Friedrich Engels

Una revista de los cazadores voluntarios ingleses

Escrito hacia el 24 de agosto de 1860.

["Allgemeine Militär-Zeitung" núm. 36 del 8 de septiembre de 1860]

Al igual que Alemania, Inglaterra se arma para defenderse de las ansias de agresión bonapartistas; los Volunteer Riflemen <cazadores voluntarios> ingleses surgieron de la misma causa que la duplicación del número de batallones de línea prusianos. Por lo tanto, para el público militar alemán será de interés conocer algo más preciso sobre el estado actual y la aptitud bélica del nuevo ejército de voluntarios inglés, pues este ejército, por todo su origen e idea fundamental, es un enemigo del bonapartismo, un aliado de Alemania.

Salvo excepciones de unos pocos batallones, este ejército de voluntarios data de la segunda mitad del año pasado; la gran masa no lleva ni un año de uniforme e instrucción. Su fuerza sobre el papel asciende ahora a 120.000 hombres; pero si de las circunstancias que se presentan en algunos distritos estamos autorizados a inferir el total, apenas podrán contarse 80.000 hombres realmente instruidos; el resto no tiene interés por la cosa y haría mejor en ser borrado de las listas.

La organización es muy sencilla. Dondequiera que se reúnan en una localidad de 60 a 100 voluntarios (de 50 a 80 en la artillería), pueden formar una compañía con permiso del lord lugarteniente del condado. Eligen candidatos a oficiales (1 capitán, 1 teniente, 1 alférez o subteniente), a los que el lord lugarteniente nombra, por regla general, para los respectivos empleos, si bien algunos de ellos han sido rechazados.

Varias compañías pueden formarse en un batallón, en cuyo caso el lord lugarteniente nombra al mayor y al teniente coronel (en Inglaterra, el verdadero jefe del batallón), por lo general conforme a los deseos del cuerpo de oficiales o por la antigüedad de los capitanes. De este modo existen cuerpos de una a ocho compañías, numerados en cada condado según el orden de su formación; pero solo un batallón completo de 8 compañías recibe un teniente coronel. Los oficiales pueden ser nombrados todos de entre los voluntarios y no necesitan rendir examen alguno. Únicamente el ayudante ha de ser un oficial que haya servido en línea o en la milicia, y es el único que recibe una paga permanente.

(1) Los voluntarios se visten por su cuenta; sin embargo, el gobierno suministra, si se solicita, fusil y bayoneta ordinaria en préstamo. Cada cuerpo elige por sí mismo color, corte, etc., del uniforme y del correaje, con la aprobación del gobierno, es decir, del lord lugarteniente del condado. De los campos de instrucción y tiro, municiones, instructores y músicas han de cuidar los cuerpos en general también por sí mismos.

Los uniformes de los diversos cuerpos de infantería o de cazadores son en su mayoría verde oscuro, gris claro u oscuro o pardo grisáceo; el corte guarda el término medio entre el francés y el inglés; el tocado predominante es el quepis francés, el gorro de oficial francés o inglés. La artillería está uniformada reglamentariamente de azul oscuro y, por amor a la apariencia, ha adoptado la poco práctica gorra de piel de la artillería montada inglesa. Los pocos cazadores a caballo se asimilan, en cuanto al uniforme, a la caballería inglesa; por lo demás, son un artículo de puro lujo.

Cuando se inició la agitación por la formación de estos cuerpos de cazadores y se formaron las primeras compañías, el asunto tenía un fortísimo regusto a guardia nacional o milicia ciudadana; había mucha soldadesca de juguete en ello; el tejemaneje de las elecciones de oficiales, la cómica apostura y la perplejidad en el servicio de los nuevos oficiales, todo ello ofrecía mucho de deleitable. Como es comprensible, las elecciones no recayeron ni mucho menos siempre sobre los más capaces ni siquiera sobre los que más afición sentían por la cosa. En los primeros seis meses de su existencia, casi todas las compañías y batallones producían la impresión de nuestra bienaventurada milicia ciudadana del año 1848.

