[“New-York Daily Tribune”, n.º 6035, del 28 de agosto de 1860]

Londres, 14 de agosto de 1860

El nuevo empréstito sardo de 6.000.000 de libras esterlinas ha sido cerrado, y se dice que se ha suscrito el triple de la suma solicitada. Se demuestra, pues, que las obligaciones del nuevo reino italiano suben en el mercado en el mismo momento en que Austria lucha en vano con una carga de la deuda cuyo monto no debería medirse por los recursos del país, sino por la debilidad del gobierno, y en que Rusia, la poderosa Rusia, expulsada del mercado europeo de empréstitos, se ha visto obligada a refugiarse de nuevo en su propia maquinaria de papel moneda. Sin embargo, aun respecto a Cerdeña, el nuevo empréstito nos recuerda el hecho abominable de que, en los tiempos modernos, el primer acto en la lucha de un pueblo por la libertad o la independencia suele consistir, como por un inmenso hado funesto, en contraer una nueva servidumbre. ¿No es toda deuda pública una hipoteca que se impone a la laboriosidad de un pueblo entero y un recorte de su libertad? ¿No hace surgir una nueva sociedad de tiranos invisibles, conocida bajo la denominación de acreedores públicos? Sea como fuere, si los franceses, en menos de un decenio, casi han duplicado su deuda pública para seguir siendo esclavos, ha de permitirse a los italianos contraer las mismas obligaciones para convertirse en hombres libres. El Piamonte propiamente dicho, sin las provincias recién incorporadas, hubo de pagar en 1847 impuestos por valor de 3.813.452 £, mientras que en el presente año habrá de pagar 6.829.000 £. Periódicos ingleses, como “The Economist”, constataron que

el comercio del Piamonte ha aumentado considerablemente a consecuencia de las modificaciones liberales introducidas en su arancel, y para ilustrar ese incremento se nos dan las siguientes cifras:

En 1854 las importaciones ascendieron tan solo a

12.497.160 £.

En 1857 subieron a

19.123.040 £.

En 1854 las exportaciones ascendieron a

8.595.280 £.

En 1857 subieron a

19.050.040 £.

Me permito, sin embargo, observar que el aumento es más aparente que real. Los artículos principales en la exportación sarda son la seda, los productos de seda, el hilo torzal, los aguardientes y el aceite; pero es bien sabido que durante los tres primeros trimestres de 1857 los precios de todos esos artículos estaban sumamente inflados y, por tanto, hacían crecer enormemente la suma total de los informes comerciales sardos. Las estadísticas oficiales del reino indican, además, únicamente los valores, no las cantidades, de los artículos exportados e importados, de modo que las cifras de 1857 bien pudieran ser una excepción. Puesto que hasta ahora no se han publicado informes oficiales de los años 1858-1860, queda por ver si la crisis comercial de 1858 y la guerra italiana de 1859 han frenado o no el ascenso industrial del país. Los siguientes cuadros tabulares, que muestran la estimación oficial de los ingresos y gastos de Cerdeña, por sí sola, para el corriente año (1860), atestiguan que una parte del nuevo empréstito se destinará a cubrir el déficit, mientras que otra parte se utilizará para nuevos preparativos de guerra:

Ingresos de Cerdeña en 1860  
                                                                       £  
Aduanas                                                        2.411.824  
Impuestos territoriales y sobre la propiedad urbana, timbres, etc.  2.940.284  
Ferrocarriles y telégrafos                                       699.400  
Correos                                                          242.000  
Derechos percibidos por el Ministerio de Asuntos Exteriores       12.400  
Derechos percibidos por el Ministerio de la Gobernación           21.136  
Ingresos de algunos ramos de la instrucción pública                  580  
Moneda                                                             6.876  
Varios                                                          193.888  
Recursos extraordinarios                                        301.440  
Total                                                     6.829.738  

Gastos de Cerdeña en 1860  
                                                                       £  
Departamento de Hacienda                                        4.331.676  
Justicia                                                         243.816  
Asuntos Exteriores                                                70.028  
Instrucción pública                                              117.744  
Ministerio de la Gobernación                                     407.152  
Obras públicas                                                   854.080  
Gastos del ejército                                            2.229.464  
Gastos de la marina                                              310.360  
Gastos extraordinarios                                         1.453.268  
Total                                                    10.017.588  

