Karl Marx en el New York Tribune, 1860

Gran Bretaña — Escasez monetaria

Londres, 10 de noviembre de 1860

Ha comenzado un acontecimiento largamente predicho: una salida de metales preciosos y, como consecuencia de ella, un alza en la tasa de descuento. Ayer, el Banco de Inglaterra elevó la tasa de descuento del 4 al 4½ por ciento. En el mes correspondiente de 1859, la tasa bancaria no excedió el 3 por ciento, a pesar de los enormes envíos de plata a Oriente, que ascendieron a 13.234.305 libras esterlinas. El objetivo evidente del Banco era poner freno a la salida de metales preciosos de sus bóvedas, que, ascendiendo a 16.255.951 libras el 26 de septiembre pasado, se han reducido ahora a 13.897.085 libras, sin incluir las 43.000 libras retiradas ayer del Banco. La salida, que comenzó el 26 de septiembre, ha ido en constante aumento hasta alcanzar esta semana casi 300.000 libras. Las cuantiosas importaciones de trigo habrían de conducir, por supuesto, tarde o temprano, a una emigración de los metales preciosos; pero, no estando aún vencidas las letras del trigo, la actual salida no puede explicarse de esta manera y, además, tiene lugar al mismo tiempo que una tasa de descuento más alta en Londres que en París, Ámsterdam, Bruselas y Hamburgo, mientras que, simultáneamente, la exportación de oro no deja ganancia alguna como operación de cambio.

¿Adónde va, entonces, el oro? A las bóvedas del Banco de Francia. La tasa de descuento actual del Banco de Francia es solo del 3 por ciento, aunque esa institución ha perdido cerca de 4.000.000 de libras desde finales de agosto, en tanto que sus descuentos de agosto y septiembre han aumentado en alrededor de 3.000.000 de libras. Cualquier banco vulgar, en tales circunstancias, habría elevado su tasa de descuento, pero Luis Bonaparte, temeroso de causar una perturbación visible en el mercado de dinero, ordena al Banco que compre oro con pérdida, y lo forzará a seguir adelante con esta operación ciertamente no mercantil. Por otra parte, el Banco de Inglaterra demuestra ser incapaz de contener la actual salida mediante el alza en la tasa de interés. Ayer, por ejemplo, no se retiró metálico alguno del Departamento de Emisión del Banco, pero se extrajo del Departamento Bancario una cantidad considerable de soberanos. Una de las consecuencias necesarias de las benditas leyes bancarias de sir Robert Peel de 1844 y 1845 es que el público mercantil se ve constantemente inducido a error respecto a la cantidad real de metales preciosos exportados, ya que el Departamento Bancario no proporciona informes públicos sobre los soberanos retirados de sus arcas.

El alza de la tasa oficial de descuento del Banco de Inglaterra, sobre todo si continúa, impondrá al Banco de Francia, por supuesto, la necesidad de seguir en la misma dirección, impidiendo así que Luis Bonaparte siga ordenando a los directores del Banco comprar oro con pérdida para ocultar un desarreglo visible del mercado de dinero. Con todo, la salida de metales preciosos de Inglaterra no se verá detenida por esa eventualidad, puesto que, a su debido tiempo, las letras del trigo vencerán y deberán pagarse en efectivo.