cherval
y lo denuncia como “agente provocador”. Lo cierto es que en
Ginebra Nugent no se ocupaba únicamente de Vogt, sino
también de la fundación de una “asociación secreta”. “Cher-
val-Nugent hacía las veces de presidente, llevaba las actas y
atendía la correspondencia con Londres” (1. c. pág. 175).
“Había hecho partícipes del secreto a algunos obreros, hombres
de pocos alcances, pero no obstante resultaban ser bravos tra-
bajadores”” (Ibid.).Sin embargo “entre los asociados se en-
contraba también un afiliado al círculo marxista, al que todos
consideraban un peligroso emisario de las policías alema-
nas” (I. c.).

CARLOS MARX

“Todos los conocidos” de Marx, de los que Cherval-Nu-
gent “se había convertido en amigo inseparable”, resultan
ser repentinamente “un solo afiliado”, afiliado éste que, por
su parte, se descompone también en “los afiliados al partido
marxista que quedaron en Ginebra” — pág. 176 — y con los
que Nugent más adelante, no sólo habrá de continuar ‘‘man-
teniendo correspondencia desde París”, sino “atraerlos tam-
én” al igual de un imán “hacia la Ciudad Luz” (J. c.).

¡Por lo tanto una vez más volvemos a encontrarnos ante
el preciado “cambio de forma” del almidonado “género” de
Kendal-Green!

El fin perseguido por Nugent y su asociación era la “fal-
sificación en masa de billetes de banco y cédulas del tesoro,
cuya emisión habría de socavar los cimientos del crédito de
que gozan los déspotas y arruinar sus finanzas”. (1. c.
pág. 175).

Según parece, Cherval anhelaba imitar al famoso Pitt
que, como es notorio, había instalado en las inmediaciones de
Londres, una fábrica de falsas asignaciones francesas durante
la guerra anti-jacobina. “El mismo Nugent ya había grabado
con este fin varias planchas de piedra y cobre, y hasta se
designaron los crédulos asociados de la sociedad secreta, que
habrían de ser los portadores de los paquetes que contendrían
— [¿las planchas de piedra y cobre? ¡No!] — los falsificados
billetes de banco — [por lo visto los billetes de banco fucron
empaquetados aún antes de ser fabricados] — destinados a
Francia, Suiza y Alemania” (pág. 175).

Pero Cicero-Vogt había desenvainado su espada y amena-
zaba con dejarla caer sobre la cabeza de Cherval-Catilina. Uno
de los rasgos más salientes de las naturalezas falstafianas es
que, no contentándose con ser gordas, ponen también todo su
empeño en hacerse las gordas. Veamos sino como nuestro Gur-

HERR VOGT

gergrosslingés, que en Suiza ya había logrado ‘‘reducir la va-
gancia revolucionaria”, proporcionando un pasar allende los
mares a verdaderos cargamentos de fugitivos, se melodramatiza
al hacer su entrada en escena, agrandando hasta lo infinito la
aventura corrida por Stieber en París, o sea, su desafío a pu-
ñetazos con Cherval — ver Revelaciones. ¡Es así como empu-
ña su lanza y asesta sus golpes!

“El plan para toda esta conspiración” — (lug. cit., pá-
gina 176) — había sido trazado de la manera más repulsiva
que cabe imaginarse. Lo que se pretendía era introducir en
todas las asociaciones obreras el proyecto de Cherval’’. Ya se
habían iniciado “consultas confidenciales por parte de las
embajadas extranjeras” y se deseaba “comprometer a Suiza y,
sobre todo, el Cantón de Ginebra”. Pero el gobernador —
Landvog — vigilaba. Inició su primer salvamento suizo, ex-
perimento éste que más adelante habría de repetir aún muchas
veces con éxito creciente. “No niego” —así exclama aquel
hombre corpulento — “que he contribuido con lo mío para
desbaratar estas maquinaciones diabólicas; no negaré tampoco
el haber solicitado la colaboción de la policía de la república
ginebrina para el logro de estos fines; lamento aún hoy” —
¡Oh Cicero inconsolable! — “que el afán de algunos engañados
haya servido de advertencia a aquel organizador astuto, facili-
tándosele con ello la fuga y siéndole posible por consiguiente,
eludir su detención”. Pero lo cierto es que Cicero-Vogt había
logrado “desbaratar” la conspiración catilinea y salvar a Sui-
za, contribuyendo para ello con lo suyo, no importa en dónde
y cómo lo haya llevado consigo. Según lo narrado, a las pocas
semanas, Cherval ya reaparecía nuevamente en París, “donde
en modo alguno trató de mantenerse oculto, viviendo en cam-
bio públicamente, al igual de cualquier otro ciudadano” (1. c.,

CARLOS MARX
pág. 176). Es sabido cuán públicamente viven los ciudadanos
parisienses — citoyens — bajo el así retratado Empire.

¡Mientras Cherval se pasea tan “públicamente” por la ca-
pital de Francia, el poor Vogt se ve obligado a ocultarse en el
Palais Royal y bajo la mesa de Plon-Plon, durante todas las
visitas que efectúa a París!

Lamento positivamente verme obligado a rebatir esta po-
derosa “zacariada” de Vogt con la siguiente carta de Juan Fe-
lipe Becker, aquel mismo Juan Felipe Becker, veterano de la
emigración alemana, cuya eficacia revolucionaria, a partir del
sitio de Hambach hasta la campaña por la constitución del Im-
perio, en la que luchó como jefe del quinto regimiento del
ejército — un órgano periodístico de indudable imparcialidad
partidista, el semanario militar de Berlín, contiene un testimo-
nio referente a sus proezas militares — resulta demasiado co-
nocida como para que por mi parte yo deba pronunciar pala-
bras alusivas a él. Por lo tanto me limito a señalar únicamente
que la misma había sido dirigida a mi amigo R..., comercian-
te radicado en Londres, que no conozco .personalmente, por
I. P. Becker, que éste tampoco mantuvo conmigo relaciones
políticas y finalmente, que omito el principio de la carta, por
contener asuntos de negocios, como también todo lo referente
a la Banda de Azufre y a los Bürstenheimer, conocido ya a
través de mis comentarios anteriores (Los originales de esta
carta se encuentran entre las actas pertenecientes a mi proceso
ventilado en Berlín).

París, 20 de marzo de 1860.

“.. Días pasados tuve oportunidad de examinar el folle-
to de Vogt contra Marx. Esta obra me entristeció tanto más,
por cuanto en ella encontré completamente desfigurada la his-

HERR VOGT

toria de la llamada Banda de Azufre y del difamado Cherval,
la que tuve oportunidad de conocer en todos sus detalles du-
rante aquella estada mía en Ginebra, viéndola además injusta-
mente relacionada con la eficiencia política del economista
Marx. No conozco ni he tenido relación alguna con ese tal se-
ñor Marx, conociendo en cambio, hace ya más de 20 años al se-
ñor Vogt y a su familia y considerándome por ello infinita-
mente más afin a este último. Me veo obligado a lamentar
amargamente la falta de tacto y la inconciencia con que Vogt
emprende esta lucha, que censuro enérgicamente. No es digno
de hombres el valerse en sus combates de hechos tergiversados
o fingidos. Lamento sinceramente tener que constatar cómo
Vogt arruina, con su superficialidad, una virtud superior, en
forma casi suicida, comprometiendo y dejando mal parada su
posición y prestigio, hasta en el supuesto caso de que en efecto
fuera posible absolverlo de todas las acusaciones que se le ha-
cen, de haber estado al servicio de Napoleón. ¡Cuánto habría
deseado yo que en cambio se hubiera valido de medios honestos
para lograr librarse brillantemente de tan graves acusaciones! En
lo referente a lo que hasta el momento ha emprendido con res-
pecto a este asunto poco edificante, siento una verdadera ne-
cesidad de comunicarle a usted, de qué naturaleza era esa lla-
mada Banda de Azufre y el susodicho señor Cherval, para que
usted mismo pueda darse una idea, hasta qué punto el señor
Marx puede responsabilizarse de sus existencias y actividades.

“Pero digamos algo sobre el nacimiento y la muerte de la
Banda de Azufre, sobre la que dificulto que pueda haber al-
guien capaz de proporcionar mejores datos que yo. Durante
mi estada en Ginebra, gracias al cargo que ocupaba, no sólo tu-
ve oportunidad de observar desde un principio todas las activi-

dades de los emigrantes; en mi condición de hombre ya mayor
y atento a la causa en general, me interesaba también especial-

CARLOS MARX

mente en observar todos sus movimientos para, en el caso de
producirse, poder intervenir y evitar cualquier acción absurda,
perdonable por cierto si se tenía en cuenta el estado de sobre-
excitación en que la desventura había hecho caer el ánimo de
todos. Mis treinta años de experiencia me habían enseñado de
sobra, cuán generosamente la emigración se ve dotada de ilu-
siones.”

[Lo que sigue ahora ya ha sido anticipado en lo esencial,
en las cartas de Borkheim y de Schily.] |

“...por broma se le dió a esta sociedad formada esencial-
mente por vagabundos, el mote burlón de Banda de Azufre.
Era esta una agrupación de sujetos que la casualidad había
reunido, constituida espontáneamente y carente de presidente,
programa, estatutos y dogmas. Ninguno de ellos pensaba en
conspirar secretamente, ni tampoco en perseguir sistemática-
mente algún fin político o de otra índole cualquiera. Todos se
limitaban tan sólo a lograr publicidad con extraordinaria fran-
queza y sin reparar mayormente en los excesos que acaso pu-
dieran cometer. Menos aún mantenían relaciones con Marx,
el que por su parte probablemente nada sabía, no podía saber
de su existencia y con el que por aquel entonces divergían am-
pliamente en sus opiniones politico-sociolégicas. Además en
aquella época los muchachos ponían de manifiesto una defi-
nida inclinación hacia la independencia, que en muchos casos
llegaba a convertirse también en una especie de egolatría exa-
gerada, de modo que no es dable creer que hayan podido some-
terse ni teórica ni prácticamente a teoría alguna; mas bien
habrían ridiculizado las arcaicas advertencias de Vogt, burlán-
dose además de las tendenciosas indicaciones de Marx.

“Yo conocía tanto o más los detalles de todo lo que ocu-
rría en ese ambiente, por cuanto mi hijo mayor frecuentaba a
diario a los cabecillas principales... Por lo demás toda la di-

HERR VOGT

versión de aquella incontenida banda no duró más allá del in-
vierno de 1849 a 1850; luego las circunstancias dispersaron a
nuestros héroes.

“¡Quién habría sospechado por aquel entonces, que la Ha-
ma de la ya olvidada Banda de Azufre volvería a ser encendida
por el profesor Vogt después de 10 años de profundo sueño,
para expandir su maloliente pestilencia sobre supuestos agreso-
res y verse luego gozosamente distribuída en escala cuasi-elec-
tro-magnético simpatizante por periodistas complacientes! Has.
ta el mismo señor von Blinke, liberal par excellence, se dignó
mencionar la Banda de Azufre, ilustrando con ello a la modesta
cámara de Prusia, en ocasión de ventilarse la cuestión italiana.
Y la población de Breslau, tan respetable de ordinario, hasta
llegó a organizar en su sancta simplicitas una mascarada car-
navalesca en homenaje a la banda, haciendo arder cantidades
de azufre para fumigar a toda la ciudad, simbolizando con
ello su adhesión a la misma.

¡Pobre e inocente Banda de. Azufre! ¡Pensar que después
de tu muerte te viste obligada nolens volens a convertirte en
un poderoso volcán; a hacer que los tímidos cayeran en cali-
dad de rehenes en la trampa de la policía, vulcanizando a to-
dos los imbéciles del mundo y carbonizando todos los cere-
bros ardorosos, hasta que de ellos apenas quedara rastro algu-
no; a tal punto que, según creo, el mismo Vogt llegó a que-
marse la lengua en su llama!

Pero pasemos a hablar de Kremer, vulgo Cherval. Este es-
tafador político y social llegó a Ginebra en el año 1853, ha-
ciéndose pasar por un inglés llamado Nugent. Era éste el nombre
de la casta de su supuesta esposa, la mujer que le acompañaba
y que en efecto era en verdad inglesa. El hablaba el inglés y el
francés a la perfección y durante mucho tiempo evitó pronun-
ciar una sola palabra en alemán, ya que, según parece, tenía

CARLOS MARX

sumo interés en ser considerado inglés de pura sangre. En su
condición de experto cromolitógrafo introdujo — según lo ma-
nifestado por él mismo — el arte de la litografía en la ciudad
de Ginebra. Cuando se encuentra en sociedad se muestra hábil,
desenvuelto, sabe destacarse y presentarse de la manera más fa-
vorable. Entre los profesores de la Academia no tardó en hallar
amplio campo propicio- para desarrollar su profesión, reprodu-
ciendo dibujos referentes a asuntos de historia natural e histo-
ria antigua. Al principio llevaba una vida muy retraída, tra-
tando de relacionarse más adelante, casi exclusivamente, con
exilados oriundos de Francia e Inglaterra. Yo, que por aquel
entonces me encontraba ocupado en la fundación de un office
de renseignements y de un diario Le Messager du Léman, tenía
como colaborador a un fugitivo badense llamado Stecher, anti-
guo discípulo de la Escuela Real. Este hombre poseía un ex-
traordinario talento para el dibujo y trataba de encontrar en
la cromografía un mejor medio de vida; halló un maestro en
el inglés Nugent. Muy a menudo Stecher solía contarme las
cosas más bonitas de ese inglés siempre hábil, amable y gene-
roso y de su inglesita, graciosa y seria. Aparte de todas estas
actividades, Stecher ejercía también la de profesor de canto en
la Asociación Cultural Obrera, a la que solía concurrir de tar-
de en tarde con su maestro Nugent. Fué en una de esas opor-
tunidades que tuve la ocasión de conocerlo, y que se dignó
hablarme en un alemán tan típicamente del bajo Rhin, que no
pude menos que decirle:
—;¡Usted nunca fué inglés!

“A pesar de ello insistió en afirmar que en su primera in-
fancia sus padres le habían enviado a Bonn, en donde estuvo in-
ternado en un colegio hasta cumplir los 18 años de edad, acos-
tumbrándose a hablar por lo tanto con el acento típico de la
región. Stecher, que hasta el último momento se sintió encan-

HERR VOGT

tado de la compañía de aquel hombre “simpático”, contribuyó
también con lo suyo para facilitarle aún más el hacerse pasar
por inglés. En mí, en cambio, este episodio despertó una pro-
funda desconfianza por aquel supuesto hijo de Albión y hasta
recomendé a los componentes de la asociación que procedieran
con toda cautela. Más adelante me encontré con el inglés ese, en
momentos en que se jactaba ante un núcleo de refugiados fran-
ceses, de sus heroicidades llevadas a cabo durante los desórde-
nes ocurridos en París. Fué ésa la primera vez que comprobé
que también se interesaba por la política. Ello contribuyó para
que lo considerara más sospechoso aún. Parodié la ‘‘extraordi-
natia bravura” con que pretendía haberse batido, a fin de brin-
darle oportunidad de hacerme desmostración de la misma de-
lante de aquellos franceses. Al advertir que mi sangrienta burla
era recibida por él tan sólo con el valor de un perro apaleado,
acabé por considerarlo sencillamente despreciable.

“A partir de entonces siempre que podía, Nugent evitaba el
encontrarse conmigo. Entretando se dedicaba a organizar con
Stecher veladas danzantes que tenían lugar en la Asociación de
Obreros Alemanes y a las que invitaban a concurrir y colabo-
rar gratuitamente a músicos italianos, suizos y franceses. Fué
en estos bailes que volví a encontrarme con este inglés, conver-
tido en un perfecto maître de plaisir y que según parecía, se
hallaba en su verdadero elemento, pues le sentaba mejor el
hacerse el hombre alocado y alegre, favorito de las mujeres,
que el decantado “bravucón y valiente”. Sin embargo no ha-
cía política en la asociación obrera, limitándose tan sólo a sal-
tar y correr, reír, cantar y beber. El orfebre Fritz, natural de
Wiirtenberg, me informó que el “inglés revolucionario” ha-
bía fundado una asociación con el mismo Fritz, otro alemán
más y algunos italianos y franceses y que sumados todos ellos,
no excedían de 7 socios. Yo traté de convencer a Fritz para

CARLOS MARX

que no se dejara arrastrar por ese saltimbanque político para
entrar en ningún asunto serio; a darse inmediatamente de baja
como miembro de dicha asociación, invitando a sus compañe-
ros a seguir su ejemplo. Algún tiempo después mi librero me
hizo llegar un folleto firmado por Marx, que trataba sobre el
proceso de los comunistas de Colonia y en el que Cherval que-
daba claramente caracterizado bajo el nombre de Kremer, sien-
do duramente fustigado y acusado de traidor y estafador. De
inmediato sospeché que Nugent fuera el tal Cherval, sobre todo
porque, de acuerdo a lo manifestado en el folleto, se trataba de
un ciudadano renano, lo que estaba perfectamente de acuerdo
con su acento, que además convivía con una inglesa, factor es-
te que también coincidía en un todo con Nugent. Comuniqué
mis sospechas a Stecher, Fritz y otros, haciendo circular con
este fin el folleto recibido. Rápidamente cundió la desconfianza
hacia Nugent; el folleto de Marx surtía su efecto. Muy pronto
Fritz vino a vernie para explicarme que ya no era socio de aque-
lla pequeña “asociación”? y que los demás consocios no tarda-
rían en imitarlo. Además me reveló cual era el fin secreto per-
seguido por la misma. El “inglés” habría querido destruír el
crédito de los distintos Estados valiéndose para ello de la re-
producción de documentos de Estado y proponiéndose orga-
nizar con el dinero ganado, una revolución europea, etc. Por
aquella misma poca un tal señor Laya, fugitivo francés y an-
tiguo abogado parisiense, pronunció algunas conferencias so-
bre el socialismo. Nugent concurrió a ellas; Laya, que había
sido su defensor durante el proceso ventilado en París, reco-
noció en él a Cherval, y no titubeó en decírselo personalmente.
Nugent rogó que no se le descubriera. Yo me enteré de todo
esto por intermedio de un fugitivo francés, amigo de Laya, y
me apresuré a divulgar la noticia. Nugent tuvo el descaro de
volver a presentarse una vez más en la Asociación Obrera, de

HERR VOGT

donde se le expulsó por haber sido reconocido como el ale-
mán Kremer y el francés Cherval. Dicen que el tal Ranickel,
natural de Bingen, fué quien le atacó más violentamente al
ventilarse esta cuestión. Ahora también la policía ginebrina
amenaza con detenerlo por el asunto de su pequeña asociación,
pero el falsificador de documentos de Estado ha desaparecido
sin dejar rastros.

“En París, Cherval trabajaba en decoraciones de porcela-
nas y como también yo me ocupaba aquí de esto, llegamos a
encontrarnos a lo largo de nuestros respectivos caminos comer-
ciales. Lo cierto es que pude comprobar que continuaba sien-
do aún el mismo superficial e incorregible tarambana de siem-
pre.

“Realmente me resulta incomprensible cómo Vogt ha po-
dido relacionar a estos estafadores con las pretensiones y acti-
vidades de un Marx en Ginebra, sobre todo tratándose preci-
samente de un momento, en el que Marx, en su escrito, trataba
a ese tipo con tan implacable energía y decisión. Precisamente
por eso es Marx quien lo desenmascara, expulsándolo de Gine-
bra, donde se afirma que, desaparecido Vogt, se dedicó a tra-
bajar para Marx.

“Cada vez que pienso cómo es posible que el naturalista
Vogt ha podido tomar un camino tan pernicioso, confieso que
me siento desconcertado por completo. ¿Acaso no resulta pe-
noso ver cómo la hermosa influencia ejercida por Vogt, gra-
cias a fortuitas coincidencias circunstanciales, queda anulada
de manera poco fructífera? ¿Podría sorprendernos, por con-
siguiente, que después de semejantes apreciaciones, todo el mun-
do recibiera con desconfianza las investigaciones fisiológicas
de Vogt, como si sus conclusiones científicas se basaran, con
la misma superficialidad y falta de seriedad, sobre concepcio-

CARLOS MARX

nes falsas y no sobre hechos positivos y profundamente inves-
tigados?

“Para ser un hombre de Estado y un sabio, es preciso po-
seer algo más que ambición, pues de lo contrario hasta el mis-
mo Kremer estaría en condiciones de ser ambas cosas. Desgra-
ciadamente el mismo Vogt ha descendido también a una
especie de Cherval, gracias a este último y a su Banda de Azu-
fre, Y en efecto ambos poseen cierto parecido íntimo debido
a su necesidad poderosamente desarrollada de disfrutar de una
vida cómoda, de la sociabilidad amable y de poder burlarse
superficialmente de los asuntos serios...

“Esperando su pronta y amable respuesta le saluda con cor-
dial devoción, su

I. PH. BECKER”.

“P. D.: Acabo de echar otro nuevo vistazo al folleto de
Vogt, comprobando, con la consiguiente sorpresa, que tam-
bién en él se trata a los Búrstenheímer, tributándoseles con los
honores que merecen. Dentro de poco le haré saber también
qué clase de sujetos eran esos tales Búrstenheimer. ..

**. Además vi en esa obra, que Vogt afirma que Nugent-
Cherval-Kremer había llegado a Ginebra, cumpliendo una or-
den de Marx. Es preciso por eso que yo añada, que hasta el úl-
timo momento de su estada en Ginebra, Nugent insistió en
desempeñar su papel de inglés, no dejando entrever nunca, nt
en parte alguna, que alguna vez hubiese podido tener contacto
con un fugitivo alemán, lo cual hubiese podido estar de acuer-
do con la incógnita que se había impuesto guardar. Aún aquí,
donde ya ello puede importarle mucho menos, no desea ser
considerado como tal y desmiente toda amistad que pueda
haber tenido anteriormente con alemanes.

HERR VOGT

“Yo siempre creí que Vogt había dejado despreocupada-
mente que otros lo mistificaran, pero ahora cada vez más su
actitud se me antoja como el fruto de una astucia maliciosa.
Por consiguiente, no lo siento tanto por él, como por su bon-
dadoso y anciano padre, al que toda esta historia sin duda de-
parará aún más de una hora amarga.

“No sólo le permito, sino que le ruego en pro de la verdad,
y de la buena causa quiera usted divulgar entre sus amistades
las informaciones que acabo de suministrarle.

“Siempre suyo cordialmente,

I. PHILIPPE B.” (Ver suplemento 3).

4). EL. PROCESO DE LOS COMUNISTAS DE COLONIA

Del “gabinete” de la Regencia Imperial de Ginebra al Real
Tribunal Laico prusiano de Colonia:

“En el proceso de Colonia Marx desempeñó un pd pre-
pondetante’ No cabe duda de que asi fué.

“En Colonia fueron juzgados sus aliados”. Según lo con-
fesado, sí.

La prisión preventiva de los acusados de Colonia duró año :
y medio,

La policía y la embajada prusiana, Hinkeldey con todas sus
huestes, emisarios y magistrados, ministerios del interior y de
justicia, habían puesto todo su empeño durante ese año y me-
dio para descubrir algún corpus delicti.

Por lo tanto en ésta, su investigación de mis “actividades”,
Vogt dispone en cierto modo de los medios complementarios
proporcionados por el Estado prusiano y hasta encuentra mate-
riales auténticos en mis Revelaciones, referentes al proceso de

CARLOS MARX

los comunistas llevado a cabo en Colonia (Basilea, 1853), de
las que halló un ejemplar en la asociación obrera de Ginebra,
pidiéndolo prestado y “estudiándolo”” luego minuciosamente.
Por consiguiente esta vez el niño Carlos acabará por hacérseme
temible, ¡Pero no! Esta vez Vogt se ““cohibe”, lanza una cuan-
tas de sus salvajes bombas de vapor y mal olor” para tartamu-
dear inmediatamente, ansioso ya de emprender la retirada:
... Para nosotros el proceso de Colonia ya no tiene mayor
importancia”. (Pág. 172 del Libro Mayor).

En las Revelaciones yo no pude prescindir de atacar tam-
bién al señor A. Willich. El señor Willich inicia su autodefen-

sa en el diario criminalista neoyorkino del 28 de octubre de

1853 8, caracterizando mi obra “como una crítica magistral al
horripilante procedimiento practicado por la central policial de
la federación alemana”. I. Schabelitz, hijo, el editor de la obra,
después de recibir mi manuscrito, me escribe desde Basilea con
fecha del 11 de diciembre de 1852: “Sus revelaciones acerca
de las infamias policiales son insuperables. Acaba usted de ren-
dir un brillante homenaje al actual régimen alemán”. Agre-
ga además que su propia opinión es compartida también por
los entendidos en la materia, “entendidos” éstos, cuyo grupo
era encabezado por un actual amigo ginebrino del señor Car-
los Vogt.

A los siete años de su aparición este mismo escrito impulsó
al señor Eichhoff de Berlín — persona completamente desco-

7. “Las bombas de vapor y de mal olor son muy eficaces en la gue-
rra minera. Se trabaja sobre la base de la fórmula para los proyectiles lu-
minosos, con la única diferencia de que la cantidad de azufre debe ser
mayor y la de plumas, cuernos, astillas y demás desperdicios, todo lo grande
que pueda tolerar la receta, llenándose con ello algunas bolsas y disparando
el proyectil con borra de consumo” (Z. E. Pliinicke, Manual para los
oficiales de la Real Artillería Prusiana. Primera parte, Berlín, 1820).

8. Publiqué una réplica en mi panfleto: Der Ritter vom edelmütigen
Bewusstsein [El Caballero de la Noble Conciencia}.

HERR VOGT

nocida para mí y la que, como es sabido, debió comparecer an-
te el tribunal de justicia por acusársele de haber calumniado
a Stieber] — a hacer la siguiente manifestación, durante la vista
de su causa: “Había estudiado a fondo el proceso de los comu-
nistas de Colonia, viéndose obligado, no sólo a sostener su
antigua afirmación de que Stieber había hecho un falso jura-
mento, sino a ampliarla aún más, afirmando que todas las de-
claraciones que el tal Stieber había hecho durante ese proceso,
resultaban ser completamente falsas. .. La condena de los acu-
sados de Colonia se debió exclusivamente a las declaraciones de
Stieber... Toda la declaración de éste habría sido un juramen-
to falso, llevado a cabo de manera consecuente”,

El mismo Vogt confiesa: “Marx hizo todos los esfuerzos
imaginables para remitir a los defensores de los acusados, ma-
teriales e instrucciones para el desarrollo del proceso...

“Según es sabido allí — en Colonia — los agentes Stieber,
Fleury, etc., presentaron documentos fabricados por ellos mis-
mos, para que sirvieran de “testimonios”, descubriéndose
además, entre toda aquella chusma policial, un abismo de
perversión tal, que provocaba escalofríos” (Págs. 169, 170
del Libro Mayor).

Ya que Vogt trata de manifestar su odio al golpe de Es-
tado por medio de propaganda bonapartista, ¿por qué no ha-
bría de testimoniar yo mi “acuerdo” con la policía secreta,
descubriendo para ello su infinita perversión? De haber po-
seído la policía testimonios legítimos, ¿para qué habría tenido
necesidad de fabricar testimonios falsos?

Pero el profesor Vogt continúa perorando: “Sin embargo,
los únicos abatidos por el rayo fueron únicamente los miem-
bros de la liga marxista y del partido de Marx”.

¡En efecto, Polonio! ¿Acaso en Paris el rayo no había caí-
do ya sobre otro partido, luego sobre otro en Berlín — el pro-

CARLOS MARX

ceso de Ladendorff — y sobre otro en Bremen — Todten-
bund, etc., etc.?

En lo que a la condena de los acusados de Colonia se re-
fiere, prefiero citar un pasaje perteneciente a mis Revelaciones:

“Al principio se hizo necesaria la milagrosa intervención
de la policía para ocultar el carácter puramente tendencioso de
este proceso. Las presentes revelaciones — así inició la sesión el
procurador Staedt — les demostrarán a ustedes que este proceso
no es un proceso tendencioso. Ahora —al finalizar los de-
bates — realza el carácter tendencioso para hacer olvidar las
revelaciones policiales. Después de un año y medio de inves-
tigación previa, el jurado necesitaba de un estado de cosas más
objetivo, para poder justificar su actitud ante la opinión pú-
blica.

“Al cabo de aquella comedia policial que duró cinco se-
manas, necesitaron de la “tendencia pura’’ para poder salir
del barro. Es por eso que Staedt no sólo se limita al material,
gracias al cual el senado acusador emitió el siguiente juicio:
“No consideraba que existía una causa objetiva”. Y va más
lejos aún: trata de' demostrar que la ley contra los complots
ni siquiera requiere una causa. Es tan solo una ley tendenciosa,
de modo que la categoría del complot' resulta ser únicamente
un pretexto para condenar legalmente a la pira, a los herejes
políticos. Su intento prometía un éxito tanto mayor, gracias a
la aplicación del nuevo código penal promulgado después de
la detención de los acusados. Argumentamos que el tal código
contenía disposiciones poco severas, la corte servil pudo llegar
a tolerar su adopción retroactiva. ¿Pero, y si el proceso no era
otra cosa que un proceso puramente tendencioso, para qué en-
tonces aquel año y medio de investigación previa? Sencilla-
mente por tendencia también” (lug. cit., págs. 71, 72, ed,
“Lautaro” pág. 172).

HERR VOGT

Con el descubrimiento del protocolo el proceso había en-
trado en un nuevo estadio. Los jurados no eran más libres
para declarar culpables o inocentes a los acusados; ahora de-
bian, o encontrar culpables a los acusados, o culpable al go-
bierno. |

Absolver a los acusados, significaba condenar al gobierno.
(pág. 70, lug. cit., ed. “Lautaro” pág. 170).

El que por aquel entonces el gobierno prusiano interpre-
tara la situación de una manera muy similar, queda demostrado
en un documento de Hinkeldey, dirigido por éste durante la
época de las vistas del proceso de Colonia a la embajada pru-
siana en Londres y en el que se decía que “toda la existencia
de la policía política, dependía exclusivamente del resultado de
dicho proceso”. Por lo tanto se requirieron los servicios de una
persona que habría de llevar ante la justicia al testigo prófugo
H., cuyas declaraciones serían pagadas a razón de 1000 taleros.
Lo cierto es que dicha persona ya había sido hallada cuando
llegó una nueva carta de Hinkeldey: “El procurador del Es-
tado espera lograr la declaración de los culpables sin necesidad
de tomar medidas extraordinarias, valiéndose para ello de una
hábil formación del jurado, por lo que él — Hinkeldey —
rogaba que no se continuara insistiendo en la búsqueda de
dicho sujeto” (Ver anexo N° 4). i

En efecto fué esta feliz formación del jurado de Colonia,
la que impuso en Prusia el régimen de Hinkeldey-Stieber.
“En Berlín se dará un golpe en cuanto hayan sido condenados
los acusados de Colonia”, afirmaba ya en octubre de 1852
la chusma policial agregada a la embajada prusiana en Londres,
aun cuando en Berlín la bomba policiaca recién estalló a fines
de marzo de 1853. (Conspiración de Ladendorf. Ver anexo
N° 4).

83.

CARLOS MARX

El ulterior griterío liberalista referente a una época reaccio-
naria, resulta siempre tanto más sonoro cuanto más desmedida
es la cobardía liberal que durante años enteros ha dejado el
campo incondicionalmente en manos de la reacción. Es así
como en la época del proceso de Colonia fracasaron todos mis
esfuerzos por publicar en la prensa liberal prusiana el fraudu-
lento-sistema de Stieber. Este había estampado con grandes le-
tras sobre su estandarte: ¡La seguridad es el deber primordial
de todo ciudadano y bajo su consigna vivirás!

5). FIESTA CENTRAL DE LA ASOCIACIÓN CULTURAL DE
OBREROS ALEMANES EN LAUSANA (26 y 27 de
junio de 1859)

Nuestro héroe siempre vuelve a refugiarse con renovado
placer en ... Arcadia. Volvemos a encontrarlo “en un retirado
rincón de Suiza”, en Lausana, al celebrarse a fines de junio la
fiesta central de cierto número de Asociaciones Culturales de
Obreros Alemanes. Es aquí donde Carlos Vogt inicia su se-
gundo salvamento suizo. Mientras Catilina se encuentra en
Londres, en Lausana el Cicerón de la levita abigarrada hace
oír sus rugidos:

Jam jam intelligis me acrius vigilare ad salutem, quam te
ad perniciem reipublicae. Casualmente disponemos de un in-
forme auténtico sobre dicha “fiesta central” y la heroicidad
llevada a cabo durante su desarrollo por “la naturaleza re-
dondeada”. El titulo de este informe redactado por el señor
G. Lomel en colaboración con Vogt, reza.como sigue: “La fies-
ta central de las Asociaciones Alemanas Cultural-Obreras, cele-
brada en Suiza Oriental. (Lausana 1859) Ginebra, 1859, Mar-
kus Vaney, Rue de la Croix D'Or”. Comparemos el informe

HERR VOGT

auténtico con el Libro Mayor aparecido cinco meses más tarde.
Este informe contiene “el discurso pronunciado por el mismo
Cicerón Vogt, en cuya introducción revela el secreto de su
presencia en dicha ocasión. Aparece mezclado entre los obreros,
los arenga porque “durante los últimos tiempos se le ha hecho
objeto de graves acusaciones, las que de ser ciertas, deberían
quebrantar toda la confianza depositada en él y anular toda
su influencia política”. “Vengo hasta aquí — [así continúa
diciendo] — para hablar con franqueza, sobre aquella hipo-
cresía”. [La señalada más arriba] (pág. 67 del Informe). Se
le imputan maquinaciones bonapartistas, es preciso que salve
su influencia y, de acuerdo a su costumbre, defiende el pelle-
jo con la lengua. Al cabo de hora y media de inconsistente
charla, recuerda la advertencia de Demóstenes que afirma que
“la acción, la acción y nada más que la acción es el alma de
la elocuencia”, |

Pero, ¿qué es la acción? En América existe un pequeño
animal llamado zorrino, que en los momentos de mayor pe-
ligro dispone tan sólo de un único recurso de defensa: su olor
repugnante. Cuando se lo ataca, lanza a través de determinado
órgano una materia, cuyo líquido condena irremisiblemente
nuestas ropas a la hoguera y, en el caso de rociar nuestra piel,
nos proscribe por algún tiempo de la sociedad humana. La
intensidad de dicho olor es tal, que los cazadores suelen tomar
las de villadiego en cuanto advierten que sus perros han des-
cubierto la huella de un zorrino, escapando con más premura
y miedo que si les persiguiera algún león o tigre hambriento.
Contra el lobo y el tigre les defiende la pólvora y el plomo,
pero no ha nacido aún la hierba capaz de soportar el ad pos-
terior del zorrino.

Eso es acción, se dice el orador que ha tomado carta de
ciudadanía en el “Reino de los Animales” y por lo tanto re-

CARLOS MARX

suelve rociar esta especie de secreción zorrinesca sobre sus su-
puestos perseguidores.

“Ante todo quiero recomendaros especial cautela con una
"cosa: se trata de las maquinaciones de un reducido montón de
despreciables hombrecillos, todas cuyas obras y aspiraciones
están destinadas únicamente a apartar al obrero de su profe-
sión, complicándolo en conspiraciones y complots comunistas,
para finalmente, después de haber vivido a costas del sudor de
su frente, abandonarlo con toda frialdad a su desgracia — es
decir, después de que haya sudado lo bastante —. También
ahora ese grupillo vuelve a esforzarse por atraer a sus redes
traicioneras, cueste lo que cueste, y de la manera más vulgar
imaginable, a las asociaciones obreras. Digan lo que digan
con respecto a las maquinaciones bonapartistas de Vogt, po-
déis estar seguros de que únicamente pretenden explotar al
obrero en provecho de sus propios fines egoístas, dejándolo por
último abandonado a su propia suerte” (Ver página 18 del
Informe. Ver anexo).

Ni siquiera resulta original la desvergüenza con que el
zorrino ese hace que tanto yo como mis amigos, que siempre
hemos sacrificado nuestros propios intereses en provecho de
la clase obrera, “vivamos a*expensas del sudor de la frente de
los obreros”. No sólo los Mouchards decembristas aullaron
calumnias similares tras Luis Blac, Blanqui, Raspail, etc; tam-
bién en todas las épocas y partes del mundo los Sicofantes de
la clase reinante calumniaron siempre en forma igualmente
infamante a los precursores literarios y políticos pertenecientes
a la clase sometida (Ver anexo N? 5).

ero después de ión, s a -
P d s de esta acción, nuestra “naturaleza redon
deada” ya no puede continuar manteniendo su seriedad. Por lo
tanto el bufón se dedica a comparar a sus “perseguidores” que
se encuentran en libertad, con los “rusos capturados cerca de

HERR VOGT

Zorndorf y a sí mismo — jadivinese! — ¡con Federico el
Grande! * Falstaff-Vogt recordaba que Federico el Grande
había escapado corriendo cuando le tocó asistir a su primera
batalla. Cuánto más grande resulta ser por lo tanto Vogt, que
también había escapado sin siquiera asistir a batalla alguna...

Hasta aquí la descripción de la fiesta central de Lausana, de
acuerdo al informe auténtico. Después de esto '““obsérvese”
— para repetir las palabras de Fischart — “esa pegajosa y tor-
pemente glotona bola de masa” y la pícara papilla policial que
sirvió cinco meses más tarde a los filisteos alemanes.

“Se deseaba provocar a toda costa una complicación en
Suiza: era preciso asestar un golpe... a la política de neu-
tralidad. Se me comunicó que la fiesta central de las asociacio-
nes culturales obreras habría de ser aprovechada para llevar a
los obreros por caminos que anteriormente ellos habían recha-
zado con toda energía. Se esperaba poder aprovechar aquella
hermosa fiesta para formar un comité secreto, que habría de
entrar en contacto con los correligionarios residentes en Ale-
mania y tomar — aunque convenientemente informado, Vogt
afirma no saberlo — Dios sabe qué clase de medidas. Circu-
laban sordas murmuraciones y misteriosos comentarios acerca

9. Kobes I relata en el panfleto publicado por Jacobo Venedey Pro
domo et pro patria contra Carlos Vogt, Hannover 1860: ‘‘...dice haber
podido comprobar personalmente que el señor regente imperial, Carios
Vogt, no se hallaba presente cuando nosotros. como también los otros
cuatro regentes imperiales, obligamos al gobierno Württembergués a pro-
porcionar, costase lo que costare, un final digno al parlamento. Es esta
una historia divertida. Cuando los otros cuatro regentes imperiales ya
habían subido al coche para (de acuerdo a lo convenido) dirigirse a la
sala de audiencias y exponer allí, conjuntamente con el tronco del parla-
mento, el pecho descubierto —, evidentemente ese tronco carecía de ca-
beza — Carlos Vogt le gritó al cochero en momentos que cerraba la por-
tezuela: — ¡Arranca ya!... De todos modos el coche está completo...
¡Yo os seguiré!...

Carlos Vogt llegó cuando ya había pasado el posible peligro”. (J. c,
págs. 23, 24).

CARLOS MARX

de una activa intervención de los obreros en la política pa-
trióticamente alemana. Inmediatamente resolví oponerme a
estas maquinaciones para recomendar una vez más a los obre-
ros, que en modo alguno prestaran oídos a proposiciones de esa
índole. Al final del discurso mencionado más arriba, pronun-
cié esta advertencia, etc. (pág. 180 del Libro Mayor).

Cicerón Vogt olvida que al principio de su discurso había
revelado públicamente los motivos que le impulsaron a con-
currir a la fiesta central: no era la neutralidad de Suiza, sino el
poner a resguardo su propio pellejo. En todo su discurso no
se encuentra una sola sílaba referente al planeado atentado a
Suiza, a las veleidades conspiratorias de la fiesta central, al
comité secreto, a la intervención activa de los obreros en la
política alemana, ni a las proposiciones de esta u “otra” indole
cualquiera. Nada de todas estas stieberiadas. Su advertencia
final fué tan solo la del honorable caballero Sykes, quien en la
sala de audiencias de Old Batley recomendó al jurado que no
prestara oídos a los “despreciables”” detectives que habían des-
cubierto su robo. |

“Los sucesos que se produjeron de inmediato — afirma
Falstaff-Vogt, (pág. 181 del Libro Mayor) — confirmaron
mis sospechas” ¿Cómo, sospechas? Pero Falstaff vuelve a olvi-
dar que unos pocos renglones más arriba no “sospechaba”,
sino que se le “había informado” de los planes trazados por
los conspiradores e inclusive que también se le había informado
de todos los detalles. ¿Y cuáles — ¡oh cándido angelito! —
fueron los acontecimientos qüe se produjeron de inmediato?
“Un artículo del Allgemeine Zeitung atribuía a esa fiesta y a
la vida de los obreros, propósitos en los que los mismos — es
decir la fiesta y la vida — ni pensaba siquiera (Del mismo
modo como Vogt se las atribuye al congreso de Murten y
a las comunicaciones obreras). À consecuencia de este artículo

HERR VOGT

y de su publicación en el Frankfurter Journal — [Diario de
Francfort] —el embajador de un Estado del Sud de Ale-
mania solicitó un informe confidencial, en el que se atribuía
a dicha fiesta la importancia que le “imputara” el artículo
del Allgemeine Zeitung y su copia aparecida en el Frank-
furter Journal — y de ninguna manera — “la que, de acuerdo
a los fracasados propósitos de la Banda de Azufre, HABRÍA DE-
BIDO TENER”. ¡Sí señores! ¡HABRÍA DE TENER!

Aun cuando la comparación superficial del Libro Mayor
con el auténtico informe referente a la fiesta central bastaría
para descubrir el secreto de la segunda salvación suiza llevada
a cabo por Cicerón Vogt, yo desearía poder comprobar que
_ como de costumbre — no fuera acaso una tergiversación la
que le había proporcionado el material necesario para poder
desplegar sus £uerzas. Por lo tanto dirigí una carta al redactor
del auténtico informe, el señor G. Lomel radicado en Ginebra.
El señor Lomel debe haber mantenido relaciones amistosas
con Vogt, ya que no se limitó tan sólo a redactar con su ayuda
dicho informe sobre la fiesta central de Lausana, sino que
también trató de disimular en un folleto posterior el papelón
que Vogt había hecho durante el homenaje a Schiller y a
Roberto Blum, celebrado en Ginebra. En su respuesta fechada
el 13 de abril de 1860, el señor Lomel, a quien no conozco
personalmente, me escribe lo siguiente: “El relato en que Vogt
afirma que durante su estada en Lausana había frustrado una
conspiración peligrosa, es sencillamente un cuento o MENTIRA;
lo único que busca en Lausana es un lugar en el cual poder
hablar para luego tener oportunidad de mandar imprimir su
discurso. Dicho discurso, que duró hora y media, fué su auto-
defensa, en la que trató de negar que jamás haya sido un bona-
partista asalariado. Yo mismo guardo en mi propia casa los
originales de dicho discurso”.

CARLOS MARX

Un francés residente en Ginebra, al ser interrogado sobre
dicha conspiración Vogtiana, responde brevemente: “Il faut
connaître cet individues — es decir a Vogt —, surtout le F A I-
SEUR, l’homme important, toujours hors de la nature et de
la verité” 10,

El mismo Vogt afirma en la página 99 de sus llamados
Ensayos, que “nunca se había jactado de poseer cualidades
proféticas”?. Pero ya el Viejo Testamento nos enseña que el
asno vió lo que no veía el profeta. Y es así como se explica
el que Vogt haya visto la conspiración, que en el mes de no-
viembre de 1859 decía suponer haberla “frustrado” en el mes de
junio de ese mismo año.

6). DE Topo UN Poco

“Si mi memoria no me traiciona — [así dice el bufón
parlamentario] —, “la circular” — [es decir una supuesta cir-
cular londinense dirigida a los parlamentarios en 1850] — “ha.
bía sido redactada por un correligionario de Marx, el llamado
“Parlaments-Wolff”” — {Lobo parlamentario] —‘‘ y entrega-
da a las manos de la policía hanoveriana. También ahora vuel-
ve a surgir este canal en la historia de la circular de los amigos
de la patria a los ciudadanos de Gotha” (pág. 144 del Libro
Mayor). `

¡Surge un canal! ¿Acaso pro lapsus ani de filólogos. chis-
tosos?

En cuanto al lobo parlamentario se refiere — y más ade-
lante nos enteraremos por qué el “Parlaments-Wolff” oprime

10. Es preciso conocer a ese individuo, sobre todo el HACEDOR, el
hombre importante que siempre está fuera de la naturaleza y de la verdad.

HERR VOGT

la memoria del bufón parlamentario como una pesadilla — éste
había publicado la siguiente aclaración en el Volkszeitung de
Berlín, en el Allgemeine Zeitung y el Hamburger Reform:

“SOLICITADA. Manchester, 6 de febrero de 1860”:

A través de la carta de un amigo me entero de que el Na-
tionalzeitung — [Diario Nacional] — (N° 41 del año en cur-
so) ha publicado el siguiente pasaje en su artículo de fondo
basado sobre el folleto de Vogt: |

“En 1850 fué redactado en Londres un nuevo despacho-
circular cuyo redactor, según lo cree Vogt, fué el Parlaments-
Wolff —[Lobo Parlamentario] —alias Kassematten-Wolff
— [Lobo de casamatas} —. Este despacho fué remitido más
adelante a los proletarios de Alemania, pasando simultáneamen-
te a manos de la policía hanoveriana”.

Yo no tuve oportunidad de ver ese número del National-
zeitung, ni tampoco el folleto de Vogt, por lo que respondo,
refiriéndome tan sólo al pasaje citado:

1). Enel año 1850 yo vivía en Zurich y no en Londres,
a donde recién me trasladé en el verano del año
1851.

2). En toda mi vida no he redactado un despacho-cir-
cular dirigido a “los proletarios” ni tampoco a los
otros. |

3). En lo que a la insinuación relacionada con la policía
hanoveriana se refiere, rechazo con todo el desprecio
que su autor me merece aquella calumnia, fruto de su
audacia y desvergüenza. Si el resto del panfleto de
Vogt resulta tan falso como todo lo referente a mi

CARLOS MARX

persona, no me cabe duda de que la obra merece
compararse con las chapucerías de un Chenu, de la
Hadde y demás secuaces.

W. WOLFF.”

En efecto: tal como Cuvier descubrió que todo el armazón
de Thiers constaba de un solo hueso, así Wolff supo analizar
también a través de una única cita, toda la chapucería de
Vogt. En realidad Carlos Vogt aparece junto a Chenu y de
la Hadde como Primus inter pares.

El último testimonio proporcionado por este Vogt “que
no se cohibe” para demostrar mi entente cordiale con la po-
licía secreta en general y “mis relaciones con el partido del
Kreuzzeitung en particular”, consiste en que mi mujer es her-
mana del ex ministro de Westfalia (pág. 194 del Libro
Mayor). ¿Cómo oponerse por lo tanto a esta cobarde arti-
maña del gordo Falstaff? Acaso el bufón le perdone a mi es-
posa el cognaticio ministro prusiano, si se entera de que uno
de sus agnados escoceses había sido decapitado en la plaza del
mercado de Edinburgo por intervenir como rebelde en la guerra
liberadora contra Jacobo Il. Está visto que el mismo Vogt
conserva y pasea aún su propia cabeza, debide tan sólo a una
equivocación. En el homenaje a Roberto Blum llevado a cabo
por la Asociación Cultural de los Obreros Alemanes en Gi-
nebra — 13 de noviembre de 1859 — nos informa acerca
de “cómo las izquierdas del parlamento de Francfort, habian
estado indecisas durante mucho tiempo acerca de a quién ha-
brían de enviar a Viena: si a Blum o a él. Finalmente la suer-
te— [una brizna de paja] — había decidido a favor, o mejor
dicho, en contra de Blum” (págs. 22, 29. Homenaje a Schiller
en Ginebra, etc, Ginebra 1859). El 13 de octubre Roberto

HERR VOGT

Blum salía de Francfort con rumbo a Viena. El 23 o 24 de
octubre llegaba a Colonia una embajada de la extrema iz-
quierda de Francfort, que se hallaba de paso en dicha ciudad
y cuya meta era el congreso de los demócratas a celebrarse en
Berlin. Yo ví a aquellos señores, entre los que se contaban
algunos parlamentaristas -estrechamente vinculados al Neuen
Rheinischen Zeitung — [Nuevo Diario Renano] —. Estos últi-
mos, de los cuales uno fué fusilado bajo la ley marcial durante
la campaña por la constitución del Imperio, otro murió en el
exilio y el tercero continúa viviendo aún, me murmuraron al
oído historias espeluznantemente extrañas, referentes a los ma-
nejos de Vogt relacionados con la «misión que Blum habria de
cumplir en Viena. Pero...

Heiss mich nicht reden, heiss mich schweigen,
denn das Geheimnis ist mir Pflicht!...

[No me hagas hablar, mándame que calle,
pues mi secreto es un deber!...}

El homenaje a Roberto Blum “mencionado más arriba —
noviembre de 1859 — y realizado en Ginebra, no fué grato a
la “naturaleza redondeada”. Apenas entró en el recinto, arras-
trándose servilmente a los pies de su patrón, James Fazy, un
obrero exclamó: “¡Ahí va Enrique y, tras él, Falstaff”. Cuan-
do, al relatar su bonita anécdota pretendió hacerse pasar por un
alter ego de Roberto Blum, fué preciso un gran esfuerzo para
evitar que algunos obreros exaltados, asaltaran la tribuna del
orador. Y cuando finalmente, sin recordar cómo en junio ha-
bía frustrado la revolución, volvió a gritar una vez más: “¡A
las barricadas!” — pág. 29 del Homenaje a Schiller —, le res-
pondió un eco burlón: “¿Barricadas? ... ¡Tortas!”. Sin em-

CARLOS MARX

bargo en el extranjero se valoraron tan justicieramente las pe-
roratas políticas de Vogt, que por esta vez se prefirió dejar
sin efecto “el requerimiento de informes confidenciales, formu-
lado por un embajador del Sud de Alemania”, no publicán-
dose tampoco artículo alguno en el Allgemeine Zeitung.

Toda la “Stieberiada” de Vogt, desde la Banda de Azufre
hasta “El Ministro Retirado”, revela en él aquella clase de
maestros cantores de los que el Dante dice:

Ed egli avea fatto del cul trompetta.

CAPÍTULO IV

LA CARTA DE TECHOW

¿Qué es lo que la “naturaleza redon-
deada”” vuelve a sacar nuevamente
del triste sacco
che merde fa di quel,
che si trangugia?

DANTE.

Una carta de Techow fechada en Londres el 26 de Agosto
de 1850.

“Para caracterizar estas actividades — [vale decir las de la
Banda de Azufre] — lo mejor que puedo hacer es transcribir
aquí la carta de un hombre, al que todo aquel que le haya
conocido — [¡ !] — no vacilará en reconocer como a una
persona honorable, y la que me es permitido publicar — [pu-
blicar qué? ¿La persona honorable o la carta?] — ya que la
misma estaba destinada expresamente a servir de información
— [¿para quién?) — pues han desaparecido los obstáculos
— [¿por parte de quiénes?}— que se oponían a su publica-
ción” (pág. 141 del Libro Mayor).

A fines de agosto de 1850 Techow pasó de Suiza a Lon-
dres. Su carta está dirigida al ex teniente prusiano Schimmelp-

CARLOS MARX

fennig, por aquel entonces radicado en Berna, “para que éste
la hiciera circular entre los amigos”, es decir, entre los anti-
guos miembros de la Centralización, una asociación secreta
extinguida hacía ya casi más de una década, fundada en Suiza
por fugitivos alemanes y compuesta por una masa abigarrada
y generosamente sazonada por elementos parlamentarios. Te-
chow formaba parte de dicha asociación; no así Vogt y sus
amigos. ¿Cómo, por lo tanto, la carta de T'echow pudo caer en
manos de Vogt y quién le dió permiso para publicarla?

El mismo Techow me escribe desde Australia con fecha de
17 de abril de 1860: “Lo cierto es que nunca tuve oportunidad
de autorizar al señor Carlos Vogt para algo en lo referente a
este asunto”.

De los “amigos” de Techow a quienes debía ser comuni-
cado el contenido de esa carta, quedan en Suiza tan sólo dos.
Que sean ellos mismos quienes hablen:

El señor E. a Schily, 29 de abril de 1860. Alta Engadina.
Cantón de los Grisones.

“Al aparecer el folleto de Vogt Mi proceso contra el All-
gemeine Zeitung, en el que ha sido copiada una carta dirigida
por Techow a sus amigos residentes en Suiza, de fecha 26 de
agosto de 1850, resolvimos nosotros, los amigos de Techow
que aún continuamos residiendo en Suiza, manifestar en una
carta dirigida a Vogt, nuestro desagrado por la desautorizada
publicación de la misma. La carta de Techow había sido di-
rigida a Schimmelpfennig que se encontraba en Berna y debía
ser comunicada a los amigos por medio de copias... Me sa-
tisface el que ninguno de todos nosotros, que ninguno de todos
los amigos de Techow autorizados para hacer uso de dicha:

HERR VOGT.

carta del 26 de agosto, haya cometido la torpeza de servirse
de ella, tal como recientemente acaba de hacerlo Vogt, a quien
probablemente un hecho fortuito puso en su poder. El 22
de enero se le escribió a Vogt, criticándosele por la publicación
desautorizada de la carta de Techow, protestándose además
contra todo abuso que pudiera cometer ulteriormente y exi-
giendo la devolución de la misma. El 27 de ese mismo mes,
Vogt contestó: “que la carta de Techow habia sido destinada
a ser comunicada a sus amigos y que un amigo común, en
cuyas manos se encontraba, se la había entregado encarecién-
dole su publicación ... y que él únicamente devolvería aquella
carta a quién se la había entregado”.

El señor B. a Schily. Zurich 1 de mayo de 1860.

“La carta dirigida a Vogt fué escrita por mí después de
consultar con E...—R... no se contaba entre los “amigos” a
quienes debía comunicárseles la carta de Techow; pero Vogt
sabía por el contenido de la misma, que ésta también me había
sido dirigida a mi, cuidándose sin embargo muy mucho de re-
querir mi consentimiento para su publicación”.

Para la solución del problema he reservado un pasaje per-
teneciente a la carta de Schily publicada más arriba. El mis-
mo dice así:

“Es preciso que te hable ahora de ese tal RANICKEL, pues
es muy probable que haya sido él quién puso la carta de Te-
chow en manos de Vogt, punto éste que figura en tu consulta
y que por poco paso por alto. Debes saber que dicha carta
fué dirigida por Techow a los amigos con los cuales había

CARLOS MARX

convivido en Zurich, como ser Schimmelpfennig, B. y E. En
mi condición de amigo de estos amigos y del mismo Techow,
la carta también me fué entregada, aunque algo más tarde que
a los demás. Al producirse mi brutal y sumaria expulsión de
Suiza — se me detuvo en las calles de Ginebra sin previa or-
den de ser puesto en la frontera — no se me permitió regresar
una vez mas a mi domicilio para ordenar mis cosas. Por lo
tanto desde la cárcel de Berna le escribí a una persona de mi
confianza en Ginebra, el maestro zapatero Thum, que por
favor encomendara a alguno de mis amigos — yo no sabía
cuales de ellos pudieron haber corrido mi misma suerte — que
recogiera mis efectos personales, seleccionara lo mejor de entre
ellos y me lo mandara a Berna, guardando momentáneamente
en Ginebra el resto. Recomendaba una minuciosa revisión de
todos mis papeles, para evitar que el envío que habría de ha-
cérseme, contuviera algo que acaso pudiera no soportar el
tránsito por Francia. Asi se hizo y la carta de Techow quedó
en Ginebra. Entre aquellos papeles se contaban varios documen-
tos referentes al levantamiento parlamentario de aquel entonces
contra el comité local de Ginebra, con motivo de la distribución
de los dineros destinados a los fugitivos — este comité se com-
ponía de tres ciudadanos ginebrinos, entre los que figuraba
Thum, y dos fugitivos, Becker y yo — documentos estos que
Ranickel conocía perfectamente a consecuencia de su defensa
del comité ante los parlamentaristas. Por lo tanto yo rogué
a Thum para que en su condición de cajero y archivista del
comité le pidiera a Ranickel que seleccionara dichos documen-
tos de entre todos los papeles que yo había dejado. Acaso éste,
así autorizado para revisar mis papeles, se haya apropiado de
una u otra manera de la carta de Techow, o bien, a través del
relato de alguno de los veedores. En modo alguno me pro-
pongo impugnar el traspaso de posesión — no confundir con

HERR VOGT

traspaso de la propiedad — de mí a él, no obstante lo cual,
lo sostengo sin ambages. No tardé en escribirle a Ranickel
desde Londres, que por favor me remitiera dicha carta. Pero
Ranickel no accedió a mi pedido; es de entonces que data su
culpa manifiesta, la que al principio probablemente haya sido
únicamente levis y que luego, de acuerdo al grado de su com-
plicidad en la cuestión de la publicación de la carta, fué acen-
tuándose a magnus o máxima culpa o acaso también, a dolus.
No dudo un solo instante que la publicación de dicha carta no
contaba con la autorización correspondiente, por lo que tam-
bién le escribí a E. sobre este punto. Tampoco puede dudarse
de que Ranickel haya sido quien tendió la mano para dicha
publicación, conociéndose como se conoce su notoria intimidad
con Vogt y aun cuando no es mi intención criticar en lo más
mínimo dicha intimidad, no puedo evitar el llamar la atención
sobre el contraste que la misma presenta con respecto a ciertos
aspectos anteriores. Ranickel en general no sólo se limitaba a
ser uno de los más grandes tragones parlamentarios, sino que
también manifestaba, al referirse en particular al regente del
Reich, los instintos más sanguinarios que cabe imaginar: “Ten.
go que estrangular a ese sujeto — [gritaba] — no me importa
que por ello me obliguen a ir a Berna”. Ni tampoco le importa-
ba, por así decirlo, que se le pusiera camisa de fuerza para abste-
nerlo de sus propósitos regicidas. Pero ahora que parecía haberse
roto el velo que hasta tanto le había impedido ver con cla-
ridad y que de Saulo se había convertido en Pablo, tengo cu-
riosidad de ver cómo logrará salir airoso de otro asunto o sea,
de su papel de vengador de Europa. “He luchado — [solía
decir en aquellos días en que titubeaba entre decidirse por
América o por Europa] — pero ahora felizmente todo eso ya
pasó. ¡Me quedo!... y, ¡me vengo! ¡Tiembla Bizancio!”
Hasta aquí la carta de Schily.

o

CARLOS MARX

Por consiguiente el Ranickel ese descubre la carta de Te-
chow entre los papeles dejados por el fugitivo Schily. Á pesar
de las reclamaciones de este último, retiene la misma. La carta
así sustraida es entregada por el “amigo” Ranickel al “amigo”
Vogt y con la poca escrupulosidad de conciencia que los ca-
racteriza, declaran estar autorizados a publicarla, pues Vogt y |
Ranickel son “amigos”. Quiere decir que todo aquel que di- |
rige un comunicado a “amigos”, lo dirige necesariamente tam- |
bién a los “amigos” Vogt y Ranickel... arcades ambo. |

Lamento que esta jurisprudencia traiga a mi memoria his-
torias remotas y ya casi olvidadas; pero Ranickel empezó y a
mí me toca seguir.

En 1836 se fundó en París la Liga de los comunistas que
originariamente actuaba bajo otro nombre. De acuerdo a su
lenta evolución, la misma se componía de: un húmero de-
terminado de asociados que formaban una “comunidad”; dis-
tintas comunidades en una misma ciudad, todas las cuales
constituían un “circuito” y un número más o menos elevado
de circuitos que se agrupaban alrededor de un “circuito central”.
A la cabeza del todo funcionaba la “secretaría central’’ que,
si bien debía ser votada en un congreso celebrado con asis-
tencia de todos los diputados, estaba autorizada, en los casos
de extrema urgencia, a completar ella misma el número de sus de
componentes y nombrar a sus sucesores. Al principio la se-
cretaria central estaba radicada en Paris, estableciéndose luego
en Londres, donde permaneció desde el año 1840 hasta 1848.
Los dirigentes de las comunidades y circuitos, como también
los de la “secretaría central”, eran nombrados por votación.
Esta constitución democrática, absolutamente inútil para aso-
ciaciones secretas y conspiratorias, al menos no resultaba in-
compatible con la misión de una asociación de propaganda.
Las actividades de la Liga comprendían en primer término la

HERR VOGT

fundación de Asociaciones Culturales de Obreros Alemanes,
públicas y la mayoría de las asociaciones de esta indole que
todavía existen en Suiza, Inglaterra, Bélgica y Estados Unidos,
fueron fundadas directamente por ella o por antiguos socios de
la misma. Es debido a ello que la constitución que rige a estas
asociaciones obreras sea igual en todas partes. Se fijaba un día
de la semana para polemizar, otro para los entretenimientos
sociales — canto, declamación, etc. —; en todas partes se fun-
daban bibliotecas sociales y siempre que era posible, se ins-
tituían clases en las que se proporcionaban conocimientos ele-
mentales a los obreros. La Liga que apoyaba y dirigía estas
asociaciones obreras hallaba en ellas un terreno propicio para
su propaganda pública, como también para completar y am-
_pliar sus comisiones con los miembros más capaces de las mis-
mas. Debido a la vida errante que llevaban los obreros ale-
manes, muy raras veces la secretaría central se veía obligada
a destacar emisarios especiales.

En lo que se refiere a la doctrina secreta de la Liga en si,
es preciso admitir que la misma soportó todas las transforma-
ciones del socialismo y comunismo francés e inglés, como
también de sus derivados alemanes (Por ejemplo, las fanta-
sías de Weitling). A partir de 1839, tal como ya se desprende
del informe de Bluntschli, la cuestión religiosa jugaba, junto
al problema social, el papel preponderante. Las distintas fases
por que pasó la filosofía alemana desde 1839 hasta 1846,
eran seguidas con el más vivo interés en el seno de dichas
asociaciones. La forma secreta de las mismas debió su origen
a París. Su fin principal — la propaganda entre los obreros en
Alemania — impuso también la ulterior conservación de dicha
forma, Durante mi primer estada en París, yo mantenía rela-
ciones personales con los dirigentes locales de la Liga, como
también con los de la mayoría de las asociaciones obreras

CARLOS MARX

francesas, sin entrar, no obstante, a formar parte de las mismas,
En Bruselas, a donde fuí enviado por Guizot, fundé con En-
gels, W. Wolff y otros, la Asociación Cultural de Obreros
Alemanes que aún existe allí. Al mismo tiempo publicamos
una serie de panfletos, ya fueran impresos o litografiados, en
los que la mezcolanza de socialismo anglo-francés y de filo-
sofía alemana, era sometida a una crítica despiadada que por
aquel entonces constituía la doctrina secreta de la Liga, reco-
mendándose en cambio el estudio científico de la estructura
económica de la sociedad burguesa, como único fundamento
teórico pertinente, explicándose en un lenguaje netamente
popular, que lo que se trataba no era la imposición de un
sistema utópico cualquiera, sino la participación activa y
consciente en el proceso revolucionario social a que asistíamos.
À consecuencia de estas actividades la secretaría central londi-
nense se puso en contacto con nosotros, enviando a Bruselas
a fines del año 1846, a uno de sus miembros, el relojero José
Moll, caído más adelante en el campo de batalla de Baden como
soldado de la revolución y cuya misión consistía en invitarnos
a entrar a formar parte de la Liga. Todas las objeciones que
opusimos a este pedido fueron rebatidas por Moll, quien nos
reveló la intención de la secretaría central, de convocar un
congreso de la Liga en Londres, en el que las opiniones criti-
cas que nosotros habíamos dado a conocer, habrían de ser ex-
puestas en un manifiesto público en calidad de doctrina federal
y que, si bien frente a los elementos anticuados y opositores
nuestra colaboración se hacía indispensable, la misma exigía
también nuestra entrada en la‘Liga. Por consiguiente resolvi-
mos entrar. El congreso en que se presentaron los correspon-
dientes representantes de las federaciones de Suiza, Francia,
Alemania e Inglaterra, fué celebrado y después de algunas se-
manas de violentos debates, quedó aceptado el Manifiesto del

HERR VOGT

Partido Comunista que Engels y yo habíamos redactado, im-
primiéndose a principios del año 1848 y traduciéndose más
adelante a los idiomas inglés, francés, danés e italiano. Al esta-
llar la revolución de febrero, la secretaría de Londres me enco-
mendó la dirección superior de la Liga. Durante la época de
la revolución se extinguieron por sí solas en Alemania todas
sus actividades, con el advenimiento de los nuevos caminos
que habrían de contribuir a destruir sus fines. Cuando en el
año 1849 volví a Londres después de mi nueva expulsión de
Francia, encontré restauradas las ruinas de la secretaría central
y reanudadas las comunicaciones con los restablecidos círculos
alemanes. Willich llegó a Londres algunos meses después. Aten-
diendo a mi consejo, fué recibido en el seno de la secretaria
central. Me habia sido recomendado por Engels, quien inter-
vino como ayudante suyo en la campaña por la constitución
del Reich. Para completar la historia de la Liga quiero agregar
tan solo: el 15 de septiembre de 1850 se produjo una disgre-
gación, en el seno de la misma. La mayoría, incluso Engels
y yo, trasladamos a Colonia el domicilio de la secretaría cen-
tral, donde hacía tiempo actuaba el “circuito directivo” del
Sud y Centro de Alemania y se encontraba después del de Lon-
dres, el más importantes núcleo de intelectuales.
Simultáneamente nos retiramos de la Asociación Cultural
Obrera londinense. La minoría, entre la que se encontraban
Willich y Schapper, fundó a su vez una federación nueva cuyo
propósito era mantener las comunicaciones con la Asociación
Cultural Obrera, como también restablecer las relaciones con
Francia y Suiza, truncas desde el año 1848. La sentencia de
los acusados de Colonia tuvo lugar el 12 de noviembre de
1852. Algunos días después y de acuerdo a mi consejo, la Liga
se declaró disuelta. Un documento referente a esta disolución,
fechado en noviembre de 1852, fué agregado por mí a las ac-

CARLOS MARX

tas relacionadas con mi proceso contra el Nationalzeitung. En
el mismo se menciona como motivo de la disolución el que,
a partir de las detenciones practicadas en Alemania, es decir
que durante la primavera de 1851, cesaron todas las relaciones
con el resto del continente, perdiendo actualidad toda asocia-
ción dedicada a esa índole de propaganda. Pocos meses des-
pués, o sea, a principios del año 1853, moría también la nueva
Liga fundada por Willich y Schapper.

Las principales causas que motivaron la disgregación men-
cionada más arriba, pueden encontrarse en mis Revelaciones
sobre el Proceso de los Comuntstas de Colonia, en las que tam-
bién figura una copia del resumen del acta levantada durante
la sesión celebrada por la secretaría central, el 15 de septiembre
de 1850. El motivo práctico más inmediato fué originado por
el afán de Willich de complicar la Liga con los entretenimien-
tos revolucionarios practicados por la emigración democrática
alemana. Una interpretación completamente distinta de la si-
tuación política contribuyó también a acentuar aún más las
divergencias. Quiero citar tan solo un único ejemplo: Willich
pensaba que las divergencias entre Prusia y Austria, en ocasión
de plantearse la cuestión del electorado hessiense y federal, con-
ducirian a conflictos realmente serios, prestándose con ello un
asidero en qué apoyarse al partido revolucionario. El 10 de
noviembre de 1850, poco después de dividirse la Liga, publicó
una proclama concebida también en ese sentido, dirigida aux
démocrates de toutes les nations (a los demócratas de todas
las Naciones), la que firmaba la secretaría central de la nue-
va Liga, junto con algunos exilados franceses, húngaros y
polacos. Engels y yo, en cambio, opinábamos todo lo contra-
rio, según puede advertirse al leer las páginas 174 y 175 de
la Revue del Neuen Rheinischen Zeitung — (Revista del nuevo
diario renano) — número doble correspondiente a los meses

HERR VOGT

de mayo a octubre: “todo este alboroto no conducirá a nada
concreto... Sin que se haya derramado una sola gota de san-
gre los representantes de los partidos autríaco y prusiano se
encontrarán en Francfort cómodamente sentados en los sillo-
nes del Congreso Federal, no quedando relegados sin embargo
en lo más mínimo, sus pequeños celos mutuos, ni sus disputas
con sus correspondientes subordinados, ni tampoco su discon-
formidad con la suprema dominación rusa”.

De si la personalidad de Willich, de cuya capacidad por lo
demás no había de dudarse y cuyos recuerdos de Besançon por
aquel entonces — 1850 — frescos todavía, le capacitaban para
interpretar de manera “impersonal” los inevitables conflictos
diariamente renovados, debido a la discrepancia de las distintas
Opiniones, es algo que puede juzgarse a través del siguiente
expediente:

La Legión Alemana de Nancy, al ciudadano Juan Felipe Becker,
radicado en Biel. Presidente de la Asociación de Defensa
Alemana, Hilf Dir { Ayúdate]

“Conciudadano:

“En tu calidad de representante electo por los republicanos
alemanes fugitivos, te comunicamos que en Nancy se ha cons-
tituido una legión de exilados alemanes que responde al nom-
bre de “Legión de Nancy”.

“Los exilados que componen dicha columna son, en parte,
antiguos componentes de la Legión de Vesoul y en parte, ex
componentes de la de Besancon; el alejamiento de estos últimos
de Besançon fué motivado por causas de carácter puramente
democrático.

“Es que en todo lo que hacía, muy pocas veces Willich
acostumbraba a requerir el consejo de la Legión; por lo tanto

CARLOS MARX

las leyes fundamentales que regían la Legión de Besancon no
eran discutidas e impuestas por todos, sino decretadas y pues-
tas en vigencia a priori por Willich, sin el previo consenti-
miento de los componentes de la organización.

“Además a posteriori Willich también nos proporcionó
pruebas de su carácter despótico a través de una serie de órde-
nes dignas de un Jellachich o Windischgrátz, pero no de un
republicano.

“Willich ordenó que a un miembro llamado Schon, que
se disponía a abandonar la Legión, le fueran sacados los zapa-
tos nuevos adquiridos con los fondos recolectados por la enti-
dad, sin pensar en que también el mismo Schón había contri-
buído a ellos, ya que los mismos provenían en su mayor parte
de los diez sous que Francia pagaba diariamente por cabeza en
calidad de subsidio... Schón quería llevarse los zapatos, pero -
Willich ordenó que fuera despojado de ellos.

“Sin consultar a la Legión de Besançon, Willich despidió
a varios de los miembros más competentes de la misma por
pequeñas faltas cometidas, como ser el no presentarse a los
llamados, deslices ocurridos durante las horas de prácticas, lle-
gar después de la hora al anochecer, o por pequeñas divergen-
cias producidas, manifestándoles que ya podrían marcharse
al Africa, pues no se les permitiría continuar en Francia y de
no resolverse a ir a Africa, él mismo se encargaría de hacerlos
expulsar, enviándolos a Alemania, puesto que el gobierno fran-
cés le había acordado para .ello las atribuciones necesarias. Más
adelante, después de efectuar en la prefectura de Besancon las
averiguaciones pertinentes, se descubrió que esto último ni
siquiera era cierto. Casi diariamente Willich declaraba al pa-
sar revista:

“— Al que no le guste, que se marche si quiere y cuanto
antes lo haga, mejor. El camino al Africa está abierto, etc....

HERR VOGT

“En otra oportunidad profirió delante de todos la si-
guiente amenaza: Aquel que se opusiera a sus Órdenes, podía
elegir entre irse al Africa o ser entregado al gobierno alemán,
amenaza esta que originó la investigación en la prefectura men-
cionada más arriba. Debido a estas amenazas cotidianas, mu-
chos se cansaron de la vida que se veían obligados a llevar en
Besancon, donde, según decían, todos los días se les echaba en
cara su pobreza.

““— Para ser esclavos habríamos podido ir también a Ru-
sia y ni siquiera habríamos tenido necesidad de iniciar la lu-
cha en Alemania -—, decían.

“En resumidas cuentas: declararon que no era posible
continuar por más tiempo esa clase de vida en Besancon sin que
diariamente se produjeran entre ellos y Willich desagradabi-
lísimos conflictos. Por lo tanto resolvieron marcharse. Pero
como por aquel entonces en ninguna parte se había constituído
una Legión de esa indole, en la que hubieran podido alistarse
todos ellos y ya que no les era posible vivir con los diez sous
diarios de que disponían, no les quedaba otro recurso que acep-
tar el primer contrato que se les ofrecía para ir al Africa. De
esta manera Willich acabó por llevar a la desesperación a trein-
ta bravos ciudadanos, siendo culpable además de que la patria
se viera privada para siempre de sus servicios.

“Willich' demostró ser además muy poco inteligente al
elogiar cada vez que pasaba revista a sus viejos soldados, reba-
jando en cambio los méritos de todos los nuevos, actitud esta
que necesariamente debía originar constantes disputas entre
ellos. Cierta vez hasta llegó a declarar que los prusianos eran
muy superiores a los alemanes del sud en lo que a cerebro,
corazón y físico se refería o, como él mismo gustaba expre-
sarse, “en cuanto a condiciones físicas, morales e intelectuales””.
A cambio de ello los alemanes sureños poseían la bonhomía.

CARLOS MARX

Con esto se refería a la tontería, pero no se atrevió a decirlo
abiertamente. Con ello Willich logró amargar a todos o casi
todos los nacidos en el Sud de Alemania que militaban en sus
filas. Pero aún queda por referir la torpeza máxima.

“Cuando, hace unos quince días de esto, la 72 compañía,
haclendo caso omiso de la prohibición impartida por Willich,
permitió a uno de sus miembros apellidado Baroggio, arbitra-
riamente despedido por dicho jefe, que pasara una noche más
en el cuartel, haciéndole permanecer en su dormitorio y defen-
diéndolo ante los partidarios del mismo, unos sastrecillos fa-
natizados, Willich ordenó que fueran traídas cuerdas para
atar a los rebeldes. En efecto, así se hizo y las cuerdas fueron
traídas. Probablemente la voluntad de Willich habría bastado
para hacer cumplir esta orden; no así su poder... Estas fue-
ron las causas que motivaron su alejamiento.

“No escribimos todo esto con ánimo de acusar a Willich.
Sabemos que su carácter y voluntad son buenos y muchos de
entre nosotros sentimos un profundo respeto por él, pero la
manera con que trataba de lograr sus fines y los medios de
que se valía, no nos agradaron en su mayor parte. Tiene bue-
nas intenciones, pero lo malo es que se considera a sí mismo
la personificación de la sabiduría y ultima ratio, califica de
tonto o traidor a todo aquel que lo contradice en lo más mi-
nimo. Para decirlo con pocas palabras: Willich no admite
otra opinión que no sea la suya propia. Es un aristócrata y
déspota espiritual y siempre que considera que algo está bien
no desperdicia medio alguno para lograrlo. Pero no hablemos
más de esto; ya sabemos quien es Willich. Conocemos sus
flaquezas y virtudes y es por ello que hemos abandonado Be-
sancon. Además al partir de Besangon todos declararon que
se separaban de Willich, pero que no deseaban dejar de perte-
necer-a la Asociación de Defensa Alemana Hilf Dir (Ayúdate).

HERR VOGT

Así también lo hicieron los de Vesoul...

Con el testimonio de nuestra consideración más distingui-
da, terminamos preseritandole el fraternal saludo y apretón de
manos de la Legión de Nancy.

Acordado por la asamblea general del 13 de noviembre
de 1848. Nancy, 14 de noviembre de 1848.

En nombre y por orden de la Legión
el secretario B...”

Pero volvamos a la carta de Techow. En su carta, el ve-
neno está, tal Como en aquel otro reptil, en la cola o sea, en la
posdata fechada el 3 de septiembre de 1850. Esta se refiere
a un duelo entre mi amigo prematuramente fallecido, Conrado
Schramm y el señor Willich. Este duelo se llevó a cabo en
Antwerpen a principios de septiembre de 1850. Techow y el
francés Barthélemy intervinieron en calidad de padrinos de
Willich. Techow escribe a Schimmelpfennig para que éste “se

lo comunique a sus amigos”: “Éstos”? — es decir Marx y sus
partidarios — “han lanzado su campeón Schramm contra
Willich, el que” — Techow quiere decir aquí al que — “fué

atacado por él con las mentiras más infames, acabando final-
mente por desafiarlo a duelo” (págs. 156, 157 del Libro
Mayor).

Hace siete años que mi respuesta a esta estúpida chismo-
grafía ha sido impresa en el panfleto anteriormente citado:
Der Ritter von edelmútigen Bewusstsein (El Caballero de la
Noble Conciencia). Nueva York 1853.

Por aquel entonces Schramm vivía aún. Tanto él como
Willich se encontraban en Estados Unidos.

109°

CARLOS MARX

Barthélemy, el testigo de Willich, todavía no había sido
ahorcado; tampoco el testigo de Schramm, el bravo oficial
polaco Miskowski, había muerto aún en la pira y el señor
Techow no podía haber olvidado ya su circular destinada “a
.informar a los amigos”.

En el citado panfleto se encuentra una carta de mi amigo
Federico Engels, fechada en Manchester el 23 de noviembre
de 1853, al final de la cual puede leerse lo siguiente:

“En la asamblea de la secretaría central en que se originó
el desafío entre Schramm y Willich, dicen que yo” — [Engels
según Willich] — “cometí el delito de abandonar el recinto
momentos antes de producirse el entredicho o sea, haber pre-
parado toda esa escena. Anteriormente habia sido Marx — [se-
gún Willich] —quien había azuzado a Schramm; ahora, para
cambiar, dicen que fuí yo. Un duelo entre un viejo teniente
prusiano y hábil tirador de pistola y un comerciante que pro-
bablemente jamás en su vida había tomado entre sus manos
un arma de fuego, resultaba ser sin duda una acertadisima
medida para “sacar de en medio” al teniente. Sin embargo en
todas partes el amigo Willich manifestó, ya fuera verbalmente
© por escrito, que nosotros nos habíamos propuesto hacerlo
fusilar... Schramm, sencillamente, se había enfurecido al
advertir la desvergonzada actitud que asumía Willich y con
la consiguiente sorpresa de todos nosotros, le obligó a aceptar
el duelo. Minutos antes ni siquiera el mismo Schramm sospe-
chaba que las cosas tomarían un giro semejante. Jamás acción
alguna fué más espontánea... Schramm únicamente se alejó,
abandonando la sala de audiencias ante el insistente pedido
de Marx que deseaba evitar un escándalo mayúsculo.

FEDERICO ENGELS” — (Der Ritter, etc., pág. 9).

HERR VOGT

Hasta qué punto yo estaba lejos de sospechar que Techow
se prestaría para divulgar esta chismografía estúpida, puede
comprobarse si se lee el siguiente pasaje de este mismo pan-
fleto:

“Originalmente, según lo manifestado a su regreso a Lon-
dres por el mismo Techow frente a mí. y a Engels, Willich
estaba convencido de que yo, por intermedio de Schramm,
me proponía hacer desaparecer la nobleza de la tierra, transmi-
tiendo a todo el mundo esta idea suya. Pero sin embargo, al
reflexionarlo más detenidamente, se dió cuenta de que a un
estratega tan insólito como yo, jamás podía ocurrírsele eli-
minarlo provocando un duelo entre Schramm y él” (lug. cit.
pág. 9).

Los chismes que el señor Techow pasa a Schimmelpfennig
para que éste se los “comunique a sus amigos”, son simplemente
repeticiones de lo que él ha oído decir. Carlos Schapper, quien
al producirse más tarde la división de la Liga se plegó a los
adíctos a Willich y que además había asistido al desafío, me
escribe refiriéndose al mismo: |

“3, Percy Street, Bedford Square
27 de septiembre de 1860.

“Querido Marx:

Con respecto al suceso entre Schramm y Willich, quiero
comunicarte lo siguiente:

El mismo se originó durante una asamblea de la secre-
taría central y a consecuencia de una violenta disputa que se
produjo inesperadamente entre ambos durante la discusión.
Recuerdo perfectamente que pusiste todo de tu parte para cal-

CARLOS MARX
mar los ánimos y componer el asunto, y que además parecías
tan sorprendido por esta explosión repentina, como yo y todos
los demás miembros que se hallaban presentes.

Salud.
Tuyo
CARLOS SCHAPPER”.

Finalmente aún quiero señalar aquí que algunas semanas
después de efectuado el duelo, el mismo Schramm me acusó
de haberme manifestado partidario de Willich, en una cartá
fechada el 31 de diciembre de 1850. El desacuerdo que Engels
como yo manifestamos abiertamente, tantos antes como des-
pués del desafío, le había disgustado momentáneamente. Pongo
a disposición de sus parientes para su revisión esta carta suya,
como también los demás documentos referentes a aquel lance,
que él mismo y Miskowski me hicieron llegar. Considero que
las mismos no deben publicarse.

Cuando a su regreso de Estados Unidos Conrado Schramm
vino a visitarme en Londres, a mediados de 1857, la vida de
aquel hombre de audaz y esbelta figura juvenil ya se había
abatido, minada por la tisis, la que, no obstante, había con-
tribuido a espiritualizar aún más su rostro de rasgos bellamente
característicos. Con el extraordinario buen humor que le era
propio y que no le abandonaba nunca, lo primero que hizo
fué mostrarme riendo su propia esquela mortuoria, publicada
por un amigo indiscreto en uno de los diarios alemanes que se
publicaban en Nueva York. Por prescripción médica Schramm
fué a St. Hélier, en Jersey, donde Engels y yo le vimos por
última vez. Murió el 16 de enero de 1858. En su entierro, al
que asistió toda la población liberal de St. Hélier y todos los

HERR VOGT

emigrantes allí radicados, G. Julián Harney, uno de los mejores
oradores populares ingleses, conocido hacía ya tiempo como
destacado dirigente Cartista y amigo de Schramm durante su
estada en Londres, fué quien pronunció la alocución fúnebre.
La impetuosa naturaleza ardorosamente activa de Schramm,
que nunca se dejaba atar por intereses vulgares, desbordaba
comprensión crítica, vigorosa originalidad de pensamiento, hu-
mor e ingenua bonhomía. Era el Percy Heissporn de nuestro
partido.

Pero volvamos a la carta del señor Techow. Algunos días
después de su llegada a Londres celebró con Engels, Schramm
y yo, un prolongado rendez-vous en una taberna a la que
le habíamos convidado. Este rendez-vous es descrito por él
en su carta dirigida a Schimmelpfennig el 26 de agosto de
1850 y destinada a “ser comunicada a sus amigos”. Yo no le
había visto nunca anteriormente y creo que después tampoco
fueron más de dos las veces en que tuve algún encuentro con
él. Sin embargo inmediatamente supo descubrir todo lo que
pasaba en nuestros cerebros y corazones, apresurándose a remi-
tir a Suiza sin nuestro consentimiento un estudio psicológico
de nuestras personas, cuya divulgación y publicación secreta
encareció a sus “amigos”.

Techow se ocupa mucho de mi “corazón”. Prefiero ser
magnánimo y no seguir sus pasos en ese terreno. “Ne parlons
pas morale” —, como acostumbraba decir la Grisette parisién
cuando su amigo se pone a hablar de política. Detengámonos
algunos instantes ante el destinatario de la carta del 26 de
agosto, el ex teniente prusiano Schimmelpfennig. No conozco
personalmente a este caballero, ni tampoco le he visto nunca.
Deduzco su carácter a través de dos cartas. La primera de ellas
que aquí tan solo presentaré en forma fragmentaria, me fué
remitida por mi amigo W. Steffen, antiguo teniente prusiano y

CARLOS MARX

maestro de la escuela de la división. La misma está fechada
en Chester el 23 de agosto de 1853 y en ella puede leerse lo
siguiente:

“Cierta vez Willich envió alli— a Colonia — a un ayu-
dante suyo llamado Schimmelpfennig. Este me concedió el ho-
nor de mandarme a buscar y parecía estar convencidisimo de
poder juzgar todas las circunstancias mejor que aquellos que
día a día debían enfrentarse con los acontecimientos. Por lo
tanto se forjó un juicio muy mediocre de mi persona cuando
le comuniqué que los oficiales del ejército prusiano en modo
alguno se considerarían felices al tener que luchar bajo la
bandera que él y Willich hacían flamear y que de ninguna
manera se sentían inclinados a declarar citissime la república
de este último. Pero se enfureció aún más al ver que nadie re-
sultaba estar lo suficientemente loco como para prestarse a
divulgar la invitación que él traía para los oficiales y en la
que se les instaba a declararse partidarios de ““aquello'”” que
él denominaba democracia.

"Enfurecido abandonó “aquella Colonia esclavizada por
Marx — [según él mismo me escribió] — para dirigirse a otra
parte donde poder divulgar e imponer ese disparate y hacer
llegar dicho manifiesto a un elevado número de oficiales. Fué
así como el extraño secreto de este método audaz para convertir
en republicanos a los oficiales prusianos, se vió prostituído por
el “espectador” del Kreuzzeitung”.

En la época en que tuvo lugar esta aventura yo no conocía
aún a Steffen, quien recién vino a Londres en 1853. Pero el
tal Schimmelpfennig se caracteriza a sí mismo de manera más
contundente aún, en la siguiente. carta dirigida a aquel tal
Hörfel que más adelante habría de ser reconocido como agente

HERR VOGT

dela policia francesa, alma del comité revolucionario fundado
en Paris a fines de 1850 por Schimmelpfennig, Schurz, Härf-
ner y otros amigos de Kinkel y que además fué el hombre de
confianza de aquellos dos matadores que eran Schurz y Schim-
melfennig.

De Schimmelpfennig a Hörfel (En Paris, 1851).

“Aquí en Londres acaba de producirse ahora lo siguiente. ..
Hemos escrito a todos nuestros amigos influyentes allí — en
América — recomendándoles que preparasen el terreno para el
empréstito — [empréstito de Kinkel] — hablando al pueblo
durante una temporada previa, ya fuera personalmente o por
medio de los diarios, sobre la importancia de la conspiración
y demostrando que los elementos competentes, tanto alemanes,
como franceses e italianos, nunca abandonarían el campo
de batalla. — [¿Acaso esta historia no tiene fecha?]... —
Ahora nuestro trabajo se inicia bien. En cuanto caigan las
primeras personas demasiado obcecadas, éstas no tardarán en
hacerse presentes para aceptar gustosas las condiciones formu-
ladas. Ya que nuestro trabajo ha quedado lo suficientemente
asegurado, me avendré a tener una entrevista mañana con Ruge
y Hang... Mi posición social es, tal como la tuya, por demás
precaria. Es NECESARIO QUE NUESTRO NEGOCIO TOME MEJOR
GIRO MUY PRONTO. [Con esto Schimmelpfennig se refiere al
negocio del empréstito revolucionario de Kinkel].

Tuyo,
SCHIMMELPFENNIG”.

CARLOS MARX

Esta carta de Schimmelpfennig se encuentra entre las Re-
velaciones publicadas por A. Ruge en Louisville, el 11 de
septiembre de 1853 en el Herold des Westens [Heraldo de
Occidente]. Schimmelpfennig, que ya se hallaba en los Esta-
dos Unidos en la época en que esta carta fué publicada, nunca
protestó negando la autenticidad de la misma. Las Revela-
ciones de Ruge son copia de un documento perteneciente “a
los expedientes de la prefectura de policía berlinesa”. Este
documento se compone de notas marginales pertenecientes a
Hinkeldey y de algunos papeles que en París habían sido en-
contrados por la policía francesa entre los efectos de Schim-
melpfennig y Hoórfel, o descubiertos en Bremen en casa del
predicador Dulon, o finalmente también, durante la Batra-
comiomaquia? librada entre la asociación revolucionaria de
Ruge y la asociación de emigrantes de Kinkel, siendo confiados
luego por los mismos adversarios fratricidas a la prensa germa-
no-americana. Muy característica resulta la ironía con que
Hinkeldey se refiere a Schimmelpfennig, afirmando que este
interrumpió su gira de propaganda pro empréstito de la re-
volución de Kinkel, “por creerse perseguido por la policía”,
Entre estas mismas Revelaciones se encuentra también una carta
de Carlos Schurz, “el representante del comité parisién en
Londres”, es decir, del comité de Hörfel, Häfner, Schimmelp-
fennig, etc., que dice así:

“Ayer se resolvió incluir en las conferencias a los miem-
bros de la emigración aquí presentes: Bucher, doctor Frank,
Redz de Viena y Techow, quien no tardará en llegar.

“N. B: Por el momento nada debe comunicársele a este
último, ni verbalmente nt por escrito, sobre esta resolución,

1. Es decir, el combate de las ratas contra las ranas, poema burlesco,
parodia de los poemas homéricos (N. del t.).

HERR VOGT

debiéndose esperar para ello su llegada a ésta”? (K. Schurz, a
“aquellos queridos amigos” de París. Londres 16 de abril de
1851).

Y es a “uno de esos queridos amigos”, el señor Schimmelp-
fennig, a quien Techow dirige su carta del 26. de agosto de
1850, “destinada a ser comunicada a sus amigos”. En primer
término participa a “ese buen amigo” teorías que yo habia
mantenido en riguroso secreto y de las que logró enterarse
durante nuestra entrevista gracias al viejo lema: in vino weritae.

“Yo” — [así le cuenta el señor Techow al señor Schim-
melpfennig para que este se lo “comunique a los amigos” } —
“yo... declaré finalmente que siempre los había imaginado”
— [a Marx, Engels, etc.] — como a hombres superiores y que
estaban muy por encima, de aquel disparate que resulta ser
la bienaventuranza comunista a la Cabet” (pág. 150 del Libro
Mayor).

““¡Imaginado!”... Quiere decir que Techow ni siquiera
tenía noción de los más primarios elementos que sustentaban
nuestras opiniones, no obstante sentirse lo suficientemete mag-
nánimo como para venirse a no imaginárselas precisamente co-
mo a un “disparate”.

No mencionaremos las obras científicas, pero habría bas-
tado con que leyera el Manifiesto del Partido Comunista se-
ñalado más adelante por él como mi “catecismo de los pro-
letarios””, para que hubiera podido encontrar en el mismo un
extenso capítulo intitulado: “Literatura Socialista y Comu-
nista”, y al final un párrafo: “El socialismo y el comunismo
criticamente utópico”, que dice así:

“Los sistemas socialistas y comunistas propiamente di-,
chos, los sistemas de Saint Simon, de Fourier, de Owen, etc.,
hacen su aparición en el primer período de la lucha entre el
proletariado y la burguesía, período descrito anteriormente.

CARLOS MARX

Los inventores de estos sistemas se dieron cuenta del an-
tagonismo de las clases así como de la acción de los elementos
disolventes en la misma sociedad dominante. Pero no advierten
del lado del proletariado ninguna independencia histórica, nin-
gún movimiento político que le sea propio.

Como el desarrollo del antagonismo de las clases va de
par con el desarrollo de la industria, no advierten de antemano
las condiciones materiales de la emancipación del proletariado,
y se aventura en busca de una ciencia social de leyes socia-
les, con el fin de crear esas condiciones,

A la actividad social anteponen su propio ingenio; a las
condiciones históricas de la emancipación, condiciones fantás-
ticas; a la organización gradual y espontánea del proletariado
en clase, una organización completa fabricada por ellos. El
porvenir del mundo se decide con la propaganda y la práctica
de sus planes de sociedad... La importancia del socialismo
y del comunismo crítico-utópico está en razón inversa al
desarrollo histórico. .. He ahi por qué si en muchos respectos
los autores de esos sistemas eran revolucionarios, las sectas
formadas por sus discípulos son siempre reaccionarias, pues
sus secuaces se obstinan en oponer las viejas concepciones de
su maestro a la evolución histórica del proletariado. Buscan
pues, y en eso son lógicos, entorpecer la lucha de las clases
y conciliar los antagonismos. Continúan soñando con la rea-
lización experimental de sus utopías sociales; establecimientos
de falansterios aislados, creación de colonias interiores, fun-
dación de una pequeña Icaria — una edición en doceavo de la
nueva Jerusalén...” (Manifiesto del Partido Comunista,
1848, págs. 21-22) [Los subrayados son de Marx y corres-
ponden a esta edición].

En las últimas palabras la Icaria de Cabet o, como lo
denomina Techow, “el estado de la bienaventuranza”, es

HERR VOGT

señalado claramente como “una edición en doceavo de la nueva
Jerusalén”.

La absoluta ignorancia, confesada por Techow, con res-
pecto a las opiniones que Engels y yo habíamos publicado en
ejemplares impresos muchos años antes de conocerle, es un
factor que explica perfectamente su malentendido. Algunos
ejemplos más para su propia caracterización:

“El — [Marx] —se rie tanto de los tontos que repiten
su catecismo proletario, como de los comunistas a la Willich
y de los burgueses. Los únicos que respeta son los aristócra-
tas, los hombres puros y aquellos que lo son a conciencia. Para
desplazarlos de la soberanía necesita de una fuerza que úni-
camente podrá hallar en el proletariado y es por ello que ha
cortado su sistema sobre ei melde de este ultimo” [pág. 152
del Libro Mayor].

Es decir por lo tanto que Techow “se imagina” que yo he
redactado un “catecismo proletario”. Con ello se refiere al
Manifiesto en el que se critican y, si prefiere, se ‘hace burla”
de todas las utopías críticas y socialistas. Sólo que este ““bur-
larse'”” no resulta tan simple como él se lo “imagina”, requi-
riendo, en cambio, su buen esfuerzo, según ha podido compro-
barse a través de mi obra dirigida contra Proudhon, Misère
de la Philosofie (1847) [La Miseria de la Filosofía]. Te-
chow “se imagina” también que yo he “cortado un sistema”,
mientras lo cierto es que yo desechaba todos los sistemas y
también los que aparecen en dicho Maniftesto, suplantándolos
con la comprensión crítica de las condiciones, el desarrollo y
los resultados generales del legítimo movimiento social. Y
una “comprensión” así, no puede ser repetida, ni “cortada” al
igual de un molde. Extrañamente ingenua es la manera de in-
terpretar la relación entre la aristocracia, la burguesía y cl

CARLOS MARX

proletariado, tal como se la “imagina” Techow y me la ad-
judica a mí.

“Respeto” la aristocracia, me “río”? de la burguesía y para
los proletarios “corto” un sistema para lograr desplazar por
su intermedio a la “aristocracia de la soberanía”. En el primer
párrafo del Manifiesto intitulado: Burgueses y proletarios —
ver Manifiesto, pág. 11 —se explica ampliamente que el
dominio económico de la burguesía y por consiguiente también
en una u otra forma político, es la condición primordial, tanto
para la existencia del proletariado moderno, como para la crea-
ción “de las condiciones materiales necesarias para su libe-
ración”. “El desarrollo del proletariado moderno” (ver Revue
del Neuen Rheinischen Zeitung — [Revista del Nuevo Diario
Renano] — Enero de 1850, pág. 13), tiene como condición
general el desarrollo de la burguesía industrial. Bajo su imperio
ésta recién podrá adquirir la amplia existencia nacional, capaz
de hacer de su revolución una revolución nacional, ya que
es ella la que crea los modernos recursos de producción que
habrán de convertirse en otros tantos recursos para su liberación
revolucionaria. Su imperio comenzará por extirpar las raíces
materiales de la sociedad feudal, despejando el único terreno
en que se hace posible una revolución proletaria”. Es por ello
que en esa misma Revista declaro que todo movimiento pro-
letario del que no haya participado Inglaterra, resulta ser una
mera “borrasca en un vaso de agua”. Ya en 1846, Engels
había desarrollado esta misma opinión en su Situación de la
clase obrera en Inglaterra. Por lo tanto considero que los países
en que es necesario obtener el poder, la aristocracia en su sentido
continental — y es así como Techow entendía a la “aristocra-
cia” — falta por completo la primera hipótesis de una revo-
lución proletaria o sea un proletariado industrial en escala
nacional.

HERR VOGT

Techow pudo encontrar muy claramente expresada en el
Manifiesto mi opinión sobre la posición que en especial los
obreros alemanes adoptaron frente al movimiento burgués,

En Alemania el partido comunista lucha de acuerdo con
la burguesía tantas veces como la burguesía se vuelve revo-
lucionariamente contra la monarquía absoluta, la propiedad
territorial feudal y la pequeña burguesía.

Pero jamás, en ningún momento, olvida este partido des-
pertar entre los obreros una conciencia clara y limpia del
antagonismo profundo que existe entre la burguesía y el
proletariado (Manifiesto, etc. pág. 23).

Cierta vez que por “rebelión”” fuí sometido al interroga-
torio de un jurado burgués, declaré en este mismo sentido: “En
la sociedad burguesa moderna aún existen las clases, pero ya
no las castas. La evolución consiste en la lucha de dichas
clases, pero éstas ya se han unido entre sí contra las castas y
su bienaventurada realeza”” (Pág. 59, Dos procesos políticos
ventilados en Colonia ante los tribunales de febrero de 1849).

¿Qué otra cosa hacía la burguesía liberal en sus proclamas
dirigidas al proletariado desde 1688 hasta 1848, que no fuera
“cortar y medir frases’, para, con el vigor de las mismas,
tratar de desplazar a la aristocracia del poder? ¡Quiere decir que
la simiente que el señor Techow pretende descubrir en mi
teoría secreta, no pasaría de ser el más vulgar de los liberalismos
burgueses! ¡Tant de bruit pour une omelette! [¡ Tanto ruido
por una tortilla!} Pero como por otra parte Techow sabía
también que “Marx” no era un burgués liberal, no le quedó
otro recurso que “llevarse la impresión de que el fin perseguido
por todas sus actividades era únicamente su dominio perso-
nal”. “¡Todas mis actividades!”. .. ¡Vaya expresión mode-
rada para mi única entrevista con el señor Techow!