Si comparamos los gastos, que ascienden a 10.017.588 £, con los ingresos de 6.829.738 £, hallamos un déficit de 3.187.850 £. Por otra parte, se calcula que las provincias recién adquiridas arrojan un ingreso anual de 3.435.552 £ y unos gastos anuales de 1.855.984 £, de modo que darían un claro superávit de 1.600.000 £. Según este cómputo, el déficit de todo el reino de Cerdeña, incluidas las provincias recién adquiridas, se reduciría a 1.608.282 £. Sería justo que la Lombardía y los ducados pagaran una parte de los gastos que la guerra italiana ha ocasionado al Piamonte; pero, con el correr del tiempo, puede revelarse como un experimento sumamente peligroso imponer a las nuevas provincias tributos casi doble de lo que exigen sus costos administrativos, con el único objetivo de sostener la caja pública de las antiguas provincias.

Personas familiarizadas con el juego entre bastidores del mercado monetario parisino continúan difundiendo que se anuncia, en un futuro no muy lejano, un nuevo empréstito francés. Lo único que hace falta es una ocasión especial para hacer subir este asunto. La *emprunt de la paix* ha resultado, como usted sabe, un fracaso. *Partant pour la Syrie* se ha practicado hasta ahora demasiado poco para justificar una nueva apelación al entusiasmo de la *grande nation*. Por tanto, se conjetura que, si no aparece nada nuevo y los precios de los cereales siguen subiendo, se emitirá un empréstito bajo el pretexto de precaverse contra el posible infortunio de una hambruna.

En relación con las finanzas francesas, cabe mencionar como un dato curioso que el señor Jules Favre, que osó predecir, en pleno Corps législatif, el amenazante colapso de la caja imperial, ha sido elegido Bâtonnier del colegio de abogados de París. Los abogados franceses, como usted sabe, han conservado, desde los tiempos de la antigua monarquía, algunos jirones de su vieja constitución feudal. Todavía forman una especie de corporación, llamada Barreau, cuyo jefe, elegido cada año, a saber, el Bâtonnier, los representa en sus relaciones con los tribunales y con el gobierno, a la vez que vela por su disciplina interna. Bajo la Restauración y el régimen subsiguiente del rey ciudadano (Luis Felipe), la elección del Bâtonnier de París fue considerada siempre como un gran acto político, que implicaba una manifestación a favor o en contra del ministerio del momento. La elección del señor Jules Favre ha de considerarse, creo, como la primera manifestación antibonapartista que se ha atrevido a hacer el colegio de abogados de París, y merece, por tanto, ser registrada entre los acontecimientos del día.

En la sesión de ayer de la Cámara de los Comunes, ante una sala apenas lo bastante numerosa para constituir quórum, Sir Charles Wood, ese verdadero modelo de auténtico cazapuestos whig, presentó una resolución que lo autorizaba a emitir un nuevo empréstito de tres millones de libras esterlinas a favor del tesoro indio. Según sus propias afirmaciones, el déficit indio ascendió en 1858/1859 (el año financiero comienza y termina siempre en abril) a 14.187.000 £; en 1859/1860, a 9.981.000 £, y se calcula que en 1860/1861 será de 7.400.000 £. Prometió cubrir una parte del déficit con el producto de los nuevos impuestos introducidos por el señor Wilson —ciertamente, una perspectiva muy dudosa—, mientras que la otra parte se sufragaría mediante el nuevo empréstito de tres millones. La deuda pública, que en 1856/1857, el año anterior a la rebelión, ascendía a 59.442.000 £, se ha elevado ahora a 97.851.000 £. De manera aún más rápida han crecido los intereses de la deuda. De 2.525.000 £ en 1856/1857, han pasado a 4.461.000 £ en 1859/1860. Aunque los ingresos públicos se incrementaron forzosamente mediante la imposición de nuevos impuestos, no han podido hasta ahora seguir el paso a los gastos, los cuales, aun según las afirmaciones de Sir Charles Wood, han aumentado en todos los aspectos, salvo en los de obras públicas. Para allegar los tres millones de gastos de cuarteles fortificados,

durante este año se ha producido «una paralización casi total de las obras públicas y de las construcciones públicas de carácter civil», y en el año siguiente continuará. Sir Charles parece considerar esta «paralización total» como una de las bellezas del sistema. En lugar de 40.000, como en 1856/1857, hay ahora 80.000 soldados europeos acantonados en la India, y en lugar de un ejército indígena de apenas 200.000 hombres, uno de más de 300.000.