Este era el material que se entregó a los instructores (suboficiales) para hacer de él tropas de campaña útiles. Se instruía por lo común por las tardes, de 7 a 9, por secciones, en locales cerrados y con luz, dos o tres veces por semana, y siempre que era posible se hacía los sábados por la tarde una pequeña marcha de ejercicio y se instruía en las compañías. Los instructores eran suboficiales de línea, de milicia o de semiinválidos (pensionistas). Utilizar el domingo lo prohibían la costumbre y la ley. También para la formación de los oficiales tenían que hacerlo todo los maestros de instrucción. Entre tanto, el suboficial inglés es, a su modo, completamente excelente.

En el ejército inglés se blasfema y se insulta menos durante el servicio, se habla con mucho más sosiego que en ningún otro, pero en cambio se castiga con tanta mayor seguridad. El suboficial imita al oficial y adquiere un tono que es muy superior al imperante entre nuestros suboficiales alemanes. Y no sirve para lograr después una colocación civil; se ha alistado voluntariamente por 12 años, y ya el ascenso hasta sargento primero le sitúa en cada nuevo escalón considerablemente mejor que antes; en cada batallón uno o dos puestos de oficial (el ayudante y el encargado de la contabilidad) se reclutan por lo general de entre antiguos suboficiales; en la guerra el suboficial puede, por distinción ante el enemigo, obtener la estrella dorada en el cuello. Los maestros de instrucción salidos de estos suboficiales han cumplido realmente, en conjunto, entre los cazadores voluntarios, lo posible en el tiempo asignado, y no sólo han instruido completamente a las compañías, sino que también han adiestrado medianamente a los oficiales.

Entretanto, al menos en las ciudades mayores, las distintas compañías se agruparon en batallones y recibieron ayudantes procedentes de las tropas regulares. El oficial subalterno inglés, como el austriaco, posee mucha menos formación teórica que el del norte de Alemania; pero cuando tiene afición a su oficio, conoce, como el austriaco, su servicio de un modo realmente excelente. Entre los ayudantes que han pasado a los batallones de voluntarios hay personas que como instructores no podrían ser mejores; y los resultados que han alcanzado con sus batallones en muy corto tiempo son realmente sorprendentes. Sin embargo, hasta ahora, ni con mucho la mayoría de los voluntarios se ha integrado en batallones, y por eso las compañías que subsisten aisladas quedan muy por detrás de los batallones.

El 11 de agosto los voluntarios de Lancashire y Cheshire organizaron una revista en Newton, a medio camino entre Manchester y Liverpool; el teniente general al mando del distrito, Sir George Wetherall, asumió el mando supremo. Eran los voluntarios de los distritos fabriles en torno a Manchester los que se dieron cita allí; pues tanto de Liverpool como de los distritos agrícolas colindantes de Cheshire sólo habían acudido unos pocos. A juzgar por nuestras experiencias alemanas en materia de reclutamiento, tenemos que considerar estos cuerpos, desde el punto de vista físico, como por debajo del promedio; no hay que olvidar, sin embargo, que la clase obrera constituye de lejos la minoría entre los voluntarios.

El terreno del hipódromo de Newton, ya de por sí esponjoso, estaba considerablemente reblandecido por la persistente lluvia, muy desigual y arcilloso; por un lado corre un arroyo, junto al cual hay aquí y allá espesa maleza. Para campo de parada para jóvenes voluntarios, aquel suelo era precisamente el apropiado; la mayoría estaban con el agua y el barro hasta los tobillos, y los caballos de los oficiales se hundían a menudo en el fango hasta más arriba del menudillo.

Los 57 cuerpos que se habían inscrito estaban divididos en 4 brigadas; la primera con 4 batallones, las otras con 3; cada batallón de 8 compañías; tenientes coroneles de línea mandaban las brigadas, oficiales voluntarios los batallones. La primera brigada se desplegó con 3 batallones desplegados, el cuarto detrás del centro en columna. En segunda línea estaban las 3 brigadas restantes, 9 columnas de batallón, una al lado de la otra. Todas las columnas con frente de compañía, a cuarta distancia entre compañías y formadas por la derecha.