CARLOS MARX

Más adelante Techow le confía a su querido Schimmelp-
fennig para que éste a su vez se lo “comunique a los amigos”,
que yo había hecho la siguiente manifestación monstruosa:
“Al fin y al cabo era indiferente que desapareciera la miserable
Europa, lo que de todos modos habría de ocurrir dentro de
poco si no se producía la revolución social, para que Amé-
rica, luego, pudiera aprovecharse del antiguo sistema a costas
de Europa” (pág. 148 del Libro Mayor). Mi entrevista con
Techow tuvo lugar a fines de agosto de 1850. En el número
correspondiente al mes de febrero del mismo año de la Revista
del Nuevo Diario Renano, vale decir ocho meses antes de que
Techow me sonsacara este secreto, hice al público alemán la
siguiente revelación:

“Ahora nos toca analizar a América. El hecho más im-
portante, hasta más importante que la revolución de febrero, es
el descubrimiento de las minas de oro de California. Ya ahora,
apenas transcurridos diez y ocho meses de su hallazgo, puede
preveerse que el mismo tendrá resultados infinitamente más
trascendentales que el descubrimiento de América... Por se-
gunda vez el mercado mundial adquirirá una nueva directiva,
Entonces el Océano Pacífico desempeñará un papel tan im-
portante.como el que actualmente juega el Océano Atlántico
y como el que en la antigüedad desempeñaba el Mar Medite-
rráneo, o sea, el de la gran vía fluvial para el tránsito
mundial; y el Océano Atlántico descenderá a la categoría de
un lago continental, tal como la que actualmente ocupa el
Mar Mediterráneo. La única posibilidad de evitar que los
países civilizados de Europa caigan en la misma dependencia
industrial, comercial y política en que actualmente se encuen-
tran Italia, España y Portugal, reside en la revolución social,

etc. (pág. 77 de la Revista. Cuaderno segundo. Febrero de
1850).

HERR VOGT

A la cosecha del señor Techow corresponde tan sólo “la
muerte” de la vieja Europa y la ascensión al trono por Amé-
rica, que habrá de tener lugar a la segunda mañana siguiente
de haberse producido la primera. Hasta qué punto yo vislum-
braba el porvenir inmediato de América, podrá advertirse si
se lee el siguiente pasaje aparecido en esa misma revista:

“Muy pronto se desarrollará la sobreespeculación y aun
cuando entre en juego una considerable cantidad de capital
inglés, esta vez el centro de toda aquella estafa será Nueva
York y, al igual de lo que ocurrió en 1836, será preciso que
también ahora asista previamente a su derrumbe” (pág. 149,
número doble de la Revista correspondiente a los meses de
mayo a octubre de 1850). Este pronóstico mío con respecto
a América, formulado por mí en el año 1850, habría de cum-
plirse punto por punto al producirse la gran crisis comercial
en 1857. En cambio, después de describir su florecimiento
económico, lo que digo de la vieja Europa es lo siguiente: “En
esta prosperidad general, en la que tan generosamente se des-
arrollan las fuerzas productivas de la sociedad burguesa, no
es posible hablar de una revolución de verdad. .. Las distintas
discusiones con que en la actualidad se entretienen y compro-
meten mutuamente las diversas fracciones del partido conti-
nental del orden, lejos de motivar una revolución, son posibles
tan sólo, debido a que momentáneamente las bases de las
circunstancias resultan tan firmes y, cosa que ignora la reac-
ción, tan aburguesadas. Contra ellas se estrellarán todos los
intentos reaccionarios para detener el desarrollo burgués, como
también toda la indignación moral y las entusiastas proclamas
de los demócratas. Una revolución únicamente es posible luego
de una crisis (pág. 153, lug. cit.).

En realidad después de la crisis de 1857 a 1858, la his-
toria europea volvió a tomar un carácter reaccionario y si se

CARLOS MARX

quiere también revolucionario. Lo cierto es que precisamente
durante la época de reacción entre los años 1849 y 1859, la -
industria y el comercio del continente se desarrollaron en una
medida insospechada y simultáneamente con ello se echaron
también las bases materiales para el imperio político de la
burguesía. Durante esa época, en efecto, “toda la indignación
moral y las entusiastas proclamas de la democracia” vinieron
a estrellarse contra las condiciones económicas.

Aún cuando Techow tomara tan a broma la seriedad de
nuestra discusión, no por eso dejó de estimar muy en serio
lo que en ella había de broma. Con aire de enterrador le comu-
nica solemnemente a su querido Schimmelfennig para que
éste se lo “transmita a los amigos”:

“Marx dijo además: en las revoluciones los oficiales siem-
pre resultan ser el factor más peligroso; desde Napoleón a
Lafayette únicamente pueden enumerarse una serie de traidores
y traiciones. Es preciso tener siempre a mano para ellos el puñal
y el veneno” (pág. 153 del Libro Mayor).

Supongo que ni siquiera el mismo Techow pretenderá
endosarme como idea original propia, aquel lugar común, re-
ferente a las traiciones de “los señores militares’, La única
originalidad residiría en todo caso en el “puñal y el veneno”
que es preciso tener siempre preparado para ellos. ¿Acaso Te-
chow no sabía que ya por aquel entonces los gobiernos real-
mente revolucionarios, como por ejemplo, el comité du salut
public tenían preparados para los “señores militares” remedios
que no por ser tan melodramáticos, resultaban menos drásti-
cos? En todo caso el puñal y el veneno habrían estado más
de acuerdo con los efectos de una oligarquía veneciana. Si
Techow volviera a revisar su propia carta, podría advertir,
aunque tarde, la ironía contenida en ese puñal y veneno. El
co-bandido de Vogt y notorio bonapartista, MOUCHARD

HERR VOGT

EDOUARD SIMON, traduce en la Revue Contemporaine — XIII,
París 1860: pág. 258), en su Processe de M. Vogt, etc — el
último párrafo de la carta de Techow, agregándole una glosa
marginal: Marx n'aime pas beaucoup voir des officiers dans
sa bande. Les officiers son trop dangereux dans les revolutions.

Il faut toujours tenir préts pour eux le poignard et le
poison!

Techow, qui est officier, se le tient pour dit; ir se rembar-
que et retourne en Suisse” 1,

Edouard Simon hace que el susto del pobre Techow y su
miedo al “puñal y veneno” que yo tengo preparado para él
sea tal, que opta por escaparse rápidamente, embarcándose de
inmediato para Suiza. El Reichs-Vogt — [gobernador impe-
rial] — publica y manda imprimir con gruesos caracteres el
pasaje referente al “puñal y veneno”, para con ello intimidar
a los filisteos alemanes. Sin embargo este mismo personaje
cómico también escribe en sus Ensayos: “...la navaja y el
veneno del español relucen hoy con un fulgor transfigurado;
es que se trata de la independencia de la Nación” (pág. 79,
lug. cit).

Apunto al pasar: las fuentes históricas españolas e ingle-
sas, referentes al período de 1807 y 1814, hace tiempo que
desmintieron las envenenadas leyendas inventadas por los
franceses. Sin embargo y como es de suponerse, las mismas
continúan existiendo para estos politiquillos.

Finalmente me toca ocuparme de los “chismes” que figu-
ran en la carta de Techow, aprovechando la oportunidad para

1. “A Marx no le agrada mucho ver oficiales en su banda. Los ofi-
ciales resultan ser demasiado nocivos para las revoluciones. Es preciso tener
siempre preparados para ellos el puñal y el veneno. Techow, que también
es oficial, no olvida la advertencia; vuelve a reembarcarse y regresa a
Suiza”,

CARLOS MARX

dejar constancia con algunos ejemplos, de su desenfado his-
tórico:

“En primer lugar se habló de la competencia entre ellos y
nosotros o sea, entre Suiza y Londres. Habrían tenido que
respetar los derechos de la vieja alianza, la que como es lógico,
debido a su definida posición política, no habría podido tolerar
amistosamente la presencia de otra alianza — la del proleta-
riado — en ese mismo terreno” (pág. 143 del Libro Mayor).

La asociación competidora suiza a la que Techow se refiere
aquí y en cuya calidad de representante podemos decir que
en cierto modo nos salió al encuentro, no era otra que la ya
mencionada “centralización revolucionaria”. Su central estaba
instalada en Zurich; a su frente actuaba un abogado que hacía
las veces de presidente y que había sido vicepresidente de uno
de los minúsculos parlamentos de Alemania en 1849. En el
mes de julio de 1850 Dronke llegaba a Zurich donde, en su
condición de miembro de la “Liga” londinense, aquel señor
abogado le hizo conocer una especie de acuerdo que más tarde
debería serme “transmitido” a mí. Este acuerdo dice textual-
mente: |

“Entre la Liga Comunista y la Central Revolucionaria se
ha acordado, teniendo en cuenta la necesidad de una unión
de todos los elementos realmente revolucionarios y después de
que todos los miembros de la Central Revolucionaria hayan
comprendido la necesidad de que el carácter de la próxima
revolución sea netamente proletario, aun cuando no todos sus
miembros se encuentren ya en condiciones de declararse parti-
darios del programa redactado en Londres — Manifiesto, 1848
— aclarar los puntos siguientes:

1) Ambas partes están conformes en continuar trabajan-
do juntamente la Central Revolucionaria tratando

HERR VOGT

de preparar la próxima revolución por medio de la

unificación de todos los elementos revolucionarios y
la Asociación londinense tratando de preparar la so-
berania del proletariado, organizando preferentemen-
te para ello a los elementos partidarios;

2) La Central Revolucionaria instruye a sus agentes y
delegados a fin de que los mismos, al procederse a la
formación de secciones en Alemania, puedan llamar
la atención de los miembros que estimen aptos para
ser incluídos en la Liga Comunista, sobre la existencia
de una organización instituida preferentemente de
acuerdo a los intereses proletarios.

3) y 4) En Suiza la dirección debe ser confiada tan
sólo a legítimos partidarios del Manifiesto londinen-
se dado a conocer en la Central revolucionaria y que,
además, se hará efectivo un informe mutuo”.

De este documento que aún obra en mi poder puede de-
ducirse: que no se trata de dos asociaciones secretas emplaza-
das “en un mismo terreno” — proletariado — sino de la alian-
za entre dos asociaciones que ejercen sus funciones en terrenos
distintos y de tendencias distintas también. Además puede
verse que, además de continuar persiguiendo sus propios fines,
la Central Revolucionaria se declaraba dispuesta a formar una
especie de sucursal destinada a la “Liga Comunista”.

Esta proposición fué rechazada por considerársela incom-
patible con el “principal” carácter de la “Liga”.

“Pero ahora fué a Kinkel a quién tocó su turno... Res-
pondieron... Ellos nunca habían buscado la popularidad
barata. ¡Muy al contrario! En lo que al mismo Kinkel se refe-
ría, afirmaban que de todo corazón le habrían concedido su
popularidad barata, con tal de que él se quedara tranquilo. Pero

CARLOS MARX

después de ser publicado por él aquel discurso de Rastatt en el
Berliner Abendpost — [El Correo de la Tarde, de Berlin} —
ya no fué posible sostener la paz. Sabían que todo el mundo
comenzaría a gritar; y también intuyeron claramente que
con ello se jugaban la existencia de su actual órgano perio-
distico, la Revista del Nuevo Diario Renano. Además sus
temores se habían cumplido. Ese asunto les había costado la
vida, haciéndoles perder a todos los abonados residentes en
la provincia renana y obligándolos finalmente a interrumpir
la publicación de dicha revista. Pero todo eso no significaba
mucho para ellos” (págs. 146-148, lug. cit.).

Ante todo aclaremos: por aquel entonces ni la revista
había dejado de existir, ya que tres meses después aún aparecía
un nuevo número doble de la misma, ni tampoco perdimos
un solo abonado de la provincia renana, según puede atesti-
guarlo mi viejo amigo I. Weydemeyer, ex teniente de la arti-
llería prusiana y por aquel entonces redactor del Neuen Dets-
chen Zeitung — [Nuevo Diario Alemán] —de Francfort,
quien tuvo la gentileza de cobrar para nosotros las suscripciones
de los mismos. Techow, que únicamente conocía de oídas las
actividades literarias desarrolladas por Engels y por mi, tiene
que haber leido por lo menos, nuestra critica del discurso de
Kinkel, ya que a su vez hizo la crítica de la misma. ¿Qué
objeto tenía, por consiguiente, su informe confidencial desti-
nado “a la buena gente” que se encontraba en Suiza? ¿Para
qué ese empeño suyo en “revelarles”” aquello que hacía cinco
meses nosotros ya nos habiamos encargado de revelar al pú-
blico? En la mencionada crítica puede leerse textualmente:

“Sabemos de antemano que provocaremos la indignación
general de los embaucadores sentimentales y grandilocuentes
declamadores democráticos, al denunciar a nuestro partido este
discurso pronunciado por el “Preso Kinkel”. Ello nos es com-

HERR VOGT

pletamente indiferente. Nuestra misión consiste en criticar y
en criticar sin piedad... Y al confirmar esta posición nuestra,
renunciamos gustosos a la barata popularidad democrática. En
modo alguno nuestro ataque empeorará la situación del señor
Kinkel: lo recomendamos a la amnistía, confirmando su
confesión de que no es el hombre por el que se le pretende cono-
cer, declarando que no sólo le consideramos digno de ser am-
nistiado, sino también de entrar al servicio activo del Estado.
Además su discurso ha sido publicado ya” (págs. 70 y 71.
Revista del Nuevo Diario Renano, Abril 1850).

Techow habla de nuestra actitud comprometedora para
con los petits grands hommes de la revolución. Sin embargo
no interpreta esta “actitud comprometedora” en el sentido
policial del señor Vogt. Piensa en cambio que la operación
mediante la cual nosotros despojábamos de las revolucionarias
pieles de lobo con que trataban de disfrazarse ciertas ovejas,
era practicada con el fin de preservarlos y evitar que corrieran
la suerte de aquel famoso trovador provenzal, que fué destro-
zado por unos perros que creyeron en la autenticidad de la
piel de lobo con que se cubría,

Como ejemplo de la incorrección de nuestros ataques, Te-
chow señala ante todo la glosa ocasional referente al general
Siegel en la Descripción de la Campaña por la Constitución
del Reich de Engels (Ver la Revista de marzo de 1850, págs.
70-78).

Compárese por lo tanto la documentada crítica de Engels
con el superficial chismorreo mandado imprimir contra ese
mismo general Siegel por la “Asociación de Emigración Lon-
dinense”, dirigida por Techow, Kinkel, Willich, Schimmelp-
fennig, Schurz, H. B. Oppenheim, Eduardo Meyer, etc., poco
más de un año después de nuestro encuentro con el primero
de los nombrados y motivado únicamente porque Siegel se

P ARAN

CARLOS MARX

mantenía del lado de la “Asociación Revolucionaria” de Ruge
y no del de la “Asociación de Emigrantes” de Kinkel.

El 3 de diciembre de 1851, bajo el título: “La Asociación
Revolucionaria de Londres”, el Baltimore Correspondent, por
aquel entonces una especie de monitor de Kinkel, publicaba
la siguiente descripción del carácter de Siegel:

“Pero continuemos viendo quiénes son esos respetables
señores para los que todos los demás son meramente políticos
faltos de madurez. El generalísimo Siegel. Si alguna vez se
le preguntara a la musa de la Historia cómo esa nulidad in-
colora pudo alcanzar el rango de generalísimo, probablemente
la misma para poder responder, se vería en un aprieto más serio
aún que si se le preguntara algo referente a aquel monstruo
llamado Napoleón. Éste, por lo menos, es “sobrino de su
tio’; pero Siegel es apenas “hermano de su hermano”. Su
hermano se había convertido en un oficial popular gracias a sus
manifestaciones hostiles al gobierno motivadas por los fre-
cuentes arrestos a que se le sometía para hacerle purgar sus
banales calaveradas. Siegel, el más joven, consideró que ello
era motivo suficiente para aprovechar la primera confusión
originada por el levantamiento revolucionario y hacerse aclamar
como generalísimo y ministro de guerra. La artillería badense
que ya muchas veces había demostrado su eficiencia, disponía |
de oficiales, antiguos y expertos, ante los cuales el joven y
| bisoño teniente Siegel quedaba relegado a segundo término, por

lo que sintieron indignados al verse obligados a obedecer a
| un hombre tan joven, insignificante e inexperto, como falto
de talento. Pero existía un Brentano que resultó ser lo suficien-
temente tonto y traidor como para dejar que la revolución
arruinara todo lo que se le viniera en gana. En efecto, resulta
un hecho ridículo, pero no por eso menos efectivo, el que
Siegel se haya nombrado generalistmo a sí mismo y que Bren-

HERR VOGT

tano lo reconociera luego como tal... Por lo pronto resulta
digno de ser apuntado como un rasgo característica de Siegel, el
que éste dejara sin los refuerzos prometidos a los soldados
más valientes del ejército republicano que se debatían en una
estéril lucha en Rastatt y en la Selva Negra, mientras él se
paseaba por Zurich en el cabriolet del principe de Fürstenberg,
luciendo sus charreteras y representando el papel de un ge-
generalísimo interesante y desdichado. Esta es la conocida grande-
za del político maduro al que, “consciente”? de sus pasadas he-
roicidades, se le permitió imponerse por segunda vez en calidad
de jefe supremo a la Asociación Revolucionaria. Esta es la
gran celebridad; el hermano de su hermano. La imparcialidad
nos exige que también escuchemos por un instante lo que dice
la “Asociación Revolucionaria” de Ruge, a través de la persona
de su prohombre Tausenau. Tausenau dice entre otras cosas
en una circular abierta fechada en Londres el 14 de noviembre
de 1851 y dirigida “al ciudadano Seidensticker”, refiriéndose
a la Asociación de Emigrantes fundada por Kinkel, Te-
chow, etc.:

“* ¡usted manifiesta su convencimiento de que la unión
de todos resultaría beneficiosa para la patria y las necesidades
de una revolución. La “Asociación Revolucionaria” alemana
comparte esta convicción que sus adictos pusieron en práctica
a través de amplios intentos de unificación con Kinkel y sus
partidarios. Pero todas las bases para una cooperación política
desaparecían apenas se creía haberlas conquistado y se suce-
dían siempre renovados espejismos: arbitrariedades oponién-
dose a antiguos convenios, intereses aislados, ocultos bajo la
máscara de la condescendencia, aparición sistemática de mayo-
rías, presentación de celebridades desconocidas como jefes or-
ganizadores de partidos, intentos para lograr imponer una
comisión secreta de finanzas, o como quiera llamarse a todas

ee ee ae ee

CARLOS MARX

aquellas jugadas con que los poco duchos politicos de todos
los tiempos pretendieron siempre regir desde el exilio los des-
tinos de su patria, mientras ya las primeras olas del calor
revolucionario bastan para convertir en meras nubecillas de
verano a esa clase de jactancias... Fuimos denunciados pública
y abiertamente por los partidarios de Kinkel; la PRENSA
REACCIONARIA ALEMANA, inaccesible para nosotros, estaba
repleta de informaciones que nos eran desfavorables, pero que
en cambio fueron favorables para Kinkel, hasta que éste final-
-mente emprendió viaje a los Estados Unidos para dictarnos
desde allí, valiéndose para ello, de su llamado empréstito alemán
allí iniciado, una unión o, mejor dicho, una subordinación
y dependencia ambicionada por todos los organizadores de la
fusión financiera de los partidos. Se puso tanto empeño en
guardar el secreto de la partida de Kinkel, que recién nos
enteramos de ella a través de las noticias publicadas por los
diarios norteamericanos sobre su llegada a Nueva York. Estos
y otros más fueron los motivos que obligaron a los revolu-
cionarios positivamente serios y que no sobreestimaban su
propia eficacia, pero que conscientes de acciones anteriores po-
dían afirmar que estaban respaldados por sectores de pueblo
claramente circunscriptos, entrar a formar parte de una aso-
ciación que, a su manera, trataba de apoyar los intereses de
la revolución”. Kinkel, como también la mayoría de los ga-
rantes nombrados por él, es acusado además de haber invertido
los fondos por él reunidos “para beneficiar a un núcleo de-
terminado”, según lo ha revelado su comportamiento obser-
vado, tanto aquí — Londres —como en América.

Al final puede Icerse lo siguiente:

“No prometemos a nuestros amigos que les pagaremos
rentas ni que les devolveremos sus ofrendas patrióticas, pero
sabemos que su confianza quedará ampliamente justificada

HERR VOGT

por nuestra actividad honesta” — ¿servicio esmerado? — “y
consciente rendición de cuentas, que les hará acreedores al
agradecimiento de su patria cuando demos a publicidad la lista
de sus nombres” (Baltimor Wecker del 29 de noviembre de
1851).

Esta era la indole de “actividad literaria” que por el térmi-
no de tres años desarrollaron en la prensa germano-americana
los héroes democráticos de la “Asociación Revolucionaria” y
de la “Asociación de Emigrantes” y a las que más tarde habría
de sumarse también “La Unión Revolucionaria de Ambos
Mundos”, fundada por Gógg. (Ver suplemento N? 6).

Además el conflicto entre los fugitivos se había iniciado
con un desafío papiráceo entre los parlamentarios Sitz y Rés-
ler von Oels.

Añadimos aqui otro hecho que caracteriza a los “buenos
amigos” de Techow.

Schimmelpfennig, el destinatario de la carta dirigida por
Techow “para ser transmitida a los amigos”, había fundado
en París y a fines de 1850, según lo ya mencionado por nos-
otros más arriba, un llamado Comité Revolucionario, con-
tando para ello con la colaboración de Horfel, Hafner, Gogg
y otros. Más adelante se sumó a ellos K. Schurz.

Hace algunos años se me entregó, para que yo le diera el
uso que estimara más conveniente, un documento perteneciente
a un antiguo miembro de este comité, dirigido a uno de los
exilados políticos refugiados aquí. Ese papel se encuentra aún
en mi poder.

En el mismo puede leerse entre otras cosas:

“Todo el Comité se componía únicamente de Schurz y
Schimmelpfennig. Las demás personas que habían sido invi-
tadas a colaborar con ellos, únicamente hacían las veces de fi-
gurantes. Por aquel entonces aquellos dos señores creían que

PA A ere

| CARLOS MARX

Ss

muy pronto podian poner al frente de sus negocios en Ale-
mania al tal Kinkel, del que se habian apoderado con ese
fin. Sobre todo odiaban los sarcasmos de Ruge como también
las críticas y demoniacas actividades de Marx. En ocasión de
celebrarse una reunión de dichos caballeros con sus colabora-
dores, nos ofrecieron una descripción realmente interesante de
Marx, inculcándonos un concepto exagerado de su peligrosidad
pandemoniaca... Schurz y Schimmelpfennig presentaron una
solicitud, en la que se pedía la anulación de Marx. Para ello
se recomendaba poner en práctica intrigas, acusaciones y hasta
las CALUMNIAS más desvergonzadas. À continuación se pro-
cedió a votar a favor de dicha proposición, tomándose una
resolución, si es que así quiere denominarse este juego infan-
til. El primer paso dado para su realización fué el estudio del
carácter de Marx publicado a principios de 1850 en el Feui-
lleton des Hamburger Anzeiger — [Folletín del Noticiario
Hamburgués] — por L. Häfner y basado sobre la descripción
mencionada más arriba, perteneciente a Schurz y Schimmelp-
fennig”.

No cabe duda de que entre el folletín de Háfner y la carta
de Techow existe la más sorprendente afinidad electiva, aún
cuando ni el primero, ni la segunda pueden compararse con la
“Lausiada'”” — [de piojos: Läuse en alemán. N. del t.] — de
Vogt. Es preciso no confundir la “Lausiada” con las “Lusia-
das de Camoéns. Originalmente “Louisiad'”” es una epopeya
cómico-heroica de Pedro Píndaro.

CAPÍTULO V

REGENTE IMPERIAL Y CONDE PALATINO

Vidi un col capo si di merda lordo,

Che non parea, s'era laico, o chercho.
Quei mi sgrido: Perche sé tu si ngordo
Di riguardar piu me, che gli altri brutti.

DANTE 1.

El así vapuleado señor Vogt sentía una poderosa necesidad
de establecer cuál era la causa por la que precisamente él atraía
en calidad de “bête noir”, o sea carnero negro, las miradas de
la Banda de Azufre. Por lo tanto Cherval y la fracasada
conspiración que debió tener lugar durante la celebración de
la fiesta central en Lausanne, se vieron compendiados por una
aventura igualmente real, habida con el “prófugo regente im-
perial”. Es necesario no olvidar que por aquel entonces Vogt
era virrey de la isla parlamentaria de Barataria. El mismo nos
lo relata:

“A comienzos del año 1850 apareció la Deutsche Mo-
natsschrift — [Revista Mensual Alemana] — de Kolatschek.

1. “Vi de alguien yo la cabeza tan sucia de mierda,
no sé si clérigo o lego. por ella no se le veía.
Que me gritó: ¿Por qué te afanas tanto
por reconocerme entre todos los sucios?”

CARLOS MARX

Inmediatamente después de aparecido el primer número la
Banda de Azufre hizo que uno de sus miembros — [el mismo
que más adelante emprendió viaje con rumbo a América} —
publicara un panfleto intitulado: “El prófugo regente im-
perial Vogt, sus adictos y la Deutsche Monatsschrift de Adolfo
Kolatschek, panfleto éste que también fué mencionado por el
Allgemeine Zeitung... Con la publicación de este panfleto
queda evidenciado una vez más el sistema aplicado por la
Banda de Azufre” (pág. 163, lug. cit). Luego sigue un am-
puloso relato de cómo en dicho panfleto, un artículo anónimo
sobre Gagern y sin duda redactado por el profesor Hagen “fué
atribuído” a Vogt, el fugitivo regente imperial, puesto que
la banda de azufre sabia’ que “por aquel entonces Hagen
residía en Alemania. Apercibido por la policía badense, no se
le podía nombrar abiertamente sin exponerlo a lo más severos
vejámenes”” (pág. 163).

Schily, en su carta fechada en París el 6 de febrero, me
dice: “El que Greiner, que de acuerdo a mis noticias, nunca
estuvo en Ginebra, se viera envuelto en los asuntos de la
Banda de Azufre, se debió a la publicación de su responso
para el “fugitivo regente imperial”, cuyo redactor fué locali-
zado y denunciado por ls parlamentarios a D'Ester, hasta
que finalmente yo mismo informé sobre la verdad en una carta
a un colega y amigo de Vogt”.

Greiner era miembro del gobierno provisional del Pala-
tinado. Su gobierno fué “un espanto” — [ver los Ensayos de
Vogt, pág. 28] -—sobre todo para mi amigo Engels, al que
mandó apresar en Kirchheim, valiéndose para ello de falsos
pretextos. El mismo Engels relató detalladamente todo este
acontecimiento tragi-cómico en la Revista del Nuevo Diario
Renano — págs. 53 a 55, Número correspondiente al mes de
febrero de 1850). Y esto es todo lo que sé acerca del señor

HERR VOGT

Greiner. El que el fugitivo regente imperial se valiera de toda
clase de embustes para complicarme en su conflicto con el
“conde palatino”, revela “una vez más” el sistema de acuerdo
al cual ese hombre imaginativo en exceso ha compuesto “la
vida y milagros de la Banda de Azufre”.

Sin embargo me reconcilia su humor legítimamente fals-
tafiano con que hace que “el conde palatino se ausente de
inmediato con rumbo a América”. Una vez que el conde pa-
latino hubo lanzado el panfleto dirigido contra el “fugitivo
regente imperial” como si fuera una flecha partiana, Greiner
se sintió presa del terror. Algo le impulsaba a abandonar Suiza
y pasar a Francia, y de Francia a Inglaterra. Ni siquiera se
sintió lo suficientemente seguro en la margen opuesta del Canal
de la Mancha, de modo que prosiguió su viaje a Liverpool,
donde subió a bordo de un Canard Steamer a cuyo capitán
le gritó muy agitado: “¡Salgamos de aquí y crucemos el Océa-
no!” Y el stern mariner le respondió:

“Os arrebataré a las garras del gobernador [Vogt]!
Otro habrá de ayudaros a campear el temporal” ?,

2. Cita extraída del Guillermo Tell de Schiller, donde Vogt quiere
significar gobernador (N. del t.).

CAPÍTULO VI
VOGT Y EL NUEVO DIARIO RENANO

Sin kumber was manecvalt1

“ El mismo Vogt declara que en el Libro Mayor su ‘‘aten-
ción — pág. 162 — se dirige sobre “la evolución de su posición
personal con respecto a aquel núcleo” [Marx y sus compin-
ches]. Es extraño, pero lo cierto es que únicamente se dedica
a relatar conflicto jamás vividos por él y a vivir conflictos que
nunca llega a relatar. Es por ello que me veo obligado a oponer
un trozo de historia real a sus historias cinegéticas. Si se hojea
el tomo del Nuevo Diario Renano correspondiente al 1% de
junio de 1848 al 19 de mayo de 1849, podrá comprobarse
que, con una única excepción, el nombre de Vogt no figura
durante el transcurso del año 1848 en los artículos de fondo
ni las informaciones publicadas en dicho periódico. Única-
mente se le encuentra en las noticias diarias sobre los debates
parlamentarios. El corresponsal de Francfort no olvidaba nunca
— con gran satisfacción de parte del señor Vogt—- de registrar
minuciosamente el ‘‘aplauso’’ obtenido “por los discursos que
él mismo pronunciaba”. Vemos por lo tanto que mientras las

1. “Su preocupación era múltiple”.

CARLOS MARX

derechas de Francfort contaban con las fuerzas unidas de un
Arlequín, como lo era Lichnowsky y de un payaso como lo
era von Vinke, las izquierdas disponían tan sólo de los aislados
sainetes que representaba un único Vogt. Comprendimos en-
tonces que éste necesitaba de algún aliento.

That important Fellow
The children’s wonder — Signor Punchinello, ?

por lo que resolvimos dejar que el corresponsal continuara
como hasta entonces. Pasados mediados de septiembre, se pro-
dujo un cierto cambio en el color de las informaciones,

Vogt, que en los debates sobre el armisticio de Malmóe
había instigado el amotinamiento con sus redomontadas re-
volucionarias, puso todo de su parte para que en el mismo
momento de su aceptación fracasaran las resoluciones tomadas
por la asamblea popular en la Pfingst weide — [pradera de
Pentecostés] — las que ya habían sido aprobadas por una par-
te de la extrema izquierda. Una vez sofocada la guerra de ba-
rricadas, convertido Francfort en un campamento militar y
proclamado el estado de sitio el 19 de septiembre, ese mismo
Vogt, accediendo al pedido insistente de Zacarías, se declaró
conforme con la urgente aceptación de las medidas hasta en-
tonces tomadas por el ministerio imperial y con que se les
dieran las gracias a las tropas del Reich. Antes de que Vogt
ocupara la tribuna, hasta el mismo Venedey se había opuesto
a la “urgencia” de dichas proposiciones, declarando que en un
momento como aquel, la discusión abierta atentaba contra la
dignidad de la asamblea. Pero Vogt estaba a las órdenes de

2. “Ese amigo importante — Asombro de los niños, Signor Punchi-
nello”.

HERR VOGT

Venedey. En castigo coloqué en el informe parlamentario
detrás de la palabra “Vogt”, la palabra ““charlatán'””. Fué éste
un lacónico toque de advertencia para el corresponsal de
Franckfort.

Durante el siguiente mes de octubre Vogt no sólo aban-
donó sus funciones o sea, el agitar la palmeta de bufón por
sobre las cabezas de la mayoría, que por aquel entonces se
sentía osada y ávidamente reaccionaria. Ni siquiera se atrevió
a firmar la nota de protesta elevada por Zimmermann de Span-
dau, en nombre de aproximadamente cuarenta diputados, con-
tra la ley protectora de la asamblea nacional del 10 de octubre.
Esta ley — según lo destacado con acierto por Zimmermann —
constituía la más desvergonzada intromisión en los derechos
del pueblo conquistados con la revolución de marzo; libertad
de palabra, libertad para reunirse y libertad de prensa. Hasta
Etsermann elevó una protesta similar. Pero Vogt estaba por
debajo de Etsermann, Cuando más adelante, al fundarse la
“Asociación Cultural’ pretende volver a hacer valer su im-
pertinencia, su nombre reaparece en un artículo del Nuevo
Diario Renano — número del 29 de diciembre de 1848 —, en
el que la Asociación de Marzo es calificada de “inconsciente
instrumento de la contrarrevolución” y en el que apenas se hace
una crítica aniquilante de su programa, presentándose a Vogt
como a la mitad del doble personaje cuya otra mitad la cons-
tituía Vinke. Algo más de una década más tarde, ambos “mi-
nistros del porvenir’’ reconocieron su correlación mutua, con-
virtiendo en su lema, la división de Alemanta.

El que nosotros interpretamos con acierto a la “Asociación
de Marzo”, no sólo nos lo ha demostrado su evolución pos-
terior. También la “Liga Popular” — [Volksbund] —, de
Heidelberg, la “Asociación Democrática”*, de Breslau, la “Aso-
ciación Democrática”, de Jena, etc., rechazaron con burlas sus

CARLOS MARX

insistentes requerimientos amorosos y los miembros perte-
necientes a las extremas izquierdas que se habían afiliado a
ella, confirmaron nuestra crítica del 29 de diciembre de 1848.
Pero Vogt, con su callada grandeza de alma, se dedicó a re-
colectar brasas ardientes para lanzarlas a nuestras cabezas, según
podrá comprobarse a través de la siguiente cita:

N? 243 del Nuevo Diario Renano, Colonia.
12 de marzo de 1849

La llamada “Asociación de Marzo” de la intitulada
“Asamblea Popular” tiene el descaro de hacernos llegar la si-
guiente carta litografiada:

“La Asociación de Marzo” ha resuelto redactar una lista
de todos los diarios que nos ofrecieron sus columnas, para co-
municársela a todas las asociaciones relacionadas con nosotros.
Gracias a esta unificación así obtenida, dichos órganos deberán
ser preferentemente beneficiados con la inserción de los anun-
cios “correspondientes. Al comunicarles por intermedio de ésta,
la lista así confeccionada, no creemos necesario recordarles la
importancia que los avisos pagados tienen para los diarios,
puesto que representan la principal fuente de ingresos con que
suelen contar todas las empresas periodísticas.

Francfort, a fines de febrero de 1848.

LA COMISIÓN DIRECTIVA DE LA “ASOCIACIÓN
- CENTRAL DE MARZO”

“En la lista adjunta figuran los diarios que brindaron sus
columnas a la “Asociación de Marzo”. Por lo tanto deberán

HERR VOGT

ser privilegiados por los miembros de la misma con la corres-
pondiente publicación de avisos. Figura también el nombre
del Nuevo Diario Renano, provisto, por ende, de un honroso
asterisco. Declaramos que nunca nuestro diario brindó sus
columnas a la “Asociación de Marzo”... El que dicha asocia-
ción señale en su litografiado comunicado a nuestro diario, co-
mo a un órgano propio entre aquellos que en efecto le ofre-
cieron sus páginas, resulta ser sencillamente una calumnia para
el Nuevo Diario Renano y una jactancia absurda por parte de
la “Asociación de Marzo”...

“Lógicamente no disponemos de respuesta alguna a la sucia

mención de aquellos patriotas ansiosos de provecho y azuzados `

por la importante competencia que en un diario significan los
anuncios pagados, como la principal fuente de ingresos con
que cuenta la empresa. "También en esto, como en todo, el
Nuevo Diario Renano se ha diferenciado de los patriotas, al no
considerar al movimiento político como una caballeresca rama
industrial o fecunda fuente de ingresos”.

Poco después de este áspero rechazo de la fuente de ingre-
sos ofrecida por Vogt y sus compinches, el Nuevo Diario Re-
nano fué plañideramente mencionado en una asamblea de la
Asociación Central Comercial, presentándoselo como un ejem-
plo de “disgregación típicamente alemana”. Al final de nues-
tra respuesta a esa jeremiada— [N° 248 del Nuevo Diario
Renano] —, Vogt es señalado como “pequeño universitario,
cervecero gruñón y fracasado Barrot Imperial”. Es verdad que
por aquel entonces — 15 de marzo — no había tenido opor-
tunidad aún de comerse el ajo concerniente a la cuestión im-
perial. Pero nosotros ya habíamos llegado definitivamente al
cabo de la calle en lo que al señor Vogt se refería, pudiendo
considerar por consiguiente como un hecho indiscutible, su fu-
tura traición, aún ni siquiera definida para él mismo.

CARLOS MARX

A

A partir de entonces entregamos a Vogt y sus compinches
a las manos de Schlöffel, hombre tan joven como espiritual,
que a principios de marzo había llegado a Francfort prove-
niente de Hungría y que a partir de entonces nos mantenía al
tanto de todos los temporales que se producían en el estanque
de ranas que por aquel entonces resultaba ser el Reich.

Entretanto Vogt había caído tan bajo — como es de su-
poner, él mismo había contribuído más a esta caída que el mis-
mo Nuevo Diario Renano —, que hasta Basserman pudo aven-
turarse a acusarlo de apóstata y renegado.

A consecuencia de su participación en el levantamiento de
Elberfeld, un redactor del Nuevo Diario Renano se vió preci-
sado a huir y poco después yo mismo fuí expulsado de Pru-
sia, tras fracasar, gracias a los jurados,.los reiterados intentos
de hacerme callar por medio de procesos y la repetida renuncia
hecha por el órgano oficial del ministerio impuesto por el gol-
pe de Estado, el Neue Preussische Zeitung — [Nuevo Diario
Prusiano] — a “la monumental desvergüenza del Nuevo Dia-
rio Renano, comparado con el cual hasta el Moniteur de 1793
resultaba ser insignificante” [Ver el N? 299 del Nuevo Dia-
rio Renano}. Esa clase de ‘‘desvergüenzas monumentales” es-
taban en su lugar en una fortaleza prusiana y en una época
en la que la contrarrevolución victoriosa trataba de impresio-
nar al mundo recurriendo para ello a la brutalidad más des-
vergonzada.

El 19 de mayo de 1849 apareció el último número del
Nuevo Diario Renano — número rojo —. Mientras éste exis-
tió, Vogt había tolerado y callado. Cada vez que algún par-
lamentario se permitía reclamar, ello ocurría siempre en forma
modesta y más o menos de esta manera:

“Muy señor mio: no menosprecio en su periódico la cri-
tica aguda debido a que vigila con idéntica severidad a todos

HERR VOGT

los partidos y a todas las personas por igual? [Ver el N° 219
correspondiente al 11 de febrero de 1849. La reclamación de
Wesendonk}. Una semana después de la desaparición del Nue-
vo Diario Renano, Vogt, cubierto por el manto de la inmuni-
dad parlamentaria, por fin creyó poder tomar de los pelos la
largamente añorada oportunidad para poner en “vigor” la
“materia” durante tanto tiempo almacenada en lo más recón-
dito de su corazón. Un redactor del Nuevo Diario Renano,
Guillermo Wolff, acababa de incorporarse a aquella asamblea
de Francfort ‘‘que se hallaba en pleno proceso de disolución
progresiva”, para substituir a un parlamentario silesiano que
había acabado su mandato,

Para poder comprender la siguiente escena desarrollada du-
rante la sesión celebrada por el parlamento el 26 de mayo de
1849, es preciso recordar que por aquel entonces ya habían
sido sofocados el levantamiento de Dresde y los movimientos
parciales producidos en la provincia renana; que se esperaba
la intervención Imperial en Baden y en el Palatinado; que el
ejército ruso marchaba sobre Hungría y, finalmente, que el
ministerio del Reich acababa de dejar sin efecto las resolucio-
nes tomadas por la asamblea. En el orden del día figuraban
dos “proclamas al pueblo alemán”, una de ellas registrada por
Uhland y proveniente de la mayoría y la otra del centro de
los miembros pertenecientes a un comité de los treinta. Hacía
las veces de presidente un caballero natural de Darmstadt, un
tal señor Reh — corzo éste que más tarde habría de conver-
tirse en conejo — “separándose finalmente también de aque-
lla “asamblea en pleno proceso de disolución”. Transcribo del
informe oficial estenografiado N? 229, sesión 228 celebrada
en la Iglesia de San Pablo:

WOLFF (de Breslau): — ¡Señores! He dejado que se me
alistara en las filas de los contrarios a la proclama dirigida al

CARLOS MARX

pueblo, a esa misma proclama que, concebida por la mayoría,
fué leida en este mismo lugar, puesto que la considero funda-
mentalmente en desacuerdo con las actuales circunstancias; por
que la encuentro demasiado débil y apta tan solo para ser pu-
blicada en calidad de artículo periodístico en los diarios que
representan al partido del que salió dicha proclama, y que no
la creo digna de ser dirigida al pueblo alemán. Como ahora
también acaba de darse lectura a una segunda proclama, quie-
ro apuntar tan sólo al pasar, que me declararía mucho más
contrario aún a esta última, por motivos que no creo necesa-
rigs mencionar aquí.

UNA VOZ DEL CENTRO: — ¿Y por qué no?

WOLFF: — Yo me refiero únicamente a la proclama de la
mayoría, la que por cierto ha sido redactada en términos tan
medidos, que ni siquiera el señor Buss ha podido decir mucho
en su contra y no cabe duda de que ello resulta ser la peor
recomendación para una proclama. No, señores, no; si ustedes
pretenden ejercer aún alguna influencia sobre el pueblo, será
preciso que le hablen al pueblo de manera distinta a lo que lo
hacen en dicha proclama; es preciso no hablar de legalidad ni
de terreno legal, etc., sino referirse a la ilegalidad en el mismo
tono en que hablan de ella los gobiernos, los rusos — y cons-
te que al decir rusos me refiero a los prusianos —, los austría-
cos, bávaros y hanoverianos — [Murmullos y risas] —.
“Todos estos han sido reunidos bajo el rubro general de rusos.
— [Grandes carcajadas] —. Sí, señores mios, también en esta
asamblea están representados los rusos. Será preciso que uste-
des les digan: tal vez como vosotros consideráis el punto de vis-
ta legal, así también lo consideraremos nosotros. Se trata del
punto de vista de la violencia y entre paréntesis, explíquenles
ustedes la legalidad, oponiendo a la violencia de los cañones de
los rusos, las bien organizadas tropas de asalto. En el supuesto

HERR VOGT

caso de que deba dictarse una proclama, dicten una proclama
en la que desde un principio declaren fuera de la ley al primer
traidor del pueblo o sea, al regente del Reich.

EXCLAMACIÓN: — ¡Silencio! — [entusiasta ovación en
la galería].

WOLFF: — Del mismo modo a todos los ministros...

Renovado movimiento.

—jOh, no Fo que se me EE Es el principal
traidor del pueblo. .

PRESIDENTE: — Considero que el señor Wolff acaba de
excederse olvidando hasta las más elementales normas de res-
peto. No es posible que ante esta sala califique de traidor del
pueblo, al archiduque regente del Reich, por lo que me veo obli-
gado a llamarle al orden. Por última vez invito al público de
las galerías a no intervenir en el debate, tal como acaba de
hacerlo.

WOLFF: — Yo, por mi parte, acepto el llamado al orden
y declaro que me había propuesto violar el orden y repito que
tanto él como sus ministros, no son más que traidores.

Desde todos los rincones de la sala se escuchan gritos de:

—; Silencio! ¡Esto es una grosería!

PRESIDENTE: — ¡Me veo obligado a retirarle la palabra!

WOLFE: — Bueno, protesto; mi intención era hablar aquí
en nombre del pueblo y decir lo que piensa el pueblo. Protesto
contra toda proclama que haya sido concebida en esos términos.

Gran agitación en la sala,

PRESIDENTE: — Señores, concededme la palabra por un
instante. Caballeros, puedo afirmar que el episodio que acaba
de producirse es el primero de esta índole desde que el parla-
mento sestona aquí.

[En efecto fué ése el primero y único suceso ocurrido en
aquel club de debate].

CARLOS MARX

—Hasta la fecha ningún orador ha declarado aquí haberse
propuesto violar el orden y los fundamentos que rigen en esta
casa.

[Al producirse una llamada al orden similar Schôffel ha-
bia declarado en la sesión del 25 de abril: “Acepto este Hama-
do al orden con tanto mayor gusto, por cuanto espero que
no tardará en llegar el día, en que esta asamblea será llamada
al orden de una manera muy distinta”).

—Sefiores, debo lamentar profundamente que el señor
Wolff, recientemente ingresado a esta casa, debute de esta ma-
nera...

[Está visto que Reh considera este asunto desde un ‘punto
de vista teatral].

— ¡Caballeros! He pronunciado contra él mi llamado al
orden, debido a la grosera ofensa que acaba de permitirse en
cuanto al recuerdo y a la consideración que debemos a la per-
sona del señor regente del Reich... l

Luego la asamblea continúa desarrollándose normalmente.
Hagen y Zachariii pronuncian extensos discursos, uno de ellos
declarándose partidario y el otro contrario a la proclama de la
mayoría. Finalmente se levanta VOGT de Gressen:

— ¡Caballeros! Permitidme algunas palabras; no quiero
cansaros. Es exacto el que el parlamento ya no es como el que
el año pasado se reunía aquí y damos gracias al ciclo — [¡ Vogt,
el devoto de Köhler, da gracias al cielo!] — de que así haya le-
gado a ser. — ¡Sí, señores! ¿De que así haya: llegado a ser! —
y que aquellos que desesperaron de su pueblo y que en el mo-
mento decisivo traicionaron la causa del mismo, se hayan se-

parado de esta asamblea! Señores, he pedido la palubra
[quiere decir que hasta ahora la oración de gracias era tan sólo
una patraña] — para defender la limpida corriente — {; Vogt
defiende la corriente!] — que, proveniente de un alma de poe-

HERR VOGT

ta — [i Vogt se vuelve espiritual! ] — alimentara esa procla-
ma, del lodo infamante que se pretendió mezclar o arrojar en
ella — [Sin embargo aquella corriente cristalina ya había sido

absorbida por la proclama] —, para defender estas palabras
— [Como todo en Vogt, también esta corriente se convierte
en palabras] — del barro almacenado durante este último mo-
vimiento, y que amenaza con ahogar y ensuciarlo todo. ¡Sí,
señores! ¡Sí! Es — [Vogt se refiere al barro] — barro y es
lodo — [¡El barro es lodo!] — que de esta manera — [¿De
qué manera?] — es arrojado sobre todo pensamiento puro que
pueda concebirse, y deseo manifestar mi profunda indignación
— [¡Vogt profundamente indignado! ¡Quel tableau... qué
cuadro!] — al ver que haya podido ocurrir algo semejante —
[¿QuérI]—] ...

Y todo lo que Vogt dice es... lodo.

Wolff no había pronunciado una sola palabra acerca de la
redacción de UHLAND de dicha proclama. Según lo declarado
reiteradas veces por el presidente, se le había llamado al orden,
había sido él quien había provocado toda aquella tormenta
al declarar traidores del pueblo al regente del Reich y a todos
sus ministros. Pero “el archiduque regente del Reich”, el “des-
vencijado Habsburgo” — [Ensayos de Vogt, pág. 28] — y
“todos sus ministros” representan para Vogt, ‘todo pensa-
miento puro que pueda concebirse”. Canta con Walther von
der Vogelweide:

des fürsten milte Gz Osteriche
frôit dem süezen régen gelich
beidiu liute und ouch daz lant.

[La benevolencia del archiduque de Austria,
beneficia, al igual de la dulce Iluvia,
a los hombres como al pais].

CARLOS MARX

¿Acaso ya por aquel entonces Vogt mantenía sus poste-
riormente confesadas “relaciones científicas” con el archiduque
Juan? (Ver pág. 26. Documentos. Libro Mayor).

Diez años después este mismo Vogt declara en sus Ensayos,
pág. 27: “Por lo menos es seguro que la Asamblea Nacional
de Francia y sus dirigentes, menospreciaron las cualidades de
Luis Napoleón, del mismo modo como los dirigentes de la
Asamblea Nacional de Francfort menospreciaron a su vez, las
del archiduque Juan, y que cada cual en su esfera, ambos bri-
bones hicieron pagar caro los errores cometidos. Nada más aje-
no a nuestra intención que el pretender poner a ambos en un
mismo plano. La tremenda falta de consideración, etc., etc. —
[de Luis Bonaparte] —. Todo esto contribuye a hacerle apa-
recér como muy superior al anciano y ya gastado Habsburgo”.

Durante esa misma sesión Wolff hizo que Wirth, el dele-
gado de Sigmaringen, desafiara a Vogt a sostener con él un
duelo a pistola y al comprobar que el tal Vogt resolvía con-
servar sano su pellejo para el Reich *, le amenazara con pro-
pinarle un castigo corporal. Pero cuando al salir de la iglesia
de San Pablo, Wolff encontró a Carlos el Valiente custodiado
por dos señoras, rompió a reír y con sonoras carcajadas, resol-
vió abandonarlo a su suerte, Wolff — [Lobo] —, cuyos dien-
tes y corazón hacen honor a su nombre, no deja de ser sin
embargo un manso cordero frente al sexo débil. Su única ven-
ganza, muy inofensiva por cierto, fué la publicación de un

3. Kobes I relata en el ya mencionado panfleto de Jacobo Venedey:
“Al ver que durante aquella sesión en la iglesia de San Pablo, en la que
Gagern abrazó a Gabriel Riesser al finalizar éste su discurso imperialista,
Carlos Vogt abrazaba al delegado Zimmermann con énfasis burlón y so-
noro griterio, le grité: “¡Deja ya las pillerías!”” Entonces Vogt creyó te-
ner que ofenderme con una desafiante palabrota y al exigirle yo una jus-
tificación personal, tuvo el valor — tras las innumerables idas y venidas
efectuadas por un amigo común — de no responsabilizarse de dicha ofen-
sa” (págs .2h, 22, lug. cit.).

15C

HERR VOGT

artículo en la Revista del Nuevo Diario Renano — [número
de abril de 1850, pág. 73] — intitulado: “‘Ulterioridades del
Reich”, en el que podía leerse, referente al ex regente del Reich:

“Durante aquellos días críticos, los de la “Central de Mar-
zo” se mostraron muy activos. Ya antes de su salida de Franc-
fort habían gritado en una alocución dirigida a las ‘‘Asocia-
ciones de Marzo” y al pueblo alemán: “¡Compatriotas! ¡Ha
sonado la hora undécima!”. Con el fin de constituir un ejér-
cito popular, dieron a conocer desde Stuttgart una nueva pro-
clama dirigida.‘‘al pueblo alemán” y hete aquí que las mane-
cillas del reloj de la “Central de Marzo” continuaban aún en
el mismo lugar. ¿O es que, del mismo modo como al reloj
del monasterio de Friburgo, se le había borrado el número
doce de su cuadrante? En resumidas cuentas la proclama reza
una vez más: “¡Compatriotas! ¡Ha sonado la hora undéci-
ma!”. ¡Oh, ojalá la misma hubiera sonado en vuestras cabezas
aquella vez en que el héroe de la Central de Marzo, Carlos
Vogt — para satisfacción propia y de sus serviles aulladores
— pacificó la revolución de Franconia‘... La regencia ins-
taló sus oficinas en la casa de gobierno de Freiburgo. El regente
Carlos Vogt y simultáneamente ministro de relaciones exte-
riores y de muchas otras más, también aquí se dedicó a consi-
derar ocasionalmente el bienestar del pueblo alemán. Tras lar-
gos días y noches pasadas en su estudio, obtuvo por fin un
invento bastante digno de su época: “Pasaportes de la Regencia:
Imperial”. Estos pasaportes eran muy sencillos, bellamente li-
tografiados y se podían obtener todos los que se deseaban sin
dificultad alguna. Unicamente adolecian del pequeño defecto
de que tan sólo eran válidos y respetados en la cancillería de

4. Más adelante Vogt trató de justificar su hazaña de Nurenberg
con las siguientes palabras: “Le habrían faltado las garantías para su se-
guridad personal”.

CARLOS MARX

O O DD O

Vogt. Acaso más adelante alguno que otro ejemplar llegue a
ocupar un lugar en la colección de algún inglés amante de las
curiosidades”.

Pero Wolff no siguió el ejemplo de Greimer. En lugar de
“ausentarse para América inmediatamente después de aparecer
la revista”, pasó aún todo un año en Suiza esperando la ven-
ganza del Land-Vogt, o sea del gobernador.

CAPÍTULO VII

LA CAMPAÑA DE AUGSBURGO

Poco después de que el ciudadano del cantón de Thurgau
finalizara su guerra con Italia, el ciudadano del cantón de
Berna ya iniciaba su campaña de Augsburgo.

“Alli, en Londres, siempre habia sido el núcleo marxista
el que se ocupaba de proporcionar la mayor parte de las infor-
maciones” — [para el Allgemeine Zeitung} — “manteniendo
a partir de 1849 ininterrumpidas relaciones con dicho diario”
(pág. 194 del Libro Mayor).

Aun cuando el mismo Marx recién reside en Londres a par-
tir de fines del año 1849, es decir, desde su segunda expulsión
de Francia, parecería que “el núcleo marxista” siempre hubiera
residido en Londres y aun cuando, LA MAYOR PARTE DE LAS
INFORMACIONES del Allgemeine Zeitung son suministradas
por dicho grupo, está visto que tan solo “a partir del año
1849” sostenía “ininterrumpidas” relaciones con ese diario.
Lo cierto es que la cronología “vogtiana” se divide en dos
grandes períodos — y ello no puede sorprendernos por cierto,
ya que antes de 1848 el hombre “no pensaba aún en dedi-
carse a una actividad política” (pág. 225, lug. cit.) —o sea,

CARLOS MARX

el período de “siempre”, que alcanza hasta 1849 y el período
que media entre 1849 y “este” año.

De 1842 a 1843 yo fuí director del antiguo Rheinische
Zeitung — [Diario Renano] — que había declarado una gue-
rra a muerte al Allgemeine Zeitung. De 1848 a 1849 el Nuevo
Diario Renano reinició dicha polémica. ¿Qué es lo que por lo
tanto queda para el período de “siempre” o sea, el que llega has-
ta 1849, que no comprueba el hecho de que Marx “siempre”
había declarado la guerra al Allgemeine Zeitung, mientras Vogt
fué su constante colaborador desde 1844 a 1847? (Ver pá-
gina 225 del Libro Mayor).

Pero ocupémonos del segundo periodo de la historia Uni-
versal vogtiana.

Desde Londres “yo mantenía ininterrumpidas relaciones
con el Allgemeine Zeitung, ininterrumpidos a partir del año
1849, puesto que “a partir del año 1852, un tal Ohly ocu-
paba el cargo de primer corresponsal en Londres del Allge-
meine Zeitung. Es verdad que Ohly no mantuvo conmigo
ninguna clase de relaciones, ni antes ni tampoco después del
año 1852. No le vi en toda mi vida. De acuerdo a su figura-
ción entre los refugiados en Londres, pertenecía a la Asocia-
ción de Emigrantes fundada por Kinkel. Pero esto en nada
cambia la cuestión, pues:

“El anterior oráculo del viejo bávaro althofiense que ha-
bia aprendido el inglés, el rubio Ohly, era compatriota mio”
[de Vogt] — “que partiendo de una base comunista trataba
de alcanzar más elevados puntos de vista poéticos en la política
y literatura y que, primeramente en Zurich y luego, a partir
del año 1852, en Londres, fué jefe de corresponsales del Allge-
meine Zeitung, hasta que por último acabó sus días en una ca-
sa de locos” (pág. 195 del Libro Mayor).

HERR VOGT

Por su parte Moucharde, Eduard Simon, se encarga de ter-
giversar esta vogtiada de la siguiente manera: “En voici d’abord
un quí de son point de départ communiste, avait cherché a
s'élever aux plus hautes conceptions de la politique”? [Por lo
visto “los elevados puntos de vista políticos”? están también
más allá del alcance de un Eduard Simon]. “A en croire M.
Vogt, cet adepte fut l'oracle de la Gazette d'Augsbourg
jusqu'en 1852, époque ou il mourut dans une maison de
Fous” (Pág. 529, Revue Contemporaine, tomo XIII, Paris,
1860).

“Operam et oleum perdidi”, así puede exclamar Vogt al
referirse a su Libro Mayor y a su Ohly. Mientras hace que su
“íntimo compatriota” atienda a partir de 1852 la correspon-
salía en Londres del Allgemeine Zeitung, hasta que “termina
finalmente sus dias en una casa de locos”, Edouard Simon
afirma que “de creerse en las palabras de Vogt, Ohly habría
sido el oráculo para el Allgemeine Zertung hasta 1852, año en
que éste — [que dicho sea de paso vive todavía] — “muere
en un manicomio”. Pero Edouard Simon conoce a su Carlos
Vogt. Edouard sabe que cuando por fin uno se decide a “creer”
en el tal Carlos, no importa ya qué es lo que se le cree; si lo
que dice, o lo contrario de lo que dice.

“El señor Liebknecht — [así afirma Carlos Vogt] —
“lo reemplazó” — [es decir a Ohly} — “en su puesto de co-
rresponsal del Allgemeine Zeitung”. “Recién después de que
Liebknecht fuera públicamente proclamado miembro del par-
tido marxista, se le recibió como corresponsal en el Allgemeine
Zeitung (Pág. 169, lug. ctt.).

Aquella proclama tuvo lugar durante el Proceso de los Co-
munistas de Colonia, vale decir, a fines de 1852.

Durante la primavera de 1851 Liebknecht se convirtió en
efecto en colaborador del Morgenblatt — [Diario de la Mia-

CARLOS MARX

fiana] —, en el que informaba sobre la exposición industrial
de Londres. Por intermedio del Morgenblatt obtuvo en sep-
tiembre de 1855 la corresponsalía del Allgemeine Zeitung”.

“Sus camaradas” — [los de Marx] — “no escriben una
sola línea sin que él esté previamente enterado de su contenido
(Pág. 194, lug. cit.). La prueba resulta muy simple: “Él” —
[Marx] — “domina incondicionalmente a su gente”, (pagi-
na 195), mientras Vogt obedece también incondicionalmente
a su amigo Fazy y a los compinches de éste. Nos encontramos
aquí ante una particularidad de la formación mítica de Vogt.
Por todas partes hallamos las proporciones enanas, propias de
Giessen o Ginebra, el marco que les es propio a las pequeñas
ciudades de provincia y el olor característico de las tabernas
suizas. Transmitiendo ingenuamente su plácido caciquismo
desde Ginebra a la metrópoli londinense, no permite que Liebk-
necht, que se encuentra en Westend, escriba “una sola línea”
de cuyo contenido yo, que residía en Hampstead, a cuatro
millas de distancia, no “me hubiera enterado previamente”. Y
este mismo servicio de Laguerronière lo presto diariamente a
todo un ejército de ““compañeros”” diseminados por toda Lon-
dres y que mantienen correspondencia con el mundo entero.
¡Vaya oficio agradable y, sobre todo... lucrativo!

El mentor de Vogt, Edouard Simon, que si bien no cono-
cía las condiciones de la vida londinense, estaba al tanto, en
cambio, de lo que pasaba en París, presta con inconfundible
tacto de artista, rasgos metropolitanos al dibujo de su torpe
“amigo campesino”.

“Marx, comme chef de la societé, ne tient pas lui-même la
plume, mais ses fidèles n’ecrivent pas une ligne sans lavoir
consulté: La Gazette d’ Augsbourg sera d'autant mieux servie”.
(Pág. 529, 1. c.). Es decir que “Marx, en su calidad de jefe
de la sociedad, no escribe, pero sus adictos no escriben una sola

HERR VOGT

línea sin consultarlo previamente. Por lo tanto el diario de
Augsburgo estará mejor servido”. ¿Vogt se dará cuenta de
toda la delicadeza contenida en esta corrección?

Yo tenía que ver tan poco con la información que desde
Londres Liebknecht proporcionaba al Allgemeine Zeitung, co-
mo con la que Vogt le hacía llegar desde París. Por lo demás
la información de Liebknecht era muy digna de elogio — la
descripción crítica de la política inglesa, comentada por él en
el Allgemeine Zeitung, como también sus simultáneas infor-
maciones destinadas a diarios radicales germano-americanos. El
mismo Vogt, que revisa minuciosamente colecciones enteras del
Allegemein Zeitung buscando palabras capciosas en las cartas
de Liebknecht, reduce la crítica de su contenido, a que la fir-
ma de las informaciones de Liebknecht “son dos rayas delga-
das y torcidas” (Pág. 196 del Libro Mayor).

La posición torcida de estas rayas demostraba sin duda que
la situación de la corresponsalía también era torcida y, para
colmo, ¡la delgadez! ¡Sí por lo menos Liebknecht hubiera pin-
tado en su sello de corresponsal dos redondas manchas de grasa
en lugar de aquellos ““dos palotes delgados y torcidos!” Pero si
bien la correspondencia no adolece de otro defecto que esos
“dos palotes delgados y torcidos”, no por ello queda anulado
el inconveniente de que la misma era publicada en el Allgemeine
Zeitung. ¿Y por qué no habría de aparecer en el Allgemeine
Zettung?

Como es sabido el Allgemeine Zeitung cede la palabra a las
más diversas tendencias, por lo menos en los campos neutrales,
como lo es el de la política inglesa, y además es considerado
en el extranjero como el único Órgano periodístico cuya im-
portancia excede los límites locales. Por lo tanto, Liebknecht
bien podía publicar cartas de Londres en el mismo periódico
en que Heine daba a publicidad sus “Cartas de Paris” y Fall-

CARLOS MARX

merayer hacia conocer sus “Cartas de Oriente”. Vogt informa
que en el Allgemeine Zeitung colaboran personas de moralidad
dudosa. Es sabido que también él fué su colaborador desde
1844 a 1847.

En lo que a mí mismo y a Federico Engels se refiere —
menciono a Engels debido a que ambos trabajábamos de acuer-
do a un plan común y acordado con anterioridad — es exacto
que en 1859 en cierto modo “tomamos contacto” con el Allge-
meine Zeitung. Durante los meses de enero, febrero y marzo
de 1859, publiqué en el New York Tribune una serie de ar-
tículos de fondo, en los que entre otras cosas era sometida a
una crítica minuciosa “la teoría del gran poderío europeo cen-
tral”, sostenida por el Allgemeine Zeitung y su opinión, se-
gún la cual la continuación del dominio austríaco en Italia es
uno de los intereses alemanes. Poco antes de estallar la guerra,
Engels publicaba, no sin antes ponerse de acuerdo conmigo,
El Pó y el Rhin, Berlín 1850, panfleto este que sobre todo
está dirigido en contra del Allgemeine Zeitung y el que para
emplear las palabras de Engels — [pág. 4 de su folleto Sa-
boya, Niza y el Rhin, Berlin 1860} — demostraba de manera
militarmente científica que “Alemania no necesita trozo algu-
no de Italia para su defensa y que Francia, en el caso de que
únicamente se hicieran valer las causas militares, por cierto te-
nía mucho más derecho a poseer el Rhin, que Alemania a po-
seer el Mincio”. Sin embargo esta polémica de ataque contra
el Allgemeine Zeitung y su teoría de la necesidad de una tira-
nía austríaca en Italia, concordaba entre nosotros con la po-
lémica iniciada contra la propaganda bonapartista, Yo, por
ejemplo, demostré claramente en el Tribune — [ver números:
febrero de 1850] — que las condiciones financieras y de poli-
tica interna del ‘‘bas empire” habían legado a un punto críti-
co, allí donde una guerra en el extranjero prolongaría aún más

HERR VOGT

A,

la dominación en Francia del gobierno de facto y con ello la de
la contrarrevolución. Además denunciaba que la liberación de
Italia por Bonaparte era únicamente un pretexto para esclavizar
a Francia, someter a Italia al gobierno impuesto por el golpe
de Estado, trasladar las fronteras naturales entre Francia y
Alemania, convertir a Austria en un instrumento de Rusia y
obligar a los pueblos a marchar a una guerra entre la contra-
rrevolución legítima y la ilegítima. Todo esto ocurrió antes de
que el ex-Reichs-Vogt — [ex gobernador imperial] — hicie-
ra sonar su trompeta.

Desde la aparición del artículo de Wolff en la Revista del
Nuevo Diario Renano — 1850 —, yo había olvidado por
completo a la “naturaleza redondeada”. Recién volví a recor-
dar a este divertido sujeto en cierto atardecer del mes de abril
de 1859, en que Freiligrath me hizo leer una carta de Vogt,
a la que éste había adjuntado su Programa político. Esto no
era una indiscreción, ya que la carta de Vogt estaba destinada
a ser leída por “los amigos”, no los suyos, sino los del desti-
natario de la misma.

À su pregunta acerca de lo que yo encontraba en dicho
“programa” respondí:

—Politiqueria.

Inmediatamente reconoci a aquel viejo bromista a través
de su pedido a Freiligrath, de obtener la colaboración del señor
Bucher como corresponsal político para el Órgano de propa-
ganda planeado y que habría de publicarse en Ginebra. La car-
ta de Vogt había sido fechada el 19 de abril de 1859. Era sa-
bido que a partir del mes de enero de 1859 Bucher había dado
a conocer en sus informaciones para el Berliner Nationalzeitung
— [Diario Nacionalista Berlinés] — puntos de vista absolu-
tamente contrarios al programa de Vogt; pero para el hom-

CARLOS MARX

bre de la “arbitrariedad crítica”? todas las vacas resultaban ser
grises.

Después de este episodio que no consideré lo suficiente-
mente importante como para comentarlo con alguien, recibí
los Ensayos sobre la actual situación europea de Vogt, un pan-
fleto quejumbroso que eliminó en mí toda duda acerca de
su relación con la propaganda bonapartista.

La noche del 9 de mayo de 1859 yo me encontraba en la
tribuna de un mitin público que David Urquhart había orga-
nizado con motivo de la guerra con Italia. Abierto el mitin, se
acercó a mí un personaje de aspecto muy serio y grave. En la
expresión hamletiana de su fisonomía advertí de inmediato
que “algo olía a podrido en Dinamarca”. Era este el homme
d'Etat Carlos Blind. Tras algunas frases sin importancia, co-
menzó a hablarme de las “andanzas” de Vogt, afirmando
con asombrado énfasis, que Vogt obtenía subsidios bonapar-
tistas para su propaganda, que a un escritor natural del Sud
de Alemania y cuyo nombre “lamentaba” no poder decirme,
Vogt le había ofrecido 30.000 gulden para sobornarlo —
confieso que yo no podía imaginarme qué escritor del Sud de
Alemania podía valer 30.000 gulden —; que también en
Londres se habían producido intentos de soborno, que ya en
Ginebra, én el año 1854, al celebrarse una reunión entre Plon
Plon, Fazy y sus demás compinches, se había discutido so-
bre la futura guerra con Italia, señalándose al Gran Duque ru-
so Constantino, como al futuro rey de Hungria; Vogt tam-
bién le había invitado a él — [Blind] —, a colaborar en su
propaganda y que además poseía pruebas que atestiguaban las
traidoras actividades de Vogt. Blind regresó a su asiento ins-
talado en el ángulo opuesto de la plataforma y al lado de
su amigo I. Fróbel; se dió comienzo al mitin y Urquhart in-

HERR VOGT

tenté demostrar en su minucioso discurso, que la guerta con
Italia era tan sólo el fruto de las intrigas franco-rusas 5,

Poco antes de finalizar el mitin, vino a mi encuentro el
doctor Fauchner, corresponsal extranjero del Morning Star —
[órgano del colegio de Manchester] —, para contarme que
acababa de aparecer un nuevo semanario germano-londinense

5. Como es natural, Vogt deriva los ataques del núcleo marxista
contra Lord Palmerston, de mi oposición a él y a sus “amigos?” (Libro
Mayor, pág. 212). Por lo tanto considero oportuno recordar brevemente
mi relación con D. Urquhart y su partido. Los escritos de Urquhart sobre
Rusia y contra Palmerston me habían interesado, pero no llegaron a con-
vencerme. Para formarme una opinión más firme, sometí los Debates Par-
lamentarios — [Parlamentary Debates] — de Hansard y los Blue Books
diplomáticos — [Libros Azules] —, aparecidos entre los años 1807 y
1850, a un minucioso y fatigoso análisis. El primer fruto producido por
estos estudios fué una serie de artículos de fondo publicada a fines de
1853 en el Tribune de Nueva York, en los que comprobaba las relacio-
nes de Palmerston con el gabinete de Petrogrado, fundándome para ello
en sus transacciones con Polonia, Turquía, Circasia, etc. Poco después
mandé imprimir estos trabajos en el órgano cartista dirigido por Ernest
Jones, The People's Paper, agregándoles nuevos párrafos referentes a la
actividad de Palmerston. Entre tanto también el Glasgow Sentinel había
copiado uno de estos artículos — “Palmerson and Poland” — artículo este
que llamó la atención del señor Urquhart. A consecuencia de una entrevista
que tuve con él, Urquhart instó al señor Tucker, de Lóndres, a publicar
una parte de dichos artículos en forma de folletos. Estos folletos sobre Pal-
merston fueron publicados más adelante en tiradas de quince y veinte mil
ejemplares, A raíz de mi análisis del Libro Azul — [Blue Book} — sobre
el caso de Kars, aparecido en el diario cartista de Londres — abril de
1850 —.el Foreign Affairs Comitee, de Sheffield, me hizo llegar una
carta de felicitación. (Ver suplemento N* 7). Al examinar manuscritos
diplomáticos que se encuentran en el museo británico, descubrí una serie de
expedientes ingleses que retrocedían desde fines del siglo XVIII hasta la
época de Pedro el Grande, revelando la constante colaboración secreta en:
tre el gabinete de Londres con el de Petrogrado y en los que, al mismo
tiempo, la época de Pedro el Grande aparecía como la originadora de estas
relaciones. Hasta ahora tan sólo he mandado imprimir el prólogo de un
minucioso trabajo referente a este tema, intitulado Revelations of the di-
plomatic history of the 18th. century. Se publicó primeramente en el Free
Press de Sheffield y más adelante también en el de Londres, órganos ambos
partidarios de Urquhart. Según puede verse, mi estudio de Palmerston y de
la diplomacia anglo-rusa en general, se efectuó sin que yo sospechara si-
quiera que el guardaespaldas de Lord Palmerston era el señor Carlos Vogt.

CARLOS MARX

intitulado Das Volk — [El Pueblo]. El diario obrero publi-
cado por el señor A. Scherzer y dirigido por Eduardo Bauer,
Die Neue Zeit —[La Nueva Época] — se había fundido a
consecuencia de una intriga de Kinkel, el editor del Hermann.
Al informarse de esto, Biskamp, hasta tanto corresponsal del
Die Neue Zeit, resolvió renunciar a su puesto de maestro en el
Sud de Inglaterra, para acudir a Londres y oponer Das Volk
al Hermann. La Asociación Obrera Cultural Alemana y al-
gunas otras asociaciones londinenses, prestaban su apoyo a di-
cho periódico, el que lógicamente, y al igual de todos los
periódicos obreros de esa índole, era dirigido y escrito gratui-
tamente. El mismo Fauchner, en su condición de freetrader
ajeno a la tendencia del Volk, no quería tolerar monopolio
alguno en la prensa alemana de Londres, por lo que había
resuelto fundar en dicha ciudad y en compañía de algunos
conocidos suyos, un comité de finanzas cuya misión consistiría
en proporcionar fondos al mencionado diario. Biskamp ya se
habia dirigido por carta a Liebknecht, hasta entonces descono-
cido para él, para solicitarle colaboraciones literarias, etc. Fi-
nalmente Fauchner me invitó a colaborar también en el Volk.

A pesar de que Biskamp vivía en Inglaterra desde el año
1852, no habíamos tenido oportunidad aún de trabar rela-
ciones. Al día siguiente del mitín celebrado por Urquhart,
Liebknecht lo trajo a mi casa. Por el momento no me fué
posible aceptar su invitación a colaborar en el Volk, ya que
no disponía del tiempo necesario para ello, pero en cambio
prometí hacer que mis amigos alemanes residentes en Londres
se abonaran al diario y contribuyeran a su publicación con
subvenciones monetarias y colaboraciones literarias. En el curso
de la conversación comentamos también el mitin de Urquhart,
que había sido organizado para atacar a Vogt, cuyos Ensayos
eran conocidos por Biskamp y consideramos carentes de todo

HERR VOGT

valor. Yo les comuniqué a Liebknecht y a él, el contenido del
“programa” de Vogt y de las revelaciones de Blind, apun-
tando, con relación a estas últimas, que el cargar las tintas era
una modalidad típica de los alemanes del Sud. Con gran sor-
presa de mi parte, en el número 2 del Volk — 14 de mayo —
apareció un artículo intitulado: “El regente imperial como
traidor del Reich” — Ver Libro Mayor. Documentos, pág.
17-18 —, en el que Biskamp menciona dos de los hechos enu-
merados por Blind: Los 30.000 gulden que por cierto rebaja a
4,000 y el origen bonapartista de los fondos con que operaba
Vogt. Por lo demás el resto del artículo se componía de chistes
a la manera del Hornisse — [Avispón] — que a partir de
1848-49 había sido dirigido por él en compañía de Cassel.
La Asociación Obrera Cultural Alemana, según me enteré
mucho después de aparecer el Libro Mayor — ver suplemento
8 —, había encargado entretanto a uno de sus dirigentes, el
señor Scherzer, que invitara a las asociaciones obreras cultu-
rales de Suiza, Bélgica y Estados Unidos, para que prestaran
su ayuda al Volk e iniciaran la lucha contra la propaganda
bonapartista. El mismo Biskamp se encargó de mandarle a
Vogt el mencionado artículo aparecido en el Volk del 14 de
mayo de 1859. Simultáneamente Vogt recibía también, por
intermedio de su propio Ranickel, la circular del señor A.
Scherzer.

Vogt, con su famosa “arbitrariedad crítica”, no vaciló en
introducirse de inmediato en calidad de demiurgo, entre los
hilos de aquella trama repugnante para él. Sin pensarlo, pu-
blicó las Bases para su futura tergiversación histórica en el ya
repetidas veces citado Suplemento extraordinario del N° 150
del Schweizer Handels Courier [Correo Comercial Suizo]. Este
evangelio primitivo, en el que por primera vez eran revelados
los misterios de la Banda de Azufre, de los Biirstenheimer,

CARLOS MARX

Cherval, etc., fechado el 25 de mayo de 1859 —es decir en
fecha más reciente que el evangelio de los Mormones —, era
encabezado por el título A MODO DE ADVERTENCIA y, de acuer-
do a los hechos, se relacionaba con un fragmento traducido,
perteneciente al desacreditado panfleto de E. About °,

“El anónimo evangelio primitivo de Vogt, A MODO DE
ADVERTENCIA fué, según lo manifestado ya anteriormente, co-
piado a mi requerimiento por el Volk.

A principios de junio abandoné Londres para ir a visitar
~a Engels que se encontraba en Manchester, donde se reunió una
suscripción de aproximadamente 25 £, para el Volk. F. En-
gels, W. Wolff, yo y finalmente también tres médicos ale-
manes radicados en Manchester y cuyos nombres figuran en
uno de los documentos judiciales remitidos por mí a Berlín,
reunimos este subsidio cuya “indole” excita la “curiosidad” de
Vogt y le incita a “echar una mirada por sobre el Canal de
la Mancha” hacia Augsburgo y Viena (pág. 21 del Libro
Mayor). Vogt puede pedirle informes al doctor Fauchner so-
bre las colectas efectuadas en Londres por el primitivo comité
de finanzas.

En la página 225 del Libro Mayor, Vogt nos hace saber:
“Sin embargo siempre fué un truco de la reacción, el exigirles
a los demócratas que lo hicieran todo de balde, mientras ellos
— [no los demócratas sino la reacción] — disfrutaban del
privilegio de hacerse pagar y de ser pagados”. ¡Qué gran truco
resulta ser por lo tanto el puesto en práctica por el Volk, al no

y

6. Algunas palabras sobre el Commis Voyageur de Biele, el insigni-
ficante monitor del “fugitivo regente imperial’: el editor y redactor del
Correo Comercial de Biele es un tal Ernst Schüler, exilado político de
1838, maestro de postas, comerciante en vinos, fallido y por aquel enton-
ces con el monedero vuelto a llenar, puesto que su diario, subvencionado
durante la guerra de Crimea por la propaganda británica-franco-suiza,
cuenta con 1200 abonados.

HERR VOGT

conformarse con ser publicado gratuitamente, sino haciéndose
pagar además por sus colaboradores! Si esto no constituye un
elocuentísimo testimonio de la relación existente entre el Volk
y la Reacción entonces que sea otro quien se lo explique a
Carlos Vogt.

Durante mi permanencia en Manchester se produjo en Lon-
dres un acontecimiento trascendentalmente decisivo. Liebknecht
había encontrado en la imprenta de Hollinger — el impresor
del Volk —la galera del articulado anónimo dirigido contra
el panfleto de Vogt intitulado A MODO DE ADVERTENCIA. Al
revisarlo distraidamente, reconoció de inmediato las revela-
ciones de Blind, enterándose luego también para colmo por el
cajista Vögele, que Blind había entregado para su impresión a
Hollinger los correspondientes originales escritos de su propio
puño y letra. Las correcciones que se encontraban en la galera
también habían sido escritas por Blind. Dos días después Ho-
llinger le entregaba dicha galera a Liebknecht, remitiéndola
este último al Allgemeine Zeintung. La composición tipográfica
del panfleto fué conservada y sirvió más adelante para la copia
del mismo, publicada en el N? 6 del Volk aparecido el 11 de
junio de 1859,

Con la publicación de la Advertencia por el Allgemeine
Zeitung, se inicia la campaña augsburguesa del ex-Reichs-Vogt,
o sea, del ex-gobernador del Reich. Éste entabló juicio contra
el Allgemeine Zeitung por haber copiado el panfleto.

En el Libro Mayor — pags. 277/228 — Vogt parodia el
“soy, soy, soy el bandido Jaromir’ de Müllner. Sólo que
traduce el ser al haber. “He acusado porque sabía de antemano
que toda aquella vaciedad, insignificancia y miserabilidad que
caracteriza a dicha redacción, que tiene la osadía de considerarse
“representante de la alta cultura alemana”, habría de descu-
brirse alguna vez; he acusado porque sabía de antemano que la

CARLOS MARX

relación de esta honorable redacción y de la política austríaca
por ella tan altamente elogiada, con la Banda de Azufre y toda
la ralea de la revolución, habría de quedar dilucidada algún
día”. Y a esto sigue aún otras cuatro veces el estribillo: he
acusado. Vogt, el acusador, se sublimiza o de lo contrario será
preciso darle la razón a Longin que opina que en el mundo no
hay nada más seco que un hidrópico. “La consideración per-
sonal” — así exclama la “naturaleza redondeada” —, fué el
motivo menos importante de mi acusación”.

La verdad es que, no obstante, las cosas fueron dis-
tintas. Ningún tercero habría podido tratar de eludir más
temerosamente el matadero, de lo que Carlos Vogt temía al
banquillo del acusado. Mientras sus amigos “más íntimos”,
como ser Ranickel, Reonach — anteriormente la chronique
scandaleuse de Vogt — y el ampuloso y charlatán miembro
del incompleto parlamento, Mayer, natural de Esslingen, con-
tribuían a confirmar en él su creciente miedo al banquillo del
acusado, le llegaban desde Zurich insistentes reclamaciones para
que diera curso a dicha “demanda”. Durante la celebración de
la fiesta obrera de Lausanne, el comerciante en pieles, Roos, le
declaró ante testigos, que ya no le sería posible continuar res-
petándolo si no se decidía a proceder. Pero Vogt se puso rí-
gido: ¡Al diablo con la Banda de Azufre augsburguesa y lon-
dinense! Él callaría. .. Sin embargo, repentinamente habló.
Algunos diarios publicaron el anuncio de su proceso y Ranic-
kel manifestó: “Los de Stuttgart no lo habrían dejado en paz”
— [a Vogt]. — “Él” —[Ranickel] -—“no habría dado su
consentimiento a eso”.

Por lo demás y ya que la “redondeada” se encontraba en
apuros, no cabía duda de que la demanda contra el Allgemeine
Zeitung resultaría ser la maniobra más promisora. La auto-
apología de Vogt, opuesta a un ataque de Y. Venedey que le

HERR VOGT

había acusado de intervenir en maquinaciones bonapartistas,
vió por primera vez la luz del mundo en el Correo Comercial
de Biele, el 16 de junio de 1859, llegando por lo tanto a Lon-
dres después de la aparición del volante anónimo que termi-
naba con la siguiente amenaza: “En el supuesto caso que Vogt
pretendiera negar, cosa que no creemos se atreverá a hacer, estas
revelaciones se verán seguidas por un segundo número”. Vogt
había negado y el segundo número de revelaciones no llegó.
Ya seguro por este lado, únicamente podía amenazarle la
desgracia por parte de sus queridos amigos, a los que conocía lo
suficientemente como para poder contar con su cobarde consi-
deración. Cuanto más aumentaba su valor con una demanda
pública, tanto más seguro podía estar de su discreción, pues en
cierto modo todo el incompleto parlamentario se hallaba en la
picota, en la persona del “fugitivo gobernador imperial”.

El parlamentario Jaccho Venedey revela lo siguiente en las
páginas 27-28 de su Pro Domo et pro Patria, dirigido contra
Carlos Vogt, Hannover 1860:

“Fuera de las cartas presentadas por Vogt en la descripción
de su proceso, he leído otra en la que explica con mucha más
claridad que en la dirigida al doctor Lóning, la posición ocu-
pada por él como ayudante de aquellos que no vacilaban en
pagar altos precios por la localización de la guerra en Italia.
Para mi propia satisfacción he copiado algunos pasajes de dicha
carta que lamento no poder publicar aquí, puesto que la per-
sona a quien la misma había sido dirigida, me la comunicó
tras obtener mi promesa de no publicarla.

“Las consideraciones personales y políticas han tratado de
encubrir las actividades de Vogt relacionadas con este asunto
de una manera tal, que no me perecen justificables ante el
partido, ni ante los deberes del hombre para con su patria.
Esta represión por parte de muchos lados es la causa de que

CARLOS MARX

Vogt continúe atreviéndose a pasar con todo descaro por el
cabecilla del partido alemán. Sin embargo me parece que, pre-
cisamente debido a ello, el partido al que apoyaba se hace res-
ponsable en cierto modo de estas actividades” 1,

Por consiguiente y ya que el riesgo de un proceso entablado
contra el Allgemeine Zeitung no resultaba ser excesivo, una
ofensiva dirigida hacia esa tendencia habría de proporcionar
al general Vogt una base muy favorable para sus operaciones.
¡Fué Austria la que difamó al Reichsvogt por intermedio del
Allgemiene Zeitung; y fué Austria en unión con los comunis-
tas! Así el Reichsvogt aparecería como la interesante víctima
de una coalición monstruosa entre los enemigos del libera-
lismo burgués. ¡Y la prensa menor alemana, simpatizante ya
con el Reichsvogt por tratarse de un minoritario del Reich, lo
recibiría jubilosa y lo llevaría en andas!

A principios de julio de 1859, poco después de mi regreso
de Manchester, Blind vino a visitarme a consecuencia de un .
suceso que aquí no viene al caso mencionar. Le acompañaban
Fidelio Hollinger y Liebknecht. Durante esta entrevista les
manifesté mi convicción de que Blind era el autor del volante
intitulado A Modo de Advertencia. Éste me aseguró lo con-
trario. Yo repetí, punto por punto, mis informaciones del 9
de mayo que constituían en efecto todo el contenido de dicho
volante. Blind aceptó todo eso, pero continuó afirmando que
él no era el autor del mismo.

7. Ver también pág. 4 del citado panfleto, en la que se lee: “Esta
“contabilidad” llevada por consideración al partido, la amoralidad que re-
presenta el confesor en un círculo intimo, que Vogt estuvo jugando un
juego vergonzoso con su patria, permitiéndosele luego a ese mismo Vogt,
que acusara públicamente de calumniadores a aquellos que tan sólo habían
dicho lo que todos saben y piensan y cuyas pruebas conocen y disponen de
ellas, es algo que me repugna, etc., etc.”

HERR VOGT

Aproximadamente un mes más tarde, en agosto de 1859,
Liebknecht me enseñó una carta de la redacción del Allgemet-
ne Zeitung, en la que se le pedía insistentemente, que le pro-
porcionara lo antes posible testimonios que confirmaran la
veracidad de las acusaciones contenidas en el boletín A modo
de Advertencia. Accediendo a su pedido, resolví acompañarlo
hasta St. John's Wood, donde se encontraba el domicilio de
Blind, el que, si bien no era el autor de dicho panfleto, sin
duda ya había sabido a principios de mayo, aquello que éste
recién revelaba al mundo a principios de junio, pudiendo por
lo tanto “probar sus conocimientos”. Blind se hallaba ausente.
Se encontraba en un balneario. En vista de ello Liebknecht le
comunicó por escrito cuál había sido el motivo de nuestra
visita. No recibió contestación. Liebknecht escribió una se-
gunda carta: finalmente recibió el siguiente documento di-
plomático:

“Querido señor Liebknecht:

Sus dos cartas, dirigidas ambas a una dirección equivocada,
me llegaron casi simultáneamente. Comprenderá usted que en
modo alguno yo deseo inmiscuirme en los asuntos de un
diario completamente desconocido para mí. Tanto menos tra-
tándose. de la cuestión presente, puesto que, según lo mani-
festado anteriormente, no tuve participación en la causa men-
cionada, En lo que se refiere a las manifestaciones hechas en
conversación privada, citadas por usted, es evidente que las
mismas han sido mal interpretadas, tratándose, con respecto a
ellas, de una equivocación sobre la que alguna vez desearía
poder conversar personalmente con usted. Lamentando que
usted y Marx se hayan costeado inútilmente hasta mi casa, soy
su S. S.

K. Blind.

St. Leonard's. 8 de septiembre”.

CARLOS MARX

Esta nota diplomática, según la cual Blind no había te-
nido INTERVENCIÓN ALGUNA en la denuncia contra Vogt, me
recuerda un artículo aparecido anónimamente en Londres, en
el Free Press del 27 de mayo de 1859 y el que traducido reza,
más o menos, así:

EL GRAN DUQUE CONSTANTINO, FUTURO REY DE HUNGRÍA.

Un corresponsal que adjunta su tarjeta de visita, nos es-
cribe:

“Muy señor mío: habiendo asistido al mitin $ celebrado
en el Music Hall, escuché durante el mismo esta manifestación
hecha respecto al Gran Duque Constantino. Estoy en condi-
ciones de comunicarles un hecho distinto. Retrocedo hasta el
verano pasado, en el que el príncipe Jerónimo Napoleón co-
municó en Ginebra a algunos de sus hombres de confianza,
un plan de ataque contra Austria y una futura reforma del
mapa de Europa. Conozco el nombre de un senador suizo, al
que explicó este tema. En aquel entonces el príncipe Jerónimo
declaró que, de acuerdo al plan trazado, el Gran Duque Cons-
tantino habría de convertirse en rey de Hungría.

Además conozco ensayos hechos a principios del corrien-
te año a fin de obtener la colaboración de algunos demócratas
alemanes exilados, como también de liberales influyentes en
Alemania. En calidad de soborno se les ofrecieron grandes
ventajas pecuniarias [Large pecuniary advantages were held
out to them as a bribe}. Me considero feliz al poder afirmar
que dichas proposiciones fueron rechazadas con indignación”
(Ver Suplemento 9).

8. Es éste el mitin mencionado más arriba, celebrado por Urquhart
el 9 de mayo.

HERR VOGT

Este artículo, en el que, aun cuando no se nombra a Vogt,
se le señala de manera inconfundible para la emigración alema-
na en Londres, es en realidad el que proporciona la semilla de
la que más adelante habría de nacer el volante intitulado A
Modo de Advertencia — [Zur Warnung}. — El autor del fu-
turo rey de Hungría, al que su afán de cumplir con sus debe-
res patrióticos impulsó a denunciar anónimamente a Vogt,
lógicamente tuvo que apoderarse con avidez de aquella opot-
tunidad dorada que le proporcionaba el proceso de Augsburgo
o sea, la posibilidad de descubrir judicialmente aquella trai-
ción ante los ojos de toda Europa. ¿Y quién era el autor del
“futuro rey de Hungría”? El ciudadano Carlos Blind. Ya en
el mes de mayo me lo habían revelado la forma y el estilo de
dicho artículo y ahora mis sospechas me eran confirmadas
oficialmente por el redactor del Free Press, el señor Collet,
apenas le hube explicado el significado de la controversia en
suspenso y comunicado la nota diplomática de Blind.

El 17 de septiembre de 1849, el cajista A. Vögele me en-
tregó una declaración escrita — [copiada en el Libro Mayor,
Documentos N° 30 y 31] —en la que en modo alguno ates-
tigua que Blind sea el autor del panfleto intitulado A Modo
de Advertencia, pero sí afirma que él — [ Vögele} — y su jefe
Hollinger, compusieron en la imprenta de este último el texto
de dicho planfleto, que el manuscrito estaba escrito con la le-
tra de Blind y que Hollinger le había señalado ocastonalmente
a este último como el autor del mismo.

Apoyándose sobre la declaración de Vógele y el “futuro
rey de Hungría”, Liebknecht escribió una vez más a Blind,
solicitándole ‘‘pruebas’’ que atestiguaran los hechos por él de-
nunciados en la Free Press y comunicándole al mismo tiempo
que ya se disponía de una prueba de su participación en la

CARLOS MARX

publicación del panfleto intitulado A Modo de Advertencia.
En lugar de contestar a Liebknecht, Blind me mandó al señor
Collet. Este debía invitarme en su nombre a no hacer uso
públicamente en el Free Press de mis conocimientos acerca de
la paternidad del artículo en cuestión. Le contesté que no podía
prometer nada. Mi discreción marcharia de acuerdo a la bra-
vura de Blind,

Entretanto se acercaba la fecha fijada para la iniciación del
proceso en Augsburgo. Blind callaba. En sus múltiples decla-
raciones públicas Vogt había intentado echar sobre mí la res-
ponsabilidad del panfleto y del testimonio de las denuncias
aparecidas en el mismo. Para evitar esta maniobra, justificar
la actitud de Liebknecht y defender al Allgemiene Zeitung
que, de acuerdo a mi modo de pensar había hecho una buena
obra al denunciar a Vogt, comuniqué por intermedio de Lieb-
knecht a la redacción de dicho diario, que en el caso de que la
misma me lo pidiera por escrito, yo estaba dispuesto a en-
tregarle un documento referente al origen del panfleto A modo
de Advertencia. Fué así como se inició “la animada correspon-
dencia que Marx mantiene precisamente en estos momentos
con el señor Kolb” — [según nos dice Vogt en la página 194
del Libro Mayor] ?. Esta, “mi animada correspondencia con
el señor Kolb” se componía en realidad de dos cartas que me
fueron dirigidas por el señor Orges, ambas fechadas el mismo
dia, y en las que dicho señor me pide el documento prometido,

9. En efecto el señor Kolb menciona en el No 319 del Allgemeine
Zeitung “una muy detallada carta del señor Marx, que prefiero NO PU-
BLICAR”. Sin embargo “esta detallada carta’ fué copiada por el “Ham-
burguer Reform” [Reforma de Hamburgo] en su número 139, Suplemento
del 19 de noviembre de 1859. Esta “detallada carta” era una declaración
que yo había destinado al público y que también remiti al Berliner Volks-
zeitung [Diario Popular de Berlín].

+

HERR VOGT

que en efecto le remití luego, acompañándolo de algunas líneas
escritas de mi puño y letra 10.

Ambas cartas del señor Orges, que en realidad resultaron
ser tan sólo la versión duplicada de una misma carta, llegaron
a Londres el 18 de octubre de 1859, cuando ya para el 24
del mismo mes debían iniciarse las vistas del proceso de Augs-
burgo. Por lo tanto le escribí inmediatamente a Vógele a fin
de concertar con él una entrevista para el día siguiente en el
local de la policía de Marlborough, donde habría de conferir
forma de afidavit* a su declaración referente al panfleto A
Modo de Advertencia. Mi carta no lo alcanzó a tiempo. Fué
por eso que el 19 de octubre*? me vi precisado — contrarian-
do con ello mi primera intención — de remitir al Allgemeine
Zeitung la declaración del 17 de septiembre, anteriormente
mencionada, en lugar de un testimonio legal 13.

Como es sabido, las vistas del proceso de Augsburgo se
convirtieron en una comedia de equivocaciones. El corpus
delicti era el panfleto intitulado A Modo de Advertencia co-
piado por el Allgemeine Zeitung y que le había sido remitido
por Liebknecht. Pero tanto el autor como el editor del mismo,

10. Mis líneas y la declaración de Vögele se encuentran en el Libro
Mayor, Documentos, pág. 30-31; las cartas del señor Orges dirigidas
a mí, figuran en el suplemento N° 10.

11. Afidavit significa una declaración judicial que sustituye la de-
claración jurada y la que en el caso de ser falsa se hace acreedora a todas
las consecuencias jurídicas con que la ley castiga un juramento falso.

12. Debido a que mi letra resulta ilegible, se dispuso que el tribu-
nal de Augsburgo fechara mi carta del 19 de octubre, con fecha de 29 de
octubre. Hermann, el abogado de Vogt, el mismo Vogt, el honorable
Nationalzeitung de Berlin et hoc genus onze de la espontaneidad crítica,
no dudaron un solo instante de que una carta fechada en Londres el 29
de octubre, ya podía encontrarse en Augsburgo el 24 del mismo mes.

13. El que este quid pro quo se debió únicamente a la casualidad —
es decir, a la retrasada llegada de la carta de Vögele — queda demostrado
en el afidavit de éste del 11 de febrero de 1860.

CARLOS MARX

se dedicaron a jugar a la gallina ciega; Liebknecht no podía
hacer comparecer a los testigos radicados en Londres, ante un
tribunal que actuaba en Augsburgo; en su perplejidad judicial
los redactores del Allgemiene Zettung sólo atinaban a perorar
galimatías políticas de mal gusto; el doctor Hermann ofrecía
al público la narración de las historias cinegéticas de la “na-
turaleza redondeada”, relacionadas con la Banda de Azufre, la
Fiesta de Lausanne, etc., hasta que finalmente, el tribunal re-
chazó la denuncia de Vogt, debido a que otros denunciantes
habían equivocado la instancia correspondiente. Las confusio-
nes alcanzaron su punto culminante una vez que el proceso se
dió por terminado en Augsburgo y las noticias sobre el mismo
llegaron a Londres simultáneamente con el Allgemeine Zeitung.
Blind, que hasta tanto había mantenido su político silencio,
aparece repentinamente en el escenario de la publicidad, asus-
tado por el testimonio de Vögele que yo había publicado.
Vögele no había declarado que Blind era el autor del panfleto,
limitándose a decir tan sólo que éste le había sido señalado
como tal por Fidelio Hollinger. En cambio declara categórica-
mente que el original, del panfleto había sido escrito con la
letra de Blind, bien conocida de él y compuesto e impreso en
la imprenta de Hollinger. Blind podía ser el autor del volante,
aun cuando no había sido escrito con su letra, ni impreso en la
imprenta de Hollinger. Del mismo modo dicho panfleto tam-
bién había podido ser escrito por Blind e impreso por Hollin-
ger, aun cuando Blind no fuera su autor.

En el N° 313 del Allgemeine Zeitung, con fecha de Lon-
dres, 3 de noviembre — ver Libro Mayor, Documentos
37/38 —, el ciudadano y estadista Blind declara que él no es el
autor de dicho volante y para demostrarlo publica el SIGUIEN-
TE DOCUMENTO:

HERR VOGT

“a) Con esto declaro que la afirmación del cajista Vögele
publicada por el Allgemeine Zeitung con respecto a si el vo-
lante allí mencionado e intitulado A MODO DE ADVERTENCIA
ha sido impreso en mi imprenta, o de si el señor Carlos Blind
. fué el autor del mismo, es una mentira malintencionada.

3. Litchfield Street, Soho. Londres 2 de noviembre de 1859.

FIDELIO HOLLINGER.”’

b) El suscripto, que hace once meses vive y trabaja en
el N° 3 de la Litchfield Street, atestigua por su parte la vera-
cidad de las declaraciones del señor Hollinger.

Londres, 2 ‘de noviembre de 1859.

I. F. WIEHE. Cajista”.

Vögele no había opinado en parte alguna que Blind fuese
el autor del panfleto. Por lo tanto Fidelio Hollinger comienza
por inventar esa afirmación de Vögele, para acabar luego por
declararla una mentira malintencionada. Por otra parte, ¿si el
panfleto no había sido impreso en la imprenta de Hollinger,
cómo podía haber dicho Fidelio Hollinger, que Carlos Blind
no era su autor? Y, sobre todo, ¿cómo es posible que la cir-
cunstancia que hace once meses — à contar retrocediendo desde
el 2 de noviembre de 1859 — que el cajista Wiehe vive y tra-
baja en la casa de Hollinger lo faculte para atestiguar LA VE-
RACIDAD de esta declaración de Fidelio Hollinger?

Mi respuesta a esta declaración de Blind — [N° 325 del
Allgemeine Zeitung, ver Libro Mayor, Documentos, págs. 39-

CARLOS MARX

40] — terminaba con estas palabras: “El traslado del proceso
de Augsburgo a Londres acabaría por revelar todo aquel mis-
terio existente entre Blind y Vogt”.

Blind, con toda la indignación moral de una bella alma
ofendida, vuelve al ataque en el “Suplemento del Allgemeine
Zeitung”, del 11 de diciembre de 1859.

