Karl Marx

La situación de la industria fabril británica

[“New-York Daily Tribune”, núm. 6016, del 6 de agosto de 1860]

Londres, 10 de julio de 1860

Los informes de los inspectores de fábricas que acaban de publicarse comprenden únicamente tres informes: el distrito que hasta hace poco estuvo a cargo del Sr. Leonard Horner ha quedado fusionado, en parte con el distrito de Sir John Kincaid (Escocia) y en parte con el del Sr. Redgrave, que ahora abarca 3.075 fábricas y estampadoras, mientras que el distrito del Sr. Robert Baker (Irlanda y algunas comarcas de Inglaterra) permanece dentro de sus antiguos límites. Lo que sigue es un resumen general que muestra el número total de accidentes comunicados a los tres inspectores durante los seis meses que terminan el 30 de abril de 1860:

Accidentes causados por máquinas

| Adultos | Jóvenes | Niños | Total | Total general |
|---|---|---|---|---|---|
| | h. | m. | h. | m. | h. | m. | h. | m. | |
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| Muertes 3 2 2 7
| Amputación de la mano o el brazo derechos 6 1 – 7
| Amputación de la mano o el brazo izquierdos 1 3 – 4
| Amputación de una parte de la mano derecha 24 22 7 53
| Amputación de una parte de la mano izquierda 17 18 7 42
| Amputación de una parte de la pierna o del pie – – | – | – –
| Fractura de miembros y de huesos del tronco 11 11 4 26
| Fractura de mano o pierna 43 37 15 95
| Heridas en la cabeza y la cara 17 29 4 40
| Desgarros, contusiones y otras lesiones no enumeradas arriba 255 352 66 673 | 1.384 |
| Total: 377 465 105 | 1.100 2.047 |

Accidentes no causados por máquinas
| Total: 30 26 10 66

Los informes atestiguan unánimemente la actividad extraordinaria de los negocios durante este semestre. La demanda de fuerza de trabajo fue tan grande que en algunos ramos industriales la oferta de obreros resultó insuficiente. Esta dificultad reinó menos en las fábricas de lana —donde la maquinaria perfeccionada permitió al fabricante prescindir del trabajo manual— que en las fábricas de algodón y de estambre peinado, donde muchas máquinas permanecieron paradas por falta de brazos, sobre todo de trabajadores jóvenes. Para hacer frente a esta escasez pasajera de fuerza de trabajo se recurrió en el pasado a algunos métodos reprobables. Cuando, en la infancia del sistema fabril, los fabricantes carecían de brazos, éstos se obtenían directamente solicitándolos a los administradores de la beneficencia de municipios alejados, los cuales enviaban cierto número de aprendices, niños de tierna edad, que quedaban vinculados por una serie de años a los fabricantes. Una vez entregados los niños en aprendizaje, los funcionarios de la ley de pobres felicitaban a los respectivos municipios por haberse librado de comensales inútiles, en tanto que los fabricantes se apresuraban a sacar el mejor partido del trato, manteniendo a los niños por los medios más parsimoniosos y exprimiéndoles todo lo que fueran capaces de dar en fuerza de trabajo. De ahí que la primera de la serie de leyes fabriles, la aprobada en 1802, en el año 42 del reinado de Jorge III (capítulo 73), lleve el título de “An Act for the Preservation of the Health and Morals of Apprentices and other employed in Cotton and other Mills, and Cotton and other Factories” y se propusiera únicamente mitigar los males del sistema de aprendizaje. Pero a medida que