Tras la recepción del general por las tropas debía ejecutarse un cambio de frente a la izquierda; el batallón que se encontraba en columna detrás de la primera línea debía desplegarse en guerrilla para cubrir este movimiento. Pasó, pues, por el claro que las dos compañías centrales del batallón que tenía delante formaron dando un cuarto de conversión a la derecha y a la izquierda, y luego dio una conversión a la izquierda en columna, tras lo cual 4 compañías desplegaron en guerrilla a lo largo del arroyo y las 4 restantes formaron los sostenes. Con el terreno mojado y la maleza, no cabía pensar, naturalmente, en una utilización correcta del terreno; por lo demás, la mayor parte de los batallones de voluntarios se ocupan todavía del abecé del tiroteo y del servicio de campaña, por lo que no sería justo aplicar aquí una pauta severa. Entretanto, la línea desplegada dio un cambio de frente sobre el centro del batallón central como pivote; las dos compañías centrales de este batallón giraron un cuarto de círculo, una hacia adelante y la otra hacia atrás, tras lo cual las restantes compañías entraron en el nuevo alineamiento. Los dos batallones de los flancos se pusieron en columna a cuarta distancia (la columna más cerrada que conocen los ingleses), marcharon igualmente al alineamiento y se desplegaron. Se comprende el tiempo que esta pesada maniobra llevó consigo. Al mismo tiempo, el batallón del flanco derecho de la segunda línea, o línea de columnas, avanzó de frente hasta situarse detrás del nuevo flanco derecho de la primera línea; los otros batallones siguieron con un giro a la derecha (en doble fila) hasta el lugar donde había estado el batallón del flanco derecho; llegados allí, cada batallón dio frente y siguió a los batallones que le precedían. Tan pronto como la última columna de batallón hubo llegado de este modo al nuevo alineamiento, cada batallón giró por separado a la izquierda, restableciendo así el frente de la línea de columnas.

Ahora, la tercera brigada avanzó desde el centro de esta línea de columnas; llegada a doscientos pasos detrás de la primera línea desplegada, las tres columnas de batallón se abren a distancia de despliegue y, por su parte, se despliegan. Puesto que la cadena de tiradores había ganado entretanto bastante terreno, ambas líneas desplegadas avanzan unos cientos de pasos, tras lo cual la primera línea es relevada por la segunda. Esto se efectúa poniéndose ambas líneas con un giro a la derecha en doble fila; en la primera línea, la cabeza de cada compañía gira a la derecha, y en la segunda, la cabeza de cada compañía gira a la izquierda, con lo cual ambas líneas se entrecruzan, después de lo cual se da frente y se vuelve a girar. Esta es una de esas maniobras de plaza de armas que, allí donde son factibles, resultan superfluas, y donde serían necesarias, por desgracia no lo son. Acto seguido, las cuatro brigadas volvieron a reunirse en una gran columna de una manera semejante y conforme a la táctica de línea, y las tropas desfilaron en frente de compañía (25-35 filas) y en columna abierta ante el general.

No queremos perder ni una palabra más sobre esta especie de táctica elemental, que sin duda les parecerá a nuestros lectores bastante anticuada; de antemano se ve que un reglamento semejante, cualquiera que sea su valor o su falta de valor en una tropa de línea con doce años de servicio, es en todo caso lo más inapropiado del mundo para voluntarios que sólo se ejercitan en sus horas libres. Lo que aquí nos interesa es únicamente la manera como los voluntarios ejecutan esos movimientos; y en esto debemos decir que, aunque hubo aquí y allá tropiezos, en conjunto todas las evoluciones se llevaron a cabo con tranquilidad y sin confusión. Lo más defectuoso fue el giro en columna y el despliegue, este último se efectuó por lo común muy lentamente; en ambos movimientos se dejó sentir la falta de formación a fondo y de seguridad de los oficiales. En cambio, la marcha de frente de las líneas desplegadas, esa maniobra principal de la táctica inglesa, resultó totalmente por encima de lo esperado; se trata de un movimiento para el que los ingleses poseen en general una aptitud excepcional

y que parecen aprender con sorprendente facilidad. El desfile también se desarrolló, para gran regocijo nuestro bajo un tremendo aguacero, en conjunto bastante bien, aunque se produjeron varias e ingenuas infracciones contra la bastante complicada etiqueta militar inglesa. De distancias, por culpa de los oficiales, volvió a no haber ni la menor noción.