“Al mencionar repetidas veces — [recuérdese esto] — los
DOCUMENTOS FIRMADOS por el dueño de la imprenta Hollin-
ger y el cajista Wiehe, declaro ahora por última vez que la
versión, que ya sólo resurge de vez en cuando en forma de
insinuación y según la cual, yo sería el autor del tan frecuen-
temente mencionado panfleto, es sencillamente una burda men-
tira. En los demás datos referentes a mi persona se encuentran
también las más groseras tergiversaciones”.

En una postdata que sigue a esta declaración, la redacción
del Allgemeine Zeitung manifiesta “que la discusión ya no
interesa mayormente al grueso del público”, invitando por lo
tanto “a los caballeros interesados en este asunto, a que se
abstengan de formular nuevas réplicas”, lo que en el final del
Libro Mayor es comentado de la siguiente manera por la ‘‘na-
turaleza redondeada”:

“Con otras palabras: la redacción del Allgemeine Zeitung
ruega a los señores Marx, Biskamp y Liebknecht 4, a los que,

14. El 20 de octubre Biskamp había remitido una carta al Allge-
meine Zeitung en la que se refería al asunto de Vogt y acababa por ofre-
cerse como corresponsal. Recién por intermedio del mismo Allgemeine Zei-
tung tuve conocimiento de dicha misiva. Vogt inventa una teoría moralista,
de acuerdo a la cual el apoyo prestado a un diario fundido, me hace res-
ponsable de la correspondencia privada que posteriormente sostiene su re-
dacción. Cuanto mayor sería por lo tanto la responsabilidad de Vogt en
lo referente a “Las Voces de la Epoca” de Kolatschek, ya que fué cola-
borador rentado de la Monatsschrift —- [Revista Mensual] == publicada
por éste. Durante todo el tiempo que Biskamp editaba el Volk puso de
manifiesto un espíritu de sacrificio, ya que renunció a un puesto ocupado

HERR. VOGT

en lo que precede se les trata como a vulgares embusteros, que
no continúen haciendo papelones, ni se los sigan haciendo hacer
al Allgemeine Zeitung”.

Es así como momentáneamente finalizó la campaña de
Augsburgo.

Recayendo en el tono de su Lausiada, Vogt hace que el
“cajista Vögele” deponga un falso testimonio ante Liebknecht
y yo —T[pág. 195 del Libro Mayor] —. Por otra parte ex-
plica el origen del panfleto, diciendo que “Blind había des-
cubierto conceptos sospechosos, comentando y divulgándolos
luego por todas partes. Con los mismos la Banda de Azufre
forjó entonces el panfleto en cuestión y los demás artículos,
atribuyéndoselos al así acorralado señor Blind (pág. 218
lug. cit).

El que el Reichs-Vogt, de acuerdo a la invitación que se le
hiciera, no reiniciara en Londres su indefinida campaña, se
debía en parte a que Londres es un “mero pueblucho” — pág.
229 del Libro Mayor — y en parte, a que los partidos en
cuestión se acusaban mutuamente de no haber dicho la verdad
(lug. cit.).

Ahora dejaré que transcurran tres meses para retomar el
hilo de mi narración a partir de principios de febrero de 1860.
Por aquel entonces aún no había llegado a Londres el Libro
Mayor de Vogt; en cambio sí había llegado el florilegio del
Nationalzeitung de Berlin, en el que entre otras cosas puede
leerse:

por él durante largos años, para hacerse cargo de su redacción en condi-
ciones por cierto muy poco convenientes y ejercer su dirección ad honorem.
Finalmente hasta llegó a desechar corresponsalías para otros períodicos ale-
manes, como por ejemplo el Kölnische Zeitung — [Diario de Colonia] —
a fin de tener amplia libertad y poder actuar de acuerdo a sus convicciones,
“Todo lo demás no me importaba, ni me importa.

CARLOS MARX

“Con toda facilidad el partido de Marx pudo achacarle a
Blind la paternidad del panfleto, dado que en una conversación
sostenida con Marx y en su artículo aparecido en el Free
Prees se había manifestado en un sentido similar; aprove-
chando estas declaraciones de Blind y empleando los giros que
le son propios, pudo confeccionarse dicho panfleto de manera
que, tal como ha acontecido, tuviera todo el aspecto de ser un
producto suyo”,

Blind, que al igual de Falstaff considera que la discresión
es la mejor parte de la valentía, como también que el silencio
es todo el arte de la diplomacia, recomienza a callar. Para sol-
tarle la lengua publiqué una circular inglesa que llevaba mi
firma al pie de la fecha: Londres, 4 de febrero de 1860
(Ver Suplemento 11).

Esta circular, dirigida al redactor del Free Press, dice entre
otras cosas:

“Antes de dar nuevos pasos es preciso que denuncie a los
sujetos que evidentemente sirvieron y nos entregaron a Vogt.
Por lo tanto declaro públicamente que la declaración de Blind,
Wiehe y Hollinger, según la cual el panfleto anónimo no fué
impreso en la imprenta de Hollinger instalada en el N° 3 de
Lichtfield Street, Soho, es un mentira infame 1, y después
de haber expuesto mis pruebas, termino con estas palabras:

“Por consiguiente declaro una vez más, que el tal Carlos
Blind más arriba mencionado, es un embustero infame — [de-
liberate liar} —. En el caso de no asistirme la razón, le será muy
fácil contradecirme, apelando para ello a alguna cámara de
justicia inglesa”.

15. En inglés dice: ‘‘Deliberate lie”. El diario de Colonia tradujo:
“Mentira infame”. Acepto esta traducción aun cuando considero que ‘‘men-
tira taimada’’ se aproximaria más al original.

HERR VOGT

El 6 de febrero de 1860 un diario londinense — el Daily
Telegraph, del que me ocuparé más adelante — reproducía con
el título de ‘The Journalistic Auxiliaries of Austria” — los
colaboradores periodísticos de Austria —el florilegio del Na-
tionalzeitung. Yo, que por mi parte iniciaba una demanda por
calumnia contra el Nationalzeitung, notifiqué al Telegraph que
se había iniciado otra demanda similar y comencé a recoger el
material judicial necesario.

Con fecha 11 de febrero de 1860, el cajista Vögele depuso
su afidavit en el tribunal policial de Bow Street. En el mismo
repite, sobre todo, el contenido de su declaración del 17 de
septiembre de 1859, o sea, que el manuscrito del panfleto en
cuestión había estado escrito de puño y letra de BLIND Y COM-
PUESTO EN LA IMPRENTA DE HOLLINGER, encargándose el
mismo Vógele de una parte de su composición y de la otra,
Hollinger en persona (Ver Suplemento 12).

Mucho menos importante resultó ser el afidavit del cajista
Wiehe, cuyo testimonio Blind había invocado repetidas veces
en el Allgemeine Zeitung con creciente seguridad de sí mismo.

Es por ello que, aparte del original — ver Suplemento 13
— sigue una traducción textual del mismo:

“Uno de los primeros días del último mes de noviembre —
no recuerdo con exactitud la fecha — entre 9 y 10 de la noche
fui sacado de la cama por el señor F. Hollinger, en cuya casa
yo vivía por aquel entonces y en cuya imprenta trabajaba de
cajista. Me alargó un documento en el que podía leerse que
durante los últimos once meses precedentes, yo había trabajado
ininterrumpidamente en su casa y que durante todo aquel
tiempo no se había impreso en la imprenta del señor Hollinger,
N? 3, Lichtfield Street Soho, un determinado boletín alemán
intitulado A Modo de Advertencia. Debido a mi estado de
confusión y sin conocer la importancia de dicha transacción,

CARLOS MARX

no titubeé en acceder a su pedido de copiar y firmar ese docu-
mento. El señor Hollinger me prometió darme dinero; pero
yo nada he recibido. Mientras se verificaba esta transacción y
de acuerdo a lo que más tarde me informó mi esposa, el señor
Carlos Blind esperaba en el despacho del señor Hollinger.
Algunos días después la señora de Hollinger me llamó para
almorzar y me hizo pasar AL DESPACHO de su marido, donde
solamente encontré al señor Blind. Este me presentó el mismo
documento que días antes me había enseñado el señor Hollin-
ger, pidiéndome en forma insistente —[entreated mej — que
firmara e hictera una nueva copia del mismo, puesto que ne-
cesitaba dos copias; una para guardarla él y la otra para pu-
blicarla en los diarios. Añadió que sabría demostrarme su
agradecimiento. También esta vez copié y firmé el documento.

Con esto doy fe de que la declaración anterior es exacta
y agrego:

1) — que durante los 11 meses mencionados más arriba,
no estuve a las órdenes del señor Hollinger, sino a
las de un tal señor Ermani;

2) — que no trabajaba en la imprenta del señor Hollinger
en la época en que apareció el boletín A Modo de
Advertencia;

3) — que por aquel entonces el señor Vógele, que en esa
época trabajaba para el señor Hollinger, me comu-
nicó que él, en COMPAÑÍA DEL SEÑOR HOLLINGER,
había compuesto el boletin en cuestión y que el
manuscrito habia sido de letra de Blind;

4) — la composición del boletín se conservaba aun cuando
volví a trabajar en la imprenta de Hollinger. Yo
mismo lo refundi para la nueva copia del mismo,
impresa por el señor Hollinger, N°? 3, Lichtfield

HERR VOGT

Street, Soho, en el diario aleman intitulado Volk.
Este boletín apareció en el N° 7 del Volk, del 18
de junio del año 1859.

5) — Vi cómo el señor Hollinger entregaba al señor Lieb-
knecht, domiciliado en el N? 14, Church Street,
Soho, la galera del panfleto: A Modo de Adver-
tencia, galera ésta en la que el señor Carlos Blind
había corregido de su propio puño y letra cuatro o
cinco erratas de imprenta. El señor Hollinger titu-
beaba en agregar dicha galera al señor Liebknecht
y apenas éste se hubo alejado, nos manifestó a Vó-
gele y a mí su arrepentimiento de haberse despren-
dido de ella.

JUAN FEDERICO WIEHE.

Declarado y firmado ante mi
por el tal Federico Wiehe en
el tribunal policial de Bow Street
en este día 8 de febrero de 1860.

I. HENRY, juez del citado tribunal.

(Police Court)
(Bow Street)

Con los afidavit de los cajistas Vögele y Wiehe se había
probado que el manuscrito del panfleto había sido escrito con
letra de Blind, compuesto en la imprenta de Hollinger y que
una de sus correcciones había sido realizada por el mismo
Blind en persona. |

Y fué entonces que aquel homme d'Etat le escribió a Julio
Fröbel con fecha Londres, 4 de julio de 1859: “Aquí acaba
de aparecer, no sé por parte de quién, una grave denuncia
contra Vogt por soborno. En ella se encuentran numerosos

CARLOS MARX

hechos de los que nada oímos decir anteriormente”. Y este
mismo homme d’Etat le escribía a Liebknecht el 8 de septiem-
bre de 1859 que NADA TENÍA QUE VER EN EL ASUNTO MEN-
CIONADO.

No satisfecho con estas proezas, el ciudadano y hombre de
Estado Blind confeccionó para colmo una declaración falsa,
para la que, valiéndose astutamente de promesas de dinero por
parte de Fidelio Hollinger y de reiteradas promesas de futuras
demostraciones de agradecimiento de parte suya, obtuvo la
firma del cajista Wiehe.

No conforme con haber mandado al Allgemeine Zeitung,
este producto suyo con la firma astutamente obtenida, acom-
pañándolo del falso testimonio de Fidelio Hollinger, Blind
“invoca”. repetidas veces esos “documentos” en una segunda
declaración y en un arranque de indignación moral, me acusa
en relación con esos mismos “documentos”, de haber maqui-
nado y puesto en práctica ‘un grosero embuste”.

Hice circular en los más distintos centros las copias de
los afidavit de Vögele y Wiche, a consecuencia de lo cual se
celebró una reunión en la casa de Blind, de la que participaron
el mismo Blind, Fidelio Hollinger y un amigo del primero,
el señor D. M. Carlos Schaible, hombre honrado y silencioso
que, en cierto modo, hacía el papel del elefante amaestrado en
las operaciones políticas de Blind.

En el número del Daily Telegraph, correspondiente al 15
de febrero de 1860, apareció un párrafo que más adelante fué
copiado por los diarios alemanes y el que traducido reza co-
mo sigue:

HERR VOGT

EL PANFLETO DE VOGT
Al Editor del Daily Telegraph

“Muy sefior mio;

A consecuencia de datos equívocos dados a publicidad,
me creo en el deber de declarar oficialmente al señor Blind,
como también al señor Marx, que ninguno de los dos es el
autor del panfleto dirigido tiempo atrás contra el profesor
Vogt, radicado en Ginebra. Dicho panfleto es obra mía y so-
bre mí recae toda responsabilidad. Lamento, en consideración
a los señores Marx y Blind, que circunstancias incontrolables
me vedaran hacer esta declaración con anterioridad.

Londres, 14 de febrero de 1860.

CARLOS SCHAIBLE. M. D.”.

El señor Schaible me hizo llegar esta declaración. Respon-
dí a su gentileza, remitiéndole los afidavit depuestos por los
cajistas Vögele y Wiehe, escribiéndole al mismo tiempo que
su declaración nada cambiaría en lo referente a los falsos tes-
timonios enviados por Blind al Allgemeine Zeitung, ni en la
conspiración de Blind y Hollinger destinada a obtener la firma
de Wiehe para aquel documento falso por ellos confeccionado.

Blind advirtió que esta vez no se hallaba en el terreno se-
guro del Allgemeine Zeitung sino en la peligrosa jurisdicción
judicial de Inglaterra. Si quería anular los afidavit y las “gro-
seras injurias”? basadas sobre ellos, entonces era preciso que
tanto él como Hollinger, depusieran afidavit contrarios; pero
con las felonías no se puede jugar.

CARLOS MARX

Eisele-Blind no ha redactado el panfleto, pues Beisele-Schai-
ble declara públicamente ser el autor del mismo. Blind única-
mente ha confeccionado el manuscrito del boletín, encargán-
dose tan sólo de ordenar su impresión en la imprenta de
Hollinger, hacienda después las correcciones de galera necesa-
rias, limitándose solamente a urdir falsos testimonios en com-
pañía de Hollinger para desmentir estos hechos y remitirselos
luego al Allgemeine Zeitung. Es la inocencia ignorada, pues
no es el autor nt originador de dicho panfleto. Unicamente
actuaba en calidad de escribiente de Beisele-Schaible. Precisa-
mente por eso tampoco pudo saber el 4 de julio de 1859,
“quien fué” el que había lanzado al mundo este panfleto; “no
teniendo participación alguna en el asunto en cuestión”, el
dia ‘8 de septiembre de 1859. Para su tranquilidad diremos
por lo tanto: en sentido literario el autor del panfleto es
Beisele-Schaile, pero Etsele- Blind es su autor en el sentido
técnico de las leyes inglesas y su editor responsable en el de
toda legislación civilizada. ¡Habeas sibi!

A modo de despedida una palabra para el señor Beisele-
Schaible:

EI pasquin publicado por Vogt contra mi en el Handels-
courier — [Correo Comercial] —, de Biele, con fecha, Berna
25 de mayo de 1859, estaba encabezado con el título: A Mo-
do de Advertencia. El panfleto concebido por Schaible y escrito
y publicado por su secretario Blind a principios de junio y
en el que Vogt es denunciado como agente ‘‘sobornador y
sobornado”” de Luis Bonaparte, lleva igualmente por título:
A Modo de Advertencia. Además está firmado por X. Aun
cuando en álgebra la X representa la cantidad desconocida, da
la casualidad que también es la última letra de mi apellido.
¿Acaso el título y la firma se proponían hacer pasar La Ad-
vertencta de Schaible por una réplica mia a la Advertencia de

HERR VOGT

Vogt? Schaible había prometido una revelación N° 2 en cuan-
to Vogt osara negar la revelación N° 1. Vogt no se limitó
a negarla, sino que inició una demanda por calumnias en
respuesta a la Advertencia de Schaible. Y hasta este momento
nos falta la revelación N° 2 prometida por Schaible. Schaible
había impreso en el encabezamiento de su panfleto las siguien-
tes palabras: Se ruega encarecidamente su divulgación. Y cuan.
do Liebknecht se mostró “tan amable”, encomendando su
“divulgación” al Allgemeine Zeitung “circunstancias incon-
trolables’’ paralizaron desde junio de 1859 hasta febrero de
1860 la lengua del señor Schaible, la que recién recobra su
agilidad ante la amenaza que significaban los afidavit depues-
tos en la corte de justicia policial de Bow Street.

Sea como fuere, Schaible, el primer denunciante de Vogt
se ha responsabilizado públicamente de los datos publicados
en ese panfleto. Es así como la campaña de Augsburgo, en lu-
gar de terminar con la victoria de Vogt, el defensor, termina
con la ansiada aparición en escena de Schaible, el agresor.

CAPITULO VIII

DA-DA VOGT Y SUS “ENSAYOS”

“Sine studio”.

Aproximadamente un mes antes de estallar la guerra con
Italia aparecieron los llamados “Ensayos sobre la actual st-
tuación de Europa”, de Vogt. Ginebra, 1859. ¿Cui bono?

Vogt sabia que “en la primera guerra, Inglaterra se man-
tendría neutral” (Ensayos, pág. 5). Sabía que Rusia, “de
común acuerdo con Francia no escatimaría los recursos que
están más acá de toda franca hostilidad para perjudicar a
Austria” (Ensayos, pág 13). Sabía también que Prusia...;
pero dejemos que él mismo nos diga qué es lo que sabe sobre
Prusia.

“Hasta cl más miope debe haber comprendido por fin
que entre el gobierno prustano y el gobierno Imperial de Fran-
cla existe un acuerdo; que Prusia no se limitará a empuñar
la espada sólo en defensa de las provincias de Austria no ale-
manas que aprobará todas las medidas que impliquen la de-
fensa del territorio federal, oponiéndose en cambio a toda
intervención de la federación o de los distintos componentes
de la misma a favor de Austria, para luego obtener en las pos-
teriores negociaciones de paz la correspondiente recompensa

CARLOS MARX

por estos SERVICIOS PRESTADOS, consistente en territorios per-
tenecientes a los países bajos del Norte de Alemania” (luc. cit.,
pág. 19). |

Facit: en la próxima cruzada que Bonaparte llevará a cabo
contra Austria, Inglaterra se mantendrá neutral, Rusia asumi-
rá una actitud hostil para con Austria, Prusia contendrá los
probables impulsos guerreros de los componentes de la fede-
ración y Europa localizará la guerra. Tal como anteriormente
había dirigido la guerra rusa, así Bonaparte dirigirá también
ahora la guerra italiana, contando para ello con el permiso de
los gobiernos y, en cierto modo, como general secreto de una
coalición europea. ¿Qué objeto tenía por lo tanto el panfleto
de Vogt? Ya que Vogt sabe que Inglaterra, Rusia y Francia
actúan contra Austria, ¿qué le obliga a escribir a favor de
Bonaparte? Pero parece que, aparte del antiguo odio a los
franceses “el pueblo alemán” — pág. 121 lug. cit. — ‘‘con
el decrépito abuelo Arndt y la sombra del cochino Jahn a la
cabeza” se sintió sacudido por una especie de movimiento na-
cional, logrando despertar cierto eco en toda clase de ‘‘cámaras
y diarios”, mientras “los gobiernos tan sólo se avenian a seguir
la corriente imperante, después de múltiples titubeos e inde-
cisiones” (pag. 114 lug. cit.) . Parece que “la creencia en la ame-
naza de un peligro” hizo que en el “pueblo” alemán, se escu-
chara un “grito que reclamaba los procedimientos comunes”,
EL MONITEUR francés — ver entre otros el número del 15 de
marzo de 1859 — asistía “con* doloroso asombro” a este
movimiento alemán. |

“Una especie de cruzada contra Francia — (exclama el
mencionado órgano) — es predicada en las cámaras y la pren-
sa de algunos Estados de la federación alemana. Se la acusa
de forjar planes ambiciosos de gloria, planes éstos que ha ne-
gado; de preparar conquistas que no necesita”, etc. Frente a

HERR VOGT

estas “calumnias” el Moniteur demuestra que la actitud “del
Emperador”, en lo que a la cuestión italiana se refiere, “al
revés del espíritu alemán, deberá inspirar la mayor confianza”;
que la unión y nacionalidad alemanas son, en cierto modo,
la ambición de la Francia decembrista, etc. Sin embargo El
Moniteur confiesa también — ver 10 de abril de 1859 —
que ciertos temores alemanes acaso aparenten haber sido “pro-
vocados’’ por determinados panfletos parisienses, panfletos
éstos en los que Luis Bonaparte insiste, eligiéndose a sí mismo,
en proporcionar a su pueblo “la largamente ansiada oportuni-
dad pour s'étendre majestueusement des Alpes au Rhin”
— (de extenderse majestuosamente de los Alpes hasta el
Rhin) —. “Pero — [continúa diciendo el Moniteur] — Ale-
mania olvida que Francia se halla bajo la égida de una legis-
lación que no permite control preventivo alguno por parte
del gobierno”. Estas y otras declaraciones similares del Moni-
teur produjeron, de acuerdo a lo comunicado al conde de Mal-
mesbury — ver Libro Azul: On the affairs of Italy, January
to March 1859 — exactamente lo contrario del efecto deseado.
Aquello que el Moniteur no pudo, quizá lo pudo Carlos
Vogt. Sus ensayos no son más que la compilación traducida
al alemán, de artículos del Moniteur, panfletos de Dentu y
mapas decembristas para el porvenir.

La politiquería de Vogt con respecto a Inglaterra tiene un
solo objeto: explicar la manera de sus Ensayos. De acuerdo a
sus fuentes originales francesas, convierte al almirante inglés,
Sir Charles Napier, en un Lord Napier (Ensayos, pág. 4).
Los Zouaves literarios ligados al decembrismo han aprendido
en el teatro de la Porte St. Martín, que todo inglés distinguido
es, por lo menos, un Lord.

CARLOS MARX

“Con Austria — [así nos cuenta Vogt} — Inglaterra
nunca ha podido armonizar por mucho tiempo. Cada vez que
intereses comunes unían momentáneamente por algún tiempo
a ambos países, siempre la necesidad política volvía a separar-
los de nuevo. Con Prusia, en cambio, Inglaterra siempre volvió
a reanudar sus relaciones”, etc. (lug. cit., pág. 2).

En efecto la lucha común entre Inglaterra y Austria contra
Luis XIV dura — salvo insignificantes interrupciones — de
1689 a 1713, es decir, casi un cuarto de siglo En la guerra
de sucesión austríaca, Inglaterra lucha durante casi seis años
al lado de Austria contra Prusia y Francia. Recién en la gue-
rra de los siete años, Inglaterra se convierte en aliada de Prusia
contra Francia y Austria, pero ya en 1760 Lord Bute aban-
dona a Federico el Grande, para proponer alternativamente
la “repartición de Prusia” al ministro ruso Galitzih y al mi-
nistro austríaco Kanitz. En 1790 Inglaterra firma un pacto
con Prusia contra Rusia y Austria, pacto que ya queda sin
efecto ese mismo año. Durante la guerra anti-jacobina, Prusia
se retira por medio de su pacto con Basilea de. la coalición
Europea a pesar de los subsidios que percibe de Pitt. Austria,
en cambio, azuzada por Inglaterra, prosigue la lucha con
breves interrupciones desde 1793 hasta 1809. Apenas desapa-
recido Napoleón y aún durante el congreso de Viena, Ingla-
terra firma un pacto secreto — 9 de febrero de 1815 — con
Austria y Francia, contra Rusia y Prusia. En 1821 Metter-
nich y Castlereagh conciertan en Hannover un nuevo convenio
contra Rusia. Pero mientras debido a ello los mismos britá-
nicos, historiadores y oradores parlamentarios, se refieren a
Austria, llamándola preferentemente su ancient Ally — vieja
aliada — Vogt descubre en su panfleto original en francés,
publicado por la editorial Dentu, que, salvo ““momentáneas
alianzas”, Inglaterra y Austria siempre se mantuvieron sepa-

HERR VOGT

radas, por lo que, sin duda, también Lord Lyndhurst exclamó
en la Camara de los Lores, refiriéndose a Rusia: jQuem tu,
Romane, caveto! La Inglaterra protestante no simpatiza con
la Austria católica, la Inglaterra liberal no es amiga de la
Austria conservadora, la Inglaterra librecambista esta contra
la Austria arancelaria, la Inglaterra solvente repudia la Aus-
tria insolvente. Pero siempre el elemento patético fué ajeno
a la historia de Inglaterra. Es cierto que durante los 30 anos
de la historia de su gobierno Lord Palmerston ameniza, de
cuando en cuando, su esclavitud de Rusia, con su antipatia
por Austria. Debido a esta “antipatia”” rechaza por ejemplo
la intervención de Inglaterra en Italia, que en 1848 le había
sido ofrecida pot Austria con el beneplácito de Piamonte y
Francia y de acuerdo a la cual Austria debía retroceder hasta
la línea del Adige y Verona, entregándosele, en caso de con-
siderarlo conveniente, la Lombardía a Piamonte y entrando
a formar parte de Lombardía, Parma y Modena, constitu-
yendo Venecia en cambio, un Estado italiano independiente
que sería regido por algún archiduque austríaco y que se daría
a sí mismo su propia constitución (ver Blue Book on the
affairs of Italy. Part. II July 1849. N° 377, 478). Sin duda
estas condiciones resultaban ser más convenientes que las for-
muladas en el tratado de paz de Villafranca, Después de que
Radezky hubo batido a los italianos en todas partes, Pal-
merston aconsejó aceptar las condiciones que él mismo había
desechado. Apenas los intereses de Rusia exigieron un proce-
dimiento contrario durante la guerra de la independencia
húngara, rechazó, a pesar de la “antipatía”? que le merecía
Austria, la ayuda a que lo invitaban los húngaros, apoyándose
para ello en el tratado de 1711 y llegando hasta desechar
toda protesta contra la intervención rusa, debido a que “la
independencia y las libertades de Europa estaban sometidas

CARLOS MARX

a la conservación e integridad de Austria como potencia euro-
pea” (Asamblea celebrada en la Cámara de los Comunes. 21
de julio de 1849).

Vogt continúa diciendo:

“Los intereses del Reino Unido... les son hostiles en
todo” (Se refiere a los intereses de Austria).

Ese todo se convierte de inmediato en el Mar Mediterráneo.

“Inglaterra desea conservar, cueste lo que cueste, su in-
fluencia sobre el Mediterráneo y los países que lo bordean.
Nápoles y Sicilia, Malta y las Islas Jónicas, Siria y Egipto,
son meras etapas para su política enfocada sobre las Indias
Orientales; en todas partes, en lo referente a este punto, Aus-
tria le opuso los obstáculos más insalvables (lug. cit.).

¡Hay que ver todo lo que el Vogt ese le cree al original
panfleto decembrista publicado en París por Dentu! Hasta
entonces los ingleses creían haber combatido alternativamente
con rusos y franceses por la posesión de Malta y de las Islas
Jónicas, pero nunca pensaron en combatir con Austria. Fran-
cia y no Austria habría sido la que anteriormente enviara una
expedición a Egipto, expedición que en esos momentos tomaba
posesión del istmo de Suez; Francia y no Austria habría he:
cho conquistas en la costa del Norte de Africa, intentando
despojar en compañía de España, a los británicos de Gibraltar.
Inglaterra había firmado en julio de 1840 contra Francia el
tratado referente a Siria y Egipto, uniéndose para ello a Aus-
tria; en cuanto a “la política enfocada sobre las Indias Orien-
tales”, Inglaterra- tropieza en todas partes con los obstáculos
más ““insalvables”” opuestos por parte de Rusia y no por parte
de Austria; en el serio litigio entre Inglaterra y Nápoles — la
cuestión del azufre en 1840 — había sido una asociación
francesa y no austríaca, cuyo monopolio del comercio de azu-
fre siciliano sirvió de pretexto para la controversia; final-

HERR VOGT

mente en la margen opuesta del Canal se hablaba de tanto en
tanto de transformar el Mediterráneo en un lac francais, pero
nunca en un lac autrichien. Pero aquí es preciso hablar acerca
de una circunstancia muy importante.

Durante el año 1858 se difundió en Londres un mapa
de Europa intitulado L'Europe en 1860 — Europa en
1860 —. Este mapa que había sido publicado por la Emba-
jada francesa y que contiene más de una insinuación profética
por tratarse del año 1858, como, por ejemplo, la anexión de
Lombardía y Venecia a Piamonte y de Marruecos a España,
cambia por completo la geografía política de toda Europa,
exceptuando a Francia que aparentemente se mantendrá den-
tro de sus límites conocidos. Los territorios a ella destinados
les son adjudicados con disimulada ironía a las potencias más
inconcebibles. Es así como Egipto le corresponde a Austria
y en la glosa marginal impresa en el mapa puede leerse:

François Joseph I. l'Empereur d'Austriche et d'Egypte”
[Francisco José I. Emperador de Austria y Egipto].

Vogt había extendido ante sí el mapa de ‘L'Europe en
1860” como si fuera una brújula decembrista. De ahí su con-
flicto entre Inglaterra y Austria por la cuestión de Egipto y
Siria. Vogt predice que este conflicto “terminaría con la ani-
quilación de las potencias en litigio”, siempre que — según
lo advierte a última hora — “Austria dispusiera de una po-
tencia naval” (lug. cit., pág. 2). Pero los Ensayos alcanzan
el punto culminante de la sabiduría histórica que les es pecu-
liar, en el párrafo siguiente:

“Cuando Napoleón I intentó hacer saltar el banco inglés,
éste, cierto día, decidió contar las sumas sin pesarlas, como
hasta tanto se acostumbraba a hacer; durante los 365 dias
del año el tesoro público de Austria se encuentra en una situa-
ción semejante, por no decir, peor” (lug. cit., pág. 43).

CARLOS MARX

Como es sabido, los pagos al contado efectuados por el
Banco de Inglaterra — (el “banco inglés” es también uno de
los fantasmas de Vogt) — fueron suspendidos a partir de
febrero de 1797 hasta el año 1821. Durante estos 24 años
los billetes de banco ingleses no podían ser convertidos en
metal, ya fuera pesado o contado. Al producirse la suspensión,
en Francia no existía aún Napoleón 1 — si bien es cierto que
por aquella época cierto general Bonaparte llevaba a cabo su
primera campaña de Italia — y cuando volvieron a reiniciarse
los pagos en Threadneedle Street, ya Napoleón I había dejado
de existir para Europa. Esta clase de Ensayos son sin duda
más eficaces aún que la conquista de Tirol, atribuida por
La Guerroniére al Emperador de Austria.

La señora de Krüdener, la madre de la Santa Alianza, di-
ferenciaba el buen principio — [el blanco ángel del Norte, Ale-
jandro [}— del mal principio — [el negro ángel del Sud,
Napoleón I] —. Vogt, el padre adoptivo de la nueva Santa
Alianza, convierte a ambos, al zar y al César, Alejandro II y
Napoleón III, en ángeles blancos. Ambos son los predestinados
libertadores de Europa.

Piamonte — [así afirma Vogt] — hasta ha conquistado
para sí el respeto de Rusia (lug. cit., pág. 11).

¡Qué más puede decirse de un Estado que hasta ha logrado
conquistar para si el respeto de Rusia! Sobre todo después de
que Piamonte hubo cedido a Rusia la base naval de Villafran-
ca y, como el mismo Vogt advierte rifiriéndose a la adquisición
de la Bahia de Jade por Prusia, “una base naval en territorio
ajeno y carente de comunicaciones orgánicas con el país a que
pertenece, es una ridiculez tan disparatada, que su existencia
únicamente podrá cobrar importancia, si se la mira en cierto
modo como punto de partida de futuras aspiraciones. Tal es

la nueva banderita recientemente fijada y hacia la cual se

HBRR VOGT

orientan todas las líneas directivas”? (Ensayos, pág. 15). Co-
mo es sabido, ya Catalina II trató de obtener para Rusia bases
navales en el Mediterráneo.

Su delicada atención para con el “ángel blanco del Nor-
te” lleva a Vogt a ofender groseramente con sus exageraciones
“la modestia de su naturaleza”, en cuanto aún es percibida por
sus dentuescas fuentes originales. Leyó en la página 20 de La
Vraie Question, France-ltale-Autriche. Paris 1859 [La ver-
dadera cuestión, Francia-Italia-Austria].

“¡Con qué derecho el gobierno austriaco podría invocar
la inviolabilidad de los tratados de 1815, habiendo sido pre-
cisamente él quién los violara con su confiscación de Cracovia,
cuya independencia la garantizaban dichos tratados ?,

Éste, su original francés, es traducido por él de la siguiente
manera:

“Resulta extraño escuchar este lenguaje de labios del único
gobierno que hasta ahora ha violado con todo descaro los tra-
tados, alargando en plena paz su mano para apoderarse de la
República de Cracovia, cuya independencia garantizaban dichos
tratados, incorporándola sin más ni más al Imperio” (lug.
cit., pág. 58).

Como es natural, Nicolás destruyó la constitución e inde-
pendencia del reino polaco, garantizadas por los tratados de
1815, en “consideración” a los tratados de 1850. Rusia tampo-
co menospreciaba la integridad de Cracovia y en el año 1831
hasta llegó a ocupar dicha ciudad libre, con tropas moscovitas.
En el año 1836 Cracovia volvió a ser ocupada por rusos, aus-
triacos y prusianos, siendo tratada como país conquistado y
aún en el año 1840 apelaba en vano a Francia e Inglaterra, in-

1. “De quel droit d'ailleurs le gouvernement autrichien viendrait'il
invoquer l'inviolalité de ceux — traités — de 1815, lui qui les a violés
en confisquent Cracovie, dont ces traités garantisséren l'indépendence”.

CARLOS MARX

vocando los tratados de 1815. Finalmente en 1846, una vez
más los rusos, austríacos y prusianos ocuparon Cracovia para
entregársela a Austria. La violación del tratado fué llevada a
cabo por las tres grandes potencias del Norte y la confiscación
austríaca de 1846 representó únicamente la última palabra de
la invasión rusa de 1851. Por delicadeza para con el “ángel
blanco” del Norte, Vogt olvida la confiscación de Polonia y
falsifica la historia de la confiscación de Cracovia ?.

La circunstancia de que Rusia “le es definitivamente hostil
a Inglaterra y simpatiza con Francia”, no hace dudar al Vogt
ese “de las tendencias liberadoras de pueblos, de Luis Bona-
parte”, tal como tampoco el hecho de que “su politica” — [la

de Luis Bonaparte] — “hoy esté íntimamente ligada a la de
Rusia” — página 30 —, le permite abrigar duda alguna acerca

de las liberadoras tendencias de Alejandro II.

Por lo tanto es preciso que en Oriente “la Santa Rusia sea
considerada la amiga de las inclinaciones libertadoras'* y de la
“evolución popular y nacional”, como lo es en Occidente la
Francia decembrista. La consigna que figura en el escrito edita-
do por Dentu La Foi des Traités, les Puisances Signatoires et
l'Empereur Napoleón III. Paris, 1850” [La fe de los tratados,
las potencias firmantes y el Emperador Napoleón III. Paris,
18507. “¿Pertenece Rusia a la familia de los eslavos, una raza
privilegiada. .. Sorprendió el repentino acuerdo que se estableció
de pronto entre Francia y Rusia. Nada más natural: Concor-
dancia en los principios, acuerdo sobre el fin perseguido, some-
timiento a la ley de la santa alianza de los gobiernos y pueblos,
no para tender trampas ni imponerlas, sino para apoyar y regir

2. Palmerston, que con su ridículo proceso había colaborado incan-
sablemente a partir de 1831 en la intriga contra Cracovia, se burló de
Europa (Ver mi folleto intitulado: Pulmerston and Polland. Londres,

1853).

HERR VOGT.

los divinos impulsos de las naciones. De esta completa cordia-
lidad — entre Luis Felipe e Inglaterra reinaba solo una entente
cordiale — [una alianza cordial] —, mientras entre Luis Bo-
naparte y Rusia reina la cordialité la plus parfaite— [la
cordialidad más perfecta] —, han surgido los efectos más fe-
lices: Ferrocarriles, manumisión de los esclavos, puertos comer-
ciales en el Mediterráneo”, etc. etc. 3. |

Vogt recoge de inmediato “la abolición de la esclavitud” y
señala que “el reciente impulso... podría hacer de Rusia más
bien una amiga y no una enemiga de las aspiraciones libera-
doras” (lug. cit., pág. 10).

Tanto él como su original dentuesco hace recaer en Luis
Bonaparte el impulso de la llamada emancipación de los siervos
rusos, convirtiendo la guerra anglo-turco-franco-rusa persegui-
dora de este fin, en una guerra francesa (lug. cit., pág. 10).

. Como se sabe, el grito que pedía la emancipación de los
siervos se escuchó por primera vez durante la retirada de
Alejandro I. El Zar Nicolás se ocupó durante toda su vida de
la emancipación de los siervos, creó con este fin en 1838 un
ministerio especial para la administración de los bienes de la
Corona, ordenó en 1843 a dicho ministerio que diera los pasos
preliminares y hasta llegó a dictar en 1847 leyes que defendían
a los labriegos, referentes a la enajenación de propiedades no-
biliarias, hacia cuya anulación únicamente pudo impul-
sarlo en 1848, el temor de la revolución. El que la cuestión

3. “La Russie est de la famille des Slaves, race d'élite... On s'est
étonné de l'accord chevaleresque survenue soudainement entre la France et
la Russie. Rien de plus naturel: accord des principes, unanimité de but...
soumission à la loi de l'alliance sainte des gouvernements et des peuples,
non pour leurrer et contraindre, mais pour guider et aider la marche divine
des nations. De la cordialité la plus parfaite sont sorties les plus heureux
effets: chemins de fer, affranchissement des serfs. stations comerciales dans
le Mediterranné, etc., etc." (pag. 33, La Foi des Traités, etc., Paris, 1859).

CARLOS MARX

de la emancipación de los siervos asumiera dimensiones de
mayor magnitud bajo el gobierno del “Zar benévolo”, como
Vogt denomina campechanamente a Alejandro Il, parece de-
berse en una evolución económica, que ni siquiera un Zar es
capaz de anular con su poder. Por lo demás la emancipación
de los siervos en el sentido del gobierno ruso habría de intensi-
ficar cien veces el vigor agresivo de Rusia. Sencillamente per-
sigue la perfección de la autocracia por medio de la anulación
de las barreras con que hasta tanto el gran autócrata había
tropezado en los innumerables pequeños autócratas de la no-
bleza rusa que se apoyaban sobre la esclavitud, como también
en las comunas rurales de administración propia, cuyas bases
materiales, o sea la propiedad comunal, debía ser destruída
por la llamada emancipación.

Pero da la casualidad que los siervos rusos entienden la
emancipación en un sentido distinto que el gobierno ruso y
que, por su parte, la nobleza rusa también la entiende de otra
manera. “El Zar benévolo” descubrió por lo tanto que una
verdadera emancipación de los siervos no concuerda con su
autocracia, tal como el benévolo Pío IX descubrió en su
época, que la emancipación italiana no concordaba con las exi-
gencias de la existencia del Papado. Es por eso que el “Zar
benévolo” ve en la guerra de conquistas y en el ejercicio de
la tradicional política extranjera de Rusia, la que de acuerdo
a lo apuntado por el historiador ruso Karamsin, resulta ‘‘in-
mutable’, el único medio para postergar la revolución en el
interior del país. El príncipe Dolgoronkow aniquiló crítica-
mente en su obra La verité sur la Russie, 1860, las mentiras
y los embustes sobre el milenio iniciado a partir de 1856 bajo
Alejandro IJ, divulgado afanosamente por escritores rusos ex-
presamente pagados para ello, proclamados en 1859 en voz

HERR VOGT

alta por los decembristas y repetidos con devoción por Vogt
en sus Ensayos.

Según Vogt, ya antes de estallar la guerra con Italia se
había impuesto la alianza, fundada entre el “blanco Zar” y
el “Hombre de Diciembre” en los principios del Danubio, ex-
clusivamente con el fin de liberar naciones, sellando la unión
e independencia de la nacionalidad rumana con la elección del
coronel Couza, convertido en principe de Moldavia y Valaquia.
“Austria se debate de pies y manos, Francia y Rusia aplau-
den” (lug. cit., pág. 65.)

En un memorandum copiado del Preussische Wochenblatt
— [Semanario Prusiano} — de 1855, bosquejado en 1837 por
el gabinete ruso para el Zar actual, puede leerse: “A Rusia no
le agrada incorporarse de inmediato un Estado con elementos
extraños. .. De todos modos parece más acertado dejar que
los países, cuya adquisición está resuelta, vivan durante algún
tiempo bajo el régimen de determinados gobernantes, que en
un todo dependen de ella, tal como lo hiciera en Moldavia y
Valaquia, etc.. Antes de incorporarse Crimea, Rusia proclamó
su independencia.

En una proclama rusa del 11 de diciembre de 1814 se lee
entre otras cosas: “...el Emperador Alejandro, vuestro pro-
tector, apela a vosotros, los polacos. Armaos para defender
vuestra patria y la conservación de vuestra independencia po-
lítica”,

¡Y ahora esos principados del Danubio! A partir de la
entrada de Pedro el Grande en los principados del Danubio,
Rusia ha estado trabajando por su independencia. En el con-
greso de Niemirow— 1737 — la Emperatriz Ana exigió al
Sultán la independencia de los principados del Danubio que
estaban bajo protectorado ruso. En el congreso celebrado en
Fokshani en 1772, Catalina H insistió en la independencia de

CARLOS MARX

dichos principados puestos bajo un protectorado europeo. Ale-
jandro I, prosiguió estas gestiones, sellándolas con la conver-
sión de Besarabia en una provincia rusa (La paz firmada en
Bucarest en 1812). Nicolás hasta llegó a beneficiar a los
romanos por intermedio de Kisseleff, con el aun válido Re-
glement Organique organizador de la esclavitud más infame,
contando con el beneplácito de toda Europa, que se mostraba
orgullosa de este code de libertad. Alejandro IT únicamente
dió un paso más en la política practicada durante siglo y medio
por sus antepasados, con su quasi unión de los principados del
Danubio bajo el régimen de Couza. Vogt descubre que a con-
secuencia de esta unión llevada a cabo bajo el gobierno de
un vasallo ruso, “los principados resultarian un obstáculo que
se opondría al avance ruso hacia el Sud” (lug. cit., pág. 64).

Puesto que Rusia aplaude la elección de Couza — (lug.
cit., pág. 65) —, resulta perfectamente claro que el “Zar bené-
volo” pone todo su empeño en “cerrarse el camino hacia el
Sud”, aûn cuando “Constantinopla siempre continuará siendo
la eterna meta de la política rusa” (lug. cit., pág. 91).

Es nuevo este giro para describir a Rusia como protectora
del liberalismo y de las ambiciones nacionales. Catalina II fué
reverenciada por todo un ejército de pensadores franceses y
alemanes, como la abanderada del progreso. El “noble” Ale-
jandro I — le Grec du Bas Empire, el griego del bajo Imperio
según lo denomina Napoleón de manera por cierto muy inno-
ble — jugé en un tiempo y en toda Europa el papel de héroe
del liberalismo. ¿Acaso no concedió a Finlandia los beneficios
de la civilización rusa? ¿No proporcionó generosamente a Fran-
cia, aparte de una constitución, también un primer ministro
ruso, el príncipe de Richelieu? ¿No era acaso el jefe secreto de
la Hetärie, mientras que en el congreso de Verona instigaba a

Luis XVIII por intermedio de Chateaubriand, que se le había

HERR VOGT

vendido, al iniciar su campaña contra los rebeldes españoles?
¿Acaso no azuzaba a Fernando VII por intermedio del confesor
de éste, para que enviara una expedición contra las revueltas co-
lonias hispano-americanas, mientras por otra parte prometía su
apoyo al presidente de los Estados Unidos de Norteamérica para
combatir toda intervención en el continente americano de parte
de las potencias europeas? ¿No había mandado a Valaquia a
Ypsilanti, “el conductor del sagrado ejército heleno”, haciendo
que el mismo Ypsilanti traicionara a dicho ejército, mandando
asesinar alevosamente a Wladimiresco, el jefe de los rebeldes
valacos? Antes de 1830 también Nicolás fué elogiado en todos
los idiomas, ya fuera en verso o en prosa, como el héroe libera-
dor de nacionalidades. Al iniciar en 1828-1829 su campaña
liberadora de los griegos contra Mahmud IT, puesto que Mah-
mud se había negado a dejar pasar un ejército ruso destinado
a sofocar la rebelión griega, Palmerston declaró frente al par-
lamento inglés, que los enemigos de la Rusia libertadora ne-
cesariamente debían ser “amigos” de los más grandes monstruos
universales: de Don Miguel, de Austria y del Sultán. ¿Acaso
con su solicitud paternal Nicolás no les daba a los griegos un
general ruso, el conde Capo d'Istria, para presidente? Sólo que
los griegos no eran franceses y asesinaron al noble conde Capo
d'Istria. Si bien desde el estallido de la revolución de julio de
1830 Nicolás representaba sobre todo el papel de protector de
la legitimidad, no dejó de actuar un solo instante en pro de
la “liberación” de las nacionalidades”. Bastan pocos ejemplos.
La revolución constitucional de Grecia había sido dirigida en
septiembre de 1843 por Katakasi, el ministro ruso en Atenas,
anteriormente el guardián superior, responsable del almirante
Heyden, al producirse la catástrofe de Navarino. La central
de la rebelión búlgara de 1842 fué el consulado ruso en Bu-
carest, Allí mismo el general ruso Duhamel recibió en la pri-

CARLOS MARX

mavera de 1842 a una delegación búlgara, a la que presentó
el plan para una insurrección general. Serbia debía servir de
reserva para la insurrección, transmitiéndose al general ruso
Kisseleff el cargo de Hospodar de Valaquia. Durante la insu-
rrección serbia — 1843 — Rusia, por intermedio de su Em-
bajada en Constantinopla, instó a Turquía a someter a los
serbios a medidas disciplinarias, para luego poderse valer de
este pretexto y apelar a la simpatía y al fanatismo de Europa
contra los turcos. “Tampoco Italia quedaba excluida de los
planes liberadores del Zar Nicolás: La jeune Italie — [La joven
Italia] —, durante algún tiempo el órgano parisiense del par-
tido mazzinista, nos informa en un número perteneciente al
mes de noviembre de 1843: “Los recientes disturbios en Ro-
maña y los movimientos que se produjeron en Grecia, estaban
más o menos relacionados entre si... El movimiento italiano
fracasó debido a que el partido realmente democrático le negó
su apoyo. Los republicanos no quisieron apoyar un movimien-
to que había sido iniciado en Rusia. El movimiento debía co-
menzar en Nápoles, donde se esperaba que una parte del
ejército lo encabezaría o que haría causa común con los pa-
triotas. Una vez estallada la revolución debían levantarse
la Lombardía, el Piamonte y la Romaña; y se fundaría un
Imperio Italiano, regido por el príncipe de Leuchtenberg, hijo
de Eugenio de Beauharnais y yerno del Zar. “La Jeune Italie
desbarató este plan. El Times, del 20 de noviembre de 1843,
apunta refiriéndose a esta información de la Jeune Italie: “Si
este gran fin — [la fundación de un Imperio Italiano encabe-
bezado por un principe ruso] — fuera factible, tanto mejor;
pero otro beneficio más inmediato, aun cuando no tan
importante, podria ser logrado en Italia por cualquier mo-
vimiento, originar la alarma de Austria y desviar su atención

HERR VOGT

de los espantosos — [fearful] — planes de Rusia en el Da-
nubio”, `

Después de que en 1843 Nicolás acudiera en vano a “La
Nueva Italia”, envió a Roma en marzo de 1844 al señor Bou-
tenieff. En nombre del Zar, Boutenieff comunicó al Papa que
la Polonia rusa habría de ser entregada a Austria a cambio de
la Lombardía, la que se constituiría en un reino del Norte de
Italia gobernado por Leuchtenberg. El Tablet, de abril de
1844, por aquel entonces Órgano inglés de la curia romana,
objeta a esta proposición: “Para la corte romana el cebo con-
tenido en este hermoso plan consistía en que Polonia pasara a
manos católicas, mientras la Lombardía continuaba como hasta
entonces regida por una dinastía católica. Pero los veteranos
diplomáticos de Roma comprendieron que, puesto que Austria
apenas es capaz de mantener sus propiedades y que, de acuerdo
a todas las probabilidades humanas tarde o temprano se verá
obligada a despojarse de sus provincias eslavas, el traspaso de
Polonia a Austria, suponiendo que esta parte de la proposición
fuera hecha en serio, sería tan solo un préstamo a devolver más
adelante, mientras con el príncipe de Leuchtenberg a la ca-
beza, el Norte de Italia en efecto caería bajo protectorado ruso,
viéndose muy pronto irremisiblemente sometido al cetro de
Rusia. Por consiguiente se resolvió dejar momentáneamente
sin efecto este plan tan insistentemente recomendado”.

Hasta aquí el Tablet de 1844.

La única circunstancia que desde mediados del siglo XVII
justificaba la existencia estatal de Austria, su oposición a los
progresos de Rusia en el Este de Europa — una oposición des-
amparada, inconsecuente, cobarde, pero obcecada — hace que
Vogt descúbra que “Austria es el baluarte de toda controversia
en Oriente” (lug. cit., pág. 56). Con “cierta ingenuidad infan-

CARLOS MARX

til”” que tan bien sienta a su obesa modalidad, Vogt explica
las relaciones de Rusia y Francia contra Austria por parte de
las tendencias liberadoras del “Zar benevolente”, como con-
secuencia de la ingratitud de Austria ante los servicios recibidos
de Nicolás durante la revolución húngara. “Durante la misma
guerra de Crimea, Austria llegó hasta el límite máximo de
la neutralidad armada y hostil. Se comprende que esta actitud,
que para colmo llevaba el sello de la falsedad y traición, tenía
que provocar en el gobierno ruso un amargo rencor a Austria,
impulsándolo a aliarse con Francia” (lug. cit., págs. 10-11).
Según Vogt, Rusia sigue una política sentimental. El agrade-
cimiento que durante el congreso de Varsovia celebrado en
1850, Austria hizo llegar al Zar a costas de Alemania con la
marcha sobre Slesvig-Holstein, no satisfizo al agradecido Vogt.

En su famoso despacho fechado en París en diciembre de
1825, el diplomático ruso Pozzo di Borgo, dice después de la
previa enumeración de las actividades austriacas contra los

planes de intervención rusa en Oriente: “Por eso nuestra po-

lítica nos manda mostrarnos a este Estado — [Austria] —
bajo un aspecto espantoso y a convencerlo con nuestros pre-
parativos que, en caso de osar el menor movimiento contra
nosotros, se desencadenaría sobre su cabeza la más tremenda
tormenta que jamás haya debido soportar”. Después de que
Pozzo hubo amenazado con la guerra desde el exterior y la
revolución interna, señalando como probable solución pacifi-
ca, la aceptación por Austria “de las provincias turcas que le
corresponden”, describiendo en cambio a Prusia como a un
aliado dependiente de Rusia, continúa diciendo: “De haber
accedido la corte vienesa a nuestras buenas intenciones y fines,
haría ya tiempo que el plan del gabinete Imperial se habría
cumplido, plan este que no sólo se limita a la ocupación de
los Principados del Danubio y Constantinopla, sino que hasta

HERR VOGT

se extiende a la expulsión de los turcos de Europa”. Como
se sabe, en el año 1830 se firmó un pacto secreto entre Nicolás
y Carlos X. En el mismo se estipulaba: Francia permite a Ru-
sia la ocupación de Constantinopla, obteniendo en «reemplazo
las provincias renanas y Bélgica; Prusia será indemnizada con
la entrega de Hannover y Sajonia; Austria obtiene una parte
de las provincias turcas del Danubio. Este mismo plan volvió
a ser presentado bajo Luis Felipe a instancias de Rusia y por
intermedio de Molé al gabinete de Petrogrado. Poco después
Brunnov llevaba a Londres el expediente, en donde su texto
le fué comunicado al gobierno inglés como prueba de la
traición de Francia, empleándose luego para la formación de
la coalición antifrancesa de 1840.

Veamos ahora cómo Rusia, de común acuerdo con Fran-
cia, debía aprovechar la guerra italiana según las ideas de Vogt,
inspiradas por sus fuentes originales parisienses. La composición
“Nacional” de Rusia y en especial la “nacionalidad polaca”,
podrían ofrecer aparentemente algunas dificultades a un hombre
cuya “estrella polar es el principio de la nacionalidad”, pero:
“mantenemos muy alto el principio de la nacionalidad, pero
más alto aún, el de la voluntad libre” (lug. cit., pág. 12).

Cuando por medio de los tratados de 1815, Rusia se
anexó la mayor parte del verdadero territorio polaco, logró
una posición tan avanzada hacia Occidente, interponiendo una
cuña tan pronunciada, no sólo entre Austria y Prusia, sino
también entre Prusia Oriental y Silesia, que ya por aquel en-
tonces algunos oficiales prusianos, como por ejemplo Gneise-
nau, advirtieron la insoportable situación que creaban seme-
jantes condiciones limítrofes. Pero cuando la derrota de Polonia
en 1831 entregó incondicionalmente este territorio a los rusos,
fué cuando realmente quedó al descubierto el verdadero sentido
de esta cuña. El sometimiento de Polonia únicamente habría de

CARLOS MARX

servir de pretexto para las fortificaciones instaladas en gran
escala junto a Varsovia, Modlin e Ivangrod. Su verdadero
objetivo era la completa dominación del territorio del Vistula
y la fundación de una base para el ataque al Norte, Sud y
Oeste. Hasta Haxthausen, que admira al Zar ortodoxo y todo
lo ruso, ve en ello un evidente peligro y amenaza para Ale-
mania. La posición fortificada de los rusos en el Vistula, resulta
más peligrosa para Alemania que todas las fortificaciones
francesas reunidas, sobre todo desde el momento en que cese
la oposición nacional de Polonia, y Rusia disponga de las
fuerzas: bélicas polacas como de las suyas propias. Por eso
Vogt tranquiliza a Alemania, diciéndole que Polonia se ha
vuelto rusa por voluntad propia. “No cabe duda — [expresa]
— que debido a los denodados esfuerzos del partido popular
ruso, el abismo que se abría entre Polonia y Rusia se ha redu-
cido sensiblemente, hasta el punto que acaso sólo sea preciso un
mínimo esfuerzo para hacerlo desaparecer por completo”. (lug:
cit., pág. 12). Este mínimo esfuerzo habría de proporcionarlo
la guerra de Italia (Sin embargo Alejandro II se convenció
durante dicha guerra de que Polonia no estaban aún a la altura
de Vogt). La Polonia que “por voluntad propia” se había
dejado absorber por Rusia, atraería en su condición de cuerpo
central y por medio de la ley de gravedad, los miembros del
otrora Imperio polaco, actualmente aislados y sometidos a la
dominación extranjera. Para que este proceso de atracción se
verifique con mayor facilidad, Vogt aconscia a Prusia que
aproveche el momento para desembarazarse del “apéndice es-
lavo” —[pág. 17]— es decir, Posen — [pág. 97] — y pro-
bablemente también de Prusia Occidental, puesto que única-
mente Prusia Oriental es reconocida como territorio legítima-
mente alemán, Como es natural los miembros así desligados
de Prusia, recaerían de inmediato en poder del cuerpo central

HERR VOGT

absorbido por Rusia, convirtiéndose el “territorio realmente
alemán” de Prusia Oriental en un Enclave ruso. Por otra par-
te, en lo que a Galizia se refiere, que en el mapa de l'Europe
en 1860 también aparece incorporada a Rusia, su desprendi-
miento de Austria estaba contenido en el objetivo inmediato
de la guerra, o sea, la liberación de Alemania de las propiedades
no germanas de Austria. Vogt recuerda que antes de 1848 solía
verse en Galizia con mayor frecuencia el retrato del Zar de
Rusia, que el Emperador de Austria” (pág. 12). Y con
“la extraordinaria habilidad que Rusia posee para enhebrar
esta clase de maquinaciones, nos hallariamos aquí ante un mo-
tivo especial para que Austria abrigue fundados temores”
(lug. cit).

Pero se sobreentiende que para desembarazarse del “ene-
migo interno”, Alemania debe permitir tranquilamente a los
rusos, que “lleven tropas a la frontera — [pág. 13] — desti-
nadas a apoyar estas maquinaciones. Mientras la misma Prusia
aparta de sí sus provincias polacas, Rusia deberá provechar la
guerra italiana para arrancar Galizia de Austria, tal como ya en
1809 Alejandro 1 obtuvo un trozo de Galizia en pago por
su teatral apoyo prestado a Napoleón I. Se sabe que Rusia
reclamó con éxito, en parte a Napoleón 1 y en parte al Con-
greso de Viena, “una porción de los trozos” de territorio
polaco adjudicados originalmente a Austria y Prusia, Según
Vogt, en 1859 había llegado el momento para unir toda Po-
lonia a Rusia. En lugar de la emancipación de la nacionalidad
polaca de los rusos austríacos y prusianos, Vogt exige la
absorción y eliminación por Rusia de todo el antiguo Imperio
polaco. ;Finis Polonise! Esta idea rusa de la “reconstrucción
de Polonia” que recorrió toda Europa inmediatamente después
del fallecimiento del Zar Nicolás, es denunciada por David Ur-

CARLOS MARX

quhart en marzo de 1855 en el panfleto: The new hope of
Poland, la nueva esperanza de Polonia,

Pero Vogt aún no ha hecho bastante por Rusia.

“La extraordinaria amabilidad, [dice este conversador
ameno}, casi diría la fraternidad con que los rusos trataron
a los revolucionarios húngaros, se destacaba demasiado del
procedimientos de.los austríacos como para que no surtiera todo
su efecto. Al aniquilar el partido — [Nota bene: Según Vogt
Rusia no aniquiló a Hungría sino al partido] — tratándolo
sin embargo con consideración y cortesía, Rusia echó los ci-
mientos para una manera de pensar que acaso pueda explicarse
con que es preciso elegir de dos males el menor y que, llegado
el caso, Rusia no sería el mayor de ellos”? (lug. cit., pags.
12 y 13).

Con qué “extraordinaria amabilidad, consideración, cor-
tesía” y casi “fraternidad” el Falstaff de Plon Plon conduce a
los rusos hacia Hungría, convirtiéndose a sí mismo en el
“Canal” de la ilusión que hizo fracasar en 1849 la revolución
húngara. Fué el partido del Görgei el que por aquel entonces
divulgó la fe en un príncipe ruso como futuro rey de Hun-
gría, quebrando con ella la resistencia de la revolución hún-
gara f,

Sin apoyarse en una raza determinada, los Habsburgos,
como es natural, fundaban antes de 1848 su dominación de
Hungría en la nacionalidad imperante: los magiares. Además,

4. “Era la desgracia de los húngaros — [asi dice el coronel polaco
Lapinski que hasta la entrega de Kamorn luchó en las filas del ejército re-
volucionaric húngaro y más adelante se batió en Circasia contra los rusos]
— el no haber conocido a los rusos” (THEOPHIL LOPINSKI: Campaña
del principal ejército húngaro en el año 1849. Hamburgo, 1859, pág. 216).
“El gabinete vienés estaba completamente en manos de los rusos... de
acuerdo a su consejo los cabecillas fueron asesinados... mientras los rusos
trataban de conquistarse toda clase de simpatías, mandaban a Austria que
se hiciera odiar más que nunca” (lug. cit, pág. 188-189).

HERR VOGT

digamos de paso, que Metternich fué el más grande conser-
vador de nacionalidades. Abusaba de ellas, enfrentándolas mu-
tuamente, pero las necesitaba precisamente para poder abusar
de las mismas. Por eso las sostenía. Compárese a Pose con
Galizia. Después de la revolución de 1848-49 la dinastía
habsburguesa, que había batido a los alemanes y magiares por
intermedio de los eslavos, intentó, imitando a José I, llevar
violentamente al poder el elemento germano en Hungría. Por
temor a Rusia, los Habsburgos no se atrevían a dejarse caer
entre los brazos de sus salvadores, los eslavos. Su reacción de
Estado integral en Hungría estaba dirigida mas bien contra sus
salvadores, los eslavos, que contra sus derrotados, los magia-
res. En la lucha con sus propios salvadores, la reacción aus-
tríaca — según nos lo demostró Szemere en su panfleto Hun-
gaty, 1848-1860; London 1860 —, instó nuevamente a los
eslavos a alistarse bajo la bandera de los magiares. Por con-
siguiente, tanto antes como después de 1848, la dominación
austríaca sobre Hungría y el poder magiar en Hungría resul-
taban ser una misma cosa. Muy distinto era el caso de Rusia,
ya dominara directa o indirectamente en Hungría. Sumados
los elementos estatal y religiosamente afines, Rusia cuenta de
inmediato con la mayoría no magiar de la población. Muy
pronto la raza magiar es vencida por la casta emparentada
con los esclavos y de religión afin, la de los valacos. Por lo tanto
la dominación rusa en Hungría equivale a la anulación de la
nacionalidad húngara, vale decir, de la Hungría históricamente
ligada a la dominación magiar?.

5. El general Mauricio Perczel, gloriosamente conocido por su actua-
ción en la guerra revolucionaria de Hungría, se apartó aún durante la
campaña italiana de los oficiales húngaros que en Turín rodeaban a

Kossuth, explicando en una declaración pública las causas de su retiro —
por un lado Kossuth que únicamente servía de espantapájaros bonapar-

CARLOS MARX

Vogt, que hace que los polacos por voluntad propia se
dejen absorber por Rusia, deja que los húngaros caigan en
esclavitud gracias a la dominación rusa °.

Pero tampoco ahora Vogt ha hecho todavía lo bastante
en provecho de Rusia.

Entre las “provincias extraalemanas” de Austria, por las
que la federación alemana no debería “esgrimir la espada” con-
tra Francia y Rusia “que está en un todo con Francia”, no se

tista y por el otro, la perspectiva de un futuro ruso para Hungría. En la
respuesta de fecha St. Helier, 19 de abril de 1860, a una carta en la que
yo le pedía explicaciones más amplias con respecto a sus declaraciones,
dice entre otras cosas:!“'. ..Jamás me prestaré a ayudar a arrancar a Hun-
- gría de entre las garras de la doble águila, con el único objeto de entregarla
luego al MORTÍFERO CARIÑO del oso del Norte.

6. El señor Kossuth nunca se equivocó con respecto a la exactitud de
la opinión expuesta en el texto. Sabía que Austria podía maltratar pero
no aniquilar a Hungría. “El Emperador José II — [asi le escribe el Gran
Visir Reschid Pascha con fecha de Kutapah, 15 de febrero de 1851] —,
el único hombre genial producido por la familia de los Habsburgo, agotó
todas las extraordinarias fuentes de recursos con que contaba su espíritu
maravilloso, como también las de las por aquel entonces aún populares ver-
siones acerca del poder de su casta, en el intento de germanizar Hungría
y hacerla entrar en el Estado integral; pero Hungría salió con renovada
vitalidad de la lucha... En la última revolución Austria únicamente se
levantó del polvo para caer de rodillas delante del Zar, su maestro, que
nunca concede su ayuda, vendiéndola en cambio siempre. Y Austria debió
pagar muy cara esta ayuda” (Correspondence of Kossuth, pág. 33). En
cambio afirma en esa misma carta que únicamente Hungría y Turquía uni-
das serían capaces de quebrar las actividades paneslavistas de Rusia. Le es-
cribe a David Urquhart con fecha, Kutayah, 17 de enero de 1851: “We
must crush Russia, my dear Sir! and headed by you, we will! I have not
only the resolution of will, but also that of hope! and this is no vain word,
my dear Sir, no sanguine fascination; it is the word of a man, who is
wont only to calculate every chance: of a man though very weak in fa-
culties, not to be shaken in perseverance and resolution etc.” (lug cit.,
pág. 39). [Tenemos que aniquilar a Rusia, mi querido amigo: y dirigidos
por usted. la aplastaremos. Yo no sólo tengo la decisión de la voluntad,
sino también la de la esperanza y no es esta una frase vacía, querido amigo
mío, ni un desvarío sanguíneo; son las palabras de un hombre que está
acostumbrado a calcular cuidadosamente todas las posibilidades: de un
hombre que, si bien de condiciones muy endebles, resulta invencible en sy
resistencia y decisión, etc.].

HERR VOGT

contaban únicamente Galizia, Hungría e Italia, sino también
Bohemia y Moravia. “Rusia — [afirma Vogt] — ofrece el
punto fijo alrededor del cual las nacionalidades eslavas tratan
de agruparse cada vez más”. Tal como Moscovia se convirtió
en Rusia, asi Rusia deberá convertirse en Paneslavonia .

“Al lado de los checos cualquier enemigo nos vencerá”
(pág. 134).Nosotros, es decir Alemania, deberá tratar de des-
embarazarse a toda costa de los checos o sea, de Bohemia y
Moravia, Ninguna garantía para las posesiones extraalemanas
de los soberanos” (lug. cit., pág. 133). “Ya no provincias
extraalemanas en la federación”, [lug cit.} ¡sino únicamente
provincias alemanas en Francia! Por lo tanto no sólo es preciso
dejar hacer al actual Imperio francés siempre que NO viole el
territorio de la federación alemana”, (pág. 9. Prólogo), sino
que también es preciso “dejar hacer a Rusia ““mientras no pase
de violar provincias extraalemanas pertenecientes a la federa-
ción. Rusia llevará a Alemania a la evolución de su “unidad”
y “nacionalidad”, haciendo avanzar las tropas hasta los “‘apén-
dices eslavos” de Austria, expuestos a sus “maquinaciones”
mientras Austria se entretenía en Italia por Luis Bonaparte
y Prusia vuelve a la vaina la espada de la federación alemana, el
“Zar benevolente” sabrá cómo apoyar secretamente con di-
nero, armas y municiones, las revoluciones que estallarán en
Bohemia y Moravia” (pág. 11).

iY “al lado de los checos tendremos que dejar que cual-
quier enemigo nos venza!”

¡Qué generoso el “Zar benevolente” al querer librarnos
de Bohemia y Moravia y sus correspondientes checos, que, co-
mo es natural, en su condición de “nacionalidades eslavas”
deberán agruparse alrededor de Rusia!

Veamos como nuestro Reichs-Vogt — [gobernador Im-
perial] —defiende la frontera oriental alemana con su incor-

CARLOS MARX

poración de Bohemia y Moravia a Rusia. ¡Bohemia rusa! Pero
Bohemia está en medio de Alemania, separada de la Polonia
Rusa por Silesia, por la Moravia rusificada por Vogt y de
la Galizia y Hungría por Vogt también rusificadas. De esta
manera Rusia obtendrá un trozo del territorio federal ale-
mán, de 50 millas alemanas de longitud por 50 6 30 de
ancho. Adelanta su frontera occidental unas 65 millas hacia
el Oeste. Puesto que desde Eger hasta Lautenburgo en Alsacia
hay en línea recta únicamente 45 millas alemanas, la Alemania
del Norte se vería completamente aislada de la del Sud, por
un lado por la cuña francesa y por el otro, por la cuña rusa,
quedando con ello finiquitada la división de Alemania. El
camino directo de Viena a Berlín pasaría por Rusia y hasta
pasaría por ella el camino directo de Berlín a Munich. Dres-
de, Nurenberg, Rogensburgo y Linz se convertirían en nues-
tras ciudades fronterizas con Rusia en el Sud; nuestra situación
frente a los eslavos sería por lo menos la misma como antes
de Carlomagno — mientras en occidente Vogt no nos permite
retroceder hasta Luis XV — y bien podríamos borrar mil años
de nuestra historia.

Para lo que pudo servir Polonia, Bohemia podrá servir
mejor aún, Praga se convertiría en un campamento fortificado
y habría fortificaciones anexas en la desembocadura del Mol-
dava y Eger; en el Elba y en Bohemia el ejército ruso podría
esperar tranquilamente el avance del ejército alemán, de por
sí dividido, que llegase desde Baviera, Austria y Brandenbur-
go, dejando que los más fuertes se estrellaran contra las forti-
ficaciones, aniquilando uno por uno a los más débiles

Obsérvese el mapa lingüistico de Europa Central. Tome-
mos por ejemplo a una autoridad eslava, el slovansky semévid
de Schafarik. Aquí la frontera del idioma eslavo se extiende
desde Stolp, en la costa pomerania, hasta Zastrow, pasando al

HERR VOGT

sud de Chodziehen junto al Motec, y continúa luego hacia el
Oeste hasta Meseritz. À partir de aquí, empero, dobla repen-
tinamente hacia el Sud-Oeste, donde la maciza cuña alemana
de Silesia penetra profundamente entre Polonia y Bohemia.
Por su parte en Moravia y Bohemia el idioma eslavo adelanta
mucho hacia el Oeste — lógicamente carcomido por todos lados
por avanzados elementos alemanes y entremezclado de ciudades
e islas lingüisticas alemanas, tal como en el Norte del Vistula
inferior y la mejor parte de la Prusia Oriental y Occidental
son alemanes, adelantándose de manera muy poco cómoda
hacia Polonia. Entre el punto más Occidental de lengua polaca
y el más oriental de idioma bohemio, está la isla lingüística
de Lusacia y Wenden, emplazada en pleno territorio alemán
y de manera que casi separa a Silesia.

Para Vogt, el paneslavista ruso que tiene a su disposición
a Bohemia, no puede plantearse problema alguno acerca de
dónde está la frontera natural del reino eslavo. Va de Meseritz
directamente hasta Lieberise y Lübbe, desde aquí continúa
hacia el Sud de la cuenca del Elba a través de las montañas
fronterizas de Bohemia, continuando luego a lo largo de la
frontera occidental y sud de Bohemia y Moravia. Todo lo que
queda. más hacia el Este es eslavo; de todos modos no tienen
derecho a estar allí donde están. Una vez planteada esta situa-
ción ‘‘paneslava’’, se establece por sí sola la necesidad de una
rectificación similar al Sud de las fronteras. Aquí también
una cuña alemana se ha introducido inopinadamente entre el
Norte y Sud de Eslavonia, ocupando el Valle del Danubio y
los Alpes estirios. Vogt no puede tolerar por más tiempo esa
cuña, por la que, consecuente consigo mismo, resuelve ` in-
corporar a Rusia, Austria, Salsburgo, Estiria y las partes ale-
manas de Kirnthen. El que con esta evolución del Imperio
Eslavo-Ruso, de acuerdo a los probados fundamentos del

CARLOS MARX

“principio nacional” también pasan a formar parte de Rusia
los magiares y rumanos, amén de las distintas castas de turcos
—el “Zar benévolo” trabaja también por medio de la escla-
vitud de Circasia y la eliminación de los tártaros de Crimea
en el “principio de la nacionalidad” —- en castigo por haberse
interpuesto entre los eslavos del Norte y los eslavos del Sud,
también ha sido desarrollado por Vogt a despecho: de Austria.

Con esta operación, nosotros, los alemanes, no perdemos
más que la Prusia Oriental y Occidental, Silesia, parte de
Brandenburgo y Sajonia, toda Bohemia, Moravia y lo que
queda de Austria, aparte del Tirol, del que, una parte corres-
ponde al “principio de nacionalidad italiano”, amén de nuestra
existencia nacional.

¡Pero detengámonos tan sólo en lo más inmediato, según
lo cual Galizia, Bohemia y Moravia serían rusas!

En esas circunstancias la Austria alemana, el Sud-Oeste y
el Norte de Alemania, nunca podrán actuar conjuntamente,
salvo que — y a ello tendría que llegarse necesariamente —
estuvieran bajo control ruso!

Vogt hace que nosotros, los alemanes, cantemos aquello
que en 1815 cantaron sus parisienses:

Vive Alexandre,

Vive le roi des rois,
Sans rien prétendre,
Il nous donne des lois.

[Viva Alejandro,

Viva el rey de los reyes,
Sin que nada pretenda,
Nos da las leyes].

HERR VOGT

El “principio de la nacionalidad” vogtiano, que, pretendía
hacer efectivo en 1859 por medio de la alianza entre “el blan-
co ángel del Norte” y “el blanco ángel del Sud”, debía
probarse primeramente de acuerdo a su propia opinión, con el
florecimiento de la nacionalidad polaca, la desaparición de la
nacionalidad magiar y absorción de la nacionalidad alemana. ..
por el rusismo.

Esta vez no mencioné sus panfletos originales de Dentu
porque me reservaba una Unica y eficacisima cita para demos-
trar que en todo lo que aquí insinúa a medias y revela a medias
también, obedece a una consigna desde las Tullerías. En el
número del Pensiero ed Azione — [pensamiento y acción] —
correspondiente al 2-16 de mayo de 1859, y en el que Mazzini
predice acontecimientos que habrían de producirse más adelante,
advierte entre otras cosas, que en la alianza convenida entre
Alejandro 11 y Luis Bonaparte, la primera cláusula reza como
sigue: Abbandono assoluto della Polonia — [Abandono ab-
soluto de Polonia] — por parte de Francia, lo que, traducido
por Vogt, es como “la completa anulación del abismo abierto
entre Posen y Rusia”. Che la guerra si prolonghi e assuma. ...

proporzioni europee, l’insurezione delle provincie oggi tyrche :

preparata di lunga mano e quelle dell’Ingheria, daranno cam-
po all Allianza di rivelarse... Principi russi governerebbo le
provincie che surgerebbo sulle rovine dell'Impero Turco e
dell’ Austria. . Constantino di Russia e gia proposto ai mal-
contenti ungheresi (Ver “Pensiero e Azzione” 2-16 de mayo

de 1859) 7,

7. Pero si la guerra se prolongara y asumiera proporciones europeas,
entonces la insurrección ha tiempo preparada por las hoy provincias de
Turquía y Hungría, proporcionará a la alianza la oportunidad de revelar-
se... Principes rusos gobernarán los Estados que se levantarán sobre las
ruinas de Turquía y Austria... Constantino de Rusia les fué propuesto a
los descontentos húngaros.

CARLOS MARX

Sin embargo el rusismo de Vogt es sólo secundario. Con
él obedece únicamente a una consigna dada por las Tullerías,
tratando de preparar a Alemania para maniobras convenidas
previamente entre Luis Bonaparte y Alejandro 11 para ciertas
eventulidades de la guerra con Austria y, en efecto, repite con
la devoción de un esclavo, la paneslava fórmula de su original
panfleto parisiense. Su verdadera ocupación consiste en cantar
la canción de Ludovico:

Einan küning wèiz ih, hèizit hèr Hladowig
ther gèrno Gode (i, e, den Nationalitäten) dionot.

[Conozco un rey al que señor Ludovico llamaré,
al que agrada servir a Dios (y a las nacionalidades) ].

Vimos, hace un instante, cómo Vogt elogia a Cerdeña por
haber logrado conquistar para sí hasta el respeto de Rusia. Vea-
mos ahora el paralelo: “En sus declaraciones — [de Prusia] —
no se menciona a Austria” — [así afirma. .. en el caso de una
próxima guerra entre Norteamérica y la Cochinchina, el len-
guaje no sería distinto. Pero la misión alemana de Prusia, las
obligaciones alemanas, la vieja Prusia, todo eso es subrayado
con preferencia]. Francia — [de acuerdo a su declaración pres-
tada asobre este pais en la pág. 27] —se resume ahora úni-
camente en la persona de su soberano [A continuación imparte
sus alabanzas por intermedio del Moniteur y los demás dia-
rios]? “Entretanto Austria rabia”... (Ensayos, pág. 18).

“El que Prusia interpreta acertadamente su misión ale-
mana, se desprende de los elogios que Luis Bonaparte le hace
llegar por intermedio del Moniteur”, ¡Qué fría impertinencia!
Recuérdese cómo Vogt, por amor al “blanco ángel del Norte”
hace que Austria sea la única que viole los tratados de 1815

HERR VOGT

y que únicamente ella sea quien confisque a Cracovia. Este
piadoso servicio se lo tributa ahora también al “blanco ángel
del Sud”.

“Este Estado Pontificio, cuya república — Į ¡república del
Estado Pontificio!] — fué víctima de la vergonzosa masacre
de los pueblos — [¡cometer una masacre de pueblos en la re-
pública de un Estado!] — cometida por Cavaignac, el repre-
sentante del doctrinario partido republicano y contraste militar
de Gager —[¡vaya el paralelo!] — que, a pesar de ello no
llegó a ocupar el sillón presidencial” (pág. 63).

¡Quiere decir que fué Cavaignac y no Luis Bonaparte
quien cometió la “vergonzosa masacre de los pueblos’ en la
república romana! En noviembre de 1848 Cavaignac envió
en efecto una flotilla de guerra a Civita Vecchia, para que le
sirviera al Papa de custodia personal. Pero recién al año si-
guiente, después de que Cavaignac había pasado meses enteros
alejado del sillón presidencial, es decir, para el 9 de noviembre
de 1849, fué anulado el poderío terrenal del Papa proclamán-
dose la República de Roma, por lo que Cavaignac no pudo
masacrar una república que aún no existía en la época de su
gobierno. El 22 de abril de 1849 Luis Bonaparte envió al
general Oudinov al frente de 14.000 hombres hasta Civita
Vecchia, después de obtener astutamente de la Asamblea Na-
cional los medios necesarios para emprender esta expedición,
declarando que lo único que perseguía era oponerse a un
asalto a los Estados Romanos planeado por Austria, Como
se sabe, la catástrofe de París del 13 de julio de 1849 se pro-
dujo a consecuencia de la resolución tomada por Ledru Rollin
y La Montagne, de vengar “la vergonzosa masacre de los
pueblos de la república romana”, que simultáneamente resul-
taba ser “una vergonzosa violación de la Constitución fran-
cesa” y “una vergonzosa ofensa para la decisión tomada por

CARLOS MARX

la Asamblea Nacional”, en el causante de todas estas ver-
vergüenzas, Luís Bonaparte, poniéndolo en situación de acusado.
Se vé cuán “vergonzosamente” el taimado Sicofante del golpe
de Estado, Carlos Vogt, falsifica la historia, con tal de poner
fuera de toda duda la misión cumplida por su señor ‘‘Ludo-
vico” para liberar a todas las nacionalidades en general y a
Italia en especial.

Vogt recuerda haber leído en el Nuevo Diario Renano, que
la clase de los campesinos parcelarios constituye en Francia
junto a la. del vil proletariado, la única base del bas Empire.
Ahora se arregla esto de la siguiente manera:

“El actual Imperio no tiene partidarios entre la gente culta
ni tampoco en la burguesía francesa; le pertenecen tan solo
dos masas: el ejército y el proletariado campesino que no sabe
leer ni escribir. Pero éste representa las 9/10 ‘partes de la po-
blación y comprende en sí el instrumento poderosamente or-
ganizado con que es posible aniquilar la oposición y la manada
de ilotas de las hipotecas cuyo único bien es el voto en las
urnas” (pág. 25).

La población no ciudadana de Francia, con el ejército
inclusive, importa apenas las 2/3 partes de la población ge-
neral. Vogt convierte menos de 2/3 en 9/10. Toda la pobla-
ción rural de Francia, de la que 1/5 más o menos se compone
de adinerados terratenientes y otro 1/5, de faltos de tierras
y propiedades, es convertida por él en campesinos parcelarios,
“ilotas de las hipotecas”. Finalmente elimina fuera de las
ciudades de Francia todo conocimiento de las letras. Tal como
anteriormente ha falsificado la historia, así falsifica ahora la
estadística con tal de poder ampliar el pedestal de su héroe. Y
ahora este héroe suyo, es colocado sobre dicho pedestal.

“Por lo tanto ahora Francia se resume efectivamente tan
solo en la persona de su soberano, del que Mason dijo —

HERR VOGT

{j Vaya autoridad!] — que poseía grandes cualidades de esta-
dista y soberano, una voluntad inquebrantable, tacto seguro,
decisión vigorosa, corazón valiente, espíritu audaz y elevado
y absoluta despreocupación (pág. 27).

wie saelecliche stát im an

allez daz, das ér begát!

wie gár sin lip ze wunsche stát!
wie gént im so geliche inein
die finen Reiserlichem bein.

(TRISTÁN)

[qué bien le sale todo lo que comprende,
cuán perfecto su cuerpo es,

cómo recuerdan con él

las piernas imperiales].

Vogt arrebata a su. Mason el incensario, para agitarlo
personalmente. Agrega a la lista de cualidades de Mason:
“cálculo frío, coordinación poderosa, astucia de víbora, pa-

ciencia obstinada” — [pág. 28] —, para luego balbucear en
su condición de Tácito de antecámara: “El origen de este
régimen es un espanto”, lo que sin duda resulta ser,... un

disparate. Es preciso que ante todo melodramatice la grotesca
figura de un héroe, convirtiéndolo en un gran hombre y es
así como, de Napoleón le Petit” nace este “hombre fatal”
(pág. 38).

“Ojalá las actuales circunstancias contribuyan a cambiar el
régimen de éste — [del hombre fatal] — exclama Vogt. ¡Vaya
expresión modesta: ¡Cambtar!. No habrá de faltarle nuestra
felicitación más sincera, aun cuando por el momento no abri-

CARLOS MARX

guemos esperanzas para ello (pág. 29). Si se lee lo que sigue,
podrá deducirse cuán en serio este síncero hermano tomaba su
felicitación llevada in petto:

“Pero DÍA A DÍA la situación en el interior resulta MÁS
INSOSTENIBLE A PESAR DE QUE LA PAZ CONTINÚA, ya que
el ejército francés está en los Estados Alemanes, en Prusia y
Austria, puesto que dichos partidos despiertan eco, sobre to-
do, entre los oficiales, por lo que el día menos pensado podría
escapársele al Emperador de entre las manos el único apoyo
activo con que cuenta el poder de que dispone” (pág. 27).

Por lo visto la situación en el interior era cada día más
insostenible, aún cuando LA PAZ PROSIGUIERA REINANDO.
Por esto Vogt se veía obligado a tratar de facilitar a Luis
Bonaparte la violación de dicha paz. El ejército, “Único apoyo
activo” de su “poder”, amenazaba con ‘‘escapársele de entre
las manos”, Por ello Vogt demostró que la misión de Europa
consistía en volver a ligar el “‘ejército’’ francés a Luis Bona-
parte, por medio de una guerra “localizada”” en Italia. En
1858 el papel de Badinguet, como los parisienses llaman irres-
petuosamente al “sobrino de su tío”, en efecto, pareció tener
un final lamentable. La generalizada crisis comercial de 1857
a 1858 había paralizado la industria francesa $. Las maniobras
gubernamentales destinadas a evitar la declaración de una cri-
sis aguda, hicieron que el mal se volviera crónico, de modo
que la paralización del comercio francés se prolongó hasta el
estallido de la guerra italiana. Por otra parte, entre 1857 y

8. En efecto, es la prosperidad industrial la que mantuvo por tanto
tiempo el régimen de Luis Bonaparte. La exportación francesa que. debido
a los descubrimientos hechos en Australia y California habia Ilexado a du-
plicarse en el mercado internacional, experimentó un auge hasta tanto ja-
más visto. Además la revolución de febrero fracasó en última instancia,
debido a Australia y California. '

HERR VOGT

1859 los precios del cereal bajaron tanto, que en varios congrés
agricoles se expresó en alta voz la queja de que la agricultura
francesa se hacía imposible, debido a los precios bajos y a los
altos aranceles que pesaban sobre ella. El ridículo intento de
Luis Bonaparte de aumentar artificialmente los precios del
cereal y un ukase que debía imponer a todos los panaderos de
Francia la instalación de graneros, sirvió tan sólo para poner
de manifiesto la desesperada situación en que se debatía su
gobierno.

La política externa del golpe de Estado reveló únicamente
una serie de desgraciados intentos de hacer el Napoleón: todos
ellos arranques que siempre eran rematados por retiradas pú-
blicas. Tales sus intrigas contra los Estados Unidos de Améri-
ca, las maniobras para renovar el comercio de esclavos, las me-
lodramáticas amenazas a Inglaterra. Las osadías que por aquel
entonces Luis Bonaparte se permitía para con Suiza, Cerde-
ña, Portugal y Bélgica —aun cuando en Bélgica ni siquiera
le fué posible impedir la fortificación de Antwerpen — ser-
vían tan solo para poner más claramente de relieve su fracaso
frente a las grandes potencias. En el parlamento inglés, Napo-
leon, le Petit se había convertido en el lema constante y en
sus artículos finales del año 1858 el Times perfiló al “hombre
de acero” como a un “hombre de gutapercha”. Entretanto las
granadas de mano de: Orsini relampagueaban sobre la situación
interna de Francia. Quedó demostrado que el régimen de Luis
Bonaparte continuaba siendo tan endeble como en los primeros
días que siguicron al golpe de Estado. Las Lots de Sureté
Public — [leyes de seguridad pública] — revelaron su com-
pleto aislamiento. Debió renunciar a sus propios generales.
Francia, suceso extraordinario por cierto, fué dividida de acuer-
do a la costumbre española, en cinco capitanías generales. Por
medio de la implantación de la regencia, Pelissier fué recono-

CARLOS MARX

cido como la autoridad suprema de Francia. Por lo demás el
renovado terreur no impuso el miedo. En lugar de temible, el
sobrino holandés de la batalla de Austerlitz únicamente resul-
taba grotesco, En París, Montalembert pudo jugar el papel de
Hamden; Berryer y Dufaure pudieron revelar en sus informes
las esperanzas de la burguesía y Proudhon pudo proclamar el
Louis Philippismus con un acte additionel celebrado en Bru-
selas, mientras el mismo Luis Bonaparte revelaba a toda Eu-
ropa el creciente poderío de Marianne. La insurrección de
Chalons, durante la cual los oficiales al recibir la noticia de
la proclamación de la república en París, en lugar de atacar
a los insurgentes, se informaron primero con toda cautela en
la prefectura, si realmente había sido proclamada la república,
demostró que hasta el ejército consideraba que el Imperio res-
taurado no era más que una pantomima cuya escena final se
acercaba. Escandalosos duelos entre los osados oficiales de Pa-
rís, simultáneos con escandalosas jugadas de Bolsa, en las
que estaban comprometidos los más altos dirigentes de la banda
del 10 de diciembre. ¡La caída del ministerio de Palmerston
en Inglaterra debida a su alianza con Bonaparte! ¡Finalmente
un tesoro de Estado que únicamente puede volver a llenarse
por medio de subterfugios extraordinarios! Esta era la situación
del bas Empire a fines de 1858. O caía el Imperio de Bruma-
rio, o se ponía punto final, dentro de los límites impuestos
por los tratados de 1815, a la ridícula farsa de un supuesto
Imperio Napoleónico. Pero para eso hacía falta una guerra
localizada. Sólo la posibilidad de una guerra con Europa ha-
bría bastado por aquel entonces, para provocar la explosión
en Francia. Cualquier criatura podía comprender lo que Hors-
man dijo en el parlamento inglés: “Sabemos que Francia apo-
yará al Emperador mientras nuestros titubeos permitan que
su política externa resulte exitosa, pero tenemos motivos para

HERR VOG

creer que lo abandonará en cuanto le opongamos una decidida
resistencia”. “Todo dependía de la localización de la guerra, es
decir, de poder llevarla a cabo con el permiso de las supe-
riores autoridades europeas. La misma Francia debía ser pre-
parada previamente para la guerra por medio de una serie de
fingidas negociaciones de paz y su reiterado fracaso. Hasta Luis
Bonaparte se había obcecado con ello. Lord Cowley, el Emba-
jador inglés en París, había ido a Viena llevando consigo pro-
posiciones concebidas por Luis Bonaparte y aprobadas por el
gabinete londinense (Derby). Alli — véase el Libro Azul ci-
tado más arriba — presionadas por Inglaterra, las proposicio-
nes fueron aceptadas de inmediato. Cowley acaba de regresar
a Londres portador de la “solución pacífica’, cuando a la
capital inglesa llegó de improviso la noticia de que Luis Bo-
naparte había renunciado a sus propias proposiciones, entrando
a formar parte de un congreso propuesto por Rusia para cas-
tigar a Austria. Unicamente con la intervención de Rusia la
guerra se hacía posible. Si Rusia no hubiera necesitado de
Luis Bonaparte para la realización de sus planes — ya fuera
para cumplirlos con Francia o para convertir a Francia y a
Austria en sus incondicionales servidores a consecuencia de los
golpes asestados por Francia — Luis Bonaparte habría caído.
Pero a pesar del secreto apoyo de Rusia y de las promesas de
Palmerston que en Compiègne había aprobado la conspiración
de Plombières, todo dependía de la actitud que asumiera Ale-
mania, puesto que por una parte en Inglaterra aún estaba
en el poder el gabinete Tory y por otra la entonces callada
rebelión de Francia contra el régimen bonapartista habría es-
tallado con el anuncio de una próxima guerra europea,

El mismo Vogt revela que no cantó su Ludwigslied —
[canción de Ludovico] — por compasión a Italia, ni por te-
mor al miedoso y conservador despotismo de Austria, tan

CARLOS MARX

brutal como torpe. Creyó en cambio que si Austria, que, en-
tiéndase bien, era obligada a declarar la guerra, lograba vencer
en Italia, en Francia sin duda estallaría la revolución, caería el
Imperio y se abriría un nuevo porvenir (pág. 131). Creía
que “los ejércitos austríacos acabarían por no poder oponerse
al desencadenado furor del pueblo francés” [lug. cit.), que
“en la revolución de Francia, Italia y Hungría, las victoriosas
armas austriacas crearian por sí mismas el enemigo que habría
de aplastarlas’’, Pero a él no le interesaba librar a Italia de
Austria, sino el poder esclavizar a Francia por Luis Bonaparte.

¿Hacen falta más pruebas aún para establecer que Vogt
era tan solo uno de los grotescos portavoces a través de los
cuales el grotesco ventrilocuo máximo de las Tullerías se hacia
escuchar en todos los idiomas?

Se recordará que en la época en que Luis Bonaparte des-
cubrió por primera vez que su misión era la de liberar a las
Naciones en general y en especial a Italia, Francia presentaba
un cuadro inusitado en su historia. Toda Europa se maravi-
llaba ante la obcecada tenacidad con que rechazaba las ideas
napoleónicas. El entusiasmo con que hasta los chiens savants
— [los perros sabios] — del Corps Legislatif — [cuerpo le-
gislador] — recibieron las promesas de paz formuladas por
Morny; las avinagradas notas con que el Moniteur amones-
taba a la Nación por sumergirse en los intereses materiales o
por su falta de espíritu patriótico y sus dudas con respecto al
talento guerrero de Badinguet y su sabiduría política; los
tranquilizadores mensajes oficiales dirigidos a todas las cá-
maras de comercio francesas; la afirmación Imperial de que
étudier une question n'est pas la creer — [estudiar una cuestión
no es crearla] — se mantienen aún en la memoria popular. Por
aquel entonces la prensa inglesa, sorprendida ante el extraor-
dinario obstáculo a que le tocaba asistir, estaba saturada de

HERR VOGT

bien intencionadas majaderias sobre la pacífica transformación:
sufrida por la naturaleza de los franceses; la Bolsa trataba la
“guerra” o “no guerra” como un duelo entre Luis Bonaparte
que la deseaba y la Nación que no la quería y se hacían apuestas
a quién venceria: la Nación o el “sobrino de su tío”. Para des-
cribir la situación de aquel entonces, citaré tan sólo unos pocos
pasajes del London Economist, el que, en su calidad de órgano
de la City, de vaticinador de la guerra italiana y propiedad
de Wilson — el tesorero de la India recientemente fallecido,
incondicional instrumento de Palmerston — cobraba en aque-
llos momentos extraordinaria importancia.

“Alarmado por la tremenda excitación provocada, el go-
bierno francés ensaya ahora el sistema de apaciguamiento”.
(Economista, 15 de enero de 1859). En su número del 22 de
enero de 1859 el Economista dice en un artículo intitulado
“Límites prácticos del poder imperial en Francia”:

“Cúmplanse o no los planes del Emperador referente a
una guerra con Italia, por lo menos es un hecho el que sus
proyectos hallaron una muy firme y sin duda inesperada opo-
sición en la fría actitud con que fueron recibidos por el ple-
biscito de Francia y la absoluta falta de simpatía con que
cuenta el plan Imperial... El Emperador propone la guerra
y el pueblo francés únicamente se muestra alarmado y des-
contento, los valores del Estado están desvalorizados, el temor
al cobrador de impuestos es capaz de extinguir la más pode-
rosa chispa de entusiasmo marcial y político, el sector comer-
cial del país está vencido por el pánico, los distritos rurales
callan y se muestran descontentos, de nuevas conscripciones y
aranceles; por las mismas causas los círculos políticos que más
apoyaron el régimen Imperial como un pis aller contra la
anarquía, se declaran contrarios a la guerra. Es evidente que

CARLOS MARX

Luis Napoleón descubrió en todas las clases sociales una grande
y profunda oposición a la guerra y más aún, a una guerra con
Italia, que no sospechaba siquiera ?,

A consecuencia de este plebiscito francés se publicó la
parte del panfleto original dentuesco que “en nombre del pue-
blo” exigía a gritos que “de una buena vez por todas el
Emperador ayudara a Francia a alcanzar su majestuosa ex-
pansión desde los Alpes al Rhin” y que no continuara opo-
niéndose a la “ambición guerrera” y al deseo de “Liberación
nacional’ del pais. Vogt corea el grito de los prostituidos de
diciembre. En el mismo momento en que Europa se maravilla
ante la tenacidad con que Francia insiste en mantener la paz,
Vogt descubre que: “Hoy el ágil pueblo — [de los franceses] —
aparece saturado de apetitos guerreros” — págs. 25-30 —, y
que el señor Ludovico “se limita únicamente a seguir la im-
perante corriente del tiempo”, que, precisamente, enfoca la
“independencia de las nacionalidades” [pág. 31]. Como es
natural no creía una sola sílaba de todo lo que escribía. En
su “programa”, en el que instaba a todos los demócratas a
colaborar en su propaganda bonapartista, relata con lujo de
detalles que la guerra de Italia no gozaba de popularidad en
Francia. “Para empezar no creo que peligre el Rhin; pero a
continuación puede producirse una guerra, allí o en Inglaterra,
acontecimiento que hará que Luis Bonaparte logre hacerse

9. Lord Chelsea, que reemplazó a Lord Cowley durante su ausencia
de París escribe en el Moniteur del 4 de marzo de 1859: “The official
disavowal of all warlike intentions on the part of the Emperor this Im-
peral message of peace, has been received BY ALL CLASES OF PARIS
WITH FEELINGS of what may be called exultation” (N° 88 del Blue
Book “On the affaire of Italy. January to May 1859”. “El desmentido
oficial de todas las intenciones guerreras del Emperador; este mensaje
de paz ha sido recibido en París con calurosas muestras de entusiasmo. por
todas las clases”.

HERR VOGT

popular; la guerra en Italia carece de esta popularidad” (pág.
34, Documentos, Libro Mayor) 1°,

Si bien una parte del panfleto original de Dentu trataba
de despertar de su “letargo de paz” a la Nación francesa por
medio de los tradicionales fantasmas de conquista, haciéndole
repetir los deseos personales de Luis Bonaparte, la otra, enca-
bezada por el Moniteur, debía convencer a Alemania delante
de todos, de la antipatía del Emperador por la conquista de
otros países y de su misión a cumplir en calidad de Mesías
liberador de nacionalidades. Por un lado, las pruebas de ca*
rácter generoso de su política y por el otro, las de su tenden-
cia a liberar nacionalidades, son fáciles de recordar de memo-
ria, puesto que son constantemente repetidas y giran tan sólo
alrededor de dos ejes. Como prueba de la generosidad de la
política decembrista: la guerra de Crimea. Como prueba de
la tendencia a liberar nacionalidades: el Coronel Couza y la
nacionalidad rumana. Era el Moniteur a quien en esto le tocaba
dar el tono (Véase el Moniteur del 15 de marzo de 1859 de-
dicado a la guerra de Crimea). El Moniteur del 10 de abril de
1859 dice refiriéndose a la nacionalidad rumana: “En Alema-
nia como en Italia, Francia quiere que las nacionalidades reco-
nocidas por los tratados se mantengan y refuercen por sí mis-
mas. En los principados del Danubio el Emperador ha tratado
de colaborar para que triunfaran los legítimos deseos de di-

10. Nota bene: En sus Ensayos repite con el Moniteur y el panfleto
original de Dentu, “que es un extraño capricho del destino, el que obliga
a ese hombre — [Luis Bonaparte] — a ponerse en primera línea como
libertador de las nacionalidades (pág. 35.) “de modo que es preciso con-
ceder su colaboración a esa política, mientras la misma se mantenga sujeta
a los límites prescriptos por la liberación de las nacionalidades” y “esperar
a que dicha liberación haya sido llevada a cabo por ese hombre predestina-
do” (pág. 36). “Podemos y debemos advertir el peligro que significa pa-
ra todos un colaborador semejante (pág. 34, Documentos, Libro Mayor).

CARLOS MARX

chas provincias y satisfacer así también en esta parte de Euro-
pa, el orden fundado sobre los intereses nacionales”. Véase el
panfleto aparecido en Dentu a principios de 1859: “Napoleón
III et la Question Romaine’ [Napoleón III y la cuestión ro-
mana]. Refiriéndose a la guerra de Crimea: ““Y finalmente,
¿qué compensación exigió Francia por la sangre vertida y
los millones gastados en Oriente en provecho de un interés
-exclusivamente europeo?” (pág. 13, La Vraie Question, París,
Dentu, 1859). Este mismo tema, desarrollado en innumerables
variantes, fué traducido por Vogt al alemán con tanto acierto,
que E. About, la parlanchina urraca del Bonapartismo, parece
haber vuelto a vertir al francés la traducción alemana de Vogt.
Véase La Prusse en 1860. También aquí vuelve a perseguir-
nos la guerra de Crimea y la nacionalidad rumana bajo el régi-
men del coronel Couza.