se introducían mejoras en la maquinaria, surgía la escasez de otro tipo de fuerza de trabajo cuando los negocios cobraban animación y la población de las cercanías no podía ya suministrar a las hilanderías todos sus brazos. Aquellos fabricantes enviaban a buscar a Irlanda familias irlandesas. Mas Irlanda ha dejado de ser el mercado capaz de cubrir, a requerimiento de Inglaterra, la necesidad de fuerza de trabajo, y los fabricantes se ven obligados ahora a buscar en los condados del sur y del oeste de Inglaterra a familias a las que los actuales salarios de los condados septentrionales pudieran incitar a empezar una nueva vida laboral. Se han enviado agentes por todo el país para exponer las ventajas que se ofrecen a las familias que se trasladen a los distritos fabriles, y se les ha autorizado a concertar acuerdos para la emigración hacia el norte. Se dice que muchas familias han sido puestas ya en camino por esos agentes. Sin embargo, el traslado de un hombre con su mujer e hijos a una ciudad fabril presenta el inconveniente peculiar de que los miembros más jóvenes de la familia, a los que se puede adiestrar rápidamente y cuyos servicios resultan utilizables en un tiempo relativamente corto, son muy solicitados, mientras que no hay una demanda especial de la fuerza de trabajo del hombre y de su mujer, inexpertos en el trabajo fabril. Esto ha inducido a algunos fabricantes a retornar, en cierta medida, al antiguo sistema de aprendizaje y a concertar acuerdos con las autoridades de beneficencia para emplear a niños pobres e indefensos durante un período de tiempo fijado. En tales casos, los fabricantes proporcionan a los niños alojamiento, vestido y alimento, pero no les pagan salario regular alguno. Con el retorno a este sistema parecen haber revivido también las quejas sobre sus abusos. No hay que pasar por alto, sin embargo, que este tipo de fuerza de trabajo sólo se solicita cuando no se puede conseguir otra, porque resulta muy costoso. El salario habitual de un muchacho de 13 años sería de unos 4 chelines a la semana; pero alojar, vestir, alimentar, proporcionar asistencia médica y vigilancia adecuada a entre 50 y 100 muchachos de ésos, y entregar además una cierta retribución por ellos, no puede hacerse por 4 chelines por cabeza y por semana.

Una comparación de los salarios pagados en 1839 y 1859 a los obreros fabriles muestra el hecho sumamente interesante de que los salarios han aumentado, al menos nominalmente, y precisamente en aquellas fábricas en que el tiempo de trabajo ha quedado limitado a 60 horas semanales, mientras que, con pocas excepciones, han bajado realmente en las estampadoras, blanqueadoras y tintorerías, donde el tiempo de trabajo de los niños, los jóvenes y las mujeres no conoce límites y donde éstos están ocupados a temporadas 14 y 15 horas al día. Los cuadros siguientes se refieren a la industria algodonera de Manchester y sus alrededores:

Salarios semanales

|---|---|---|
| Horas de trabajo a la semana 60 |

| Ocupación | | sh. | d. | sh. | d. |
|---|---|---|---|---|---|
| Maquinistas de la máquina de vapor | – – |
| Muchachos de almacén | – – |
| Obreros de almacén | – – |
| Cardado – cardadoras (jóvenes mujeres y muchachas) | – – |
| Desmontadores (jóvenes) | – – |
| Supervisores | – – |
| Limpiadores de cardas (muchachos de 14 a 18 años) | – – |
| Tendedoras de estiradora (jóvenes mujeres) | 6 – |
| Hilandería – Hiladores en mule-jennies | | 16–18 | – | 20–22 | – |
| Anudadores (mujeres y jóvenes) | – – |
| Supervisores | – – |
| Sección de doblado – dobladoras (mujeres) | – – |
| Devanadoras (muchachas) | – – |
| Supervisores | – – |
| Ayudantes (jóvenes) | – – |

Tanto en el devanado y el chamuscado como en los telares mecánicos hubo igualmente un ligero ascenso de los salarios. Los pronósticos de quienes prevenían a los obreros fabriles de que sufrirían graves perjuicios por la reducción de su tiempo de trabajo han quedado, pues, plenamente refutados. Comparemos, en cambio, el movimiento de los salarios en aquellos ramos donde la jornada diaria de trabajo carece de límite legal:

Estampado de percal, teñido, blanqueo, 60 horas semanales

| Salario semanal (en sh.) | 1859 |
|---|---|---|---|
| Mezcladores de color | 32 |
| Estampadores a máquina | 38 |
| Capataces | 40 |
| Grabadores de formas | 25 |
| Estampadores a forma | 28 |
| Tintoreros | 16 |
| Lavadores y obreros no cualificados | | 16 / 15 | 16 / 15 |

Teñido de fustán, 61 horas semanales

| Salario semanal (en sh.) | 1859 |
|---|---|---|---|
| Preparadores | 22 |
| Blanqueadores | 18 |
| Tintoreros | 16 |
| Aprestadores | 22 |