Aparte de una maniobra con adversario organizada en Londres por algunos comandantes voluntarios sanguíneos, en la que las cosas se pusieron bastante locas, esta fue la primera vez que masas considerables de voluntarios ejecutaban evoluciones que apuntaban a algo más que el simple desfile de parada. Si se considera que la gran masa de las tropas presentes se componía de cuerpos que no cuentan sino con una, dos o a lo sumo tres compañías, que no forman parte de ningún batallón, que no tienen oficiales veteranos, que sólo han sido instruidos por suboficiales veteranos y que sólo han sido reunidos en batallones en ocasiones aisladas, se admitirá que se ha logrado lo posible y que los voluntarios ingleses ya no se encuentran al nivel de las milicias ciudadanas. Por lo demás, se sobreentiende que aquellos cuerpos que forman batallones completos y están bajo el mando de ayudantes veteranos (pues éstos son de hecho ahora los jefes de batallón) maniobraron también en la revista mucho mejor que los demás.

El aspecto de los hombres era en conjunto bueno. Algunas compañías eran, ciertamente, de una pequeñez de estatura a la francesa; en cambio otras superaban en talla el promedio de la actual línea inglesa. Sin embargo, la mayoría de los hombres tenían estatura y perímetro torácico muy mezclados. Produce una impresión desagradablemente poco marcial la palidez ciudadana de la mayoría, que por cierto ya desaparecería con ocho días de servicio de campamento. Los uniformes, sobrecargados aquí y allá, causaban en conjunto muy buen efecto.

El primer año ha llevado a los voluntarios tan lejos en el abecé del ejercicio, que ya se puede pasar al tiroteo y a los ejercicios de tiro. Para ambas cosas se mostrarán mucho más hábiles que la línea inglesa, de modo que hasta el verano del año próximo constituirían un cuerpo bastante útil, si tan sólo los oficiales fuesen mejores.

Ahí reside el punto débil de toda la formación. Los oficiales no pueden formarse en el mismo tiempo y con los mismos medios que los soldados rasos. Hasta ahora se ha demostrado que se puede confiar en el celo de la masa hasta el punto de que cada uno adquiere la instrucción suficiente para el fin. Pero en el caso de los oficiales eso no basta. Como vemos,

la instrucción de los oficiales es con mucho insuficiente incluso para las evoluciones sencillas en el batallón: giro en columna, despliegue, mantenimiento de las distancias (cosa que en la táctica lineal inglesa es tan importante). ¿Cómo irá en el servicio de campaña y en el tiroteo, donde la apreciación del terreno lo es todo, donde se presentan cosas mucho más difíciles? ¿Cómo se puede confiar a tales hombres el servicio de seguridad? El gobierno ha obligado a todos los oficiales voluntarios a asistir durante al menos tres semanas a la escuela de tiro de Hythe. Eso está muy bien, pero con ello no aprenden ni a dirigir patrullas ni a mandar puestos avanzados. ¡Y para el servicio ligero es precisamente para lo que se va a emplear en primer lugar a los voluntarios, es decir, para el servicio que requiere los oficiales más hábiles y seguros!

Aquí debe intervenir el Estado si se quiere sacar algo de esto. Las compañías que aún existen sueltas o en grupos de dos o tres por su cuenta, deberían ser obligadas a unirse en batallones y a contratar ayudantes veteranos; estos ayudantes deberían impartir regularmente a todos los oficiales lecciones sobre táctica elemental, servicio de campaña y servicio interno en el batallón; aparte de la escuela de tiro, los oficiales deberían ser obligados a prestar servicio durante por lo menos tres semanas en un campamento junto a un regimiento de línea; y tras todo ello, se les debería someter a un examen en el que demostrasen que han aprendido al menos lo más necesario. Un examen de esta índole para los oficiales, y luego una revisión médica de los hombres para retirar a los inhábiles para el servicio, de los cuales se ha infiltrado una cantidad, así como una revisión anual de las listas para excluir a los hombres que no acuden al servicio, que sólo juegan a los soldados y no aprenden nada; entonces, ciertamente, se verían pronto muy reducidos los 120.000 hombres que ahora figuran en el papel; pero se tendría una tropa que valdría tres veces más que lo que ahora existe en el papel.

En lugar de ello, se dice que el Ministerio de la Guerra se ocupa de la importante cuestión de si no se debería vestir a todos los voluntarios a la primera oportunidad con el tan práctico rojo ladrillo de la línea.

Notas al pie de Friedrich Engels

(1) A la subvención de 180 libras esterlinas concedida por el gobierno, la mayoría de los batallones añaden todavía una cantidad considerable; conozco ayudantes, tenientes de la línea que perciben 300 libras esterlinas o 2.000 táleros y más de sueldo.