“Pero por lo menos sabemos — [así repite Vogt lo pu-
blicado por el Moniteur y el panfleto original de Dentu] —
que en Crimea, Francia no conquistó un solo palmo de terre-
no y que después de esa victoriosa campaña, el tío no se ha-
bría conformado con los magros resultados de la superioridad
constituida en el arte de la guerra” [Ensayos, pág. 33]. “En
esto se advierte una diferencia esencial de la vieja política na-
poleónica”” (lug. cit.).

11. “Napoléon le petit” ha copiado también del Napoleón auténtico
la frase de la liberación de las nacionalidades. Por ejemplo, en mayo de
1809, Napoleón dió una proclama dirigida desde Schónbrunn a los hún-
garos, en la que, entre otras cosas dice: ‘‘i Húngaros!... Yo nada os pido.
Unicamente deseo veros convertidos en una nación libre e independiente.
Vuestra unión con Austria fué vuestra desgracia”, etc. El 16 de mayo
de 1797, Bonaparte cerró un trato con la República Veneciana, cuyo
primer artículo rezaba: “En lo sucesivo reinará la paz y el mutuo acuerdo
entre Francia y la República Veneciana”?. Tres días después revela al Di-
rectorio francés los fines por él perseguidos con este tratado de paz, por
medio de un despacho secreto que comienza con las siguientes palabras:

HERR VOGT

¡Cómo si Vogt tuviera que demostrarnos que Napoleon le
Petit no es el verdadero Napoleón! Con idéntico derecho Vogt
habría podido predecir en 1851, en la época de la aventura de
Strassburgo, la expedición a Boulogne y la majadera revista
de Sartori, que el sobrino, que nada tuvo que objetar a la
campaña de Italia y la expedición a Egipto, jamás habría po-

“Con esto reciben ustedes el tratado que he firmado con la República
Veneciana y de acuerdo al cual, el general Baraguay d'Hilliers ocupó la
ciudad con 16.000 hombres. Con este tratado de paz yo perseguía varios
fines”. Como último de los mismos cita: ‘‘...atemperar todo lo que pueda
decirse en Europa, ya que ahora nuestra ocupación de Venecia tendrá la
apariencia de ser únicamente una operación pasajera que habria sido ávida-
mente reclamada por los venecianos”. Otros dos días después. el 26 de mayo,
Bonaparte le escribe a la Municipalidad de Venecia: “El tratado concertado
en Milán puede ser firmado entretanto por la Municipalidad — los ar-
tículos secretos deberán ser firmados por tres de sus miembros. Haré siem-
pre todo lo que esté a mi alcance para probaros que es mi deseo el con-
solidar Vuestras libertades y ver que la desgraciada Italia ocupa por fin el
lugar que le está destinado en el gran teatro del mundo, libre e indepen-
diente de todo extranjero”, Algunos días más tarde le escribe al general
Baraguay d'Hilliers: “Al recibo de esta preséntese al gobierno provisional
de Venecia y expliquele que, de acuerdo con los principales que actual-
mente unen a las repúblicas francesa y veneciana y con la inmediata defen-
sa que la república francesa brinda a la veneciana, es absolutamente nece-
sario que el poderío naval de la república sca puesto en condiciones de
imponer respeto. Con este pretexto usted se apoderará de todo, tratando
simultáneamente de mantener buenas relaciones con los venecianos y —
[hablando siempre en nombre de Venecia] —- tratar de obtener para nos-
otros los servicios de todos los marinos de la república. En una palabra:
usted deberá arreglárselas de manera que pueda transportar a Tolón todas
las reservas de la marina y los buques fondeados en el puerto de Venecia.
De acuerdo a uno de los artículos secretos del tratado, los venecianos están
obligados a entregar a la República francesa reservas de marina por valor
de tres millones para la marina de Tolón, pero mi propósito es obtener
para la república francesa todos los barcos venecianos y las reservas de ma-
rina para beneficiar a la de Tolon” (Ver Correspondence secréte et confi-
dencielle de Napoleon. 7 vols. París 1817) — [Correspondencia secreta
y confidencial de Napolcón, etc.]. Estas órdenes fueron cumplidas al pie
de la letra; apenas Venecia se vió despojada de todos sus barcos y recur-
sos navales, Napolcón entregó sin el menor titubeo al despótico yugo
austríaco, su nuevo aliado, la liberada república veneciana, a la que había
jurado solemnemente defender de cualquier peligro.

CARLOS MARX

dido imitar el diez y ocho de Brumario y mucho menos aún
que alguna vez llegara a ceñir una corona Imperial. Por cierto
que ello “se diferenciaba esencialmente de la vieja politica
napoleónica”. Era muy distinto hacer la guerra con el per-
miso de una coalición europea a una coalición europea.

La “gloriosa campaña de Crimea”, en la que Francia, In-
glaterra, Turquía y Cerdeña unidas “conquistaron” después de
dos años de lucha la mitad de una fortificación rusa, ganán-
doles Rusia en cambio toda una fortificación turca — Kars —
viéndose además obligados, al tratarse la paz en el congreso de
París, a pedir humildemente al enemigo, que le concediera
“el permiso” para poder transportar sin ser molestadas, sus
tropas de vuelta a casa, resultó ser, como lo fué en efecto, todo
menos “napoleónica”. Es gloriosa únicamente en la novela de
Bazancourt. Pero la guerra de Crimea demostró otras muchas
cosas más. Luis Bonaparte traicionó a su supuesta aliada —
Turquía — para obtener la alianza del supuesto enemigo. La
primera victoria de la paz concertada en París fué el sacrificio
de la “Nacionalidad Circasiana”” y la expulsión, por parte de
Rusia, de los “tártaros de Crimea” como también la anulación
de las esperanzas nacionales que los polacos y suecos habían
depositado en la realización de una cruzada de la Europa occi-
dental contra Rusia. Otra consecuencia de la guerra de Crimea:
Luis Bonaparte no debía llevar a cabo otra guerra de Crimea,
perdiendo un viejo ejército y adquiriendo una nueva deuda de
Estado, a cambio de la certidumbre de que Francia era lo su-
ficientemente rica de payer sa propre gloire — [como para pa-
garse su propia gloria] —; de que el nombre de Luis Napoleón
figurara en un tratado europeo; y que de acuerdo a los ca-
lificativos de “la prensa conservadora y dinástica de Europa”
se reconocieran unánimemente “las cualidades del regente y la
sabiduría y moderación del Emperador” — (pág. 32) — y de

HERR VOGT

que por aquel entonces toda Europa le tributara los honores
correspondientes a un Napoleón auténtico, con la condición ex-
presa de que, al igual de Luis Felipe, Luis Napoleón Bonaparte
guardara juiciosamente los “límites de la razón práctica”, es
decir, de los tratados de 1815, no olvidando por un solo
instante la fina línea divisoria que separa el bufón del héroe
que representa. Las combinaciones políticas, los potentados y
las condiciones sociales que hicieron posible el papel de un Na-
poleón para el jefe de la banda de diciembre, pertenecen, en
efecto, primeramente en Francia y luego fuera del territorio
francés, a su época y no a los anales de la gran revolución
francesa.

“Por lo menos es, en efecto, un hecho el que de acuerdo a
lo convenido, la actual política francesa satisfizo en Oriente
las aspiraciones de una nacionalidad — [la rumana] —. (En-
sayos, págs. 34-35).

Según lo ya mencionado, Couza reserva su cargo para al-
gún gobernante o vasallo ruso. En el mapa L'Europe en 1860,
un Gran Duque de Mecklenburgo figura en calidad de vasallo.
Naturalmente Rusia concedía a Luis Bonaparte todos los hon-
neurs de esta emancipación rumana, aprovechando entretanto
para sí todas las ventajas de la misma. Austria se oponía a
sus otras intenciones benévolas. Por lo tanto, la guerra de Ita-
lia había convertido en un instrumento: propio el obstáculo
presentado por Austria.

Ya durante el año 1858 el ventrilocuo de las Tullerías
cantaba a través de una de sus innumerables bocinas el refrán
de la “nacionalidad rumana’’. Por eso, el 20 de noviembre de
1858, una de las autoridades de Vogt, el señor Kossuth, ya
pudo responder a una conferencia leída en Glaskow: “Vala-
quia y Moldavia. obtendrán una constitución convenientemente
empollada en la cueva de la diplomacia secreta... En realidad

¡LA A AO A ee

CARLOS MARX

no es ni más ni menos que una póliza, que le permite a Rusia
disponer libremente de los principados del Danubio” [ft is
in reality no more nor lees than a charter granted to Russia for
the purpose of disposing of the Principalities].

Por lo tanto en los principados del Danubio Luis Bona-
parte abusó del mismo modo del “principio de nacionalidad”
a fin de disfrazar su entrega a Rusia, como en 1848-1849, el
gobierno austríaco abusó del “principio de nacionalidad” para
estrangular las revoluciones magiar y alemana por medio de los
serbios, eslovanios, croatas, valacos, etc.

El pueblo rumano — y de eso se ocupan exclusivamente el
cónsul ruso en Bucarest y los intereses de la chusma boyardo-
moldava-valaca, cuya mayoría ni siquiera resulta ser rumana,
sino un abigarrado mosaico compuesto de aventureros llegados
desde el extranjero, una especie de banda decembrista orien-
tal — el pueblo rumano continúa soportando la esclavitud más
espantosa, como únicamente son capaces de organizarla los
rusos por medio de un reglement organique — [reglamento
orgánico] —, y a la que tan sólo un demi-monde oriental puede
mantener en pie.

Vogt dice para adornar con su propia elocuencia la ciencia
que ha bebido en las fuentes originales de Dentu:

“En el Sud, Austria ya tiene de sobra con un Piamonte; no
necesita otro en Oriente” (lug. cit., pág. 64).

Piamonte se anexa territorios italianos. ¿De modo que los
principados del Danubio y el pacífico país turco se anexan te-
rritorios rumanos? ¿Quiere decir que conquistan para sí la
Besarabia rusa, Transilvania, el Banato de Temesvar y la
Bucovina de Austria? Vogt no sólo olvida el “Zar benevo-
lente”. Olvida también que en 1848-1849 Hungría en modo
alguno parecía estar dispuesta a dejar que eso&territorios más
o menos rumanos fueran separados de ella, respondiendo con

HERR VOGT

la espada desenvainada a sus demandas de auxilio, y que fué
más bien Austria la que publicó contra Hungría esa clase de
“propaganda de principios nacionalistas”.

La sabiduría histórica de sús Ensayos vuelve a relucir con
todo su fulgor cuando Vogt, recordando a medias un panfleto
que ha hojeado distraidamente, “‘deriva’’ tranquilamente:

“La desgraciada situación de los principados... del co-
rrompido veneno de los griegos y fanariotas” (lug. cit., pág.
63).

No sospechaba siquiera que los Fanariotas, llamados así
según el nombre de un barrio de Constantinopla, son aquellos
mismos Griegos que desde el siglo XVIII habitaron bajo protec-
torado ruso los principados del Danubio. Son, en parte, los
decembristas de los Limondii— [vendedores de limones de
Constantinopla] — que, cumpliendo órdenes rusas, se dedican
ahora a hacer “nacionalidad rumana”.

Mientras el ángel blanco del Norte avanza desde el Oeste
para aniquilar las nacionalidades en homenaje a la raza eslava,
el ángel blanco del Sud avanza por el lado contrario, en su
calidad de abanderado del principio nacional y‘‘es preciso es-
perar” a que, gracias a este hombre predestinado se haya
producido la liberación de las nacionalidades — Į Ensayos,
pág. 36] —. Mientras se realizan estas operaciones combina-
das en íntima concordancia por los dos ángeles y los dos “más
grandes enemigos de la unidad alemana” — [ Ensayos, 2° edi-
ción, Epílogo, pág. 154] — ¿cuál es el papel que el Reichsvogt,
el gobernador Imperial, quien, a pesar de no ser un “Augusto
del Imperio”, destina a Alemania?

“Aún el más miope — [afirma Vogt] — tendrá que com-
prender ahora que el gobierno de Prusia actúa de común acuerdo

CARLOS MARX

con el gobierno Imperial de Francia; que Prusia no sólo des-
envainará su espada para defender las provincias extra-alemanas
de Austria” — incluídas lógicamente Bohemia y Moravia —;
y que dará su consentimiento para que se tomen las medidas
relacionadas con la defensa del territorio federal” — con ex-
cepción de sus provincias ““extra-alemanas”, pero que por lo
demás impediría toda participación de la federación o de asila- ,
dos integrantes de la misma para luego, durante las posteriores
negociaciones de paz, obtener en recompensa por sus esfuerzos,
las tierras bajas del Norte de Alemania (Ensayos, 1? edición,
págs. 18-19).

Vogt, al publicar, aún antes de declararse la guerra contra
Austria, el secreto que le ha sido confiado por las Tullerías,
de que Prusia “actuaba de acuerdo a un trato secreto” conve-
nido con “el enemigo externo de Alemania” que “pagaría su
deuda entregando las tierras bajas del Norte de Alemania”,
proporciona a Prusia el mejor anticipo para el logro de sus
supuestos fines. Despierta la desconfianza de los demás gobier-
nos alemanes contra las aspiraciones neutralizadoras de Prusia,
como también contra sus preparativos militares y sus preten-
ciones de ejercer el comando superior durante el transcurso de
la guerra. “Sea cual fuere el camino — [así dice Vogt] — que
Alemania deba seguir durante la crisis actual, no cabe duda de
que, considerada en su totalidad, es preciso que siga con todas
sus energías un camino determinado, mientras el malhadado
congreso federal, etc., etc.” (pág. 96). La divulgación de la
idea, de que Prusia recorre su camino “del brazo con su ene-
migo exterior” para llegar a la asimilación de las tierras bajas
del Norte alemán, probablemente estaba destinada a implantar
la unidad que faltaba en el congreso federal. Se recuerda espe-
cialmente a Sajonia, a la que una vez más Prusia ‘‘despojé de
algunas de sus más hermosas provincias” (pág. 92). Se de-

HERR VOGT

nuncia “la compra del territorio del Jade” (pág. 15). Hols-
tein debía constituir el precio de la colaboración de Prusia en
la guerra turca, cuando el tristemente célebre robo de los des-
pachos oficiales dió otro giro a las negociaciones” (pág. 15).
“Mecklenburgo, Hannover, Oldenburgo, Holstein y todo lo
que aún cuelga. .. Estos Estados hermanos constituyen el cebo
del que Prusia— [y por cierto que aprovechando “cualquier
oportunidad que se le presente” | — “trata de apoderarse ávida-
mente” (págs. 14-15) y con el que, según nos lo revela Vogt,
en esta ocasión ha sido clavada por Luis Bonaparte. Prusia,
por su lado debe y tiene que alcanzar de acuerdo a un “convenio
secreto” con Bonaparte la costa del mar del Norte y del mar
Báltico a expensas de sus hermanos alemanes” (pág. 14). Por
el otro, “Prusia recién obtendrá una frontera natural una vez
que la hidrográfica línea divisoria del Erz y Fichtelgebirge se
haya prolongado a través del blanco Meno, y la del Meno,
hasta Maguncia”” (pág. 93). ¡Fronteras naturales en medio
de Alemania! ¡Y sobre todo formadas por una línea divisoria
hidrográfica que atraviesa un río! Son estos los descubrimientos
en el terreno de la descripción física de la tierra, a las que tam-
bién se suma el canal surgente— ver Libro Mayor —, que
ponen a “la naturaleza redondeada” en un mismo plano con
A. von Humbold. Mientras predica a la federación alemana una
tal confianza en la dirección prusiana, Vogt, descontento con
la “vieja rivalidad entre Prusia y Austria en territorio ale-
mán”, etc, inventa simultáneamente una rivalidad entre ambas
“tantas veces manifestada en territorio extraeuropeo” (pág.
20). Probablemente ese territorio extraeuropeo se encuentre en
la luna.

Vogt en efecto traduce en palabras el mapa publicado por
el gobierno francés en 1858, l’Europe en 1860. En el mismo,
Hannover, Mecklenburgo, Brunswick, Holstein, Kurhessen,

CARLOS MARX

amén de Waldeck, Anhalt, Lippe, etc, aparecen anexadas a
Prusia, mientras L’ Empereur des français conserve ses (!)
limites actuelles — [el Emperador de los franceses conserva sus
limites actuales] — “Prusia hasta el Meno” es también el
lema de la diplomacia rusa (Ver por ejemplo el ya citado
Memorandum de 1837). A un Norte alemán prusiano se en-
frentaría un Sud alemán austríaco, separados ambos por las
fronteras naturales de la tradición, religión, dialecto y diferen-
cia de casta; la división de Alemania quedaría completada con
la simplificación de sus contrarios y declarándose con ello una
permanente guerra de los treinta años.

De acuerdo a la primera edición de los Ensayos, Prusia
debía obtener esa paga por sus “esfuerzos”? para mantener
encerrada en su vaina durante la guerra, la espada de la con-
federación alemana. Es que en los Ensayos de Vogt, como
también en el mapa francés de l’Europe en 1860, no es Luis
Bonaparte, sino Prusia quien busca y encuentra en la guerra
de Francia contra Austria, la ampliación. del territorio y sus
fronteras naturales.

Aunque recién en el epílogo de la segunda edición de sus
Ensayos, aparecida durante la guerra franco-austríaca, Vogt
revela cuál es la verdadera misión de Prusia. Deberá iniciar
una GUERRA CIVIL — [ver segunda edición, pág. 152 —,
para fundar un “poder central unificado” [pág. 158] — des-
tinado a asimilar a Alemania a la monarquía prusiana. Mien-
tras Rusia avanza por Oriente y. Austria se ve paralizada en
Italia por Luis Bonaparte, Prusia habrá de iniciar en Alemania
una guerra civil dinástica. Vogt garantiza al principe regente
que “la guerra actualmente” declarada en Italia, “requerirá para
sí por lo menos todo el año 1859, mientras que la unidad de
Alemania instituida en un gesto de decisión rápida, no costaría
tantas semanas como meses exigiría la campaña italiana” (pág.

HERR VOGT

155). ¡En Alemania la guerra civil costaría tan sólo semanas!
Aparte de las tropas austríacas que, según lo cuenta el mismo
Vogt, con o sin guerra italiana habrían marchado de inmediato
sobre Prusia, se tropieza con la oposición de “Baviera...
completamente sometida a la influencia austríaca” (Ensayos.
Primera edición, pág. 90) de Sajonia, que en primer lugar se
vería amenazada y que por lo demás, no tendría mayores mo-

tivos para reprimir “su simpatía por Austria” — [pág. 93];
— de ‘“Wiirtenberg, Hessen, Darmstart y Hannover”... [pág.
94] —, resumiendo, de las “nueve décimas partes” — pág.

16] — de los “gobiernos alemanes”. Y estos gobiernos, como
Vogt continúa demostrándonos, en modo alguno perderían
terreno en una “guerra civil” dinástica como esa, sobre todo,
si la misma es emprendida por Prusia en una época en que
“Alemania se ye amenazada por sus dos más grandes enemigos
externos”. En Baden “la corte” — [así dice Vogt] —, ‘‘acom-
pañará a Prusia, perc no cabe duda de que el pueblo no se
adherirá a estas simpatías abrigadas por las familias reales.
Brisgovia, lo mismo que la Alta Suabia, continúa más fuer-
temente ligada aún de lo que pudiera esperarse tras una se-
paración tan prolongada, al Emperador y al Imperio por los
múltiples lazos de la simpatía y religión, por los viejos re-
cuerdos de la Austria anterior y a la que otrora había perte-
necido”. (págs. 93-94). “Exceptuando Mecklenburgo” y
“quizá” también a Kurhessen, “en el Norte de Alemania, im-
pera la desconfianza a la teoría de abandono y cierta contenida
complacencia para con Prusia. El instintivo sentimiento de
rechazo y hasta de odio que el Sud de Alemania abriga para
con Prusia... tampoco ese sentimiento ha podido acallar todo
el clamor y enfático griterío del partido imperialista. Está vivo
en el pueblo y ningún gobierno, aún suponiendo que fuera
el badense, podrá sustraerse a él por mucho tiempo. Por lo

CARLOS MARX

tanto Prusia no goza de verdaderas simpatías en sector alguno
del pueblo de Alemania, ni tampoco en los gobiernos de la
federación alemana” (pág. 2).

Así dice Vogt. Y precisamente por eso, de acuerdo a ese
mismo Vogt, una “guerra civil” dinástica, organizada por pru-
sianos en “acuerdo secreto” con “los dos más grandes enemi-
gos externos de Alemania”, únicamente habría costado algu-
nas pocas “semanas”. Pero aún no basta. “la vieja Prusia está
del lado del gobierno — Renania y Westfalia se pliegan a la
Austria católica. Si el movimiento popular de allí no logra
poner el gobierno del lado de Austria, entonces la consecuencia
más inmediata será que volverá a abrirse el abismo que separa
a las dos partes de la monarquía” (pág. 20). Sí, como dice
Vogt, la simple abstención de Prusia de actuar a favor de
Austria bastará para reabrir el abismo que separa la Renania
y Westafalia de la vieja Prusia, entonces, de acuerdo a ese
mismo Vogt, una “guerra civil’’ emprendida por Prusia a fin
de excluir a Austria de Alemania, tendría que separar por
completo la Renania y Westfalia de Prusia. ‘‘;Pero qué puede
importarle Alemania a esos papistas?”” Renania y Westfalia
son ultramontanas católico romanas, pero no son países au-
ténticamente alemanes. Por lo tanto deberán ser excluídas del
territorio federal, tal como Bohemia y Moravia. Y la guerra
civil dindstica que Vogt recomienda a los prusianos debía apre-
surar este proceso eliminatorio. En efecto, tal como en el mapa
publicado en 1858 por el gobierno francés, l'Europe en 1860
y que a Vogt le servía de brújula para guiar sus Ensayos,
Egipto aparecía anexado a Austria, asi también la provincia
renana lo estaba a Bélgica por considerársela territorio de na-
ctonalidad católica — fórmula irónica por cierto, para lograr
la anexión de Bélgica y la provincia renana a Francia. El que
Vogt vaya más lejos aún que el mapa del gobierno francés

HERR VOGT

y que también entregue la Westfalia católica en dicha transac-
ción, se explica a través de las “relaciones científicas” que el
fugitivo regente imperial mantiene con Plon Plon, el hijo del
ex rey de Westfalia.

En resumen: por un lado Luis Bonaparte permitirá a Ru-
sia extender sus brazos desde Posen hasta Bohemia y por sobre
Hungría hasta “Turquía; por el otro obtendrá por las armas
en la frontera francesa, una Italia independiente y unida y
todo ello... pour le rot de Prusse — [para el rey de Prusia];
— todo para que Prusia tenga oportunidad de cobijar bajo
su sombrero a Alemania por medio de una guerra civil y
“defender” para siempre “del poderío de Francia las provin-
cias renanas”” (pág. 121).

“Pero ya que se dice que el territorio federal está en peli-
gro, que amenaza el enemigo mortal y que su meta es el Rhin,
defiéndasele y defiéndase el territorio federal” —, [pág. 105}
— y sobre todo, defiéndase el territorio federal, entregando
Bohemia y Moravia a Rusia, y defiéndase el Rhin, iniciando
una “guerra civil” alemana que, entre otras cosas, está desti-
nada a desprender la Renania y Westfalia de Prusia. “Pero
— [se dice] — Luis Napoleón quiere saciar de cualquier manera
la napoleónica avidez de territorio. Sin embargo no lo creemos
así; tenemos ante nosotros el ejemplo de la campaña de Cri-
mea” (pág. 129). Fuera de su incredulidad con respecto a la
napoleónica sed de territorio y su fe en la campaña de Crimea,
Vogt dispone aún de otro argumento más. Siguiendo el ejem-
plo de los gastos de Kilkenny, en Italia los austríacos y fran-
ceses no dejarán de arañarse hasta que sólo queden las colas.
“Será una guerra terriblemente sangrienta, tenaz y, acaso tam-
bién, indefinida”, (pág. 127-128). “Sólo recurriendo a todas
sus fuerzas, Francia y Piamonte obtendrán la victoria y pasa-
rán décadas antes de que logren reponerse de este esfuerzo ani-

CARLOS MARX

quilador” (pág. 129). Esta perspectiva de la duración de la
guerra vence a sus contrincantes. El método por el que Vogt
prolonga en Italia la resistencia de Austria a las armas france-
sas, paralizando la agresividad de Francia, resulta en efecto
muy original. Por un lado los franceses obtienen carte blanche
— [carta blanca] — en Italia; por el otro se le permite al
“Zar benevolente” que con sus maniobras en Galizia Hungría,
Moravia y Bohemia, “Mantenga una importante parte de las
fuerzas bélicas de Austria en aquellos sectores de la monarquía
que están expuestas a un ataque ruso o son accesibles a las
actividades rusas”, por medio de actividades revolucionarias en
el interior y manifestaciones militares en las fronteras (pág.
111). Finalmente, Austria, obligada por una “guerra civil”
dinástica, iniciada simultáneamente por Francia en Alemania
se ve forzada a retirar sus fuerzas de Italia para conservar sus
territorios alemanes. Claro está que en estas circunstancias
Francisco José y Luis Bonaparte no podrán firmar la paz de
Campo Formio, sino... “deberán desangrarse ambos en Ita-
lia”. ;

En Oriente, Austria no le hará concesiones al “Zar bene-
volente”, ni aceptará la indemnización en Serbia y Bosnia
ofrecida tiempos atrás, ni tampoco garantizará a Francia las
provincias renanas ni atacará a Prusia en colaboración con
Rusia y Francia. ¡De ninguná manera! Insistirá en “desan-
grarse en Italia’. En todo caso el “hombre predestinado” de
Vogt, sintiéndose moralmente ofendido, rechazaría una seme-

„jante indemnización del Rhin. Vogt sabe que “la política ex-

terna del actual Imperio, sólo tiene un único principio, el de la
auto-conservación” (pág. 31). Sabe que Luis Bonaparte tan
sólo “persigue una única idea, la de mantenerse en dicho po-
der” sobre Francia (pág. 29). Sabe que la guerra con Italia “no
le da popularidad” a él y a su dinastía. Dice por lo tanto: “En

HERR VOGT

efecto las provincias renanas son una ambición predilectas del
Chauvin francés y es posible que si se llegara a ahondar la
cuestión, únicamente se encontraría una pequeña minoría de la
nación que en su corazón no abrigara este deseo” (pág. 121).
Por otra parte los “comprensivos de Francia” — [de ahí pro-
bablemente también el vogtiano ‘‘hombre predestinado de la
astucia viperina””] — saben que la esperanza de que esto se
convierta en realidad” — [es decir la conquista por Francia
de la frontera natural formada por el Rhin] — “únicamente
podrá persistir, mientras Alemania continúe dividida en trein-
ta y cuatro gobiernos distintos. Dejad que exista una Alemania
verdadera con intereses homogéneos y una organización firme,
y la frontera renana estará asegurada para siempre” (pág.
121). Precisamente por esto Luis Bonaparte, que en Villafran-
ca le ofreciera al Emperador alemán la Lombardía a cambio
de la garantía de las provincias renanas — [véase la declaración
de Kinglake en la Cámara de los Comunes del 12 de junio de
1860] — habría rechazado indignado el ofrecimiento de Aus-
tria, que comprendía las provincias renanas a cambio de la
ayuda francesa en su guerra contra Prusia.

Tampoco las dentuescas fuentes originales de Vogt se limi-
taban a poner de manifiesto sus románticos sentimientos en
pro de la unificación de una Alemania gobernada por Pru-
sia?: es sabido que rechazaban con moderado énfasis cualquier

12. “La Prusse est l'espoir d’Allemagne... l'esprit allemand a son
centre a Berlin... Vesprit allemand cherche l'unité de son corps, la vérité
de la Confédération. C'est par cet entrainement que s'éleve la Prusse...
D'ou vient-il que, l'orsque l'Italie reclame l'intégrité, Punité national, ce
que l'Allemagne désire, celle-ci favorise l'Autriche, negation vivante de
toute nationalité?... C'est que la Prusse n'est pas encore la tête; c'est que
la tête est l'Autriche qui, pesant avec ces forces héterogenes sur l'Allemagne
politique, l'entraine a des contradictions avec l'Allemagae véritable” (pá-
gina 34, La Fois des Traités, etc.). — [Prusia es la esperanza de Alema-
nia... el espíritu alemán tiene su centro en Berlín... el espíritu alemán

CARLOS MARX

alusión a las codiciadas provincias renanas. “¡El Rhin!...
¿Qué es el Rhin?... Una frontera. Muy pronto las fronteras
serán anacronismos” (pág. 36, La foi des Traités, etc. Paris
1859) [La fe de los tratados] 14, En el Imperio milenario a
fundarse por Badinguet sobre la base del principio de la na-
cionalidad ¿quién pensará en hablar de la frontera renana y
de fronteras en general? ¿Acaso Francia estipula indemnizacio-
nes por los sacrificios que está dispuesta a hacer en pro de
finalidades justas, de influencias justicieras y beneficiosas para
el equilibrio europeo? ¿Exige la margen izquierda del Rhin?
¿Acaso manifiesta la más mínima pretensión a la posesión de
Saboya y al condado de Niza? La vraie question, etc. París
1859, pág. 13** [La verdadera cuestión]. ¡El renacimiento de
Francia a Saboya y Niza como prueba de su renunciamiento
al Rhin! Esto no fué traducido al alemán por Vogt.

Antes del comienzo de la guerra era de una importancia
decisiva para Luis Bonaparte — suponiendo que no lograría
atraer a Prusia hacia un tratado — hacer creer, al menos a la
federación alemana, que lo había logrado. En la primera edi-
ción de sus Ensayos Vogt intenta divulgar esta creencia. Du-
rante la guerra el impulsar a Prusia a dar pasos que acaso

busca la unificación de su cuerpo, la verdad de la confederación. Es por
este impulso que Prusia se levanta... ; À qué se debe el que Italia, al re-
clamar la integridad y la unidad nacional deseada por Alemania, ésta fa-
vorezca a Austria, negación viva de toda nacionalidad?... Es que Prusia

` aún no es la cabeza; es que Austria es la cabeza que, pasando con sus he-

terogéneas fuerzas sobre la Alemania política, la arrastra a contradicciones
con la Alemania verdadera]. (La verdadera cuestión).

13. “Le Rhin... Qu'est ce que c'est le Rhin? Une frontiere. Les
frontieres seront bientôt des anachronismes” (pág. 36).

14. La France stipule-t-elle des dédomagemenis pour les sacririces
qu'elle est prête a faire dans un but d'equité, de juste influence, et dans
Vintérer de l'équilibre européen? Demande-t-elle la rive gauche du Rhin?
Eléve-t-elle méme des prétensions sur la Savoie et sur le Comté de Nice?
(pág. 13, La Vraie Question, etc.).

HERR VOGT

pudieran proporcionar a Austria pruebas auténticas o falsas
de un tal convenio, cobraba para Luis Bonaparte una impor-
tancia mucho mayor atin. Debido a ello Vogt invita en un
prólogo incluído en la segunda edición de los Ensayos apa-
recida durante dicha guerra, a conquistar a Alemania e iniciar
una “guerra civil dinástica”, de la que en el texto del libro
demuestra que será “sangrienta, obcecada y acaso resulte in-
definida”, costando por lo menos la pérdida de Westfalia y
Renania, afirmando, sin embargo, en el epílogo del libro, que
la misma “apenas duraría algunas semanas”. Pero, en efecto,
la voz de Vogt no es comparable al canto de las sirenas. Luis
Bonaparte, apoyado en su majadería por Bottle-holder Pal-
merston, se vió precisado a presentar en Villafranca a Fran-
cisco José proposiciones prusianas que él mismo había redac-
tado; Austria debió convertir las modestas pretenciones
prusianas referentes a la dirección militar de Alemania en un
pretexto de paz, del que Luis Bonaparte tuvo que presentar
excusas ante Francia, alegando que la guerra de Italia ame-
nazaba convertirse en una guerra general, “generadora de la
unidad alemana, cumpliéndose con ello una obra, cuyo fra-
caso había sido siempre el objeto perseguido por la política
fracesa desde la época de Francisco I” **,

15. El Diario de Praga publicó algunos días después del tratado de
paz de Villafranca, la siguiente declaración oficial: “Esta protesta — [la
protesta de Prusia para hacerse cargo del comando superior del ejército fe-
deral bajo el control federal] — demuestra claramente que Prusia ambi-
ciona la hegemonía en Alemania, es decir, la exclusión de Austria de Ale-
manía. Puesto que la infiel Lombardía resulta infinitamente menos valiosa
que el sostenimiento de nuestra posición en Alemania, la entregamos, con
tal de obtener la paz que, debido a la actitud de Prusia se había convertido
para nosotros en una necesidad imperiosa”.

16. El Galigmani’s Messenger de París que únicamente por excepción.
y cumpliendo órdenes oficiales publica artículos de fondo, dice en su nú-
mero del 21 de julio de 1859: “To give another province to the King of
Piedmont, it WOULD NOT ONLY HAVE BEEN NECESSARY to support a

CARLOS MARX

Una vez que con la guerra italiana Francia se hubo adju-
dicado Saboya y Niza y con ellas, una posición que para la
eventualidad de una guerra renana significaba mucho más
que todo un ejército, ‘‘la unidad alemana bajo la hegemonía
prusiana” y “la entrega de la margen izquierda del Rhin a
Francia”, se convirtieron en grandezas factibles en el cálculo
de posibilidades del 2 de diciembre. El mapa publicado en
1858 L'Europe en 1860, fué traducido por el mapa publicado
en 1860, l'Europe pacifiée [la Europa pacificada] — y en el
que Egipto no continúa siendo adjudicado a Austria, anexándose-
dose en cambio a Francia, las provincias renanas amén de Bél-
gica, en reemplazo de “las llanuras nórdicas” destinadas a
Prusia 17,

war against two-thirds of Europe, but GERMAN UNITY WOULD HAVE
BEEN REALISED, and a Work thus accomplished, which ever since the
time of Francis I it has been the object of French policy to prevent”.

El periódico oficial de Pion Plon Ja Opinion Nationale, dice en un
artículo dei 8 de julio de 1860: ‘’Ha pasado el dia de la reivindicación por
la fuerza. Para ello el Emperador está dotado de un tacto demasiado fino,
de una intuición demasiado acertada con respecto a la tendencia seguida por
la opinión pública... Pero, ¿acaso Prusia ha jurado no pensar nunca en
la unión alemana? ¿Podrá responsabilizarse de que jamás dirigirá miradas
codiciosas sobre Hannover, Sajonia, Brunswick, Hessen, Oldenburgo y
Mecklenburgo? Hoy los monarcas se abrazan y no cabe duda de que su
abrazo es sincero. Pero, ¿quién sabe lo que dentro de algunos pocos años el
pueblo exigirá de ellos? Y si, presionada por la opinión pública, Alemania
llegara a centralizarse, ¿sería justo, sería razonable el no permitirsele a
Francia extender su territorio a costas de sus vecinos?... Suponiendo que
los alemanes estimaran acertado cambiar su antigua constitución y susti-
tuir la endeble federación por un vigoroso gobierno centralizado, no nos
es posible garantizar que en ese caso Fruncia dejara de considerar aceptado el
exigir a Alemania las correspondientes garantias e indemnizacioncs’’. |

17. El Pecksniff Imperial se supera a sí mismo en el panficto ori-
ginal de Dentu: La Politique Anglaise, Paris. 1860 {La política ingle-
sa, etc.]. De acuerdo al mismo es preciso robar algunos millones de ale-
manes y belgas para mejorar la constitución moral de Francia. cuyos ele-
mentos sureños necesitan de una mayor mezcolanza con la solidez nórdica.
Después de explicarse que por motivos politicos y militares Francia nece-
sita de las fronteras que la misma naturaleza le asignara, se continúa di-

HERR VOGT

Finalmente Persigny declara oficialmente en Etienne, que
“en beneficio del equilibrio europeo ” toda nueva centraliza-
ción de Alemania exige el avance de Francia hacia el Rhin.
Pero el grotesco ventrilocuo de las Tullerías jamás habló de
manera más desvergonzada, ni antes ni después de la guerra
de Italia, que al convertirse en el portavoz del fugitivo re-
gente imperial,

Vogt, el de la “nueva Suiza, el ciudadano cantonal de
Berna y consejero de los Estados ginebrinos’’ [pág. 91 Pró-
logo], inicia el capitulo “Suiza” de sus Ensayos con un prólogo
— [págs. 37-39] — en el que dicho pais es invitado a estallar
en júbilo ante la sustitución de Luis Felipe por Luis Bonapar-
te. Es verdad que Luis Bonaparte exigió al consejo federal,
“la. represión de prensa, pero en este sentido los napoleónidas
parecen padecer una epidemia extraordinariamente quisqui-
llosa” [pág. 36]. Una simple enfermedad de la piel tan li-
gada a la familia, que no sólo se hereda por la sangre, sino
también, a partir de Luis Bonaparte, simplemente por el nom-
bre familiar. Sin embargo: “La persecución en Ginebra de
personas inocentes, efectuada por el consejo federal en aca-
tamiento a la orden imperial, con algunos pobres diablos cuyo
único crimen consistía en ser italianos; la implantación de
consulados; las vejaciones a la prensa; las absurdas imposi-
ciones policiales de todas clases y, en último término, las nego-

ciendo: “Un segundo motivo hace necesaria esta anexión — {de la fron-
tera renana y de Bélgica] —. Francia ama y desea una libertad razonable
[une suge liberté} — y el elemento sureño constituye un gran elemento
de sus cuerpos oficiales. Este elemento posee maravillosas cualidades... pero
carece de constancia y firmeza. Necesita de la paciente constancia que les es
propia a nuestros frios e impertérritos hermanos del Norte. Por lo tanto
las fronteras que la providencia nos marcara, no nos son menos necesarias
para nuestra libertad, como para nuestra independencia”.

CARLOS MARX

ciaciones con respecto a la entrega del Valle de Dappes, con-
tribuyeron esencialmente a borrar en Suiza el recuerdo de los
servicios prestados por el Emperador durante las negociaciones
de Neuchátel, sobre todo al partido, que actualmente es el
que con más violencia se vuelve contra él” [jág. 37 - 381.
¡Emperador generoso, partido desagradecido! En modo alguno
lo perseguido por el Emperador en aquel negociado de Neuen-
burgo era un precedente de la violación de los pactos de 1815,
la sumisión de Prusia y el protectorado de Suiza. Le impor-
taba prestar reales servicios a Suiza en su condición de ‘‘ciu-
dadano de la nueva Suiza, del Cantón de Turgovia y coronel
de la artillería de Oberstrassen”. La ingratitud de que en 1859
Vogt acusa al partido anti-bonapartista de Suiza, le fué im-
putada en 1860 a toda Suiza por otro servidor del Empera-
dor, el señor de Thouvenel. En el Times del 30 de junio de
1860 puede leerse: “Hace algunos días tuvo lugar en el Mi-
nisterio de Relaciones Exteriores de París una entrevista entre
el Dr. Kern y el señor de Thouvenel en presencia de Lord
Cowley. Thouvenel explicó al respetable representante de
Suiza, que las dudas y protestas del gobierno federal resultan
inofensivas, puesto que en ellas se adivina la desconfianza en
el régimen de Su Majestad Imperial. Este comportamiento
implica una grave falta de gratitud si se consideran los servi-
cios que el Emperador Napoleón había prestado a la Federación
en más de una oportunidad y, sobre todo, en el tratado de
Neuchâtel. Sea como fuere, ya que Suiza estuvo lo suficiente-
mente ciega como para desconfiar de su bienhechor, se vería
precisada ahora a soportar las consecuencias de su ceguera”.
Y, sin embargo, ya en marzo de 1859, Vogt había intentado
abrir los ojos del enceguecido partido anti-bonapartista de
Suiza. Por un lado señala “los verdaderos servicios prestados
por el Emperador”. Por lo tanto, quedan anuladas por completo

HERR VOGT

las vejaciones imperiales”, si se las compara con las verdaderas
vejaciones que tuvieron lugar bajo el reinado de Luis Felipe
[pág. 39]. Cuando, por ejemplo, en 1858 el Consejo federal,
“cumpliendo órdenes Imperiales” expulsa a pobres diablos
cuyo único delito consistía en ser italianos” — [pág. 371—-;
en 1838 se niega, a pesar de las reiteradas amenazas de Luis
Felipe, a expulsar a Luis Bonaparte, cuyo único delito consis-
tía en conspirar y hacer peligrar desde Suiza la corona de
aquél. En el año 1848 Suiza se arriesga, a pesar de las ‘‘ame-
nazas de guerra’ de Luis Felipe, a iniciar una guerra extra-
federal, pues se decía, al referirse al rey de la paz: “No valen
las intimidaciones’’; en 1858 apenas si se comporta virginal-
mente frente a los tanteos de Luis Bonaparte sobre el Valle
de los Dappes. El mismo Vogt afirma que “Luis Felipe había
arrastrado una precaria. existencia enropea, viéndose inhibido
por todos lados, hasta de parte de los pequeños monarcas
legítimos, debido a que no se atrevía a seguir una política
aparentemente vigorosa” [pág. 31]. Pero “con respecto a
Suiza la política Imperial es sin duda, la de un vecino pode-
roso que sabe que al final podrá lograr todo lo que se propo-
ne” [pág. 37]. Por lo tanto — [termina diciendo Vogt con
una lógica digna de un Grandguillot] — desde el punto de
vista exclusivamente suizo, sólo cabe alegrarse en grado super-
lativo” —[pag. 39] —del cambio que, en lugar del “de
todos vituperado Luis Felipe’, proporcionó a Suiza “un ve-
cino poderoso, consciente de que, con respecto a ella, logrará
todo lo que se propone”.

A este prólogo que prepara el estado de ánimo necesario,
sigue una traducción alemana de la nota elevada por la asam-
blea del Congreso Federal, celebrada el 14 de marzo de 1859
y, cosa extraña, Vogt clogia csta nota en la que la Asamblea
Federal invoca los tratados de 1815, invocación ésta, que el

CARLOS MARX

mismo Vogt declara ser una “hipocresía”. ‘‘¡Dejadme en
paz con vuestras hipocresias!* [pág. 112118.

A continuación Vogt investiga “¿por qué lado se produ-
cirá el primer ataque a la neutralidad suiza?”, [pág. 84], pre-
sentando como prueba por demás superflua, el que el ejército
francés, que esta vez no debía conquistar a Piamonte, no
cruzaría el Simplón, ni tampoco el Gran San Bernardo. Si-
multáneamente descubre el no existente camino por tierra “que
cruza el Monte Cenis, pasa por Fenestrella y el Valle del Stura
—.[pág. 84] —; lo que quiere decir es el Valle Dora. Por lo
tanto, desde Francia ningún peligro amenaza a Suiza]. No cabe
esperar con igual tranquilidad la no violación de la neutralidad
suiza por parte de Austria y son varios los fenómenos que
hasta hacen presumir que, dado el caso, en efecto se pretende
violarla”” [pág. 85]. “Acaso resulte sugestiva en este sentido,
la acumulación de un cuerpo de ejército en Breguenza y Fel-
kirch”. [pág. 86]. Aquí aparece el hilo rojo que atraviesa
todos los Ensayos y que en línea recta va de Ginebra a París,

El Libro Azul publicado por el Derby Cabinet sobre The
affaire cf Italy, January to May 1859, nos relata que, “la
acumulación de un cuerpo del ejército austríaco en Breguenza
y Feldkirch”, no era otra cosa que un rumor divulgado en
Suiza por afanosos agentes bonapartistas y que carecían de
todo fundamento [N° 7 del citado Libro Azul. Carta del
capitán Harris a Lord Malmesbury fechada en Berna, el 24

18. En realidad no fueron los “tratados los que defendieron la
neutralidad de Suiza, sino los intereses alternativamente paralizados de las
distintas potencias fronterizas. “Los Suizos sienten — [asi escribe el capi-
tán Harris, encargado de negocios de Inglaterra en Berna, después de una
entrevista con el presidente federal Frey Herosée, a Lord Russell] —, que
recientemente. .. los acontecimientos cambiaron sensiblemente el peso re-
lativo de las potencias fronterizas desde que, a consecuencia del tratado de
Neuchátel, Prusia se volvió indiferente, Austria paralizada y Francia se
encuentra incomparablemente más fuerte que antaño”.

HERR VOGT

de marzo de 1859]. En esta ocasión Humbold-Vogt descubre
también que Breguenza y Feldkirch se encuentran “en las
inmediaciones del Valle renano en que desembocan tres gran-
des pasos alpinos, o sea, la Vía Mala, el Splügen y el Bernar-
dino, este último conduciendo a Tessino, mientras los dos
primeros van hacia el Lago di Como” [pág. 86]. En realidad
la Vía Mala cruza en primer lugar el Spligen, luego el Ber-
nardino y finalmente, no conduce hacia ninguna otra parte.

Tras todas estas sandeces dignas de un Polonio, destina-
das a dirigir las sospechas de Suiza especialmente sobre la fron-
tera oriental, rondando, rondando, “la naturaleza redondea-
da’ se acerca por fin a su misión verdadera.

“Suiza — [así dice Vogt] — tiene toda la razón al re-
chazar enérgicamente la obligación de no permitir el paso de
tropas por esta vía férrea — [de Culoz a Chambery] — limi-
tándose, llegado el caso, a disponer del territorio neutral, tan
solo hasta donde es preciso para la defensa de su propio te-
rritorio” [pág. 89]. Y asegura al Consejo Federal que “toda
Suiza responderá como un solo hombre a esta política señalada
por él en su nota del 14 de marzo”.

A fines de marzo, Vogt publica sus Ensayos. Recién el
24 de abril Luis Bonaparte emplea el citado camino férreo
para transportar sus tropas y mucho después aún, declara la
guerra. Vogt, iniciado en los detalles del plan bélico bona-
partista, sabía por lo tanto “de qué lado provendría el primer
ataque a la neutralidad suiza”. Había recibido órdenes expre-
sas de preparar ese país para tolerar una primera violación de
su neutralidad y su consecuencia lógica: la anexión del neu-
tralizado territorio” saboyano al Imperio decembrista. Pal-
meándoles los hombros a los consejos federales, atribuye a
la nota del 14 de marzo un sentido, que en realidad debía
tener desde el punto de vista bonapartista. El Consejo Federal

CARLOS MARX

dice en su nota, que “Suiza cumplirá con todos lealmente”
y, de acuerdo a lo tratado, con “su misión”? de neutralidad.
Más adelante cita un artículo de los tratados, según el cual
“ninguna fuerza militar perteneciente a potencia extraña alguna
podrá detenerse ni pasar por este territorio” — o sea el territorio
de Saboya. No menciona con una sola palabra el que permitirá
a los franceses el empleo del ferrocarril que atraviesa el terri-
torio neutralizado. Condicionalmente y como ‘‘medida des-
tinada a asegurar y defender su territotio”, reserva a la fede-
deración “la ocupación militar”? del territorio neutralizado.
El que en este caso Vogt tergiverse adrede y cumpliendo órde-
nes superiores, la nota del Congreso Federal, no sólo queda
demostrado en el texto, sino también en la declaración de
Lord Malmesbury — por aquel entonces ministro inglés de
relaciones exteriores — expuesta en la sesión de la Alta Cá-
mara el 23 de abril de 1860.

“Cuando las tropas francesas — [así dice Malmesbury] —
se disponían a marchar a través de Saboya y Cerdeña -— [más
de un mes después de la nota expedida por la Cámara Fede-
ral, del 14 de marzo] — el gobierno suizo, fiel a la neutrali-
dad sobre la que se funda su independencia, objetó primera-
mente que dichas tropas no tenian derecho a pasar por el te-
rritorio neutralizado” 19, ¿Y cuáles fueron las objeciones con
que Luis Bonaparte y el partido suizo a él alistado desecharon
los argumentos del Consejo Federal? Vogt, que a fines de
marzo de 1859 ya sabía que a fines de abril del mismo año
las tropas francesas invadirían el territorio neutralizado, como
es natural, anticipa también a fines de marzo, la frase según

19. When the French troops were about to march through Suvoy in-
to Sardinia the Swiss Government, true to the neutrality upon which
depends its independence, at first objected that these troops had no right
to pass through the neutralised territory.

HERR VOGT

la cual Luis Bonaparte tratará de disfrazar a fines de abril
su alevoso golpe militar. Formula la duda acerca de si “la
cabecera de la línea entre Culoz, Aix y Chambery está situada
en el territorio neutral” — [pág. 89 — y demuestra] que la
designación de dicho territorio neutral en modo alguno obe-
decía a la voluntad de anular la comunicación entre Francia
y Chambery”, eludiendo por lo tanto dicho ferrocarril en
sentido moral, el territorio neutral 20,

Por otra parte veamos qué dice Lord Malmesbury: ‘‘Lue-
go, ante la objeción de si la línea férrea elude o no la parte
neutralizada de Saboya, el gobierno suizo retiró su protesta,
permitiendo que las tropas francesas pasaran por el mismo.
Creo que no tenía razón de hacer esto [JI think that they
were wrong in doing so]. Nosotros considerábamos la con-
servación de la neutralidad de este territorio una cuestión de
tanta importancia europea... que el 28 de abril de 1859
remitimos a la corte francesa una protesta por el paso de
estas tropas en camino a Cerdeña”. Debido a esta protesta
Palmerston acusó a Malmesbury de abrigar simpatías ‘‘aus-
tríacas”?, al haber “ofendido de muy superflua manera por
cierto, al gobierno francés” — [had useleely offended the
French government] — del mismo modo como Vogt, en su
Libro Mayor, acusa al Volk de “poner todo su empeño”,

20. El que el ferrocarril pasara por el territorio neutral ha sido de-
finitivamente aceptado en una nota dirigida por el presidente federal Stamp-
fli y el Canciller Schiess al capitán Harris, el 18 de noviembre de 1859.
En la misma se lee: “Il pourrait être aussi question d'un autre point qui
concerne la neutralité de la Savoie... Nous voulons parler du chemin-de-fer
dernierement construit de Culoz a Chambery, a l'égard duquel on peut
se demander s'il devait continuer a faire partie du territoire neutralisé”.
(También podría hacerse cuestión referente a otro punto que concierne a
la neutralidad de Saboya... Queremos hablar del ferrocarril últimamente
construído entre Culoz y Chambery, respecto al cual puede preguntarse si
es que debe continuar formando parte del territorio neutralizado).

CARLOS MARX

como es natural en provecho de Austria, “en deparar toda
clases de dificultades a Suiza...” Léanse sino los artículos
publicados por el Volk sobre la cuestión de la neutralidad
planteada por el paso de los franceses por Saboya y se podrá
palpar con las propias manos estas tendencias compartidas
en un todo por el Allgemeine Zeitung}.

Por consiguiente resultará “palpable que todo aquel pá-
rrafo de los Ensayos de Vogt referente a Suiza, no pretendía
otra cosa que no fuera la prolongación de la primera violación
del territorio neutral suizo por su famoso “hombre predesti-
nado”. Era el primer paso hacia la anexión de Saboya y,
por lo tanto, también de la Suiza francesa. El destino de Sui-
za dependía de la energía con que saldría al encuentro de este
primer paso, manteniendo sus derechos, sirviéndose de ellos
en el momento decisivo, elevándolo a una cuestión europea
en una época en que estaba segura del apoyo del gobierno
inglés y en que Luis Bonaparte, que acababa de iniciar su
guerra localizada, no podía arriesgarse a echarle el guante.
Una vez comprometido oficialmente, el gobierno inglés ya
no podría retroceder”. De ahí los tremendos esfuerzos del
“neo suizo, ciudadano del Cantón de Berna y consejero mu-
nicipal de Ginebra” para levantar nubes de polvo y presentar

21. Vogt acusa especialmente al Volk — [Pueblo] — de haber in-
tentado “poner en conflicto a la confederación con las grandes potencias
vecinas. Al producirse efectivamente la anexión de Saboya, el Eidgenössische-
che Zeitung — [Diario federal] — acusó a un diario bonapartista, el
órgano oficial llamado Bund — [Confederación] — de que su opinión
con respecto a Saboya y Francia era un insignificante residuo de la política
que ya desde 1848 pretendía complicar a Suiza en las luchas europeas”.
(Véase Bund, Berna, 12 de marzo de 1860. N° 71). Está visto que las
frases escritas por las plumas bonapartistas fueron previamente confeccio-
nadas.

22. Had Those provinces [Chablais and Fancigny] been occupied by
the Federal troops... there can be little doubt they would have remained
in them up to this moment (L. Oliphant, Universal Suffrage and Napo-
leon I, London, 1860, pag. 20.

HERR VOGT

el permiso para el paso de las tropas francesas por el territorio
neutralizado, como un DERECHO que Suiza debía imponer en
calidad de valiente manifestación contra Austria. ¡Acababa
de salvar a Suiza de Catilina-Cherval!

Mientras Vogt se hace eco de la protesta por las veleida-
des fronterizo-renanas aparecidas en el panfleto original de
Dentu, elude hasta la más leve alusión a la resignación de Sa-
boya y Niza contenida en ese mismo panfleto. En sus Ensayos
ni siquiera figuran las palabras Saboya y Niza. Pero ya en
febrero de 1859 los diputados saboyanos protestaron en Turín
contra la guerra de Italia, debido a que la anexión de Saboya
al Imperio decembrista constituía el precio de la alianza fran-
cesa. Esta protesta nunca llegó a oídos de Vogt. Tampoco las
estipulaciones convenidas en Plombières entre Luis Bonaparte
y Cavour, en agosto de 1858, bien conocidas por todo el resto
de la emigración francesa y publicadas en uno de los números
siguientes del Volk. En el ya anteriormente mencionado nú-
mero del Pensiero ed Azzione — 2 a 16 de mayo de 1859 —
Mazzini había predicho textualmente: “Pero si ya al principio
de la guerra Austria fuera vencida y repitiera las proposiciones
que durante algún tiempo le hizo en el año 1848 al gobierno
inglés o sea, la entrega de Lombardia a condición de poder
quedarse con Venecia, la paz sería aceptada. Las condiciones
de la ampliación de la monarquía sarda y de la cestón de Saboya
y Niza a Francia llegarían por sí solas a su realización” **.

A mediados de 1859 Mazzini publicaba su profecía, Vogt,
la -segunda edición de sus Ensayos a mediados de junio del
mismo año, pero sin decir en ellos una sola palabra sobre

23. “Ma dove l'Austria, disfatta in sulle prime, affacciasse proposte
equali, a quelle ch'essa affacció per breve tempo nel 1848 al Governo In-
gles», abbandono della Lombardia a patto di serbare il Venetto, la pace...
sarebbe accetato: le sole condizioni dell'ingrendinetto della Monarchia Sarda
e della cessione della Savoia e Nizza alla Francia, riceverebbero esecuzione”.

CARLOS MARX

Saboya y Niza. Ya antes de Mazzini y anteriormente a los
diputados saboyanos, ya en octubre de 1858, un mes y medio
antes de la conspiración de Plomières, el presidente federal no-
tificaba en un despacho propio al ministerio inglés, ‘que tenía
motivos para creer que entre Luis Bonaparte y Cavour se ha-
bía cerrado un trato condicional con respecto a la entrega de
Saboya” *4.

A principios de junio de 1859 el presidente federal volvió
a comunicar al encargado de negocios inglés en Berna, sus
temores con respecto a la próxima anexión de Saboya y
Niza *, Al salvador profesional de Suiza, Vogt, jamás lle-
gó la más mínima noticia de la protesta de los diputados
saboyanos, ni de las revelaciones de Mazzini, ni tampoco de
los temores abrigados desde octubre de 1858 a junio de 1859
por el gobierno de la Federación suiza. Como veremos más
adelante, aún en marzo de 1860, cuando ya el secreto de Plo-
miéres recorría todas las calles de Europa, evitó encontrarse
alguna vez con el señor Vogt. Probablemente refiriéndose a
su silencio con respecto a la amenazante anexión, los Ensayos
llevan este lema: “Callar es la virtud de los esclavos”. Sin
embargo contienen una alusión: “Pero suponiendo también
— [así dice Vogt] — “que ocurra lo inconcebible y el botín
de guerra llegara a pagarse en tierras itálicas, ya sea hacia el
Sud o hacia el Norte... Realmente desde el más estrecho punto
de vista alemán... se quisiera poder desear sinceramente que

24. En su discurso mencionado más arriba Lord Malmesbury dice:
“There is a despatch now in the Foreign Office, dated as long back as
October 1858... from the president of the Swiss Republic, stating that
he had reason to believe that some additional agreement had been come to
between the Emperor of the French and Count Cavour WITH respect to
Savoy”.

25. Ver N° I del primer Blue Book “On the proposed annexation of
Savoy”, etc.

HERR VOGT

el lobo francés obtenga un hueso italiano”” (págs. 129-130). El
territorio italiano hacia el Norte naturalmente significaba Niza
y Saboya. Después de que el neo suizo, ciudadano del Cantón
de Berna y consejero de las Cortes ginebrinas hubo invitado
a Suiza a alegrarse en alto grado desde un punto de vista
netamente suizo — [pág. 39}— por la vecindad de Luis Bo-
naparte, el fugitivo regente imperial recuerda de pronto que
desde el más estrecho punto de vista alemán quisiera en efecto
desear “‘intimamente’’, que el lobo extranjero pueda “apresar
entre sus fauces” el “hueso” de Niza y Saboya y por lo tanto
también, el que representa la Suiza francesa 2,

Hace algún tiempo apareció en París un panfleto: Na-
poleón III y no Napoleon III et stalie, o Napoleon III et la
question Roumaine, o Napoleón III et la Prusse, sino solamen-
te Napoleón II; Napoleón III y nada más. Es un panegirico
escrito en hipérboles por Napoleón III sobre Napoleón III. Es-
te panfleto fué traducido a su idioma materno por un árabe
llamado Dá-Dá. En el epílogo el maravillado Dá-Dá no puede
contener por más tiempo su entusiasmo, pasando a expresarse en

26. El deseo de Vogt de “echar desde el más estrecho punto de vis-
ta alemán ‘‘huesos'’ italianos entre las fauces del “lobo extranjero” a fin
de que luego dicho lobo padezca trastornos digestivos, no cabe duda que
se verá satisfecho en una medida creciente. El órgano oficial, la Revue
Contemporaine del 15 de octubre de 1860 — dicho sea de paso, la especial
protectora de Vogt — se encuentra una correspondencia turinesa del 8 de
octubre, en la que, entre otras cosas, puede leerse: “Génova y Cerdeña serían
el legítimo precio de una nueva guerra — [francesa] — por la unidad de
Italia. Yo agrego que la posesión de Génova sería el único instrumento ne-
cesario para nuestra influencia sobre la península y el único medio eficaz
para evitar que el poderío naval, a cuya formación habríamos contribuido,
escapara un buen día a nuestra alianza, para constituir otra nueva. Sólo
con nuestra rodilla sobre su cuello podemos asegurarnos la lealtad de Italia,
Austria, que es un buen juez en esta cuestión, lo sabe muy bien. Apretare-
mos menos groseramente, pero con más fuerza que Austria... esa es toda
la diferencia.

CARLOS MARX

fogosos y ardientes versos poéticos. Sin embargo en el prólogo
Dá-Dá está aún lo suficientemente sereno como para confesar
que su obra es publicada en cumplimiento de una orden dada
por las autoridades locales de Argel, destinándosela a ser distri-
buída entre las nativas castas árabes del otro lado de las fronte-
ras de Argel para que “se apodere de su imaginación la idea de
la unidad y nacionalidad bajo un jefe común”. Ese jefe común
que habrá de fundar “la unidad de la nacionalidad árabe” es,
tal como lo revela Dá-Dá, nadie menos que “el sol de la
caridad, la gloria del firmamento... El Emperador Napoleón
III”. Vogt aún cuando no escribe en verso, no es otro que
el Dá-Dá alemán.

El que Da-Da - Vogt denominara de Ensayos su trans-
cripción alemana de los artículos de Moniteur, panfletos de Den-
tu y mapas de Europa irradiados por el sol de la caridad y glo-
ría del firmamento, es el mejor chiste que se le ocurrió durante
los alegres días de su vida, mejor aún que la regencia Imperial
y el real sibarita del vino y los pasaportes imperiales para el
extranjero por él inventados. El que aquel “Culto” burgués
alemán tomara bona fide por Ensayos, aquellos ensayos en los
que Austria lucha con Inglaterra y Egipto, Austria disputa a
Prusia territorios extraeuropeos, Napoleón 1 obliga al banco
de Inglaterra a pesar su oro en lugar de contarlo, los griegos y
fanariotas resultan ser razas distintas, una carretera conduce
desde el Monte Cénis por el valle del Stura pasando por Fenes-
trella, etc., demuestra la presión que durante diez años ejerció
cierta reacción sobre su cerebro liberal.

Pero, cosa extraña, el mismo holgazán germano que había
aplaudido la groseramente exagerada versión alemana de Vogt
del original panfleto decembrista, se levantó muy enojado de
su mecedora, apenas Edmond About retraduce al francés, con
sabia mesura, la compilación de Da-Da en su La Prusse en

HERR VOGT

1860 — [Prusia en 1860] — (originalmente Napoleón III
et la Prusse [Napoleón II y la Prusia]. Dicho sea de paso,
esta urraca charlatana del bonapartismo no carece de picardía.
Como prueba de las simpatías bonapartistas por Alemania,
About pone como ejemplo el que el Imperio decembrista echa
a Da-Da-Vogt con Humbold en un mismo cesto, del mismo
modo como lo hace con el Lazarillo Hackländer y Goethe. Sin
duda esta combinación Vogt-Hacklánder pone de manifiesto
por parte de About, un estudio mucho más profundo del que
es posible encontrar en los Ensayos del Dá-Dá alemán.

CAPÍTULO IX

AGENCIA

So muosens alle striten

in vil angestlichen ziten
wart gescheiden doch her dan
.. der Vogt da von Berne.

KLAGE 1,
[Así todos tienen que luchar
en épocas muy angustiosas
fué excluído luego
. el Vogt — [gobernador] — de Ber-
[na].
(Lamento).

En un programa cuidadosamente redactado, fechado por
Vogt con extraordinario humorismo el 1 de abril de 1859, en
el que invita a demócratas de las más diversas tendencias a
colaborar en un diario que habría de publicarse en Ginebra y
cuyo fin consistía en propagar la tendencia ruso-decembrista

1. Ivein Hartmann hace que el Vogt — [gobernador] — diga, alu-
diendo sin duda a su disidencia de opiniones con los llamados ‘gorras de
Berna”:

von Bern mac wol heizen ich,
wand ich dá niht ze schaffen hán.

“Puede que se me llame el de Berna
Porque nada allí tengo que hacer”.

No confundir a este Hartmann con el amigo de Vogt, el molusco lírico-
parlamentario del mismo nombre.

CARLOS MARX

de sus Ensayos, la pezuña del diablo asema de vez en cuando
bajo la tapa de papel secante. Pero no nos detengamos en
esto.

Al final del programa, Vogt solicita a sus destinatarios
que le comuniquen los nombres de “los correligionarios dis-
puestos a colaborar en este sentido en los diarios y revistas a
los cuales tienen acceso”. En la fiesta central de Lausana declara
haber esbozado un programa en el que figura una invitación
“a aquellos que estén dispuestos a cumplir el mismo y trabajar,
a cambio de honorarios adecuados, en los órganos de prensa
con que contaban” (pag. 17, Fiesta Central, etc.). Finalmente
puede leerse en una carta dirigida al doctor Lóning: “¿Podrías
ponerme en contacto con gente capaz de influir desde Francfort
en este sentido sobre diarios y revistas? Estoy dispuesto a
remunerarlos bien por los trabajos cuya copia me hagan lle-
gar” (pág. 36, Documentos Libro Mayor).

En la fiesta central de Lausanne los “correligionarios” se
convierten en “aquellos que” y “aquellos que” se convierten
frente al doctor Lóning, en “gente”, en “gente”? sans phrase.
A Vogt, el tesorero y revisor gencral de la prensa alemana, le
han sido “puestos a disposición fondos — pág. 36 —, no sólo
para pagar artículos aparecidos “en diarios y revistas”, sino
también para hacer frente a los gastos de publicación de “fo-
lletos”” (lug. cit.). Se comprende que una agencia que está a
esa altura requiera “fondos” considerables.

— er sante nach allen den hèrren
die in diusken richen wárren;
êr Rlagete in allen sin nôt,

unde bôt in ouch sin golt rôt.

HERR VOGT

— [mandó a buscar a todos los reyes
que en comarcas alemanas cstuvieren;
se lamentó ante ellos de su angustia
y también les ofreció su oro rojo].

(KAISERCHRONIK) .

Pero, ¿con qué objeto los diarios, periódicos y panfletos
habrían de ser “revisados” y “remitidos” a Vogt por aquellos
determinados sujetos a los que se les prometía retribuir ‘‘equi-
tativamente’’ sus servicios? “Se trata de Italia”, eso es todo;
pues para apartar el peligro del Rhin, el señor Vogt “estima”
conveniente “hacer que Luis Bonaparte se desangre en Ita-
lia”. (pág. 34, Programa). No, “no se trata de Italia”? (Carta
al doctor Lóning, pág. 36). “Se trata de Hungría” (Carta
al senor H. en N. (lug. cit.). No, no se trata de Hungría. “Se
trata... de cosas que no puedo publicar” (lug. cit., Documen-
tos, pág. 36). |

Tan arbitraria como el objeto de que se trata, resulta ser
la fuente de que manan aquellos “fondos”. Es “un apartado
rincón de la Suiza francesa” (Libro Mayor, pag. 210). No:
son mujeres del Este de Hungria” (Carta dirigida a Carlos
Blind, suplemento del N° 44 del Allgemeine Zeitung del 13 de
febrero de 1860). Al contrario; son masculini que se encuen-
tran “en jurisdicción policial alemana y, sobre todo, austría-
ca” (pág. 17, Fiesta Central). El monto de dichos fondos
resulta igualmente camaleónico como su destino y procedencia.
Son “unos pocos francos” (Libro Mayor, pág. 110). Son
“pequeños fondos” (pág. 17, Fiesta Central). Son fondos
suficientes para pagar equitativamente a todas aquellas personas
capaces de influir en sentido vogtiano sobre la prensa y los
panfletos alemanes. Finalmente y para colmo, también la

CARLOS MARX

índole de los fondos resulta arbitraria. Vogt ha “logrado reu-
nirlos con el máximo esfuerzo”. (Libro Mayor, pág. 210).
¡Pero no! “Han sido puestos a su disposición” (lug. cit., Do-
cumentos, pág. 36).

“Si no me equivoco — [así afirma la “naturaleza redon-
deada’’} — sobornar equivale a inducir a una persona por
medio de dinero u otros beneficios a cometer actos o hacer
manifestaciones contrarias a sus convicciones” (pág. 217). Por
lo tanto aquel cuya convicción está de acuerdo en dejarse com-
prar, no podrá ser sobornado, como tampoco podrá serlo aquel
cuya convicción está en desacuerdo con ello. De modo que si la
sección ministerial parisiense ofrece a mitad, a un cuarto de
su precio y hasta gratis la litografiada correspondencia diaria
de París, que cuesta 250 francos, advirtiendo a las “redacciones
bienintencionadas” que, de acuerdo a las crecientes relaciones
podrán contar cada una con un plus de 50, 100 y 150 fran-
cos mensuales, “según los resultados”, ello en modo alguno
puede ser calificado de soborno. Las redacciones cuyas con-
vicciones se oponen a la correspondencia diaria y la sobrepaga
mensual, no serán obligadas a recibir la primera ni aceptar la
segunda. ¿Acaso Granier de Cassagnac, o Laguerronière, o
About, o Grandguillot, o Bullier, o Jourdan, el del Siècle, o
Martin y Boniface de Constantinopla, Rochaid Dá-Dá Albert
han sido sobornados? ¿Cuándo en la vida una acción o mani-
festación solvente ha tenido el contratiempo de entrar en con-
flicto con la convicción de todos estos señores? ¿O es que
Vogt ha sobornado, por ejemplo, al agente de cierto periódico
suizo anteriormente contrario a él, al poner gratuitamente a su
disposición varios centenares de ejemplares de sus Ensayos?
No cabe duda de que resulta extraña esta invitación de Vogt
dirigida a los publicistas para que en los periódicos de que
disponen, actúen de acuerdo a su propia convicción y percibir

HERR VOGT

por dicha actuacién sus correspondientes honorarios, pagados
por el órgano periodístico ginebrino del señor Carlos Vogt. El
que Vogt eche en un mismo saco los honorarios que un deter-
minado diario abona a sus colaboradores con los subsidios
secretos provenientes de un fondo anónimo que un tercer sujeto
les ofrece, a los corresponsales de diarios completamente desco-
nocidos para él y hasta a los de la prensa de todo un país — es
un quid pro quo que demuestra hasta qué punto el Da-Da
alemán llegó a “emplearse” en la moral del 2 de diciembre.

“Junto al manantial descansaba un nifio...’’ Pero, ¿junto
a qué manantial? :

En lugar del semanario propuesto por Vogt, La Nueva
Suiza, apareció en Ginebra algo después El Nuevo Diario Suizo
— [Neue Schweizer Zeitung} — fundado por el antiguo amigo
de Dá-Da, el señor Brass. Cierta fría mañana de noviembre el
señor Brass declaró con el consiguiente asombro de toda Gi-
nebra, que “en una carta dirigida a Vogt había rechazado
el comedero francés que aquel había pretendido ofrecerle”. Si-
multáneamente se declaraba dispuesto a responsabilizarse de
su denuncia (Neue Schweizer Zeitung del 12 de noviembre
de 1859). Y el gallo, o mejor dicho, el gallito que hasta
tanto tan alegremente había cacareado, calló, apenas se vió
desplumado sobre su propio montón de estiércol. El “neo sui-
zo, ciudadano cantonal de Berna y consejero de las Cortes de
Ginebra” acababa de ser acusado públicamente en plena Gi-
nebra, por uno de sus “notorios” amigos, de intentar sobornar
con dineros franceses. Y el consejero de las Cortes Ginebrinas
enmudeció.

No vaya a creerse que Vogt hubiera podido ignorar olím-
picamente el Neue Schweizer Zeitung. Como ya se ha dicho, la
denuncia contra él apareció en el número correspondiente al
12 de noviembre. Poco después ese mismo diario publicaba

CARLOS MARX

una picante caracterización de Plon-Plon y la Revue de Génève,
el órgano del dictador ginebrino James Fazy, protestó de in-
mediato con un artículo de fondo a cuatro columnas (Revue
de Généve del 6 de diciembre de 1859). Protestaba au nom
du radicalisme genevois [en nombre del radicalismo ginebri-
no}. Tal era la importancia que hasta el mismo James Fazy
le concedía al Neuen Schweizer Zeitung. Las cuatro columnas
del artículo de fondo aparecido en la Revue de Génève revelan
la inconfundible colaboración de Vogt. El mismo Brass es
disculpado en cierto modo. No fué él el instigador del atentado
a Plon-Plon, únicamente se halla mal aconsejado. De manera
típicamente vogtiana el corpus delicti le es atribuido a L. Héf-
ner, del que Vogt también sospecha en su Libro Mayor — pág.
188.— que “escribía repugnantes historias sobre escándalos
personales del Emperador y del príncipe Napoleón”, no fal-
tando tampoco en Vogt la ineludible alusión al “difamado
ex teniente badense Klosmann'” como corresponsal bernés del
Allgemeine Zeitung (Ver Libro Mayor, pág. 198). Deten-
gámonos un instante a observar la protesta que el patrón y
el peón, James Fazy y Carlos Vogt publicaron en la Revue
de Génève del 6 de diciembre de 1859, “en nombre del radi-
calismo ginebrino”” y para salvar la honra de Plon-Plon.

Brass es acusado de tratar de “reafirmar su opinión ale-
mana con respecto a Francia por medio de insultos a un prin-
cipe perteneciente a la casa de Bonaparte”. Según hace tiempo
se sabe en Ginebra, Plon-Plon es un liberal de primera agua,
que en la época de su exilio rechazó orgullosamente “tomar a
su cargo papel alguno en la corte de Stuttgart y hasta en la de
Petrogrado”. Nada más ridículo qeu pretender atribuirle la
idea de la formación, aquí o allí, de alguna pequeña soberanía,
algo así como un reino etrusco, tal como se permite hacerlo
al injurioso artículo aparecido en el Nuevo Diario Suizo. “El

HERR VOGT

principe Napoleón, vigoroso en la convicción de su GENIO y
de su TALENTO, se considera demasiado alto para esos tronos
pequeños y miserables”. En Francia, o sea “el centro de la
alta civilización y del repudio general’ prefiere actuar junto a
su augusto primo en calidad de Marqués de Posa, como “prín-
cipe ciudadano” [prince citoyen]. ““Dígase lo que se diga, su
primo le respeta y quiere’. El principe no sólo es el Marqués
Posa de Bonaparte. Es “el desinteresado amigo” de Italia, de
Suiza, en una palabra, de todas las nacionalidades”. Tanto
el principe Napoleón, como el Emperador, es un gran eco-
nomista... No cabe duda que si en Francia alguna vez Ile-
garan a triunfar los buenos principios de la economía po-
lítica, el príncipe Napoleón habrá contribuido muchísimo a
ello”. Es y fué siempre partidario de la más amplia libertad
de prensa”, contrario a todas las medidas de previsión poli-
ciales de censura, portavoz de “las ideas liberales en el más
amplio de los sentidos, tanto en su teoría, como en su apli-
cación”. Cuando, debido a las malas compañías encuentra que
los oídos del Emperador están sordos a su voz de Egeria, en-
tonces se retira con dignidad y “sin rencor”. Son “únicamente”
sus propios méritos los que lo expusieron a las difamaciones
europeas”. Los “enemigos de Francia la temen, debido a que
se apoya sobre la colaboración de los pueblos de Europa, para
poder devolverles su nacionalidad y libertad”. Por lo tanto, un
crítico no reconocido, Marqués de Posa, Egeria, economista
protector de las nacionalidades sometidas, demócrata de primer
agua, y — ¿es posible imaginarlo? — Plon-Plon es hábil com-
me général et brave comme tout officier francais. [hábil como
general y valiente como todo oficial francés]. “Lo ha demos-
trado durante la campaña de Oriente, en y después de la bata-
lla del Alma”. Y en la campaña italiana “ha sabido organizar
su ejército de 50.000 hombres — [el famoso corps de Touris-

CARLOS MARX

tes — yo por poco digo corps de ballet} — efectuando en breve
lapso una penosa marcha a través de territorios montañosos
y sin que su tropa careciera de algo”. Como se sabe los sol-
dados franceses en Crimea bautizaron el miedo con el nombre
de la maladie Plon-Plonienne — [la enfermedad Plon-Plo-
niana] — y probablemente Plon-Plon se retiró de la penín-
sula debido únicamente a la creciente carencia de víveres. ‘‘Nos-
otros, [así termina diciendo triunfalmente la Revue de
Généve], nosotros lo hemos presentado — [a Plon-Plon } —
tal como es”. ¡Hurra por el general Plon-Plon!

No es de extrañar por lo tanto que Vogt afirme haber
recibido sus fondos de guerra ‘‘de manos democráticas”. Plon
Plon, el Prince Rouge — [príncipe rojo] —, es el ideal de
Vogt y de Fazy; en cierto modo el príncipe maldito de la de-
mocracia europea. Vogt no podía recibir su dinero de manos
más legítimamente democráticas que de las de Plon-Plon. Aún
cuando una parte de los dineros directamente transferidos por
el augusto primo de Plon-Plon, el señor Kossuth, pasaron
directamente de manos húngaras a las de aquél, “su origen
continuaba siendo un espanto”. ¡Pero venían de manos de
Plon-Plon! Hasta los dineros que Vogt recibió en la época
del tratado de Neuchátel de la condesa de C..., la amiga de
Klapka, podían provenir de manos más delicadas, pero nunca
de manos más puras y democráticas. Plon-Plon est voluptueux
comme Heliogabal, lache comme Ivan III et faux comme un
vrai Bonaparte, dice un famoso escritor francés ?.

Lo peor que hizo Plon-Plon fué convertir a su primo en
un homme serieux, [en un hombre serio]. Víctor Hugo pudo
decir aún de Luis Bonaparte: ...N'est pas monstre quí veut,

2. Plon-Plan es voluptuoso como Heliogabalo, perverso como Iván
HI y falso como un verdadero Bonaparte.

HERR VOGT

no es monstruo quien quiere, pero desde que Luis Bonaparte
inventó a Plon-Plon sobre el hombre de las Tullerías se con-
centró la faz comercial y sobre el del Palais Royal, la faz gro-
tesca de la imperialista cabeza de Jano. El falso Bonaparte,
aquel que es el sobrino de su tío, sin ser el hijo de su padre,
aparecía como legítimo frente a este legítimo Bonaparte; tanto
es así que aún hay franceses que dicen: ‘‘L’autre est plus sur
— [el otro es más seguro]. —Plon-Plon es simultáneamente
el Don Quijote y el Hudibras del Bas Empire. Hamlet consideró
peligroso el que acaso las cenizas de Alejandro Magno estuvieran
predestinadas a tapar el agujero de un tonel de cerveza. ¡Qué
diría Hamlet si llegara a ver la diluída cabeza de Napoleón
sobre los hombros de Plon-Plon 8.

Si bien Vogt sacaba del “comedero francés” la mayor parte
de sus fondos de guerra, es muy probable que con el fin de
disimular dicho comedero haya organizado entre sus amigos
más o menos democráticos ostensibles colectas de “algunos
francos”. Así quedan resueltas con toda sencillez sus contra-
dicciones referentes a las fuentes, a la cantidad e índole de
sus fondos. `

La agencia de Vogt no se limitaba tan sólo a Ensayos,
Programas y a ser oficina de publicidad. En la “fiesta central”
de Lausana Vogt explicó a los obreros alemanes residentes en
Suiza, la misión de Luis Bonaparte en pro de la liberación de
las nacionalidades, enfocándola desde un punto de vista mucho
más radical que el que expone en sus Ensayos, destinados a los
liberales filisteos alemanes. Mientras aquí había llegado por

a

3. Según lo narrado por Vogt, ya en 1852, éste debía emprender un
viaje de exploración — ¿una expedición-bacanal? — en compañía de Plon-
lon, que le había sido entusiastamente recomendado por un ‘‘proudhonis-
ta” en atención a su [mats do que promettia a force humana}, sorprenden-
tes investigaciones fisiológicas"? (Libro Mayor, Documentos, pág. 14).

CARLOS MARX

medio de la compenetración de la relación entre “la materia
y la fuerza” a la conclusión, de que “no podía pensarse en
una conmoción y destrucción del régimen imperante en Ale-
mania” — pag. VII. Ensayos, Prólogo, — gritandole al bur-
gués alemán — pag. 128 — “que no olvidara que la liberación
bonapartista” de Italia, salvaría a Alemania de una “revolu-
ción”, les dice lo contrario a los obreros alemanes, asegurán-
doles que “Austria es el único punto de, apoyo en que podrá
continuar fundándose su existencia — [ia de los soberanos
alemanes], — Fiesta Central, etc., pág. 11. “Acabo de deciros
— [así afirma] —que con respecto al extranjero no existe
una Alemania, que es preciso crearla primero, y que, de acuerdo
a mi convencimiento, únicamente podrá ser creada en la forma
de una confederación de repúblicas similar a la federación sui-
za” (pág. 10). Esto lo afirmaba el 26 de julio de 1859,
cuando aún el 6 de junio, en el epílogo de la segunda edición
de sus Ensayos, implora al príncipe regente de Prusia que
someta a Alemania a la casa de los Hohenzollern por las
armas y una guerra civil de carácter dinástico. La centraliza-
ción monárquica por las armas representa naturalmente el ca-
mino más corto para llegar a una república federada “similar
a la federación suiza’’. Mas adelante desarrolla la teoría del
“enemigo externo” — Francia —, al que Alemania deberá
unirse para luchar contra cl enemigo externo: Austria. “Si yo
— [exclamaba] — tuviera que clegir entre cl diablo — fel
habsburgués| — y su abuela — [Luis Bonaparte]

entonces
elegiría a esta última; ella es una vieja y tendrá que morirse”.
Esta invitación directa a Alemania para que, con el pretexto
de su odio a Austria, se eche en brazos de la Francia decem-
brista, parecióle demasiado comprometedora frente al público
lector, transformándola por lo tanto en la versión impresa de
su discurso, de la siguiente manera: “Y si se tratara de tomar

HERR VOGT

posiciones en la lucha entre el diablo y su abuela, considera-
mos que lo mejor sería que ambos se destrozaran y devoraran
mutuamente, ahorrándosenos con ello ese trabajo” (Fiesta
Central, etc., pág. 13). Y mientras finalmente en sus Ensayos
encumbra a Luis Bonaparte como Emperador de campesinos y
soldados, declara esta vez, frente a un público de obreros, que
“sobre todo en Paris, los obreros en su gran mayoría” han sido
convertidos actualmente en “partidarios de Luis Bonaparte”.
“Este — [según la opinión de los obreros franceses] — hace to-
do lo que la república debió hacer, proporcionándoles trabajo a
los trabajadores proletarios, arruinando a los burgueses, etc.
(Fiesta Central, pág. 9). Por lo tanto Luis Bonaparte es
dictador obrero y como dictador obrero es elogiado ante los
obreros alemanes en Suiza por el mismo Vogt, que en su Libro
Mayor estalla en una aburguesada explosión de ira ante el
solo recuerdo del concepto: “¡Dictador!” A

El programa parisiense, que a los agentes decembristas en
Suiza imponía su plan de operaciones con respecto a la anexión .
de Saboya, constaba de tres puntos: 1) Ignorar mientras sea
posible los rumores de un próximo peligro y, de ser necesario,
anularlos, declarándolos maquinaciones austriacas. 2) Una vez
alcanzado un estado avanzado, divulgar la opinión de que
Luis Bonaparte se propone entregar a Suiza el territorio neu-
tralizado. 3) Cumplida la anexión, hacer valer esta última
como pretexto para la alianza de Suiza y Francia, es decir, su
voluntario sometimiento al protectorado bonapartista. Vere-
mos a continuación cuán lealmente el caballero y su escudero,
James Fazy y Carlos Marx, el dictador de Ginebra y su, por
él creado, consejero de las cortes ginebrinas, sobreviven a este
programa.

Ya se sabe que en sus Ensayos, Vogt evitó hacer. hasta la
más leve alusión a la idea por la cual su hombre predestinado

CARLOS MARX

en la Fiesta Central de Lausana, en el Consejo Nacional, du-
rante el homenaje a Schiller y a Roberto Blum, en el Commis
Voyageur de Biele y finalmente, también, en el Libro Mayor.
Sin embargo la idea era anterior aún a la conspiración de
Plombiéres. Ya en diciembre de 1851, algunos días después
del golpe de Estado, se leía en el Patriote Savoien: “En las
antecámaras de los Eliseos se están repartiendo los cargos
oficiales saboyanos. Sus autoridades hasta se complacen en
mofarse de ello” *, El 6 de diciembre de 1851 el señor Fazy
ya veía a Ginebra sometida al Imperio decembrista 5,

El primero de julio de 1859 Stámpfli, por aquel entonces
presidente de la federación, tuvo una entrevista con el capitán
Harris, encargado de negocios de Inglaterra en Berna. Repitió
sus temores de que en el caso de producirse en Italia una am-
pliación de la dominación de Cerdeña, se haya resuelto la
anexión de Saboya a Francia, destacando además que dicha
anexión y, sobre todo, la del norte de Saboya, dejaría por
completo al descubierto todo un flanco de Suiza y que en
consecuencia no tardaría en producirse la pérdida de Ginebra.
(Véase el primer Blue Book: “On the proposed annexation
of Savoy and Nice. N? 1). Harris se lo comunicó a Melmes-
bury, quien, por su parte, encargó a Lord Cowley, que se
encontraba en París, que exigiera a Walewsky las explicaciones
respecto a cuáles eran los propósitos del Emperador. Walewsky

4. “On se partage deja les places... de la Savoie dans les anticham-
bres de l'Elysée. Ses journaux plaisantent même assez agréablement la-
dessus”.

5. Peut-être le citoyen Thourgovien que nous avons si bien défendu
contre les ménaces de Louis Philippe, nous fera-t-il la grâce de vouloir bien
se constituer comme médiateur, et réprendre de nous Génive” [Acaso el
ciudadano turingés que tan bien hemos DEFENDIDO de las amenazas de
Luis Felipe, nos hará la gracia de querer constituirse en mediador y re-
tomar Ginebra de nosotros (Revue de Généve — [Revista de Ginebra] —
del 6 de diciembre de 1851).

HERR VOGT

en modo alguno negó el que, “más de una vez se habia tratado
la cuestión de la anexión entre Francia y Cerdeña y que el
Emprador abrigaba la idea, suponiendo que Cerdeña fuera
elevada a la categoría de reino italiano, que no sería absurdo
esperar que también por otra parte haría concesiones territo-
riales a Francia” (N° IV, lug. cit.). La respuesta de Walews-
ky, fechada el 4 de julio de 1859, antecedió por lo tanto al
tratado de paz de Villafranca. En agosto de 1859 aparecía
en París el panfleto de Petetin, en el que se preparaba a Europa
para la próxima anexión de Saboya. En ese mismo mes de
agosto después de la sesión de verano de la Asamblea Nacional
Suiza, el señor Vogt se arrastró hasta París para recibir las
instrucciones de Plon-Plon. A fin de distraer la atención de
su ruta, hizo que sus secuaces, Ranickel y demás bandidos, di-
vulgaran en Ginebra el rumor de que había ido a unas termas
situadas cerca del lago de los Cuatro Cantones.

zê Paris lebt er mangen tac,

vil kleiner wisheit er enpflac,

sin zerung was unmázen grôz;...
ist ér ein esel und ein guoch,

daz sélb ist ér zuo Páris ouch.

[Más de un día pasa en París,

No fué poco su saber,

Su consumo fué inmenso...

Y aunque' asno y payaso es
También sigue siéndolo en París].

En septiembre de 1859 el Consejo Federal Suizo veía

aproximarse cada vez más el peligro de la anexión — N° VI;

CARLOS MARX

-—el 12 de noviembre resolvió dirigir un memorandum conce-
bido en ese sentido a las grandes potencias y el 18 del mismo
mes, el presidente Stimpfli y el canciller Schiess entregaban una
nota oficial al encargado de negocios de Inglaterra en Berna —
N° IX — James Fazy, que en octubre había regresado de su fra-
casado viaje a Toscana, donde trató en vano de influir a favor
del reino etrusco de Plon-Plon, hizo frente a los rumores de
una probable anexión, con la modalidad afectadamente ira-
cunda, rezongona y ruidosa que le era peculiar. Ni en Fran-
cia, ni en Cerdeña, nadie soñaba siquiera con esa anexión. À
medida que se acercaba el peligro, aumentaba también la con-
fianza de la Revue de Géneve, cuyo culto napoleonida se habia
desencadenado alcanzando su paroxismo durante los meses de
noviembre y diciembre (Véase, por ejemplo, el artículo de
Plon-Plon citado más arriba).

Con el advenimiento del año 1860 entramos en la segunda
fase del tratado de anexión.

Ignorar y negar ya no concordaba con los intereses de-
cembristas. Ahora, sobre todo, importaba amaestrar a Suiza
para la anexión y tratar de llevarla con engaños a ocupar un
lugar equivocado. El segundo punto del programa de las Tu-
llerias debía ser cumplido, cs decir, era preciso promulgar
lo más someramente posible a la consigna referente a una
probable entrega a Suiza del territorio neutralizado. Como
es natural, los decembristas suizos eran apoyados por simultá-
neas maniobras efectuadas en París. Fue así como Baroche,
el ministro del interior, declaró a principios de enero de 1860
al embajador Suizo, Dr. Kern, que “en el caso de producirse
un cambio en la posesión de Saboya, se le concedería a Suiza,
de acuerdo a los tratados de 1815, una buena línea de defen-
sa” (Véase el citado Blue Book, N° XVIII). Aún el 2 de
enero de 1860, el mismo dia en que T'houvenel señalaba al

HERR VOGT

embajador inglés, Lord Cowley, la anexión de Saboya y Niza
como “algo muy probable”, le declaró también “que el go-
bierno francés consideraba lógico el que en esas circunstancias
fueran entregadas para siempre a Suiza los distritos de Chablais
y Faucigny” (lug. cit., N° XXVII).

La divulgación de esta ilusión no sólo tenía por objeto
la preparación de Suiza para la anexión de Saboya al Imperio
decembrista, sino también anular su posterior protesta por la
misma y comprometerla ante el resto de Europa, haciéndola
pasar como cómplice, aunque un cómplice engañado por el

decembrismo. Frey-Herosée, presidente de la confederación sui-

za a partir de 1860, no cayó en la trampa, confiando en cambio
al capitán Harris sus temores con respecto a las supuestas
ventajas que implicaría la incorporación a Suiza del territorio
neutralizado. Harris, por su parte, previene al gobierno fede-
ral contra la intriga bonapartista, a fin de que Suiza no apa-
rezca como una potencia que “abriga veleidades anexionistas
y ambiciona ampliar su territorio” (lug. cit., N° XV). Sir
James Hudson, embajador inglés en Turín, escribe en cambio
a Lord John Russel, después de una entrevista más o menos
larga con Cavour: “Tengo motivos para pensar que también
Suiza ambiciona ávidamente poder anexarse una parte del te-
rritorio saboyano. Por consiguiente no hay que hacerse ilu-
siones de que, mientras Francia es criticada por sus veleidades
anexionistas, Suiza sea menos culpable que ella. .. Puesto que
debido a este doble ataque la cuestión se complica tanto, la
actitud de Cerdeña resulta en cierto modo perdonable” (lug.
cit., N° XXXIV).

| Por último, apenas Luis Bonaparte se sacó la máscara,
Thouvenel reveló con todo descaro el secreto de la consigna
referente a la anexión suiza del territorio neutral. En un des-
pacho dirigido al embajador francés en Berna, se burla abier-

CARLOS MARX

tamente de la protesta de Suiza por la anexión de Saboya a
Francia. ¿Y con qué? Con el “plan para la división de Sabo-
ya” impuesto a Suiza desde París (Véase el despacho de
Thouvenel del 13 de marzo de 1860).

¿Y hasta qué punto los agentes suizos del decembrismo
colaboraron entretanto en aquella trama traicionera? James
Fazy es el primero que en enero de 1860 explica en Berna al
encargado de negocios de Inglaterra la anexión de Chablais
y Faucigny a Suiza, no como una promesa de Luis Bonaparte,
sino como el propio deseo de Suiza y de los habitantes de
los distritos neutralizados (lug cit., N° XXIII). Vogt, que
hasta tanto jamás había sospechado la pósibilidad de una ane-
xión de Saboya, a Francia, se siente repentinamente poseído
de un espiritu profético y el Times, que desde su fundación
nunca había mencionado el nombre de Vogt, consigna de
pronto en una información: “El profesor suizo Vogt, afirma
saber que Francia desea proporcionar a Suiza Faucigny, Cha-
blais y el Genovesado, además de los territorios neutrales de
Saboya, en el caso de que el Consejo Federal se avenga a per-
mitir a la República Francesa el paso por el Simplón” (Ti-
mes, 3 de febrero de 1860). ¡Pero aún hay más! À fines de
enero de 1860 James Fazy le asegura al encargado de ne-
gocios de Inglaterra en Berna, que Cavour, con el que hace
apenas dos meses ha celebrado una prolongada entrevista en
Ginebra, se opone decididamente a toda cesión de territorio
a Francia (Véase el citado Blue Book, N° XXXIII). Y final-
mente Tourte, embajador suizo en Turín, aún el 9 de febrero
corre a casa del embajado inglés Hudson para asegurarle ‘‘que
no existe convenio alguno entre Cerdeña y Francia respecto
a la cesión de Saboya a esta última y que Cerdeña de ningún
modo está dispuesta a canjear o entregar Saboya a Francia”
(lug. cit.). `

HERR VOGT

Cada vez se aproximaba mas el instante decisivo. El Patrie
de París del 25 de enero de 1860 preparaba la anexión de
Saboya en un artículo intitulado: “Les Voeux de la Savoie”,
— [Los deseos de Saboya]. En otro artículo publicado el 27
del mismo mes, “Le Comté de Nice” — [E1 condado de Ni-
za] — hacía que su sombra literaria decembrista se adelantara
a la anexión de Niza. El 2 de febrero de 1860 Thouvenel
anunció al embajador inglés la anexión de Saboya y Niza,
como una “posibilidad” que ya antes de iniciarse la guerra
habia sido convenida entre Francia y Cerdeña. Una nota ofi-
cial referente a la verdadera resolución de Francia de incorporar
Saboya y Niza a su territorio, recién le fué presentada el 5
de febrero a Lord Cowley — Véase el discurso de Lord Cow-
ley en la Alta Cámara del 23 de abril de 1860 — y al Dr.
Kern, el 6 de ese mismo mes. Declarándoseles a ambos o sea, a
los embajadores inglés y suizo, que el territorio así neutrali-
zado sería incorporado a Suiza. Con anterioridad a estas de-
claraciones oficiales James Fazy fué informado desde las Tu-
llerías, que por medio de un convenio secreto, Cerdeña ya habia
entregado a Francia, Saboya y Niza y que dicho tratado no
contenía cláusula alguna beneficiosa para Suiza. Ántes de las
declaraciones oficiales a Thouvenel, Lord Cowley y al Dr.:
Kern, Fazy habría de dorarles y endosarles la píldora Imperial
a sus súbditos de Berna. Por lo tanto mandó que John Pe-
rrier, su incondicional y devoto colaborador, organizara y
celebrara el 3 de febrero en el local del Club Populaire, un
mitin popular, en el que aparentemente se hizo presente por
mera casualidad y con el pretexto de que “acababa de enterarse
— [les viens d'entendre] — de que se estaban tratando los
convenios recientemente firmados por Francia y Cerdeña con
respecto a la cesión de Saboya. Desgraciadamente el gobierno
cerdeño ya había firmado un convenio semejante el 27 de

CARLOS MARX

enero; pero de este hecho político aún no debemos sacar en
conclusión que nuestra seguridad se halla realmente amena-
zada... Es cierto que el tratado no contiene cláusula alguna
concebida en este sentido... Probablemente esté incluida co-
mo algo que se sobreentiende — [sous entendu, comme allant

de sor] —...No debemos poner de manifiesto antes de tiempo
un espíritu de desconfianza... Debemos reclamar simpatía
— [para con el Imperio del golpe de Estado] — ...y abste-

nernos de pronunciar una sola palabra hostil”? (Véase la
“confiada” alocución de Fazy, en su estilo, una obra maestra
de demagogia, aparecida en la Revue de Génève del 3 de febrero
de 1860). El encargado de negocios de Inglaterra en ‘Berna
consideró que la sabiduría profética de Fazy resultaba ser lo
suficientemente sospechosa como para informar de la misma
a Lord Russel en un despacho especial.

El tratado oficial sobre la cesión de Saboya y Niza a
Francia debía quedar finiquitado el 24 de marzo de 1860. Por
lo tanto no habia tiempo que perder. El patriotismo suizo de
los decembristas ginebrinos debía constatarse oficialmente, aún
antes de que se proclamara públicamente la anexión de Sa-
boya. Por consiguiente Vogt emprendió a principios de marzo
un viaje a París en compañía del general Klapka, que pro-
bablemente era la personificación de la bonne fot —[de la
buena fe] — para ejercer su influencia sobre la Egeria del
Palais Royal, el menospreciado genio de Plon-Plon, y dejar
caer ante los ojos de toda Suiza, todo su peso personal en
el platillo que habría de inclinarse a favor de la anexión del
territorio neutralizado a Suiza. Ante la opipara mesa de Plon
Plon — como es “sabido Plon-Plon desafía en lo que a la
gastronomía se refiere a los Lucullus y Cambaceres, hasta el
punto que de resucitar Brillat Savarin, éste se vería obligado
a admirar en él su genio, su economía nacional, sus ideas li-

HERR VOGT

berales, su talento de guerrero y velos personal en ese terreno.
Desde la opipara mesa de Plon-Plon, de la que en su condición
de “conversador ameno’ podía disfrutar ampliamente, Fals-
taff-Vogt instaba ahora a Suiza a mostrarse valiente (Véase
su carta de París publicada en el Commis Voyageur de Biele,
el 8 de marzo de 1860. Suplemento). Que “Suiza demuestre
que sus milicias no sirven únicamente para desfilar y jugar
a los soldaditos””. La entrega del territorio neutralizado a Suiza
es una ilusión. La entrega de Chablais y Faucigny a Suiza
“representa un primer paso al que sucederán otros muchos”.
Caminando “con los dos zancos que son la nacionalidad y las
fronteras naturales, se acabará por ir al Lago de Constanza y
también al Rhin... siempre que las piernas sean lo suficien-
temente vigorosas para ello”. Pero — y ésta es la cuestión —
Falstaff-Vogt aún no se aviene a creer aquello que hace ya
un mes, el ministro Thouvenel reveló oficialmente, lo que
sabe toda Europa: que ya en el mes de agosto de 1858 había
sido convenida en Plombières la cesión de Saboya y Niza, a
cambio de la intervención francesa contra Austria. Su “hombre
predestinado” acaba de ser impulsado recientemente por los
curas, a caer, contra su voluntad, en brazos del chauvinismo,
imponiéndosele la confiscación del territorio neutralizado. “Sin
duda — [asi tartamudea el perplejo apologeta] — se ha buscado
en los círculos dirigentes un contrapeso que contrarrestara el
creciente movimiento clerical, creyéndose hallarlo ahora en el
llamado chauvinismo —en aquel obcecado espiritu nacional
que no conoce otra cosa que no sea la adquisición de un
trocito (¡1) de tierra”.