La parte con mucho más interesante de los informes del Sr. Alexander Redgrave y de Sir John Kincaid se refiere al desarrollo y la ampliación de las sociedades cooperativas para la erección y explotación de hilanderías en Lancashire y, hasta cierto punto, también en Yorkshire. Esas sociedades cooperativas, que se han multiplicado desde la aprobación del Limited Liabilities Act, están compuestas por lo general de obreros. Cada sociedad posee un capital de 10.000 libras esterlinas o más, dividido en acciones de 5 y 10 libras esterlinas; tiene el derecho de tomar fondos en préstamo en determinada proporción con respecto al capital suscrito, y el dinero tomado a préstamo consiste en pequeños empréstitos reunidos por obreros fabriles y personas de la misma clase. En Bury, por ejemplo, se necesitarán más de 300.000 libras esterlinas para poner en condiciones de trabajar las hilanderías cooperativas que allí se han construido o se están construyendo. En las hilanderías de algodón, los hiladores y otras personas allí ocupadas son con frecuencia accionistas de la misma hilandería; trabajan a cambio de un salario y perciben intereses por sus acciones. En las tejedurías de algodón, los socios alquilan a menudo telares y trabajan en ellos. Esto ofrece un estímulo a los obreros, porque no se requiere un capital mayor para permitirles emprender su propio negocio. Compran el hilado ya dispuesto para el telar, tejen la tela y el proceso de fabricación queda concluido; o bien reciben el hilado de algún fabricante que trafica con ellos y le devuelven el producto tejido. Pero este sistema cooperativo no se limita al hilado y al tejido del algodón. Se ha extendido al comercio de una gran variedad de medios de consumo, tales como harina, especierías, paños, etc.

El siguiente informe, presentado por el Sr. Patrick, uno de los subinspectores de Sir John Kincaid, contiene algunas informaciones valiosas acerca del progreso de este nuevo sistema de propiedad fabril, que sin embargo —temo— será sometido a una dura prueba en la próxima crisis industrial.

“16 de mayo de 1860

Desde hace unos 12 años existe en Rochdale una sociedad cooperativa bajo el nombre de New Bacup and Wardle Commercial Company. Es una sociedad inscrita según el Joint Stock Companies Act, con responsabilidad ilimitada. Inició su actividad en la Clough House Mill, en Wardle, cerca de Rochdale, con el derecho de reunir un capital de 100.000 libras esterlinas en acciones de 12 libras esterlinas 10 chelines, de las cuales se desembolsaron 20.000 libras esterlinas. Lo elevó luego a 30.000 libras esterlinas y hace 5 años construyó cerca de Stackstead una gran fábrica, Far Holme Mill, con 100 CV de fuerza de vapor, adicionalmente a la Clough House Mill, y en el semestre terminado en el último octubre pagó un dividendo del 44% sobre el capital desembolsado.” (El Sr. Patrick comunica el 11 de junio que la New Bacup and Wardle Commercial Company, bajo el nombre de Far Holme Mill, Bacup, acaba de anunciar otro dividendo del 48% sobre el capital desembolsado.) “Ahora ha elevado su capital a la suma de 60.000 libras esterlinas y ha ampliado considerablemente su Far Holme Mill cerca de Stackstead, para lo cual se precisan dos nuevas máquinas de 40 CV cada una, que están haciendo instalar. La gran mayoría de los accionistas son obreros que trabajan en la fábrica, pero que reciben salario como obreros y no tienen nada que ver con la gerencia, salvo emitir su voto en la elección anual del comité directivo. He recorrido esta mañana la Far Holme Mill y puedo informar que, en lo que atañe a las leyes fabriles, no está peor administrada que cualquier otra de mi distrito. Aunque no he formulado esta pregunta a los interesados, creo que han tomado un préstamo al 5% de interés.

En las cercanías de Bacup ha existido durante unos seis años otra sociedad, que operaba bajo el nombre de Rossendale Industrial Association.”

Montó una fábrica, pero, según se me ha informado, no prosperó porque carecía de suficiente capital de explotación. También ésta se había organizado según el sistema cooperativo. La firma se ha transformado ahora en la Rossendale Industrial Company y es una sociedad inscrita con arreglo a la Limited Liabilities Act, facultada para emitir un capital de 200.000 libras esterlinas. Se emitieron acciones de 10 libras cada una por valor de 4.000 libras, y se tomaron prestadas otras 4.000 libras aproximadamente. Estas 4.000 libras fueron facilitadas por pequeños capitalistas en sumas que iban de 150 a 10 libras, sin que se diera garantía alguna. Cuando esta sociedad cooperativa echó a andar, cada accionista era un obrero. Además de la Wear Mill, que al parecer fue construida por la Rossendale Industrial Association, ha comprado ahora a los señores B. & T. Mum la Irwell Mills, en Bacup, y actualmente explota ambas.

