Friedrich Engels

Escrito a finales de noviembre de 1860.

Del inglés.

["The Volunteer Journal, for Lancashire and Cheshire", núm. 12 del 24 de noviembre de 1860]

El Ejército de Voluntarios cuenta ya desde hace tiempo con una infantería y artillería numéricamente fuertes; además, se complementa con una pequeña tropa de caballería, y ahora se dispone gradualmente a ocuparse del último ramo del servicio militar, la ingeniería. La cuestión de las tropas voluntarias de ingenieros se discute actualmente con gran detenimiento, y merece la atención que se le presta. El Cuerpo de Ingenieros Reales es ya demasiado débil para las numerosas tareas que ha de cumplir en la metrópoli y en las colonias. ¿Cómo será, entonces, en caso de guerra y de una invasión previsible? Las numerosas fortificaciones que se hallan actualmente en construcción y que forman un inmenso campamento atrincherado en torno a los astilleros exigirán un crecido número de oficiales y soldados de ingenieros como guarnición; también el ejército de campaña, que en la actualidad, por la incorporación de voluntarios, ha aumentado al doble o al triple de sus efectivos, necesitará —para garantizar su plena capacidad de acción frente al enemigo— cierto complemento de tropas de ingenieros. Si el Cuerpo de Ingenieros Reales no se aumenta considerablemente, las tareas de este ramo habrán de ser ejecutadas de modo imperfecto o realizadas por voluntarios previamente formados al efecto.

El número de tropas de ingenieros que corresponden a un ejército de campaña no es, por lo demás, muy grande. Tres o cuatro compañías para un cuerpo de ejército de dos divisiones (16 a 24 batallones de infantería con la correspondiente proporción de caballería y artillería) serían del todo suficientes. En un ejército de campaña de 40.000 hombres de tropas de línea, 20.000 de milicias y 100.000 voluntarios, en total 160.000 hombres o 200 batallones, resultarían de ocho a diez cuerpos de ejército y exigirían alrededor de 30 compañías de soldados de ingenieros. Supongamos que los Ingenieros Reales aportasen diez compañías; quedarían aún veinte compañías que tendrían que formar los voluntarios. Un número aproximadamente igual de otras tropas voluntarias de ingenieros bastaría para ayudar a las tropas reales en la defensa de los astilleros fortificados, de modo que unas cuarenta compañías de soldados voluntarios de ingenieros serían suficientes para completar la infantería y artillería voluntarias en sus efectivos actuales. Si el número de voluntarios aumentase tan rápidamente que pudieran presentarse en campaña con más de 100.000 hombres después de deducir las guarniciones, bastaría un soldado de ingenieros adicional por cada cien tiradores adicionales; eso daría 200 soldados de ingenieros (o tres compañías) por cada cuerpo de ejército de 20.000 hombres.

De momento, por tanto, 40 compañías o unos 3.000 hombres constituirían la fuerza máxima de tropas de ingenieros que sería aconsejable organizar. Y hará falta mucha energía para convertirlos en soldados de ingenieros no sólo de nombre, sino también en la realidad. Ya vemos ahora que en los voluntarios de artillería se sacrifica un tiempo enorme al ejercicio de compañía y batallón —carabina en mano—, aunque esa ocupación sólo sirve para fines de parada y no les aprovechará jamás ni un ápice en el servicio activo con piezas de campaña o en la artillería de fortaleza. Y tememos que ocurra lo mismo con las tropas de ingenieros. Hay que tener presente, ante todo, que cada hora empleada, más allá del ejercicio de compañía, en enseñar a los voluntarios la apostura militar, la prontitud en ejecutar inmediatamente las órdenes y la capacidad de marchar en buen orden, es una hora perdida; debe tenerse en cuenta que tienen que aprender cosas muy diferentes y que de éstas, y no del continuo desfile de parada, depende su aptitud. Tanto los soldados como los oficiales tendrán que familiarizarse con los rudimentos de la fortificación de campaña y permanente. Tendrán que ejecutar la construcción de trincheras, la erección de baterías y la apertura y reparación de caminos. Si se pueden procurar los medios, deberán construir puentes militares e incluso colocar minas. Es de temer que algunas de estas ramas sólo puedan enseñarse en teoría, pues las fortalezas son raras en Inglaterra y los pontones también; no se puede esperar de cada voluntario que vaya a Portsmouth o a Chatham a estudiar fortificación o a ayudar a tender un puente de pontones. Pero hay otras cosas que está al alcance de cualquier compañía llevar a cabo. Si existiera aquí en Manchester una compañía de soldados de ingenieros, podríamos mostrarles muchos callejones en tan mal estado como los que una columna tendría que pasar en la guerra, y los interesados muy probablemente les permitirían con sumo gusto practicar la construcción de caminos a sus anchas. No sería muy difícil para ellos encontrar una parcela de terreno en la que pudieran construir algunos atrincheramientos de campaña, abrir trincheras y levantar baterías, sobre todo porque tal parcela brindaría también a los voluntarios de artillería e infantería la oportunidad de practicar aquellas partes de su instrucción que de otro modo no podrían realizarse. Incluso podrían descubrir lugares que les permitiesen tender de vez en cuando un pequeño puente de caballetes sobre uno de esos ríos de nuestros alrededores que, allí donde el subsuelo es firme, ofrecen grandes ventajas para la construcción de este tipo de puentes. Tales cosas, y muchas más en el mismo sentido, deberían constituir sus ejercicios principales. El ejercicio de compañía debería realizarse rápidamente al principio y reanudarse sólo cuando el cuerpo hubiera adelantado un tanto en su verdadera esfera de actividad; en el segundo invierno, las veladas podrían aprovecharse ventajosamente para el ejercicio. Pero si las tropas de ingenieros consideran necesario medirse desde el comienzo con la apostura de los tiradores en el desfile de parada y en las evoluciones de batallón en detrimento de su formación especial, si la atención de los oficiales se orienta más hacia los deberes de un oficial de infantería que hacia la instrucción técnica, entonces los soldados voluntarios de ingenieros pueden contar con que se les empleará en una campaña con mucha mayor frecuencia como infantería que como tropas de ingenieros.