Una vez que Vogt, mareado por los aromas de la cocina
Plon-Ploneana hubo colaborado tan valientemente en el Com-
mis Voyageur, comenzó a publicar poco después de su regreso
y por intermedio del mismo portavoz, fábulas absurdas, refe-

CARLOS MARX

rentes a la incondicional adhesión que los nizardos tributaban
a Francia, a consecuencia de lo cual se vió envuelto en un
desagradable conflicto con Vizzi Ruscalla, uno de los direc-
tores centrales de la Asociación Nacionalista Italiana y autor
del panfleto: La Nationalité di Nizza. Y cuando este mismo
héroe, que desde la mesa de Plon-Plon se había empeñado en
jugar el papel de un Winkelried, tomó la palabra en la Asam-
blea nacional de Berna, entonces el guerrero toque de clarín se
convirtió en un diplomático susurro de flauta, que recomen-
daba la tranquila persecución de las conversaciones con el
Emperador, que siempre había simpatizado con los suizos e
insistía en advertir el peligro que siempre encerraría en sí una
alianza con Oriente. Froy-Herosée, el presidente federal, dejó
caer algunas extrañas alusiones a Vogt, el que, sin embargo,
tuvo la satisfacción de ver elogiado su discurso por el Nouve-
lliste Vaudois, El Nouvelliste Vaudois es el órgano de los se-
ñores Blanchenay, Delarguaz y demás magnates estatales del
Pays de Vaud; en una palabra, del ferrocarril occidental suizo,
tal como la Neue Zúricher Zeitung — [El Nuevo Diario de
Zurich] -—era el órgano del bonapartismo en Zurich y del
ferrocarril oriental. Para caracterizar a los patronos del Nou-
velliste Vaudois, bastará señalar que en ocasión de la famosa
huelga de los ferrocarriles de Oron, siete concejales del Estado
Vaudense fueron acusados repetidas veces por la prensa ad-
versaria, de que cada uno de ellos había recibido del Crédit
Mobilier de Parts — [Crédito Inmobiliario de Paris, el prin-
cipal accionista del ferrocarril occidental suizo] — la suma de
10.000 francos o sea, el equivalente a veinte acciones.

Poco después de que Vogt partiera en compañía de Klapka
con rumbo hacia la Egeria del Palais Royal, James Fazy,
acompañado por John Perrier, emprendia viaje hacia la efigie
de las Tullerias. Es sabido que a Luis Bonaparte le agrada

HERR.VOGT

representar el papel de la Efigie y que asalaria a sus Edipos del
mismo modo como los antiguos reyes de Francia asalariaban a
los bufones de la corte. En las Tullerías Fazy se interpuso entre
Suiza y la Efigie. Como ya dijimos anteriormente, John Pe-
rrier era su compañero de viaje. Este John es la sombra de su
James, hace todo lo que éste quiere, nada que éste no quiere,
vive por y para él, gracias a él se ha convertido en consejero
superior de Ginebra, prepara para él todas las fiestas y brindis,
es su Leporello, su Fialin.

Ambos regresaron a Ginebra sin haber cumplido su co-
metido en cuanto a la situación de Suiza, y con sorprendente
éxito, en cuanto al peligro que corría la posición de Fazy,
quien comenzó a bramar públicamente, diciendo que se le
habían abierto los ojos y que, de ahora en adelante, odiaría
a Luis Bonaparte tanto como hasta entonces le había ama-
do. ¡Realmente es un amor muy extraño el del republicano
Fazy por el asesino de dos repúblicas! Fazy jugó con tal
destreza su papel de patriota desengañado, que toda Ginebra
acabó por impregnarse de entusiasmo fazista, hasta el punto
que casi llegó a sentirse más sensiblemente la pérdida de las
ilusiones de Fazy, que la de las provincias neutralizadas. Hasta
Theodore de Saussure, su enemigo durante largos años y jefe
del aristocrático partido opositor, aceptó la imposibilidad de
continuar dudando del patriotismo suizo de James Fazy.

Una vez recibidas estas merecidas ovaciones populares, 21
tirano de Ginebra fué en busca de la Asamblea Nacional de
Berna. Poco después de su partida, el adicto compañero de viaje
a París, en una palabra, su propio John Perrier, emprendió
una expedición de argonautas de indole muy extraña por cier-
to. Una banda de borrachos ginebrinos — así al menos se les
calificó en el London Times — seleccionados entre la sociedad
de los Fruitiers, la democrática guardia de honor de Fazy —,

CARLOS MARX

emprendió sin armas y bajo la dirección de Perrier, el viaje
a Thonon para, en este punto del territorio neutralizado, lle-
var a cabo una manifestación antifrancéfila. En qué consistía
o debía consistir dicha manifestación, de si los argonautas de-
bían conquistar un vellón de oro o exponer el suyo propio,
no ha podido decirlo nadie hasta ahora, puesto que la argo-
náutica expedición de Perrier no fué acompañada por ningún
Orfeo, ni hubo Apolonio alguno que la cantara en sus ver-
sos. Según parece se trataba de una simbólica toma del territorio
neutralizado por la Suiza representada por John Perrier y su
banda. Fué tanto el trabajo que en consecuencia tuvo la ver-
dadera Suiza, en lo que a reparaciones diplomáticas, declara-
ciones de lealtad y manifestaciones de indignación por la
simbólica toma de Thonon efectuada por John Perrier se
refiere, que en efecto Luis Bonaparte acabó por parecer muy
magnánimo, al conformarse con solo la ocupación real de
Thonon y del resto del territorio neutralizado.

John Perrier en cuyos bolsillos había varios miles de fran-
cos, fué detenido en Ginebra. El vice-canciller del Estado y
redactor de la Revue de Géneve, el señor Ducommun, hombre
joven, carente de fortuna personal y dependiente, en los dos
cargos anteriormente nombrados, del presidente del Consejo de
Estado y propietario de la revista, James Fazy, también fué
detenido a consecuencia de las declaraciones hechas por Perrier.
Admitió haberle dado el dinero a Perrier, dinero que se había
sacado de una caja destinada a la Fundación de un cuerpo de
voluntarios, caja esta cuya existencia hasta entonces era desco-
nocida por los radicales de Ginebra. La investigación judicial
terminó con el despido, en primer lugar, de Ducommun y
luego de Perrier.

El 24 de marzo, Niza y Saboya, amén del territorio neu-
tralizado, eran entregados oficialmente por Victor Manuel

HERR VOGT

a Bonaparte. Entre el 29 y 30 del mismo mes John Perrier,
que entretanto había regresado de París a Ginebra en compañía
de James Fazy, emprendía su argonáutica expedición, una
manifestación burlesca que hizo fracasar precisamente en el
instante decisivo cualquier otra manifestación seria. James
Fazy afirmaba en Berna “que él nada sabía acerca de aquel
suceso” 6.

Laity afirmaba jactancioso en el ex territorio neutral, que,
de haber avanzado los Suizos en él bélicamente, su Emperador
habría mandado de inmediato tres divisiones para que ocupa-
ran a Ginebra. Vogt estaba completamente ajeno al secreto de
dicha argonáutica expedición, pues, pocos días antes de rea-
lizarse, denunciaba a la policía ginebrina con fines profilácti-
cos, un choque que habría de producirse desde Ginebra en la
frontera saboyana. .. pero señalando una pista falsa. Tengo
ante mí, referente a esto, una carta que un fugitivo radicado
en Ginebra y ex conocido de Vogt dirige a otro exilado radi-
cado en Londres. En la misma se lee entre otras cosas:

6. La certeza de que, a partir de la anexión del Norte Saboyano, Gine-
bra se había convertido en enclave francés del mismo modo que la fortifica-
ción francesa del puerto de Thonon, aguijonearon, como es sabido, en alto
grado durante los últimos tiempos el espíritu antidecembrista de la vieja
república. Sin embargo, las legitimas manifestaciones de esta tendencia po-
pular son acompañadas por otras falsas. realizadas de acuerdo al mandato
parisiense y en parte también, por el mismo personal de la policía fran-
cesa. Así, por ejemplo. podemos leer en la Saturday Review del 22 de
septiembre de 1860: “Una partida de llamados suizos se dió en Thonon
a proferir groscros insultos contra el Empire, cuando un gendarme cha-
pucero, dejándose llevar por un exceso de afán oficialista, echó el guante a
los llamados suizos, insistiendo en que debía revisar sus pasaportes Los sui-
zos resultaron ser franceses cuyos documentos estaban perfectamente en
regia... El hecho más comprometedor con respecto a estas ficticias colisio-
nes, es que en una de las primeras y peores de ellas, se vió complicado un
íntimo partidario de James Fazy (el amigo Perrier). [The gravest fact
relating to these artificial collisions is, that in one of the earliest and the
worst of them a close adherent of Mr. Fazy was prominently implicated].

CARLOS MARX

“Vogt divulgó la versión de que yo no cesaba de “girar.

constantemente entre la Suiza occidental y Saboya, a fin de
urdir una revolución que resultaría perniciosa para Suiza y
favorable a potencias enemigas de la misma. Esto ocurría
tan sólo unos pocos días antes de producirse el atentado de
Perrier, del que Vogt seguramente estaba tan enterado, como
usted y yo ignorábamos. Evidentemente trataba de. dirigir la
pista sobre mi persona y aniquilarme. Por fortuna también
me denunció al jefe de policía, Duy, quien me mandó llamar
y cuyo asombro fué mayúsculo cuando, apenas me hubo
dirigido la primera pregunta, le interrumpi diciendo: “¡Ajá!
¡La famosa intriga vogtiana!” En vista de ello me pidió refe-
rencias sobre mis relaciones con Vogt. Mis declaraciones fueron
simultáneamente sostenidas por un secretario del gobierno,
miembro de la Helvetia, el que al día siguiente partía para
Berna a fin de asistir a la Asamblea Central, donde manifestó
al hermano de Vogt desagradables conceptos referentes al
comportamiento de Carlos, a los que Gustavo respondió la-
cónicamente, que ya hacía tiempo que a través de las cartas
de aquél había advertido cuál era el rumbo tomado por su
política”.

Si primeramente el silencio, la negación y las prácticas
que recomendaban absoluta confianza en Luis Bonaparte de-
bían eliminar el peligro de la visión suiza, si el posterior gri-
terío referente a la incorporación de Faucigny, Chablias y del
Genovesado a la Suiza debía popularizar la anexión de Saboya
y Niza a Francia y finalmente aquel incidente burlesco de
Thonon debía romper toda resistencia seria, de acuerdo al
programa parisiense, las anexiones realmente efectuadas y el
peligro ya innegable debían imponerse en última instancia, co-
mo los motivos que ocasionarían la voluntaria deposición de

A A à

$
$

HERR VOGT

armas de Suiza, vale decir, su alianza con el Imperio de-
cembrista. |

El problema era tan delicado que únicamente el mismo
James Fazy en persona era capaz de preparar su solución. À
Vogt, su servidor, le era permitido advertir el peligro de una
alianza con el Oriente, pero sólo Fazy podía abogar por una
altanza con Oriente. Por primera vez aludió a la necesidad de
la misma en la Revue de Généve. El 18 de abril de 1860 cir-
culaba en Ginebra un extracto de una carta recibida desde
Londres, en la que entre otras cosas se decía:

Recomiéndeles a nuestros compatriotas influyentes que se
cuiden de los consejos de J. Fazy, que éste, acaso, pudiera dar
a Suiza con respecto a la renuncia de su neutralidad. Es muy
probable que este consejo provenga directamente del mismo
gobierno francés, cuyo servicial agente fué hasta la fecha James
Fazy... Ahora adopta la postura de un buen suizo que trabaja
en contra de los propósitos de Francia, pero una persona que
siempre está bien informada, me asegura que ello es tan sólo
una trampa. Apenas Suiza haya declarado que ya no desea
ni puede continuar siendo neutral, el gobierno francés tomará
nota de ello, obligándola a una alianza similar a la de la
época del primer Imperio”.

A ello Fazy mandó responder en la Revue de Généve:

“El día en que Saboya esté unida a Francia, la neutralidad
de Suiza se habrá acabado por sí sola, con lo que un consejo
semejante de Fazy resultaría superfluo”. |

Tres meses después el 10 de julio, James Fazy pronunció
un discurso en el Consejo Nacional Suizo, el que, “entre mal-
diciones y gritos, levantando el puño contra los financistas y
barones federales bonapartistas —[a los que denunció como
al gouvernement souterrain, gobierno subterráneo] — marcha-
ba directamente al campamento del bonapartismo’’. El partido

CARLOS MARX.

oficial franco-urich-valdense, si bien aparecía como el más
groseramente atacado, dejó que rezongara todo lo que quisiera.
“Europa, y sobre todo Alemania, abandonaban a Suiza. De-
bido a ello la neutralidad se ha convertido en un imposible;
Suiza tendrá que buscar una alianza, pero, ¿dónde?”” El viejo
demagogo murmura entonces algo de “la Francia cercana y
afín, que acabará por comprender su error y tratará de re-
pararlo alguna vez y que acaso también termine por convertirse
en república, etc. Pero los financistas y barones federales caídos
en desuso, no deberán inaugurar la nueva política; esó tendrá
que reservarse a la Helvetia, al pueblo: “Ya veréis, las próxi-
mas elecciones os enseñarán. .. Las tropas federales son muy
bien recibidas en Ginebra. Pero si su presencia habrá de ins-
pirar la menor duda con respecto al actual regimiento gine-
brino, ¡afuera con ellas! ¡Ginebra sabe valerse y defenderse
por sí sola!” |

Por consiguiente el 10 de julio James Fazy cumplia en
el Consejo Nacional aquello que había. insinuado el 18 de
abril en la Revue de Génève: “La nueva política, la alianza
entre Suiza y Francia, es decir, la anexión de Suiza al decem-
brino. Suizos bien informados consideraron prematuras estas
revelaciones y el descubrimiento del verdadero rostro bona-
partista. Sin embargo, Fazy poseía precisamente un virtuosis-
mo en el arte de la indiscreción calculada, comparable tan sólo
al de Palmerston.

Como es sabido, los más desacreditados representantes del
gouvernement souterrain, — [del gobierno subterráneo] — so-
licitaron en el Consejo Nacional un voto de censura para
Stämpfli porque, en su condición de presidente federal, habia
comprendido la situación, tomando en determinado momento
la decisión apropiada: la defensa del territorio neutralizado
por medio de las tropas federales contra la intervención de las

HERR VOGT

tropas francesas. El voto de censura fué rechazado por una
enorme mayoria, pero faltaba el voto de Vogt. Por aquel en-
tonces se me escribió desde Suiza: “Resulta muy característico
de Carlos Vogt su ausencia durante esta asamblea celebrada
por las Cortes Suizas para tratar el voto de censura contra:
el presidente federal R. Stämpfli. En su calidad de represen-
tante del Cantón de Ginebra amenazado por Bonaparte, Vogt
se verá obligado a emitir un enérgico voto a favor de su defen-
sor, Stämpfli. Además mantiene relaciones personales con el
mismo y le debe servicios. El padre de Vogt y dos de sus her-
manos se ganan la vida trabajando como empleados del Cantón
de Berna; a otro hermano Stämpfli le proporcionó, hace po-
co, el lucrativo cargo de jefe de estadísticos del Estado. Por
consiguiente no le era posible presentarse en una votación
nominal contra el amigo, bienhechor y hombre público. Por
otra parte el Plon-Plonista no puede aprobar una política
que combate hasta la muerte las agresiones del bonapartismo.
Por eso hay que escapar y esconder la cabeza, aun cuando el
ancho traste continúe visible y reciba los azotes; es esta la
estratagema acostumbrada y cl destino terrenal del Falstaff
moderno”.

La consigna del ‘‘Austriaquismo’’, divulgada por las Tu-
llerías y tan frecuentemente proclamada por James Fazy, en
la Revue de Génève y repetida a gritos por su sirviente Vogt
en el Commis Voyageur de Biele, los Ensayos, el Libro Mayor,
etc., acabó finalmente por recaer sobre la misma Suiza. Más o
menos a mediados de mayo en todas las tapias de Milán apa-
reció un letrero: ‘’Desavenencias entre Napoleón y Suiza”. En
el mismo podía leerse:

“Parece que Suiza consideró que Saboya era un mendrugo
apetecible, por lo que, acicateada por Austria, resolvió oponerse
a los planes de Napoleon IH en una causa que únicamente

CARLOS MARX

concierne a Italia y Francia... Inglaterra y las potencias nór-
dicas, excluyendo Austria, no se oponen en lo más mínimo
a la incorporación de Saboya, sólo Suiza, azuzada por Aus-
tria, que en todos los Estados Unidos de Cerdeña procura pro-
vocar rebeliones y desasosiegos, fué la única que opuso su
veto... Suiza es un Estado normal que no podrá resistir
por mucho tiempo más al acose del gran principio nacional.
Los alemanes, franceses e italianos no son capaces de someterse
a dichas leyes. Si así lo sabe Suiza, que no se olvide que en
el Cantón del Tessino se habla el idioma de los Foscoli y
Giusti; que recuerde que una gran parte de ella pertenece a
la poderosa Nación que se llama Francia. Parecería que Suiza
no fuera más que un invento austríaco”.

Mientras Vogt se esforzaba tan afanosamente por salvar
a Suiza de las garras austriacas, confió la salvación de Alemania
a uno de sus más leales co-bandidos, el sabio, parlanchín y
enfático Carlos Meyer, natural de Esslingen, miembro del cuer-
po parlamentario, hombre presumido y antiguo propietario
de una fábrica de bisutería. Durante la bendición de la bandera
de la Asociación Obrera Alemana de Neuchâtel, que se celebró
en el “Krone”? de St. Blaise, el orador oficial, miembro del
cuerpo parlamentario y bisutero Carlos Mayer, natural de
Esslingen, invité a Alemania a que “dejara que los franceses
transpusieran tranquilamente el Rhin, puesto que de lo con-
trario en Alemania la situación nunca podría mejorar”.

Dos delegados de la Asociación Obrera de Ginebra, al
regresar después de Año Nuevo — [1860] — de dicha ceremo-
nia, comentaron este episodio. Una vez que su relato fué-con-
firmado por varios delegados de otras asociaciones del Oeste
de Suiza, el Genfer Vorort —[Suburbio Ginebrino} — pu-
blicó uña circular destinada a prevenir contra las manifestacio-

HERR VOGT

nes bonapartistas entre los obreros alemanes radicados en
Suiza.

“Según una recordación — [cito ateniéndome a un memo-
randum que tengo ante mí] — del primer Imperio, en el que
ya también algunos alemanes trataron de fomentar la domi-
nación del mundo por Napoleón, confiando en que el coloso
no soportaria la caida de su sostenedor, y que entonces entre
las disgregadas provincias del Imperio Francés se encontraría
también por lo menos una Alemania unificada, tanto más
capaz de lograr su libertad, se consideraba una charlatanería
política, el extraer toda la sangre de un cuerpo vivo, dejando
librado al loco milagro el que dicho cuerpo recuperara una
sangre más sana. Además se criticaba el que se le negara a un
gran pueblo el derecho de autosalvación, el derecho de disponer
su propio destino; finalmente se menciona que el esperado
Mesías alemán acabara de demostrar en Italia cuál era su con-
cepto de la liberación nacional, etc. etc.’’. La circular, según
se afirmaba en ella, estaba dirigida únicamente a esos alema-
nes, cuyos fines eran buenos, pero que para lograrlos elegían
medios inapropiados, rehusándose en cambio a tratar con PU-
BLICISTAS VENDIDOS y AMBICIOSOS CI-DEVANTS.

Simultáneamente el Argauer Nachichten, Organ der Hel-
vetia — [Noticias de Argau, órgano de Helvecia] — criticaba
“la lógica””, afirmando que “era preciso dejar que el puerco-
espín entrara en la cueva del topo para poder apresarlo mejor
y echarlo más fácilmente, de acuerdo a cuya repudiable lógica
también sería preciso dejar libertad de acción a la Eftaltes para
hacer posible el advenimiento de Leonidas. CIERTO PROFESOR
que no cs sino la caricatura del pretensioso principe Ulrico de
Würtenberg, que intentó el regreso del exilio por intermedio
de la Liga Federal, una vez que la bota de montar ya nada
quiso tener que ver con él; pero el SUSODICHO PROFESOR se |

CARLOS MARX

habría disgustado con la Liga, por lo que ahora trata de trabar

,,

relaciones con la bota, etc., etc.”.

La importancia de esta denuncia contra el señor profesor
Vogt consistía en que la misma apareció en un órgano de
Helvecia. En cambio se le tributó una acogida tanto más fa-
vorable en la Espérance — [Esperanza] — un periódico de
gran formato, fundado en Ginebra en 1859 por la Caja del
Estado Francés. La misión del Espérance consistía en especial
en predicar la anexión de Saboya y Renania y en general, la
mesiánica misión libertadora de nacionalidades de Luis Bo-
naparte. Toda Ginebra sabe que Vogt era un habitué de la
redacción del Espérance y uno de sus colaboradores más efi-
‘ caces. A mí mismo se me hicieron llegar detalles que anulan
toda duda al respecto. Aquello que Vogt insinúa en sus
Ensayos; lo que hizo publicar abiertamente en Neuchátel por
su co-bandido, el suabio charlatán, miembro del cuerpo par-
lamentario y bisutero, Carlos Mayer, natural de Esslinger,
se encuentra más ampliamente expuesto en el Espérance. Es
así como, por ejemplo, puede leerse en un número del mismo
del 25 de marzo de 1860:

“Si la única esperanza de los patriotas alemanes se funda
en una guerra con Francia, ¿qué motivos pueden tener para
querer debilitar el gobierno de dicho pais y vedarle el derecho
a formar sus fronteras naturales? ¿O es que el pueblo alemán
se encuentra. muy lejos de compartir este odio a Francia? Sea
como fuere, existen muy sinceros patriotas alemanes, sobre todo
entre los DEMÓCRATAS ALEMANES MÁS AVANZADOS — [en
especial el Reichs-Vogt, el o lo Ranickel, Carlos Mayer, de
Esslingen y tutti cuanti} — que no consideran que la pérdida
de la margen izquierda del Rhin sería una gran desgracia y
que en cambio están convencidos de que ÚNICAMENTE DES-

HERR VOGT

` PUÉS DE DICHA PÉRDIDA podrá comenzar la vida política de
Alemania, de una Alemania renacida, fundada sobre la alianza
y absorbida por la civilización del Occidente europeo” 7. In-
formada de este modo por Vogt sobre las opiniones de la de-
mocracia alemana más avanzada, Espérance declara en un ar-
tículo de fondo del 30 de mayo que “un plebiscito en la margen
izquierda del Rhin, no tardará en demostrar que allí todo el
mundo simpatiza con Francia”.

El Postheiri, un periódico humorístico suizo, hacía malos
chistes sobre Espérance, el ‘‘desvencijado jamelgo que tras los
leves laureles de Baco:Plon-Plon, se veía obligado ahora a
soportar en el establo la pesada alforja de su silencio”. De la
precisión con que son realizadas las extorsionadoras maniobras
decembristas, puede comprobarse al examinar el caso siguiente.
El 30 de mayo Espérance entregaba al decembrismo por ple-
biscito la margen izquierda del Rhin; el 31 de mayo Luis
Jourdan abrió en el Stécle de Paris las trincheras pro-anexión
renana y a principios de junio el Propagateur du Nord et
du Pas de Calais — [Propagador del Norte y del Paso de Ca-
lais] — lanzaba su carga de grueso calibre sobre Bélgica. Poco
antes de estallar la bomba ginebrina, Edmond About declaró
en Opinión Nationale que la ampliación de Cerdeña había
obligado al Emperador “de pendre la Savoie... c. a. d., nous
fermons notre porte” — [a tomar Saboya, es decir que cerra-

7. “Si la seule espérance des patriotes allemandes est fondée sur una
guerre avec la France, quelle raison peuvent-ils avoir de chercher a affaiblir
le gouvernement de ce pays et l'empécher de former ses frontières naturelles?
Sarait-il que le peuple en Allemagne est loin de partager cette haine de la
France? Quoi qu'il en soit, il y a des patriotes allemandes très sinceres et
notamment parmi les democrates les plus avancés, que ne voient pas grand
malheur dans la perte de la rive gauche du Rhin, qui sont au contraire,
convaincus que c'est aprez cette perte seulement que commencera la vie po-
litique d'une Allemagne régènérée, apuyée sur l'alliance et se confondant avec
la civilisation del'Occident européen” (L’Esperance, 25 mars, 1860).

CARLOS MARX

mos nuestra puerta] — Y termina diciendo que si en Alema-
nia las aspiraciones unitarias llevaran a una ampliación similar
de Prusia, allors nous saurions á veiller a notre sureté, á
prendre la rive gauche du Rhin, c'est a dire, nous fermerions
notre porte — [entonces nosotros tendríamos que velar por

nuestra seguridad, tomar la margen izquierda del Rhin, es de-

cir, que cerrariamos nuestra puerta]. À este despreocupado can-

cerbero siguió de inmediato, pisándole los talones, el inconver-"

tible cornudo, el extraordinario corresponsal extranjero del
Independence Belge, una especie de José Proudhomme y adivino
especial de Providence radicada en las Tullerias. Espérance fo-
mentó entretanto su extraño entusiasmo por la unidad alemana
y su indignada denuncia de los antidecembristas alemanes ven-
didos a Austria, llevándolo a alturas tan mareantes, que James
Fazy, obligado a mantener ciertas relaciones diplomáticas, y
que además estaba a punto de convertir su Revue de Génève en
la Nation Suisse, se dignó declarar con generosa altivez por
intermedio de la revista, que también era posible oponerse al
bonapartista sin ser necesariamente austríaco,

Carlos Vogt, Dá-Dá alemán, propietario de una agencia
de publicidad decembrista para la prensa alemana, subagente
de Fazy, “conversador ameno” en el Palais Royal, Falstaff
de Plon-Plon, “amigo” de Ranickel, apuntador del Commis
Voyageur de Basilea, colaborador de Espérance, protegido de
Edmont About, cantor de la Lusiada, debía descender entonces
otro escalón más. En París, a la vista del mundo, en la Revue
Contemporaine, habría de aparecer del brazo con MONSIEUR
EDOUARD SIMON. Veamos por un instante qué es la Revue
Contemporaine y quién es.Monsteur Edouard Simon.

La Revue Contemporaine fué originalmente la revista ofi-
cial decembrista, contrariamente a la Revue des deux Mondes,
en la que colaboraban las plumas elegantes, la gente del Jour-

HERR VOGT

nal des Débats, orleanistas, fusionistas, y, en especial también,
profesores del Collège de France y Membres de l’Institut. Como
no era posible obligar a colaborar a este personal de la Revue
Contemporaine, se intentó alejarlo de la Revue des deux
Mondes, presionándolo de esta manera y dando un rodeo a
favor de la revista decembrista. Sin embargo este golpe no
tuvo mucho éxito. Los propietarios de la Revue Contemporaine
hasta consideraron inapropiado negociar con el comité de
redacción que les haba sido impuesto por el señor Laguerro-
niére, Pero como ahora el ventrilocuo de las Tullerías necesita
de megáfonos especiales que corresponden a los más diversos
estados de ánimo, la Revue Contemporaine es convertida en
la revista oficiosa, mientras la Revue Européenne es destinada
con su comité de redacción impuesto por Laguerroniére, a ser
la revista oficial.

Veamos quién es Edouard Simon: originalmente un judio
prusiano puro llamado Edouard Simon, que no obstante hace
los más extraños equilibrios para pasar por francés de profe-
sión, con una única desventaja: la de su estilo que delata a
cada momento al judío netamente prusiano, traducido al
francés,

Poco después del homenaje a Schiller — noviembre de
1850 —, me encontré en la casa de un amigo londinense con
un respetabilísimo comerciante, ha muchos años radicado en Pa-
rís, quien me informó ampliamente acerca del homenaje al poe-
ta, celebrado en dicha ciudad, las asociaciones Schiller, etc. Lo
interrumpí a fin de preguntarle cómo las Asociaciones y los
centros alemanes podían mantenerse en pie con respecto a la
policía decembrista. Me respondió con humorística sonrisa:

“Lógicamente no hay reunión sin Mouchard — [soplón]
— ni Asociación sin Mouchard. Para evitar mayores ulterio-
ridades, adoptamos definitivamente la simple técnica — pro-

CARLOS MARX

batum est — de vincularnos con un Mouchard conocido y
hacerlo miembro del comité. Y para todas estas oportunidades
disponemos de nuestro eficaz EDOUARD SIMON. Usted sabrá
que Laguerronière fué anteriormente lacayo de Lamartine y
fabricante de tartas de Emilio de Girardin; en la actualidad es
el favorito del Emperador, su estilista secreto, y simultánea-
mente, censor superior de la prensa francesa. Ahora Edouard
Simon es el faldero de Laguerroniére y — [añadió frunciendo
sus narices con un gesto extrano] —...es por cierto un can
muy maloliente. Sin duda usted le perdonará a Edouard Si-
mon el no haber querido trabajar pour le roi de Prusse —
[para el rey de Prusia] —, considerando en cambio, que con su
adhesión al sistema decembrista se brindaba a sí mismo y a
la civilización un incalculable servicio. Es un tipo de poco
espíritu y de carácter sucio, pero no del todo ineficaz en una
determinada esfera de la intriga subalterna. Laguerronière desti-
nó a la Patrie su Edouard Simon para que ejerciera las funcio-
nes de uno de sus articulistas de fondo. Ello prueba el tacto
del estilista secreto. El propietario de Patrie, el banquero Dela-
marre, es un advenedizo encopetado, terco y gruñón, que en
su oficina no tolera a personas que no sean criaturas de decidida
adaptabilidad servil. Por lo tanto era ese el lugar apropiado
para nuestro Edouard Simon, quien a pesar de su raticida,
suele ser tan suave como un gato. Como usted sabe, Patrie
fué durante la República uno de los órganos más desvergon-
zados. de la Rue des Pottueurs. Desde el advenimiento del de-
cembrismo, disputa al Pays y al Constitutionnelle el honor de
ser el órgano semioficial de las Tullerías y, desde que fué dada
la señal, colabora intensamente en propagar la fiebre anexio-
nista. Usted conocerá seguramente a esos mendigos que repre-
sentan ataques de epilepsia en la calle para sustraer algunos
céntimos a los transeuntes. En efecto, Patrie tuvo el honor de

HERR VOGT |

ser el primero en anunciar la próxima anexión de Saboya y
Niza. Apenas la anexión se hubo cumplido, cuando ya amplió
su diario, pues, como declaró ingenuamente el señor Delamarre,
La Savoie et le comté de Nice ayant été annexées a la Prusse, la
consequence naturelle est l'agrandissement de la patrie — [una
vez anexada Savoya y el condado de Niza, la consecuencia
natural es el engrandecimiento de la patria] —. ¿A quién esto
no habría de recordar aquel chiste del cínico parisiense que, a
la pregunta: Qu'est-ce-que la patrie? — [qué es la patria] —
responde lacénicamente: Journal du soir — [diario de la tar-
de}. — Y si ahora también llegase a anexarse las provincias
renanas, ¡cuál no sería el engrandecimiento de Patrie y su
formato, y del salario de Edouard Simon! En sentido econó-
mico nacional, Patrie ve la felicidad de Francia en la abolición
del Tourniquet de Bourse, con lo que los negocios de bolsa y
junto con ellos el país entero, volverían a escalar subrepticia-
mente alturas inusitadas. También Edouard Simon sueña con
la abolición del Tourniquet de Bourse. Pero nuestro Edouard
Simon no es únicamente el editorialista de Patrie y el falderillo
de Laguerroniére. Es también el más incondicional y asiduo
amigo de la Nueva Jerusalén, alias prefectura policial, es decir,
del señor Palestrina. Para abreviar, señores — [terminó di-
ciendo el narrador] — todo comité que cuente con el señor
EDOUARD SIMON en su seno, se encuentra por ello en el más
perfecto olor policial”. Y el señor... lanzó una carcajada tan
extrañamente aguda, como si el odeur de mauvais lieu — [olor

de mal lugar] —, y Monsieur Edouard Simon tuvieran una
_ relación secreta e indecible.

El señor Kinglake advirtió a los Comunes el agradable equí.
voco de política exterior, policia y prensa, que caracteriza a
los agentes del decembrismo (Sesión del House of Commons,
del 12 de julio de 1860). Monsieur EDUARD SIMON — [el

CARLOS MARX

conocido Edouard de Vogt, lógicamente no debe confundirse
con la dulce Kunigunda de éste, alias, Luts Simon Trier] $ —
Monsieur EDOUARD SIMON, decimos, falderillo de Laguerro-
niére, el perro de lanas de Delamarre, espia de Palestrina y
amigo de todos y de nadie, si bien no integra la Crema, es
evidente que pertenece al queso holandés del 10 de diciembre,
al segundo círculo en el que

s'annida
Ipocrista, lusinghe, e chi affatura,
Falsitä, ladroneccio, e simonia
Ruffian, baratti, e simile lordura.

Muchas semanas antes de la aparición de su Libro Mayor,
Carlos Vogt había encomendado a Edouard Simon que lo
comentara en la prensa Francesa. Edouard Simon se decidió
por el double emploi. En primer lugar tradujo el Libro Ma-
yor para el señor Laguerronière, en cuya oportunidad su pa-
trón lo destinó a la Revue Contemporaine. En vano la redac-
ción de la Revue Contemporaine solicitó humildemente que
por lo menos el tal Edouard Simon apareciera anónimamente
en sus columnas. Laguerronnière se mostró implacable. Edouard
Simon debutó en la Revue Contemporaine del 15 de febrero
de 1860 con el anuncio de su amigo Vogt, que encabezaba
a grandes letras: Un tableau de Moeurs Politiques de l’Alle-
magne, Le procès avec la Gazette d'Augsbourg. [Cuadro del
carácter político de Alemania. El proceso del señor Vogt
contra el Diario de Augsburgo}. Firmado: EDOUARD SIMON.

8. Por intermedio de la suave Kunigunda se hicieron llegar algunos
conceptos vogtianos sobre mi persona, a un oscuro pasquín de mi ciudad
natal, Trier, en el que entre otras cosas se habla de mi “contacto carnal”
con el Allgemeine Zeitung. ¡Vaya asociación de ideas para la virginal Ku-
nigunda! Very shocking indeed!

HERR VOGT

El “latino” Edouard Símon no cree que para ser “un buen
francés es preciso que lance invenciones contra la noble raza
germana” — Revue Contemporaine, pág. 531 —, pero como
“buen francés” y “latino de nacimiento”, es preciso que con
respecto a lo alemán, por lo menos ponga de manifiesto una
ignorancia congénita. Así dice entre otras cosas, refiriéndose
a su Carlos Vogt: “Fué uno de los tres regentes del Imperio
de un día” *. Monsieur Edouard Simon lógicamente no sospe-
cha siquiera, que el Reich in partibus gemia bajo el régimen
pentártico y “en su convicción de francés”, cree mas bien
que, aunque más no fuera que por simetría, a los tres Reyes
Magos de Colonia, habrían correspondido tres regentes impe-
riales parlamentarios en Stuttgart. Los chistes que “el amigo”
Vogt hace en el Libro Mayor, ‘‘van a menudo demasiado lejos
para el gusto francés” 10, El Edouard francés arreglará esto “y
tratará de elegir” 1, “El amigo” Vogt ama, por naturaleza,
“los colores chillones’’ y no se le puede considerar precisamente
hombre de buen gusto en lo que al lenguaje se refiere” 12,
¡Naturalmente! El “amigo” Vogt es apenas un alemán anexa-
do, del mismo modo como Dá-Dá es un árabe anexado, mien-
tras Edouard Simon es en cambio por nacimiento. “francés
legítimo” y “latino” por raza. ¿Cuándo el señor Orges y el
Dr. Diezel fueron tan lejos en su negación de “la raza latina”?

Monsteur Edouard Simon divierte a sus superiores pre-
sentando al público parisiense a uno de los “tres” Reyes Ma-
gos alemanes del Parlamento incompleto — dicho sea de pa-

9. Il fut un des trois ‘régents de l’Empire-ephémére (lug. cit., på-
gina 548).

10. Il depasseraït le but au goût des frencais (lug. cit., pág. 519)

11. Nous nous efforceront de choisir (lug. cit.).

12. M. Vogt aime beaucoup les couleurs tranchantes, et il n'est pas
précisément un gourmet en matière de langage” (lug. cit., pág. 530).

CARLOS MARX

so, con el correspondiente beneplácito y conformidad de dicho
Rey Mayo — haciéndolo caminar tras la carroza triunfal del
Quasimodo Imperialista. Está visto — afirma Edouard Si-
mon, de acuerdo a ura cita perteneciente, al Libro Mayor de
Vogt — “que al señor Vogt no le preocupaba el origen de
donde provenía la ayuda a favor de la unidad alemana, con.
tal de que la misma se hiciera efectiva; el Imperio francés hasta
se le antojaba especialmente apropiado para acelerar la solución
por él deseada. Acaso en esto el señor Vogt vendía a BAJO
PRECIO [¿? ¡!] sus antecedentes, y sin duda sus antiguos co-
legas que en el parlamento de Francfort compartieron con él
las bancas de la extrema izquierda, se sorprendían al ver cómo
ese furibundo enemigo de toda potencia unificada, ese ar-
diente defensor de la monarquía, ponía de manifiesto UNA
TAN VIVA SIMPATÍA HACIA EL SOBERANO QUE EN FRANCIA
HABÍA VENCIDO A LA ANARQUÍA 3,

De la izquierda indefinida, Edouard Simon traslada al
“fugitivo regente Imperial” a la extrema izquierda del parla-
mento de Francfort. Del hombre ““que votó por el hereditario
Emperador alemán”, surge un “furibundo enemigo de toda
potencia unificada” y del miembro de la Asociación Central
de Marzo que a toda costa predicaba el “orden” entre los
heterogéneos partidos de los cabarets de Francfort, nace ahora
un “ardiente defensor de la anarquía”, todo para destacar la
presa lograda por el 10 de diciembre en la persona del ‘‘fu-

13. On le voit, M. Vogt se souciait peu d'ou vint le secours en fa-
veur de l'unité allemande, pourvu qu'il vint; l'empire francais lui semblait
même singulièrement propre à háter le dénoúement qu'il désire. Peut-être
en cela M. Vogt faisait-il bon marché de ses antécédents, et il dut paraitre
étrange, à ses anciens collegues qui siégaient avec lui à l'extrême gauche dans
le Parlament de Francfort de voir ce fougoueux antagoniste de tout pouvoir
unique, se fervant zélateur de l'anarchie manifester de si vives sympathies
envers le souverain qui l’a vaincue en France (lug. cit., pág. 518).

HERR VOGT

gitivo regente Imperial”, Cuanto más estupenda resulta ser la
“tan viva simpatía” que el señor Vogt “abriga para el hombre
que ha vencido en Francia a la anarquía”, tanto más valiosa
se torna su actual comprensión de que el Imperio francés es el
más indicado para fundar la unidad alemana, y tanto más
comprensible resulta el gesto del “amigo” Simon que con la
horqueta señala que el “amigo” Vogt “acaso haya vendido
sus antecedentes “a bajo precio” — [de bon marché} —es de-
cir, que el hombre del decembrismo en modo alguno los ha
adquirido “a un precio demasiado elevado”. Y para no dejar
la más mínima duda en las esferas superiores de que el ahora
“amigo” Vogt resulta ser hombre de tanta confianza como el
‘amigo’ Simon, Monsieur Edouard nos cuenta sonriente, fro-
tándose las manos, y guiñando su ojo izquierdo, que en su
ansia de orden, sí es que interpreta bien al señor Vogt, éste has-
ta había llegado a denunciar a las autoridades ginebrinas de-
terminadas actividades revolucionarias**, del mismo modo
como Monsieur Edouard Simon “presenta denuncias a los
señores Palestrina y Laguerroniere”.

Es de dominio público que About y Jourdan, y Granier
de Cassagnac y Boniface, y el doctor Hoffmann; que los frailes
de Esperance, los caballeros de Nationalités, los fuelles de
Opinion Nationales, los Penny-a-liner de Independence, del
Morning Cronicle del Nouveliste Vaudois, etc.; los Laguerro-
nière y Simon, estilistas, civilizacionistas, decembristas, Plon
Plonistas, Dentuistas y dentistas; que todos ellos en general
y en especial, deben su inspiración de una misma y augusta...
CAJA. Ahora ya no encontramos a Da-Da-Vogt como el de-
fensor aislado que lucha por cuenta propia, sino subvencio-

14. Sí nous l’avons bien compris, il a méme appelé l'attention des au-
autorités de Généve sur ces menées (lug. cit., pág. 529).

CARLOS MARX

naco, endoctrinado, comandado, encanallado, formando un
nexo con Edouard Simon, anexado a Plon-Plon, coapresado y
ahorcado. Resta preguntar: ¿Carlos Vogt es pagado por su
agencia? `

“Si no me equivoco, sobornar equivale a mover al prójimo
por medio de dinero y otros beneficios, a cometer acciones y
hacer manifestaciones opuestas a sus convicciones? (Libro
Mayor, pág. 217): Y el Plon-Plonismo es la convicción de
Vogt. De modo que aun cuando se le pague con dinero, ello
no quiere decir que sea sobornado. Pero el cuño de la moneda
no podria ser más variado que la índole de la paga.

¿Quién sabe si Plon-Plon no designó a su Falstaff para
ejercer el comando sobre la torre de las ratas junto a la cueva
de Bingen? ¿O el nombramiento de miembro corresponsal
del Instituto, después que About en su La Prusse en 1860
— [Prusia en 1860] — hace que los naturalistas franceses se
disputen el honor de mantener simultáneamente corresponden-
cia con el Vogt vivo y el difunto Diefenbach? ¿O es que está
a la vista su restauración como Regente Imperial?

Si; aun cuando su fama explica las cosas en forma más
prosaica. Es así cómo “con el cambio de cosas producido a
partir de 1859” — hasta hacía poco el co-director de una
sociedad anónima radicalmente esquilmada y complicada en in-
vestigaciones policiales —, lo que los temerosos amigos trata-
ban de borrar, explicándolo con el valioso obsequio en accio-
nes que cierta asociación anónima minera italiana le había
hecho a Vogt, en reconocimiento a sus méritos mineralógicos
y que éste, durante su primera estada en París, había hecho
efectivas. Desde Suiza y Francia los conocedores de la causa
que mutuamente se desconocen por completo, me escribieron
casi a un mismo tiempo, que el “conversador ameno” ejercía
la vigilancia superior ligada a determinadas ganancias, sobre

HERR VOGT

la finca rural cercana a Nyon — [en el Pais de Vaud] — llama-
da “La Bergerie” —, residencia que Plon-Plon había adquirido
para la viuda Ifigenia de Turín. En efecto, tengo conocimiento
de una carta en la que un “‘neo-suizo’’ que confía en Vogt
aún mucho tiempo después del “cambio de 1859”, especifica
una suma muy importante a principios de 1860, comunicán-
dosela a un tal señor “P. B. B. 78, Fenchurchstreet, Lon-
dres”, suma que su ex amigo había recibido de la Caja Cen-
tral de París, no como soborno sino como adelanto.

Noticias similares y aun peores llegaron hasta Londres,
pero yo, por mi parte, no arriesgaría una sola brizna de paja
por ellas. Mas bien, le creo a Vogt cuando dice que:

“A nadie le importa de dónde saco mis recursos. En lo
sucesivo continuaré tratando de obtener los medios necesarios
para el logro de mis fines políticos y seguiré aceptándolos,
consciente de mi buena causa, sea cual fuere el origen de los
mismos” (Libro Mayor, pág. 226). Quiere decir que también
los tomaría de la Caja Central de París.

¡Fines políticos! Nugaris, cum tibi, Calve,

Finquis aqualiculus propenso sesquipede extet.

¡Buena caza! Probablemente sea éste el concepto germa-
no-idealista de aquello que el inglés, groseramente materialista,
llama the good things of this world [Las buenas cosas de este
mundo |.

Opine lo que opinare de ello M. D. Schaible, ¿por qué no
habría de creérsele al señor Vogt, ya que en ese mismo Libro
Mayor y al final de sus historias cinegéticas sobre la Banda de
Azufre, etc., informa con idéntica solemnidad:

“Con esto finaliza un capítulo de la HISTORIA CONTEM-
PORÁNEA. Lo que propongo no son meras quimeras; SON
EFECTIVOS” (Libro Mayor, pág. 182).

si

CARLOS MARX

¿Por qué su agencia no habría de ser tan pura como los
HECHOS relatados en su Libro Mayor?

Yo, por mi parte, estoy convencido de que, contrariamente
a todos los miembros de la Banda de Diciembre que escriben,
revolucionan, politiquean, conspiran, propagan, se jactan,

plonplonean, complotan y se comprometen, sólo Vogt es, unica |

y exclusivamente, quien interpreta a su rey como el homme
qu'on aime pour lui méme [como al hombre que se ama por
él mismo].

Swerz niht geloubt, der sündet 15, como dice Wolfram
von Eschenbach o, como dice la canción moderna: “E' que

no cree se equivoca”.

15. Quien no lo cree, peca.

CAPÍTULO X

PATRONOS Y CO-BANDIDOS

Principibus placuisse viris non ultima
leus este.

Como garantes de su “good behaviour”, el ex Reichsvogt
presenta a Kossuth y a los “hombres: Fazy, el reparador de Gi-
nebra y Klapka, el defensor de Comorn”, a los que “se enor-
gullece de llamar sus amigos’ (Libro Mayor, pág. 213).
Yo los llamo sus patrones.

Después de la batalla de Comorn — 2 de julio de 1849.
— Görgei usurpaba el comando superior del ejército de Hun-
gría, contrariando las órdenes del gobierno húngaro que lo
había depuesto. ‘Si a la cabeza del gobierno hubiera estado
un hombre enérgico — [dice el Coronel Lapinski, que en su
escritorio aún es adicto de Kossuth} —, ya por aquel enton-
ces se habría puesto punto final a todas las intrigas de Gör-
geci. Bastaba con que Kossuth se presentara en el campamen-
to y dirigiera unas veinte palabras al ejército, para que, a pesar
de toda su popularidad, Görgei no se salvara de caer...
Pero Kossuth no vino, no tenía la suficiente fuerza de volun-
tad para enfrentarse abiertamente con Görgei y, mientras in-
trigaba secretamente contra el General, trataba de justificar
sus faltas ante el mundo (Th. Lapinski, Campaña del prin-

CARLOS MARX

cipal ejército húngaro, etc., págs. 125, 186). Según su propia
confesión, la premeditada traición de Görgei le fué denuncia-
da algún tiempo después a Kossuth por el General Guyon
(Ver David Urquhart. Visit to the Hungarian Exiles at
Kutayah). “No obstante, Kossuth afirmó en un hermoso dis-
curso pronunciado en Szegetin, que si tuviera conocimiento
de la existencia de algún traidor; no vacilaría en matarlo con .
sus propias manos, con lo que probablemente se refería a
Görgei. Pero no sólo no cumplió esta amenaza un tanto tea-
tral, sino que ni siquiera pronunció ante sus ministros el
nombre del que sospechaba; y mientras con algunos forjaba
miserables planes contra Górget, hablaba con el mayor res-
peto del mismo y hasta le escribía las más cariñosas cartas.
Que lo entienda quien sea capaz de ello; yo no comprendo
cómo es posible que, reconociendo que en la caida de un
personaje peligroso reside la salvación de la patria, se trate
con mano temblorosa de empujarlo, mientras simultáneamen-
te se le apoya, proporcionándole adictos y admiradores por
medio del testimonio de su confianza en él y entregando con
ello todo el poder en sus manos. Mientras Kossuth trabajaba
de esta desgraciada manera en pro y en contra de Górgei...,
Görgei, más firme y consecuente que él, daba cumplimiento
a sus nefastos planes” (Th. Lapinski, lug. cit., págs. 163,
164). El 11 de agosto de 1849, Kossuth, cumpliendo ór-
denes de Görgei, según se dice, publicaba desde el fuerte de
Arad un manifiesto de renuncia, en el que inviste a Görgei
“con los más altes poderes civiles y militares? y declara:
“Tras las desgraciadas batallas a que en los últimos días
sometió Dios a la Nación, ya no cabe esperar que podamos
continuar con éxito nuestra lucha de autodefensa contra las
dos grandes potencias unidas”. Después de haber declarado
así al principio del manifiesto irremisiblemente perdida la

HERR VOGT

causa de Hungría por la voluntad de Dios, Kossuth “pone a
Dios por testigo” de que Görgei empleará el poder a él con-
fiado “para salvar a Hungría”. Confiaba lo suficientemente
en Görgei como para entregarle a Hungría, pero no para entre-
garle su propia persona. Su desconfianza personal hacia Górgei
era tari grande, que supo hacer coincidir hábilmente su propio
arribo a tierras turcas con la llegada a las manos de Görgei,
de su carta de abdicación. Por eso también su manifiesto ter-
mina con estas palabras: “Si mi muerte pudiera servirle de
algo a mi patria, complacido le sacrificaria mi vida”. Aquello
que en aras de la patria había sacrificado entregándolo a Gör-
gei, era el gobierno cuyo título sin embargo volvió a usurpar
una vez que se encontró bajo el protectorado turco.

En Kutayah, Su Excelencia, el gobernador in partibus, re-
cibía el primer Blue Book que Palmerston había presentado
al parlamento referente a la catástrofe húngara. El estudio de
estos documentos diplomáticos

así escribió a D. Urquhart
— le convenció de que “Rusia disponía de un espía, o mejor
dicho, de un agente en cada gabinete” y de que Palmerston
había traicionado a la querida Hungría en pro de los intereses
rusos *. Y las primeras palabras que se le ocurrió pronunciar en
público, apenas pisó tierra inglesa a su arribo a Southampton,
fueron: Palmerston, the dear friend of my bossom [Palmers-
ton, el caro amigo de mi corazón].

Después de suspendida su intervención en Turquía, Kossuth
fué a Inglaterra. En el camino, al llegar a Marsella, donde, no

1. Por aquel entonces Kossuth no podia comprender cómo era posi-
ble que alguien “pudicru’’ dejarse engañar por la hostilidad de Rusia simu-
lada por Palmerston. “How could a man of any intellect for a single mo-
ment believe that the Minister who allowed Russiu's intervention in Hun-
gary, would give the word of attack against her?” (Carta fechada, Kuta-
yah, 17 de diciembre de 1850. Correspondence of Kossuth).

CARLOS MARX

obstante, no se le permitió bajar a tierra, dió a publicidad un
manifiesto, concebido de acuerdo al espíritu y a la consigna de
la democracia socialista francesa. Llegado a tierra inglesa, negó
de inmediato “aquella nueva doctrina, la democracia socialista,
a la que, con o sin razón, se considera incompatible con el
orden social y la seguridad de la propiedad. Hungría no quiere,
ni nada tiene que ver con esa clase de doctrinas, ya que en
Hungría no existe el más mínimo motivo para aceptar la
misma” {Compárese esto con la carta de Marsella]. Durante
los primeros quince días de permanencia en Inglaterra, su credo
cambió tantas veces como de auditores: todo para todos. El
conde Casimiro Batthyány motivó por aquel entonces su rup:
tura oficial con Kossuth.

“No fueron únicamente los bévues [yerros] cometidos pot
Kossuth a partir de sus quince días de libertad, los que me
impulsaron a dar este paso, sino toda la experiencia que adqui-
rí, todo lo que ví, soporté, toleré, sufrí y, según usted podrá
recordarlo, disfracé y mantuve oculto, primero en Hungría y
luego en el exilio; en una palabra, la opinión que me forjé
sobre el hombre... Permítame advertir que aquello que el
señor Kossuth dijo o dirá en Southampton, Wisbeach o Lon-
dres, para abreviar, en Inglaterra, no puede anular aquello que
dijo en Marsella. En el país del “joven gigante” —[ Amé.
rica] — volverá a adoptar otra tonalidad, pues tal como en
-Otras cosas acostumbra a ser inescrupuloso, doblandose al igual
de una débil caña al impulso de cualquier fuerte ráfaga, des:
miente sans géne [sin embarazo] sus propias palabras y no
tiene inconveniente de cobijarse tras los nombres de los Gran-
des desaparecidos, arruinados por él como, por ejemplo, mi
pobre primo Luis Batthyani... No titubeo un solo instante
en declararos que, antes de que Kossuth abandone Inglaterra,
tendréis toda la razón para arrepentiros de los honores de que

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AS stra

HERR VOGT

tan dispendiosamente habéis hecho objeto a un carácter tan
sin valor [a most undeserving hearty*. (Correspondence of
Kossuth. Letter of Count Batthyani to Mr. Urquhart. París,
29 de octubre de 1851). |

La tourné de Kossuth por los Estados Unidos donde en el
Norte abogaba en contra y en el Sud, abogaba en pro de la
esclavitud, dejó como saldo una decepción monstruosa y tres-
cientas víctimas de su oratoria. Pasando por alto este extraño
episodio, apuntaré únicamente que aconsejaba con ardor a los
alemanes de Estados Unidos y especialmente también a la
emigración alemana, una alianza entre Alemania, Hungría e
Italia con exclusión de Francia. Inmediatamente después de su
llegada a Londres trató, por intermedio de cierto sujeto dudoso,
el conde Szirmay y del coronel Kiss, de París, de anudar rela-
ciones con Luis Bonaparte. (Véase mi carta aparecida en el
New York Tribune del 28 de septiembre de 1852 y mi de-
claración aparecida en el mismo periódico, el 16 de noviembre
de 1852).

Durante la Emeute [revuelta] de Mazzini en Milán —
1853 — apareció en las murallas de esta ciudad una proclama
dirigida a las tropas húngaras alli acampadas, instándolas a
unirse a los insurgentes italianos. La misma estaba firmada por
Luis Kossuth. Apenas había llegado a Londres la noticia de
la derrota de los insurrectos, cuando ya Kossuth se apresuró
a declarar por intermedio del Times y otros diarios ingleses,
que dicha proclama era falsa, proporcionando de esta manera
a su amigo Mazzini un desmentido oficial. No obstante, la
proclama era legitima. Mazzini la había recibido de Kossuth y
obraba de común acuerdo con éste. Convencido de que la caída
de la dictadura austríaca en Italia requería la acción unida de
Italia con Hungría, Mazzini comenzó por tratar de sustituir a
Kossuth por un dirigente húngaro más seguro, pero después del

CARLOS MARX

fracaso de su intento, debido a las divergencias de la emigra-
ción húngara, decidió perdonar a su inconstante aliada, evi-
tándole magnánimamente una situación embarazosa que ne-
cesariamente debía aniquilarlo en Inglaterra.

Como es sabido, ese mismo año de 1853 tuvo lugar la
declaración de la guerra ruso-turca. El 17 de diciembre de
1850 Kossuth había escrito refiriéndose a Kutayah y David
Urquhart: “Sin un superior gobierno turco, Turquía dejará
de existir. Y, de acuerdo al actual estado de cosas, Turquía es
absolutamente necesaria para la libertad del mundo”. En una
carta dirigida al Gran Visir Redschid Pashá, fechada el 15 de
febrero de 1851, se acentúa su entusiasmo por Turquía. Con
exuberantes frases ofrecía su servicios al gobierno turco.
Durante su gira por los Estados Unidos, el 22 de enero de
1852, le escribe a D. Urquhart: “¿Estaria usted dispuesto
—-y nadie como usted puede saber hasta qué punto son idén-
ticos los intereses de Turquía con los de Hungria — a defender
mi causa en Constantinopla? Durante mi estada en Turquía,
La Sublime Puerta no sabía quién era yo; el recibimiento de
que se me hizo objeto en Inglaterra y América y la situación
que me proporcionaron la suerte y casi diría, la providencia,
acaso demuestren a dicha Sublime Puerta Sagrada que soy
amigo leal y, probablemente no del todo falto de influencias
para Turquía y su porvenir”. El 5 de noviembre de 1853 le
ofrecía por carta al señor Crawshay (urquhartiano) “ir a
Constantinopla como aliado de Turquía, pero “no con las
manos vacias” — [not with empty hands} — por lo que en-
carece al señor Crawshay que le proporcione dinero “por medio
de amistosas presentaciones privadas en las casas de personas
liberales, capaces de otorgar la ayuda por él requerida”. en esa
misma carta dice: “Odio y desprecio el arte de hacer revo-
luciones [I hate and despite the artifice or making revolu-

HERR VOGT

tions}. Mientras así rebosaba de odio a las revoluciones y de
amor a los turcos frente a los urquhartianos, daba a publici-
dad en compañía de Mazzini, manifiestos en los que se pro-
clamaba la expulsión de los turcos de Europa y la conversión
de Turquía en “una Suiza Oriental”, firmando nada menos
que las proclamas del llamado comité central de la democracia
europea, en las que se abogaba por una revolución general.

Debido a que por una parte ya a fines de 1853 Kossuth
malversó en América los dineros recogidos en nombre de Hun-
gría, y por otra el señor Crawshay bizo oídos sordos a su re-
querimiento, el gobernador renunció a su planeada cruzada a
Constantinopla, enviando sin embargo con las mejores reco-
mendaciones a su gente, el coronel Juan Banya?.

2. En 1850 conocí en Londres a Banya y su entonces amigo, el aho-
ra General Türr. La desconfianza que me inspiraban sus maquinaciones
con toda clase de partidos, orleanistas, bonapartistas, etc., y sus relaciones
con los policías de cualquier “nacionalidad”, quedó anulada en cuanto él
me presentó una credencial extendida por el mismo Kossuth, en la que fi-
guraba como ex jefe provisional de la policía de Komorn, a las Órdenes de
Klapka, designándosele para el cargo de jefe de policía in partibus. En su
condición de jefe de la policía secreta a las órdenes de la revolución, era
lógico que se mantuviera abiertas las puertas de la policía que estaba a las
órdenes de los gobiernos. Durante el verano de 1852 descubrí que me ha-
bía robado un manuscrito que le confié para que se lo entregara a cierto
librero, pasándolo en cambio a las manos del gobierno alemán. Después
de escribir a un húngaro residente en París acerca de este suceso y otras
peculiaridades más que hacía tiempo me habían llamado la atención y el
misterio de Banya se hubo descubierto definitivamente gracias a la inter-
vención de una tercera persona que estaba perfectamente al tanto, envié a
principios de 1853 al Kriminalzeitung — [Diario Criminalista de Nueva
York} —, unha denuncia pública, firmada con mi nombre. En una carta
de justificación que aún obra en su poder, Banya demostró que yo era el
hombre menos indicado para considerarlo un espía, puesto que siempre ha-
bía evitado — y ello era verdad — hablar conmigo sobre- mis propios
asuntos políticos. Aún cuando Kossuth y sus adictos por aquel entonces
no abandonaron a Banya, mis revelaciones publicadas en el Kriminalzeitung
dificultaron sus posteriores operaciones en Londres, por lo que aproveché
tanto más complacido la ocasión que le ofrecía el caos oriental para poder
lucir sus talentos en otro escenario. Muy poco después de ser firmada la

CARLOS MARX

El 20 de enero de 1858 se reunió en Aderbi, Circasia, un
tribunal de guerra que, por unanimidad, condenó a muerte al
Mehemet Bey, anteriormente Juan Banya d'Hlorfalva, con-
victo y confeso de traicionar al país y mantener correspon-
dencia secreta con el enemigo — [el General ruso Philipson} —
lo que, no obstante, no fué obstáculo para que hasta la fecha
éste continúe viviendo tranquilamente en Constantinopla. En
la confesión escrita que el mismo Mehemet Bey entregó per-
sonalmente al tribunal de guerra, Banya dice entre otras cosas:
“Mi actividad política estaba completamente reglamentada por
el jefe de mi país, Luis Kossuth... Munido de cartas de pre-

paz en París — 1856 — me enteré por los diarios ingleses que un tal
Mehemet Bey, coronel al servicio de Turquía, anteriormente Cristiano co-
nocido con el nombre de Juan Banya, había ido en compañía de un crecido
número de fugitivos polacos de Constantinopla a Circasia, donde actualmen-
te figuraba como jefe del Estado Mayor de Sefer Pashá y en cierto modo
también como el “Simón Bolívar” de los circasianos. En la London Free
Press, de la que numerosos ejemplares son enviados a Constantinopla, aludí
al pasado del “libertador”. Según figura en el texto, el 20 de agosto de
1858 Banya fué condenado a muerte en Aderbi por un tribunal de guerra
de la legión polaca, presidido por el Coronel Th. Lapinski, por traición
premeditada a Circasia. Debido a que Banya era coronel turco, Sefer Pashá
consideró que el cumplimiento de la condena no era compatible con las
consideraciones debidas a la Sublime Puerta, por lo que embarcó al conde-
nado con rumbo a Trebizonda, desde donde muy pronto voivié a Cons-
tantinopla, gozando de la más absoluta liberiad. Entretanto la emigración
polaca radicada en Constantinopla había tomado apasionadamente el par-
tido de Banya contra los polacos. Debido a Ja defensa de la Tegacién rusa
hostil al Divan — que para colmo, en su condición de “Coronel” está
obligada a alimentarlo a él, amén de todo su harén —. asegurada para él
por los prejuicios de sus compatriotas contra los polacos, Banya publicó
con todo descaro una autoapología en el Journal de Constantinople [Diario
- de Constantinopla]. Sin embargo la inmediata llegada de una imputación
circasiana, puso punto final a este juego. La emigración húngara se apartó
oficialmente de su protegido, aun cuando lo hizo de tres mauvais urûce,
[de muy mala gana}. Todos los documentos del tribunal de guerra de
Aderbi y entre ellos la confesión de Banya, como asi también las cartas
intercambiadas más tarde en Constantinopla, fueron enviadas a Londres por
la emigración polaca local, donde el Free Press — mayo de 1858 — pu-
biicó un extracto de las mismas. Yo publiqué estas actas más detallada-
mente en el New York Tribune del 16 de junio de 1858.

HERR VOGT

sentación firmadas por mi jefe político, llegué a Constantinopla
el 22 de deciembre de 1855”. Agrega después que luego se
convirtió en musulmán, entrando al servicio de Turquia con
el grado de coronel. “Mis instrucciones — [emitidas por Kos-
suth] — insistían en recomendarme que, de una u otra manera,
yo lograra acercarme a aquellas divisiones militares que tu-
vieran algo que ver con las operaciones efectuadas en la fron-
tera circasiana’’. Allí debía poner todo su empeño en evitar
la intervención de los circasianos en la guerra con Rusia. Cum-
plió exitosamente su misión y a fines de la guerra envió a
Kossuth a Constantinopla “un detallado informe sobre la situa-
ción de Circasia’’. Antes de emprender su segunda expedición
a Circasia, planeada juntamente con Polonia, recibió de Kos-
suth la orden de actuar de común acuerdo con determinados
húngaros, entre los que también se contaba el General Stein
(Ferhad Pashá). “El Capitán Franchini — [continúa dicien-
do] —-, secretario militar del Embajador ruso, asistió a algunas
de nuestras conferencias. El objeto era obtener en forma lenta
y pacífica, pero segura, la colaboración de Circasia a favor de
los intereses rusos. Antes de que la expedición abandonara a
Constantinopla —a mediados de febrero de 1857—., recibí
cartas e instrucciones de Kossuth, quién aprobaba mi plan de
Operaciones”. En Circasia se descubrió la traición de Banya al
interceptarse una carta de éste dirigida al General ruso Philip-
son. “De acuerdo a mis instrucciones — [dice Banya] — yo
debía iniciar relaciones con el general ruso. Pasó mucho tiempo
antes de que me decidiera a dar este paso, pero finalmente re-,
cibí Órdenes tan imperativas, que ya no me fué posible conti-
nuar titubeando”.

Las sesiones del tribunal de guerra de Aderbi y, sobre todo,
la autoacusación de Banya, causaron gran sensación en Cons-
tantinopla, Londres y Nueva York. En vano se le invitó re-

CARLOS MARX

petidas veces a Kossuth a que diera una explicación pública.
Hasta la fecha ha observado el más escrupuloso silencio con res-
pecto a la misión que Banya debía cumplir en Circasia.
Durante el otoño de 1858 Kossuth ambulaba por Ingla-
terra y Escocia, ofreciendo conferencias a precios reducidos
contra el concordato austríaco con Bonaparte. El apasionado
fanatismo con que por aquel entonces prevenia a los ingleses `
de los traicioneros planes de Luis Bonaparte, al que señalaba
como aliado secreto de Rusia, podrá deducirse si se lee por
ejemplo, el Glasgow Sentinel del 20 de noviembre de 1860.
Cuando a principios de 1859 Luis Bonaparte reveló sus planes
italianos, Kossuth lo denunció en el Penstero ed Azzione, de
Mazzini, previniendo “a todos los verdaderos republicanos”,
italiános, húngaros y hasta alemanes, que no permitieran que
el Quasimodo Imperialista los empleara como guante. En fe-
brero de 1859 Kossuth aseguraba que el Coronel Kiss, el conde
Teleky y el general Klapka, hacía rato que pertenecían a la
camarilla roja del Palais Royal y que en compañía de Plon-
Plon urdían un complot para la insurrección de Hungría.
Ahora Kossuth amenazaba con iniciar una polémica pública en
la prensa inglesa, en el supuesto caso de que a él no se le de-
jara entrar también en la ‘Liga Secreta”. Plon-Plon estaba
más que dispuesto a abrirle las puestas del cónclave. Munido
de un pasaporte inglés, extendido a nombre de Mr. Brown,
a principios de mayo Kossuth emprendió el viaje a París, se
dirigió apresuradamente al Palais Royal y expuso ante Plon-
Plon sus planes para la insurrección de Hungría. El 3 de mayo
el prince rouge llevó en su propio coche al ex-gobernador a
las Tullerías, para presentárselo allí al salvador de la sociedad.
Durante esta entrevista con Luis Bonaparte, la lengua, de or-
dinario tan ágil de Kossuth, fracasó esta vez de modo que
Plon-Plon se vió obligado a tomar la palabra y, en cierto

HERR VOGT

modo, a comunicar a su primo el programa de Kossuth. Pos-
teriormente Kossuth alabó la fidelidad de la casi textual tra-
ducción de Plon-Plon. Después de escuchar atentamente las
exposiciones de su primo, Luis Bonaparte declaró que, según
su Opinión, se oponía tan sólo un único obstáculo a las pro-
posiciones de Kossuth: los principios y las relaciones republi-
canas del mismo. Pero el ex gobernador abjuró solemnemente
de su fé republicana, afirmando que ni ahora, ni nunca había
sido republicano, que únicamente la necesidad política y un
extraño enlace de circunstancias le habían obligado a aliarse
con el partido republicano: de la emigración europea. Como
prueba de su anti-republicanismo, ofreció a Plon-Plon la co-
rona húngara. Por aquel entonces esta corona aún no habia
‘sido anulada. Tampoco Kossuth disponía de atribuciones le-
gales para subastarla, pero todo aquel que observaba con aten-
ción su actuación en el extranjero, tenía que saber también,
que hacía mucho estaba acostumbrado a hablar de su dear
Hungary, tal como un hidalgo de aldea acostumbra a hablar
de sus campos è.

Considero sincera su negación del republicanismo. Una
colecta particular de 300.000 florines, reunida en Pest para
mantener en alto el brillo del ejecutivo; la transferencia a su
propia hermana del patronazgo de los hospitales, ejercido hasta
entonces por una Gran Duquesa austríaca; el intento de bau-
tizar algunos regimientos con el nombre de Kossuth; sus
afanes por formar una camarilla; la tenacidad con que en paises
extraños se aferraba al titulo de gobernador, al que renuncia en

3. El que estas cosas salgan a la luz del dia, resulta menos sorpren-
dente, si se considera que para ello entraban en juego por lo menos dos
partidos parlanchines. Por lo demás. los hechos fueron publicados en los
periódicos ingleses durante la estada de Kossuth en Londres (a fines del ve-
rano de 1859).

CARLOS MARX

el instante del peligro; toda su actuación posterior más apro-
piada para un pretendiente que para un fugitivo ..., todo ello
en efecto revela tendencias ajenas al republicanismo.

Después de la escena en que intentó anular toda sospecha
acerca de su republicanismo, se cerró un trato, según el cual se
pondrían tres millones de francos a disposición del señor Kos-
suth. En esta estipulación no había nada capcioso, puesto que
se requerían fondos para la organización militar de los exila-
dos húngaros y, ¿por qué el gobernador no habría de recibir
de su aliado los subsidios necesarios con el mismo derecho con
que todas las potencias despóticas de Europa los recibieron de
Inglaterra durante todo el desarrollo de la guerra anti-jacobi-
na? Como adelanto, para sus gastos personales a Kossuth se le
entregan de inmediato 50.000 francos, exigiendo él, a su vez,
especiales ventajas pecuniarias, en cierto modo una especie de
póliza de seguro, para el caso de que llegara a producirse una
prematura interrupción de las acciones bélicas. En modo alguno
quedan excluidas la visión financiera y la sensibilidad melo-
dramática. Kossuth, como bien debe saberlo Dushek, su ex
ministro de finanzas, ya durante la revolución húngara tuvo la
previsión de hacerse pagar su sueldo en monedas de plata o
billetes de banco austríacos, en lugar de las emisiones
Kossuth. |

Antes de que Kossuth abandonara las Tullerias quedó
acordado que éste neutralizaria las supuestas “tendencias aus-
tríacas”? del Derby Ministerium, con la iniciación en Ingla-
terra de una campaña neutralizadora. Es sabido hasta qué
punto el voluntario apoyo de los Wighs y del colegio de
Manchester, le hicieron posible cumplir con el mejor de los
éxitos esta primera parte del tratado. Una lecturing tournée
desde el Mansionshouse de Londres hasta el Freestrade Hall de
Manchester constituyó la antítesis a la jira anglo-escocesa efec-

HERR VOGT

tuada en el otoño de 1850, en la que a un chelín por barba
malvendía y pregonaba su odio a Bonaparte y Cherburg, the
standing menace to England [esta permanente amenaza contra
Inglaterra]. . i

La mayor parte de la emigración húngara de Europa se
había apartado de Kossuth a fines de 1852. La probabilidad
de una invasión de la costa adriática con ayuda francesa hizo
que la mayoría volviera a alistarse bajo su bandera. Sus ne-
gociaciones con el sector militarista de los partidarios recu-
perados no estaban exentas de un dejo decembrista a fin de
poder destinarle una mayor cantidad de subsidios franceses,
los promovió a los más altos grados militares; por ejemplo, el
teniente pasaba al grado de comandante. En primer lugar, a
cada uno le eran pagados los gastos del viaje a Turin, se le
entregaba un uniforme completo —|[el costo de un uniforme
de comandante importaba 150 £ —-]y, finalmente seis meses de
sueldo adelantado, con la promesa de una pensión de un año,
una vez terminada la guerra. Por lo demas; los sueldos no
eran exagerados: 10.000 francos para el general superior —
Klapka —; 6.000 para los generales; 5.000 para los briga-
dieres; 4.000 para los tenientes coroneles; 3.000 para los co-
roneles, etc., etc. Las fuerzas militares húngaras reunidas en
Turin se componían casi exclusivamente de oficiales sin sol-
dados y fueron muchas las amargas quejas que escuché de parte
de la “clase baja’’ de la emigración.

Según lo ya mencionado, el general Mauricio Perczel se
retiró dando a publicidad una declaración, en cuanto hubo
comprendido cuál era el juego diplomático. À pesar de la orden
contraria de Luis Bonaparte, Klapka insistió en efectuar un
desembarco en Fiume, pero Kossuth mantenía el cuerpo de
fugitivos húngaros entre los límites escénicos prefijados por
el director teatral.

CARLOS "MARX

Apenas el rumor del tratado de la paz de Villafranca llegó
a Turin, cuando Kossuth, temiendo caer en manos de Austria,
escapó sin previo aviso, dirigiéndose a Ginebra, en secreto y a
las espaldas de las fuerzas militares a sus órdenes. Ningún
nombre, ni el de Francisco José, ni el de Luis Bonaparte, era
más odiado por aquel entonces en el campamento húngaro de
Turin, que el de Luis Kossuth, sólo que la comicidad de su
escapatoria final acallada en cierto modo la crítica. À su re-
greso, Kossuth publicó en Londres una carta dirigida a su
elefante amaestrado, un tal Mac Adam, de Glasgow, decla-
rándose engañado, aun cuando no estafado, terminando con el
emotivo giro de que no había sabido dónde apoyar su cansada
cabeza, por lo que todas las cartas a él dirigidas habrían de
ser enviadas a la casa de su amigo F. Pulszky, quien había
ofrecido hospitalidad al fugitivo. La crudeza más que anglo-
sajona con que la prensa londinense aconsejaba a Kossuth que
se alquilara su propia casa con los subsidios bonapartistas de
que disponía, lo convencieron de que por. el momento ya no
le sería posible continuar actuando en Inglaterra.

Aparte de su talento de orador, Kossuth posee el gran
talento de callar apenas el auditorio manifiesta su desagrado, o
cuando, en efecto, nada hay que decir en provecho propio.
Sabe eclipsarse igual que el sol. El que por lo menos una vez en
su vida supo ser consecuente, lo demuestra su reciente carta a
Garibaldi, en la que le aconseja abstenerse de un ataque a
Roma, para no ofender al Emperador de los franceses, “único
apoyo de las nacionalidades sometidas”.

Tal como en la primera mitad del siglo XVIII Alberdoni
era llamado el cardenal colosal, así también puede llamarse a
Kossuth un Laguerrontére colosal. Es esencialmente el impro-
visador que recibe sus impresiones de su público, y no el autor
que da al mundo el sello de sus ideas originales. Así como

HERR VOGT

Blondin baila sobre la cuerda floja, así Kossuth lo hace sobre
su lengua. Separado de la atmósfera de su pueblo, tenía que
degenerar en simple virtuosismo y caer en los vicios del mismo.
La inconstancia de pensamiento que caracteriza al improvi-
sador, se refleja necesariamente en la ambigüedad de la acción.
Si bien es cierto que Kossuth fué la lira de Eolo, a través de
cuyas cuerdas sopló el huracán del pueblo, ahora ya no es más
que el odio de Dioniso, que murmurante repite los misteriosos
susurros percibidos en los aposentos del Palais Royal.

Sería por demás injusto pretender poner en el mismo nivel
de Kossuth al segundo patrón de Vogt, el General Klapka.
Klapka fué uno de los mejores generales revolucionarios de
Hungría. Para él, como para la mayor parte de los oficiales
que en 1859 se reunieron en Turín, Luis Bonaparte es poca
cosa al lado de lo que Luis XIV había sido para Francisco
Racozy. Para ellos, Luis Bonaparte representaba el poder mi-
litar de Francia, capaz de servir a Hungría, pero que debido a
sus condiciones geográficas, jamás podrá dañarla 4. Pero, ¿por
qué Vogt invoca a Klapka?

4. Aun cuando comprendo en Klapka un punto de vista semejante,
me sorprende encontrar algo similar en el más arriba citado escrito de Sze-
me.e al que también comuniqué abiertamente cual era mi opinión al res-
pecto. Menos aún comprendo su última declaración sobre la concesión aus-
triaca. Sé que en los asuntos oficiales Szemere no se dejaba influir por
motivos particulares, y que tenía razones muy importantes para sus de-
claraciones: que con lo que Viena les ha dado, los húngaros pueden ir o
tomar todo en Pest; que toda insurrección húngara y sobre todo apoyada
por Francia, tendría como consecuencia ineludible la intervención rusa en
Hungría, ya fuera en pro o en contra de Austria: que, finalmente la au-
tonomía concedida a Transilvania, Eslovania y Croacia, como también a
la Voivodina, aseguraría en ese mismo momento para el gabinete vienés,
del mismo modo como en 1848-1849, la colaboración de dichas ‘‘naciona-
lidades'? en la lucha contra los magiares. Todo esto es exacto, pero tam-
bién habris podido ser dicho sin aparentar reconocer la Constitución hún-
gara en fa mutilada versión vienesa ad usum delphini.

CARLOS MARX

Klapka nunca negó haber pertenecido a la camarilla roja
de Plon-Plon. ¿Para qué el “amigo” Klapka sirviera de garan-
te al “amigo” Vogt? Klapka no tiene mucho talento para la
elección de sus amistades. Uno de sus amigos predilectos en
Komorn era el Coronel Assermann. Veamos qué dice con res-
pecto a este Coronel Assermann, el coronel Lapinski que sirvió
a las órdenes de Klapka hasta la entrega de Komorn y que
más adelante se destacó en Circasia, en la lucha contra los
rusos.

“Entre los numerosos y desocupados oficiales del Estado
Mayor radicados en Komorn — [así dice Lapinski} —, la trai-
ción de Villagos había hecho cundir la mayor alarma...
Aquellos perfumados caballeros de cuello dorado, muchos de
los cuales no sabían empuñar un fusil, ni dirigir a tres hombres,
corrían atemorizados de uno a otro lugar y urdian toda clase
de recursos para salvar el pellejo. Ellos, cuyos afanes lograron
separarlos, bajo toda clase de pretextos, del sector principal del
ejército, permitiéndoles retirarse a la agradable seguridad de la
fortaleza inexpugnable, sin otra ocupación que la de redactar
el recibo del sueldo recibido, se espantaron ante la idea de ba-
tirse hasta la muerte... Estos miserables fueron los que ante
el general pintaron el espantoso cuadro de desórdenes internos
e imaginarios amotinamientos, etc., para convencerlo de que
entregara lo antes posible la fortaleza a fin de salvarse todos
ellos junto con sus propiedades. Esto último interesaba es-
pecialmente a la mayoría; durante la revolución todo su em-
peño estuvo dedicado a enriquecerse, cosa que también lograron
algunos. Ciertos individuos pudieron enriquecerse muy facil-
mente, debido a que muy a menudo pasaba medio año sin que
rindieran cuentas del dinero recibido. Como esto fomentaba
la deslealtad y el robo, es muy probable que más de uno haya
hundido sus manos demasiado profundamente en la caja, sa-

HERR VOGT

cando de ella más de lo que podía reponer ... Se había firmado
el armisticio. ¿De qué manera se aprovechará ahora? De los
víveres almacenados en la fortaleza y que debían alcanzar para
todo un año, eran llevadas a los pueblos raciones exageradas,
no entrando en cambio las provisiones adquiridas en los al-
rededores; hasta el pasto y la avena de los labradores radicados
en los pueblos más próximos, que pedían que se les comprara
a ellos, quedaban allí abandonados y algunas semanas des-
pués, los caballos de los cosacos se comían lo que era de pro-
piedad de los campesinos, mientras nosotros, en la fortaleza,
pasábamos necesidades. El ganado que aún se encontraba en
ella fué vendido fuera de la ciudad, so pretexto de que no
alcanzaba el forraje para alimentarlo. Probablemente el coro-
nel Assermann ignoraba que la carne puede salarse. También
gran parte del cereal fué vendido, aduciéndose que de lo con-
trario se pudriría; esto es lo que se hacía a la vista, ya que en
secreto se hacia muchos más aún. Con un hombre como Asser-
mann a su lado y otros individuos similares a su alrededor,
Klapka necesariamente tenía que desechar siempre toda buena
idea que pudiera ocurrírsele; de ello se encargaban aquellos se-
ñores...  (Lapinski, lug. cit., pág. 49).

Las memorias de Görgei y de Klapka demuestran igual-
mente la falta de carácter de este último. Todos los errores
cometidos por él durante la defensa de Komorn, fueron conse-
cuencias de este defecto. “De haber poseído Klapka junto con
todos sus conocimientos y su patriotismo, una firme voluntad
propia, obrando de acuerdo a su conciencia y no a la de los
mala cabeza y cobardes, la defensa de Komorn habría llegado
a relucir en la Historia como un meteoro (lug. cit., pág.
209).

El 3 de agosto Klapka obtuvo en Komorn una brillante
victoria sobre el cuerpo sitiador austriaco, dispersándolo por

CARLOS MARX

completo y dejándolo por mucho tiempo fuera de combate.
A continuación conquistó Raab y hasta pudo haber tomado
Viena sin mayor esfuerzo, pero se quedó durante ocho días en
Raab indeciso e inactivo, regresando luego a Komorn, donde le
esperaban la noticia de la capitulación de Görgei y una carta de
éste. El enemigo pedía el armisticio para concentrar en Komorn
el dispersado cuerpo sitiador de los austríacos y los rusos que
venían desde Rima Izonbat, y luego poder cercar con toda co-
modidad la fortaleza. En lugar de atacar y vencer sucesivamen-
_te las aisladas divisiones enemigas que llegaban hasta ella,
Klapka volvió a titubear indeciso, negando sin embargo el
armisticio a los parlamentarios austríacos y rusos. “Entonces
— [así continúa diciendo Lapinski] —, el 22 de agosto se
presentó en Komorn un ayudante del Emperador Nicolás...
— Pero — [así decía el mefistofélico ruso con entonación al-
mibarada] — supongo que usted, mi General, no nos negará
por lo menos 15 días de armisticio. ¡Su Majestad, mi clemen-

,

tísimo Emperador, se lo ruega. ..!”.

Estas palabras tuvieron el efecto de un activísimo veneno.
Lo que no pudieron los esfuerzos de los parlamentarios aus-
tríacos, ni las convincentes palabras de los parlamentarios ru-
sos, lo pudo la astucia del ayudante del Emperador. Klapka
no supo resistirse a los finos cumplidos y firmó un armisticio
por quince días. À partir de entonces comenzó la caída de
Komorn. Como ya dijimos anteriormente, Klapka hizo que
la tregua fuera aprovechada por su coronel Assermann para
que en el término de dos semanas las provisiones almacenadas
en la fortaleza para todo un año quedarán agotadas. Termi-
nado el armisticio, Grabbe asediaba a Komorn por el lado de
Waag, mientras los austríacos, que paulatinamente multipli-
caron sus fuerzas hasta la cifra de 40,000 hombres, acam-

HERR VOGT

paban en la margen derecha del Danubio. Las tropas que
ocupaban Komorn estaban desmoralizadas por la inactividad
y el tiempo que permanecían acampadas tras las murallas
y parapetos. Klapka ni siquiera intentó un avance sobre el
cuerpo sitiador ruso que todavía no había asistido a batalla
alguna y que únicamente contaba con 19.000 hombres. En
ningún momento el enemigo se vió molestado en sus prepara-
tivos para el sitio. Desde el instante en que se aceptó el armis-
ticio, Klapka preparaba todo, no para una defensa, sino para
una capitulación. La única energía que desarrolló era de na-
turaleza policial y estaba dirigida contra los bravos oficiales
que se oponían a sus propósitos. “Al final — [dice Lapinski]
— resultaba peligroso decir algo contra los austríacos si no
se quería ser arrestado”. Finalmente, el 27 de septiembre, fué
concertada la capitulación. “Si se compara — [así continúa
Lapinski] — el poder, con la desesperada situación del país
que había depositado sus últimas esperanzas en Komorn; en
comparación con la situación de las condiciones europeas y la
importancia de Austria, que con tal de conquistar a Komorn
habría hecho los mayores sacrificios, las cláusulas de la capitu-
lación fueron todo lo miserables que cabe imaginar”. Servian
“apenas para que fuera posible salir de Komorn y trasponer la
frontera’’, pero no exigían la menor garantía para los húngaros
y tampoco siquiera para los generales revolucionarios que se
hallaban en manos de los austríacos. Y, para colmo, habían
sido redactadas con tanta prisa y de manera tan ambigua y
poco clara, que su posterior violación le era en un todo facili-
tada a Hayman.

Hasta aquí lo referente a Klapka. Si Vogt no tiene carácter,
entonces Klapka es el menos indicado para proporcionarle esa
mercadería.

CARLOS MARX

El tercer patrón “James Fazy, el regenerador de Ginebra”,
como lo llama su bufón Vogt. Las cartas subsiguientes de
Juan Felipe Becker, dirigidas al destinatario de su carta copiada
más arriba, contienen una caracterización de Fazy demasiado
justa para que se las importune con comentarios adicionales.
Por eso permítaseme tan sólo una advertencia preliminar. El
rasgo más repugnante que caracteriza a los Ensayos de Vogt,
es la simulación de un terror luterano, casi diría, calvinista, al
“partido ultramontano”. Es así como, por ejemplo, pone a
Alemania ante la absurda alternativa de conceder libertad de

acción a Luis Bonaparte, o someterse al dominio del concor-

dato austríaco y, “en efecto prefeririamos soportar un segundo
período de humillación nacional” (Ensayos pág. 52). Con las
más puritanas entonaciones nasales, vuelve a exclamar: “el
partido ultramontano, el enemigo mortal que corroe la médula
de toda la humanidad ¡esa asquerosidad!” (lug. cit., pág.
120). Como es natural, nunca escuchó aquello que hasta Du-
pin Ainé reveló en el senado decembrista, es decir, que “bajo
el régimen de Luis Bonaparte las congregaciones, asociaciones
y fundaciones de toda indole, regidas directamente por la orden
Jesuítica, habían adquirido un mayor incremento que bajo el
ancien regime y que todas las vallas estatales que aún antes de
1789 coartaban los órganos de la propaganda ultramontana,
fueron sistemáticamente desangradas por la legislación y ad-
ministración decembrista”. Pero lo que sin duda sabe Vogt, es
que el poder de su Bonaparte local, el señor Jarnes Fazy, se basa
sobre una coalición de años, entre el llamado partido radical
y el partido ultramontano, Al incorporar el Congreso de Viena
a Ginebra, la antigua sede del calvinismo, a la confederación,
agregó a su territorio, juntamente con determinados distritos
saboyanos, una población católica y la crema y nata del clerica-
lismo ultramontano. En esta alianza con “el enemigo a muerte

ERA EI leaf

HERR VOGT

de la humanidad, ese monstruo”, la que ha hecho de Fazy, el
dictador de Ginebra y de Vogt, el diputado de Fazy. Hasta
aquí las preliminares,

París, 2 de julio de 1860.
Amigo R...:

Finalmente me veo obligado a cumplir su deseo. Le escribo
para hacer saber cuál es el concepto que me merece James
Fazy...

Así como las ciencias estadísticas de nada sirven sin el arte
de su aplicación a la vida, también la política resultará yer-
ma, toda vez que no se funde sobre la ciencia y pensamiento
filosófico, Con la ciencia únicamente, ningún llamado Estadista
logrará persuadir a nadie y muy pronto se revelará su incom-
petencia. En cambio un hombre de política unilateral podrá
ocultar más fácilmente su falta de conocimientos y productivi-
dad espiritual, pasar por un hombre de Estado práctico y tener
para sí el gran mercado de la mediocridad. De si por la actua-
ción de un hombre así, un pueblo progresa desde el punto de
vista histórico-evolutivo y son creadas garantías para la libre
evolución progresiva, está más allá de la capacidad de opinión
de la masa que admira ciegamente. Con tal que exista la apa-
riencia de que se avanza bien y rápidamente, se está dispuesto
a hacerlo todo en nombre de la libertad y de la civilización.

En la persona de nuestro señor James Fazy le presentaré
ahora un ejemplar de lujo de la especie de los políticos. Este
hombre hábil, en efecto no se limita a hacer política, sino que
ofrece numerosas exhibiciones de la misma, hace pruebas y
representa tours de force cada vez que así lo exige el bienestar
del pueblo, cuidándose, sin embargo, con su acostumbrada in-
teligencia, de todo salto mortal. Listo para distribuir entre

CARLOS MARX

bastidores los papeles, capaz como apuntador y director de
escena, es el non plus ultra de un comediante italiano. Mucho
podría apreciarse su “fortaleza de alma’’ que no retrocede ante
ningún medio para llegar al fin, si la misma no naciera del
lodo de sus fines. Una vez conocida la falta de principios y
de carácter de este hombre, es cuando se admira menos la as-
tucia con que encuentra los medios y su habilidad para em- >`
plearlos. Todo lo bueno que ocurre o germina en la vida del
pueblo por él gobernado, es audazmente sustraído por él y
llevado a su propio seno para luego ser servido en su nombre
a la gran masa, de modo que crea y jura que todo eso lo ha
hecho “papá Fazy” o que únicamente, gracias a él, ha podido
ser. Con idéntica habilidad sabe desprenderse de la paternidad
de todo lo malo y no popular y atribuírselo a otros. En su con-
sejo de ministros no tolera un solo carácter independiente, sus
colegas tienen que dejar que los desautorice a capricho y apa-
drinar sus fracasos. Gozando a discretion de su brutalidad au-
toritaria, deben estar dispuestos a toda hora a servir como
burros de carga y recibir los palos en provecho del pueblo y
para gloria de su presidente. Del mismo modo como toda testa
coronada antes de dignarse a adoptar una nueva medida de
Estado, por muy beneficiosa que ella sea, se pregunta si la
misma no será perjudicial para la dinastía, así también antes
de tomar cualquier resolución, “papá Fazy” se pregunta:
¿No hará tambalear mi sillón presidencial?’’ Es por eso que
nuestro héroe siempre enfoca su politica de acuerdo a las cir-
cunstancias y que constantemente vive al día. Hoy acaso re-
presente una comedia en el consejo de Estado, mañana ofrezca
una prueba de equilibrio en la alta cámara y pasado dé un
golpe teatral en una asamblea popular. La gran masa, por él
hábilmente agasajada, por su parte también se complace en
tener un Dios visible y audible al que puede venerar y adorar,

HERR VOGT

se vuelve creyente y cree que los huevos fritos chirrean en la
sartén caliente cuando sobre el tejado cae un chubasco. En
modo alguno pretende decir con esto, que el pueblo gine-
brino carezca de madurez e inteligencia. Por el contrario, es-
toy convencido de que dificilmente en parte alguna pueda
encontrarse una vida publica mas activa, ni mas ambiciones
espirituales de una libre evolución de las condiciones bur-
guesas, que aquí, a orillas del Lago Leman. Más adelante me
ocuparé de cómo, a pesar de ello, el señor Fazy logró obtener
para sí la mayoría de los votos.

Carga o hace que sus lacayos y adoradores carguen en la
cuenta de su régimen, aquello que durante quince años logró
una generación activa. La demolición de las obras de for-
tificación, la grandiosa ampliación y el embellecimiento de
la. capital cantonal, habrán de ser considerados, por ejemplo,
obra suya.

Y sin embargo, toda administración, aún cuando fuera
la del señor Fazy, habría sido despiadadamente dejada a un
lado, de haberse opuesto de alguna manera al poderoso deseo
de la población, de demoler las inútiles construcciones de la
fortaleza y ampliar la ciudad que, debido a la acumulación
de la creciente masa de habitantes, cada día resulta más in-
salubre. Es así como este problema fué simultáneamente para
Fazy el problema de su existencia, cuya solución — el logro
de su corona — emprendió con energía, ayudando con la
consiguiente satisfacción general, a llevar a cabo muchas co-
sas. Pero de aquello que conquista la poderosa necesidad tem-
poral por medio de la vigorosa colaboración de toda una
generación, no puede vanagloriarse sin tomarse presuntuosas
atribuciones de ser su creador y autor. Unicamente la sociedad
en pleno crea un todo y eso, también sólo relativamente, para
lo que cada uno de sus miembros, de acuerdo a su fuerza y

CARLOS MARX

posición, proporciona una mayor o menor fracción, La fe
ciega en la autoridad es una superstición como otra cualquiera
y resulta perniciosa para toda sana evolución.

Sé muy bien que a nuestro señor Fazy le pasa lo que a
todos los demás seres humanos, que hace aquello que no
puede dejar de hacer y que sólo deja de hacer aquello que no
le es posible; que en su afán de dar absoluto relieve a su
individualismo obedece — como todo en el reino animal —
tan sólo a sus necesidades. Sencillamente no se puede exigir
de él más que de un gato al que se le quiere obligar a entrar
voluntarizmente al agua, o de un caballo, que trepe a los
árboles. De lo contrario no sería él el James Fazy, y al
ser Fazy, acaso pretendiera ser Luis Bonaparte o algo por el
estilo. Si significa grandeza el que, consciente de su poder, se
lleve de las narices a todo un pueblo, deslumbrándolo con ha-
bilidades de prestidigitador, sin fijar en la cultura espiritual
y moral del mismo el sello del intenso progreso, marcando
los rastros de una existencia tan sólo con las señales de la
corrupción social, entonces probablemente también Fazy se-
ría un gran hombre, y no sin motivo sería envidiado por
tiranos más poderosos que él.

Nuestros hombres saben navegar mejor que nadie a favor
de la contradicciones y ellas constituyen la fórmula mágica
que ha modelado la brújula que le sirve para pilotear el barco
de su gobierno. Una vez es el radicalismo quien le propor-
ciona la tripulación y el ultramontanismo, la carga, y otras,
va de acuerdo a como mejor le plazca y convenga a la ad-
ministración del capitán. De este modo la maquinaria estatal
está siempre en marcha, yendo y viniendo continuamente
con el mismo isócrono tic-tac de un reloj de bolsillo. ¡Re-
sultado feliz! Los radicales juran que la cosa marcha; los
ultramontanos creen en cambio, que retrocede. Ambos tienen

HERR VOGT

razón, ambos son felices en su creencia y Fazy continúa en
su cargo.

Bueno, querido amigo, confórmese por ahora con estas
líneas. |

Entre tanto lo saluda cordialmente su

JUAN FELIPE BECKER”.

París, 20 de julio de 1860.
QUERIDO R...,

De modo que usted opina que he cargado las tintas en
el retrato de Fazy. ¡De ninguna manera, querido amigo mio!
Por lo demás, el hombre no puede pensar y opinar sobre las
personas como le plazca, sino de acuerdo a lo que le dicta la
lógica de sus observaciones y experiencias. Aquel que en estas
cosas habla contrariando sus ideas y obra contrariamente a lo
que dice, se engaña a sí mismo y es un canalla.

Fazy, que aprendió las primeras letras en un instituto de
enseñanza de “Herrenhuter”” y que además domina el idioma
alemán, aún hoy, cumplidos los sesenta y cinco años de edad,
parece juzgar a Alemania y su pueblo, de acuerdo a ese esta-
blecimiento modelo. Todo lo alemán, aun cuando él proviene
de la Suiza alemana, no es de su agrado y sólo en raras ex-
cepciones es objeto de su beneplácito. En su condición de Gi-
nebrino nato y sus más o menos prolongadas permanencias
en los Estados Unidos, se relacionó íntimamente con las ins-
tituciones republicanas, los recursos de que dispone la agitación
revolucionaria y, de acuerdo a su naturaleza, también con las
trampas de la intriga. Es mas demagogo que demócrata y su
principal máxima estatal y divisa: laissez aller, et laissez faire

CARLOS MARX

— [dejad ir y dejad hacer] —no sería tan mala, si él pudiera
abstenerse de meter sus narices siempre allí donde sin el permiso
del gobierno, está a punto de producirse algo, para con ello
agregar algún valor a la cuenta de su gloria o, cuando no puede
ser éste el caso, hacer fracasar la empresa, como ocurrió con el
Banque de Crédit et Échange y la construcción de una Es-
cuela de artes y oficios, proyectados ambos por el señor Mayer
y otros ciudadanos. Durante la revolución de Ginebra del año
1846, el señor Fazy actuó de acuerdo a la frase: el mantenerse
lejos de las balas hace «guerreros viejos, y pensó más en los
medios para la fuga que en los de la victoria. Se disponía pre-
cisamente a abandonar Ginebra en secreto, cuando Alberto Ga-
leer, vida y alma de todo el movimiento logró definir por fin
la lucha largamente oscilante, anunciándole su victoria defini-
tiva. Galeer, al que únicamente le importaba la causa y no
su propia gloria y que, por lo menos por aquel entonces, creía
firmemente en el sincero amor al pueblo de Fazy, no vió con
desagrado el que el héroe, a último momento salvado de una
huída prematura, se presentara en una asamblea popular ce-
lebrada poco después de la victoria, como si él fuera el ven-
cedor. Por aquel entonces, una vez terminada la revolución,
Galeer no podía pensar en ocupar un puesto en el gobierno, por
cuanto no era ginebrino sino ciudadano del cantón de Berna
y en aquella época las leyes válidas en la federación, no le
permitían votar ni ser votado. Sin embargo, muy pronto se
le concedió la ciudadanía, siendo luego elegido para formar
parte de la alta cámara, destinándosele también para ocupar
el puesto de traductor de las actas del Estado. En su condición
de eje de la juventud activa de Ginebra, se convirtió en un
vigoroso apoyo para el régimen radical. Gracias a él, Fazy
fué cada vez más el hombre admirado de la gran multitud.
Con la fraseología del radicalismo francés, de la que se había

HERR VOGT
apropiado cuando era colaborador del National, de París, en
la época de Luis Felipe, James Fazy agitaba y disfrazaba en
la prensa y las tribunas todo lo que le venía en gana, sus ver-
daderos pensamientos y ambiciones. À pesar de sus artes de-
magógicas, no se tardó en acusársele seriamente al cabo de un
año en los distintos círculos, de mantener relaciones secretas
con los cabecillas del ultramontanismo y poco después de ser
también adicto al francesismo. En la Suiza alemana, donde las
cosas son miradas con mayor frialdad y más serenamente juz-
gadas, sus enredos parecen haber sido advertidos muy pronto.
A fines del año 1847, apenas terminada la guerra de la fede-
ración separatista, el señor James Fazy llegó hasta las oficinas
del departamento de guerra, para hacerle una visita al General
Ochsenbein; yo estaba solo en la oficina, debido a que Ochsen-
bein había salido a visitar en compañía de los demás oficiales, a
los heridos internados en los hospitales. Cuando a su regreso
le comuniqué que durante su ausencia el señor Fazy le había
hecho una visita, pronunció con aire despectivo, estas palabras:

—jOh, vaya embustero traidor!

