Friedrich Engels

Garibaldi en Calabria

Escrito a principios de septiembre de 1860.

Del inglés.

["New-York Daily Tribune" nº 6058 del 24 de septiembre de 1860, artículo de fondo]

Ahora estamos en posesión de información precisa sobre la conquista de la Baja Calabria por Garibaldi y sobre la completa expulsión del cuerpo napolitano destinado a su defensa. En esta fase de su carrera triunfal, Garibaldi no solo se ha mostrado como un líder valiente y un estratega sagaz, sino también como un comandante militarmente instruido. El ataque con la fuerza principal contra una cadena de fuertes costeros es una empresa que requiere no solo talento militar, sino también conocimiento militar, y es gratificante constatar que nuestro héroe, que nunca en su vida rindió un examen militar y de quien apenas se puede afirmar que haya pertenecido jamás a un ejército regular, se sintiera tan a sus anchas en un campo de batalla de este tipo como en cualquier otro.

La punta de la bota italiana está formada por la cadena montañosa del Aspromonte, que termina en la cima del Montalto, de unos 4.300 pies de altura. Desde esta cima, las aguas fluyen en un número de profundos barrancos que se extienden desde el Montalto como centro, como los radios de un semicírculo, cuya periferia está formada por la costa. Estos barrancos, cuyos respectivos lechos fluviales están secos en esta estación, se llaman fiumare y cada uno constituye una posición para un ejército en retirada. Ciertamente, pueden ser flanqueados por encima del Montalto, sobre todo porque senderos de herradura y caminos de a pie discurren a lo largo de la cresta de cada estribación y de la cadena principal del Aspromonte mismo; pero la ausencia total de agua en la zona elevada haría de esto, con una gran fuerza en verano, una maniobra bastante difícil. Las estribaciones de la montaña se extienden hasta la costa, donde

caen al mar en acantilados escarpados e irregularmente hendidos. Los fuertes que vigilan el estrecho entre Reggio y Scilla están construidos en parte en la playa, pero con mayor frecuencia sobre rocas bajas y salientes próximas a la costa. La consecuencia de ello es que todos están dominados y vigilados por las rocas más altas situadas en sus inmediaciones, y estos puntos dominantes se hallan fuera del alcance de la artillería y, en su mayor parte, fuera del alcance del viejo fusil Brown Bess, de modo que estas rocas no se tuvieron en cuenta al construir los fuertes; mas adquirieron una importancia decisiva con la introducción del moderno fusil rayado. En estas circunstancias, un ataque violento contra estos fuertes, haciendo caso omiso de las reglas de un asedio regular, estaba plenamente justificado. Lo que Garibaldi tenía que hacer era enviar una columna por la carretera bajo el fuego de los fuertes, con el fin de simular un ataque frontal contra las tropas napolitanas, y conducir otra columna a través de las colinas, remontando las fiumare tan arriba como lo exigieran la naturaleza del terreno o la extensión del frente determinada por cualquier posición defensiva napolitana, flanqueando así tanto a las tropas como a los fuertes, gozando en cada enfrentamiento de la ventaja de la posición dominante.

En consecuencia, el 21 de agosto Garibaldi envió a Bixio con una parte de sus tropas a lo largo de la costa en dirección a Reggio, mientras él mismo, con un pequeño destacamento y las tropas de Missori, que se habían reunido de nuevo con él, avanzaba por el terreno más elevado. Los napolitanos, ocho compañías o aproximadamente 1.200 hombres, ocupaban una fiumara en las inmediaciones de Reggio. Bixio, que atacó primero, envió una columna al extremo izquierdo, hacia la playa arenosa, mientras él mismo avanzaba por la carretera. Los napolitanos cedieron muy pronto, pero su ala izquierda, en las montañas, resistió frente a los pocos soldados de la vanguardia de Garibaldi, hasta que llegaron los hombres de Missori y los acorralaron. Acto seguido se retiraron al fuerte situado en el centro de la ciudad y a una pequeña batería en la costa. Esta última fue tomada mediante un asalto muy valiente de tres compañías de Bixio, que penetraron por una tronera. El gran fuerte fue bombardeado por Bixio, que había encontrado en la batería dos piezas pesadas napolitanas con munición. Pero esto no habría obligado a los napolitanos a rendirse si los tiradores de Garibaldi no hubieran ocupado las alturas dominantes, desde las cuales podían ver a los artilleros en las baterías y apuntarles. Esto

surtió efecto. Los artilleros abandonaron la plataforma de los cañones y corrieron a las casamatas; el fuerte se rindió. En parte, los hombres se unieron a Garibaldi; pero la mayoría regresó a casa. Mientras esto ocurría en Reggio, y la atención de los vapores napolitanos se centraba en este combate, en la destrucción del vapor encallado «Torino» y en un fingido reembarque de los soldados de Medici en Mesina, Cosenz logró sacar a 1.500 hombres en 60 botes del Faro Lagore y desembarcar con ellos en la costa noroccidental, entre Scilla y Bagnara.

El 23 tuvo lugar un pequeño combate cerca de Salice, algo más allá de Reggio. Cincuenta garibaldinos —ingleses y franceses—, bajo el mando del coronel de Flotte, batieron a un número cuádruple de napolitanos. En él cayó de Flotte. Aquel mismo día, el general Briganti, que bajo Viale mandaba una brigada en la Baja Calabria, tuvo una entrevista con Garibaldi acerca de las condiciones de su paso al campo italiano. Esta entrevista, sin embargo, no dio otro resultado que mostrar que los napolitanos estaban completamente desmoralizados. A partir de ese momento, ya no se planteaba la cuestión de la victoria, sino únicamente la de la rendición. Briganti y Melendez, el jefe de la segunda brigada móvil de la Baja Calabria, habían tomado una posición muy cerca de la costa, entre Villa San Giovanni y Scilla, cuyo flanco izquierdo se extendía hasta las colinas cerca de Fiumara di Muro. Sus fuerzas combinadas pueden calcularse en poco más de 3.600 hombres.

Garibaldi, que entró en contacto con Cosenz, quien había desembarcado a la espalda de esta unidad, tendió en torno a ella una red completa y luego esperó tranquilamente su capitulación, que tuvo lugar el 24 hacia el atardecer. Los desarmó y permitió a los hombres que se marcharan a casa, si querían, cosa que hicieron la mayoría. El fuerte Punta di Pezzo se rindió asimismo, y los puestos de Alla Fiumara, Torre del Cavallo y Scilla siguieron el ejemplo, desalentados tanto por el fuego de fusilería desde las alturas dominantes como por la defección general de los otros fuertes y de las tropas en campaña. Así, no solo quedó asegurado el dominio completo a ambos lados del estrecho, sino que se conquistó toda la Baja Calabria, y las tropas enviadas para la defensa fueron hechas prisioneras y licenciadas a sus casas en menos de cinco días.

Esta serie de derrotas incapacitó al ejército napolitano para toda resistencia ulterior. Los oficiales de los batallones restantes de Viale en Monteleone decidieron defender su posición durante una hora

para guardar las apariencias, y luego deponer las armas. La insurrección en las demás provincias hacía rápidos progresos. Regimientos enteros se negaban a marchar contra los insurgentes, y hubo incluso deserciones en unidades que cubrían Nápoles. De esta manera, quedó finalmente allanado al héroe de Italia el camino hacia Nápoles.