Habrá pocas dificultades para encontrar oficiales muy competentes si se los selecciona de la única capa que es apta para la tarea: los ingenieros civiles. Un estudio teórico de pocos meses y un viaje ocasional a Chatham, Portsmouth o Aldershot los familiarizará pronto con la mayoría de las ramas de la ingeniería, y la instrucción militar de sus compañías los ayudará a seguir adelante. Aprenderán enseñando. Su propia profesión los obliga a conocer todos los fundamentos de la ingeniería y, como tendrán que ser personas muy inteligentes y bien instruidas, la aplicación de esos fundamentos a objetos militares no les ofrecerá sino escasas dificultades.

Hemos leído en la "Army and Navy Gazette" la noticia de una gigantesca organización técnico-militar que ha de abarcar todas las líneas ferroviarias del país y de la que se prometen grandiosos resultados en caso de invasión. Los rasgos fundamentales del plan se reproducen en el "Volunteer Journal" de la semana pasada. La forma en que este plan se presenta al público es sumamente confusa. Hasta ahora no vemos las enormes ventajas que se le atribuyen; creemos, más bien, que se han mezclado dos cosas distintas. Sin duda, es de gran importancia examinar tanto la situación estratégica de cada línea férrea del reino como toda la red ferroviaria en su conjunto. Y es tan importante que consideraríamos una grave falta si esto no se hubiera hecho ya hace mucho tiempo y si no existieran los voluminosos expedientes que hoy reposan en los archivos de Horse Guards y de los distintos comandantes de distrito y que contienen los resultados de esos estudios. Sin embargo, ésa es una obligación del estado mayor y no de las tropas de ingenieros. No vemos ninguna gran ventaja en organizar a los maquinistas, fogoneros, colocadores de raíles y obreros ferroviarios de cada línea para formar un cuerpo de soldados de ingenieros. Esas gentes tienen ya, por así decirlo, una organización militar y están bajo una disciplina más estricta que la de cualquier cuerpo de voluntarios del país. Lo que se espera de ellos en su calidad de soldados voluntarios de ingenieros, están en perfectas condiciones de hacerlo ya en su profesión actual. Y como en la guerra su presencia en su puesto actual sería mucho más necesaria que ahora, no tiene el menor valor adiestrarlos en ramas especiales de la ingeniería.

Estas observaciones se refieren únicamente a la parte del plan que ha sido publicada. Si en lo sucesivo resultase que contiene otros puntos capitales, tendremos que reservarnos naturalmente nuestra opinión.

Permítasenos, no obstante, señalar otra posibilidad de empleo para el gran número de ingenieros existente en este país. La mayoría de los ejércitos tienen, aparte de los oficiales bajo cuyas órdenes están los zapadores y minadores, cierto número de oficiales de ingenieros no adscritos a compañía alguna y encargados de tareas especiales. ¿Por qué no dar a los ingenieros civiles de Inglaterra la oportunidad de prepararse para este servicio? La escuela de ingenieros civiles podría ser muy bien aprovechada con este fin. Unas cuantas series de conferencias sobre ingeniería y un breve curso práctico en una compañía de tropas de ingenieros bastarían. Un examen —absolutamente necesario en este caso—, limitado a materias estrictamente militares, podría convertirse en criterio para la admisión en el cuerpo de oficiales voluntarios de ingenieros no adscritos a compañía. El gobierno tendría que poder rechazar, naturalmente, a los candidatos inadecuados. Tales oficiales serían de gran utilidad; pues en este caso todo depende de la capacidad de los oficiales; y en caso de necesidad, algunos tiradores escogidos o artilleros voluntarios bajo el mando de estos oficiales ejecutarían una tarea de tropas de ingenieros con más éxito que oficiales regulares de ingenieros con una o dos secciones de infantería de línea que se les hubieran asignado para dicha tarea.