Quizás ahora el ex presidente de la federación suiza y
del gobierno de Berna, General Ochsenbein, que ya hace varios
años disfruta en Suiza de una pensión imperial francesa, abri-
gue sentimientos más benévolos por su ex colega, que sin duda
es de su misma alcurnia. Sorprendente continúa siendo en ge-
neral el que el señor Fazy hasta ahora nunca fuera elegido por
la Asamblea Nacional Suiza para integrar el Consejo Federal, a
pesar de lo que él, como también sus amigos se empeñaron en
ello, y lo mucho que en esta Asamblea rige hasta el egoísmo, la
tendencia a asegurar alternativamente a los más importantes.
cantones, la representación en el gobierno central. Contra el
poder federal, en el que para él no había poder a ejercer, con
lo que se limitaba la tan cómoda soberanía cantonal, siempre

CARLOS MARX

se mostró obcecado y siempre que le fué posible, le opuso obs-
táculos.

Cuando a principios del año 1849 la policía federal con-
sideró que sería provechoso para el Estado perseguirme por, la
organización de una legión siciliana, fuí a Ginebra, donde Fazy
me hizo saber que podía organizar de todo a mi antojo y
sin preocuparme por el Consejo Federal. Sé muy bien que el
señor Fazy no titubea en sacrificar a cualquiera, apenas éste
sea víctima de la desgracia y hasta es capaz de hacerlo, aún
en el caso en que la ley esté de lado de su víctima, como pude
comprobarlo más adelante en un caso, que para contarlo por
carta resultaría demasiado extenso y del que podrán infor-
marle los señores comisarios federales, Dr. Kern y Trog.

En la causa de los exilados, oponiéndose, bajo el rótulo
de Humanismo, a las medidas adoptadas por el Consejo Fe-
deral, perseguía a los fugitivos que le eran personalmente anti-
páticos con malvada arbitrariedad. En especial fueron expuestas
a desconsideradas persecuciones, excelentes personas que esta-
ban íntimamente relacionadas con Galeer, en quien Fazy pre-
sentía a un futuro rival. Mazzini se veía obligado a cuidarse
más de él, que de la policía federal. Heinzen, “el largo”, era
un espanto para él y muy pronto debió abandonar el Can-
tón: — “Pisa tan fuerte como si el suelo fuera de su exclusiva
propiedad” — era el ingenuo motivo que Fazy alegaba para
justificarlo. Durante un paseo en compañía de su esposa, Struve
fué detenido sin previa orden del Consejo Federal, poniéndosele
en la frontera del Cantón de Vaud, acusado de ser espía ruso.
Galeer llegó a tiempo para convencer a Fazy de su equivoca-
ción. Se produjeron estentóreas discusiones, pues Fazy cree
convencer tanto más de su razón, cuanto más levanta la voz y
mayor es la indignación que aparenta. Fué preciso que Struve
continuara siendo espía ruso. Si mal no recuerdo, esta escena

HERR VOGT

tuvo lugar en el Hôtel des Borgues y en presencia de un fugitivo
ruso, el señor Herzen, en cuya compañía al presidente le agra-
daba comer. Este caballero sin duda no había intervenido en la
injusta acusación de Struve. Seguramente Fazy es más amigo
de Rusia que Struve, pues en cierto discurso que pronunció
en una fiesta, le oí decir: “En Rusia las obras de Juan Jacobo
Rousseau se leen más y comprenden mejor”. Claro está que
con ello quiso dar en especial una paliza a los alemanes amigos
de Galeer y a los alemanes en general.

Galeer que hasta entonces había compartido con Fazy to-
das las vicisitudes y al que ví inmediatamente después de su
discusión con éste, motivada por la detención de Struve, me
dijo con el corazón acongojado:

——Ahora se acabó Fazy; puedo continuar respetándolo
pero no frecuentándolo. Ese hombre es realmente un monstruo
político, una verdadera bestia en sus deseos. Si yo continuara
a su lado, significaría colaborar en la destrucción interna de la
causa del pueblo. Únicamente oponiéndole un partido opositor
decididamente liberal, se le obligará a enarbolar la bandera del
radicalismo para salvar su situación. Mientras esté contra él so-
lamente la vieja aristocracia y, puesto que hace ya tiempo que
coquetea con los ultramontanos, el asunto cada vez se pondrá
peor y podrá hacer y deshacer a discreción. Por lo demás no es
suizo en sus ideas y prefiere dirigir sus miradas sobre París, en
lugar de dirigirlas sobre Berna. Hace mucho que tengo motivos
de sobra para apartarme de él, pero la costumbre de conside-
rarlo durante tanto tiempo un hombre eficaz, no me permitió
hacerlo antes. Unicamente las reiteradas luchas internas y la
pelea de hoy lograron que me decidiera por fin a arreglar
cuentas con él,

Alrededor de Galeer se reunían todos los hombres de ca-
rácter independiente, sobre todo, los pertenecientes a la nueva

CARLOS MARX

escuela de economía política y muy pronto los elementos deci-
didamente radicales y socialistas asi ‘‘reunidos’’ fueron deno-
minados, “partido democrático”. Salvo insignificantes excep-
ciones el radicalismo continuó persistiendo tan sólo en la forma
de un consciente e inconsciente servilismo a. Fazy, quien por
fin había encontrado en los territorios católicos de Saboya
unidos a Ginebra a partir de 1815. su verdadera palanca ma-
yoritaria. Los allí omnipotentes frailes ultramontanos, acep-
taron la alianza con el “Radicalismo”, con el facit de Fazy.
Galeer fué calumniado y perseguido de la manera más vil y de-
puesto de su cargo. El joven partido democrático, situado ahora
entre el partido aristocrático, el antiguo radicalismo unido y
el partido ultramontano, no podía presentar aún para las elec-
ciones próximas una lista propia. Y aun cuando el señor
James Fazy se negó a aceptar en su propia lista algunos nombres
de demócratas, Galeer y sus amigos se decidieron, desechando los
ofrecimientos del partido aristocrático, a votar por esta vez,
por la lista de Fazy y esperar la victoria en un futuro próximo,
Por lo tanto, si Fazy hubiera sido sincero en cuanto al pro-
greso y a una fundamental evolución burguesa, no habría tenido
necesidad de aferrarse a la asquerosa cola de los ultramonta-
nes, que siempre miran hacia atras. Para activar con mayor
éxito las persecuciones y malitencionadas calumnias contra
Galcer, los satélites de Su Excelencia, el presidente “radical”,
fundaron especialmente un pasquín injurioso, para que el in-
teligente patrón y maestro no tuviera necesidad de ensuciar su
“monitor”, la Revue de Généve, con sus inventos, con lo que
el periódico de sus burros de carga, a los que podía desautorizar
toda vez que se le viniera en gana, resultaba tanto más perfec-
cionado. Galeer, hombre de poca salud, se dejó vencer por
esta persecución malvada, falleciendo esc mismo año — 1852 —
a los 33 años de edad. Cuántas veces oí decir en Ginebra:

HERR VOGT

—Nuestro bueno y noble Galeer cayó víctima de la im-
placable venganza de nuestro jesuítico tirano.

Al celebrarse las próximas elecciones gubernamentales, los
amigos de Galeer aceptaron complacidos la alianza que les ofre-
cía la aristocracia, por cuanto a la misma se conformaba con la
caída de Fazy y una modestísima participación en la admi-
nistración pública. Galeer, imperturbable en sus principios,
probablemente habría rechazado también ahora esta alianza,
pero la gente de su partido decía:

— ¿Para qué nos ha brindado el señor Fazy el bonito ejem-
plo? ¿Por qué nosotros debemos avergonzarnos de la decente
cola de la aristocracia, cuando Fazy no se avergüenza de la
indecente cola ultramontana? ¿Por qué nosotros en compañía
de la aristocracia culta no habríamos de avanzar por lo menos
tan bien como Fazy pretende hacerlo con el ignorante ul-
tramontanismo?

Por consiguiente, durante las elecciones — creo que fueron
en noviembre de 1853 —en las que muchos radicales y hasta
colegas del gobierno de Fazy se pasaron a las filas democráticas,
el héroe de 1846 fué expulsado por gran mayoría de votos
del sillón presidencial. Ahora la situación del endeudado ex-
presidente resultaba por demás comprometedora. Con respecto
a esto debo adelantar algunos rasgos característicos relacionados
con su vida. |

El señor James Fazy, que ya antes de hacerse cargo de la
presidencia del Estado había gastado una regular fortuna en
placeres y amoríos, se encontraba ahora endeudado y perse-
guido sin consideración por parte de sus acreedores, trató ló-
gicamente, apenas hubo ocupado el sillón presidencial, de abo-
lir lo más pronto posible, “en pro de la libertad personal”, la
pena por deudas. Es así como en el año 1856 me dijo un gine-
brino cargado de deudas:

CARLOS MARX

—Menos mal que el presidente de nuestro gobierno tuvo
deudas y que aún, cuando no suprimió a éstas, por lo menos
suprimió la prisión de los deudores.

No obstante, a principios de 1850, el señor Fazy se vió
en una situación por demás angustiosa, por lo que “el pueblo
agradecido” tuvo que acudir en su ayuda y regalarle un am-
plísimo terreno obtenido por la demolición de las fortifica-
ciones. ¿Y por qué no? Ya que había ayudado a librar ese
espacio de sus viejas construcciones, ¿por qué no habría de
dejar que se le “anexara”” un trozo del mismo, si esto es algo
que también hacen los potentados mucho más importante que
él? Ahora el señor Fazy podía vender grandes terrenos para
edificación y mandarse construir una hermosa casa propia.
Desgraciadamente no tardó en volver a encontrarse cargado de
nuevas deudas, no pudiendo pagar los gastos de la construc-
ción. À principios del 1855 hubo de tolerar que un maestro
carpintero al que le debía varios miles de francos, le gritara
en plena calle:

—j À ver, canalla, si me pagas, para que pueda comprar
el pan para mis hijos!

En esas condiciones y para colmar la medida, el señor
ex-presidente se vió acosado por un problema más angustioso
aún: la Caisse d'Escompte, un establecimiento de crédito ra-
dical, tuvo que suspender sus pagos. Los amigos de Fazy que
se encontraban en dicho establecimiento y que por su parte
también estaban cargados de deudas, contrariando los estatu-
tos, le y se habían concedido créditos demasiado elevados. El
director del banco, que aún hoy está en la cárcel — los malos
ejemplos pervierten las buenas costumbres —, se había adju-
dicado un crédito más amplio aún. Es así como La Caisse
D'Escompte se encontró en vísperas de un grave suceso: la

TI:

i

HERR VOGT

bancarrota, Peligraban los ahorros de centenares de familias
obreras. Era necesaria, a toda costa, una acción salvadora, de
lo contrario el fazismo se habría desmoronado bajo el peso del
déficit, como la paja al viento. Como es natural, en esas con-
diciones no era posible obtener dinero para la Catsse d’Escomp-
te, Pero precisamente por aquel entonces otro establecimiento
bancario labraba en Ginebra su período de formación, el Ban-
que Générale Suisse [Banco General Suizo]. Era conveniente
proporcionar a este banco sumas respetables para que, retri-
buyendo atenciones, pudiera salvar de la bancarrota a la
Caisse d'Escompte y al señor Fazy, de sus deudas. Fazy tuvo
que representar el papel del salvador para convertirse en sal-
vado. En el caso de que la operación tuviera éxito, se le asignó
una importante comisión de un elevado tanto por ciento y
para la Caisse d’Escompte, el capital salvador. Por consiguiente,
el señor Fazy fué a París con este propósito pro domo y en

“representación del Banque Générale Suisse, donde, tras varias

semanas de negociaciones consiguió — según dice la fama —
con la graciosa ayuda de su Majestad el Emperador — obtener
del Crédito Mobilier la carga salvadora compuesta de muchos
millones de francos. Precisamente por aquel entonces tenían
lugar los preparativos para las nuevas elecciones gubernamen-
tales — noviembre de 1855 — y como es natural, el sauveur
[el salvador], se apresuró a escribir antes de su llegada a Gi-
nebra, que próximamente él mismo traería la enorme carga de
millones que necesitaba.

Era este un lenitivo para los doloridos corazones de los
accionistas de la Caisse d’Escompte y una antorcha mágica pa-
ra los electores ultramontano-radicales. Una caricatura de ex-
traordinario parecido con el original, lo presentaba convertido
en un cisne que, cargado de sacos llenos de oro, nadaba en el

CARLOS MARX

Lago y estaba a punto de entrar en el puerto de Ginebra. Un
chistoso me contó por aquel entonces, que en la mesa de la
cervecería le habían dicho que Fazy traía cincuenta millones,
en la de la vinería, que era portador de cien y en la rueda de
los aficionados al extrait d'Absinthe, que eran doscientos los
millones que traía. La fama del poder milagroso del “papá
Fazy” volvió a cundir en el alma de sus hijos. Los demócratas,
convencidos de que en las elecciones pisarian terreno seguro, no
hicieron mayores esfuerzos. La sociedad de hombres jóvenes y
vigorosos que hacía ya algún tiempo se había constituido —
les fruitiers — se comportaba como si fuera la guardia de honor
de Fazy, atemorizado durante las elecciones de la manera más
brutal... Y una vez mas su ídolo se sentó en el sillón pre-
sidencial. :

Pero esta vez quedó claramente demostrado que los ultra-
montanos no en balde habían entregado su contribución mo-
numental y que ahora también exigirían el premio a su triunfo.
Un buen día el obispo de Friburgo, señor Marilli, expulsado
de Suiza a consecuencia de la guerra de la federación separa-
tista, el eterno revolucionario y agitador, regresó de Francia
a Ginebra munido de una superior autorización del señor
Fazy y comenzó a predicar paros “santos”. En toda la ciu-
dad se levantó un clamor de protestas que muy pronto des-
pertó su eco en toda Suiza. Esto hasta fué demasiado para los
radicales más ciegos y los mas devotos fruitiers. De inmediato
se celebró una Asamblea popular, otorgándosele al señor pre-
sidente un voto de desconfianza. Su colega, el señor consejero
gubernamental Tourte, experimentó, a pesar de ser también un
discípulo de Fazy, peligrosas ansias de cmancipación y se
abalanzó sin consideraciones contra su patrón y maestro. Pero
ya antes del arribo del señor Obispo, Fazy salió de viaje, tal
como acostumbraba a hacerlo siempre que había preparado

HERR VOGT

para sus adictos una sopa que luego ellos solos debian beber.
Como es natural, el sefior de Marilli tuvo que abandonar acto
seguido la ciudad y el pais. Papá Fazy, por su parte, escribió
una carta desde Berna, conformándose por el momento con
retar a sus rebelados hijos y afirmando que era víctima de una
interpretación equivocada, que el gobierno no había cumplido
con su deber, que él únicamente había obrado “en pro” de la
libertad religiosa, permitiéndole al obispo hacer tan solo una
simple visita a la ciudad de Ginebra. Una vez que la primera
tormenta se hubo aplacado, el ofendidísimo “papá Fazy” re-
gresó a dicha ciudad. Le fué tanto más fácil reafirmar su auto-
ridad ofendida con algunos oráculos, que tienen aplicación para
todo y que siempre parecen ciertos y reconstruir la fe en su
sincero amor a la libertad y a la patria, por cuanto sus señores
colegas, tuvieron la deferencia de cargar con la mayor parte de
las culpas. Entretanto Fazy había logrado con ello su her-
moso propósito de enseñarles a los ultramontanos que él siem-
pre está dispuesto a hacerlo todo por ellos... Todo lo que le
sea posible. Hace ya algunos años que el señor Fazy es un’
hombre bastante rico. No sólo se dice que el Banque Générale
Suisse le ha concedido con carácter vitalicio una importante
participación del porcentaje, sino que tampoco ha desperdiciado
su presidencia actuando en las empresas ferroviarias de su Can-
tón, etc., en provecho propio. En su casa, grande y hermosa
— el Hôtel Fazy, situado en el Quai du Mont Blanc — el
mundo elegante frecuenta el cercle des étrangers. Y desde que
Saboya consideró que las “salas de juego” de sus balnearios
eran incompatibles con la moral de su Estado, el misericordioso
presidente de la República de Ginebra recogió, en calidad de
exilada a una de dichas -salas en sus amplios salones. ¡Viva la

CARLOS MARX

libertad! ; Laissez aller et laissez faire! ¡allez chez moi et faites
votre jeu! 5.
¿Qué más quieres, queridito?

tuyo,
JUAN FELIPE BECKER”.

De los patrones de Vogt desciendo ahora hasta sus co-
bandidos.

Paece and goodwill to this fair meeting,
I come not With Hostility, but greeting $.

A la cabeza del desfile, del que tan sólo quiero señalar al-
gunas figuras extraordinarias, nos sale al encuentro el Natio-
nalzeitung de Berlín, regido por la férula del señor F. ZABEL.
Si se compara el anuncio del Libro Mayor sugerido por el
mismo Vogt publicado por Mr. Edouard Simon en la Revue
Contemporaine, con los correspondientes artículos del Natio-
nalzeitung, del Breslauer Zeitung — [Diario de Bruselas] —

` etc., casi podría creerse que la “naturaleza redondeada” había
publicado dos programas: Uno destinado a preparar la cam-
paña de Italia y el otro, para la de Augsburgo. ¿Qué diablos
convenció al señor F. Zabel, de ordinario tan aburrido, timo-
rato, hipócrata y autor de los grandes titulares del Nationalzet-
tung, para que sobrepasara los límites de manera tan extrema
y publicara con gruesos caracteres las coplas de ciego concebidas
por Vogt?

5. ¡Dejad ir y dejad hacer! Venid a mi casa y haced vuestro juego...

6. “Salud y paz a esta gentil turba,
Os traigo mi saludo y no, mi burla”.

das TE

HERR VOGT

El primer comentario sobre el Nationalzeitung se encuen-
tra en el N° 205 del Neuen Rheinischen Zeitung — [Nuevo
Diario Renano] — del 26 de enero de 1849, en un artículo
de fondo intitulado: “Indicador del camino a Schilda”. Sin
embargo, los brazos del indicador son demasiado largos para
que los copiemos aquí. En un editorial del Neuen Rheinischen
Zeitung — N° 224 del 17 de febrero de 1849 — puede leerse:

“El Berliner Nationalzeitung es la sustancial manifestación
de la insustancialidad. Algunas nuevas pruebas de ello: se trata
de la nota prusiana... y, ¡Sin embargo! ¡Poder, querer, apa-
rentar! ¡Creer y querer que el gobierno prusiano quiera! Cada
giro, al igual de un presidiario, arrastra una tonelada de lastre
y, por lo mismo, pesa mucho, Cada “por”, cada “no obstan-
te’ y cada “pero” equivale a un legítimo Dr. Utriusque ju-
ris. Pero si desenvolvéis toda aquella hinchazón cristiano-
germano, si le sacáis todos los trapos de algodón en que el
Nationalzeitung tan cuidadosamente envuelve su sabiduría co-
mo si fuera un lactante, ¿qué es lo que queda?... La politi-
quería impresa como premier Berlin, en grand tenue... Evi-
dentemente el Nationalzeitung está escrito para lectores que
piensan de acuerdo a la Historia Universal de Rotteck. .. Los
franceses tienen una eficacisima especie de fórmula para esta
clase de pensamiento, toda cuya agilidad es puramente idio-
mática. Je naime pas les épinards et je suis bien aise; car si je
les aimais, y'en mangerais beaucoup, et je ne peut pas les sufrir.
[No me me agradan las espinacas y eso está muy bien, pues si
me gustaran cometía muchas y no puedo sufrirlas. ..] El Na-
tionalzeitung desea la felicidad de Prusia y, precisamente por
ello,... otro ministerio. Pero lo que quiere a toda costa es...
un ministerio. Además esto es lo único acerca de lo que los
patronos del Nationalzeitung están seguros y disfrutan decidi-
damente de una cierta conciencia de sí mismos”,

CARLOS MARX

En el N° 296 del Neuen Rheinischen Zeitung se lee con
fecha: “Berlín, 8 de mayo de 1849... Es interesante ob-
servar la actitud que la prensa berlinesa asume frente a la
revolución sajona. El Nationalzeitung únicamente conoce un
sólo sentimiento... el temor a ser suspendido”. Pero el miedo
es un elixir vivificador, según lo demostrado en el Nationalzei-
tung durante el decenio a Manteuffel.

El Nationalzeitung ha confirmado las palabras de Pope:

Still her old empire to restore she tries,
For born a goddess Dulness never dies 7.

Sólo que el reino de la Dulness de Pope se diferencia del
del Nationalzeitung en que allí “reina ahora Dunce II, del
mismo modo como anteriormente reinaba Dunce 1”, mientras
aquí, continúa reinando aún el viejo Dunz, Dunce the first.

Le sigue al Nationalzeitung, pisándoles los talones, el
Breslauer Zeitung que ahora habla con un entusiasmo del mi-
nisterio de los Hohenzollern, tal como anteriormente lo había
hecho del ministro de Manteuffel. A principios de 1860

recibí la siguiente carta:
Breslau, 27 de febrero de 1860.

“QUERIDO MARX:

Leí en el Volkszeitung — [Diario del Pueblo} — tu direc-
ción y tu declaración contra el Nationalzeitung. Un artículo

7. Nuevo su viejo reino quiere restaurar,

Dios de nacimiento, Dulness nunca habrá de morir.

No es posible traducir la palabra Dulness. Es más que aburrimiento,
por principio un ennui acentuado, rigidez aletargante, chata indiferencia.
Como curiosidad estilística, Dulness es algo así como aquello que el Neue
Rheinische Zeitung denomina de “sustancial manifestación de insustan-

ciabilidad” (N. del t.).

HERR VOGT

similar al del Nationalzeitung también fué publicado en el
diario de Breslau, artículo éste que provenía de la pluma
de su colaborador cotidiano, el DR. STEIN. Es este el mis-
mo Dr. Stein que durante la Asamblea Nacional celebra-
da en Berlín, compartía con d'Elster las bancas de la extre-
ma izquierda y que formuló la conocida solicitud contra
los oficiales del ejército. Esta piedra grande — [STEIN] 8 —
de pequeño cuerpo, ha sido suspendida en su cargo de maestro,
Desde que existe el nuevo ministerio, se ha impuesto la obli-
gación de fomentar la agitación a favor del mismo, no sólo
durante las elecciones del año próximo pasado, sino también
aún ahora, con el fin de unir la democracia silesiana con los
constitucionales. A pesar de ello, el actual ministerio rechazó
no una, sino varias veces una solicitud suya, en la que requería
una concesión para poder dar lecciones particulares. El minis-
terio anterior toleraba en silencio que diera dichas lecciones,
mientras el actual se las ha prohibido por ilegales. Por lo tanto
fué a Berlín para obtener dicha concesión, pero sin éxito al-
guno, según podrás leerlo en el mismo número del Volkszet-
tung, en que aparece tu declaración. El Dr. Stein hizo desfilar
ahora también a la Banda de Azufre en la Asociación de Ca-
sinos de Breslau durante el desfile carnavalesco. Sin embargo,
el Dr. Stein, Schlehan, Semrau y sus compinches, tienen que
soportar, una tras otra, las humillaciones que les imponen los
constitucionales, pero esa especie no renuncia a su patriotis-
mo. ¿Qué me dices de esta sociedad estupenda?”

¿Qué puedo decir yo acerca de mi colega Stein? Pues, en
efecto, Stein era mi colega. “Trabajé todo un año como corres-
ponsal de la Neuen Oder Zeitung — [Nuevo Diario del Oder].

8. Juego de palabras de Marx, pues Stein en alemán equivale a pie-
dra (N. del t.).

CARLOS MARX

— (1855),y es éste el único diario alemán para el que escribí
durante mi permanencia en el extranjero. Evidentemente Stein
es el hombre del corazón de piedra — [steinernen Hersen} —
que ni siquiera se ablanda al serle negada la concesión para
poder dictar lecciones particulares. El Neue Rheinische Zeitung
martilleó mucho esa piedra — [Stein] — para levantarle un
monumento como por ejemplo en el N° 225 del mismo:

“Colonia, 16 de febrero de 1849... En lo que especial-
mente se refiere a H. Stein, recordamos la época en la que
fanático constitucionalista, atacaba enérgicamente a los repu-
blicanos, llegando hasta DENUNCIAR virtualmente en el Schle-
-sische Zeitung — [Diario de Silesia] — a los representantes de
la clase obrera, maniobra para la que se valía de un maestro
de escuela que es su hermano espiritual y actual miembro de
la “Asociación pro-orden legal”. Tan miserable como la asam-
blea de organizadores era también la llamada fracción democra-
tica de la misma. Era previsible que aquellos señores, con tal
de ser reelectos, reconocerían la constitución impuesta, Carac-
teriza aún más el punto de vista de estos caballeros, el que
después, en los clubes democráticos nieguen aquello que antes
de las elecciones afirmaron en las asambleas electorales. Esta
astucia mezquina y desvergonzada nunca fué la diplomacia
propia de los caracteres revolucionarios,

El que el Rhentsche Zeitung no esculpía en vano esa piedra
— [Stein] — lo demostró éste, apenas Manteuffel suprimió
la cámara impuesta, pues ya el doctor Julio Stein exclamaba
en la ‘Central Democrática de Breslau”: “Nosotros — las
extremas izquierdas berlinesas -— dimos per perdida desde un
principio la cuestión alemana... Hay que convencerse ahora
de que nunca será posible una unidad alemana mientras existan
los principes alemanes” (N° 295. Neue Rheinische Zeitung).

HERR VOGT

Es en efecto desgarrador y capaz de ablandar a una piedra,
el que ese mismo Stein, aun cuando ya no piedra de escán-
dalo, sea desechado una y otra vez desde Schwerin como un
simple. .. ladrillo,

No sé si mis lectores conocen por experiencia propia al
Punch. Me refiero al Kladeradatsch de Londres °. En la tapa
aparece Punch y frente a él está Toby, su perro, con expresión
por demás avinagrada y llevando una lapicera en la oreja, se-
ñales ambas de que es penny-a-liner nato. Si se pudiera com-
parar lo pequeño con lo grande, acaso podría compararse a
Vogt con Punch, sobre todo desde que éste perdió su gracia,
percance que le ocurrió cuando en 1846 fueron abolidas las
leyes del trigo. Pero a su camarada, el perro Toby, únicamente
puede comparársele a uno mismo o a... Eduardo Meyen. En
efecto, suponiendo que alguna tuviera que morirse, Eduardo
Meyen ya no necesita de la migración del alma pitagórica. Toby
ya se encargó de ello en vida. No pretendo afirmar precisa-
mente que Eduardo Meyen haya pesado para el dibujante
del grabado de esa portada, pero lo cierto es que en toda mi
vida no he podido encontrar un mayor parecido entre un ser
humano y un perro. Sin embargo no es de extrañar. E. Meyen
es por naturaleza penny-a-liner y el penny-a-liner lo es Toby
también por naturaleza. Siempre le agradó a E. Meyen dedicar
su pluma conmovedora e impertinente a la vez, a las organiza-
ciones de literatura política ya definitivamente organizadas. Un
programa impuesto ahorra el trabajo de pensar por si mismo, la
conciencia de pertenecer a una masa más o menos organizada,
adormece el sentimiento de autosuficiencia y el tener conciencia
de que existe una caja de guerra, hasta es capaz de sobreponerse

9. Kladeradatsch: revista humorística alemana de carácter politico

(N. del t.).

CARLOS MARX

por algunos instantes al mal humor profesional de Toby. Es
así como por aquel entonces encontramos al tal Eduardo Meyen
marchando a la cola del desdichado comité democrático central,
la nuez sorda que en 1848 nació en Francfort del Meno, de
la Asamblea de demócratas alemanes. Durante su exilio en
Londres, Meyen estuvo conceptuado como uno de los más
hábiles artífices de panfletos litografiados, en los que se insu- `
mieron gran parte de los fondos reunidos para el empréstito de
fabricación revolucionaria de Kinkel, cosa que lógicamente
no impidió a este tal Eduardo Meyen, pasarse con todas. sus
cosas al campamento del principe regente y vociferar en pro
de la amnistía y, en efecto, pordiosear el permiso para poder
publicar desde Wandsbeck en el Hamburguer Freichütz —
[Francotirador Hamburgués] —sus vejaciones a la política
externa. Vogt que requería la presencia de “aquellos que”, a
la gente que “cumple su programa” y está dispuesta a entre-
garle artículos y para colmo hacía bailar ante los ojos de aqué-
llos una caja de guerra bien provista de dinero, llegó en un
momento extraordinariamente oportuno para nuestro Eduardo
Meyen, que precisamente vagaba sin dueño, y como debido a la
crisis, nadie estaba dispuesto a pagar para él la correspondiente
patente de perro, Toby, exasperado, se puso a ladrar ante el
tribunal, afirmando que yo me proponía estafar al estable-
cimiento literario del partido vogtiano y despojar de los sala-
rios de copista a sus doguillos vejadores de plumas. ¡Quelle
horreur! Vogt hizo llegar a su Eduardo Meyen las mismas
instrucciones para el obligado comentario de su Libro Mayor
como a su Edouard Simon y, en efecto, Eduardo Meyen se
dedicó a adobar cinco números del Freischütz — N° 17-21,
1860 —con las correspondientes tajadas del Libro Mayor.
¡Pero qué diferencia! Mientras Edouard Simon corrige el ori-
ginal, Eduardo Meyen lo estropea. La más simple condición

HERR VOGT

para interpretar objetivamente un tema dado, se manifiesta
sin duda en la capacidad para copiar lo que está impreso, pero
nuestro Eduardo Meyen es sencillamente incapaz de copiar co-
rrectamente, aunque más no sea sino una sola línea. El espíritu
de Toby carece hasta del vigor necesario para copiar. Veamos:

“Freischútz, N° 17: “El diario — | Allgemeine Zeitung}
—-. . „ahora confiesa haberse servido... también... de la ayuda
un partido revolucionario, al que Vogt estigmatizaba como
la Banda de Azufre de los republicanos alemanes”. ¿Dónde y
cuando Vogt desvaría hablando de la Banda Azufre de los
republicanos alemanes?

“Freischútz, N° 18: Es Liebknecht quien debe elevar en
el Allgemeine Zeitung la acusación contra Vogt, repitiendo allí
las acusaciones forjadas por Biscamp en el Volk de Londres; sin
embargo éstas recién alcanzaron todo su peso cuando Marx
remitió un panfleto al Allgemeine Zeitung, panfleto éste apa-
recido en Londres y cuya paternidad se atribuyó a Blind”.

Vogt podía mentir mucho, pero hasta su abogado Her-
mann le prohibió el embuste de que el artículo de Biscamp
no copiado por el Allgemeine Zeitung habia sido “reeditado”
por Liebknecht. Del mismo modo tampoco se le podía ocurrir
decir a Vogt que yo había mandado al Allgemeine Zeltung el
panfleto intitulado “A Modo de Advertencia”. En cambio
dice textualmente: “El señor Liebknecht es... quien envió al
Allgemeine Zeitung aquel panfleto calumniador” (Libro Ma-
yor, pág. 167).

“Freischütz, N° 19: Blind negó positivamente su pater-
nidad del panfleto y el cajista atestiguó que el mismo no le
había sido entregado por Blind para su impresión. Sin em-
bargo es exacto que el ofensivo documento fué inmediatamente
transferido en esa misma composición tipográfica al Volk, que

CARLOS MARX

Marx solicitó la publicación del mismo en el Allgemeine Zei-
tung, etc.”.

Por un lado Vogt copia en el Libro Mayor la declaración
de Fidelio Hollinger en la que Fidelio afirma que el panfleto
no fué impreso en su imprenta y por otra parte mi declaración
contraria, de que la composición tipográfica original del libelo
difamatorio se encontraba aún en casa de Hollinger cuando
fué nuevamente copiado por el Volk. ¡Y qué confusión pu-
blica el desdichado Toby!

“Freischütz, N? 19: En lo que a las personas se refiere
— [así habla de Engels y de mí en la carta de Techow] —
son seres puramente intelectuales que no conocen nacionalidad
alguna”. Sentimentalidad, mi querido Toby, sentimentalidad
es lo que Techow escribe en la versión de Vogt.

“Freischútz, N° 20: Marx... permitió que los duelistas se
trasladaran a Ostende para batirse allí. Techow sirvió de pa-
drino a Willich, etc. Después de este episodio Techow se aparta
de Marx y su núcleo”.

Eduardo Meyen no se conforma con leer Ostende en lugar
de Antwerpen. Probablemente haya oído decir en Londres
aquello del francés que en el lejano Oeste se quejaba de que los
ingleses escribieran Londres y pronunciaran Constantinopla.
Al tal Techow, que en la época de sus cartas me había visto
sólo una única vez y que además escribía textualmente, que al
principio había pensado unirse a mi y a mi círculo, Eduardo
Meyen le hace apartarse de mi lado y de mi círculo, del que
nunca había formado parte.

“Freischütz, N? 21: “A través de este suceso — Tla fiesta
central obrera de Lausana] —se explica el violento ataque
perpetrado contra Vogt en el Volk de Londres”.

El mismo Vogt nos comunica en su Libro Mayor la fecha
en que apareció en el Volk, el “violento ataque” perpetrado

HERR VOGT

contra él: 14 de mayo de 1859 (El panfleto apareció en el
Volk el 18 de junio de 1859). En cambio la fiesta central de
Lausana tuvo lugar el 26 y 27 de junio de 1859, es decir,
mucho tiempo después del “violento ataque” que, según Me-
yen, habría originado.

Pero basta ya de estos frutos literarios de Toby. No es de
extrañar el que Toby, que en la obra de Vogt leía todo aquello
que la misma en realidad no contenía, haya descubierto tam-
bién en ella que: “Lo obra de Vogt será incluída entre las
obras literarias más audaces, divertidas y útiles”? (Freischütz,
No 17).

Y ahora imagínese a este desdichado Toby incapaz de co-
piar correctamente dos renglones de un libro impreso, conde-
nado a leer diariamente a Wansbeck, en el libro de la Historia
Universal, a copiar constantemente los sucesos del día insinua-
dos apenas superficialmente con iniciales poco claras y a retra-
tar en tamaño natural para el Freischútz los dissolving vives
del presente. ¡Pobre mensajero de Wansbeck! ¡Dichoso el lec-
tor hamburgués del Freischütz!

Hace algunos días el Times de Londres publicó un párrafo
extraño que pasó por toda la prensa inglesa y se intitulaba:
“A Man shot by a dog”. Por lo visto parece que Toby tam-
bién sabe manejar armas de fuego y por lo tanto no es de
extrañar el que Eduardo Meyen cante en el Freischütz: “Soy
tirador, asalariado por el regente”. |

El Kölnische Zeitung — [diario de Colonia] —se limita
a publicar algunos párrafos y maliciosas insinuaciones a favor
de Vogt. Ocho días después de haber aparecido el Libro Mayor,
divulgaba en sus columnas la leyenda de que la edición ya
se había agotado, probablemente para no tener que ocuparse
del mismo. Por lo demás, ¡cuánto humorismo hay en el curso
del mundo!

CARLOS MARX

¡Cómo habría podido yo imaginarme en 1848-1849, la
época del Neuen Rheinischen Zeitung, [del Nuevo Diario Re-
nano], cuando diariamente teníamos que romper lanzas con
nuestro vecino de Colonia a favor de los polacos, húngaros e
italianos, que en 1859 ese mismo Diario de Colonia — [Kôl-
nische Zeitung] — resucitaría como caballero defensor del prin-
cipio de nacionalidad y el tan sencillo señor Joseph Dumont
acabaría por convertirse en un ¡Signor Giuseppe del Monte!
Pero por aquel entonces ningún Luis Bonaparte había con-
ferido aún la suprema bendición de la libertad moral a las
nacionalidades y el Kölnische Zeitung jamás podrá olvidar
que Luis. Bonaparte fué el salvador de la sociedad. La furia
roja con que por aquel entonces atacaba a Austria podrá de-
mostrárnoslo:

Neue Rheinische Zeitung, N° 144.

“Colonia, 15 de noviembre de 1848. En momentos en
que toda Alemania se levanta lanzando su grito de indigna-
ción, protestando de que el sangriento siervo de los bandidos
austríacos, que un Windischgrátz pudiera atreverse mandar
matar como a un perro al diputado ROBERTO BLUM — en un
momento semejante, es hora de referirse a dos diarios alema-
nes, uno de los cuales trató de denigrar con extraordinaria
perfidia los últimos días del extinto y el otro lo persiguió
hasta la tumba con su insulso cretinismo. Hablamos del Kôl-
nische Zeitung y del Rheinische Volkshalle — [Estadio Popu-
lar Renano] — (vulgo Narrhalla)... En el N° 262 entusiastas
dirigentes del partido democrático se ausentaron de Viena;
también... ROBERTO BLUM”. El diario de Colonia daba esta
información sin otro comentario, imprimiendo únicamente
con gruesos caracteres la denuncia contra Blum para fijarla

b
,

HERR VOGT

más fácilmente en la mente de sus lectores. El Kölnische Zet-
tung se completó en números posteriores. No se resistió a dar
cabida en sus columnas a artículos pertenecientes al más pardo
de los órganos de la camarilla, y a los comunicados del perió-
dico de la Gran Duquesa Sofía, uno de los diarios austríacos
más infames...” [A esto sigue, entre otras cosas, como cita]:
“Roberto Blum no cosechó laureles en Viena... También
habló en los salones del enemigo interno, de la timidez, de
la falta de valor y perseverancia; pero si aparte de estos ene-
migos internos también habrían de existir otros —[él, por
su parte, desea que no sea así] —, o si en la ciudad existieran
aún personas que prefieren el triunfo de los militares al de
la libertad, entonces la lucha eliminatorio contra las masas que
están a sus puertas tendría que volverse contra ellas con el
puñal desenvainado”. .. “En el discurso del señor Blum reside
la locura de un septembrista y si en efecto el señor Blum pro-
nunció esas palabras —lo diremos sin ambajes —, entonces
también, el señor Blum se habrá DESHONRADO. Hasta aquí,
de lo publicado por el Kölnische Zeitung.

Por medio de secretas cañerías artificiales, todos los retre-
tes de Londres vierten su inmundo contenido en el Támesis.
Del mismo modo la metrópoli mundial descarga a través de
un organizado sistema de plumas de ganso, todos sus desper-
dicios sociales en una grande y papiracea cloaca central: el Daily
Telegraph. Liebig critica con razón aquel absurdo despilfarro
que despoja al Támesis de su limpidez y a los campos de
Inglaterra de su estiércol. LEVY, en cambio, el propietario de
la papiracea cloaca central, no sólo tiene nociones de química,
sino que también sabe algo de alquimia. Una vez que ha con-
vertido en artículos periodísticos la “suciedad social de Lon-
dres, convierte los artículos periodísticos en cobre, y finalmente
el cobre en oro. Sobre el portal que da acceso a la papiracea

CARLOS MARX

cloaca central, han sido grabadas las siguientes palabras: di
colore oscuro: hic quisquam faxit oletum!, o como Byron lo
tradujo en forma bellamente poética: “Caminante, stop,
and... pis!”

Levy, como Habakuk, est capable de tout +— [es capaz de
todo]. — Es capaz de imprimir editoriales a tres columnas,
sobre un solo caso de violación. À principios de este año
obsequió a su numeroso público de gourmets, con un fétido
picadillo hábilmente compuesto con los tan inmundos y as-
querosos detalles de un determiando proceso judicial, hasta
el punto que el juez decidió mandar desalojar de la sala de
audiencias a las mujeres y niños. Desgraciadamente Levy echó
en el picadillo, como condimento, el nombre de una persona
inocente. El proceso por calumnia iniciado contra él a conse-
cuencia de ello, terminó con su condena y la censura oficial de
su Órgano periodístico por parte del tribunal inglés. Como
se sabe, los procesos por calumnia, como también todos los
demás, resultan sumamente costosos en Inglaterra, represen-
tando en cierto modo el privilegio del coffre fort. Sin em-
bargo muy pronto unos cuantos abogados desocupados de la

City, descubrieron que Levy era una presa codiciable; se reu- |
nieron y acordaron ofrecer gratuitamente y a titulo de espe-

culación, sus servicios a todo aquel que estuviera dispuesto a
acusar a Levy por. calumnia. Precisamente el mismo Levy ya
se había quejado de ello en su diario, vaticinando que no tar-
daría en entrar en vigor una nueva especie de extorsionismo:
la acusación por calumnia contra Levy. Á partir de entonces

resultaba peligroso acusar a Levy. Se exponía uno a comenta-
rios ambiguos, pues tal como puede leerse en los paredones
de Londres: Commit no Nuisance, asi también en las puertas
de los Tribunales ingleses se leía: Commit Levy.

HERR VOGT

Los políticos denominan al Daily Telegraph el “Moppaper
de Palmerston”, pero el Shutte basurero de Levy carga po-
lítica únicamente como lastre. En cambio el Saturday Re-
view caracterizaba con acierto ese diario que se vendía a un
penny, como “cheep and nasty” [barato y asqueroso]. “Es
un síntoma fatal — [afirma entre otras cosas] — el que deci-
didamente prefiera la suciedad a la litavieza; siempre excluirá
la información más importante, con tai de disponer del lugar
necesario para poder publicar algún artículo sucio”.

Sin embargo Levy también posee su propio pudor. Así,
por ejemplo, protesta por la inmoralidad de los teatros y,
convertido en segundo Catón el censor, critica la indumentaria
de las bailarinas del ballet que, como afirma, siempre comienza
demasiado tarde y termina demasiado pronto. Estos ataques
de decencia, hicieron caer a Levy como de Caribdis a Escila.
¡Oh, consecuencia! — [exclama un periódico teatral londinen-
se, The Player], — ¿dónde está el rubor de tu vergüenza?
¡Cómo aquel bribón — [the rogue] —se habrá reído para
sus barbas!... ¡El Telegraph, predicando moral sobre la in-
dumentaria teatral femenina! ¡Júpiter sagrado! ¿Qué ocurrirá
después de ésto? Terremotos y llameantes cometas son lo me-
nos que ahora cabe esperar. ¡Decencia! “J thank thee jew
for teaching me that word!” — [Gracias, judío, por haberme
enseñado esa palabra”. Y como Hamlet a Ofelia, así también el
Player le aconseja a Levy que ingrese en un convento y que ese
convento sea de monjas. “Get thee to a nunnery, Levy!” ¡Levy
en un convento de monjas! Quizá el Nunnery sea tan sólo
una errata y en realidad quicra decir Nonaria, de modo que
pueda leerse: ‘vé a la nonaria, Levy” y en ese caso todos
serán

CARLOS MARX

multum gaudera paratus,
Si Cynico — [el cínico Levy] — barbam petulans
Nonaria vellat.

El Weekly Mail opina que aunque Levy no pretende en-
gañar al público, haciéndole creer que una X es una U, sí
hace pasar una Y por una I latina y en efecto, entre los 22.000
Levis que Moisés contó durante su paso por el desierto, no
hay un solo Levi que se escriba con Y griega. Tal como Edouard
Simon a toda costa quiere pertenecer a la raza latina, así
Levy pretende pertenecer a la anglo-sajona. Es por eso que por
lo menos una vez al mes, ataca a la política no inglesa del
señor Disraeli, pues Disraeli, “el enigma asiático” — [the asia-
- tic mystery] — no provenía, como el Telegraph, de la raza
anglo-sajona. Pero de qué puede servirle al señor Levy el atacar
al señor Disraeli y pretender cambiar la Y griega por una I
latina, puesto que la madre naturaleza planté en su propia
cara con su más caprichosos signos, su propio árbol genealó-
gico. La nariz del misterioso desconocido de Slawkenbergius
— véase Tristram Shandy — que se había elegido la Finest
nose del promontory of noses únicamente era el tema de con-
versación semanal de Estrasburgo, mientras la nariz de Levy
representa el tema anual de la conversación de la City de
Londres. Un epigramático griego describe la nariz de un tal
Castor, que le servía para realizar toda clase de menesteres,
como pala, trompeta, guadaña, ancla, etc., etc. Termina la
descripción con estas palabras:

““Obrws eLyphorou oxetoug Kdcorwp Tterixnke,

‘Piya pégwy xdans EQusvoy Boyaxotas.”? Y

10. Y es así como Castor posee una eficaz herramienta,
Llevando consigo la nariz dócil, útil para obra cualquiera.

HERR VOGT

pero sin embargo, Castor no adivinó para qué Levy emplearía
su nariz. El poeta inglés se aproxima mas a ello en los versos:

And ‘this a miracle we may suppose,
No mastiness offends his skilful nose Y,

El gran arte de la nariz de Levy consiste, en efecto, en
coquetear con el olor a podrido, descubrirlo y atraerlo desde
cien millas de distancia. Es así como la nariz de Levy le sirve
al Datly Telegraph, como trompa de elefante, antena, faro y
telégrafo. Por lo tanto puede decirse sin temor a caer en la
exageración, que Levy escribía su diario con las narices.

Como es natural este buen Daily Telegraph era el único
diario inglés en el que podía aparecer y no debía faltar, la
Lausiada — [piojosería] — de Vogt. En el órgano de Levy
del 6 de febrero de 1860 apareció un artículo de dos columnas
y media, bajo el título: “The Journalistic Auxiliaries of Aus-
tria’ —[Los auxiliares periodísticos de Austria] —, que en
realidad no era más que la traducción a un inglés por demás
maloliente de los dos editoriales del Berliner Nationalzeitung.
Para engañar, el artículo llevaba como rótulo: “From an occa-
sional correspondent, Francfort on the Main. February 2”
— [de un corresponsal ocasional]. — Como es natural, yo sabía
que el único corresponsal del Telegraph estaba radicado en
Berlín, donde con su acostumbrado virtuosismo las narices de
Leyy lo habían descubierto. Escribo de inmediato a un amigo
que vivía en ia capital alemana, pidiéndole que me comunicara
el nombre del corresponsal del órgano de Levy. Mi amigo, un
hombre cuyo saber fué reconocido por À. von Humboldt, se

11. Es un milagro, lo digo sin broma,
No hay hedor que à la impertinente nariz moleste.

CARLOS MARX

mostró sin embargo lo suficientemente obcecado como para
afirmar que en Londres no existía Daily Telegraph alguno y
por consiguiente tampoco podía existir en Berlin un corres-
ponsal del mismo. En estas circunstancias me dirigí a otro
amigo radicado en la ciudad del Spree. Respuesta: El corres-

ponsal del Daily Telegraph existe y se llama. .. ABEL. En esto |

advertí una desagradable mistificación. Evidentemente Abel era
una abreviatura de ZABEL. La circunstancia de que Zabel no
escribe en inglés, en modo alguno me hizo dudar de ello. Si
Abel es capaz como Zabel, de dirigir sin saber escribir en alemán
el Nationalzeitung, ¿por qué Zabel, convertido en Abel, sin
saber escribir en inglés no habría de cumplir las funciones de
corresponsal del Telegraph? ¿De modo que Abel es Zabel y
Zabel es Abel? ¿Cómo salir de esta Babel? Una vez más com-
paré el órgano del saber berlinés con el órgano de Levy y
descubrí en el N° 41 del Nationalzeitung, el siguiente frag-

mento: “Liebknecht agrega maravillosamente: “Haremos que :

el magistrado (¿?) reconozca nuestras firmas”. Este pasaje del
magistrado y los sorprendidos interrogantes de Zabel después
del magistrado, nos recuerda a aquel Suabio que “apenas Ile-
gado a Asia y descendido del trasatlántico, pregunta: “¿No
habrá aquí algún buen compañero de Bebbingen?”” En el órgano
de Levy no sólo ha sido suprimido todo ese pasaje; también
faltan los signos de interrogación, de lo que se desprende con
la claridad del sol, que el corresponsal de Levy no comparte
la opinión de F. Zabel, según la cual, el juez policial londi-
nense 'o magistrado — [magistrates} — equivale al magistrado
berlinés. Evidentemente Zabel no era Abel y Abel no era Za-
bel. Entretanto otros amigos de Berlín se enteraron de mis
gestiones. Uno de ellos me escribió:

“Entre los 22.000 Levis del cuarto libro de Moisés se en-
cuentra también un Abel, sólo que este se deletrea Abihail’’.

A om

HERR VOGT

Otro me escribía: “Por lo visto esta vez Abel mató a Cain
y no Cain a Abel”. Es así como cada vez me internaba más
en el “laberinto”, hasta que finalmente el redactor de un diario
inglés me aseguró con la seca seriedad típicamente sajona, que
Abel no era un broma, sino un literato judío de Berlín, cuyo
nombre completo era Dr. CARLOS ABEL, encantador mucha-
chito éste, que había servido durante mucho tiempo a las
órdenes de Stahl y Gerlach como afanoso peón de trincheras
del Kreuzzeitung y que aún cuando no el pellejo, sí había cam-
biado de color al producirse el cambio de ministerio. Sus tn-
sistentes afanes, propios de los renegados, explicarían acaso
cómo el corresponsal berlinés de Levy cree que la libertad de
prensa inglesa ha sido inventada exclusivamente para que él
pueda pregonar en público su epilepsia admirativa a favor del
ministerio de Hohenzollern. Hipotéticamente acaso pueda st-
ponerse que aparte de un Levy en Londres, también exista un
Abel en Berlin... par nobile fratrum.

Abel atiende a su Levy simultáneamente desde todas las
plazas imaginables: Berlín, Viena, Francfort del Meno, Es-
tocolmo, Petrogrado, Hongkong, etc., lo que por cierto resulta
una hazaña mucho más importante aún que el Voyage autour
de ma chambre — [viaje alrededor de mi habitación] — de
Le Maire. Pero sea cual fuere el zodíaco local bajo el cual Abel
escriba a su Levy, siempre le escribe bajo el solsticio de Cán-
cer. Contrariamente a la procesión de Echtermacher, en la que
por cada dos pasos que se adelantan, se retroce uno, los articu-
los de Abel avanzan un paso y retroceden dos.

CARLOS MARX

No crab more active in the dirty dance,
Downward to climb, and backward to advance 12,

POPE.

Abel posee una innegable habilidad para hacer Ilegar a
su Levy los secretos de Estado del Continente. Por ejemplo, el
Diario de Colonia publica un editorial cualquiera, digamos, so-
bre finanzas rusas, acaso extraído del Baltischen Monatschrift
— [Revista Mensual del Báltico] — Abel deja transcurrir un
mes y luego, repentinamente, envía a Londres el artículo del
diario de Colonia proveniente de Londres, no olvidando sin
duda, señalar que, sino el mismo Zar, por lo menos ha sido
el ministro de Finanzas ruso o alguna de los directores de la
Caja del Estado quien le ha confiado entre deux cigarres
— [entre dos cigarros] — ese secreto de Estado, y es así como
exclama triunfante: “I am in a position to state, etc.” [Me
encuentro en condiciones de informarle. ..] O acaso el órgano
oficial, Preustische Zeitung — [Diario Prusiano] — extienda
sus antenas ministeriales e insinúa la incompetencia del señor
von Schleinitz con respecto a la cuestión del Gran Ducado de
Hesse. Esta vez Abel no titubea un solo instante y aún ese
mismo día le escribe abiertamente a su Levy desde Berlín, sobre
la cuestión del Gran Ducado de Hesse. Ocho días después le
comunica: el Preussische Zeitung, que es el órgano oficial, pu-
blica el siguiente artículo sobre la cuestión del Gran Ducado
de Hesse: y “I owe to myself” — [considero un deber. ..] —
advertirle que hace ya ocho días que yo... etc., etc. O tam-
bien traduce algún artículo del Allgemeine Zeitung fechándolo

12. “No hay cangrejo más vivaz en esa danza puerca,
Adelante la cola, atrás la cabeza..."

HERR VOGT

en Estocolmo. Entonces sigue inevitablemente la frase: ‘‘I must
warr your readers”. [debo llamar la atención de sus lectores],
no sobre el articulo copiado, sino sobre alguno de los artículos
no copiados del Allgemiene Zeitung. Pero apenas Abel empie-
za a hablar del Kreuzzeitung — [Diario de la Cruz] — se hace
la señal de la cruz para eternizarse.

En cuanto al estilo literario de Abel se refiere, únicamente
es posible insinuarlo en forma simbólica como la copia de mo-
dalidades de la especie de “estrella sapientísima”, “el azul ber-
linés de Isidor” y “Jacobo, arroyuelo de la pradera”.

Con el permiso de Abel haremos una digresión. El origi-
nal “astro sapientísimo es otro co-bandido de Vogt, un tal
L. BAMBERGER, que en 1848 fué redactor de un oscuro dia-
rucho de Maguncia y que en la actualidad es un consorte Loop
garou que en París está a “sueldo máximo” y, demócrata de-
cembrista “en el más sencillo sentido de la palabra”. Para po-
der comprender este ‘‘sentido tan sencillo”, es preciso conocer
el lenguaje gitano de la sinagoga bursátil de París. La “sen-
cilla’’ democracia del “astro sapientísimo” es aquello mismo
que Isaac Pereire llama “la democratisation du credit” — [la
democratización del crédito] — que consiste no en convertir
únicamente en una sala de juego los círculos aislados de una
Nación, sino a toda la Nación en general, para luego poder
engañarla en masse. Mientras el oligarca lobo bursátil a las ór-
denes de Luis Bonaparte resultaba ser tan egoísta que única-
mente trataba de apoderarse de la riqueza nacional acumulada
en las manos de la burguesía superior, bajo la égida de Luis
. Bonaparte todo resultaba ser Fish para el democrático lobo bur-
sátil que exclama con el Emperador Romano: Non olet y agre-
ga con la sapientisima estrella Bamberger: “Las masas tienen
que hacerlo”. Esta es “en su mayor sencillez”, la ‘‘democra-
cią? del astro sapientisimo.

CARLOS MARX

Hace poco, “astro sapientisimo Bamberger”” volvió a ha-
cerse famoso bajo el título: “*¡Hurra, vamos a Italia!”. Du-
rante la campaña por la Constitución del Reich atendía al
nombre de: “¡Ay, es de Kirchheimboland!” El astro sapien-
tísimo Bamberger, evadido de Kirchheimboland, y que llevó
de las narices al cuerpo de voluntarios del Palatinado del Rhin,
sobre cuyas heroicidades se me confió un delicioso manuscrito,
era demasiado inteligente como para no sospechar que el hin-
chado barro impregnado de sangre del decembrismo, contenía
oro para los inteligentes buscadores de tesoros. Por consiguien-
te se dirigió a París, en donde, como dice tan bellamente su
amigo Isidoro, ““azul berlinés”, alias H. B. Oppenheim, “uno
se siente mas libre aún de lo que sabe”. Astro sapientisimo,
para quien en 1858 “comenzó a interrumpirse la circulación”,
— véase el informe de la Banque de France sobre la acumula-
ción de 1858-1859 — se sintió encantado cuando de pronto
el sucio barro del decembrismo comenzó a brillar con los cla-
ros colores de las ideas altisónantes. El tan inteligente como
reluciente Astro Sapientisimo comprendió que un diluvio sobre
el barro parisiense del decembrismo, también habría de anegar
el “Haber” de su Libro Mayor, dejando en pie únicamente el
“Debe”. Como se sabe, Astro Sapientisimo Bamberger agregó
a las nueve musas helénicas, una décima musa hebrea, la “mu-
sa del tiempo” como acostumbra llamarla el boletín de la
Bolsa.

Volvamos a Abel. El estilo de Abel está impregnado del
odor specificus, imprescindible para el Daily Telegraph, la pa-
piracea cloaca principal de la Metrópoli mundial. Cuando Le-
vy se siente muy conmovido por el perfume que emana la
correspondencia de Abel, por la sabiduría de Abel y la afanosi-
dad industrial con que Abel escribe simultáneamente en veinte
grados de. latitud distinta... en esos instantes de suprema emo-

HERR VOGT

ción, Levy llama cariñosamente a Abel su... “industrious
LEZ

boy”.
Ya la justicia poética exige al final de la comedia que la
“naturaleza redondeada” no quede empantanada con Abel, en
el fango londinense; pero ¿quién habría de sacarla del barro?
¿Quién será el liberador? El salvador será don cagaceite, vale
decir, el Conde VON VINKE, hidalgo de la roja tierra, caba-
Ilero de la alegre figura, chevalier sans peur et sans reproche 13,
Según lo anteriormente manifestado ya en 1848 el Neue
Rheinische Zeitung había revelado a los enemigos Vogt y Vin-
ke y el mismo Vogt ya los intuyó en 1859 cuando escribia
en sus Ensayos: “¡El señor von Vinke, apóstol de la nueva
libertad estatal!. .. Realmente esto es algo que raya en el te-
rreno de lo ridículo” — lug. cit., pág. 21 — o sea, en el de
Vogt. Sin embargo el 1 de marzo de 1860, Vinke pronunció
abiertamente la palabra reconciliadora, al “ilustrar — [como
dice Juan Felipe Becker] — la modesta cámara prusiana, acer-
ca de la Banda de Azufre”. Además un año antes, había re-
comendado a esa misma casa el panfleto intitulado “El Po y
el Rhin”, cuyo origen infernal lógicamente no había podido
olfatear por faltarle la nariz de Levy. Y cuando Vinke, como
Vogt, hasta comenzó a hacerse el italiano, Vinke, como Vogt,
insultó a los polacos, y Vinke, como Vogt también proclamó
la división de Alemania, entonces aquellos hermanos hostiles
acabaron por abrazarse y reconciliarse definitivamente.

Es sabido que dos polos iguales se rechazan irremisiblemen-
te. Y es así como Vogt y Vinke se rechazaron durante mucho
tiempo. Ambos sufren de verborrea, debido a que cada uno
de ellos cree que el otro no le dejará tomar la palabra.

13. Caballero sin miedo y sin tacha.

CARLOS MARX

Según lo atestigua Ranickel, Vogt es un gran zoólogo y así
lo es también Vinke, según lo demuestra... su criadero de
cerdos instalado en Ickern.

En el teatro español, por cada héroe hay dos bufones. Has-
ta Calderón provee a San Cipriano, el Fausto español, de un
Moscón y un Clarín. Así también en el parlamento de Franc-
fort, el general reaccionario disponía de los ayudantes cómicos:
el arlequín Lichnowsky y el payaso Vinke. Vogt, en cambio,
el liberal payaso contrario, tenía que hacerlo todo solo, lo que
necesariamente contribuía a su rencor a Vinke, ya que Jaques
Benedey únicamente se hacía cargo del emotivo papel de Pan-
talon. De tarde en tarde a Vinke le agradaba sacarse el gorro de
cascabeles. Así declara en la Asamblea Parlamentaria del 21 de
junio de 1848: que “por momentos cree encontrarse más bien
en un teatro, que en una asamblea semejante”. Y en una so-
lemne reunión de los turistas parlamentarios de Francfort, hi-
zo el papel de Principe de Thoren, cantando sentado sobre un
barril:

Soy el duque de Thoren
Elegido entre los borrachos.

También esto molestó a su contrincante. Para colmo Vogt
y Vinke no podían asustarse mutuamente, por lo que consi-
deraron que lo más razonable era atacarse. Falstaff Vogt sa-
bía qué era lo que él tenía de caballero sin miedo y sin tacha
y viceversa. En su época, el boyardo westfalés había estudiado
derecho en las Universidades alemanas, a excepción del Corpus
Juri romano, pues, así afirmaba, no en vano los antepasados
de la roja tierra habían vencido a Varus. Con tanto mayor
empeño se dedicaba en cambio al derecho teutón o sea, a los
comicios estudiantiles, cuyo terreno recorrió en todas las di-
mensiones y al que más tarde habría de hacer famoso bajo el

HERR VOGT

nombre de “terreno juridico’’. À consecuencia de este examen
profundamente casuítico del comicio estudiantil, más adelan-
te tropezó también en cada duelo con algún pelo dunscótico
que en el momento decisivo se interponía tan sutilmente entre
el caballero y el derramamiento de sangre, como la espada
desenvainada en el lecho de la princesa y el locum tenens. Esta
sutileza siempre se interponía con la regularidad de una fie-
bre periódica, a partir de la aventura en que intervino el ase-
sor de la cámara de justicia, Benda, en la época que medió
entre el congreso unificado de 1847, y el no menos comenta-
do episodio con el ministro de guerra prusiano, que tuvo lu-
gar en la cámara de diputados en el año 1860. Ya se vé cuán
injustamente se le recriminaba hace poco al hidalgo, el haber
perdido su terreno judicial. No es culpa suya, si su terreno ju-
dicial se compone únicamente de trampas. En cambio y debido
a. que el comicio estudiantil sólo sirve para el superior debate
judicial, el espiritual hidalgo lo sustituye en la cotidiana prác-
tica parlamentaria con el... comicio de madera.

Cierta vez en el estanque de ranas de Francfort, Vinke in-
sultó enojadisimo a su contrincante, llamándolo “el ministro
del futuro”. Apenas se enteró en Ickern de que Vogt, recor-
dando aquel dicho:

Ocupándote de algún carguito,
Todo el año te llamarás señor.

no sólo se había convertido en Regente Imperial, sino tam-
bién en ministro de relaciones exteriores in partibus, un estre-
mecimiento se apoderó de todos sus miembros y protestó
gruñendo, por ciertas y determinadas pretensiones a ascensos
presidenciales. Pues ya en el Congreso unificado de 1847, Vin-
ke se había opuesto al ministerio como frondeur y representante

CARLOS MARX

aristocrático de la oposición burguesa. Al estallar la revolu-
ción de marzo, creyó que por eso él era entre todos el elegido
para salvar la corona. Sin embargo sus rivales se convirtieron
en los ministros del presente, mientras él recibía.un puesto de
“Ministro del Futuro” cargo este que hasta la fecha invistió
con éxito ininterrumpido.

Por vergüenza sacudió de sus zapatos el polvo de Berlín,
dirigiéndose a Francfort para ocupar en la Iglesia de San Pa-
blo un lugar en las bancas de la extrema derecha y actuar allí
como payaso, claqueur y Bully del General Radowitz.

Este pinzón **— Finke — era un austriacófilo fanático,
mientras encontraba el | aplauso de la autoridad. Protestaba co-
mo alucinado contra las Nacionalidades. “En las izquierdas se
aboga por toda clase de nacionalidades, italianos, polacos y
ahora, para colmo, también magiares” (Sesión del 23 de oc-
tubre de 1848). Los tres caballeros Vinke, Lichnowsky y Ar-
min, ejecutaban con tal virtuosismo aquel trío musical que
dice:

. «  brama el toro, muge la vaca,
y el borrico en voz de bajo los acompaña,

en su oposición a los oradores partidarios de Polonia — sesión
del 5 de junio de 1848 —, que hasta a la campanilla del pre-
sidente se le cortó el aliento y cuando Radowitz llegó a recla-
mar en forma militarmente lógica el Mincio para el Imperio
Alemán — sesión del 15 de agosto de 1848 — Vinke, para
diversión de toda la galería y con la secreta admiración de
Vogt, se paró cabeza abajo para telegrafiar su aplauso con las
piernas, Claqueur principal de las resoluciones, con lo que el
estanque de ranas francfortés imprimió su sello de voluntad

14. Juego de palabras intraducible (N. del t.).

HERR VOGT

popular alemana al sometimiento de Polonia, Hungría e Ita-
lia, el hidalgo de la tierra roja chillaba más alegremente aun
cuando fué preciso sacrificar las pretensiones de la Nación ale-
mana, debido al armisticio de Malmö. Para asegurarse la ma-
yoría de votos a favor de la ratificación de dicho. armisticio,
los espectadores diplomáticos y no diplomáticos de las galerías
se escurrieron en las bancas de la derecha. El engaño fué des-
cubierto y Raveaux insistió en que se procediera a una nueva
votación. Como es natural el pinzón — Finke — se opuso,
afirmando que no interesaba quién votaba sino qué era lo que
se votaba (Sesión del 16 de septiembre de 1848). Durante
la insurrección de septiembre ocurrida en Francfort y origina-
da por la resolución tomada con respecto al armisticio de Mal.
mö, el boyardo westfalés desapareció sin dejar rastros, para,
después de proclamado el estado de sitio, vengarse del susto
recibido del que ya nadie podría indemnizarlo, dando furibun-
dos revolcones reaccionarios.

No satisfecho de martillear con su lengua sobre los polacos,
húngaros e italianos, propuso el Gran Duque Juan de Austria
para el cargo de presidente de la provisional potencia central
— sesión del 21 de junio de 1848 —, aun cuando con la
sumisa condición de que la ejecutoria habsburguesa del parla-
mento alemán, cuyas resoluciones plebeyas no habrían de eje-
cutarse ni publicarse, ni tampoco ocuparse de ellas. Saltó en-
furecido cuando sus propios compañeros mayoritarios, aun-
que más no fuera que para cambiar, votaron para que el ad-
ministrador del Reich por lo menos se aviniera a llegar 2 un
previo acuerdo con el parlamento, en los casos en que se tra-
taba de guerra, de paz o de convenios con potencias extran- '
jeras (Sesión del 30 de junio de 1848). Y la grande y calu-
rosa discusión en la que el pinzón — Finke — trataba de
obtener a gritos del parlamento alemán, del ministro Impe-

CARLOS MARX a
A SN. a
rial Schmerling y demás compinches un voto de confianza co-
mo premio por su complicidad y la del administrador del
Reich, en la sangrienta e infame traición a Viena — sesión
del 24 de octubre de 1848 — rebatió victoriosa la difama-
ción de Fischard:

Oh, qué bocas resfriadas
Son las bocas Westafalias.

De esta suerte Vinke fué habsburgués por buena vecindad
hasta que en el Sahara parlamentario apareció la Fata Morga- .
na de la pequeña Alemania-y el hidalgo vió en ella una cartera
ministerial de tamaño natural que llevaba un guimbalete bajo
el brazo. Debido a que las paredes de la Iglesia de San Pablo
tenían unas orejas extremadamente largas, le cupo esperar que
el alboroto de francforteses, de sus explosivas protestas de leal-
tad a los Hohenzollern y a la dinastía, habrían sido amisto-
samente recibidas en Berlín. ¿Acaso en la repleta Iglesia de
San Pablo no había declarado el 21 de junio: “Mis electores
me enviaron hasta aquí, no sólo para representar los derechos
del pueblo, sino también para defender los de los soberanos.
-Aún hoy me place recordar las palabras del Gran Elector de
Brandenburgo, que otrora intituló a los habitantes de la Mar-
ca de “mis súbditos más leales y obedientes”. Y nosotros, los
de la Marca, nos enorgullecemos de ello”. Y el boyardo de la
Marca pasó del dicho al hecho en aquella famosa batalla de
tribunas, a la que debe sus espolones de caballero (Sesiones
del 7 y 8 de agosto de 1848). Cuando Brentano, en ocasión
de solicitarse la amnistía para Federico Hecker se permitió pro-
nunciar algunas insinuaciones ambiguas referentes a un príncipe
de Hohenzollern, el pinzón — [Finke] — fué presa de un ata-
que de rabiosa lealtad. Saltando de su asiento y lanzándose sobre

HERR VOGT

el señor Brentano, trató de arrancarlo de la tribuna exclaman-
do: “¡Baja de ahí, perro!” Pero Brentano conservó su lugar.
Algo después, lógicamente luego de haber meditado seriamen-
te sobre las posibilidades que ofrece un terreno jurídico, el
hidalgo le lanzó el guante caballeresco, que fué recogido por
Brentano con estas palabras: “Afuera, frente a la Iglesia pue-
de usted decirme todo lo que le venga en gana. De aquí y aho-
ra mismo usted me permitirá retirarme. De lo contrario lo
abofetearé”. À consecuencia de esto el hidalgo echó mano a su
carcaj verbal, lanzando aún unos cuantos “perros” y “sotre-
tas” sobre las izquierdas, hasta que finalmente Reichhardt le
gritó: “¡Von Vinke, es usted un marrano!” (Sesión del 8 de
agosto de 1848). El pinzón — [Finke} — trató de desviar el
debate sobre el conflicto entre el ministerio brandenburgués y
la Asamblea de delegados de Berlín, proponiendo sencillamen-
te que se pasara a leer la orden del día. “A partir de la vic-
toriosa entrada de Wrangel en Berlín — [así dijo] — se hizo
la calma, subieron los valores... La Asamblea berlinesa no
tiene derecho a publicar proclamas dirigidas al pueblo, etc., etc.”
Apenas los delegados se hubieron dispersado, cuando ya el ca-
ballero sin miedo y sin tacha los atacó con tanta mayor cruel-
dad que antes. “Para ser una república — [aullaba en la se-
sión del 15 de diciembre de 1848] — nos falta preparación
política; esto nos lo demostraron los representantes de la ex-
asamblea berlinesa, al tomar resoluciones nacidas de bajas
ambiciones personales”. La tempestad que se desencadenó a con-
secuencia de estas palabras fué aplacada por él con la declara-
ción de que “estaba dispuesto a hacer valer su opinión en
forma caballeresca ante cualquier persona”, pero el cauteloso
caballero añadió también que “no se refería a miembros de
esa Asamblea, sino a los de la dispersada Asamblea berlinesa”.

>

CARLOS MARX

Aguerrido hasta este punto fué el grito de guerra que el bo-
yardo de la Marca lanzó contra todo un ejército de dispersos
delegados. Uno de éstos escuchó el llamado, se recobró y, en
efecto, llegó a la hazaña de condenar al hidalgo de la roja
tierra, a concurrir al campo de batalla junto a Eisenach. El
derramamiento de sangre parecía inevitable, cuando en el ins-
tante decisivo, el boyardo husmeó la presencia de una rata
dunscótica. Su rival se llamaba Jorge Jung y las leyes del ho-
nor mandaban que el caballero sin miedo y sin tacha luchara
con el dragón, pero en modo alguno, si se trataba de un tocayo
del caballero que mató al dragón. El pinzón no dejó que se
le sacara esta idea fija de la cabeza. Prefería jurar por todos
los santos, abrirse la barriga como un Damio japonés, a torcer
un solo pelo de un hombre que se llamaba Jorge y para colmo
resultaba demasiado joven para batirse en un duelo. Con sin
igual encono, este decidido duelista se enfurecía y atacaba
entretanto en la Iglesia de San Pablo, a las personas antiguber-
namentales que se encontraban encerradas en la cárcel de Múns-
ter (Sesión del 8 de diciembre de 1848). Así como no recha-
zaba el menor detalle para agradar a las autoridades, su afán
de lealtad se superaba en gigantescos esfuerzos a favor de la
organización de una pequeña Alemania, y de una gran corona
prusiana. Warwick, el hacedor de reyes, era un niño compara-
do con Vinke, el hacedor de Emperadores.

El boyardo de la Marca creyó que ya había reunido sufi-
cientes brasas sobre la cabeza de la ingratitud de 1848. Al
caer el ministerio de la acción, Vinke desapareció por un tiem-
po de la Iglesia de San Pablo, manteniéndose en disponibili-
dad. Lo mismo al caer el ministerio de Pfuel. Pero como evi-
dentemente la montaña no llegaba a Mahoma, Mahoma
resolvió ir hasta la montaña. Votado en una de las putrefactas
ciudades, el caballero de la roja tierra reapareció repentinamen-

pu tn V8 PRÉ rn

HERR VOGT

te en Berlin en calidad de diputado de la camara impuesta,
pletórico del gran afán de recibir el premio que le esperaba en
pago a las hazañas realizadas en Francfort. Por lo demás el
caballero se sentía muy bien en ese estado de sitio, que no ha-
bría de negarle la libertad antiparlamentaria. La silbatina y
las exclamaciones con que lo festejó el pueblo berlinés mientras
esperaba frente al palacio, junto con los demás diputados im-
puestos, el que se les recibiera en el Salón Blanco, fueron re-
cogidos y escuchados ávidamente por él con ambos oídos, pues-
to que Manteuffel había insinuado en forma suave, que para
premiar ciertos méritos, con tal de encontrarse vacante una de-
terminada cartera ministerial, en las esferas superiores se ten-
día a aceptar de manos de los hacedores de Emperadores de
Francfort, la corona de la pequeña Alemania. Alucinado por
esta dulce esperanza, el pinzón trató ante todo de ser útil co-
mo dirty boy del gabinete. De acuerdo a lo prescripto por el
Kreuzzeitung, bosquejó, en primer lugar, el rótulo para la
corona, gritó contra la amnistía, aceptó la constitución impues-
ta, bien que con la condición especial de que fuera nuevamen-
te revisada y pulida por una “vigorosa potencia estatal”, in-
sultó a los diputados izquierdistas atacados de la enfermedad
del sitio, etc., y esperó la llegada de su triunfo.

Se acercaba la catástrofe; la diputación Imperial de Franc-
fort había legado a Berlín y el 2 de agosto de 1849 Vinke
expuso una enmienda del bosquejo Imperial, por el que Man-
teuffel había votado con toda inocencia. Inmediatamente des-
pués de levantada la sesión Vinke corrió a grandes saltos hasta
un negocio de ropavejero vecino, para comprar un portafolio,
un portafolio de negras tapas de cartón, forro de terciopelo
colorado y bordes dorados. Contentísimo y con triunfal y
faunesca sonrisa en los labios, el caballero de la alegre figura
fué a ocupar a la mañana siguiente su asiento de la cámara

CARLOS MARX

central pero... “¡Nunca! ¡Nunca! ¡Nunca!” fué lo que oyó;
la boca de Manteuffel se contrajo en una mueca de sorna y el
hidalgo sin miedo, lívidos los labios, temblando, como una
anguila eléctrica por la íntima emoción que lo embargaba, le
espetó salvajemente a sus amigos: “¡Detenedme si no queréis
que ocurra una desgracia!” Para detenerlo el Kreuzzeitung,
cuyas instrucciones hacía meses Vinke venía cumpliendo cui-
dadosamente y cuyo bosquejo para el rótulo de la cámara había
apadrinado, publicaba al día siguiente bajo el título: “La Pa-
tria está en peligro”, un artículo en el que se decía que “el
Ministerio continúa y el rey responde al señor von Vinke y
compañía, que no se ocupen de lo que nada les importa”. Y el
estafado caballero sans peur et sans reproche, se marchó de
Berlín con rumbo a Ickern con unas narices más largas que las
que jamás lució Levy y las que sencillamente no puede hacerse
más que a alguien que no sea... ¡Uri ministro del futuro!

Después de haberse agriado durante muchos años ejerciendo
la zoología práctica, el Cincinato de la tierra roja despertó
cierta hermosa mañana en Berlín como jefe oficial de la opo-
sición de la cámara de diputados prusiana. Puesto que en Franc-
fort le fué tan mal con sus discursos derechistas, se dedicó aho-
ra a pronunciar discursos izquierdistas en Berlín. No fué posible
saber con certeza si representaba a la oposición de la confianza
oa la confianza de la oposición. Lo cierto es que continuó ex-
cediéndose en el desempeño de su cargo. Muy pronto se había
hecho tan indispensable para el gabinete en las bancas oposito-
rías, que se acabó por prohibirle que jamás las abandonara. Y
es así como el hidalgo de la tierra roja continuó siendo...
ministro del futuro.

En estas circunstancias el pinzón se hartó del asunto y ce-
rró su famoso trato de Ickern. Vogt se lo declaró por escrito:
apenas Plon-Plon conquiste la primera isla parlamentaria de

HERR VOGT

Barataria en tierra alemana, la plebe schoppenheimiense 15, y
designe para regente a su Falstaff, Vogt nombraria primer mi-
nistro al boyardo, westafalés, invistiéndolo con la más alta
justicia vindicativa en todos los conflictos relacionados con
desafíos, ascendiéndolo además a legítimo constructor secreto
general del Oberweg 15, pasándolo a la jerarquía de soberano
con el titulo de principe de Thoran, permitiéndole finalmente
que grabara en la lata 17 que sin duda circularía en la prisión
— Vogtei — insular, en sustitución del dinero, una pareja de
mellizos siameses: a la derecha Vogt en calidad de regente de
Plon-Plon, a la izquierda, Vinke como ministro de Vogt, y
encuadrando la voluminosa imagen doble, rodeada de racimos
de uva y hojas de parra, la inscripción:

Boca sobre boca contigo,
Desafiaré a mi siglo,

15. Schoppen, significa chop. Schoppenheimer, significa pues ‘‘be-
bedor de chops’’. Es decir que Marx acusa a Vogt de ser un gran bebe-
dor (N. del t.).

16. Véase el opúsculo: Otra caracterización del delegado liberal von
Vinke y la edificante historia de la construcción de la carretera entre Sprach-
vögel y Elberfeld.

17. Blech, significa lata, y en sentido figurado propósitos sin valor,

futilidades (N. del t.). :

CAPÍTULO XI

UN PROCESO

A fines de enero de 1860 llegaron a Londres dos números
del Berliner Nationalzeitung — [Diario Nacional de Berlin]
— en los que aparecían dos artículos de fondo, el primero in-
titulado “Carlos Vogt y el Allgemeine Zeitung” — N? 37 del
Nationalzeitung y el segundo, “Cómo se hacen panfletos ra-
dicales”” —- N° 41 del Nationalzeitung. Con títulos diversos
F. ZABEL publicaba una edición del Libro Mayor de Vogt,
colaboraba in usum delphini. Recién mucho después de esta
última llegó a Londres. De inmediato resolví instruir un juicio
por calumnia al señor F. ZABEL de Berlín.

Los innumerables insultos aparecidos contra mí durante
los diez últimos años en la prensa alemana y germano-austria-
ca, tan solo fueron respondidos por mi en casos muy aislados
y excepcionales, cuando en Colonia el proceso de los comu-
nistas. Opina que la prensa tiene el derecho de ofender a los
escritores, políticos, comediantes y demás hombres públicos.
Pero cuando consideraba que una de esas notas era digna de
ser tomada en cuenta, entonces cumplía con aquel lema que
dice: Contre corsaire, corsaire et demi}.

1. Contra corsario, corsario y medio (N. del t.).

= CARLOS MARX

Aqui la situación era otra. ZABEL me acusaba de una serie
de acciones criminales e infamantes, y esto, ante un público por
demás inclinado a creer en los prejuicios políticos, las mons-
truosidades mas absurdas y que por otra parte, debido a que
hacia 11 años que yo faltaba de Alemania, carecía de todo
punto de referencia para poder juzgarme. Aparte de todas las
consideraciones políticas, también le debía a mi familia, a
mi esposa y a mis hijos, la satisfacción de someter a un
examen judicial las infamantes denuncias de Zabel.

Desde un principio la índole de mi denuncia excluía toda
posibilidad de que se produjera una comedia de equivocaciones
similares a la del proceso instruído por Vogt contra el Allge-
meine Zeitung. En el supuesto caso de que mi intención hubiera
sido apelar contra Vogt en los mismos tribunales de Fazy, que
ya habían sofocado una investigación con tal de beneficiar a
Vogt, lo cierto es que ciertos puntos de decisiva trascendencia
únicamente podían ventilarse en Prusia y no en Ginebra,
mientras, por lo contrario, la única denuncia de Zabel, cuyos
testimonios probablemente recurriría a Vogt, se fundaba en
supuestos escritos, los que Zabel podía presentar en Berlín con
la misma facilidad con que Vogt habría podido presentarlos
en Ginebra. Mi demanda contra Zabel constaba de los siguientes
puntos:

`

$ 1) En el artículo intitulado: ‘Carlos Vogt y el All-
gemeine Zeitung”, del N° 37 del Nationalzeitung del 22 de
enero de 1860, Zabel afirma:

“Vogt dice en la página 136: “Bajo el nombre de Banda
de Azufre o también de Bürstenheimer se conocía entre la emi-

gración de 1849 a un crecido número de personas que, en un

l
!

HERR VOGT

principio dispersas en Suiza, Francia e Inglaterra, acabaron
por reunirse paulatinamente en Londres, donde veneraban al
señor Marx como a su evidente cabecilla. El principio político
de estos sujetos era la “dictadura del proletariado” y con esta
promesa engañaron al principio, no sólo a los mejores de entre
los exilados, sino también a los obreros de las divisiones vo-
luntarias pertenecientes al cuerpo de Willich. Entre los exila-
dos continuaron la obra del Rheinische Zeitung — [Diario
Renano| —el que en en 1849 aconsejó no participar del
movimiento, del mismo modo como también atacaba constan-
temente a todos los miembros del parlamento, debido a que
el movimiento tenía un único objetivo: la conservación de
la Constitución del Reich. Tremenda era la disciplina que la
Banda de Azufre agitaba sobre las cabezas de sus adictos. Aquel
que de entre ellos procuraba, de una u otra manera, escalar una
posición más o menos burguesa, tratando en cierto modo de
independizarse, era considerado traidor a la revolución, cuyo
nuevo estallido podía esperarse de un momento a otro, revo-
lución que, por consiguiente, necesitaba movilizar a sus solda-
dos para poder enviarlos a la lucha. Desavenencias, desórdenes
y duelos eran el fruto de esta clase de vagabundos cuidadosa-
mente conservada, por medio de la siembra de rumores,
de correspondencias, etc. El uno sospechaba del otro de que
fuera espía y reaccionario y en todos cundía la desconfianza
hacia los demás compañeros. Una de las principales ocupa-
ciones de la Banda de Azufre consistía en comprometer a per-
sonas radicadas en la patria, de manera que éstas se viesen
obligadas a pagar para que la banda guardara en secreto su
compromiso. No una, sino centenares de cartas fueron en-
viadas a Alemania, en las que se decía que se denunciaría la
participación en éste o aquel acto revolucionario, en el supuesto
de que al cabo de un plazo determinado no llegara a una di-

CARLOS MARX

rección fija determinada, cierta cantidad de dinero. De acuerdo
al principio según el cual aquel que no está con nosotros, está
contra nosotros, todo el que se oponía a estas actividades, no
sólo era difamado entre los fugitivos, sino que también era
“arruinado” por medio de la prensa. Los proletarios llenaban
las columnas de la prensa reaccionaria en Alemania con sus
denuncias dirigidas contra aquellos demócratas, que no les”
rendían pleitesia, convirtiéndose en los aliados de la policía
secreta de Francia y Alemania. Para lograr una caracterización
más exacta, Vogt comunica una carta del teniente Techow,
fechada el 26 de agosto de 1850, en. la que son descritos
los principios, las actividades, las hostilidades, las federacio-
nes secretas de los ““proletarios”” que se atacan mutuamente y
en las que se vislumbra a Marx, agitando con el napoleónico
orgullo de su superioridad espiritual, su férula entre los com-
ponentes de la Banda de Azufre”.

Par facilitar la comprensión de lo que sigue, apuntaremos
de inmediato que Zabel, que en el pasaje copiado más arriba
simula que es Vogt quien “informa”, ahora hace desfilar en
su propio nombre para mayor ilustración de la Banda de
Azufre, uno tras otro el proceso de Cherval en París, el Pro-
ceso de los Comunistas de Colonia, el documento referente al
mismo publicado por mi el día de la revolución de Liebknecht
en Murten y su relación con el Allgemeine Zeitung, en la que
yo hice las veces de mediador; Ohly, “otro canal de la Banda
de Azufre” y, finalmente, la carta de Biscamp al Allgemeine
Zettung, fechada el 20 de octubre de 1859, para luego termi-
nar diciendo: ‘‘Ocho días después de Biscamp, también Marx
escribió al Allgemeine Zeitung, ofreciéndole un documento
Judicial que habría de servir como testimonio contra Vogt, de
quien acaso nos ocuparemos en otra oportunidad. Estas son las
correspondencias del Allgemeine Zeitung”.

HERR VOGT

De todo este primer editorial, únicamente, retengo para
verificar la causa, el pasaje copiado más abajo y en el que se
encuentran más exactamente las siguientes frases:

“Una de las ocupaciones principales de la Banda de Azufre
— comandada por Marx — consistía en comprometer a per-
sonas radicadas en la patria, de manera que se viesen obligadas
a pagar para que la Banda guardara en secreto su compromiso.
No una, sino centenares de cartas fueron enviadas a Alema-
nia, en la que se decía que se denunciaría la participación
en este o aquel acto revolucionario, en el supuesto caso de que
al cabo de un plazo determinado no llegara a una dirección
determinada cierta cantidad de dinero”.

Como es natural, exigí que Zabel demostrara la exactitud
de sus palabras. En la primera información destinada a mi
abogado, el señor consejero Weber, de Berlín, escribí que no
pretendía que Zabel me presentara “centenares de cartas de
extorsión”, ni siquiera una sola, sino únicamente algunas li-
neas, en las que algunos de mis notorios correligionarios se
habría hecho responsable de la infamia denunciada. Bastaría
con que Zabel se dirigiera a Vogt, quien a vuelta de correo
sin duda le remitiría docenas y más docenas de cartas extor-
sionadoras. Y en el caso de que Vogt no lograra hallar una
sola línea de aquellos centenares de cartas, por lo menos le
sería posible dar varios centenares de nombres de “personas
radicadas en la patria”? que habían sido perjudicados de la -
manera aludida. Puesto que esa gente se encuentra en “‘Ale-
mania”, sin duda resultan más asequibles para un tribunal
berlinés, que para uno ginebrino,

Por lo tanto mi protesta contra el primer editórial de
Zabel se limitaba a un único punto: el compromiso político
de gente residente en Alemania con el fin de extorsionarla y
sacarle dinero, Como respuesta simultánea a los demás datos

CARLOS MARX

de que consta su primer editorial, publiqué toda una serle
de hechos. En este caso yo no exigía la prueba de su exactitud,
tratando, en cambio, de probar su falsedad.

Con respecto a la Banda de Azufre, o también Bürstenhei-
mer, la carta de Juan Felipe Becker proporcionó suficientes
aclaraciones. En lo que me concierne al carácter de la Liga de
los comunistas y a la índole de mi participación en la misma,
era posible hacer concurrir como testigo a Berlín, a A. H.
Bürgers, de Colonia, uno de los condenados en el Proceso
de los Comunistas e interrogarlo durante el desarrollo de las
vistas judiciales. Además Federico Engels encontró entre sus
papeles una carta fechada en noviembre de 1852 y autenti-
ficada por los sellos de los correos de Londres y Manchester,
en la que yo le comunicaba la disolución de la Liga cumplida
a consecuencia de una indicación mía, como también los mo-
tivos que se hicieron valer para la resolución referente a dicha
disolución: que a partir de la prisión de los acusados de Co-
lonia, todas las comunicaciones con el continente habían que-
dado cortadas y que una asociación de propoganda semejante
ya ni siquiera era digna de su época. En lo que se refiere a la
desvergonzada alusión de Zabel a mis relaciones “con la poli-
cía secreta de Alemania y Francia, ésta en parte quedaba de-
mostrada con el Proceso de los Comunistas de Colonia y en
parte también, con el proceso de Cherval ventilado en París. A
este último me referiré más tarde. Con respecto al primero, en-
vié a mi defensor mis Revelaciones sobre el Proceso de los
Comunistas de Colonia, aparecidas en 1858, advirtiéndole ade-
más que se podía citar a Berlin al señor abogado Schneider II
para tomarle una declaración jurada sobre mi participación en
la revelación de las infamias policiales. A la afirmación de
Zabel que asegura que yo y mis correligionarios llenábamos
“las columnas de los diarios de la prensa reaccionaria alemana

HERR VOGT

con nuestras denuncias dirigidas contra aquellos demócratas”
que no nos “rendian pleitesia”, repuse, demostrando que nun-
ca, ni directa, ni indirectamente, había mantenido correspon-
dencia desde el extranjero con diarios alemanes, con la única
excepción del Neuen Oder Zeitung — [Nuevo Diario del
Oder]. — Mis colaboraciones publicadas en dicho periódico
y, en caso necesario, también el testimonio de uno de sus
redactores, el Dr. Elsner, demostrarían que yo nunca consideré
que valía la pena mencionar el nombre de uno solo de los
demócratas. En cuanto a la corresponsalia de Liebknecht para
el Allgemeine Zeitung, la misma comenzó en la primavera de
1855 o sea, tres años después de disolverse la Liga y, por cierto
sin contar con mi beneplácito previo, conteniendo por lo de-
más, según pueden confirmarlos las colecciones correspondientes
a esos años del Allgemeine Zeitung, informaciones relativas
a un punto de vista político sobre la política inglesa, aun
cuando en modo alguno figura en ellos una sola palabra sobre
los “demócratas”. Si durante su permanencia en Londres Liebk-
necht remitió al Allgameine Zeitung un panfleto aparecido en
dicha ciudad y dirigido contra el “demócrata” Vogt, lo cierto
es que estaba perfectamente en su derecho de hacerlo, puesto
que sabía que dicho panfleto había sido publicado por un
“demócrata”, al que el “demócrata” Vogt había invitado per-
sonalmente a colaborar en su propaganda “democrática”, vale
decir, que lo había reconocido como a un “demócrata” de
su propia catadura. À la broma de Zabel, según la cual éste
me hacia pasar por ‘‘corresponsal del Allgemeine Zeitung, se
respondió enérgicamente, presentando una carta que el señor
Orges — Suplemento 10 — me habia escrito pocos días antes
de iniciarse el proceso de Augsburgo y en la que, entre otras
cosas, ‘rata de justificar mis presuntos prejuicios “liberales”
contra el Allgemeine Zettung. Finalmente se desmoronó por sí

CARLOS MARX

misma la mentira de Zabel, que dice que “ocho días después
de Biscamp, también Marx escribía al Allgemeine Zeitung, ya
que la carta de Biscamp fechada el 20 de octubre de 1859 y
las breves líneas con que remití al señor Orges el “documento”
requerido, fueron presentados al tribunal del distrito de Augs-
burgo el 24 de octubre, y que, por lo tanto, no podian haber
sido escritas en Londres el 29 de ese mismo mes.

Pareció oportuno añadir al material comprobatorio des-

tinado a la justicia, algunos pocos documentos que irradiaran

al calumniador la misma luz grotesca e infamante, con que el
“demócrata Zabel” trata de iluminar mi posición en la emi-
gración y mis “maquinaciones” en el extranjero.

Viví en París desde 1843 hasta 1845, cuando me expulsó
Guizot. Como caracterización de mi posición en el partido
revolucionario francés durante mi permanencia en París, remití
‘a mi defensor una carta de Flocon, quien, en nombre del go-
bierno provisional de 1848 retira la orden de expulsión emi-
tida por Guizot, invitándome a regresar desde Bélgica a Fran-
cia (Suplemento 14). En Bruselas estuve desde principios
de 1845 hasta fines de febrero de 1848, época ésta en que
Rogier me expulsó de Bélgica. Posteriormente la municipalidad
de Bruselas depuso de su cargo al comisario que nos había
detenido, a mi esposa y a mí, en ocasión de dicha expulsión.
En Bruselas existía una Asociación Internacional Democrá-
tica, cuyo presidente honorario era el anciano general Mellinet,
el salvador de Antwerpen de los Holandeses. El presidente
era el abogado Jottrand, ex miembro del anterior gobierno
provisional belga; el vicepresidente por Polonia era Lelewel,
ex miembro del antiguo gobierno provisional polaco; el vice-
presidente por Francia era Imbert, gobernador de las Tullerías
después de la revolución de febrero de 1848 y como vice-
presidente por Alemania, actuaba yo, elegido en un mitin

i
i

HERR VOGT

público compuesto por los miembros de la Asociación Obrera
Alemana y toda la emigración alemana radicada en Bruselas.
Una carta que Jottrand me dirigió en la época de fundarse
el Neue Rheinische Zeitung — [Nuevo Diario Renano] —
(Jottrand pertenece a la llamada escuela republicana ameri-
cana, vale decir, a una tendencia que me es ajena) —, y además
algunas líneas indiferentes de mi amigo Lelewel, demuestran
claramente cuál era mi posición dentro del partido democrático
de Bruselas. Por consiguiente las agregué a los documentos
comprobatorios (Suplemento 14).

Después de haber sido expulsado de Prusia en la primavera
de 1849 y al finalizar el verano del mismo año, de Francia, me
dirigí a Londres, donde a partir de la disolución de la Liga
—— 1852 —y después de que la mayoría de mis amigos aban-
donaron la ciudad, me mantengo apartado de todas las Aso-
ciaciones secretas y públicas y hasta diría, de toda manifes-
tación social, aun cuando de tarde en tarde acostumbro ofrecer
gratuitamente, y con el permiso del “demócrata'* Zabel, con-
ferencias sobre economía política ante un núcleo selecto de
obreros. La Asociación Cultural de Obreros Alemanes que
funciona en Londres, de la que me dí de baja el 15 de marzo
de 1850, festejaba el 6 de febrero de 1860 el vigésimo ani-
versario de su fundación, con cuyo motivo me invitó y en
cuya oportunidad resolvió por unanimidad, “rechazar por
calumniosa” la acusación de Vogt que afirmaba, que yo había
“desvalijado” a los obreros alemanes en general y en especial, a
los obreros londinenses. El por aquel entonces presidente de
la Asociación Obrera, señor Múller, hizo que esta resolución
fuera legalizada el 1 de marzo de 1860 por la corte policial de
Bow Street. Aparte de este documento, yo mandé a mi abogado
una carta del abogado inglés y dirigente del partido cartista,
Ernest dones -— suplemento 14 —, en la que manifestaba su

/cartos MARX

indignación ante los “infamous articles” — [los artículos in-
famantes del Nationalzeitung} — de Ernest Jones — [nacido y
criado en Berlín, sabe más alemán que Zabel] — recordando en-
tre otras cosas, los largos años del partido cartista. Supongo que
se me permitirá mencionar aquí, que, al sesionar a fines de
1853 un parlamento obrero inglés en Manchester, Luis Blanc
y yo fuimos los únicos de entre todos los miembros de la
emigración londinense a quienes se honró con una invitación
como miembro honorario.

Finalmente, ya que Ehrenvogt — [gobernador de hon-
ras] — hace que yo “viva del sudor de los obreros” de quienes
jamás recibí ni exigí un sólo céntimo y el “demócrata” Zabel
hace que yo “comprometa hasta tal punto a personas residentes
en la patria”, que las mismas se ven obligadas ‘‘a pagar dinero
para que la Banda mantenga en secreto su compromiso”, rogué
al señor Charles A. Dana, el managing editor del New York
Tribune, el primer periódico americano, que cuenta con 200
mil abonados y por consiguiente tiene una difusión similar
al Commis Voyageur y al Órgano de la democracia de Zabel
-— que me hiciera llegar una declaración escrita sobre mis diez
años de colaboración pagada en el Tribune, la Ciclopaedia Ame-
ricana, etc. etc. Su carta, por demás honrosa para mí — ver
suplemento 14—, fué el último documento que creí nece-
sario entregar a mi abogado para mi defensa de la Vogt-Za-
bélica bomba de mal olor N? 1.

$ 2) En el editorial N° 2 de Zabel: “Cómo hacer pan-
fletos radicales”? (B? 41 del Nationalzeitung del 25 de enero
de 1860), puede leerse:

“De dónde provenían los dineros necesarios para mantener
este diario tan generosamente distribuido — [se refiere al Volk}

HERR VOGT

— lo sabrán los dioses; el que a Marx y Biscamp no les sobra
el dinero, lo saben los hombres”.

Observado aisladamente, este pasaje podría pasar por una
exclamación de asombro, como si, por ejemplo, se me ocurriera
decir: “Como cierto asimilador de grasas, al que en mis épocas
de estudiante conocía en Berlín como a un langostino, tanto
material como espiritualmente, — ahora podía ser el propietario
de un asilo para párvulos y sus actividades literarias anteriores
a la revolución de 1848, se limitaban a algunas colaboraciones
secretas, publicadas en algún oscuro diarucho humorístico. Có-
mo, decimos, dicho asimilador de grasas, pudo llegar a ser el
redactor en jefe del Nattonalzeitung, accionista del mismo y
“demócrata poseedor de dinero sobrante”, es algo que acaso lo
sepan los dioses. Los hombres, en cambio, que leyeron cierta
determinada novela de Balzac y estudiaron el período de Man-
teuffel, probablemente puedan sospecharlo”.

La manifestación de Zabel adquirió un sentido muy dis-
tinto y maligno, debido a que prosigue sus datos sobre mis
relaciones con la policía secreta de Francia y Alemania y mis
cartas policial-conspiratorias, extorsionadoras de dinero, su-
mándose directamente a la “Inmensa fabricación de falsos
billetes de banco” (a mencionarse en $ 3). Evidentemente lo
que quería era insinuar al Volk, valiéndome para ello de
recursos deshonestos.

Para la refutación judicial de Zabel, sirvió un afidavit
fechado en Manchester, el 3 de marzo de 1860, según el
cual todo el dinero transferido por mi al Volk, excepto una
parte alícuota que yo mismo pagaba, no como lo afirma
Vogt, proveniente “de la margen opuesta del Canal”, sino de
Manchester y, para colmo, de los bolsillos de mis amigos
(Véase “La Campaña de Augsburgo’’).

CARLOS MARX
TEL

$ 3) “Para caracterizar” las “Prácticas aplicadas por
el partido proletario A LAS ÓRDENES DE MARX”, en su edi-
torial N° IT nos cuenta F. Zabel:

“En 1852 se organizó de esta manera una conspiración
de la índole más vil, con fabricación en masa de falsos billetes
de banco — [ver detalles en la obra de Vogt] — dirigida contra
las Asociaciones Obreras de Suiza, etc”.