La prosperidad y el éxito de la New Bacup and Wardle Commercial Company parecen haber favorecido el surgimiento de las nuevas sociedades que acaban de fundarse en mi inmediata vecindad y que instalan grandes fábricas para llevar adelante sus negocios. Una es la New-Church Cotton Spinning and Weaving Company; está inscrita con arreglo a la Limited Liabilities Act y tiene

100.000 libras esterlinas en acciones de 10 libras, de las cuales ya se han desembolsado 40.000 libras y se han tomado prestadas 5.000 libras sobre hipoteca al 5%. Esta sociedad ya ha comenzado a trabajar, haciéndose cargo de una fábrica sin usar, con 40 caballos de fuerza de vapor, la Vale Mill en New-Church; además, está construyendo las Victoria-Works, que necesitarán una máquina de 100 caballos de fuerza de vapor. Una vez terminadas, lo que será en febrero del año próximo, la compañía espera poder ocupar a 450 personas.

Otra sociedad es la Rawtenstall Cotton Manufacturing Company, igualmente de responsabilidad limitada, con un capital nominal de 50.000 libras esterlinas en acciones de 5 libras y la facultad de tomar prestado hasta 10.000 libras. Ya se han desembolsado unas 20.000 libras, y está levantando en Hareholme una fábrica que requiere una máquina de 70 caballos de fuerza de vapor. Se me ha dicho que en estas dos sociedades nueve décimos de los accionistas pertenecen a la clase de los obreros fabriles.

Hay aún otra sociedad cooperativa que ha brotado durante los últimos seis meses, a saber, la Old Clough Cotton Company. Ésta compró a los señores B. & T. Mum dos viejas fábricas, las llamadas Irwell Springs, y trabaja según el mismo principio que las demás; pero como hoy no pude ir hasta allí, no estoy en condiciones de comunicar todos los detalles sobre ella. Sin embargo, se me ha indicado que la fuerza es de 13 caballos y que el número de obreros ocupados asciende a 76, y creo que todos los accionistas proceden de la clase de los obreros fabriles.

Se dan también casos en que personas alquilan una parte de la fábrica, a saber, una o dos salas, o a veces incluso sólo una porción de una sala. Aunque trabajan exactamente igual que sus obreros, son dueños de esa parte, ocupan obreros como cualquier fabricante y pagan salarios, sin hacer partícipes de su empresa a los obreros que emplean. De éstos hubo en otro tiempo muchos más en Bacup que hoy. Algunos han abandonado, mientras que otros tuvieron éxito y construyeron fábricas por su cuenta o alquilaron grandes edificios. De estos casos hay en Rochdale más que en ningún otro lugar de mi distrito.»

[«New-York Daily Tribune», núm. 6032, del 24 de agosto de 1860]

II

Londres, 14 de julio de 1860 Después del resumen dado en mi último artículo sobre los informes fabriles de Sir John Kincaid y del señor Redgrave, debo ocuparme aún del informe del señor Robert Baker, inspector de fábricas para Irlanda y para una parte de Cheshire, Lancashire, Gloucestershire, Yorkshire, Staffordshire, Leicestershire, Herefordshire, Shropshire, Worcestershire

y Warwickshire. El número total de accidentes en el distrito del señor Baker ascendió a 601, de los cuales únicamente el 9% ocurrieron en niños, mientras que el 33% afectó a personas mayores de 18 años. Un análisis más detenido de estos accidentes arroja, en primer lugar, que la proporción de accidentes respecto al número de ocupados es máxima en aquellos ramos industriales donde la maquinaria empleada no está sujeta a ninguna fiscalización legal y, en segundo lugar, que en las fábricas textiles donde se utiliza el mismo tipo de máquinas, la mayoría de los accidentes se produce en las hilanderías más grandes. En cuanto a la ocupación de los 198.565 obreros pertenecientes al distrito del señor Baker, éste da para el último semestre el siguiente cuadro:

Personas ocupadas

Accidentes causados por máquinas

en hilanderías de algodón

107.106

1 por cada 261

en hilanderías de lana

14.982

1 por cada 348

en hilanderías de lino

33.918

1 por cada 389

en hilanderías de seda

33.874

1 por cada 2.251

en hilanderías de estambre

2.896

1 por cada 424

en otras fábricas

5.789

ninguno

En todas estas fábricas textiles, las máquinas están aseguradas, es decir, provistas de aquellos dispositivos para la seguridad de los obreros cuya aplicación prescriben las cláusulas sanitarias de las leyes fabriles. Si nos dirigimos ahora, por ejemplo, a Nottingham, donde un gran número de personas, en particular niños, trabajan en máquinas que no están aseguradas como lo exige la ley, encontraremos que en 1859 se registraron en los libros del Hospital General 1.500 accidentes y en los de la farmacia de los pobres 794, lo que, tomando como base una cifra de ocupados no superior a 62.583, hace un total de 2.294 personas. Esto arroja, dentro de la circunscripción de Nottingham, una cifra de accidentes de 1 por cada 27, proporción comparada con la cual los accidentes en las fábricas textiles provistas de dispositivos de seguridad aparecen casi insignificantes. En Birmingham, por su parte, donde se encuentran ocupaciones de toda clase, tanto vinculadas a la fuerza de vapor como sin ella, donde sólo hay dos pequeñas fábricas textiles y donde, en general, no existe obligación alguna de adoptar medidas de seguridad en las máquinas en que trabajan los jóvenes, la proporción de accidentes respecto al número de ocupados fue de 1 por cada 34. La gran ventaja que traen consigo las cláusulas sanitarias de las leyes fabriles y la aplicación más general de esas disposiciones se pone de manifiesto también al comparar todos

los accidentes notificados a los inspectores durante los semestres que terminaron el 31 de octubre de 1845 y el 30 de abril de 1846 con los de los semestres hasta octubre y abril de 1858 y 1859. En este último período, la reducción general de los accidentes fue del 29%, aunque el número de obreros, calculado por lo bajo, había aumentado en un 20%.

En lo que atañe a la distribución de los accidentes entre fábricas grandes y pequeñas, considero decisivos los siguientes hechos aducidos por el señor Baker: Durante el último semestre, en las 758 fábricas de algodón de su distrito, donde están ocupadas 107.000 personas, todos los accidentes ocurridos se produjeron en 167 fábricas que ocupan unas 40.000 personas, de modo que en 591 fábricas, con 67.000 personas ocupadas, no hubo absolutamente ningún accidente. Asimismo, entre 387 hilanderías menores, todos los accidentes se dieron en 28 de ellas; en las 153 hilanderías de lino, todos los accidentes ocurrieron en 45, y en las 774 fábricas de seda, todos los accidentes se produjeron en 14, de modo que en una gran parte de cada ramo de trabajo no hubo accidentes causados por máquinas, y en cada sector la mayoría de los accidentes se produjo en las fábricas más grandes. El señor Baker trata de explicar este último fenómeno por dos causas: a saber, que en las fábricas más grandes el paso de las máquinas viejas, no aseguradas, a las modernas se realiza de modo comparativamente lento y paulatino, y, en segundo lugar, que en esas grandes fábricas la concentración de las fuerzas de trabajo aumenta tan rápidamente como decae el control responsable ejercido sobre semejantes empresas.

«Estas dos causas —dice el señor Baker— inciden con mucha fuerza en la producción de accidentes. En la primera, las viejas máquinas que aún subsisten, que nunca han sido aseguradas y en las que permanecen muchas ruedas sin proteger, resultan tanto más dañinas cuanto que, al estar aseguradas las nuevas, se olvida el peligro que encierran las viejas que se han conservado; en la segunda causa, en cambio, la lucha constante por cada minuto, en la que el trabajo es impulsado por una fuerza invariable estimada en unos mil caballos de fuerza, conduce necesariamente a peligros. En tales fábricas, los instantes son los elementos de la ganancia; la atención de cada uno es requerida a cada momento. Aquí se puede observar, para tomar prestada una sentencia de Liebig, una lucha constante entre la vida y las fuerzas inorgánicas, donde las fuerzas espirituales dirigen y las fuerzas animales deben moverse y adaptarse a las revoluciones de los husos. No pueden volverse más lentas, a pesar del esfuerzo que se les exige, ya sea por tensión excesiva o por el calor; ni pueden interrumpir el trabajo por un instante, ni desviar su atención hacia otras cosas que las rodean, pues en cada tardanza hay pérdida. Así ocurre que se ponen dedos sobre ruedas que se consideran seguras, sea por su ubicación, sea

por la lentitud de su movimiento, cuando la atención se dirige indebidamente a otra parte. Así sucede que obreros que se apresuran a producir un cierto número de libras de hilado en un tiempo dado se olvidan de mirar debajo de su máquina a sus pequeños “piecers” <“empalmadores de hilos”>. Así se producen numerosos accidentes por lo que se llama el propio descuido.»