Así trabaja Zabel los datos dados por Vogt, referentes
a la aventura Cherval, convirtiéndome a mí en el instigador
moral y colaborador criminal de la “fabricación en masa de
papel moneda falso”. Mis materiales probatorios destinados a
refutar esta denuncia del “demócrata” Zabel, abarcaban todo
el período que media entre la entrada de Cherval en la Liga de
los Comunistas hasta su fuga de Ginebra, acaecida en 1854.
Un afidavit depuesto ante la corte de justicia policial de Bow
Street por Carlos Schapper el 1 de marzo de 1860, demostró
que la entrada de Cherval en la Liga de Londres tuvo lugar
anteriormente a la mía, que no había sido conmigo con quien
se puso en contacto desde París, donde reside a partir del ve-
rano de 1850 hasta la primavera de 1852, sino con la Liga
contraria a mí, dirigida por Schapper y Willich, entrando

después de su simulada fuga de la cárcel de St. Pélagie y de:

su regreso a Londres — primavera de 1852 — a formar
parte de la Asociación Cultural de Obreros Alemanes allí exis-
tente y a la que yo ya no pertenecía desde el mes de septiem-
bre, hasta que finalmente se le desenmascaró en la misma,
declarándosele infame y expulsándosele por lo tanto de la
organización. Además el abogado Schneider 11 podía ser in-
terrogado judicialmente en Colonía acerca de si provenían de
mí las revelaciones hechas sobre Cherval durante el proceso

HERR VOGT

de los comunistas celebrado en dicha ciudad, sus relaciones
con la policía prusiana en Londres, etc. Mis Revelaciones, pu-
blicadas en 1853, demostraron que una vez cerrado el pro-
ceso, yo lo había denunciado públicamente. Finalmente la car-
ta de Juan Felipe Becker informaba sobre el período ginebrino
de Cherval.

$ 4) Después de que el “demócrata” Zabel opinó en
su editorial N° II con lógica típicamente dunscótica sobre el
panfleto intitulado A modo de Advertencia dirigido contra
Vogt, haciendo que el testimonio de Vógele que yo había
enviado al Allgemeine Zeitung, sobre el orden del mismo, apa-
rezca todo lo sospecho posible, termina diciendo:

“El — [Blind] — evidentemente no es miembro del nú-
cleo más íntimo del partido de Marx. Se nos antoja que para
éste no habría de resultar excesivamente difícil, hacer de él
un sufrelotodo y, en el supuesto caso de que la denuncia contra
Vogt no careciera de fundamento, era necesario que la misma
recayera sobre una persona determinada que habría de res-
ponsabilizarse de ella. Por consiguiente el partido de Marx
podía atribuir la paternidad del panfleto ahora a Blind, pre-
cisamente debido a que éste, en una conversación con Marx
y en un artículo publicado en el Free Press, se había mani-
festado en un sentido similar; con el empleo de. estas manifes-
taciones y giros de Blind, fué posible forjar ese panfleto de
manera que apareciera como escrito por él... Cada cual podrá
ahora, según le venga en gana, que Marx o Blind fueron los
autores del mismo”, etc. i

Con esto Zabel me acusa de haber forjado en nombre de
Blind un documento — el panfleto A Modo de Advertencia

CARLOS MARX
— presentándolo luego como autor del panfleto por mi for-
jado, remitiendo al Allgemeine Zeitung un testimonio falso.
La refutación judicial de esas acusaciones del “demócrata”
Zabel resultó tan oportuna como simple. Se componía de la
anteriormente mencionada carta de Blind a Liebknecht, el ar-
tículo de Blind aparecido en el Free Press, los dos affidavit de
Vögele y de Wiehe — suplementos N° 12 y 13— y la co-
laboración impresa de M. D. Schaible.

Vogt, que como se sabe se burla en sus Ensayos del gobier-
no bávaro, inició a fines de agosto de 1859 un juicio contra
el Allgemeine Zeitung. Ya durante el próximo mes de sep-
tiembre, el Allgemeine Zeitung se vió obligado a solicitar su
exclusión de la vista pública del mismo, y a pesar de que esto
le fué concedido, la mismo tuvo lugar el 24 de octubre de
1859. Si era posible que algo semejante ocurriera en el oscuro
Estado de Baviera, qué no habría de esperarse del luminoso
Estado Prusiano, sin contar que en Berlín proverbialmente
“existen jueces”.

Mi abogado, el señor consejero de justicia Weber, redactó
mi acusación de la siguiente manera:

“El redactor del Nationalzeitung, Dr. Zabel, repetidamente
me ha hecho objeto de calumnia pública en los editoriales de
dicho diario, contenidos en los N° 37 y 41 del corriente
año, acusándome sobre todo de: 1) obtener y haber obtenido
dinero valiéndome de recursos deshonestos y criminales; 2)
de haber forjado el panfleto anónimo intitulado A Modo de
Advertencia y haber hecho pasar como su autor ante el All-

. gemeine Zeitung — contrariando con ello mi propia convic-
ción —a un tal Blind, tratando también de atestiguar esto con

HERR VOGT

un documento de cuyo contenido inexacto yo debería haber
estado enterado”.

El señor consejero de justicia eligió en primer lugar el
procedimiento de investigación. Es decir que denunció ante
el fiscal las calumnias de Zabel a fin de que se procediera
judicialmente contra éste. El 18 de abril de 1860 se tomó
la siguiente disposición:

“Devuélvase al señor Dr. Carlos Marx, por intermedio
del señor consejero de justicia Weber, por no haber interés
público alguno qu? motive mi intervención (Artículo XII de
la ley preliminar del Código Penal del 14 de abril de 1851).

El Fiscal del Real Tribunal Municipal.

Berlín, 18 de abril. ;
Firmado LIPPE”.

Mi defensor apeló al fiscal supremo y el 26 de abril de
1860 obtuvo una segunda disposición redactada en los tér-
minos siguientes:

“Al señor Real Consejero de Justicia Weber, en su calidad
de mandatario del señor Carlos Marx radicado en Londres. Se
le devuelven los documentos entregados en éste juzgado, acom-
pañando la queja del 20 de abril en el asunto de la denuncia
contra el señor Zabel, advirtiéndosele que la única conside-

. ración por la que el fiscal podría guiarse de acuerdo a la po-

sibilidad discrecional mencionada en el artículo XVI de la
ley preliminar del Código Penal, plantea la cuestión de si la
persecución es impulsada por algún interés público reconoci-

CARLOS MARX

ble. En el presente caso; de acuerdo con el Real Fiscal, debo
respondet negativamente a esta cuestión, por lo que rechazo su
queja.

Berlín, 26 de abril de 1860.

El fiscal supremo de la Real Cámara de Justicia.

Firmado SCHWARCK”,

Consideré perfectamente justificadas estas respuestas nega-
tivas del fiscal Lippe y del fiscal Schwarck. En todos los Es-
tados del mundo y por consiguiente también, en el Estado
prusiano, se entiende por intereses públicos los intereses gu-
bernamentales. “Algún evidente interés público”... No le
correspondía al gobierno prusiano perseguir al “demócrata”
Zabel por calumniarme a ini y eso no podía discutirse. Los
intereses estaban más bien del lado contrario. Además el fiscal
no posee lis atribuciones judiciales para juzgar; debe, aún
contrariando su convicción u opinión íntima, cumplir ciega-
mente las Órdenes impartidas por su superior que, en última
instancia, es el ministro de justicia. En efecto, estoy en un todo
de acuerdo con las respuestas de los señores Lippe y Schwarck,
aun cuando abrigo escrúpulos jurídicos ante la mención de
Lippe, del artículo XII de la ley preliminar del Código Penal
dei 14 de abril de 1851. En el código prusiano no figura
mención alguna que obligue a la fiscalía a determinar cuáles
son los motivos por los que desiste de hacer uso de sus atri-
buciones para intervenir en algún asunto, Tampoco el ar-
tículo XII citado por Lippe contiene una sola sílaba referente
a esto. ¿Para qué mencionarlo entonces? |

HERR VOGT

A continuación mi abogado acudió al recurso de proceso
civil y yo suspiré aliviado. Si bien el gobierno prusiano no
tenía menos interés en perseguir al señor E. Zabel, yo tenía
el mayor interés particular, en una autodefensa, Y esta vez
me presenté en mi propio nombre. No me importaba el resul-
tado del fallo con tal de que me fuera posible obligar a Zabel
a comparecer ante las barreras de un juzgado público. ¡Ima-
gínense mi asombro! Según se me informaba, no se trataba
aún de la iniciación judicial de mi demanda, sino de la ins-
trucción jurídica a la cuestión de saber sí en efecto me asistía
el derecho de demandar a F. Zabel.

De acuerdo al código penal prusiano — así se me informó
con el consiguiente espanto de mi parte — antes de que el juez
mande instruir la demanda, todo demandante debe exponer
su caso al juez, de manera que éste pueda decidir si en efecto
existe una razón para la demanda, Durante este previo examen
de las actas, el juez podrá exigir nuevos recursos probatorios, o
también, pasar por alto una parte de los testimonios ya pre-
sentados y considerar que no existe razón alguna para iniciar
la demanda Si le place conceder al demandado el derecho a
demandar, entonces el juez instruirá el sumario, comenzará
el procedimiento y la cuestión será decidida por un fallo. Pero
si el juez niega el derecho de demanda, entonces sencillamente
rechaza per decretum-— [por disposición] —al demandante.
Este procedimiento no sólo es propio del proceso por calum-
nia, sino también del proceso civil en general. Una demanda
por injuria, como cualquier otra demanda civil, podrá ser re-
chazada por medio de estas disposiciones oficiales y por con-
siguiente nunca quedará resuelta,

Se estará de acuerdo conmigo en aceptar que una legislación
que no reconoce el derecho de la demanda de la persona civil
en sus cuestiones privadas, desconoce aún las más elementales

CARLOS MARX

leyes de la sociedad burguesa. Por el lógico derecho de la per-
sona civil, independiente, el derecho judicial se convierte en
un privilegio que el Estado distribuye por intermedio de sus
gentiles funcionarios. En cada litigio judicial el Estado se
interpone entre el particular y la puerta del juzgado, que es
de su propiedad privada, y la abre o cierra de acuerdo a su
voluntad. Ese mismo juez que prejuzga sin haber interrogado
previamente al acusado, ni haber llevado a cabo un proce-
dimiento para comprobar si en efecto existe o no una razón
para la demanda, que acaso se pone de parte del demandante,
es decir, a favor de la justificación de la demanda; ese mismo
juez habrá de fallar equitativamente durante la real vista de
la causa entre el acusado y el acusador y, por consiguiente
habrá de juzgar su propio prejuicio. Por ejemplo: B. abofetea
a A. À no puede demandar al abofeteador antes de haber
obtenido la correspondiente licencia otorgada por el funcionario
judicial. A acusa a B por un terreno. B necesita de una con-
cesión momentánea para poder hacer valer judicialmente sus
derechos a la propiedad. Acaso la obtenga o no la obtenga.
B difama a A en la prensa oficial y en secreto acaso un fun-
cionario judicial “dispone” que A no puede perseguir a B...
Se comprenderá la monstruosidad que semejante procedimiento
puede llegar a significar en los procesos civiles. ¡Y no hablemos
de las difamaciones entre los partidos políticos por intermedio
de los, órganos de publicidad! En todos los países y hasta
también en Prusia, se sabe que los jueces son hombres como
todos. Si hasta uno de los vicepresidentes del Real Tribunal
Supremo prusiano, el señor Dr. Gótze declaró en la alta cá-
mara prusiana, que la jurisprudencia de Prusia se encontraba
en apuros debido a los trastornos de los años 1848, 1849 y
1850, debiendo pasar algún tiempo antes de que pudiera orien-
tarme un poco. ¿Quién garantiza al Dr. Gótze que no se equi-

HERR VOGT

voca en la duración del tiempo requerido para la orientación?
El que en Prusia el derecho de demandar a un difamador
depende, por ejemplo, de la momentánea “disposición”” de un
funcionario al que el gobierno, para colmo, puede castigarlo
por el llamado “incumplimiento de sus obligaciones”, hacién-
dolo objeto de reprimendas, multas, traslados obligatorios a
otra oficina y hasta con el desdoroso despido de su cargo ju-
dicial — ver las disposiciones preliminares del 10 de julio
de 1849 y la ley disciplinaria del 7 de mayo de 1851 — ¿có-
mo podré explicar, y hasta hacer que los ingleses me crean
esto?

Pretendo la publicación de un folleto inglés sobre mi casus
contra F. Zabel. Y Edmundo About, al escribir La Prusse en
1860, ¿qué no habría dado por saber que, en todo el territorio
de la monarquía prusiana, en parte alguna existe el derecho
de demanda, salvo en la provincia renana, “agraciada” con el
Code Napoleón? En todas partes los hombres deben sufrir
en los estrados de la justicia, pero son muy pocos los países
en los que se les prohibe demandar.

En estas circunstancias se comprenderá que mi proceso
contra Zabel ante los tribunales prusianos, necesariamente ha-
bría de convertirse en mi proceso con los tribunales prusianos
respecto a Zabel, Apártese ahora la mirada de la belleza teórica
de la delegación, para echar una ojeada a los encantos prácticos
de su aplicación.

_ El 8 de junio de 1860 el Real Tribunal Municipal de
' Berlin, publicó la siguiente “disposición”

“Disposición tomada con respecto a la demanda del 5 de

junio en asuntos de injuria: Marx contra Zabel. M. 38 de
1860”.

CARLOS MARX

“Se rechaza la demanda por falta de pruebas, debido a
que los dos editoriales incriminados, aparecidos en el Natto-
nalzeitung local, convierten en motivo de comentario la ac-
titud política del Allgemeine Zeitung de Augsburgo y la his-
toria del panfleto anónimo À modo de Advertencia y que las
manifestaciones y opiniones en ellos contenidas fueron hasta

cierto punto emitidas por el mismo demandante y NO CON-:

SISTEN EN SIMPLES CITAS DE OTRAS PERSONAS, no sobre-
pasando los limites permitidos por la critica; por consiguiente
y de acuerdo a lo establecido en el $ 154 del Código Penal,
puesto que del tono empleado en estas manifestaciones y dada
la índole de las circunstancias en que fueron emitidas, no se
desprende de las mismas el propósito de ofender, ellas no pue-
den ser consideradas punibles.

Berlín 8 de junio de 1860.

Fiscalía Real. Sección para asuntos criminales. Comisión
I para asuntos de injuria.

ARA

¡Quiere decir que la fiscalía me prohibe demandar a F.
Zabel y entretanto dispensa a Zabel del enfado de tener que
justificar sus calumnias públicas! ¿Y por qué? “¡Por falta
de pruebas!” La fiscalía se negaba a intervenir a mi favor
contra Zabel, debido a que no existía evidente interés oficial,
La justicia del Estado me prohibía proceder personalmente con-
tra Zabel, porque para ello faltaban motivos. ¿Y por qué
faltaban los motivos?

En primer lugar: “Porque los dos editoriales del Natio-
nalzeitung en cierto modo se refieren a la actitud política asu-
mida por el Allgemeine Zeitung”.

HERR VOGT

Como con sus embustes Zabel me convierte en “‘corres-
ponsal del Allgemeine Zeitung”, tiene derecho a hacer de mi
el burro de carga de su litigio de competencia con el Allgemeine
Zeitung ¡y yo ni siquiera tengo derecho a quejarme de esta
“disposición”” tomada por el poderoso Zabel! La Banda de
Azufre, los Bürstenheimer, el complot franco-alemán, el día
de la revolución de Murten, el Proceso de los Comunistas de
Colonia, la fabricación en Ginebra de falsos billetes de papel
moneda, la obra del Rheinischen Zeitung, etc. etc... Todo
esto, en cierto modo, se refiere a la actitud politica asumida
por el Allgemeine Zeitung.

En segundo lugar: “F. Zabel no se propone ofender”. ¡De
ninguna manera! El pobre tan sólo quería aniquilarme política
y moralmente con sus mentiras.

El “demócrata” Zabel, al afirmar en el Nationalzeitung
que he falsificado en cantidad los billetes de banco, que forjé
documentos en nombre de terceros, que comprometí políti-
camente a personas residentes en la patria a fin de extorsionarlas
y sacarles dinero, amenazándolas con denunciarlas, etc., es
evidente que, hablando en términos jurídicos, únicamente pudo
proponerse una de estas dos cosas: calumniarme o denunciar-
me. En el primero de los casos, Zabel es jurídicamente punible
y en el segundo, deberá proporcionar el testimonio de que dice
la verdad. ¿Qué pueden importarme las demás intenciones
privadas del “demócrata” Zabel?

Zabel calumnia, pero “sin abrigar la intención de ofen-
der”. Me corta la honra, del mismo modo como aquel turco le
cortaba la cabeza al griego sin proponerse lastimarlo,

La “intención” especifica de Zabel de “ofender” — ya
que al referirnos a las infamias que el “demócrata” F. Zabel
se empeña en atribuirme, habremos de hablar de “ofensas” e
“intenciones de ofender” — la malvada intención del bueno

CARLOS MARX

de Zabel, respira por todos los poros de sus editoriales N° I
y Ne II.

El Libro Mayor de Vogt, incluídos los suplementos, cuenta
nada menos que de 278 páginas. F. Zabel, acostumbrado to
draw out the thread of his verbosity finer than the stable
of his argument, el ampuloso F. Zabel, Dunce Zabel, logra
transcribir esas 278 páginas en aproximadamente cinco pe-
queñas columnas de diario, sin que se pierda una sola de las
calumnias dirigidas por Vogt contra mí y mi partido. De
los pasajes más sucios, F. Zabel nos brinda un ramillete de
flores y de los menos drásticos, un índice de su contenido.
F. Zabel, acostumbrado a. hacer 278 páginas de dos ideas
moleculares, condensa 278 páginas en dos artículos de fondo,
sin que en ese proceso se le pierda un solo átomo de ordinariez.
Ira facit poetam. ¡Cuán intensa debía ser la maldad para que
la hidrocefálica cabeza de Zabel fuera capaz de transformarla
en una prensa hidráulica de semejante poder comprimidor!

Por otra parte, la maldad le nubla la vista hasta el punto
de atribuirme un poder milagroso, un verdadero poder mila-
groso, con el único fin de poder insinuar una perversidad más.

Después que hubo comenzado en el primer artículo de
fondo con la descripción de la Banda de Azufre comandada
por mí, convirtiéndome, a Dios gracias, a mí y a mis correli-
gionarios, en “aliados de la policía secreta de Francia y Ale-
mania’, después de haber contado entre otras cosas, que “esa
gente” odiaba a Vogt, porque los enfrentaba y salvaba cons-
tantemente a Suiza, continúa diciendo: ‘‘Cuando el año pa-
sado Vogt elevó su demanda contra el Allgemeine Zeitung, a
éste se presenta por carta otro nuevo compinche residente en
Londres, Biskamp... De la manera más desvergonzada el re-
mitente ofrece su pluma al diario para cumplir al lado de
Liebknecht las funciones de un segundo corresponsal. Ocho

HERR VOGT

dias después de Biskamp, TAMBIÉN Marx se dirige al Allge-
meine Zeitung, ofreciendo “un documento judicial” que habría
de servir como testimonio contra Vogt, del que — ¿del docu-
mento o de Vogt? — acaso nos ocuparemos en otra oportu-
nidad”. Esta última promesa Zabel nos la hace el 22 de enero
y ya para el 25 del mismo mes la cumple en el N? 41 del
Nationalzeitung, en el que puede leerse: “Por lo tanto Blind
no quiere ser el autor del panfleto; en la carta de Biskamp
del 24 de octubre, dirigida al Allgemeine Zeitung... es men-
cionado como tal... Para centinuar sosteniendo que el autor
es Blind, Marx escribe al Allgemeine Zeitung el 29 de octubre”.

Por lo tanto no fué una, sino fueron dos las veces — la
primera el 22 de enero y luego la segunda, el 25 de enero —
que Zabel, después de haber dispuesto tres días para pensarlo,
me atribuye el poder milagroso de escribir en Londres el 29
de octubre una carta, de la que el juzgado del distrito de Augs-
burgo YA puede disponer el 24 de dicho mes y ambas veces
me atribuye el poder milagroso de escribir en Londres el 29
entre el “documento” por mí remitido al Allgemaine Zeitung
y la escandalosa carta de Biskamp, a fin de hacer aparecer la
mía como pedisequus de la de Biskamp. ¿Y no habría de ser
maldad, maldad malvada, la que hacía cue este F. Zabel se
volviera tan idiota de creer en milagros, mucho más idiota
aún de lo que establece la medida dunziana?

“Pero — [así continuaba “instruyendo” el juzgado el ar-
tículo de fondo N° II de Zabel] —, en cierto modo la historia
del panfleto anónimo “A Modo de Advertencia” es el objeto,
que motiva la discusión”. ¿Es el objeto? Debe decirse: es el
pretexto.

Etsele-Beisele, ocultos esta vez bajo el rubro de “amigos
de la patria”, según parece, remitieron en noviembre de 1859
una “carta abierta” a la Asociación Nacional, carta ésta que

CARLOS MARX

fué copiada y publicada por el reaccionario Neuen Hanno-
verschen Zeitung — [Nuevo Diario Hanoveriano] —. Esta
“carta abierta” lesionó la medida de la “democracia” Zabel, que
se equipara a su fiereza leonina contra la dinastía Habsbur-
guesa, a cambio de su humilde devoción a la dinastía Hohen-
zollern. El Neue Preussiche Zeitung aprovechó la ““carta abier-
ta” para hacer el poco original descubrimiento de que, una vez
iniciada la Democracia, ésta en modo alguno tendrá que ter-
minar necesariamente en... F. ZABEL y su “órgano de la
Democracia”. Zabel se enfureció y escribió el artículo de fondo
N° II: “Cómo se hacen panfletos radicales”. “Al invitar al
Kreuzzeitung — [Diario de la Cruz] — [así dice Zabel con
gravedad] —a revisar con nosotros la historia del panfleto
— FA Modo de Advertencia] — y las actas y acotaciones pro-
porcionadas por Vogt, abrigamos la esperanza de que final-
mente acabara por concedernos el que, no obstante, tuvimos
razón para decir ocho semanas atrás, que la carta dirigida a la
Asociación Nacional era para ellos y no para nosotros; que la
misma había sido escrita para sus columnas y no para las
nuestras. El “demócrata” Zabel, iniciado radicalmente en
el radicalismo de Vogt, desea dictar al Kreuzzeitung el secreto
de “Cómo se hacen panfletos Radicales” o, según lo mani-
festado por el juzgado, “convertir EN CIERTO MODO en el
objeto de la discusión, la historia del panfleto intitulado “A
Modo de Advertencia”. ¿Y cómo encara Zabel este asunto?

Comienza con la táctica del “partido de los “‘proletarios’’ a
las Órdenes de Marx”. En primer lugar nos cuenta cómo los
“proletarios a las Órdenes de Marx” mantienen correspondencia
desde Londres a espaldas, pero no obstante en nombre de una
asociación obrera, con asociaciones obreras extranjeras, “cuyo
perjuicio se pretendía”; cómo ponen en práctica ‘‘maquinacio-
nes”, la organización de la Liga secreta, etc., y finalmente,

HERR VOGT

cómo se mandan redactar “escritos”? que exponen a los asocia-
ciones cuyo perjuicio se pretende..., a las inevitables recla-
maciones por parte de la policía”. Para informar de esta manera
al Kreuzzeitung de “cómo se hacen panfletos radicales”, Zabel
demuestra en primer lugar cómo “‘el partido de los ‘‘proleta-
rios” a las órdenes de Marx” hace “correspondencias” y ‘'es-
critos” policiales que no son “panfletos”. Para contarnos
“cómo se hacen panfletos radicales” narra cómo los proletarios
“a las Órdenes de Marx” en 1852 fabricaban en Ginebra, ‘‘gran-
des cantidades de falso papel moneda’’ que tampoco son
“panfletos radicales”. Para contar “cómo se hacen panfletos
radicales’’, informa acerca de “cómo los proletarios a las ór-
denes de Marx” “mantobraban” en sentido anti-suizo y com-
prometedor para las asociaciones durante la celebracion de la
fiesta central en Lausana, realizada en 1859, lo que tampoco
son “panfletos radicales”; de cómo “Biskamp y Marx” lo-
graron la publicación del Volk con dineros “cuyo origen úni-
camente podían conocer los dioses”, lo que tampoco es un
“panfleto radical” sino un semanario y después de todo ésto,
incluye algunas palabras benévolas a favor de la casta pureza
de la agencia de propaganda vogtiana, la que tampoco es “un
panfleto radical”. De este modo llena dos de las tres columnas
y un cuarto del artículo intitulado “Cómo se hacen panfletos
radicales”. Por consiguiente para estos dos tercios del artículo,
la historia del panfleto anónimo sirve tan sólo como pretexto
para aplicar las infamias de Vogt que el “amigo” y cobandido
F. Zabel no ha podido aprovechar aún, bajo la rúbrica: “Ac-
titud politica del Allgemeine Zeitung”. Finalmente y a úl-

timo momento, Dunce I se refiere al arte de “hacer panfletos
radicales”, o sea a “la historia” del panfleto intitulado A Modo
de Advertencia.

CARLOS MARX

“Blind no quiere ser el autor del panfleto; por vez primera
es audazmente señalado como tal en la carta que Biskamp di-
rige el 20 de octubre al Allgemeine Zeitung: “Traté de obtener
el documento acompañante, debido a que Blind se negaba a
responsabilizarse de manifestaciones que había hecho frente a
mi y a otras personas”.

Por último Zabel también sospecha de este documento, de-
bido a que Liebknecht agrega... tan maravillosamente: “Que-
ríamos que el magistrado (¿?) — [estos interrogantes figu-
ran en el texto original de Zabel] — registrara nuestras fir-
mas”. ¡Como Zabel está definitivamente resuelto a no reco-
nocer, fuera del magistrado berlinés, a magistrado alguno. ..!
Más adelante ¡Zabel transcribe el contenido de la declaración
de Vögele, según la cual Blind remitió al Allgemeine Zeitung
los testimonios de Hollinger y Wiehe para demostrar que el
panfleto no fué impreso en la imprenta de Hollinger y por
consiguiente tampoco había sido redactado por Blind y con-
tinúa diciendo: “El 15 de noviembre Marx, siempre oportuno,
contesta a esto en el Allgemeine Zeitung”. Zabel enumera los
distintos pasajes de mi respuesta. Marx dice que... ADEMÁS
MARX INVOCA... Puesto que “además” no digo nada, ¿co-
munica Zabel como es natural a sus lectores todos los puntos
contenidos en mi respuesta? ¡No conocéis a vuestro Zabel!
Oculta, roba, estafa el pasaje más contundente de mi respues-
ta. En mi declaración del 15 de noviembre expongo varios
puntos que además están numerados. Por lo tanto:

“D... 2)... y finalmente... 3)”,... Casualmente la
copia — [del panfleto] — aparecida en el Volk —, fué sacada
de la composición tipográfica que aún se encontraba en la im-
prenta de Hollinger. Por lo tanto podría probarse judicialmen-
te y sin testigos, con la mera comparación del panfleto con su

HERR VOGT

copia aparecida en el Volk, que aquél había salido de la im-
prenta de F. Hollinger”. Zabel se dijo: Esto decide la cues-
tión. Mis lectores no deben enterarse de esto. Es así como es-
camotea la fuerza convincente de mi respuesta, para poder
cargar sobre mi conciencia una réplica dudosa. Es así como
Zabel cuenta la “historia del panfleto”, falsificándola dos. ve-
ces de intento, una de ellas en su faz cronológica y la otra en
lo referente al contenido de mi declaración del 15 de noviem-
bre. Su doble falsificación le allana el camino para llegar a la
conclusión de que yo había “forjado” el panfleto y, para col-
mo, de manera que tuviera toda la “apariencia de una fabrica-
ción” de Blind. En consecuencia yo había enviado con el
afidavit de Vógele, a sabiendas, un falso testimonio al Allge-
meine Zeitung. La acusación de forjar documentos con el pro-
pósito de endosárselos a una tercera persona, “no sobrepasa”,
según la opinión del juzgado berlinés, “los limites de la crí-
tica permitida”? y mucho menos aún hace pensar en el ‘‘pro-
pósito de ofender”.

Al final de su receta “Cómo se hacen panfletos radicales”,
Zabel recuerda repentinamente que aún no ha encontrado su
aplicación uno de los desvergonzados inventos de Vogt, y sin
pérdida de tiempo, agrega a su editorial N? II la siguiente no-
ta: “En 1850 el lobo parlamentario — [Parlaments Wolf —
alias Kassematten-Wolff — lobo de casamatas], redactó otro
despacho circular — [según Vogt cree recordar] —, dirigido
a los “proletarios” residentes en Alemania y el que símultánea-
mente se hizo llegar a las manos de la policía hannoveriana.
Con esta edificante anécdota policial referente a uno de los ex-
redactores del Neue Rheinische Zeitung — [Nuevo Diario
Renano} — el acumulador de grasas y demócrata Zabel se
despide sonriente de su público lector. Las palabras alías Kasse-
matten Wolff — [lobo de casamatas] — no son de Vogt, sino

CARLOS MARX

de F. Zabel. Sus lectores de Silesia debían saber que se trataba
de su compatriota W. Wolff, el antiguo colaborador del Neue
Rheinische Zeitung. ¡Con cuánto afán el bueno de Zabel se
preocupa por consignar hasta el último detalle de las relaciones
entre el Neue Rheinische Zeitung con la policía de Francia y
Alemania! Sus silesianos acaso podían creer que se trataba del
B. Wolff, de exclusiva propiedad de Zabel, su “natural supe- `
rior” que, como es sabido, telegrafiaba Historia Universal en
“acuerdo secreto” con los famosos fabricantes de telegramas
fraguados, Reuter, de Londres y Havea, de París. Segismundo
Engländer, el notorio agente secreto de policía, es, empero, el
alma de la agencia Reuter, vale decir, la unidad animada de la
trinidad B. Wolff-Reuter-Havas.

A pesar de ello y del propósito que anima al demócrata
Zabel de no ofender, el juzgado berlinés declara que en los dos
artículos de fondo firmados por éste se encuentran por cierto
“manifestaciones y afirmaciones” que “sobrepasan los lími-
tes de una crítica permitida” y que, por lo mismo, son “‘pu-
nibles'” y, por consiguiente, también resultan ser demandables.
¡Que me lo traigan a Zabel! ¡Alto ahí! — exclama el juzgado.
Las “manifestaciones y afirmaciones hechas en ambos edito-
riales — [agrega el juzgado] —en cuanto las mismas fueron
hechas por su propio autor — [Zabel] —y no CONSISTEN
EN SIMPLES CITAS PERTENECIENTES A OTRAS PERSONAS”.
no sobrepasan “los límites de una crítica permitida”, no
son “punibles” y por consiguiente Zabel no debe sufrir pe-
na alguna y tampoco debe 0 Set demandado y por lo tanto, “los
expedientes deberán ser archivados con costas del demandante”
Quiere decir, que la parte calumniadora de las “manifestacio-
nes y afirmaciones de Zabel” son SIMPLEMENTE CITAS”.
iVoyons...!

HERR VOGT

Se recordará que al principio de este capitulo digo que mi
demanda por calumnia contra Zabel se funda sobre cuatro pa-
sajes pertenecientes a sus dos editoriales. En el lugar en que se
refiere a las de que el Volk extrae sus dineros — sub 2) de los
motivos de demanda más arriba mencionados —el mismo Za-
bel no pretende contar y en efecto tampoco cita, pues:

Zabel (Nationalzeitung nú- Vogt (Libro Mayor, página
mero 41) 212).

“De dónde provenían los “El corresponsal perma-
dineros para la impresión de nente del Allgemeine Zeitung
ese periódico (Volk) tan ge- es colaborador de dicho perié-
nerosamente distribuído, lo dico (Volk) fundado con

sabrán los dioses; los hom-
bres, en cambio saben que a
Marx y Biskamp no les sobra
la plata”,

fondos de origen desconoci-
do, pues ni Biskamp ni Marx
poseen para esto — [ ¿será pa-
ra fundar un periódico con

fondos de origen desconoci-
do?] — los medios necesarios.

En el pasaje incriminado — más arriba $ 4) —, en el que
se me imputa el haber forjado un documento en nombre de
Blind, Zabel hasta declara textualmente que habla en su pro-
pio nombre y no en nombre de Vogt.

“Nos — [en su condición de soberano del reino de la
Dulness emplea lógicamente el pluralis majestatis} — “Nos
parece que para esto — [para el partido de Marx] — no re-
sultaba demasiado difícil convertirlo — [a Blind] — en el

burro de carga. .. con el empleo de estas declaraciones de Blind,
el panfleto pudo ser forjado, de manera que en un todo apa-

CARLOS MARX

rezca como de su exclusiva fabricación” (Nationalzeitung,
N° 41).

El tercer pasaje por mi incriminado — más arriba, $ 3),
— tengo que volver a citarlo integramente:

“De este modo en 1852 se enhebró una conspiración de la
más vil índole, con fabricación en cantidad de papel moneda
falso — [véanse más detalles en la obra de Vogt] — contra
las Asociaciones Obreras Suizas; conspiración ésta que habría
ocasionado a las autoridades suizas los mayores trastornos, de
no haber sido descubierta a tiempo”.

¿Es ésto SIMPLEMENTE UNA CITA como pretende afirmar
el juzgado, o en efecto, es cita? En parte, es plagio de Vogt,
pero en modo alguno es cita.

Por lo demás el mismo Zabel afirma que no cita, sino que
habla en nombre propio al advertir entre corchetes a su pú-
blico lector: [véase para más detalles la obra de Vogt]. ¡Y
ahora obsérvese este pasaje! En Ginebra se sabía que Cherval
recién llegó a la ciudad en la primavera de 1853 y que su
“conspiración” y fuga tuvo lugar en la primavera de 1854.
Por eso Vogt en Ginebra no se atreve a decir que la ‘‘conspi-
ración” había sido “enhebrada en... 1852”. Esta mentira se
la deja al bueno de Zabel que está en Berlín. Además Vogt
dice: “Ya el mismo Nugent — {Cherval} — habia grabado
varias planchas de piedra y de cobre para este fin — [la fabri-
cación de falsos billetes de banco] — etc? (Libro Mayor,
pág. 174). Quiere decir que ya se habían grabado varias plan-
chas de piedra y cobre para la falsificación de dinero; los
billetes de banco y las cédulas del tesoro no habían sido fa-
bricadas aún. Sin embargo, según Zabel, “la fabricación de
esos billetes de banco” ya fué realizada y, para colmo, “en can-

HERR VOGT

tidad”. Vogt dice que de acuerdo a los estatutos el ‘‘proposito-
to’ de la conspiración de Cherval había sido: “La lucha
contra el despotismo por medio de sus propios recursos, es decir,
con la fabricación en cantidad de billetes y cédulas falsas del
tesoro” (lug. cit.). Zabel olvida la lucha contra el despotismo
y se aferra a la “fabricación en cantidad de papel moneda
falso”. Quiere decir que, según Zabel, se trata simplemente
de un vil crimen de orden civil, que ni siquiera se redime ante
los miembros de la “federación secreta”? con el falso pretexto
de perseguir fines políticos. Y es de esta manera como en ge-
neral Zabel CITA el Libro Mayor. Fué preciso que Vogt hi-
ciera un “libro'” de sus historias cinegéticas. Para ello detalla,
teje, borronea, mancha, tiñe, ensucia, trabaja, desarrolla, em-
brolla, motiva, inventa, fa del cul trompeta y es así como el
alma falstafiana se trasluce a través de todos los hechos su-
puestos, que por su propio narración vuelve a disolver incons-
cientemente en su primitiva Nada. En cambio Zabel, que se
vió obligado a comprimir el libro en dos editoriales y que no
quería que se perdiera una sola canallada, calla todo, menos el
caput mortum de cada uno de los “hechos” supuestos, enhe-
bra uno tras otro todos estos resecos huesos calumniatorios
para luego comenzar a rezar este rosario con fariseico entu-
siasmo. |
Tómese, por ejemplo, el caso presente. Vogt ata los cabos
de su invención con mi primera revelación del hecho, de que
Cherval es sin duda un agente provocador policial, asalariado
por las distintas embajadas. Y entonces puede leerse entre otras
cosas: “Ya habían sido grabadas para este fin — [la falsifi-
cación de moneda] — por Nugent — [Cherval] — varias
planchas de piedra y de cobre; ya se había dispuesto cuales de
los crédulos miembros de la federación secreta deberían llevar
los paquetes que contenían estos falsos billetes de banco —

CARLOS MARX

[ni siquiera fabricados aún] — a Francia, Suiza y Alemania;
pero entretanto ya se habían producido también las correspon-
dientes denuncias a la policía, complicándose vergonzosamen-
te a las Asociaciones Obreras, etc.” (Libro Mayor, pág. 175).
Por lo visto Vogt hace que Cherval denuncie sus propias ope-
raciones a la policia, después de haber grabado únicamente
planchas de piedra y de cobre destinadas a la falsificación de
dinero y antes de que el fin perseguido por su conspiración
fuera alcanzado, que se dispusiera de un corpus delicti, o se
viera comprometida alguna otra persona que no fuera el mis-
mo Cherval, Pero a Cherval lo impulsa la inquietud de poder
“complicar de una u otra manera y en forma infamante, en
su conspiración a las Asociaciones Obreras”. Las embajadas
extranjeras que emplean a Cherval, resultan ser tan estúpidas
como éste y responden con idéntica premura a las preguntas de
carácter reservado de la policía federal, que en las Asociaciones
Obreras, etc., se están activando maquinaciones de orden po-
lítico”. Simultáneamente estos bobos de embajadores, que no
disponen de la paciencia suficiente para dejar que madure la
conspiración que Cherval ha urdido en cumplimiento a sus
órdenes, descubriendo a su propio agente con infantil e inútil
impaciencia, ponen gendarmes “en las fronteras” para que “en
el caso de que el asunto que ellos no dejaron madurar haya
madurado, reciban” a los emisarios de Cherval “y los billetes
de banco falsificados” cuya fabricación es impedida por ellos,
“y poder aprovechar luego todo aquel asunto para convertirlo
en una persecución general, en la que masas enteras de inocen-
tes habrán de pagar las culpas de unos pocos canallas”. Y si
ahora Vogt continúa manifestando que: “el plan de toda esta
conspiración había sido concebido de la manera más repugnan-
te”, nadie titubeará en darle la razón de que la misma había
sido proyectada en forma absurdamente tonta, y cuando ter-

if

HERR VOGT

mina diciendo jactancioso: “No niego haber contribuido CON
LO MÍO para hacer fracasar este asunto diabólico”, todos com-
prenderán el chiste y estallarán en señoras carcajadas ante aquel
diablo gracioso.

¡Pero comparemos ahora la frailuna versión de los anales
de Zabel! “De este modo, en 1852, se enhebró una conspira-
ción de la más vil indole, con fabricación de papel moneda
falso — [véanse más detalles en la obra de Vogt] —, contra
las Asociaciones Suizas, conspiración ésta que de no haber
sido descubierta a tiempo, habría ocasionado a las autoridades
suizas los mayores trastornos”. Aqui se ha mezclado en una
sola frase todo un cargamento de hechos tan insulsos como in-
famantes. “Conspiración de la indole más vil” munida de la
fecha 1852. “Fabricación en cantidad de papel moneda fal-
so”. Por consiguiente, un vulgar crimen civil. Perjudicación
premeditada de las Asociaciones Obreras Suizas. Por lo tanto,
traición al propio partido. Los “mayores trastornos” que aca-
so se ocasionarían a las “autoridades suizas”. En consecuen-
cia, agente provocador a favor de los déspotas continentales
contra la República Suiza. Finalmente: “Descubrimiento a
tiempo de la conspiración”. Aquí la crítica pierde todos los
puntos de apoyo que le brinda la exposición vogtiana, que-
dando los mismos escamoteados por completo. Es preciso creer
o no creer. Y de esta manera, Zabel elabora todo el Libro
Mayor, en lo que a mí y a mis correligionarios se refiere. Heinz
dice, y con razón, que no hay hombre más peligroso que un
asno cornudo.

Por último el cuarto pasaje por mí incriminado — $ 1 —,
con el que el editorial N° I inicia sus revelaciones sobre la
Banda de Azufre — y al que Zabel, por cierto, da. comienzo
con estas palabras: “Vogt informa en la página N° 136 y
subsiguientes”. Zabel no puntualiza si es que resume o cita,

CARLOS MARX

Se cuida muy mucho de emplear comillas. En efecto no cita.
Esto desde un principio estaba fuera de duda, puesto que Za-
bel reduce las páginas 136, 137, 138, 139, 140 y 141 del
Libro Mayor a 51 líneas, de aproximadamente 48 letras cada
una, no señalando espacios, acumulando en cambio estrecha-
mente las frases, como si fueran arenques holandeses, hallando
en esas 51 líneas el espacio suficiente para los productos de su
propia imaginación. Allí donde se encuentra con una frase
especialmente sucia, la recoge y la añade lo más intacta posible
a su fardo. Por lo demás mezcla los distintos pasajes extracta-
dos no presentándolos de acuerdo a su continuidad, es decir,
según la enumeración de las páginas del Libro Mayor, sino
como mejor convenga a sus propósitos personales. La cabeza
de una frase vogtiana es provista de la cola de otra frase vog-
tiana. Por otra parte compone a veces una frase empleando para
ella el lema de una docena de frases vogtianas. Allí donde en
las frases vogtianas algunos escombros literarios impiden que
la luz ilumine claramente una calumnia, Zabel se encarga de
retirarlos. Vogt dice, por ejemplo, ‘comprometiendo hasta tal
punto a personas residentes en la patria, que ésas, por no po-
der sustraerse a los intentos de ser extorsionadas, se ven obli-
gadas a entregar dinero”. Zabel, en cambio, dice: “que te-
nían que dar dinero para que la banda guardara en secreto su
compromiso”. Finalmente Zabel “interpola” frases enteras de
fabricación propia, como por ejemplo: “La Banda de Azufre
sometía a sus adictos a un rigor severísimo'” y “ellos”, es decir
“los compañeros. .. que en el exilio continuaron la obra del
Rheinischen Zeitung — [Diario Renano] — SE CONVIRTIE-
RON EN ALIADOS DE LA POLICÍA SECRETA DE FRANCIA Y
ALEMANIA. |

De los cuatro pasajes por mi incriminados, según Zabel,
tres pertenecen al mismo Zabel, mientras el cuarto se supone

HERR VOGT

que es una “cita” que aun cuando, entremezclada con citas,
no es una cita y mucho menos aún “una simple cita”, como
lo afirma el juzgado, y en modo alguno es “una cita de otras
personas”, en plural, como dice el juzgado. Contrariamente,
en cambio, no se encuentra en todas las “manifestaciones y
afirmaciones” de Zabel referentes a mi persona, una sola línea
que contenga “crítica y apreciación permitida” o “no per-
mitida”.

Pero admitiendo que las positivas apreciaciones del juzga-
do fueran tan exactas como lo son equivocadas; admitiendo
que Zabel se haya limitado únicamente a citar sus calumnias
contra mí, ¿el juzgado en efecto está judicialmente facultado
para prohibirme demandar a F. Zabel? En una “disposición
que citaré de inmediato, la REAL CÁMARA DE JUSTICIA DE-
CLARA QUE:

“NADA cambiaría el $ 156 del Código Penal, el que los
hechos expuestos en los artículos esbozados se presentan como
apreciaciones propias del autor o CITAS de afirmaciones he-
chas por terceros”.

Cita o no: el “demócrata Zabel” continúa siendo respon-
sable de sus afirmaciones. El juzgado ya ha declarado que
Zabel con respecto a mi persona había manifestado conceptos
“punibles”, sólo que los mismos son citas y por eso resultan
a prueba de balas. ¡Fuera con este pretexto que judicialmente
es inexacto! — exclama el TRIBUNAL IMPERIAL. ¡Por fin po-
dré agarrarlo a ese Zabel y se me abrirán las puertas de la
justicia! ¡Italiam! ¡Italiam!!

Mi abogado apeló de la Corte de Justicia al Tribunal Im-
perial, y el 11 de julio de 1860 se le comunicaba la siguiente
“disposición”;

CARLOS MARX

“En los editoriales intitulados “Carlos Vogt y el Allge-
meine Zeitung y “Cómo se hacen Panfletos Radicales”, pu-
blicados en los números 37 y 41, correspondientes al 22 y 25
de enero del corriente año, no es posible encontrar calumnia al-
guna contra el demandante, Doctor Carlos Marx, radicado en
Londres. Si bien nada cambiaría el $ 156 del código penal,
el que los hechos expuestos en los artículos esbozados se pre-
senten como apreciaciones propias del autor o como afirma-
ciones de terceros, no es posible impedir a la prensa, el some-
ter a comentario las actividades de los partidos y sus litigios,
siempre que de la polémica no se desprenda un evidente propó-
sito de ofensa, lo que en el presente caso no cabe suponer.

En los mencionados artículos se compara y comenta pre-
ferentemente la discrepancia de opiniones que motivó el con-
flicto entre el doctor Carlos Vogt por una parte y el Alige-
meine Zeitung por otra, sobre el partido a tomarse a favor
de los intereses de Italia y de los de Austria que rigieron la
reciente guerra, y que simultáneamente explica la participa-
ción de la llamada emigración alemana en Londres a favor del
Allgemeine Zeitung contra Vogt, como también lo demuestra
en general, la momentánea división en partidos y maquinacio-
nes de dichos fugitivos.

Si bien es cierto que durante el transcurso de estas delibe-
raciones se comentaron las relaciones que el demandante man-
tiene con dichos partidos, su participación en parte de las
ambiciones por ellos abrigadas y, sobre todo, sus afanes por
colaborar con el Allgemaine Zeitung, en su polémica contra
Vogt, tratando de proporcionarle testimonios, etc., los pasa-
jes citados referentes a esto y los hechos expuestos por el mis-
mo en su demanda, en lugar de proporcionarle la refutación
buscada, tienden más bien a confirmar su voracidad. Si en

HERR VOGT

cambio continúa afirmando que ha sido identificado en forma
para él injuriosa con aquellas actividades políticas que por
cierto fustigó repetidas veces en sus artículos, calificándolas
de excéntricas, en cierto modo faltas de carácter y deshonrosas,
no es posible aceptar esto comd una afitmación fundada. Pues
aun cuando el primer capítulo de la exposición de Vogt ma-
nifiesta: “que los exilados de 1849 fueron reuniéndose poco a
poco en Londres, venerando a Marx como a su evidente cabe-
cilla’ y habla de una carta de Techow: ‘‘en la que Marx apa-
rece agitando con napoleónico orgullo su férula sobre las ca-
bezas de los componentes de la Banda de Azufre, en lo que
no reside más que una caracterización de ía por Vogt llamada
Banda de Azufre y no un insulto a Marx, quien por el con-
. trario es descrito como el hombre que contiene y rige, no re-
lacionándose su persona con aquella gente acusada de extorsio-
nismo y denunciación. Del mismo modo en el segundo ar-
tículo no se pronuncia en pasaje alguno una sola palabra acer-
ca de que el demandante, contrariando su propia convicción,
haya imputado a Blind la paternidad del panfleto A Modo de
Advertencia, enviando a sabiendas falsos testimonios de ter-
ceros al Allgemeine Zeitung de Augsburgo. El mismo deman-
dante, al dar a conocer las respuestas contrarias del tipógrafo
Hollinger y del cajista Wiehe, acepta, en su demanda, que el
testimonio de Vógele había sido discutido. Por lo demás, de
acuerdo a sus propios datos, más adelante — una vez apare-
cidos los dos artículos del Nationalzeitung — se dió a conocer
a un tal Schaible como autor del panfleto.

Siendo preciso considerar infundada la queja fechada el
21 del mes pasado por la disposición del 8 del pasado mes, el
Real Tribunal de Justicia rechaza la demanda, por conside-

CARLOS MARX

rarla infundada. 25 Sgr. deben entregarse de inmediato, so
pena de incurrir en una multa, a la caja local de salarios del
Tribunal de Justicia.

Berlín, 11 de julio de 1860.

Cámara del Crimen del Real Tribunal de Colonia. II sección.

GUTHSCHMIDT SCHULZE.

Al doctor en filosofía, Carlos Marx, en manos del señor consejero de
Justicia Weber, radicado en esta ciudad.

Cuando mi abogado me remitió esta “disposición”, en la
primera lectura pasé por alto el principio y el fin de la misma
e, ignorante como estaba de la justicia prusiana, creí hallarme
frente a una copia de un escrito justificativo que el “demó-
crata”” F. Zabel había hecho llegar a la Cámara de Justicia.
Lo que Zabel — así me dije — escribe sobre “Las opiniones”
-— ver suplemento 15 — del Dr. Carlos Vogt y el Allgemeine
Zeitung de Augsburgo”, sobre “los intereses de los italianos
y los intereses de los austríacos”, probablemente se haya pasa-
do equivocadamente desde alguno de los editoriales destinados
por el Nationalzeitung a su playdoyer.

En todo caso el “demócrata”? F. Zabel no menciona con
una sola sílaba estas opiniones en las cuatro columnas referen-
tes a mí y pertenecientes a sus dos artículos, que en total ape-
nas abarcan seis. En su declaración Zabel dice que yo había
colaborado en la polémica del Allgemeine Zeitung contra Vogt,
proporcionándole testimonios, etc.””. El proceso de Vogt con-
tra el Allgemeine Zeitung lo llama la polémica del Allgemeine
Zeitung contra Vogt. Si proceso y polémica fueran una misma
cosa, ¿para qué habría yo necesitado del permiso del fiscal, del

HERR VOGT

juzgado, de la camara de justicia, etc., para iniciar mi polé-
mica contra Zabel? Y para colmo, esa afirmacién de Zabel so-
bre mis “citas de los pasajes de sus dos editoriales’’ referentes
a mis relaciones con el Allgemeine Zeitung, que en ‘‘los hechos
por mí mencionados” más bien hallan su confirmación y no
la refutación que yo me proponía obtener por su intermedio.
¡Más bien. .. qué! Sí o ño se dice en justicia, y, ¿cuáles eran
las “menciones referentes” de Zabel?

Las “menciones” de Zabel “referentes a mis relaciones con
el Allgemeine Zeitung eran en el primer editorial:

1) Liebknecht habría obtenido el puesto de corresponsal
del Allgemeine Zeitung gracias a una recomendación que yo le
había proporcionado públicamente. En mi demanda yo acu-
saba a Zabel de embustero, pero consideré que era inútil ex-
poner otros “‘hechos’’ sobre esta tontería.

2) Zabel hace que el 29 de octubre yo envíe desde Lon-
dres al Allgemeine Zeitung un “documento judicial” del que
el 24 de octubre ya disponía el juzgado del distrito de Augs-
burgo y pudo hallar la confirmación de esta “mención” en los
“hechos” por mí mencionados. Por cierto de los hechos por
mí expuestos en mi demanda, Zabel pudo sacar en conclusión
que, a excepción de todos los motivos políticos, mi envío del
documento referente al origen del panfleto A Modo de Adver-
tencta se había hecho necesario, puesto que ya antes de ini-
ciarse el proceso, Vogt había intentado atribuirme la paterni-
dad de dicho panfleto.

3) À la “indicación” de Zabel de que yo soy uno de los
corresponsales del Allgemeine Zeitung, respondí con docu-
mentos auténticos. El editorial N°? IT de Zabel, “Cómo se hacen
panfletos radicales”, contenía, según lo demostrado ya ante-
riormente con respecto a mis relaciones con el Allgemaine Zet-

CARLOS MARX

tung, únicamente las “menciones referentes” a que yo mismo
había forjado la “advertencia”, atribuyéndosela a Blind y
tratando luego de demostrar que él era el autor de la misma,
con el falso afidavit de Vögele. ¿Estas “menciones referentes”
en efecto hallaban en los hechos por mí mencionados en mi
“demanda” más bien su confirmación que la refutación que
yo me había propuesto alcanzar por su intermedio? El mis-
mo Zabel confiesa lo contrario. |

¿Acaso Zabel podía suponer que Schaible era el autor del
panfleto A Modo de Advertencia? ¿Debía creer Zabel que el
testimonio “discutible”? y que, de acuerdo a mis propios datos,
pertenecía a Vógele, era el verdadero? ¿Pero, dónde diablos
he atribuído yo al Zabel ese un saber tan vasto y una creencia
semejante? Mi demanda se refiere “más bien” a la ““correspon-
diente negación” de Zabel, según la cual “yo habría forjado
el panfleto hasta el punto de que el mismo, en un todo, pare-
ciera ser elaborado por Blind, tratando más adelante de hacerlo
pasar por una maquinación suya, valiéndome para ello del
afidavit de Vögele. |

Por fin tropecé con una actitud defensiva de Zabel que,
por lo menos, parecia interesante.

“Si en cambio — [así dice} — continúa afirmando —
[el demandante Marx] — que ha sido identificado en forma
para él infuriosa con aquellas actividades políticas de la Banda
de Azufre, que por cierto fustigó repetidas veces en sus artícu-
los — [los editoriales de Zabel] —, calificándolos de excén-
tricos, en cierto modo faltos de carácter y deshonestos, no es
posible aceptar esto como una afirmación fundada... y mu-
cho menos aún, su persona es relacionada con aquella gente,
a la que se acusa de extorsionismo y delación”.

A EPS

HERR VOGT

Evidentemente Zabel no se cuenta entre aquellos romanos,
de los que se dice: memoriam quoque cum voce perdidissimus.
Ha perdido la memoria pero no la lengua. Zabel no sólo hace
pasar el azufre, sino también la Banda de Azufre, del estado
cristalizado al estado líquido y del líquido, al gaseoso para,
con sus rojos efluvios, poder engañarme haciéndolos pasar por
azuladas nubes de humo. Opina que la Banda de Azufre es
un “partido” con cuyas ‘‘maquinaciones’’ nunca me ha “iden-
tificado” y con cuyas “extorsiones y denuncias?” jamás ha
relacionado a las personas vinculadas conmigo. Será preciso
convertir los efluvios del azufre en aroma de azufre. -

En el editorial N° I — Nationalzeitung N° 37, 1860 —
Zabel inicia sus “correspondientes menciones” referentes a la
Banda de Azufre, nombrando a “Marx” como a su “eviden-
te cabecilla””. El segundo miembro de la Banda de Azufre, al `
que para mejor caracterización de la misma prefiere no nom-
brar, aun cuando lo describe, es Federico Engels. Señala la car-
ta en la que Techow habla sobre su encuentro con Federico
Engels, E. Schramm y yo. Los dos últimos son señalados por
Zabel como ilustraciones para la Banda de Azufre. Inmedia-
tamente menciona a Cherval como emisario londinense. Luego
le toca el turno a Liebknecht. “Este tal Liebknecht in nomine
omen ?, uno de los más serviles partidatios de Marx. .. Inme-
diatamente después de su llegada, Liebknecht tomó servicio
a las órdenes de Marx, conquistándose el más sincero beneplá-
cito de su amo”.-A renglón seguido de Liebknecht, desfila
Ohly OTRO CANAL MÁS DE LA BANDA DE AZUFRE. Finalmen-
te “otro compinche londinense, Biskamp”. Todos estos datos
se suceden, uno tras otro, en el editorial N° I, pero al final
del editorial N° IT es nombrado posteriormente aún otro miem-

2. Lieb: querido; Knecht: siervo (N. del t.).

CARLOS MARX

bro de la Banda de Azufre: W. Wolff — “Lobo parlamen-
tario, alias Lobo de casamatas'* —, al que se le ha confiado el
importante cargo de “dar a publicidad despachos-circulares”.
Por lo tanto, de acuerdo a las “correspondientes menciones” de
Zabel, la Banda de Azufre se compone de: Marx, cabecilla de
la misma; F. Engels, ilustración de la Banda de Azufre; Cher-
val, emisario londinense; Liebknecht, “uno de los más servi-
les correligionarios de Marx”; Ohly, “igualmente un canal
de la Banda de Azufre”; Biskamp, “otro compinche” londi-
nense y por último Wolff, redactor de telegramas para la Ban-
da de Azufre.

La así compuesta Banda de Azufre ya desfila alternativa-
mente en las primeras 51 líneas del editorial de Zabel, figu-
rando con los nombres más diversos: Banda de Azufre o
también Bürstenheimer; “compañeros que entre los emigran-
dos continúan la obra del RHEINISCHEN ZEITUNG”, los ‘‘pro-
letarios”* o como puede leerse en el editorial N° II: “El partido
de los proletarios a las órdenes de Marx”.

Hasta aquí el personal y los nombres que componían la
Banda de Azufre. Su organización es descripta por Zabel en
sus “menciones correspondientes”, en forma breve y contun-
dente. “Marx” es el “cabecilla”. La Banda de Azufre repre-
senta en sí al “núcleo de sus más íntimos correligionarios”, o,
como dice Zabel en el segundo editorial: “el núcleo más inti-
mo del partido de Marx”. Zabel hasta presenta una señal por
la que puede reconocerse “el núcleo más íntimo del partido de
Marx”. El miembro perteneciente al más intimo núcleo del
partido Marx, debe haber visto por lo menos una vez en su
vida al tal Bishamp. “Él — [ (Blind) —así dice Zabel en su
editorial N° IT} — declara no haber visto en toda su vida a
Biskamp; evidentemente no es miembro del círculo más inti-
mo del PARTIDO DE MARX”. El “círculo más íntimo del par-

+.

HERR VOGT

tido de Marx” o sea, la Banda de Azufre, es por lo tanto la
Paire de la Banda, a diferenciarse de la tercera categoría, el
pueblo, compuesto por los ““adictos”* o de “aquella cuidadosa-
mente mantenida especie de vagabundos”. Por consiguiente,
en primer término está Marx, luego viene la Banda de Azufre
en sí, o sea el “núcleo más íntimo del partido de Marx” y,
finalmente, “la masa compuesta por los adictos”? o sea, “la
clase de vagabundos”. La Banda de Azufre, así dividida en
estas tres categorías, es regida por una disciplina realmente es-
partana. La Banda de Azufre — dice Zabel — sometía a sus
adictos a una disciplina despiadada, mientras por otra parte
“Marx... agitaba su férula sobre las cabezas de los miembros
de la misma”. Cae de su propio peso, el que en una de aque-
llas bien organizadas “Bandas”, las “actividades” caracterís-
ticas de la “Banda”, sus “principales ocupaciones”, los hechos
que la Banda lleva a cabo qua Banda, se producen en cumpli-
miento a las órdenes del cabecilla que agita su férula, y son
presentadas por Zabel como la exclusiva obra de dicho cabeci-
lla. Y ¿cuál era, por así decirlo, la ocupación oficial de la
Banda? l

“Una de las principales ocupaciones de la Banda de Azufre
consistía en comprometer hasta tal punto a personas residentes
en la patria, que las mismas se veían obligadas a pagar dinero
para que la Banda guardara en secreto su compromiso. No
una, sino centenares de cartas fueron enviadas a Alemania, en
las que se decía que se denunciaría la participación en este o
aquel acto revolucionario, si en un plazo, previamente fijado,
no llegaba a una dirección dada, una determinada suma de di-
nero... Todo aquel que se oponía a ESTAS MAQUINACIONES,
no sólo era arruinado por la emigración, sino que también lo
era por intermedio de la prensa. Los “proletarios” llenaban

CARLOS MARX

las columnas de la prensa reaccionaria en Alemania, con sus de-
nuncias dirigidas contra aquellos demócratas que no les ren-
dían pleitesía y se convirtieron en los aliados de la policía se-
creta de Francia y Alemania, etc. (Nationalzeitung, N° 37) .”.

Después de que Zabel empieza estas “menciones corres-
pondientes” a la Banda de Azufre con la advertencia de que
yo soy su “evidente cabecilla”; después de haber enumerado
“las principales ocupaciones de la Banda de Azufre”, es decir,
extorsión, denuncias, etc., cierra su descripción general de la
misma con estas palabras:

“|. Se convirtieron en los aliados de la policía secreta
de Francia y Alemanta. Para su mejor caracterización, Vogt
publica una carta del ex-tentente Techow, fechada el 20 de
agosto de 1850... en la que se describe a Marx, tal como
agita con napoleónico orgullo de su superioridad espiritual,
su férula sobre las cabezas de los miembros de la Banda de
Azufre”.

Después de que al principio de su descripción hace que
se me venere como al “evidente cabecilla”, de Zabel se apo-
dera el miedo de que el lector pudiera creer que tras el evidente
cabecilla se encontraba aún otro cabecilla no evidente o que
yo me había contentado con verme “venerado” en calidad
de Dalai Lama. Es por eso que al final de su descripción hace
que —no con las palabras de Vogt, sino con las suyas pro-
pias — únicamente el cabecilla “evidente” se convierta en el
cabecilla que empuña la férula, en el Dalai Lama, en el Na-
poleón de la Banda de Azufre. Y precisamente es esto lo que
en su informe cita como prueba “de que no me ha querido

HERR VOGT

identificar en sus articulos con las actividades politicas de la
Banda de Azufre, despiadadamente fustigadas como excéntti-
cas, faltas de carácter y deshonestas”. ¡Pero no! ¡No del todo!
Me ha identificado, pero no “en forma injuriosa para mí”.
“Más bien” me ha honrado nombrándome el Napoleón de
los extorsionadores, redactores de cartas amenazadoras, mou-
chards, agents provocateurs, falsificadores de moneda, etc.”.
Está visto que Zabel saca sus conceptos del honor del diccio-
nario de la Banda de Azufre. De ahi el adjetivo “napoleónico”.
Pero precisamente yo lo demando por este honor que me hace.
He DEMOSTRADO con los hechos expuestos en mi demanda,
y lo he demostrado en forma tan contundente, que Zabel
por nada del mundo quiere comparecer conmigo ante un tri-
bunal público. He DEMOSTRADO que todas sus “menciones
correspondientes” a la Banda de Azufre son invenciones vog-
tianas y embustes que Zabel únicamente “enumera” para
poder honrarme como al Napoleón de esa Banda de Azufre.
Pero, ¿acaso no me describe como al “hombre serio y que
empuña las riendas”? ¿Acaso no me presenta aplicando el rigor
a los componentes de la Banda? El mismo nos cuenta en qué
consistía esa superioridad y ese rigor.

“La Banda de Azufre sometía a sus adictos a un rigor
despiadado. “Todo aquel que de entre ellos trataba de bus-
carse una existencia aburguesada, ya fuera por el simple hecho
de anhelar una posición independiente, era considerado en
general un traidor de la revolución... Los duelos, las des-
avenencias y grescas, eran fomentadas entre esta bien alimen-
tada clase de vagabundos, por medio de la siembra de rumores,
correspondencias, etc.”.

CARLOS MARX

Pero Zabel no se conforma con esta descripción general
de las “actividades políticas” de la Banda de Azufre, con las
que me “identifica”? honrosamente.

Liebknecht, “notorio miembro del partido de Marx”,
“uno de los más serviles partidarios de Marx, que conquistó
para si el más sincero beneplácito de su amo”, compromete
adrede a los obreros residentes en Suiza, con su “día revo-
lucionario de Murten’’, en el que los entrega jubiloso, “a los
brazos” de los “gendarmes” emplazados expresamente para
esperarlos. À este “susodicho Liebknecht se le atribuyó duran-
te el proceso de Colonia, la redacción del falso registro de
protocolos”. (Como es natural Zabel olvida decir que esta
mentira de Stieber ya había sido señalada durante las vistas
como una mentira stieberiana). Wolff, el ex-corredactor del
Neue Rheinische Zeitung — [Nuevo Diario Renano] —
dirige desde Londres una “‘circular-telegrama” a los proleta-
rios, la que “simultáneamente hace llegar también a las manos
de la policía hanoveriana”.

Mientras Zabel enumera personas tan “notoriamente rela-
cionadas conmigo, como a agentes de la policía, me relaciona
por otra parte con un “notorio” agente secreto de la policía,
agent provocateur [agente provocador], y falsificador de mo-
neda, o sea, con Cherval. Inmediatamente después de su des-
cripción generalizada de la Banda de Azufre, hace que “varias
personas”, entre ellas Cherval, vayan de Londres a París “er
la doble condición de embaucadores revolucionarios de los
obreros y aliados de la policía secreta”, donde originan el
llamado “proceso de los comunistas”, etc., etc. En el editorial
N° 11 continúa diciendo:

“De esta suerte en 1852 fué enhebrada una conspiración
de la más vil índole, con fabricación en masa de papel mone-

HERR VOGT

da falso — PARA MÁS DETALLES VER LA OBRA DE VOGT —
etcétera”,

¿Y si el lector del Nationalzeitung aceptara la imperiosa
invitación de Zabel y en efecto viera más detalles en la obra
de Vogt, qué encontraría? Encontraría que Cherval había
sido enviado por mí a Ginebra para poner en práctica, bajo
mi dirección inmediata, “la vergonzosa conspiración con el
asunto de la falsificación del papel moneda”, etc., etc. El lec-
tor, al que Zabel dirige a Vogt, encuentra además: ...‘‘en-
tretanto la relación personal de Marx es, en este sentido, por
completo falta de importancia, pues según lo ya mencionado,
no importa el que sea el mismo Marx quien lo hace o quien
manda hacerlo a uno de los miembros de su banda: gobierna
incondicionalmente a su gente”.

Pero tampoco Zabel estaba satisfecho. Al final de sus dos
editoriales sintió la necesidad imperiosa de susurrar una última
palabra al oído de sus lectores. Dice:

“El — [Blind] —, declara simultáneamente no ‘haber
visto a Biskamp en toda su vida; evidentemente no es miem-
bro del núcleo más íntimo del partido de Marx. Nos ‘parece
que para éste — [el núcleo más íntimo del partido de Marx] —
no habría de resultar demasiado difícil el convertilo — [a
Blind] — en el borrico de carga... Ahora el partido de Marx
podía atribuir con toda facilidad a Blind la redacción del
panfleto, precisamente porque... éste, en sus conversaciones
con Marx y en el artículo del Free Press, se había manifestado
en sentido similar; empleándose estas declaraciones y los giros
que le son propios — fde Blind] —, fué posible forjar el
panfleto, de manera que tuviera todo el aspecto de haber sido
fabricado por él — [Blind] —”.

CARLOS MARX

¿De modo que el “partido de Marx” o mejor dicho, “el
núcleo más íntimo del partido de Marx” forjó el “panfleto”
de manera que apareciera como una fabricación de Blind? Una
vez desarrollada esta hipótesis, Zabel resume secamente su
contenido con las palabras siguientes: “Ahora cada cual podrá
creer, según mejor le venga en gana, que es MARX o que es
BLIND el autor del mismo”.

Por consiguiente no se trata del partido, de Marx o de
Blind, tampoco de Blind o del núcleo más íntimo del partido
de Marx, vulgo Banda de Azufre, sino de Blind o de Marx,
sans phrase. Por lo tanto el partido de Marx, el núcleo más
íntimo del partido de Marx, la Banda de Azufre, etc., eran
sólo títulos panteístas para nombrar a Marx, al sujeto Marx.
Zabel no se conforma con “identificar”? a Marx con el
“partido” de la Banda. de Azufre, también personifica a la
Banda de Azufre con Marx. Y este mismo Zabel se atreve a
afirmar frente a los tribunales, que en sus editoriales no ha
“identificado en forma injuriosa al demandante Marx... con
las actividades de la Banda de Azufre”. Se golpea el pecho y
jura que “mucho menos aún” habría “relacionado mi persona
con aquella gente” a la que acusa de haber ejercido extorsio-
nismo y delación”. ¡Qué espectáculo dará el Zabel ese — así
pensé — en la vista pública del proceso! ¡Qué espectáculo!
Con esta exclamación consoladora recogí una vez más el ex-
pediente que mi abogado me había hecho llegar, lo releí y creí
descubrir al final algo así como los nombres de Müller y
Schulze, pero muy pronto hube de darme cuenta de mi error.
Lo que yo sostenía entre mis manos, no era un informe de
Zabel sino... una “disposición”” tomada por la Cámara de
Justicia, firmada por Guthschmidt y Schulze, disposición ésta
que me privaba del derecho de enjuiciar a Zabel y que para
colmo, -me condenaba a pagar de inmediato, apenas verificada

HERR VOGT

la ejecutoria, la multa correspondiente a la Caja de Salarios
de Berlin, en castigo por haber osado elevar mi queja. Confie-
so que me sentí atónito. Sin embargo, mi asombro se apaciguó

con la nueva y cuidadosa lectura de la “disposición”.

Zabel publica en el editorial del
No 37 del Nationalzeitung, 1860.

x

Vogt dice en la página 136 y
subsiguientes: Con el nombre de
Banda de Azufre o también de Bürs-
tenheimer, se conocia entre la emi-
gración de 1849 a un grupo de per-
sonas, las que, diseminadas al prin-
cipio en Suiza, Francia e Inglaterra,

Los señores Guthschmidt y Schulze
leen en el editorial del N? 37 del
Nationalzeitung, 1860.

“Pues aún cuando el primer ar-
tículo cita de la exposición de Vogt:
que los exilados de 1849 fueron
reuniéndose paulatinamente en Lon-
dres, donde veneraban al susodicho
Marx como a su evidente cabecilla. ...

fueron reuniéndose paulatinamente
en Londres donde veneraban al se-
fior Marx como a su evidente cabe-
cilla,

Zabel dice: un grupo de personas, conocido entre los
exilados de 1849 con el nombre de Banda de Azufre o tam-
bién de Bürstenheimer, etc., se habría reunido paulatinamente
en Londres, venerándome allí como a su evidente cabecilla.
Los señores Guthschmidt y Schulze hacen que el tal Zabel
diga en cambio: {a emigración de 1849 se habría reunido
paulatinamente en Londres —lo que ni siquiera es exacto,
puesto que una gran parte de los exilados fueron a refugiarse
en París, Nueva York, Jersey, etc. —, venerándome a mí como
a su evidente cabecilla, honor éste del que no fuí objeto y el
que tampoco me concedieron los señores Zabel y Vogt. Los
señores Guthschmidt y Schulze no resumen, sino citan entre
comillas aquella frase que Zabel jamás había publicado, como
si fuera una de las frases pertenecientes a la “exposición” men-
cionada en su primer editorial. Quiere decir que los señores

CARLOS MARX

Guthschmidt y Schulze disponían de una edición secreta del
N? 37 del Nationalzeitung, desconocida por el público y por
mí. Esto explica todo malentendido.

Pero la edición secreta del N° 37 del Nationalzeitung, no
sólo es diferente por su diferente lectura de algunas frases per-
tenecientes a la edición corriente del mismo. Salvo algunas

palabras toda la coordinación

del primer editorial nada tiene

que ver en la edición corriente con la coordinación que aparece

en la edición secreta.

Zabel publica en el No 37 del Na-

tionalzeitung, una vez que me ha

convertido en el cabecilla de la Ban-
da de Azufre.

“Estos sujetos... [la Banda de
Azufre], continuaron entre los fu-
gitivos la obra del Rheinischen Zei-
tung — [Diario Renano] — Una
de las ocupaciones principales de la
Banda de Azufre consistia en com-
prometer hasta tal punto a personas
residentes en la patria, que las mis-
mas se veían obligadas a pagar dine-
ro... Los “proletarios” llenaban las
columnas de la prensa reaccionaria de
Alemania con sus denuncias... se
convirtieron en los aliados de la po-
licía secreta de Francia y Alemania.
Para continuar con su caracterización
— [la de esta Bunda de Azufre o
Búrstenheimer] — Vogt comunica
el contenido de una carta de... Te-
chow... en la que son descritos las
principios, las “actividades”, etc., de
los “proletarios”” y en la que se ve a
Marx como, con napoleónico orgu-
llo de su superioridad espiritual,
agita su férula sobre las cabezas de
los componentes de su Banda de

Azufre”.

Los señores Guthschmidt y Schulze

leen en el N° 37 del Nationalzei-

tung, una vez que Zabel me hubo

convertido en el cabecilla de los exi-
lados de 1849:

“ . y si bien [el primer artículo
del Nationalzeitung] continúa ha-
blando ahora de una carta de Te-
chow: “En la que se vislumbra a
Marx, con napoleónico orgullo de su
superioridad espiritual, agita su fé-
rula sobre la Banda de Azufre”.

HERR VOGT

Ya que los jueces estan facultados para otorgar o negar
a los civiles el derecho a entablar demanda, los sefiores Guths-
chmidt y Schulze no sólo estaban autorizados, sino obligados
a negarme el derecho a entablar demanda contra Zabel, pues
la por ellos in nuce comunicada coordinación del editorial
aparecido en el N° 37 de la edición secreta del Nationalzeitung,
excluye definitivamente TODO, posiblemente todo corpus
delicti. ¿Qué es lo que en efecto Zabel publica en dicha edición
secreta? En primer lugar me hace objeto del inmerecido honor
de hacerme “venerar” como el “evidente cabecilla” de los
exilados de 1848 reunidos en Londres. ¿Y acaso yo pretendo
*““demandarlo por eso? Y luego me concede el honor, no
menos inmerecido, de dejar que yo agite “mi férula” sobre:
una cierta Banda de Azufre que en modo alguno había estado
relacionada conmigo, más o menos de la misma manera como
en 1838-1849 agité mi férula sobre el mismo Zabel y sus
compinches. ¿Y por eso yo habría de demandar a Zabel?

Se ve a qué confusiones conduce el que la ley permita a
sus funcionarios judiciales “disponer” y, para colmo, “‘dis-
poner”? si en efecto una persona tiene o no el derecho de de-
mandar a otra por calumnias tales como las publicadas en el
Nationalzeitung. El demandante eleva su demanda fundán-
dose para ello en una edición corriente del N? 37, de la que
aproximadamente fueron distribuidos unos 10.000 ejemplares
entre los lectores, y el juez “dispone”, basándose para ello
en una edición secreta de ese mismo número especialmente
editada para él. Tampoco está asegurada en este procedimiento
la simple identidad del corpus delicti en si.

La legislación prusiana, al someter en cada caso el derecho
de demanda de las personas civiles a una concesión jurídica,
parte de la opinión de que el Estado, en su condición de auto-
ridad paternal, debe tutelar la vida civil de sus hijos estatales,

CARLOS MARX

Pero aún mirada desde el punto de vista de la legislación
prusiana, esta “disposición” tomada por la Cámara de Justicia
se nos antoja ser un tanto extraña. Evidentemente la. legis-
lación quiere evitar demandas frivolas y por lo tanto — si es
que interpreto acertadamente su espiritu y presumo con razón
que lo que se pretende no es una sistemática denegación juri-
dica — concede al juez el derecho de rechazar la demanda si
prima facte no existe motivo alguno para la misma, vale decir,
siempre y cuando la demanda resulte prima facie frívola. ¿Esto
puede valer para el caso presente? El juzgado acepta que el
editorial de Zabel en efecto contiene para mí conceptos “in-
juriosos’’ y que, por lo tanto, también son “punibles”. Exime
a F. Zabel de mi venganza legal únicamente por que el tal
F. Zabel sólo ha “citado” sus calumnias. La Cámara de Jus-
ticia declara que cita o no —las manifestaciones injuriosas
siempre son judicialmente punibles —, pero por otra parte
niega que el’articulo de fondo de Zabel contenga manifesta-
ciones injuriosas —citadas o no citadas — sobre mi persona.
Quiere decir que el juzgado municipal y la Cámara de Justicia
no sólo tienen Opiniones distintas, sino hasta mutuamente
-contradictorias sobre la causa en sí. Uno halla manifestaciones
injuriosas que afectan a mi persona allí donde el otro no las
encuentra. El contraste entre las opiniones judiciales sobre la
causa en sí demuestra en forma contundente que en este caso
existe prima facie un motivo para la demanda. Cuando Papi-
niano y Ulpiano dicen: Esta manifestación impresa es inju-
riosa, Mucius Scévola y Manilius Brutus afirman en cambio:
Esta manifestación impresa no es injuriosa. ¿Qué habrá de
pensar el pueblo de los quirites? ¿Por qué el pueblo no habría
de compartir con Ulpiano y Papiniano la creencia de que Zabel
habia publicado manifestaciones injuriosas sobre mi persona
en el N° 87 y 41 del Nationalzeitung? Si yo tratara de con-

HERR VOGT

vencer al pueblo de los quirites que Mucius Scévola y Manilius
Brutus me habían firmado un documento secreto, según el
cual las manifestaciones y afirmaciones “injuriosas” de Zabel
en modo alguno afectan a mi persona, entonces el pueblo de
los quirites se encogería de hombres con un simple: à d’autres.

Puesto que la Cámara de Justicia es quien en última ins-
tancia debe decidir acerca de la causa, vale decir que aquí debía
decidir en última instancia. si en los dos editoriales de Zabel
se encontraban en efecto conceptos afrentosos para mi honor
y un deliberado propósito de ofensa; puesto que la Cámara
de Justicia niega este estado de cosas, otro recurso de apelación
al Tribunal Supremo ya únicamente podía plantear la cuestión
acerca de si la verdadera afirmación no estaba fundada en un
error judicial. La misma Cámara de Justicia había dejado sen-
tado en su “disposición” ‘que Zabel acusa a la Banda de Azu-
fre de ejercer actividades: deshonestas y faltas de carácter,
denuncias y extorsiones por dinero, a aquella misma Banda de
Azufre a la que Zabel en el mismo editorial caracteriza como
el “partido de Marx” o el “núcleo más íntimo del partido de
Marx”, cuyo evidente cabecilla, que empuña y agita su férula
sobre ella, es el mismo “Marx”. ¿La Cámara de Justicia esta-
ba legalmente autorizada para no encontrar en esto una afrenta
a mi honor? Al respecto mi abogado, el consejero de justicia
Weber, dice entre otras cosas, en su queja dirigida al Tri-
bunal Supremo:

“Claro está que en ninguna parte se expresa directamente
— [Zabel] — que Marx haya extorsionado por dinero, ni'
que haya ejercido la delación y la falsificación de moneda.
¿Pero acaso es necesaria una explicación más clara aún que
decir que Marx fué cabecilla de un partido que perseguía los
citados fines criminales y amorales? Nadie que tenga un con-

CARLOS MARX

cepto libre y sano podrá negar que el jefe de una Asociación
cuyo fin y, sobre todo, cuyas actividades están dedicadas a
llevar a cabo crímenes, no sólo aprueba dichas actividades, sino
que también las ordena, dirige y disfruta de sus beneficios;
por eso no cabe duda de que este cabecilla no sólo se hace res-
ponsable como partícipe, sino también como. instigador inte-
lectual, aun cuando no fuera posible probarle una sola acción
con la que habría participado en forma inmediata en la rea-
lización de algún crimen. La opinión expuesta en la disposi-
ción refutada — [la de la Cámara de Justicia] — conduciría
a que el nombre honrado de una persona quedara librado sin
defensa alguna de la voluntad de todo aquel que se proponga
arruinarlo. En lugar de decir que A. ha matado, al difamador
le bastaría con decir que aquí o allí existe una banda dedicada
al asesinato y que À. es su cabecilla. La opinión de la Cámara
de Justicia garantiza para este difamador la impunidad más
absoluta. De acuerdo a una opinión justiciera el castigo caerá
igualmente sobre el calumniador o calumniado, siempre que éste
haga pasar por jefe de bandidos a un tercero”.

Desde el punto de vista de un sano raciccinio humano, en
efecto existe una CALUMNIA. ¿La misma existe también en el
sentido de la legislación prusiana? La Cámara de Justicia dice
que no; mi abogado dice que sí. Cuando la Cámara de Jus-
ticia decide contra el Juzgado Municipal, que la forma de la
cita no hace susceptible de pena alguna al calumniador, ¿por
qué el Tribunal Supremo no habría de fallar contra la Cá-
mara de Justicia, ya que la forma de lombriz solitaria no deja
de hacer que el calumniador sea susceptible de ser castigado?
Sobre este punto judicial, sobre este error judicial cometido
por la Cámara de Justicia en la puntualización de la causa, mi
abogado apeló al TRIBUNAL SUPREMO, vale decir, que en

HERR VOGT

cierto modo apelaba al Areópago. Y el Tribunal Supremo
“dispuso”

“I) Con esto se rechaza — tras previa revisación de las
actas — como no válida, su reclamación del 23 de agosto refe-
rente a la disposición del Senado Criminal de la Real Cámara
de Justicia, en el asunto del proceso por injurias iniciado el
11 de julio por el Dr. C. Marx contra el redactor del National-
zeitung, Dr. Zabel.

ID Puesto que la Real Cámara de Justicia no ha podido
encontrar en los dos artículos en cuestión pertenecientes al
Nationalzeitung una vejación al honor del demandante, ni
tampoco supone que en ello haya prevalecido la intención de
ofender a este último, estima que la iniciación del citado pro-
ceso por calumnia ha sido rechazada con razón. De si existe
una vejación objetiva del honor y si ha prevalecido la inten-
ción de ofender, considera que son por su esencia comproba-
ciones efectivas que únicamente pueden refutarse con una
queja dirigida al Real Tribunal Supremo, toda vez que la
opinión del juez de apelaciones se funde sobre un error ju-
dicial.

III) Sin embargo en el presente caso no existe tal error
judicial.

IV) Las costas de esta disposición deberán abonarse con
25 Sgr. a la Caja de Salarios del Real eee: de esta capital
en el término de ocho dias.

Berlin, 5 de octubre de 1860.
Real Tribunal Supremo.

VON SCHICKMANN

Al Sr. consejero de justicia Weber radicado en esta capital.

CARLOS MARX

Para un más cómodo examen he enumerado los distintos
pasajes que componen la “disposición” tomada por el Real
Tribunal Supremo. |

$ I). El señor v. Schickmann nos comunica que la que-
ja elevada contra la Cámara de Justicia es “rechazada”.

$ ID. El señor v. Schickmann nos alecciona sobre la
relación de:competencia entre la Cámara de Justicia y el Tri-
bunal Supremo — evidentemente una digresión que no viene
al caso.

$ IV). El señor Weber es emplazado a abonar en el
término de ocho días a la Caja de Salarios del Juzgado de
Berlín, la suma de 25 Sgr., lo que sin duda es una consecuencia
de dicha “disposición”, pero no su causa.

¿Dónde, por consiguiente, está la justificación de la ‘‘dis-
posición” rechazante? ¿Dónde la respuesta a la muy minuciosa
queja de mi abogado? Veamos:

$ III). “Sin embargo en el presente caso no existe un
error semejante”.

Si de esta frase $ III) se omite la palabrita NO, entonces
la motivación rezaría: “Sin embargo en el presente. caso
existe un error semejantes Con esto quedaría anulada la dis-
posición de la Cámara de Justicia. La misma únicamente se
mantiene en pie por la palabrita NO colocada al final, con lo
que el señor von Schickmann “‘rechaza’’, en nombre del Tri-
bunal Supremo, la queja del señor consejero de justicia Weber.

¡No! El señor von Schickmann no refuta las apreciaciones
judiciales expuestas por mi abogado, no las comenta, ni si-
quiera las menciona. Lógicamente el señor von Schickmann te-
nía suficientes motivos para su “disposición”, pero prefiere

HERR. VOGT
=
callarlos. ¡No! La fuerza convincente de esta palabrita reside
exclusivamente en la autoridad de la posición jerárquica que
ocupa la persona que la pronuncia. En sí NO, nada demuestra.
¡No!

Fué así como también el Tribunal Supremo me prohibió
demandar al “demócrata” F. ZABEL.

Y fué asi como terminó mi proceso con los. tribunales
prustanos.

CAPÍTULO XII
SUPLEMENTOS

1. LA EXPULSIÓN DE SCHILY DE SUIZA

Debido a la falta de espacio siento tener que presentar
tan sólo forma fragmentaria una carta de Schily relacionada
con su expulsión de Suiza y en la que se detalla el trato dado
a los exilados antiparlamentarios. Esta carta comienza comu-
nicando que dos fugitivos alemanes, B. e I., amigos ambos
de Schily, al abandonar Ginebra, fueron detenidos durante su
gira por Suiza, regresando luego a la ciudad antes nombra-
da, después de haber sido puestos en libertad por Druey.

“Complaciendo su pedido — [así continúa diciendo Schi-
ly] — fuí a ver a Fazy para enterarme de si eran perseguidos
políticos, obteniendo de éste la tranquilizadora respuesta que
él, por parte de Cantón, no violaría su incógnita, que no estaba
permitida la requisa de la Federación y que, por lo demás, yo
haría muy bien en dirigirme, invocando su nombre, al Chef
du département de justice et de police [al jefe del departamento
de justicia y policia], M. Girard, cosa que cumplí con éxito
similar, dejándole mi dirección por si llegaban a producirse
requisas federales. Pasadas algunas semanas, me visitó un fun-
cionario policial exigiéndome le diera la dirección de B. y de

CARLOS MARX

I. Se la niego, voy en busca del susodicho Girard, y ante sus
amenazas de expulsarme del país en el supuesto caso de que
yo no me aviniera a hacerle conocer la dirección requerida, le
advierto que, de acuerdo a nuestra anterior conversación, úni-
camente le sería posible detenerme en calidad de intermediario,
pero no como denunciador. À lo que me responde:

—Vous avez l'air de vouloir vous interposer comme
ambassadeur entre moi et ces refugiers, pour traiter de puisance
á puisance; [parece usted querer interponerse como embajador
entre aquellos refugiados y yo, para luego tratar de potencia
a potencia].

Yo: — Je n'ai pas ambition d'être accrédité ambassadeur
prè de vous; [no ambiciono las credenciales de embajador a su
lado}.

Lo cierto es que, a consecuencia de esto, se me despidió
sin respetar en lo más mínimo el ceremonial diplomático. Du-
rante mi camino de regreso, me enteré de que B. e I. acababan
de ser encontrados, detenidos y encarcelados, con lo que podía
considerar como concretadas las amenazas mencionadas más
atriba. Pero no había contado con que era el 1 de abril, pues en
esa animosa fecha del año 1852 fuí invitado en plena calle
por un agente de policía, a acompañarlo hasta el Hôtel de
Ville donde se deseaba hacerme una pregunta. Una vez allí, el
señor consejero de Estado, Tourte, el comisario ginebrino en-
cargado de la expulsión de exilados, ad latus del que por aquel
entonces allí presente dito Trog,,me hizo saber que se me había
expulsado, por lo que se veía obligado a enviarme inmediata-
mente a Berna, todo ello, con gran disgusto de su parte, puesto
que de acuerdo a los preceptos cantonales, yo nada habia
cometido que me hiciera acreedor a ello y el comisario federal
insistía en la necesidad de que yo fuera expulsado. À mi pedido
de ser llevado a su presencia, Tourte me respondió:

i
E

PERA EI

PRES A

HERR VOGT

Non, nous ne voulons pas que le commisaire fédéral fasse
la police ici; [no, no queremos que el comisario federal haga
aquí el policía].

Con esto, por lo tanto, desmentía lo dicho anteriormente,
perdiendo además toda su pose de consejero del Estado gine-
brino, la que consistía en oponerse, con rubor liberal, a las
órdenes de expulsión dictadas por la federación, sometiéndose
únicamente a la fuerza y en algunos casos de gentle pressure,
decidiendo complacido y resignado. Otro de los rasgos salientes
de este papel, consistía en decir del expulsado que era un espía
y que en pro “de la buena causa” había sido necesario expul-
sarlo. .. Es asi como más tarde Tourte les contó a los fugitivos
que se había visto necesitado de apartarme, debido a que yo
mantenía un acuerdo secreto con el comisario federal, actuando
con él contra sus medidas de amparo a los exilados — las de
Tourte — vale decir, con aquel mismo comisario que; con gran
disgusto de su parte, me había mandado expulsar. Quelles
tartines! ¡Cuántas mentiras y contradicciones! ¡Y todo a cam-
bio de un poco de aura popularis! Lógicamente, el viento es
precisamente el medio de que se vale este caballero para man-
tener en alto su globito. Senador y consejero del Estado de
Ginebra, consejero nacional o de las cortes suizas, consejero
confusionista nato, lo único que aún falta es que integre el
Consejo Federal para asegurar a Suiza días tranquilos, puesto
que está escrito: Providencia Dei, et confussione hominum
Helvetia selva fuit [Suiza fué salvada por la Providencia de
Dios y la confusión de Ics hombres].

Una reclamación por las calumnias contra Tourte que Schi-
ly había remitido a su llegada a Londres al Indépendant, de
Ginebra, que se encontraba bajo la influencia de Ratssin, de
quien nos ocuparemos más adelante y que poco tiempo antes
había fustigado severamente las coces calumniatorias con que

CARLOS MARX
los “facedores liberales pretendían expulsar de Suiza a los
exilados”, no fué aceptada.

“Del Hôtel de Ville de Ginebra — [continúa diciendo
Schily] —se me condujo a la cárcel; al día siguiente, por
correo y bajo custodia policial, a Berna, donde el señor Druey
me mantuvo durante quince días en la llamada cárcel vieja,
sometiéndome al más severo encierro...”

Druey, en su correspondencia con el preso Schily y la que
habremos de mencionar más adelante, le echaba todas las culpas
al Cantón de Ginebra, mientras que Tourte aseguraba que toda
la culpa la tenían las autoridades federales y que de parte del
Cantón de Ginebra no existía queja alguna contra Schily.
Una confirmación concordante le había.sido dada hacía poco
por el juez de instrucción ginebrino, el doctor Ratssim. Sobre
este caballero, Schily dice entre otras cosas:

“En ocasión de celebrarse en Ginebra en el verano de 1852
el concurso del Tiro Federal, Raíssin se habia hecho cargo del
periódico publicado en francés y alemán, intitulado Journal
du Tir Fédéral, empleándome como colaborador, con la prome-
sa de que me pagaría un sueldo de 300 francos, por el que
yo también debía anotar, flagranti delicto, los discursos de
bienvenida y despedida del presidente del comité, Tourte, cosa
que — y es esto algo que debo recordar agradecido — me fué
muy facilitada, debido a que Tourte siempre pronunciaba,
más o menos, las mismas palabras entusiastas, con alguna que
otra variante, apropiada para cumplimentar al Mutz de Ber-
na, al Toro de Uri y otros camaradas federales o para ser
dirigidas a las distintas delegaciones de tiradores, de modo que
en el refrán: “Pero si alguna vez llegara el día del peligro,
entonces nosotros. ..”, podía dejar tranquilamente mi pluma
y responder a la pregunta de Raissin:

HERR VOGT

—C est le refrain du danger; je le sais par coeur; [es el
refrán del peligro, me lo sé de memoria]...

En lugar de mis bienganados honorarios de 300 francos,
después de mucho bregar, conseguía que Raissin, por lo menos,
me pagara 100, si bien con la promesa de que haría colaborar
en una nueva revista de carácter político que se proponía fun-
dar en Ginebra para, independientemente de todos los partidos
existentes, poder hacer frente a cualquier tendencia y, sobre
todo, al entonces régimen “liberal”” de Fazy-Tourte, puesto
que también él pertenecía al mismo. Era en todo el hombre
apropiado para una empresa semejante, capaz — como él mis-
mo acostumbraba a jactarse — d'arracher la peau a qui que
ce soit, [de arrancar el pellejo a cualquiera]. De acuerdo a
esto, cuando, para descansar de mis agotadoras actividades en
el Tir Fédéral, emprendi un viaje por Suiza, me encargó trabar
relaciones para su empresa, cosa que cumplí y sobre cuyos re-
sultados le entregué un informe escrito, a mi regreso a Gine-
bra. Pero entretanto el viento había cambiado por completo,
impusándolo a toda vela desde su expedición corsaria, hacia el
puerto seguro del gobierno actual. J’en etais donc pour mes
frais et honoraires con cuyo reclamo lo importuné en vano y
sigo importunándolo todavía, a pesar de que se ha convertido
en un hombre rico... Poco antes de mi detención me había
asegurado que según se lo había hecho saber su amigo Tourte,
no se pensaba en expulsarme y que no tenía por qué dar paso
alguno para contrarrestar la amenaza de Girard, etc... À una
carta que le escribí desde el de profundis de mi pasado encar-
celamiento y en la que le solicitaba que por lo menos me
hiciera llegar una pequeña cuota de los honorarios que aún
continuaba adeudándome, amén de una explicación sobre lo
ocurrido — mi encarcelamiento, etc., — observé un obstinado

CARLOS MARX

silencio, aun cuando prometió a la persona que se la había
entregado, dar cumplimiento a mi pedido...”

“*.. Algunos meses más tarde, K..., hombre de confianza
y libre de prejuicios, me escribió para decirme que los parla-
mentarios exilados fueron quienes habían originado mi deten-
ción, cpsa que mordicus, quedaba confirmada en algunas lí-
neas agregada por Ranickel. Además esa misma opinión me fué
confirmada personalmente sobre ese suceso... Sin embargo,
yo, en realidad, no era de los que se tragaban el parlamento,
como por ejemplo lo hacía la hiena Reinach, que día tras día
sacaba ai difunto regente Imperial Vogt del sepulcro del
Reich, para servirlo en la mesa de Berna, a la que éste también
asistía en una reencarnación de una especie de “Prometeo es-
posado”, para tironear de él y entre poire et frommage tragarse
despiadadamente y con el consiguiente espanto general, su
momia y también su encarnación. Claro está que yo no era
un admirador de las proezas parlamentarias. ¡Al contrario!
¿Acaso aquellos canallas pretendieron censurarme por ello, apli-
cándome la proscripción Imperial, incluyendo a Suiza en el
Reich, puesto que la constitución, amén del reciente retiro
parlamentario, estaba enterrada en ella? Creo más bien que la
sospecha de su persecución en contra de mí, se funda sobre la
jauría parlamentaria por mí mencionada en una de mis ante-
riores cartas, jauría ésta que había sido soltada para perse-
guirme a mí, a Becker y otros ciudadanos ginebrinos que for-
maban parte del comité de los exilados residentes en Gine-
bra... El por qué esos señores se empeñaban en usurpar la
distribución de los dineros destinados a los exilados, era algo
sobre lo que ni siquiera ellos mismos habían logrado ponerse
de acuerdo. Algunos, y entre ellos Dentzel, el de la pequeña
cámara badense, querían apartarse de nuestro método destinado
a ayudar ante todo a los obteros más pobres y, en cambio, secar

A me qe

HERR VOGT

preferentemente las lágrimas de los penitentes de profesión,
héroes de la revolución, hijos de la patria que habían visto
tiempos mejores... En el oficio se dice: Is facit cut prodest
y como mis ejercicios. en efecto resultaban poco cómodos para
aquellos caballeros, cundió la sospecha de que pata lograr mi
alejamiento habían utilizado su influencia en los círculos
competentes. Era sabido que tenia Aurem principus y que por
lo menos estaban lo suficientemente cerca de aquel oído, como
para susurrar en él algo referente a mi inquietud. Sobre todo,
princeps Tourte los había reunido varias veces a su alre-
dedor. . .”

Schily, después de narrarnos su traslado de la vieja cárcel
de Berna a Basilea, vía frontera francesa, continúa contán-
donos: |

“Con respecto a los gastos de expulsión de los fugitivos,
abrigo la esperanza de que los mismos en modo alguno son
pagados por el erario federal, sino la Santa Alianza. Cierto
día, bastante después de nuestra entrada en Suiza, la princesa
Olga se encontraba almorzando con el encargado de negocios
ruso en un hotel de Berna. Entre poire et frommage— no
pretendo compararla con el terrible Reinach,— Su Alteza le
decía a sh vecino de mesa:

—Eh, bien, monsieur le baron, avez vous encore beaucoup
de réfugiés? [¿Qué tal, señor barón? ¿Aún tiene usted mu-
chos refugiados aqui?} .

—Pas mal, Princesse — le responde éste — bien que nous
ayons déjâ beaucaup renvoyé. M. Druey fait de son mieux à
cet égard, et si de nouveaux fonds nous arrivent, nous renve-
rons bien encore [No está del todo mal, princesa. Aun cuando
ya hemos mandado a muchos de:vuelta. El señor Druey hace
todo lo que puede en este sentido, y si nos llegaran nuevos
fondos, serían muchisimos más los que regresarian}.

CARLOS MARX

_Esto lo escuchó y me lo contó luego el camarero que servía
la mesa, antiguo guerrillero a mis órdenes en la campaña por la
constitución del Reich”.

Durante la expedición de Schily, sus equipajes desapare-
cieron en forma misteriosa e irrecuperable.

“Hasta la fecha .continúa siendo un enigma cómo fué po-
sible que los mismos desaparecieran repentinamente en el Ha-
vre, del caos formado por los camareros del tren de emigrantes
alemanes —en el que en Basilea fuimos instalados, por cierto
en medio de una tremenda confusión de bagajes pertenecientes
a los exilados — por el agente de emigración Klenk, a quien
el gobierno federal había encomendado nuestro transporte hasta
el Havre — sin el auxilio de una lista de los exilados y sus
respectivos equipajes. Acaso el cónsul federal, el gran nego-
ciante Wanner, radicado en el Havre, al que se nos envió para
nuestro ulterior traslado, sepa algo más al respecto. Nos pro-
metió que seríamos ampliamente indemnizados. Más adelante
Druey me confirmó esta promesa en una carta que, para activar
mi reclamación en el Consejo Federal, envió al abogado Vogt,
de Berna, pero la que hasta el momento no fué posible recu-
perar. De Vogt ni siquiera he recibido contestación alguna a
todas las cartas que le he dirigido. En cambio, en el verano
de 1856 fui rechazado por el Consejo Federal e invitado a
llamarme en silencio, sin haber dado motivo alguno para una
respuesta semejante...”

“Pero todo esto, como también todas aquellas expulsiones
combinadas con infinidad de gendarmes, esposas, etc., son
nada, comparado con las repatriaciones puestas en práctica en
forma extrañamente amable y de acuerdo a un convenio de
buena vecindad, de los llamados badenses menos gravosos, a
los que se munía de documentos expresamente confeccionados
para el viaje y se les indicaba que apenas llegaran a su patria,

HERR VOGT

fueran a presentarse a las autoridades del lugar, donde, en lugar
de poder retomar sus actividades, como ellos creían, se veían
obligados a pasar por toda clase de penitencias. Los callados
sufrimientos de los así entregados a la merced del enemigo
— pues es este el único concepto que corresponde — espera
aún a su historiador y vengador”.

“Es una gloria para un hombre el que se pueda enumerar
sus fallas, sin que por ello deje de ser grande” — dice el Tá-
cito de Suiza. Por cierto no faltan argumentos para una ala-
banza semejante; no estropeará su cintura el prodigársela...
qui aime bien, chátie bien — [el que bien quiere, bien castiga].
Y en efecto, yo, por mi parte, siento en general una irreduc-
tible simpatía por Suiza. Tanto el país como el pueblo me
agradan. Empuñando el fusil en el hogar, siempre dispuesto
y hábil para su manejo y la defensa de la leyenda histórica
de buen tono, además de las conquistas de competente fabri-
cación casera, el suizo me resulta ser una figura por demás
respetable. Tiene derecho a simpatías extranjeras, puesto que
también él las cultiva por el esfuerzo ajeno en pro de una
vida mejor.

-—Hubiese preferido que Dios, Nuestro Señor, hubiera per-
dido a sus dos mejores ángeles — dijo cierto agricultor suizo,
disgustado por el fracaso del levantamiento que acababa de
producirse en el Sud de Alemania. Probablemente no habría
arriesgado por ello su propio coche, pero si su propio pellejo
con acompañamiento de fusil. Es así como en el fondo de su
corazón el suizo no es neutral, aun cuando lo es en base y
defensa de la conservación de su propiedad heredada. Por lo
demás esta vieja costra de la neutralidad que rodea a su mejor
semilla — y es esta en efecto la esencia de la neutralidad —, muy
pronto acabará por estallar de tanto que se la pisotea y entonces
se desencadenará la tormenta y se purificará el aire”,

CARLOS MARX

Hasta aquí la carta de Schily. En la Tours des Prisons de
Berna no logró llegar a una entrevista personal con Druey, aun
cuando si a mantener correspondencia con este caballero. À una
carta en la que Schily le pregunta por los motivos de su de-
tención, solicitándole al mismo tiempo el permiso para poder
consultar judicialmente al abogado Wiss de Berna, Druey le
contesta con fecha 31 de abril de 1852:

“|, L'autorité Genevoise a ordonné votre renvoi du Can-
ton, vous a fait arrêter et conduire à Berne à la déposition de
mon département, parceque vous vous êtez montré un des ré-
fugiés les plus remuants et que vous avez cherché à cacher Y. et
B., que vous étiez engagé à répresenter à l'autorité. Par ce
motif et parceque votre séjour ulterieur en Suisse nuirait aux
relations internationales de la Confédération, le Conseil fédéral
a ordoné votre renvoi du territoire Suisse, etc. .. Comme votre
arrestation n'a pas pour but un procès criminel ou correction-
nel, mais une mésure de haute police... Il n’est pas nécessaire
que vous consultiez d'avocat. D'ailleurs, avant de... autoriser
l’entrevue que vous me démandez avec M. l'avocat Wyss, je
désire savoir le but. de cette entrevue” +,

Las cartas que, después de repetidas reclamaciones, Schily
pudo escribir a sus amigos radicados en Ginebra, debian ser to-

1. “Las autoridades ginebrinas ordenaron su expulsión del Canton,
lo hicieron arrestar y conducir a Berna, poniéndolo a disposición del de-
partamento, debido a que usted se ha revelado como uno de los refugiados
más inquietos, tratando de encubrir a 1. y B.; a que usted hasta llegó a
` pretender representar a la autoridad. Por ese motivo y porque su ulterior
permanencia en Suiza perjudicaria las relaciones internacionales. de la con-
federación, el Consejo Federal ha ordenado su expulsión del territorio sui-

zo, etc... Como su arresto no tiene por finalidad un proceso criminal o
correccional, pero sí, una medida altamente policial. ,. no hay necesidad de
que usted consulte con un abogado. Sin embargo... antes de autorizar la

entrevista con el abogado Wiss que usted me solicita, yo deseo conocer los
fines de la misma”.

HERR VOGT

das presentadas para su revisación al señor Druey. En una de
estas cartas Schily empleó el concepto Vae Victis. Druey le
escribió refiriéndose a esto, con fecha de 19 de abril de 1852:

“Dans le billet que vous avez adressé a M. J., se trouve
les mots: vae victis. .. Cela veut-il dire que les autorités fédé-
rales vous traitent en vaincu? S'il en était ainsi, ce serait une
accusation mensongère, contre laquelle je devrais protester” 2.

Schily respondié al poderoso Druey con fecha del 21 de
abril de 1852: |

“Je ne pense pas, M. le conseiller fédéral, que cette manière
de caracteriser les mesures prises a mon égard, puisse me valoir
le reproche d'une acussation mensongére; du moins un pareil
reproche ne serait pas de nature à me faire revenir de l’idée que
je suis traité avec dureté; au contraire, adressé à un prisionner,
par celui qui le tient en prison, une telle réponse me paraitrait
une dureté de plus” 3,

Hacia fines de marzo de 1852, poco antes de la detención
de Schily, y la anulación de otros fugitivos no parlamentarios,
el reaccionario Journal de Génève había comentado un poco de
todo sobre complots comunistas entre los panfletos ginebri-
nos: que el señor Trog estaba a punto de desalojar una cueva
de comunistas alemanes con una cría de 84 dragones comu-
nistas, etc. Junto a este diario reaccionario de Ginebra, en Berna
se encontraba un escribientillo perteneciente a la banda de los

2. “En el billete que usted dirigió a M. J. se encuentran las pala-
bras: vae victis.., ¿Quiere decir usted con esto que las autoridades fede-
rales lo tratan a usted como a un vencido? Si asi fuera, ello sería una acu-
sación falsa por lo que deberé protestar”.

3. No creo, señor consejero federal, que esta manera de caracterizar
las medidas tomadas para con mi persona puedan valerme el reproche de
una acusación falsa; por lo menos semejante reproche no sería de indole
suficiente para hacerme desistir de la idea de que soy tratado con dureza;
al contrario, el dirigir una respuesta semejante a un prisionero por aquel
que lo tiene preso, me parecería más bien un castigo más.

CARLOS MARX

parlamentaristas, que cabe suponer que era CARLOS MARX,
puesto que éste en el Libro Mayor reclama repetidas veces para
sí la salvación de Suiza de los fugitivos comunistas — ocupado
en difundir en el Frankfurter Journal [Diario de Francfort]
y bajo la sigla — [SS] — noticias similares ,como por ejemplo,
que el comité ginebrino integrado por comunistas y dedicado
a la ayuda de los exilados alemanes, había sido destituído por
su mala distribución de los fondos, sustituyéndosele por otro
de hombres honrados — parlamentaristas — los que no tarda-
rían en poner punto final a esas irregularidades; que el dictador
de Ginebra por fin y a pesar de todo, parecía someterse a las
órdenes impartidas por los comisarios federales, puesto que hacía
poco, dos fugitivos alemanes pertenecientes a una fracción
comunista habían sido trasladados de Ginebra a la cárcel de
Berna, etc. El Schweizerische Nationalzeitung — [Diario Na-
cionilista Suizo] — que se publicaba en Basilea, daba a cono-
cer en su N? 72 del 25 de marzo de 1852 una respuesta
proveniente de Ginebra en la que se decía: “Toda persona im-
parcial sabe, que tal como la Suiza únicamente se ocupa de la
afirmación y el desarrollo constitucional de sus conquistas po-
líticas, los endebles restos de la emigración alemana del país,
están dedicados únicamente a ganarse el pan nuestro de cada
día y a actividades por demás inofensivas, y que las leyendas
referentes al comunismo, son fruto únicamente de la imagina-
ción de aburguesados alucinados y delatores interesados poli-
tica y personalmente”.

El artículo termina diciendo: “Los exilados aquí radicados
suponen que entre ellos se encuentran varios de los llamados
“bravos hombres” según el ejemplo de los antiguos “hombres
honrados y de Bassermann’’, los que, impulsados por la año-
ranza de los pucheros de su patria, tratan de allanarse el ca-
mino hacia el perdón de sus diputados, por medio de seme-

RS A AA O ed a a

Lame 7 AS e RS gt

HERR VOGT

jantes espectoraciones reaccionarias; se les desea buena suerte
en su próximo viaje, con tal de que no continúen comprome-
tiendo a la emigración y al gobierno que les brinda
hospitalidad”.

Los parlamentarios fugitivos sabían que Schily era el autor
de este artículo. Apareció en el Basler Nationalzeitung [Diario
de Basilea], el 25 de marzo y ya el 1 de abril se produjo la
inmotivada detención de Schily. Tantaene animis celestibus
trae?

2. EL DfA DE LA REVOLUCIÓN DE MURTEN

Después del escandalo de Murten, los exilados alemanes
radicados en Ginebra, exceptuando a los parlamentarios fugi-
tivos, publicaron una protesta, dirigida “A un alto departa-
mento de Justicia y Policía de la Federación”. Del mismo úni-
camente transcribo un pasaje:

“*.. .Los monarcas no se conformaban con las conquistas
diplomáticas obtenidas. Levantaron un estruendo bélico alre-
dedor de Suiza y amenazaron con la ocupación militar, a fin
de establecer el orden entre los fugitivos; por lo menos, el
Consejo Federal manifestó en un documento oficial la preocu-
pación que le ocasionaba este peligro. Y en efecto: volvieron
a producirse expulsiones, esta vez motivadas por la conocida
asamblea de Murten y so pretexto de que, a consecuencia del
procedimiento iniciado, se había encontrado la pista de ciertas
tendencias de propaganda política. En su relación efectiva, esta
declaración es en un todo... discutible. Sin embargo, en sen-
tido jurídico podría recordarse que allí donde existen situa-
ciones judiciales, únicamente pueden imponerse castigos judi-
ciales por casos punibles, previamente considerados, lo que
también vale para la expulsión del país, siempre que la misma

CARLOS MARX

no hubiera de manifestarse como una arbitrariedad policial. ¿O
es que también en esto se pretendía azuzar a la diplomacia
contra nosotros, afirmando: que en consideración a las po-
tencias extranjeras y para poder mantener en pie las relaciones
internacionales, fué preciso obrar de esta manera? Está bien; si
así fuera, que la cruz federal se oculte ante la media luna turca,
la que, apenas el perseguidor de fugitivos golpea a su puerta,
saca sus cuernos y no se arrastra; que se nos entreguen nues-
tros pasaportes visados para Turquía y, una vez que la puerta
se haya cerrado a nuestras espaldas, entréguense las llaves de
la ciudadela suiza, como feudum oblatum a la Santa Alianza,
para que en lo sucesivo las lleve como insignia de gentilhombre
de la cámara, con la correspondiente divisa: ¡Finis Helvetiae!

3. CHERVAL

A través de la carta de J. B. Becker advertí que el “‘afi-
liado marxista”? mencionado por el Reichs-Vogt o el “afilia-
do” de Cherval, no podía ser otro que el señor Stecher, actual-
mente radicado en Londres. Hasta ese momento yo no habia
tenido el honor de su amistal personal, aun cuando a mis oídos
habían llegado muchos elogiosos conceptos sobre su grande
y múltiple talento de artista. À consecuencia de la carta de
Becker, tuvimos una entrevista. Lo que sigue es una carta que
mi “afiliado” me dirige a mí.

Londres, 17 Sussex Street. W. C. 14 de octubre de 1860.

“MI QUERIDO SEÑOR MARX:

Con mucho gusto le daré algunas explicaciones sobre el
artículo Nugent — Cherval Krämer — del panfleto de Vogt

Er.

HERR VOGT

y del que usted tuvo la gentileza de remitirme un extracto. En
marzo de 1853, de regreso de un viaje por Italia, llegué a Gi-
nebra. Nugent llegó aproximadamente por la misma época y
yo le conocía en un establecimiento litográfico. Yo acababa
de iniciarme en la litografía y debido a que Nugent posee am-
plios conocimientos de este arte y una naturaleza por demás
amable, servicial y hasta diría, laboriosa, me decidí a aceptar su
proposición de trabajar con él en un mismo establecimiento.
Lo que Vogt dice acerca de las actividades de Nugent en Gi-
nebra es aproximadamente lo mismo que yo oí decir por
aquel entonces, siempre y cuando se resten las acostumbradas
exageraciones propias del escritor de panfletos y folletines. El
éxito fué en extremo reducido. Yo únicamente conoci a uno
de los miembros de aquella sociedad, un mozo bonachón y
trabajador, aun cuando por demás superficial y despreocupa-
do: y como éste era una de las personalidades principales, es
fácil llegar a la conclusión de que N. lo representa todo en aque-
lla sociedad y que los demás no pasaban de ser auditores curio-
sos. Estoy convencido de que no se grabaron planchas de piedra
ni de acero, aun cuando es cierto que oí hablar a Nugent de
asuntos similares. Mis conocidos eran en su mayoría ginebrinos
e italianos. Supe que más adelante Vogt y otros fugitivos ale-
manes desconocidos por mí, me consideraron como a un espía,
pero no me molesté por ello; la verdad siempre a la luz del
día; ni siquiera me enojé con ellos; resultaba bien fácil des-
pertar sospechas, puesto que no faltaban los espías y no siempre
era tarea sencilla el descubrirlos. Estoy casi seguro de que Nu-
gent no mantuvo correspondencia con persona alguna de Gi-
nebra después de haber sido expulsado de dicho ciudad. Más
adelante recibí dos cartas, en las que me invitaba a ir a París
para hacerme cargo de la ejecución de una obra sobre arqui-
tectura mediaeval, a lo que accedi. En París encontré a Nugent

CARLOS MARX

completamente apartado de las actividades políticas y corres-
ponsalias. Con lo que precede, por cierto puede explicarse el
que yo sea a quien se refieren aquellos “afiliados marxistas”
pues jamás vi ni supe de otra persona a la que Nugent hu-
hubiese arrastrado consigo hasta París. Como es natural, el señor
Vogt no podía saber que yo nunca, directa ni indirectamente,
había entrado en contacto con usted y que probablemente
nunca habría llegado a ello, de no haberme yo establecido en
Londres, donde, por una casualidad, tuve el agrado de conocerlo
a usted y a su estimada familia.

Con mi más cordial saludo para usted y los suyos,

H. CAL. STECHER.

4. EL PROCESO DE LOS COMUNISTAS DE COLONIA

Los datos que en este capítulo doy a conocer sobre la Em-
bajada prusiana en Londres y sus relaciones con las autoridades
prusianas en el continente durante las vista del proceso de
Colonia, se fundan en las autoconfesiones publicadas por E.
Willich, en el Criminalzeitung [Diario Criminalista], de Nue-
va York, de abril de 1853, bajo el título: “Las víctimas de
la Moucharderie, artículo de autojustificación de Guillermo
Hirsch”, de ese mismo Hirsch que en la actualidad se encuentra
preso en Hamburgo, que fué el instrumento principal del te-
niente de policía Greif y su agente Fleury y que también bajo
la dirección de éstos, forjó durante el proceso de los comu-
nistas, el falsificado registro de protocolos presentado por Stie-
ber. Daré aquí algunos extractos de las memorias de Hirsch.

“Las Asociaciones alemanas eran vigiladas simultáneamente
— durante la exposición industrial — por un triunvirato po-

HERR VOGT

licial: por Prusia el consejero policial Stieber, por Austria, un
señor Kubesch y el señor jefe de policía Huntel, de Bremen”.

Hirsch describe de la siguiente manera la primera entre-
vista que tuvo, a consecuencia de su ofrecimiento para actuar

como Mouchard, con el secretario de la embajada prusiana en
Londres:

“Los rendez-vous que la embajada prusiana en Londres
concedía a sus agentes secretos, tenía lugar en un local apropiado
para ello, La hostería The Cock, Fleestreet, Temple Bar, lla-
ma tan poco la atención del transeúnte que, de no señalar su
entrada un gallo dorado que sirve de letrero, resultaría por
demás dificultoso el encontrarla. Un angosto zaguán me con-
dujo hacia el interior de esta antigua taberna inglesa y a mi
pregunta por el señor Charles, se me presentó bajo este nombre
y con una sonrisa tan amable como si hiciera ya mucho tiempo
que ambos fuéramos amigos, una personalidad bien nutrida.
El encargado de la embajada, pues no era otro, parecía estar
muy bien dispuesto y su buen humor se fortaleció aún más
bebiendo brandy y agua en cantidad, hasta el punto que pasó
un buen rato durante el cual parecía haber olvidado por com-
pleto cual era el objeto de nuestra entrevista. Mr. Charles, o,
como no tardó en presentárseme con su verdadero nombre, el
escribiente de la Embajada, Albertus, comenzó por informarme
que él en realidad nada tenía que ver con los asuntos policiales,
pero que a pesar de ello se encargaría de las negociaciones. . .
Una segunda entrevista tuvo lugar en su domicilio de enton-
ces, Brewerstreet 39 Golden Square, donde conoci por primera
vez al teniente de policia Greif, tipo de auténtico corte poli-
cial, de estatura mediana, cabello oscuro y una barba de igual
color, cortada par odre, de forma que el bigote se une a la
barba de las mejillas y deja libre el mentón. Sus ojos que

CARLOS MARX

revelan todo menos espíritu, debido al contínuo trato con
ladrones y rufianes, parecen haberse acostumbrado a fijar una
mirada penetrante y estúpida a la vez... El señor Greif, tal
como al principio lo había hecho Albertus, se envolvió en el
mismo manto del seudónimo de éste y también se hizo llamar
Mr. Charles. Pero este nuevo Mr. Charles que por lo menos
ponía de manifiesto un carácter más serio, creyó tener que
comenzar por examinarme. .. Nuestra primera entrevista ter-
minó dándoseme el encargo de transmitirle datos exactos acerca
de las actividades a que se dedicaba la emigración revolucio-
naria... En la segunda el señor Greif me presentó a su “brazo
derecho”, como llamaba a uno de “sus amigotes’’. El asi apo-
dado era un hombre joven y alto, elegantemente vestido, que
también se me presentó como Mr. Charles; parecía que toda
la policía política había adoptado este nombre como seudó-
nimo. Hasta ese momento yo había tenido que ver con tres
Charles. Sin embargo, el último en llegar parecía ser el más
respetable de los tres. “También él había sido” — según me
lo hizo saber — “revolucionario, pero todo iría bien si yo iba
con él”. Greif abandonaba Londres por algún tiempo y se
despidió de Hirsch, ‘‘advirtiéndome que el nuevo Mr. Charles
siempre obraría de acuerdo a sus órdenes, de modo que yo no
tuviera escrúpulos en sincerarme con él, y aun cuando alguna
vez algo se me antojara un tanto extraño, yo no debía moles-
tarme por ello”, Y para que yo pudiera comprender mejor
esto, agregó: “De cuando. en cuando el ministerio necesitaba
de estos o aquellos objetos; principalmente sí son documentos
y cuando no es posible obtenerlos, entonces es preciso encontrar
algún medio...”

Más adelante Hirsch nos cuenta que el último Mr. Charles
había sido Fleury “anteriormente ocupado en la expedición
del “Dresdener Zeitung” [Diario de Dresde] dirigido por L.

HERR VOGT

Wittig. En Baden, a consecuencia de las recomendaciones reci-
bidas, fué expulsado de Sajonia por el gobierno provisional
y enviado al Palatinado, para impulsar la organización de la
última reserva, etc. Cuando los prusianos entraron en Carlsruhe,
fué hecho prisionero, etc. À fines de 1850 o principios de
1851 reapareció repentinamente en Londres; aquí, desde un
principio, llevó el nombre de Fleury y como tal se encuentra
entre los refugiados en una situación por lo menos aparente-
mente mala; se muda con ellos al cuartel de exilados habilitado
por el comité de fugitivos y disfruta de su apoyo. À principios
del verano de 1851 su situación mejora como por encanta-
miento, se muda a una buena casa y, a fines del mismo año, se
casa con la hija de un ingeniero inglés. Más adelante lo veremos
como agente policial en París... Su verdadero nombre es
Krause y es, por cierto, el hijo de aquel zapatero Krause que 15
o 18 años atrás fué ajusticiado en Dresde, junto con Bachkof
y Beseler, por el asesinato cometido, en dicha ciudad, de la
condesa de Schemberg y la camarera de ésta. .. Muchas veces
Fleury-Krause me dijo que desde los catorce años había tra-
bajado para el gobierno”.

Es éste el mismo Fleury-Krause al que en la vista pública
judicial celebrada en Colonia, Stieber ya señaló como a un
agente de la policía prusiana, directamente a las órdenes de
Greif. Yo, por mi parte, en mis Revelaciones sobre el Proceso
de los Comunistas, digo refiriéndome a Fleury: “Si bien Fleu-
ry no es precisamente la Fleur de Marte de las prostitutas de
la policía, no deja de ser flor y flores habrá de producir, aun
cuando las mismas no sean más que Fleurs de Lys”. Esto en
cierto modo se ha cumplido. Algunos meses después del proceso
de los comunistas, Fleury fué condenado en Inglaterra a al-
gunos años de Hulks, por haber falsificado documentos,

CARLOS MARX

“En su condición de brazo derecho del teniente de policía
Greif — [dice Hirsch] — Fleury, en su ausencia, negociaba
directamente con la embajada prusiana. Con Fleury estaba re-
lacionado Max Reuter, el que perpetró el robo de las cartas
en casa de Osvaldo Dietz, por aquel entonces archivista de la
Liga Schamper-Willich, “Stieber — [asi dice Hirsch} — era in-

formado por el agente del embajador prusiano Hatzfeld en

París, aquel sospechoso Cherval, de las cartas que este último
había escrito a Londres y únicamente encomendó a Reuter que
averiguara el paradero de los mismos, a consecuencia de lo cual,
Fleury, cumpliendo órdenes de Stieber y con la ayuda de
Reuter, pudo perpetrar aquel hurto de las cartas. Son estas
las “cartas robadas’’ que, como tales, el señor Stieber no titu-
beó en deponer abiertamente ante el tribunal de jurados de
Colonia... En el otoño de 1851 Fleury había estado en París
en compañía de Greif y de Stieber, después de que este último,
por intermedio del conde Hatzfeld, ya se había puesto en
contacto con el tal Cherval o mejor dicho, José Cramer, con
cuya ayuda esperaba poder poner en práctica un complot. Con
este fin los señores Stieber, Greif, Fleury, amén de otros dos
agentes policiales, Beckmann y Sommer, radicados en París,
fueron a consultar con el famoso espía francés Lucien de la
Hadde — bajo el nombre de Duprez — e impartieron sus ins-
trucciones a Cherval, a la medida de las cuales habría de cortar
luego sus correspondencias. Más de una vez Fleury se ha mo-
fado ante mí de aquel ataque provocado entre Stieber y Cher-
val; y ese tal Schmidt que se introdujo en la Asociación fundada
por Cherval en cumplimiento de órdenes policiales, ha-
ciéndose pasar por secretario de una Asociación revolucionaria
de Estrasburgo, ese mismo Schmidt no es otro que el señor
Fleury... Indudablemente Fleury” era en Londres el único
agente de la policía secreta prusiana y todas las ofertas y pro-

: 446

HERR VOGT

posiciones que se le hicieron a la Embajada pasaron por sus
manos. .. En muchos casos los señores Greif y Stieber requerían
su Opinión”.

Fleury rebela a Hirsch: “El señor Greif le dijo a usted
cómo es preciso obrar... La misma central de la policía de
Francfort opina también que ante todo se trata de asegurar
la existencia de la pelicía política, no importa cuáles sean los
medios de que nos valemos para ello; con el complot de sep-
tiembre de París, se ha dado ya el primer paso”.

Greif regresa a Londres, manifiesta su satisfacción por los
trabajos cumplidos por Hirsch, pero aún pide más y, sobre
todo, informes acerca ‘‘de las asambleas secretas de la Liga del
partido de Marx”. “A tout prix [a cualquier precio] — ter-
mina diciendo el teniente de policía — “es necesario que redac-
temos informes sobre las sesiones de la Liga; hágalo como
mejor le plazca, únicamente es preciso que no exagere usted
las posibilidades. Yo, por mi parte, estoy demasiado ocupado
para hacerlo. El señor de Fleury colaborará con usted en mi
nombre”. Según Hirsch, por aquel entonces la ocupación de
Greif consistía en mantener correspondencia con Maupas por
intermedio de la Hadde-Duprez sobre la aparente evasión de
Cherval y Gipperich de la cárcel de St. Pelagie a organizarse.
A la afirmación de Hirsch, que “en Londres Marx no había
fundado una nueva asociación central federal”... Greif con-
vino con Fleury que en las circunstancias vigentes, por el
momento fuéramos nosotros mismos quienes confeccionáramos
informes sobre las asambleas federales; él, Greif, se encargaría
de la legitimidad y garantía y de todas maneras sería aceptado
todo lo que él presentara. Por consiguiente Fleury y Hirsch
se pusieron a trabajar.

“El contenido — [de mis informes sobre las asambleas de
la Liga secreta celebrada por mi} — era rellenado — [así dice

CARLOS MARX

Hirsch] — con alguna que otra discusión que solía producirse,
la aceptación de nuevos miembros de la federación, el que en
algún rincón de Alemania acababa de fundarse una nueva feli-
gresía, el que tuviera lugar alguna nueva organización, el que
en Colonia los apresados amigos de Marx tuvieran o no po-
sibilidades de ser liberados, que habían llegado cartas de éste
o aquél, etc. En lo que a esto último se refiere, Fleury acos-
tumbraba a tomar en cuenta a personas que se encontraban
en Alemania y que ya habían sido calificadas de sospechosas
debido a investigaciones policiales o que Habían: desarrollado
alguna actividad política; sin embargo, muy a menudo fué
preciso recurrir a la imaginación y es probable que en esos casos
apareciera también algún miembro de la federación, cuyo nom-
bre acaso ni siquiera exista en el mundo entero. Sin embargo,
el señor Greif opinaba que nuestros informes eran buenos, ya
que a tout prix [a cualquier precio], era preciso forjarlos. ..
En parte Fleury se encargaba él solo de su redacción, pero en
la mayoría de los casos yo tenía que ayudarle, puesto que le
resultaba imposible construir correctamente la frase más in-
significante. Es así como surgieron esos informes y, sin pen-
sarlo mucho, el señor Greif garantizó su exactitud”.

Hirsch continúa contando cómo él y Fleury fueron a
visitar a À. Ruge en Brigton y a Eduardo Meyen — el del re-
cuerdo de Toby —- para robarles las cartas y correspondencias
litografiadas. Y no basta con esto. Greif-Fleury alquilan una
prensa litográfica en la imprenta de Stambury, Fetter Lane
y, en compañía de Hirsch, se dedican ahora a confeccionar
ellos mismos sus “panfletos radicales”. En esto el “demócrata”
F. Zabel puede aprender algo que escuche pues:

“El primer panfleto que redacté — Hirsch — llevaba, de
acuerdo a las indicaciones de Fleury, el título: ‘Al Proletariado
Campesino” y fué posible lograr del mismo algunas copias

HERR VOGT

presentables. El señor Greif remitió estas copias como si pro-
vinieran del partido marxista y, a fin de hacer más verosímil
su origen, agregó algunas líneas sobre la expedición de esta
clase de panfletos, fundándose para ello sobre la así señalada
manera de fabricarlos en las llamadas Asambleas Federales. Una
vez más apareció un producción semejante bajo el título: “A
los hijos del. pueblo” y no sé con qué firma esta vez el señor
Greif entregó la misma. Algún tiempo después terminaron
estas pruebas, sobre todo, debido a que era preciso invertir
mucho dinero en ellas”.

Por fin, después de su aparente evasión de París, Cherval
llega a Londres y es momentáneamente agregado a Greif con
un salario semanal de 1£ con 10 chelines, ‘‘a cambio del cual
deberá proporcionar informes sobre las relaciones entre la emi-
gración alemana y francesa”. Descubierto oficialmente y ex-
pulsado como Mouchard de la Asociación Obrera, “Cherval,
por razones fácilmente comprensibles, representaba en forma
muy poco digna de ser tomada en cuenta a la emigración
alemana y a sus Órganos, debido a que hacia ese lado le era
totalmente imposible entregar siquiera una sola línea. En
cambio bosquejó para Greif un informe sobre el partido re-
volucionario anti-alemán, informe éste que sobrepasó aún a
Münchhausen”, |

Luego Hirsch vuelve a referirse al proceso de Colonia.

“Ya varias veces el señor Greif se había visto interpelado,
debido al contenido de los informes federales confeccionados
por Fleury en cumplimiento a sus órdenes, en cuanto los mis-
mos se referían al proceso de Colonia... También le llegaron
determinados encargos sobre este particular. Una vez se decía
que Marx mantenía correspondencia con Lasalle bajo el nombre
de Trinkhans — [Juancito Bebedor] — y el señor procurador

CARLOS MARX

del Estado deseaba que al respecto se iniciaran investigaciones. . .
Algo más ingenuo se nos ocurre un pedido del señor procurador
del Estado, en el que dice que desearía se le informara con
exactitud acerca de la ayuda pecuniaria que Lassalle hace llegar
desde Düsseldorf a Röser, quien se halla preso en Colonia...
puesto que se comenta que ese dinero proviene de Londres. . .”

Ya en el párrafo III, 4, se menciona cómo, por encargo
de Hickeldey, Fleury debía encontrar a una persona residente
en Londres, que representara al desaparecido H. ante el tribunal
jurado de Colonia, etc. Tras una detallada exposición de este
suceso, Hirsch continúa diciendo:

“Entretanto el señor Stieber había planteado a Greif su
intenso deseo de poder presentar protocolos originales de las
asambleas federales, cuyos informes él había remitido. Fleury
manifestó que con tal de que se contara con la gente necesaria
para ello, él se encargaría de fabricar uno de esos protocolos
originales. Pero sobre todo era necesario obtener la letra de al-
gunos de los amigos de Marx. Yo aproveché esta última ma-
nifestación para, por mi parte, rechazar la proposición; sólo
una vez más Fleury volvió a hablar de este asunto, pero luego
prefirió callar al respecto. De repente, por aquella época el
señor Stieber se presentó en Colonia llevando un libro de pro-
tocolo de la Asociación Federal que sesionaba en Londres...
Pero mi asombro fué mayor aún, cuando a través de los extrac-
tos publicados por los diarios, reconocía los informes falsifi-
cados por Fleury por encargo de Greif. Quería decir que el
señor Stieber habia logrado hacer de una u otra manera, una
copia, pues los protocolos que aparentaban estos fraguados ori-
ginales llevaban firmas y los que Fleury acostumbraba entregar
nunca estaban provistos de las mismas. Lo único que Fleury
supo informarse sobre este fenómeno fué que ‘‘Stieber lo sabia
hacer todo. ¡El asunto ese haría furor!”

HERR VOGT

Apenas Fleury se enteró de que “Marx” había hecho le-
galizar ante una corte policial londinense las verdaderas firmas
de los supuestos firmantes de las actas — Liebknecht, Rings,
Ulmer, etc. —redactó la siguiente carta:

AL PREFECTO DE POLICIAL DE BERLÍN. Londres en el
día de la fecha, Con el propósito de presentar como falsifica-
das las firmas de los firmantes de los protocolos federales,
aquí Marx y sus amigos pretenden poner en práctica la lega-
lización de letras que luego habrán de ser presentadas al tri-
bunal de apelación, como las únicas firmas realmente válidas.
Todo aquel que conoce las leyes inglesas sabe también que en
este sentido las mismas se dejan dar vuelta y que aquel que
garantiza la legitimidad, en el fondo no presta garantía al-
guna. El que firma la presente no se opone a poner su nombre
en una causa que defiende a la verdad. BECKER. 4 Lichtfelds-
treet”,

Fleury conocía la dirección de Becker, un fugitivo alemán
que vivía en la misma casa de Willich, de modo que poste-
riormente sería fácil hacer recaer sobre éste la sospecha de ser
el autor de dicha carta, por tratarse de un enemigo de Marx...
Fleury disfrutaba de antemano al pensar en el escándalo que
esto originaría luego. Opinaba que lógicamente la carta sería
leída tan tarde, que el proceso ya se habría terminado... La
carta firmada por Becker había sido dirigida al presidio poli-
cial de Berlín, pero no fué a Berlín, sino al funcionario
policial “Goldbein, Frankfurter Hof de Colonia”, y un sobre
correspondiente a esta carta fué al presidio policial de Berlín,
conteniendo este billete: “El señor Stieber, actualmente en
Colonia, dará amplias explicaciones al respecto”... Pero el
señor Stieber no hizo uso de esta carta, no pudo emplearla,

CARLOS MARX

puesto que se vió obligado a abandonar todo lo referente al
Libro de actas”.

Refiriéndose a esto último Hirsch dice:

“El señor Stieber declara — [ante la justicia] — que quin-
ce días antes había tenido al mismo entre sus manos y que lo
había pensado mucho antes de emplearlo; declara también que
él mismo le había llegado por intermedio de un mensajero en
la persona de Greif ... Además Greif le habría entregado tam-
bién su propio trabajo. ¿Pero cómo concuerda todo esto con
una carta del señor Goldbein? El señor Goldbein escribe a la
embajada: ‘‘que el libro de actas había sido entregado con
tanto retraso, debido a que únicamente se deseaba eludir el
éxito de probables interpelaciones referentes a su legitimi-
dad”... Viernes, 29 de octubre, el señor Goldbein llegaba a
Londres. El señor Stieber veía claramente la imposibilidad de
mantener en pie la legitimidad del libro de actas, por lo que
envió a un emisario para negociar allí mismo con Fleury. La
cuestión consistía en hallar alguna posibilidad para encontrar
un camino que llevara hacia algún testimonio probatorio.
Sus conversaciones fueron infructuosas y Goldbein regresó sin
haber llegado a resultado alguno y dejando a Fleury en un
estado de verdadera desesperación; es que Stieber en este caso
y para no comprometer a los jefes policiales estaba decidido a
descubrirlo. El que era éste el motivo del desasosiego del señor
Fleury, me lo demostró recién la declaración del mismo, pu-
blicada poco tiempo después. Asustado, el señor Fleury recu-
rrió a un último medio: me trajo un original, de acuerdo al
cual yo debía copiar una declaración y firmarla con el nom-
bre de Licbknecht para luego presentarla al Lord Mayor de
Londres, haciéndome pasar por Licbknecht, para que aquel
la legitimara... Fleury me dijo que la letra provenía de aquel
que había escrito el libro de actas y que el señor Goldbein la

HERR VOGT

había traido desde Colonia. Pero si el señor Stieber había
recibido el libro de actas por intermedio del mensajero Greif,
proveniente de Londres, ¿cómo era posible que el señor Gold-
bein, en el mismo momento en que Greif ya volvía a encon-
trarse de regreso en Londres, podía traer desde Colonia un
original escrito de puño y letra del supuesto secretario de ac-
tas? ... Lo que Fleury me entregaba eran apenas algunas pocas
palabras y la firma...” Hirsch “copió la letra lo más parecida
posible y declaró que el abajo firmado, es decir, Liebknecht,
declaraba falsa la legitimación llevada a cabo por Marx y sus
compinches y que ésta, su firma, era la única verdadera. Una
vez que hube terminado mi trabajo y tuve entre mis manos
el original — vale decir el documento que Fleury me había
entregado para su copia — y el que por fortuna conservo aún
hoy, manifesté mis dudas negándome — con gran asombro por
parte de Fleury — categóricamente a acceder a su pedido. Des-
consolado al principio, me declaró luego que él mismo garan-
tizaría la firma... Para más seguridad, dijo, haría que el
cónsul prusiano diera su contraseña para la misma, para lo
que fué hasta el despacho de aquél. Yo lo esperaba en una
taberna; a su regreso había logrado ya la contraseña, después
de lo cual decidió dirigirse al Lord Mayor para su legaliza-
ción. Pero el asunto no marchó por ese camino; el Lord Mayor
exigió otras garantías que Fleury no estaba en condiciones de
proporcionar, por lo que el juramento quedó sin efecto...
Muy entrada la noche volví a ver una vez más, la última, al
señor de Fleury. Precisamente en ese día había tenido una
sorpresa desagradable, al Icer en el Kölnische Zeitung — [Dia-
rio de Colonia] —la declaración que el señor Stieber había
hecho con respecto a él. “Pero sé que Stieber no pudo hacer
otra cosa, de lo contrario habría tenido que comprometerse a

CARLOS MARX

sí mismo”, trataba de consolarse el señor Fleury con filosofía
muy acertada por cierto”... i

“En Berlin se daría un gran golpe, si los de Colonia fuesen
condenados”, me dijo el señor de Fleury uno de los últimos
días en que le vi”.

Las últimas entrevistas de Fleury y Hirsch tuvieron lugar
a fines de noviembre de ese mismo año; y a fines de 1853
tuvo lugar en Berlín “aquel gran golpe” vaticinado por Fleu-
ry. (Conspiración de Ladendorf).

5. DIFAMACIONES

Una vez terminado el Proceso de los Comunistas de Colo-
nia se divulgaron, especialmente en la prensa germano-ameri-
cana, calumnias de índole vogtiana sobre mi “explotación de
los obreros”. Algunos de mis amigos residentes en América
— los señores I. Weydemeyer, Dr. A. Jacobi, médico en Nueva
York, uno de los acusados en el Proceso de los Comunistas de
Colonia, y A. Cluss, empleado en la U. St. Navy Yard de
Washington — publicaron, con fecha Nueva York, 7 de no-
viembre de 1853, una detallada refutación de aquella tontería,
advirtiendo, que yo estaba en mi derecho de callar mis asun-
tos privados, en cuanto no se trataba de lograr el beneplácito
del espíritu burgués. “Pero, frente a la crápule, al burgués cur-
si y al vagabundo degenerado, opinamos que ese silencio es `
motivo para la causa y es por ello que decidimos salir de
él”.

HERR VOGT

6. BATRACOMIOMAQUIA

En mi panfleto anteriormente citado, El Caballero, etc,
puede leerse en la página 5:

“*...el 20 de julio de 1851 se fundó la “Asociación de
Agitación” y el 27 de julio de 1851, el “Club de Emigración
Alemana”. À partir de este día, de esta fecha, data la lucha
librada a ambos lados del Océano, entre la “emigración” y la
“agitación”. Y se inició la gran batracomiomaquia.

¿Quién me da las palabras y quién la voz

para con grandeza decir lo más grande?

Pues una lucha más bravía llevada con mayor furia
jamás se vió desde que el mundo existe.

Las otras batallas, aun cuando terribles,

son sólo rosas y violetas, y mi poesía

fracasa allí, donde bravura y honrosa gloria,
relucen con igual fulgor de esta lucha en la historia.

(Según BOYARDO. Orlando Inam. Canto 27)

Aquí en modo alguno me propongo ocuparme más dete-
nidamente de la historia de “esta lucha” y ni siquiera de los
“Preliminares para un tratado unificador” acordado entre
Gottfried Kinkel en nombre de la “Asociación de Emigración”
y A. Góng, en el de la “Liga revolucionaria de ambos mun-
dos”, el 13 de agosto de 1852 (prohibido y publicado luego
bajo este rubro, en toda la prensa germano-americana). Uni-
camente señalo que toda la emigración, con muy raras ex-
cepciones — los hombres como el de K. Vogt eran eludidos por
aquel entonces por todos los partidos, aunque más no fuera que

CARLOS MARX

por pudor — participó, de una u otra manera en ese carna-
val.

Gottfried Kinkel, la flor pasionaria del filisteismo ale-
mán, al final de su revolucionario viaje de placer a través de los
Estados Unidos, en el Memorandum sobre el patrimonio na-
cional alemán a favor de la revolución, Elmira, Estado de Nue-
va York, 22 de febrero de 1852”, hizo manifestaciones que
por lo menos tienen el mérito de su absoluta sencillez. Got-
tfried considera que el hacer revoluciones es similar a hacer fe-
trocarriles. En uno de los casos, una vez que se dispone del
dinero, el ferrocarril es hallado, y en el otro, la revolución.
Mientras la Nación experimente necesidades revolucionarias,
será conveniente que los hacedores de revoluciones lleven di-
nero contante y sonante en sus bolsillos y, por consiguiente,
todo está en “reunir un pequeño grupo bien equipado y pro-
visto de dinero”. Ya se ve en qué laberintos ideológicos el
viento mercantil de Inglaterra es capaz de internar hasta a los
cerebros más melodramáticos. Y yo que aquí todo y hasta la
public opinion se hace con acciones, ¿por qué no fundar una
Asociación Anónima “en pro del progreso de la revolución?”

En un encuentro público con Kossuth, que por aquel en-
tonces precisamente también cultivaba la esgrima revolucio-
naría en los Estados Unidos, Gottfried dijo muy estéticamente:
“También de su mano, señor gobernador, la libertad regalada
sería para mí un bocado de pan duro, al que rociaría con las
lágrimas de mi VERGUENZA”. Gottfried, que tan atentamente
miraba los molares del caballo regalado, le aseguró, por la
tanto al gobernador, que si éste le ofreciera con su diestra la
“revolución de Oriente”, él, Gottfried, con su diestra le entre-
garía al gobernador, como equivalente, la “revolución de Oc-
cidente”. Siete años después, en el ‘Hermann’ por él fundado,
este mismo Gottfried afirma ser un hombre de rara conse-

spent ie aig

MES

HERR VOGT

cuencia, y cuando frente al tribunal de Rastatt proclama al
príncipe regente, Emperador de Alemania, recuerda que siempre
ha sostenido este lema.

El conde Oscar Reichenbach, uno de los primitivos tres
regentes y cajero del empréstito revolucionario, publicó, con
fecha Londres, 8 de octubre de 1852 un balance, amén de
una declaración, en la que renuncia a la empresa, manifestando
sin embargo al mismo tiempo, “que en todo caso no entre-
gará los dineros a los ciudadanos Kinkel, etc’. En cambio
invita a los accionistas a hacer efectivas sus acciones, agre-
gando que se las pagaría con los dineros que había en caja”.
A mi renuncia a la administración de la caja, etc. — [así dice],
— me obligan causas políticas y legales... Las suposiciones
sobre las que se basaba la idea del empréstito, no se han pro-
ducido. La suma de 20.000 dólares, tras cuya realización re-
cién se pensaba llevar a efecto el empréstito, no fué cubierta.
La proposición de fundar un periódico y agitar los espíritus,
no halló eco... Sólo charlatanismo o monomanía revolucio-
naria es capaz en este momento de declarar factible el em-
préstito y una inversión de los dineros equitativamente justa
para todas las fracciones del partido y, por lo tanto, imperso-
nal y activamente revolucionaria”. Sin embargo la fe revolu-
cionaria de Gottfried no se dejaba doblegar tan fácilmente y
con este dinero se proporcionó a sí mismo una “resolución”
que le permitió continuar el negocio bajo otra firma.

La rendición de cuentas de Reichenbach contenía datos
interesantes. “Por contribuciones — [así decía] —que más
adelante los comités pagaron a otros y no a mí”, los garantes
no pueden responsabilizarse, por lo que ruego a los comités,
quieran tener cuidado al recaudar los billetes y al efectuar el
balance”. Las “entradas”? sumaban, de acuerdo a su compte
rendu, 1587 £, 6 S., 4 D., a los que Londres había contribuido

CARLOS MARX

con 2£ 55., y “Alemania” con 9£. Los gastos eran de
584£. 188. 5D. y se componían de la siguiente manera:
“Gastos del viaje de Kinkel y Hillgärtner: 220 £. Otros via-
jeros: 54 £. Prensa litográfica: 11 £. Confección de los billetes
provisorios: 14 £. Correspondencia litográfica, franqueo, etc:

106£. 1S. 6D. Por orden de Kinkel, etc. 100 £.

El empréstito revolucionario terminó en 1.000 £, las que
Gottfried Kinkel tiene depositadas en el Westminster Bank
como fianza para el primer gobierno provisional de Alemania.
¿Y a pesar de esto no hay aún un gobierno provisional?
Acaso Alemania piense que tiene bastante con 36 gobiernos
definitivos.

Algunos fondos americanos separados para el empréstito,
que no fueron incorporados a la caja central londinense, por
lo menos de vez en cuando encontrarán una aplicación pa-
triótica, como por ejemplo las 100 £ que el señor Gottfried
Kinkel entregó al señor Carlos Blind en la primavera de 1858,
para que los convirtiera en “panfletos radicales”, etc.

7. POLÉMICA DE PALMERSTON

“Doctor,

The Sheffield Foreign Affairs Committe instruct me to
convey to you an expression of their warm thanks for the
great public service you have rendered by your admirable ex-
posé of the Kars-Papers published in the “People's Paper”.

I have the honour, Uc.

WM. CYPLES, Secretary”.
Dr. Carlos Marx.

HERR VOGT

8. DECLARACIÓN DEL SEÑOR A. SCHERZER

El señor A. Scherzer, que desde el año treinta ha tenido
una participación encomiable en el movimiento obrero, me es-
cribe una carta fechada en Londres el 22 de abril de 1860:

“¡ESTIMADO CIUDADANO!

No puedo dejar de protestar por un pasaje que en la re-
pugnante trama de mentiras e infames difamaciones del folle-
to vogtiano, se refiere a mi persona. Pues en el documento N?
7 copiado del Schweizer Handelscourrier — [Correo Comer-
cial Suizo] — N° 150, del 2 de junio, “Suplemento”, puede
leerse: “Sabemos que actualmente desde Londres vuelven a
efectuarse renovados esfuerzos. Cartas firmadas por A. Sch...
son dirigidas desde allí a Asociaciones y personas, etc”. Estas
“cartas”? parecen ser la causa que impulsa al señor K. Vogt
a escribir en otro pasaje de su libro: “Al principio de ese año
— 1859 — pareció formarse un nuevo terreno propicio para
la agitación. Inmediatamente se aprovechó esta oportunidad
para tratar de recobrar alguna influencia. En este sentido hace
años que la táctica no ha cambiado. Un comité, del que puede
decirse como en la vieja canción, “nadie sabe nada”, divulga,
por intermedio de un presidente o secretario, que por lo demás
también resultan perfectamente desconocidos, cartas, etc., etc.
Una vez que de esta manera el terreno ha sido sondeado, en
el país surgen de pronto algunos “hermanos viajeros”, los que
de inmediato se ocupan de la organización de una asociación
secreta. La asociación a la que se quiere comprometer, nada
sabe de estas maquinaciones que continúan siendo actividades a
favor de federaciones separatistas, llevadas a cabo por algunos

CARLOS MARX

individuos; en la mayoría de los casos hasta la correspondencia
cursada en nombre de dicha asociación es completamente ig-
norada por ésta, aun cuando en las cartas puedan leerse “nues-
tra sociedad”, etc., y las reclamaciones de la policía, que más
adelante se producen en forma irremisible, se refieren siempre
a toda la asociación, etc.”.

¿Por qué el señor Carlos Vogt no ha copiado toda la
carta a que se refiere en el documento N° 7? ¿Por qué no ha
“sondeado” la fuente de que proviene? Habría sido facilísimo
para él enterarse de que la Asociación Cultural Obrera que ofi-
cialmente actúa en Londres, había nombrado una comisión
para la correspondencia en una asamblea pública, comisión
ésta para la que tuve el honor de ser elegido. Cuando el señor
Vogt habla de secretarios y demás autoridades desconocidas,
reconozco que me es muy grato que él no me conozca, pero
que en cambio me alegro de poder decir que me conocen miles
de obreros alemanes, todos los cuales han bebido en las fuentes
de la sabiduría de los hombres que él ahora difama. Los tiem-
pos han cambiado. Ha pasado la época de las asociaciones se-
cretas. Es absurdo hablar de federación secreta o federación
separatista, cuando un asunto es abiertamente planteado en una
Asociación Obrera, a cada una de cuyas asambleas asisten ex-
traños. Nosotros, los obreros alemanes de Londres, únicamente
pretendiamos llegar a conocer cuál era el espíritu que imperaba
en las Asociaciones Obreras del continente y fundar un diario
que representara los intereses de la clase trabajadora y atacara
a las plumas asalariadas por extraños. Es lógico que a ningún
obrero alemán se le ocurriera obrar a favor de un Bonaparte,
de lo que únicamente un Vogt o sus semejantes pueden ser
capaces. Repudiamos el despotismo de Austria probablemente
con mayor seriedad que lo que lo repudia el señor Vogt, pero

a,

HERR VOGT

no buscamos vencerlo con el triunfo de un déspota extran-
jero. Cada pueblo habrá de liberarse por sí solo. ¿Acaso no
resulta sorprendente que el señor Vogt reclame para sí precisa-
mente el medio que, opuesto a sus actividades, en nosotros
convierte en crimen? Si el señor Vogt pretende hacernos creer
que no es pagado por Bonaparte y que únicamente recibió de
manos democráticas dineros para la fundación de un diario
y quiere limpiarse con ello, ¿cómo es posible que a pesar de
toda su ciencia sea tan torpe de sospechar y denunciar a unos
Obreros que se preocupan por el bienestar de su patria y hacen
propaganda para la fundación de un diario?
Con mi mayor consideración

A. SCHERZER”.

9. EL ARTÍCULO DE BLIND PUBLICADO EN EL
FREE PRESS”, DEL 27 DE MAYO DE 1859.

“The Grand Duke Constantine to be King of Hungary.
A Correspondent who encloses his card, writes as follows: —

Sir, — Having been present at the last meeting in the Mu-
sic Hall, 1 heard the statement made concerning the Grand
Duke Constantine. 1 am able to give you another fact.

So far back as last summer, Prince Jerome Napoleon de-
tailed to some of his confidants at Geneva a plan of attack
against Austria, and prospective rearrangement of the map of
Europe. I know the name of a Swiss senator to whom he
broached the subject. Prince Jerome, at that time, declared
that, according to the plan made, Grand Duke Constantine
was to become King of Hungary. i

I know further of attempts made, in the beginning of the
present year, to win over to the Russo Napoleonic scheme

CARLOS MARX

some of the exiled German Democrats, as well as some influen-
tial Liberals in Germany. Large pecuniary advantages were
held out to them as a bribe. I am gland to say that these
offers were rejected with indignation”.

10. CARTAS DEL SEÑOR ORGES

‘‘RESPETABIL{SIMO SEÑOR:

De parte del señor Liebknecht he recibido hoy la noticia,
que usted sería tan amable de poner a nuestra disposición un
documento judicial sobre el panfleto dirigido contra Vogt y
referente a la historia de su origen. Ruégole insistentemente
que nos lo remita a la mayor brevedad posible para que po-
damos presentarlo. Pido que nos remita el documento contra
recibo y cargue a nuestra cuenta los gastos que pueda originarle
su envío. Por lo demás, estimadísimo señor, el partido liberal
a veces desestima al Allgemeine Zeitung; todos nosotros — la
redacción — hemos soportado la prueba del agua y del fuego
de la lealtad a nuestra convicción política. No observe usted
tan sólo la parte fragmentaria de los distintos artículos, sino
la obra en su conjunto y llegará a convencerse de que ningún
otro diario alemán ambiciona tan sin prisa, pero también tan
sin pausa, la unidad y libertad, el poder y la cultura, el
progreso material y espiritual, la elevación del sentimiento na-
cional del pueblo alemán, y que ninguno en este sentido ha
logrado más que nosotros. Es preciso que usted mida nuestra
actividad por nuestra influencia. Solicitámosle nuevamente
quiera usted tener la gentileza de acceder a mi pedido, firmo
con mi mayor respeto, su seguro servidor,

HERMANN ORGES”.
Augsburgo, 16, 10”,

HERR VOGT

La segunda carta de esta misma fecha era tan sólo un ex-
tracto de la primera, “remitida también — [como escribe el
señor Orges] — para más seguridad” y requiere dito “el in-
mediato envío del documento sobre el origen del conocido
panfleto contra Vogt que, como nos lo escribe el señor Lieb-
knecht, usted tan gentilmente ha puesto a nuestra disposición”.

11. CIRCULAR CONTRA K. BLIND

De mi circular inglesa contra Blind, fechada el 4 de febre-
ro de 1860, ofrezco aquí únicamente el final:

“Now, before taking any further step, I want to show up
the fellows who evidently have played into the hands of Vogt.
I, therefore, publicly declare that the statement of Blind, Wie-
he and Hollinger, according to which the anonymous pam-
phlet was not printed in Hollinger’s office, 3, Lichtfield Street,
Soho, is a deliberate lie, First Mr. Vógele, one of the compo-
sitors, formerly employed by Hollinger, will declare upon
oath that the said pamphlet was printed in Hollinger’s office,
was written in the hand-writing of Mr. Blind, and partly
composed by Hollinger himself. Secondly, it can be judicially
proved that the pamphlet and the article in Das Volk have
been taken off the same types. Thirdly, it will be shown that
Wiehe was not employed by Hollinger for eleven consecutive
months, and, especially, was not employed by him at the
time of the pamphlet’s publication. Lastly, witmesses may be
summoned in whose presence Wiehe himself confessed having
been persuaded by Hollinger to sign the wilfully. false declara-
tion in the Augsburg Gazette. Consequently, I again declare
the above said Charles Blind to be a deliberate liar.

CARLOS MARX”.

CARLOS MARX

From the London “Times”, February 3rd.

“Vienna, January 30th. — The Swiss Professor Vogt
pretends to know that France will procure for Switzerland
Faucigny, Chablais, and the Genevese, the neutral provinces
of Savoy, if the Grand Council of the Republic will let her
have the free use of the Simplon”.

12. EL AFIDAVIT DE VOEGELY

“I declare herewith:

that the German flysheet Zur Warnung (A Warning)
which was afterwards reprinted in N* 1 (d. d. 18 th June
1859) of “Das Volk” (a German paper which was then
published in London) and which was again reprinted in the
“allgemeine Zeitung’ of Augsburg (the Augsburg Gazette)
— that this flysheet was composed partly by Mr. Fidelio Ho-
llinger of 3. Litchfield Street, Soho, London, partly by my-
self, who was them employed by M. Fidelio Hollinger, and
that the flysheet was published in Mr. F. Hollinger’s Prin-
ting office, 3, Litchfield Street, Soho, London; that the ma-
nuscript of the said flysheet was in the hand-writing of Mr.
Charles Blind; that I saw Mr. F. Hollinger give to Mr. Wi-
lliam Liebknecht of 14 Church Street, Soho, London, the
proofsheet of the flysheet “Zur Warnung”; that Mr. F. Ho-
llinger hesitated at first giving the proofsheet to Mr. W. Lieb-
knecht, and, that, when Mr. W. Liebknecht had withdrawn,
he, Mr. F. Hollinger, expressed to me, and to my fellow
workman, J. F. Wiehe, his regret for having given the proof-
sheet out of his hands.

HERR VOGT

Declared at the Police Court, Bow Street, in the Country
of Middlesex the eleventh day of February 1860, before me
J. Henry, one of the Police Magistrates of the Metropolis.

A. VOEGELE

13. EL AFIDAVIT DE WIEHE

“One of the first days of November last — I do not re-
collect the exact date — in the evening between nine and ten
o'clock I was taken out of bed by Mr. F. Hollinger, in whose
house I then lived, and by whom I was employed as compo-
sitor. He presented to me a paper to the effect, that, during
the preceding eleven months I had been continously emplo-
yed by him, and that during all that time a certain German fly-
sheet Zur Warnung (A Warning) had not been composed
and printed in Mr. Hollinger’s office, 3, Litchfield Street, So-
ho. In my perplexed state, and not aware of the importance
of the transaction, I complied with his wish, and copied, and
signed the document. Mr. Hollinger promised me money, but
I never received anything. During that transaction Mr. Char-
les Blind, as my wife informed me at the time, was waiting
in Mr. Hollinger’s room. A few days later, Mrs. Hollinger
called me down from dinner and led me into her husband's
room, where I found Mr. Charles Blind alone. He presented,
me the same paper which Mr. Hollinger had presented me
before, and entreated me to write, and sign a second copy, as
he wanted two, the one for himself, and the other for publi-
cation in the Press. He added that he would show himself
grateful to me. Y copied and signed again the paper.

CARLOS MARX

I herewith declare the truth of the above statements and
that: 1) During the 11 months mentioned in the document
I was for six weeks not employed by Mr. Hollinger, but by
a Mr. Ermani. 2) I did not work in Mr. Hollinger's office
just at that time when the flysheet: Zur Warnung (A War-
ning) was published. 3) I heard at the time from Mr. Voe-
gele, who then worked for Mr. Hollinger, that he, Voegele,
had together with Mr. Hollinger himself, composed the fly-
sheet in question, and that the manuscript was in Mr. Blind’s
handwriting. 4) The types of the pamphlet were still standing
when I returned to Mr. Hollinger’s service. I myself broke
them into columns for the reprint of the flysheet (or pan-
phlet). Zur Warnung (A Waning) in the German paper Das
Volk published at London, by Mr. Fidelio Hollinger, 3,
Litchfield Street, Soho. The flysheet appeared in N° 7, d.
d. 18th June, 1859, of Das Volk (The People). 5) I saw
Mr. Hollinger give to Mr. William Liebknecht, of 14, Church
Street, Soho, London, the proofsheet of the pamphlet Zur
Warnung on which proofsheet Mr. Charles Blind with his
own hand had corrected four or five mistakes. M. Hollinger
hesitated at first giving the proofsheet to Mr. Liebknecht, and
when Mr. Liebknecht had withdrawn, he, F. Hollinger, ex-
pressed to me and my fellow workman Voegele his regret for
having given the proofsheet out of his hands. |

Declared and signed by the said Johann Freidrich Wiehe
at the Police Court, Bow Street, this 8th day of February,
1860, before me J. Henry, Magistrate of the said court.

L. S.
JOHANN FRIEDRICH WIEHE.”

HERR VOGT

14. DE LOS DOCUMENTOS DEL PROCESO

“Gouvernement Provisoire, République Française. Liberté,
Egalité, Fraternité.

Au Nom du Peuple Francais.

Paris, 1 Mars, 1848.

“Brave et loyale Marx,

le sol de la république francaise est un champs d'asyle pour
tous les amis de la liberté. La tyrannie vous a banni, la France
libre vous rouvre ses portes, á vous et á tous ceux qui combat-
tent pour la cause sainte, la cause fraternelle de tous les peu-
ples. Tout agent du gouvernement francais doit interpréter sa
mission dans ce sens. Salut et fraternité.

FERDINAND FLOCON, Membre du Gouvernement
Provisoire”.

“ Brurelles, le 13 mai, 1848
“Mon cher Monsteur Marx,

“J'entends avec un grand plaisir par notre ami Weerth, que
vous allez faire paraitre à Cologne une Nouvelle Gazette Rhé-
nane dont il m'a rémis le prospectus. Il est bien nécessaire
que cette feuille nous tienne au courant en Belgique des af-
faires de la démocratie allemande, car il est impossible d'en
rien savoir de certain, ici par la Gazette de Cologne, la Gazette
Universelle d'Augsbourg et les autres gazettes aristocratiques

CARLOS MARX

de l'Allemagne que nous recevons à Bruxelles, non plus que
par notre Indépendance Belge dont toutes les correspondances
particulières sont concues au point de vue des intérêts de notre
aristocratie bourgeoise. M. Weerth me dit qu'il va vous joindre
à Cologne pour contribuer à l'entreprise de la Nouvelle Ga-
zette Rhénane: et il me promet en votre nom l'envoi de
cette feuille en exchange du Débat Social que je vous enverrai
de mon côté. Je ne demande pas mieux aussi que d'entretenir
avec vous une correspondance sur les affaires communes à
nos deux pays. II est indispensable que les Belges et les Alle-
mands ne restent pas trop étrangers les uns aux autres, dans
l'intérêt commun des deux pays: car il se prépare en France
des evenements que ne tarderont pas à mettre en jeu des
questions qui toucheront les deux pays ensemble. Je reviens
de Paris où j'ai passé une dixaine de jours que j'ai employés
de mon mieux à me rendre compte de la situation de cette
grande capitale. Je me suis trouvé, a la fin de mon séjour,
juste au millieu des affaires du 15 mai. J'assitais même à
la sèance où s'est passé le fait de l'irruption du peuple dans
l'assemblée nationale... Tout ce que j'ai compris, à voir
I’ attitude du peuple parisien et à entendre parler les principaux
personages que sont en ce moment dans les affaires de la ré-
publique française, c'est qu’on s'attend à une forte réaction
de l'esprit bourgeois contre les évenements de février dernier;
les affaires du 15 mai précipiteront sans doute cette réaction.
Or, celle-ci amenera indubitablement dans peu de temps un
nouveau soulèvement du peuple... La France devra bientôt
récourrir a la guerre. C'est pour ce cas la que nous aurons à
aviser, ici et chez vous, sur ce que nous aurons a faire ensamble.
Si la guerre se porte d’abord vers l'Italie nous aurons du
répit... Mais si elle se porte sur le champs vers ce pays-ci,
je ne sais pas trop ancore ce que nous aurons à faire, et alors

LB a

Pesto ne

HERR VOGT

nous aurons bésoin du conseil des Allemands... En at-
tendant j'annoncerai dans le Débat Social de dimanche la
publication prochaine de votre nouvelle feuille... Je compte
aller à Londres vers la fin du mois de juin prochain. Si vous
avez occasion d'écrire à Londres à quelques amis vieilles les
prier de m'y faire acceuil. Tout à vous cordialmente,

L. JOTTRAND. AVT.”.

Bruxelles, 10 Febr., 1860.
“MON CHER MARX,

‘N'ayant pas de vos nouvelles, depuis très long-temps
j'ai reçu votre dernière avec la plus vive satisfaction. Vous
vous plaignez du retard des choses, et du peu d'empressement
de ma part de vous repondre à a la question que vous m'avez
faite, Que faire: L'âge ralentit la plume; j'espère cependant
que vous trouverez mes avis et mon sentiment toujours les
mêmes. Je vois que votre dernière est tracée à la dictée par
la main de votre secretaire intime, de votre adorable moitié:
or Madame Marx ne cesse de se rappeler du vieux hermite de
Bruxelles. Qu'elle deigne recevoir avec bonté mes salutations
respectueuses.

Conservez moi, cher confrère, dans vos amitiés. Salut et
fraternité,

LELEWEL”.

“5, Cambridge Place, Kensington, London, Feb. 11th, 1860”.

“MY DEAR MARX,

“I have read a series of infamous articles against you
in the National Zeitung and am utterly astonished at the
falsehood and malignity of the writer. I really feel it a duty

CARLOS MARX

that every one who is acquainted with you, should, however
unnecessary such a testimony must be, pay a tribute to the
worth, honour and disinterestedness of your character. It
becomes doubly incumbent in me to do so, when I recollect
how many articles you contributed to my little magazine, the
“Notes of the People”, and subsequently to the ‘People’s
Paper”, for a series of years, utterly gratuitously; articles
which were of such high value to the people's cause, and of
such great benefit to the paper. Permit me to hope that you
will severely punish your dastardly and unmanly libeller.

Believe me, my dear Marx, most sincerely, yours,

Dr. Karl Marx. ERNEST JONES”.

“Tribune Office, New York, March 8th, 1860.
“MY DEAR SIR,

“In reply to your request I am very happy to state the
facts of your connection with various publications in the
United States concerning which 1 have had a personal know-
ledge. Nearly nine years ago 1 engaged you to write for the
New York Tribune, and the engagement has been continued
ever since. You have written for us constantly, without a
single week's interruption, that I can remember; and you
are not only one of the most highly valued, but one of the
best paid contributors attached to the journal. The only fault
I have had to find with you has been that you have oc-
casionally exhibited too German a tone of feeling for an
American newspaper. This has been the case with reference
both to Russia and France. In questions relating to both,
Czarism and Bonapartism, I have sometimes thought that

HERR VOGT

you manifested too much interest and too great anxiety for
the unity and independence of Germany. This was more
striking perhaps in connection with the late Italian war than
on any other occasion. In that 1 agreed perfectly with you:
sympathy with the Italian people. 1 had as little confidence
as you in the sincerity of the French Emperor, and believed
as little as you that Italian liberty was to be expected from
him; but I did not think that Germany had any such ground
for alarm as you, in common with other patriotic Germans,
thought she had.

I must add that in all your writings which have passed
through my hands, you have always manifested the most
cordial interest in the welfare and progress of the labouring
classes; and that you have written much with direct refe-
rence to that end.

I have also at various times within the past five or six
years been the medium through which contributions of yours
have been furnished to Putnam’s monthly, a literary magazine
of high character; and also to the New American Cyclopaedia,
of which I am also an editor, and for which you have fur-
nished some very important articles.

If any other explanations are needed I shall be happy to
furnish them. Meanwhile I remain yours very faithfully,

Dr. Charles Marx.
. CHARLES A. DANA, Managing

Editor of the N. Y. Tribune”.

CARLOS MARX

15. Los PANFLETOS DE DENTU

Dije que los panfletos de Dentu son las fuentes en que
el Da-Da alemán bebe su sabiduría sobre la historia Univer-
sal en General y “la saludable política de Napoleón” en espe-
cial. La “saludable política de Napoleón” es una frase perte-
neciente a un reciente editorial del “demócrata” F. Zabel. Lo
que los mismos franceses piensan y saben acerca de estos pan-
fletos, puedo colegirlo del siguiente extracto del semanario
parisién: Courter du Dimanche, N° 42, 14 de octubre de 1860.

“Pour ce qui regarde le moment actuel, prenez dix bro-
chures au hasard, et vous reconnaitrez que neuf au moins ont
été pensées, élaborées, écrites... par qui? par des romanciers
de profession, par des chansonniers, par des vaudevillistes,
par des sacristains!

Parle-t-on dans les gazettes de mystérieuses entrevues
entre les puissances du Nord, de la Sainte-Alliance qui resu-
cite? Vite voilà un faiseur agréable de couplets assez litéraires,
et même (jadis) passablement liberaux, qui court chez l'inévi-
table M. Dentu et lui apporte sous ce titre ronflant: La
coalition, une longue et fade paraphrase des articles de M.
Grandguillot. L'alliance anglaise semble déplaire parfois à
M. Limayrac? Vite, un M. Châtelet, chevalier de l’ordre de
Grégoire le Grand, et qui doit être sacristain quelque part
si j'en crois son style, publie ou republie un long et ridicule
factum: crimes et délits de l’ Angleterre contre la France. Déjà
l'auteur du Compère Guillery (Edmond About) avait jugé
à propos de nous édifier sur les arcanes politiques de la mo-
harchie prussienne, et avait donné du haut de ses chutes
théatrales, des conseils de prudence aux chambres de Berlin.
On annonce que M. Clairville va prochainement élucider la

HERR VOGT

~..

question de l'isthme de Panama, si fort embrouillée par M.
Belly; et sans doute quelque jours après la conférence royale
du 21 de Octobre, on verra paraître à toutes les vitrines de nos
librairies une splendide brochure rose qui portera ce titre:
Memoire sur l'entrevue de Varsovie par le corps de ballet de
l'Opera.

Cette invasion, en apparence inexplicable, des questions
politiques par les dit minores de la littérature, se rattache à
bien des causes. Nous en citerons ici une seule, mais qui est
la plus inmédiate et la plus incontestable.

Dans le marasme presque universel d'esprit et de coeur,
ces messieurs, qui font le triste métier d'ammuseurs publics,
ne savent plus par quel moyen secouer et réveiller leurs lec-
teurs. Les vieilles gaités de leurs refrains et de leurs anecdotes
leur reviennen sans cesse, Eux-mémes se sentent aussi mornes,
aussi tristes, aussi ennuyés que ceux quils entreprennet de
dérider. Voilà pourquo à bout de resources, ils se sont mis, en
désespoir de cause, á écrire les uns des memoires de courtisanes,
les autres des brochures diplomatiques.

Puis, un beau matin, un aventurier de la plume, qui n’a
jamais fait à la politique le sacrifice d'une heure sérieuse d'étu-
de, qui n’a pas même au coeur le semblant d’une conviction,
qu'elle qu’elle soit, se lève et se dit: “J'ai besoin de frapper
un grand coup! Voyons! que ferai-je pour attirer sur moi
l'attention générale que me fuit d'instinct? Ecrirai-je un
opuscule sur la question Leotard ou sur la question d'Orient?
Révèlerai-je au monde surpris le secret de boudoirs ou je
n'entrai jamais, ou celui de la politique russe qui m'est plus
étrange encore? Dois-je m'attendrir en prose voltairienne sur
les femmes éclaboussées où en prose évangelique sur les mal-
heureuses populations maronites traques, dépoullées, ma-
ssacrées par le fanatisme mahométan? Lancerai-je une apologie

CARLOS MARX

de mademoiselle Rigolboche ou un plaidoyer en faveur du
pouvoir temporel? Décidement j'opte pour la politique.
J'amuserai encore mieux mon public avec les ruis et les em-
pereurs, qu'avec les lorettes. “Cela dit, notre surnuméraire de
la litérature bohème compulse le Moniteur, hante quelques
jours les colonnades de la Bourse, rend visite à quelques fonc-
tionaires et sait enfin de quel coté souffle le vent de la curiosité
à la ville, ou celui de la faveur à la cour: il choisit alors un
titre que ce vent puisse enfler d'une façon suffisante et se
repose content sur ses lauriers, Aussi bien son oeuvre est faite
désormais: car aujourd’hui, en matière de brochure, il n’a a
que deux choses qui comptent, le titre et les relations que l'on
suppone entre l'écrivain et “de hauts personnages”.

Est'il nécessaire de dire, après cela, ce que valent les bro-
chures qui nous inondent? Ramassez un jour tout ce que vous
avez le courage, táchez de les lires jusqu'au bout, et vous serez
éffrayés de l’gnorance inouie, de la légèreté intolerable, voir
même de l'amoindrissement de sens moral qu'elles décèlent
apparaitre en nouveau signe de décadence intellectuelle, chaque
Et, chaque année nous courbe plus bas, chaque année voit
apparaitre en nouveau signe de décadence intelectuelle, chaque
année ajoute une honte littéraire nouvelle à celles dont ils
nous faut déjà rougir. De telle sorte que les plus optimistes
se prennent quelquefois à douter de demain, et se demandent
avec angoisse: Sortirons nous de la?”,

Cité más arriba la frase del Nationalzeitung: “La salu-
dable política de Napoleón”. Es extraño que el corresponsal
parisiense del Manchester Guardian — conocido en toda In-
glaterra por su información exacta, firme la curiosidad si-
guiente:

HERR VOGT

“París, noviembre 8 ... Louis Bonaparte, spends his gold
in Vain supporting such newspapers as the National-Zeitunz”.
[Luis Bonaparte malgasta en vano su dinero en apoyar dia-
rios como él Nationalzeitun}, Manchester Guardian, 12 de
noviembre de 1860.

Sin embargo, yo creo que el corresponsal del Manchester
Guardian, de ordinario tan bien informado, esta vez se equi-
voca. Se dice que F. Zabel se ha pasado al campamento bona-
partista, para demostrar que no se ha vendido a Austria. Por
lo menos esto me ha sido comunicado desde Berlín y está per-
fectamente de acuerdo con la... Dunciada.

16. APÉNDICE
a) K. VOGT Y “LA CIMENTAIRE”

Durante la impresión de estas últimas páginas la casuali-
dad puso en mis manos el cuaderno de octubre — 1840 —
de Voces de la Época. [Stimmen der Zeit} A. Kolatschek,
antiguo editor del órgano de los parlamentarios fugitivos, La
Revista Mensual Alemana [Deutsche Monatschrift} y, por
lo tanto, en cierto modo el jefe literario del “fugitivo regente
imperial”, cuenta, en la página 37, lo siguiente acerca de
su amigo Carlos Vogt:

“La Sociedad Anónima Ginebrina ‘La Cimentaire’, a cuya
dirección pertenecía nada menos que el mismo “eñor Carlos
Vogt, fué fundada en 1857 y en 1858 los accionistas ya no
disponían de un solo céntimo y de inmediato el fiscal mandó
a ia cárcel a uno de los directores acusados de estafa. En mo-

CARLOS MARX

mentos de producirse el arresto, el señor Vogt, que se encon-
traba precisamente en Berna, regresó de inmediato, el arres-
tado fué puesto en libertad y el proceso suspendido “para evitar
escandalos’’, pero los accionistas lo perdieron todo. Con seme-
jante ejemplo, no es posible afirmar precisamente que en
Ginebra sea muy grande la seguridad de la propiedad y el
error del señor Carlos Vogt con respecto a esto, resulta tanto
más extraño, por cuanto, como ya dijimos, era co-director de
dicha sociedad. En Francia, en procesos similares, los directo-
res culpables son detenidos y encarcelados y su fortuna per-
sonal es requisada, es decir que se cumplen las exigencias
civiles de los accionistas.

Compárese esto con lo que J. F. Becker dice en su carta —
capítulo X — sobre este acontecimiento bancario que impulsó
al señor J. Fazy hacia los brazos del decembrismo. Detalles
similares contribuyen en mucho a la solución del problema de
cómo Napoleon le Petit pudo convertirse en el más grande
hombre de su época. El mismo Napoleon le Petit, como es sa-
bido, debió elegir entre el coup d'état, el golpe de Estado y...
Clichy. i

b) KOSSUTH

El siguiente extracto de un memorandum sobre una con-
versación con Kossuth, demuestra rotundamente hasta qué pun-
to Kossuth está convencido de que Rusta representa el mayor
peligro para Hungría. Este memorandum proviene de uno
de los miembros más radicales del actual House of Communs.

“Memoradum of a conversation with M. Kossuth on the
evening of May 30th, 1854, at...

4,

A ptr

HERR VOGT

“A return to strict legality in Hungary (said he, viz.
Kossuth) might renew the union of Hungary and Austria,
and would prevent Russia, from finding anny partisan in
Hungary. He (Kossuth) would not offer any opposition to
a return to legality. He would advise his country-men to
accept with good faith such a restauration, if it could be
obtained, and would pledge himself not in any way to be
an obstacle to such an arrangement. He would not himself
return to Hungary. He would not put himseld to forward such
a course of Austria as he had no belief in Austria’s return
to legality, except under pressure of dire necessity. He gave me
authority to say, such were his sentiments, and if appealed
to, he should avow them, though he could not commit him-
self to any proposal, as he should not expect Austria to aban-
don her traditional scheme of centralisation till forced to do so...
He would have consented in 1848 to Hungarian troops being
sent to resist attacks of the Piedmontese, [en 1848 el señor
Kossuth fué mucho más lejos aún imponiendo con un violento
discurso pronunciado en el Congreso de Pest el envio de tropas
húngaras contra los “rebeldes” italianos], but would not em-
ploy them to coerce Austrian Italy, as he would not consent
to foreign troops in Hungary”

La fantasía del pueblo, creadora de mitos, en todos los
tiempos, se ha manifestado en la invención de “grandes hom-
bres”. El mejor ejemplo de esta índole no admite discusión:
Simón Bolívar. En lo que a Kossuth se refiere, es venerado
como el hombre que eliminó en Hungría al feudalismo. Sin
embargo no tuvo participación algunas en las tres grandes
medidas: aranceles generales, anulación de los gravámenes
campesinos-feudales y la eliminación, sin indemnización del
diezmo eclesiástico. La moción a favor de los aranceles ge-

CARLOS MARX

nerales — anteriormente la nobleza estaba eximida de ellos —
había sido hecha por Szemere; la moción en pro de la anula-
ción de la corvée, etc., fué obra de Bonis, diputado de Szabolez
y el mismo clero, por intermedio del diputado y canónigo
Jekelfalury renunciaba a ese diezmo.

c) EDMOND ABOUT: “LA PRUSSE EN 1860”

Al final del capítulo VIII, yo manifiesto mi opinión de
que el panfleto de E. About: “La Ptuse en 1860” — [Prusia
en 1860] —o, como se llamaba originalmente, “Napoleón III
et la Prusse” — [Napoleón III y Prusia] — no era otra cosa
que un extracto retraducido al alemán de la compilación de
Vogt, del panfleto de Dentu. La única reflexión que se oponía
a esta oponión mía era el absoluto desconocimiento del idioma
alemán, del fracasado comediógrafo E. About. Sin embargo,
¿por qué el campero Guillery no habría podido descubrir en
París una commère, allende? Quién podía ser esta commère,
continuaba siendo un tema de la crítica conjetural. La Prusse
en 1860 fué publicada, como se sabe, en calidad de Vademecum
para el viaje Baden-Baden de Bonaparte, a fin de que abogara
ante el principe-regente por su pedido y explicar a Prusia que,
tal como lo dicen las palabras finales del panfleto, poseía el
2 de diciembre a un allié tres utile [a un aliado muy útil],
quí est peut être appelé à lui — Prusia —rendre de grands ser-
vice, pourvu qu'elle s’y prète un peu’, puesto que aquello de
pourvu qu'elle se préte un peu traducido, equivale a “en el
supuesto caso de que Prusia le venda la provincia renana a

4. “...que probablemente esté llamada a rendirle grandes servicios,
con tal de que se preste un poco”.

HERR VOGT

Francia”, lo que E. About — ver anteriormente capítulo IX
Agencia — y había revelado en francés en la primavera de
1860 a través de la Opinion Nationale. Bajo estas entorpe-
cedoras circunstancias, no me era posible señalar a alguien,
basándome tan sólo en suposiciones, como apuntador alemán
para el tronado comediógrafo y panfletista dentuesco, E.
About. Pero ahora sí tengo derecho a hacer esta aclaración: -
la commére alemana del compère Guillery no era otra que la
dulce Kunigunda de Vogt: el señor Luis Simon de Trier.
¡Probablemente no pudo sospechar esto el fugitivo alemán re-
fugiado en Londres, que escribió la conocida respuesta al pan-
fleto de About!

FEDERICO ENGELS

NUEVAMENTE EL SEÑOR VOGT
(Volkstaat, No 38, 10 de mayo de 1871).

Desde la campaña de Augsburgo de 1859 que le valió
una tremenda azotaina, el señor Vogt parecía haberse hartado
de la política. Se dedicó con todas sus energías a las ciencias
naturales, en las que ya anteriormente, según lo dicho por
él mismo, había logrado descubrimientos “asombrosos”. Es
así como — en la misma época en que Küchenmeister y Leu-
kraft estudiaron la por demás complicada historia del desarrollo
de los parásitos intestinales, con lo que la ciencia en efecto
dió un gran paso hacia adelante —, Vogt había hecho el asom-
broso descubrimiento que dichos parásitos se dividían en dos
clases de gusanos: redondos, que son los gusanos redondos, y
chatos, que son los gusanos chatos. Y ahora agregaba a esta
grandiosa conquista, una conquista mucho más grande aún.

El descubrimiento de numerosos huesos humanos fosili-
zados pertenecientes a épocas prehistóricas, había puesto de
moda el estudio comparativo de los cráneos pertenecientes a
distintas razas humanas. Los cerebros eran medidos en todas
las dimensiones, se les comparaba, se discutía; no se llegó a
resultado alguno, hasta que finalmente Vogt, con su acos-
tumbrado aplomo victorioso, anunció la solución del enigma:
aquellos cráneos que eran alargados, se llamaban cabezas lar-
gas, dolicocéfalas y otros que son redondeados, cabezas cortas,
branquicéfalos. Aquello que los más minuciosos y activos
observadores no lograron durante largos años de penosos
estudios, Vogt lo logró con la simple aplicación de su principio
gusanil. Y si a estos descubrimientos asombrosos, agregamos

CARLOS MARX

aún otro descubrimiento en el campo de la zoología politi-
ca, vale decir, el de la Banda de Azufre, sin duda hasta el más
engreido estará de acuerdo con nosotros, en que Vogt ha hecho
bastante para justificar toda una vida humana.

Pero el gran espíritu de nuestro Vogt no tiene sosiego. La
política conservó sus irresistibles encantos para aquel hombre
que también en el banco de la cervecería era capaz de cumplir
tanto y tan grande. La azotaina del año sesenta había sido
felizmente olvidada, Herr Vogt de Marx, ya no se encontraba
en las librerías; por sobre todas aquellas desagradables his-
torias, el pasto había crecido una y muchas veces. Nuestro
Vogt había realizado giras pronunciando conferencias que con-
taron con el aplauso de los filisteos alemanes, se había repan-
tigado en todas las colecciones de histología, congresos etno-
lógicos y de anticuarios, acercándose además a las legítimas
personalidades científicas; por consiguiente en cierto modo po-
día volver a sentirse “hombre decente”, y creerse predestinado
a estudiar también en sentido político al filisteo alemán que
con tanto ahinco había estudiado en sentido histológico. Ocu-
rrían grandes acontecimientos: Napoleón, el pequeño, había
capitulado en Sedán, los prusianos estaban a las puertas de Pa-
rís, Bismarck reclamaba Alsacia y Lorena. Por lo tanto. era
hora que Vogt pronunciara su palabra decisiva.

Esta palabra se intitula: Cartas políticas de Carlos Vogt
a Federico Kolb, Biele 1870; contiene doce cartas que pri-
meramente fueron publicadas en la T'agespresse — [Prensa del
Dia} — de Viena y que además fueron copiadas en el Monitor
de Vogt, el Handelscourier — [Correo Comercial] — de Bie-
le. Vogt se declara contrario a la anexión y prusificación de
Alemania y le fastidia terriblemente el que en esto se encuentre
ahora convertido en simple sucesor de los tan odiados demó-
cratas socialistas, vale decir, de la Banda de Azufre. Sería obvio

HERR VOGT

ocuparse del resto del contenido de dicho panfleto, puesto que
resulta por demás indiferente saber cuáles son las ideas que
un Vogt pueda tener sobre asuntos semejantes. Por lo demás,
los argumentos que expone son únicamente los correspondien-
tes a la politiquería de un filisteo cervecero, sólo que esta vez
Vogt no refleja al filisteo alemán, sino al filisteo suizo.

À nosotros únicamente interesa la agradable personalidad
del señor Vogt en sí, tal como pasa por sus innumerables
vueltas y revueltas.

Por consiguiente tomaremos el folletito y a su lado de-
positaremos aquella desgraciada obra de Vogt, los Ensayos
sobre la actual situación de Europa, 1859, cuyas consecuencias
tanto y tan largo tiempo le hicieron sufrir. Entonces encon-
traremos, a pesar de toda su afinidad espiritual, del mismo
descuido en la forma de escribir — en la página 10 el señor
Vogt recoge sus '“opiniones”” con “sus propias orejas” que sin
duda deberán ser unas orejas muy peculiares, — que hoy el
señor Vogt dice precisamente todo lo contrario de lo que
predicaba once años atrás. Los Ensayos tenían por objeto con-
vencer al filisteo alemán de que Alemania no tenía interés
en inmiscuirse en la guerra que Luis Bonaparte por aquel en-
tonces planeaba contra Austria. Con este fin era preciso pre-
sentar a Luis Bonaparte como a un “hombre predestinado”,
liberador de pueblos, y defenderlo de los acostumbrados ataques
de los republicanos y hasta también, de algunos burgueses
liberales. Y el supuesto republicano Vogt, también se avino
a ello — claro está, con la cara harto avinagrada que ello le.
ocasionaba. Las malas lenguas y algunos miembros de la Ban-
da de Azufre pretendían afirmar que el bueno de Vogt se
sometía a todos estos trastornos y a todas estas muecas, debido
tan sólo a que del lado bonapartista había obtenido aquello
que los ingleses han dado en llamar una “consideración”, es

CARLOS MARX

decir, dinero contante y sonante. Por cierto que se había pro-
ducido toda clase de asuntos sospechosos. Vogt había ofrecido
dinero a las más diversas personas, con tal de que las mismas
actuaran en la prensa en su sentido, es decir, con tal que hi-
cieran propaganda a favor de los propósitos liberadores de
los pueblos de Luis Bonaparte. El señor Brass, de cuyas vir-
tudes, como es sabido, no es posible dudar desde que dirige
el Norddeutsche Allgemeine Zeitung — [La Gaceta Univer-
sal del Norte de Alemania} —, hasta este mismo señor Brass,
rechazó oficialmente “el comedero francés que Vogt pretendía
ofrecerle”. Pero no queremos continuar hablando de estas hbis-
torias desagradables y preferimos suponer por ahora que los
dolores de barriga y las muecas del señor Vogt le pertenecían
por herencia propia.

Ahora, entretanto, se produjo la catástrofe de Sedán y
con ella todo cambió también para el señor Vogt, El mismo
Emperador de los franceses, libertador de pueblos, es tratado
aún con alguna reserva; de él se dice únicamente que “la re-
volución ya se cernía sobre su cabeza. Aún sin guerra, el Im-
perio tampoco habría visto el comienzo del año 1871 en las
Tullerias’’ (Página 1).

¡Pero su esposa! Oigamosle:

“Claro está que si Eugenia hubiera vencido — pues esa
española inculta que ni siquiera es capaz de escribir correcta-
mente y sin faltas de ortografía, se mantiene o mantenía en
el campo de la batalla al frente de toda aquella fétida cola del
dragón, formada por monjes fanáticos y populacho — si Eu-
genia hubiera vencido, decimos, la situación momentánea ha-
bria sido peor aún””, que después de las victorias prusianas, etc.

Pero peor aún es tratada la cola del dragón de Luis Bo-
naparte, pues ahora queda demostrado que también él dispone
de una cola semejante. Ya en la página 2 se habla de “los

HERR VOGT

terribles despilfarros del Imperio”. En la página 16, de la
“plebe” que “comandaba el ejército y estaba al frente de la
administración Imperial”. Estos despilfarros y esta plebe ya
se encontraba en 1859 y aún mucho antes, en su plena flo-
ración; Vogt, que por aquel entonces no tenía ojos para ello,
lo ve ahora con toda claridad: otro progreso más. Pero aún
no basta con esto.

Aún cuando no puede decirse precisamente, que Vogt
insulta a su antiguo libertador, no puede eludir sin embargo,
el citar una carta de una sabio francés en la que se dice: ‘Si usted
tiene alguna influencia, trate de apartar de nosotros la peor de
las vergüenzas — [celle de manerer infame] —la de tener
que repatriar al infame —[ Luis Bonaparte].— Es preferible un
Enrique V, los Orleans, un Hohenzollern, antes que este
““Traupmann, coronado que envenenaba todo lo que tocaba”
(pág. 13).

Por muy malos que fueran el ex-emperador, su inculta
esposa y sus respectivas colas de dragón, Vogt nos consuela
sin embargo, asegurándonos que aún queda uno en la familia
que hace la excepción: el príncipe Napoleón, más conocido con
el nombre de Plon-Plon. De él, Vogt dice en la página 33,
que el mismo Plon-Plon le había manifestado ‘‘que no res-
petaría a los alemanes del Sud si los mismos obraran de
distinta manera”, es decir, si no estuvieran dispuestos a parti-
cipar en la lucha contra los franceses; además estaba con-
vencido del mal fin de la guerra y nunca lo había ocultado.
¿Quién se atrevería a acusar a Vogt de ingrato? ¿Acaso no,
resulta conmovedor ver como él, el “republicano”, tiende su
mano fraternal al “príncipe” en desgracia, proporcionándole
un testimonio que éste podrá invocar en el caso de que alguna
vez se llamara a la gran licitación para encontrar al hombre
que habrá de sustituir a aquel ‘‘deshonrado’’?

CARLOS MARX

En los Ensayos, de 1859, Rusia y la política rusa es elo-
giada sin ambages, aquel imperio, “a partir de la abolición
de la servilitud es mas bien un camarada del movimiento li-
beral, que un enemigo del mismo”; Polonia estaría a punto
de fundirse con Rusia — ¡según lo ha demostrado el levanta-
miento de 1863! —y Vogt considera que es muy natural que
Rusia constituya “el punto fijo alrededor del cual las nacio-
nalidades eslavas tienden, cada vez más, a agruparse”. Y el que
en 1859 la política rusa marchara del brazo con la de Luis
Bonaparte, naturalmente era un mérito enorme. Ahora todo
esto ha cambiado. .. ahora se dice: “No dudo un sólo instante
de que estamos a las puertas de un conflicto entre el mundo
eslavo y el mundo germano... y de que por uno de ambos
lados será Rusia quien se encargue de dirigirlo” (págs. 30
y 31). Y entonces se demuestra que después de la anexión
de Alsacia — [en este conflicto Francia inmediatamente se
pondrá del lado de los eslavos] — y que hasta tratará de apre-
surar en lo posible su estallido, para poder recuperar a Alsacia,
de modo que aquella misma alianza franco-rusa, que en 1859
era considerada una fortuna para Alemania, se le aparece ahora
como un espantajo y fantasma atemorizante. Pero Vogt conoce
a sus filisteos alemanes. Sabe que puede ofrecerles todo y que
le está permitido desdecirse todas las veces que quiera. Sólo nos
preguntamos involuntariamente, ¿cómo fué posible que once
años atrás Vogt pudiera tener la desvergüenza de propagar
como la mejor garantía para la evolución liberal de Alemania
y de Europa, una alianza entre Rusia y la Francia bonapartista?

¡Y ahora, para colmo, Prusia! En los Ensayos se hace en-
tender claramente a Prusia que apoye en forma indirecta los
planes de Napoleón contra Austria, que se limite a la defensa
del terreno federal alemán para luego, “al producirse las

HERR VOGT

negociaciones de paz, obtener su paga en tierras pertenecientes
a los territorios llanos del Norte de Alemania. Los limites de
la posterior federación del Norte — el Erzgebirge, el Meno y
el mar—-, ya por aquel entonces le eran presentados a Prusia
como carnada. Y en el epilogo de la segunda edición, aparecida
durante la guerra de Italia, cuando el fuego ya ardía sobre las
uñas de los bonapartistas y no había tiempo que perder con
rodeos y conversaciones, también Vogt dice por fin lo que
tiene que decir, invitando a Prusia a iniciar una guerra civil en
Alemania a objeto de poder fundar una potencia central uni-
ficada a favor de la incorporación de Alemania a Prusia. Esta
unificación de Alemania no costaría tantas semanas como me-
ses cuesta la guerra de Italia. Ahora bien: justamente siete
años después, y también de acuerdo con Luis Napoleón, Pru-
sia obra al pie de la letra de las insinuaciones bonapartistas
repetidas por Vogt; se lanza a una guerra civil, obtiene mo-
mentáneamente su premio en tierras de los territorios llanos
del Norte y proporciona, por lo menos para el Norte, una
potencia central unificada... ¿Y el señor Vogt? El señor Vogt
se presenta ahora repentinamente y se lamenta de que “la guerra
de 1870 habia sido la ineludible consecuencia de la de 1866”
(pág. 1). Se queja de la insaciable política de conquistas pru-
siana, “que siempre pica la carnada cuando se le ofrece alguna
conquista, tal como un tiburón hincaría sus dientes en un
trozo de tocino, (pág. 20). “Nunca y en ninguna parte he
visto un gobierno y un pueblo que mereciera tanto este nom-
bre— Estado ladrón, Estado pequeño — como el prusiano”
(pág. 35). Lamenta la incorporación de Alemania a Prusia,
como la peor desgracia que pudo ocurrirle a Alemania y a Eu-
ropa — octava y novena carta —. Esto es lo que ha sacado

CARLOS MARX

Bismarck con seguir el consejo de Vogt y esto lo que le pasa
a Vogt, por haberle dado un consejo a Bismarck.

Hasta aquí:todo parecía no marchar del todo mal para
nuestro Vogt. Las viejas historias difamatorias habían sido
definitivamente olvidadas por los filisteos y los Ensayos habían
desaparecido por completo. Vogt podía volver a hacerse pasar
por un ciudadano decente, medianamente demócrata y jactarse
de que éstas, sus Cartas Políticas, se oponían a la banal co-
rriente filistea de Alemania.

Hasta el fatal acuerdo en la cuestión anexionista con les
demócratas socialistas, únicamente podía valerle honores: puies-
to que Vogt no se había pasado a la Banda de Azufre, pece-
sariamente la Banda de Azufre tenía que pasarse a Vogt. En-
tonces, de repente, la mirada cae sobre una línea, pálida y
delgada, perteneciente a las listas recién publicadas de los fon-
dos secretos empleados por Luis Bonaparte: j

-Vogt — il lui a été remis en Aout 1859... fr. 40.000.

[VOGT — le fueron remitidos en agosto de 1895...
40.000 francos’’}.

¿Vogt? Pero, ¿quién es Vogt? ¡Qué desgracia para Vogt
que no se haya agregado algún calificativo más definido! Si
se dijera: el profesor Carlos Vogt, de Ginebra, y apareciera
la dirección, calle y número, etc., acaso entonces Vogt podría
decir: “Ese no soy yo”; ese es mi hermano, mi mujer, mi
hijo mayor... Todos, menos yo. ¡Pero' de esta manera! ¡Sen-
cillamente VOGT! Sin más datos, sin nombre de pila, sin
dirección, ése sólo puede ser un Vogt, el sabio universalmente
conocido, el gran descubridor de los gusanos redondos y de
los gusanos chatos, de los cráneos alargados y de los cráneos

HERR VOGT

redondeados y de la Banda de Azufre, el hombre cuyo re-
nombre es tan conocido por los policías de los fondos secre-
tos, que todo otro dato resulta superfluo! Y además, ¿acaso
existe otro Vogt que haya prestado tantos servicios al gobierno
bonapartista de 1859, que el mismo en agosto de ese mismo
año — y precisamente para esa fecha Vogt se encontraba en
París — pudiera pagarle 40.000 francos? El que usted, señor
Vogt, haya prestado esos servicios es notorio; sus Ensayos lo
atestiguan; estos Ensayos aparecieron en su primera edición
durante el trancurso de la primavera; en su segunda, en el
verano; el que a partir del 1 de abril hasta ya muy avanzado
el verano, usted se dedicó a invitar a numerosas personas a
trabajar, previa remuneración, a favor de sus intereses bona-
partistas, es algo que usted mismo ha confesado; en agosto
de 1859, terminada la guerra, usted estuvo en París — ¿y ahora
pretende usted que nosotros creamos que ese Vogt a secas, al
que en 1859 Bonaparte hizo pagar 40.000 francos, es otro
Vogt completamente desconocido? Se lo juramos por todos
sus gusanos redondos y chatos: mientras usted no nos pruebe
lo contrario, será preciso que supongamos que es usted el
Vogt en cuestión.

Pero acaso diga usted que esa es una afirmación que se
funda únicamente en la palabra del actual gobierno francés, es
decir, en el gobierno de los comunalistas o sea, comunistas,
que también se llaman Banda de Azufre. ¿Quién puede creer
lo que diga esa gente? A esto podría responderse, que el ““Go-
bierno de la defensa nacional” llevó a cabo la publicación de
la Correspondence et papier de la famille Imperiale [corres-
pondencia y los documentos de la familia imperial], publi-
cación ésta que constituye su acción oficial y es garantizada
por él. ¿Y qué opinaba usted de ese gobierno, Jules Favre,

CARLOS MARX

Tronchin, etc.? “Los hombres que ahora encabezan el go-
bierno nada tienen que envidiar a nadie en cuanto a inteligen-
cia, vigor activo y lealtad probada. .., pero no es posible que
cumplan lo imposible”. Esto es lo que usted dice con respecto
a ellos en la página 52 de su folleto. En efecto, señor Vogt,
no pueden cumplir lo imposible, pero usted por lo menos
habría podido guardarse sus nombre en agradecimiento a esta
cálida consideración de que tan pocas veces fuera objeto?

Sin embargo, tal como usted mismo lo dice, señor Vogt,
“el oro es la equivalencia del daño que el individuo sufre en
su persona” — pág. 24 —, y si bien su estimada persona,
debido a sus brincos de orden político, en efecto ha sufrido
algún “daño” — esperamos que el mismo haya sido tan sólo
de orden moral...—confórmese usted con su equivalencia”.

Cuando en el verano pasado comenzó el fragor bélico,
usted estaba “convencido”” de que toda aquella bulla guber-
namental francesa únicamente habría de servir para cubrir, con
aparentes pertrechos, los terribles despilfatros del Imperio. Ba-
jo el gobierno de Luis Felipe, este trabajo les había sido
encomendado a los gusanos que carcomen la madera — los
gastos secretos que sobrepasaban el presupuesto, eran cargados
sobre la cuenta maderera de la Marina —; durante el Imperio
no habría bastado toda la carcoma del mundo para cubrit
los excesos” (pág. 4).

Bueno, señor Vogt, por lo visto volvemos a encontrarnos
entre sus tan queridos gusanos y esta vez con los gusanos
madereros,

¿A qué especie pertenecen éstos? ¿A los gusanos redondos
o a los chatos? ¿Quién es capaz de decidirlo, Únicamente us-
ted, señor Vogt, y usted lo decidirá efectivamente. De acuerdo
a la Correspondance, etc., también usted milita entre los ‘‘gu-

HERR VOGT

al presupuesto del Estado”, hasta cubrir la suma de 40.000
francos. Y el que usted es un “gusano redondeado”, eso lo
sabe todo aquel que lo conoce.

FIN

a
LE e LES
sanos madereros”, y ayudó a comerse “los gastos excedentes

Se terminó el 4 de agosto de

1977 en la Imprenta de Juan Pa-

blos, S. A., Mexicali 39, México
11, D.F.

1,000 ejemplares

Tras de su primera edición española (Lautaro, 1947),
el presente libro no había sido reeditado, injusto ol-
vido ya que significa, al decir de Engels, el mejor
trabajo polémico de Marx.

Los temas que rodean la personalidad de Karl
Vogt (nacido en 1817) son de gran actualidad: ante
todo, el surgimiento de las nacionalidades europeas
tal como subsisten en la actualidad; paralelamente
trata Marx, en una lúcida visión crítica, el problema
del primer espionaje internacional organizado, mismo
que Vogt personalizaba. Por otra parte, se nos mues-
tra en un importante despliegue polémico los comple-
jos pasillos socioeconómicos de la política europea
posterior a la Comuna de París.

Libro fundamental para completar nuestra visión
de muchas conocidas obras de Marx y de Engels, Herr
Vogt constituye también el primer estudio extenso
(400 páginas) dedicado a la situación europea del
genial creador del materialismo histórico .