Durante el último semestre, todas las fábricas textiles, excepto las de seda, en Irlanda y en los distritos ingleses del señor Baker fueron muy lucrativas. El único obstáculo que parece haber mantenido dentro de ciertos límites a los distintos ramos industriales fue la creciente escasez de materia prima. En el ramo del algodón, la construcción de nuevas hilanderías, el desarrollo de nuevos sistemas de ampliación y la demanda de fuerza de trabajo no fueron superados nunca en épocas anteriores. Nada fue más llamativo que las nuevas medidas puestas al servicio de la búsqueda de materia prima. Así, a imitación de la Asociación de Suministro de Algodón de Lancashire, se ha fundado en Belfast una Asociación de Suministro de Lino. Mientras que en los cinco años hasta 1853 inclusive el promedio anual de importación de lino más la cosecha de lino de Irlanda ascendió a 113.409 toneladas, en los últimos cinco años, incluido 1858, fue de solo 101.672 toneladas, lo que equivale a una reducción de 12.000 toneladas anuales, con un valor anual de exportación aumentado en 1.000.000 de libras esterlinas. El precio de la lana, que ya durante el período que abarcan los últimos informes fabriles estaba por encima del promedio, ha subido ininterrumpidamente desde entonces. La rápida expansión de la fabricación de lana y la creciente demanda de carne de carnero tanto en Gran Bretaña como en las colonias pueden considerarse causas permanentes de esta subida de los precios de la lana. Como causa accidental que amenaza con reducir la habitual cosecha de lana, puede considerarse el carácter particular de la estación; muchas ovejas perecieron en invierno a causa del forraje deficiente o inadecuado, y muchos corderos sucumbieron durante la primavera debido al frío, a la falta de alimento y a una enfermedad que los llevaba a la muerte en pocas horas.

El único ramo industrial que durante los últimos seis meses ha sido seriamente entorpecido a consecuencia de la conclusión del tratado comercial anglo-francés y de los temores acerca de los efectos de la competencia extranjera, es la fabricación de seda. La presión ejercida por ello aumentó gradualmente, de modo que en el momento en que escribo este artículo

más de 13.000 tejedores, solo en Coventry, se hallan sin empleo, porque todos los telares están parados. Esta crisis es tanto más lamentable cuanto que en Coventry —como hice notar en un artículo sobre los informes fabriles— había brotado del suelo un número de fábricas de seda cottage, en las que los obreros empleaban a sus propias familias, con algunos obreros alquilados aquí y allá. Estas fábricas de seda habían aumentado considerablemente en número desde principios de 1860. Son, en efecto, un retorno de los antiguos fabricantes domésticos, solo que con el añadido de la fuerza del vapor, pero completamente diferentes del nuevo sistema cooperativo de Lancashire y Yorkshire. En ellas, el cabeza de familia es a la vez el maestro y el tejedor, así como el arrendatario de la fuerza del vapor; a veces es también quien da el pan a su familia y a otras fuerzas de trabajo. Ha o bien comprado sus dos telares por completo o los ha tomado a crédito y paga tanto por semana por ellos; o los ha arrendado, probablemente a su casero, que es un constructor y especulador. Arrienda, además, la fuerza del vapor necesaria. Se dice que hoy la diferencia entre el trabajo realizado de este modo en el telar del tejedor y el trabajo del maestro es tan grande como la que existe entre la cinta de seda francesa y la inglesa. Es previsible, sin embargo, y el señor Robert Baker parece compartir esta suposición en su informe, que este trabajo doméstico, combinado con el empleo de fuerza mecánica, no será capaz de resistir las sacudidas comerciales. Probablemente, el fabricante inglés, para estar a la altura de su rival francés, se verá obligado a volver a la inversión de capital en gran escala, lo que aniquilará las fábricas de seda cottage que compiten con él ante su propia puerta.